jueves, 24 de septiembre de 2026

Los modelos de IA de CHINA tienen al mundo de la IA de Trump enfrentado consigo mismo

Publicado en MIT Technology Review
https://www.technologyreview.com/2026/07/20/1140675/chinas-ai-models-have-trumps-ai-world-at-war-with-itself/?utm_source=the_download&utm_medium=email&utm_campaign=the_download.unpaid.engagement&utm_term=&utm_content=07-26-2026&mc_cid=8ff75d76d5&mc_eid=117293906d

 

Los modelos de IA de China tienen al mundo de la IA de Trump enfrentado consigo mismo

Kimi y otros modelos gratuitos de China han vuelto a ser considerados una llamada de atención. ¿Pero para qué?

Por James O'Donnell
20 de julio de 2026

Este artículo apareció originalmente en The Algorithm, nuestro boletín semanal sobre inteligencia artificial. Para recibir primero historias como esta en su bandeja de entrada, suscríbase aquí.

Durante el fin de semana, varios asesores actuales y antiguos del presidente Donald Trump en materia de inteligencia artificial intercambiaron públicamente insultos dirigidos a las principales empresas de IA del país. David Sacks, quien hasta marzo fue el «zar» de inteligencia artificial y criptomonedas del presidente, calificó los modelos de Anthropic como «lobotomizados» y «woke». Por su parte, Emil Michael, un alto funcionario del Pentágono, llamó al nuevo director de futuros estratégicos de OpenAI un «auténtico idiota de pueblo».

Todo comenzó porque nadie logra ponerse de acuerdo sobre qué hacer con Kimi, un modelo gratuito y de código abierto que la empresa china de inteligencia artificial Moonshot lanzó la semana pasada. Al parecer, su capacidad rivaliza con la de los modelos desarrollados por OpenAI y Anthropic, que, por supuesto, no son gratuitos.

Kimi y otros modelos chinos similares representan un verdadero problema para Trump y están dividiendo en distintas facciones a los principales estrategas de IA de su entorno.

Cada vez que China lanza un nuevo modelo inteligente y gratuito como Kimi, las empresas estadounidenses tienen menos incentivos para pagar por el acceso a los modelos de Anthropic u OpenAI. Dado que el entusiasmo de los inversionistas por estas y otras compañías de IA impulsa una parte desproporcionadamente grande del crecimiento económico, los modelos chinos generan problemas tanto económicos como políticos para el presidente.

Según escribió en X Anton Leicht, investigador del Carnegie Endowment, estos modelos constituyen «una amenaza para una administración que realmente no quiere recibir más malas noticias económicas». De hecho, ya han provocado turbulencias en los mercados bursátiles estadounidenses.

¿Qué puede hacer Trump?

Para responder esa pregunta conviene recordar que todo esto ocurre apenas una semana después de que el estado de Nueva York aprobara la primera prohibición estatal del país sobre la construcción de nuevos centros de datos.

La desconfianza hacia las empresas de inteligencia artificial sigue creciendo y es fácil imaginar que una proporción nada despreciable de los estadounidenses sentiría poca simpatía por OpenAI o Anthropic mientras intentan defenderse de competidores más baratos. Muchos considerarían que no corresponde al gobierno proteger los intereses de estas compañías.

En este punto existiría un pequeño —muy pequeño— espacio de coincidencia con David Sacks, quien el 19 de julio criticó a las principales empresas de IA por «querer que el gobierno elimine a su competencia de código abierto». Sacks también ha sostenido que los modelos chinos se han vuelto populares porque imponen menos restricciones sobre la manera en que los usuarios pueden utilizarlos (dejando de lado la censura estatal incorporada en ellos).

Sin embargo, Sacks ya no ocupa ningún cargo público. Ha dejado de desempeñar una función oficial como asesor de Trump y su postura, favorable a una inteligencia artificial más abierta, ha sido sustituida en gran medida dentro de la administración por otra que asigna al gobierno un papel mucho más amplio en la regulación del sector.

La lógica de esta nueva posición es que los modelos de IA han alcanzado un nivel de capacidad suficiente como para representar riesgos para la seguridad nacional, por lo que el gobierno debe controlar la forma en que se utilizan.

Esta postura ha dado origen al nuevo proceso de revisión de la Casa Blanca, cuyo objetivo es evaluar la seguridad de los modelos de inteligencia artificial antes de autorizar su lanzamiento.

Dean Ball, antiguo asesor de IA de Trump y actualmente empleado de OpenAI, criticó ese proceso durante el fin de semana calificándolo como «un régimen de licencias de facto para la IA de frontera».

Ball pronosticó que Trump podría intentar resolver el problema que representan los modelos chinos de código abierto recurriendo al llamado poder blando, por ejemplo, generando temor entre las empresas estadounidenses para que eviten utilizar modelos como Kimi.

Estas declaraciones provocaron una respuesta de Emil Michael, quien, junto con el secretario de Defensa Pete Hegseth, ha sido el principal enlace del Pentágono con las empresas de inteligencia artificial.

Michael calificó a Ball como «el auténtico idiota de pueblo de la industria de la IA», molesto por la insinuación de que el gobierno recurriría discretamente a presiones informales sobre las empresas, en lugar de actuar, según sus propias palabras, «mediante el proceso democrático y no a través de algún plan del Estado profundo (Deep State)».

Un aspecto que ha quedado prácticamente fuera del debate es cómo un modelo como Kimi llegó a alcanzar semejante nivel de desempeño.

Durante gran parte de la administración de Joe Biden, e incluso al comienzo del segundo mandato de Trump, impedir que China accediera a los chips más avanzados constituyó una prioridad.

Posteriormente, esos controles a la exportación se flexibilizaron. Trump adoptó la controvertida decisión de permitir que Nvidia vendiera un mayor número de chips a China a cambio de que el gobierno estadounidense recibiera una parte de los ingresos generados por esas ventas. Además, el gobierno ha denunciado que también se ha producido contrabando de chips.

Aun así, China continúa enfrentando limitaciones en su capacidad de cómputo y todavía no está claro qué tipo de procesadores utilizó la empresa responsable de Kimi para entrenar el modelo.

Es posible que el proceso haya recurrido parcialmente a la destilación (distillation), una técnica mediante la cual un modelo de inteligencia artificial se entrena utilizando las respuestas generadas por otros modelos ya existentes.

OpenAI y Anthropic llevan tiempo denunciando que las empresas chinas de IA recurren a esta práctica y han solicitado al gobierno estadounidense que intervenga para ponerle fin.

En abril obtuvieron ese respaldo, cuando la administración Trump anunció una serie de medidas destinadas a limitar el uso de la destilación.

Sin embargo, Kimi ya está disponible, es gratuito y ofrece un desempeño casi equivalente al del modelo de Anthropic que el gobierno estadounidense consideró tan poderoso que fue retirado temporalmente por representar un riesgo para la seguridad nacional.

El intenso intercambio de declaraciones ocurrido durante el fin de semana sugiere que muchas personas cercanas a Trump consideran que este hecho constituye una auténtica llamada de atención.

Lo que nadie parece tener claro es sobre qué, exactamente, debería ser esa llamada de atención.

 

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Artificial intelligence

China’s AI models have Trump’s AI world at war with itself

Kimi and other free models from China have again been seen as a wake-up call. But for what?


By James O'Donnell

July 20, 2026


This story originally appeared in The Algorithm, our weekly newsletter on AI. To get stories like this in your inbox first, sign up here.

Over the weekend, several current and former advisors to President Donald Trump on AI publicly lobbed insults at the country’s leading AI companies. David Sacks, the president’s AI and crypto “czar” until March, branded Anthropic’s models as “lobotomized” and “woke.” Emil Michael, a top Pentagon official, called OpenAI’s new head of strategic futures a “supreme village idiot.”

It began because no one can agree on what to do about Kimi, a free, open source model that Chinese AI company Moonshot launched last week. It appears to rival the intelligence of models from OpenAI and Anthropic, which are very much not free.

Kimi and other Chinese models like it pose a real problem for Trump. And they’re dividing the top AI strategists in his orbit into factions. Every time a new smart, free model from China like Kimi gets released, US companies see less reason to fork out money to access models from Anthropic or OpenAI. Given that enthusiasm for these and other AI companies is driving an outsized share of economic growth, China’s AI models create both economic and political problems for the president. They are “a threat for an administration that really doesn’t want more economic bad news,” Anton Leicht, a fellow at the Carnegie Endowment, wrote on X. They’ve already rattled US stocks.

What is Trump to do? First, consider that this is all happening just a week after New York imposed the country’s first state ban on new data centers. There is growing distrust of AI companies, and I imagine a not-insignificant share of Americans would have little sympathy for OpenAI or Anthropic as they fend off cheaper competitors, and would say it’s not the government’s job to protect their interests.

On this point, they’d see a sliver of agreement (and really just a sliver) with David Sacks, who on July 19 criticized top AI companies that “want the government to eliminate their open source competition.” He has also argued that Chinese AI models have become popular because they come with fewer restrictions on how people can use them (putting aside the built-in state censorship).

Sacks, however, is out of a job. He no longer has a formal role advising Trump, and his position that more open AI is better has been largely replaced in the administration by one that sees a larger role for government intervention. The thinking behind this view is that because AI models have gotten strong enough to pose threats to national security, the government must control how they’re used.

This position has fueled the new White House review process that aims to vet AI models’ security before they’re released. Dean Ball, a former Trump AI advisor who now works for OpenAI, criticized it over the weekend as a “de facto licensing regime for frontier AI.” Ball predicted Trump may solve his Chinese open source problem with a bit of soft power, perhaps by making US companies afraid to use models like Kimi. That drew a response from Michael, who, with Secretary of Defense Pete Hegseth, has been the agency’s main liaison with AI companies. Michael called Ball the AI industry’s “supreme village idiot,” bristling at the suggestion that the government would quietly strong-arm companies rather than, as Michael put it, go through “the democratic process not some Deep State scheme.”

Left out of the conversation has been how a model like Kimi got so good in the first place. For much of the Biden administration and even the beginning of Trump’s second administration, keeping China from getting top chips was a priority. Those export controls have loosened—Trump made the controversial decision to allow Nvidia to sell more chips to China, in exchange for the US government taking a cut—and the government has alleged that some chip smuggling has taken place. But China nonetheless has limited computing power, and it’s not clear what chips the company behind Kimi used to train the model.

It’s possible that the process involved some distillation, a practice in which AI models are trained on the outputs of existing AI models. OpenAI and Anthropic have long complained that Chinese AI companies do this, and they have requested government help to put a stop to it. In April, they got it, when the Trump administration announced a series of efforts to curb the practice. 

But Kimi is out there and free, and it is nearly as good as the Anthropic model the US government deemed so powerful that it was briefly shut down because it threatened national security. The weekend’s sparring suggests many in Trump’s orbit see that as a wake-up call. But nobody can agree on what for.

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