31 de marzo de 2026
Una coalición de tecnológicas europeas encabezada por las alemanas IONOS y Nextcloud ha presentado Euro-Office, una nueva suite ofimática de código abierto con la que aspiran a ofrecer una alternativa soberana para el ámbito europeo a soluciones como Microsoft Office o Google Workspace, en un momento de alta intensidad geopolítica.
Euro-Office «proporciona una solución verdaderamente abierta, transparente y soberana para la edición colaborativa de documentos», se presenta a sí mismo el proyecto. Uno de sus pilares es ofrecer una experiencia de uso familiar, con una interfaz intuitiva y una compatibilidad sólida con los formatos de Microsoft, dos aspectos clave para facilitar su adopción en entornos profesionales.
Pero no hablamos de una aplicación que cualquiera podrá instalar en su PC: «Euro-Office no está diseñado para un uso independiente, sino desarrollado para estar basado en la web e integrado en otro producto que maneja documentos, por ejemplo, una solución para compartir archivos, una wiki en línea, una herramienta de gestión de proyectos, etc». De acuerdo a esta descripción, Euro-Office bien podría tratarse de Nextcloud Hub con una suite ofimática como complemento central.
Teniendo a Nextcloud como uno de sus principales impulsores, esta última idea cobra todo el sentido. Con un matiz: Nextcloud ya permite integrar instancias de Collabora Online y ONLYOFFICE. Por otro lado, la FAQ del proyecto afirma que Euro-Office será compatible con otras plataformas, como Proton, XWiki y OpenProject. Englobándolo todo, Euro-Office será una suerte de software de servidor con dependencia en algún servicio previo. ya hay una versión preliminar disponible para pruebas, mientras que el lanzamiento se espera para verano. Está todo en GitHub.
Si el concepto resulta familiar es porque tiene antecedentes claros: Euro-Office es un fork de ONLYOFFICE. Según explican, parte de su código (AGPL) está siendo revisado y depurado para facilitar su compilación y la contribución. La decisión de bifurcar el proyecto responde a la imposibilidad de colaborar con el desarrollo original, debido a la escasa apertura a contribuciones, problemas en las herramientas de desarrollo, falta de transparencia y la presencia de componentes propietarios, especialmente en las aplicaciones móviles, sostienen.
Desde Euro-Office también apuntan al origen de ONLYOFFICE como un factor relevante: señalan que se trata de una empresa rusa —que habría intentado ocultarlo— y que la mayoría de sus desarrolladores residen en Rusia. Advierten de que la situación política actual dificulta la colaboración y la confianza en su desarrollo. Además, subrayan que muchos usuarios y organizaciones demandan software que no esté potencialmente influenciado o controlado por el gobierno ruso.
Conviene matizar que Ascensio System SIA, la empresa detrás de ONLYOFFICE, tiene su sede en Letonia desde hace más de una década, y que el carácter abierto del software no depende de su origen geográfico. Proyectos como Nextcloud u ONLYOFFICE se apoyan en desarrollos globales, surgidos en contextos muy diversos, cuya legitimidad rara vez se cuestiona precisamente por la transparencia inherente al modelo.
En todo caso, la respuesta de ONLYOFFICE no se ha hecho esperar. La compañía sostiene que Euro-Office utiliza tecnología derivada de sus editores incumpliendo los términos de licencia y la legislación internacional sobre propiedad intelectual, centrando su réplica en el plano jurídico. En concreto, recuerda que ONLYOFFICE se distribuye bajo AGPLv3 con condiciones adicionales que, según defiende, obligan a preservar la marca y el logotipo originales, así como la atribución correspondiente, e insisten en que dichas exigencias forman parte inseparable de la licencia.
A partir de ahí, ONLYOFFICE considera «infundado» que una versión derivada pueda relicenciarse bajo una AGPL “pura” al margen de esas condiciones, y advierte de que cualquier exclusión unilateral de las mismas supondría una infracción que extinguiría los derechos de uso. Por ello, exige a Euro-Office el “cumplimiento pleno e inmediato” de todas las obligaciones aplicables antes de entrar a responder a las acusaciones vertidas sobre el proyecto original, al tiempo que reivindica que la colaboración real solo puede darse dentro de un marco legal y de licencia adecuado. 
Mientras se resuelve la cuestión legal, queda en el aire otra de índole técnica más amable e interesante: ¿por qué ONLYOFFICE, y no Collabora Online, léase LibreOffice Online? Sin embargo, la única mención al respecto por parte de Euro-Office es que «buscamos oportunidades de integración y colaboración con la comunidad de LibreOffice y empresas como Collabora».
- Gigantes del software europeo están preparando Euro-Office, una alternativa a Microsoft Office y Google Docs
- El anuncio llega con polémica porque han fusilado OnlyOffice
Desde hace unos meses, y viendo cómo está la situación, en Europa ha despertado un sentimiento de cambio sobre la tecnología que consumimos. Entre usuarios han aparecido movimientos para abandonar el software y hardware de empresas estadounidenses, pero eso es algo que también está impactando en los gobiernos y entre las propias empresas europeas. Y algo que parece menor, pero no lo es en absoluto, es el Equipo A del software europeo que se ha unido para crear Euro-Office, la alternativa a Microsoft Office.
Y no ha empezado con el mejor pie.
Euro-Office. El nombre no podría ser más acertado, pero hay que decir algo: no sale de la nada. Se trata de una iniciativa que nace como un fork directo de OnlyOffice. Los usuarios de Android saben qué es esto de un fork y, básicamente, es tomar otro software… copiarlo. Se hacen los cambios deseados y se lanza de forma independiente. Al ser sobre software libre o de código abierto, no hay problemas para crear una nueva versión.
El software no será algo aislado, sino un paquete que conste de un editor de texto, hoja de cálculo, edición de PDF y una herramienta para hacer presentaciones. La compatibilidad incluye formatos como DOCX, XLSX, PPTX y las versiones de ODF. Vamos, quiere ser una alternativa a Office, pero también a Docs y a cualquier otra suite.
De dónde sale. Quizá lo más interesante del proyecto es que no se trata de una iniciativa de una universidad, de una startup o de un país concreto. El proyecto se hizo público hace unos días y cuenta con nombres tan potentes detrás como IONOS, Nextcloud, Eurostack, XWiki, BTactic, Soverin y OpenProject, entre otros.
De hecho, parece que Proton también está por ahí (que aparte de su propia suite, cuenta con sistemas de almacenamiento en la nube, correo y VPN, siendo una de las alternativas más fuertes a la suite de Google). Y la narrativa común es que es un ‘frente’ europeo para reducir la dependencia de suites estadounidenses en entornos sensibles. Porque sí, cuando un Gobierno, por ejemplo, guarda documentos en la nube de Google o de cualquier otra empresa extranjera, quién dice que no se tiene acceso.
Soberanía digital. Como decía al comienzo del artículo, Europa busca la soberanía en diferentes ámbitos. En el tecnológico, quieren convertirse en una potencia en la fabricación de chips (ya tienen parte del camino hecho al contar con ASML, la empresa más puntera a la hora de crear máquinas que permiten fabricar chips avanzados). También quieren dejar de depender de la NASA o de SpaceX para la exploración espacial, por lo que nos hemos metido en esa carrera. Y en la soberanía digital entra independizarse de servicios estadounidenses y rusos.
Para todos. Y como cambiar tanto es complicado, la intención es que la transición sea lo más sencilla para los usuarios. Ahí entra en juego la compatibilidad máxima con los formatos de Microsoft, pero también una interfaz que resulte familiar para no generar fricción. Y, sobre todo, nace con la voluntad de enfocar esa independencia en software. Porque hasta ahora teníamos LibreOffice y OnlyOffice, pero lo que se busca es que se deje de hacer la guerra por su cuenta y que todos los organismos europeos vayan al unísono
La polémica. Aquí puede estar la pregunta, y también la polémica. Si ya había algo, ¿por qué gastar tiempo en desarrollar otra cosa y no usar esa alternativa ya existente como la “oficial”? Pues, según los promotores de Euro-Office, porque la colaboración con OnlyOffice no era viable. Citan las raíces rusas del proyecto (aunque la sede esté en Letonia) y decisiones como la retirada de funciones en la app móvil como algunos de los motivos por los que el fork fue el último, pero necesario, recurso.
Desde OnlyOffice sostienen que Euro-Office viola ciertos términos de su licencia, mencionando robo de propiedad intelectual e infracción de derechos de autor. Y no se ha quedado en un “pues me enfado”, sino en algo más: OnlyOffice ha acusado a Nextcloud de intentar fichar a su personal para llevárselo al proyecto de EuroOffice.
Próximos pasos. El revuelo va más allá porque se ha apuntado que, si es un fork de una app de origen ruso, no saben hasta qué punto Euro-Office puede presentarse como algo “puramente europeo”. Pero, de la manera que sea, es evidente que hay un interés creciente por independizarse de la tecnología que no sea europea y esta suite tiene prevista una versión 1.0 para este verano. La versión preliminar ya está en Github.
Queda lo más complicado: mover el pesadísimo transatlántico que son los organismos públicos de los diferentes países europeos que se quieran sumar a esto. También ver cómo convencen a quienes ya usan suites europeas como las de The Document Foundation -LibreOffice- o la británica Collabora de que vuelvan a cambiar a Euro-Office.
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Francia ha empezado a jubilar Windows de su Administración. Es el inicio de su divorcio de Microsoft, Amazon o Google
La soberanía digital en Europa ha pasado de ser un concepto teórico a algo cada vez más tangible y deseable respecto a la tecnología que consumimos. Ya no es solo una tendencia que cada vez más personas individuales están intentando, sino que también se ha convertido en objeto de deseo de administraciones y empresas. El camino para independizarse de las big tech de Estados Unidos no es fácil y mientras que hay startups como Mistral que se forra en el proceso, hay un estado que ha decidido dar un valiente paso al frente: Francia.
En un entorno global donde los datos y la infraestructura son armas geopolíticas, el Gobierno francés a través de la Dirección Interministerial de lo Digital (DINUM), ha lanzado una agresiva hoja de ruta para recuperar el control sobre sus sistemas de información reduciendo así la hegemonía de soluciones tecnológicas extracomunitarias. Y ha empezado por Windows.
La decisión. En un seminario interministerial de alto nivel, la DINUM junto a la ANSSI, la Dirección de Compras del Estado y la DGE formalizaron el compromiso más ambicioso de soberanía digital adoptado hasta la fecha por una potencia europea occidental. O lo que es lo mismo: Francia quiere salir del ecosistema tecnológico estadounidense de forma sistemática, planificada y con plazos concretos. No es un experimento, es política de estado.
La directriz es clara: mapear y reducir la dependencia de proveedores tecnológicos de fuera de la UE. La medida no es un veto sino una transición obligatoria hacia un modelo donde la administración pública debe priorizar soluciones locales o de código abierto, especialmente en servicios críticos y tratamiento de datos sensibles. Como ha declarado el Ministro de Acción y Cuentas Públicas David Amiel: " Ya no podemos aceptar que nuestros datos, nuestra infraestructura y nuestras decisiones estratégicas dependan de soluciones cuyas reglas, precios, evolución y riesgos no controlamos."
Por qué es importante. Desde un punto de ingeniería de sistemas y ciberseguridad, la medida es vital por cuestiones como protegerse frente a la Cloud Act de Estados Unidos, la ley que permite a sus autoridades acceder a datos almacenados en empresas estadounidenses independientemente de dónde estén los servidores. Por otro lado, garantiza que el estado mantenga sus capacidades técnicas necesarias para operar su propia infraestructura sin depender de "cajas negras" propietarias y curarse en salud en caso de cambio de condiciones u otra problemática ajena.
Pero esta migración escalonada es mucho más que un cambio de SO: implica desmantelar todo el ecosistema asociado, certificados y aplicaciones diseñadas para Windows. Supone reconstruir desde la raíz los cimientos digitales del estado para que funcionen con autonomía total y sin piezas extranjeras, sin que la
Contexto. Nuestro día a día personal, profesional y burocrático vive en un ecosistema gobernado por hyperscalers, esas empresas tecnológicas como Microsoft, Google o Amazon que dominan el almacenamiento y la computación en la nube. Esta mención no es azarosa: ellas solitas se comen más del 60% del pastel de la nube, como recoge Statista. El aumento de las ciberamenazas y el monopolio tecnológico estadounidense en Occidente y su viraje cada vez más invasivo con la privacidad ajena han hecho el resto.
Francia lleva años madurando la doctrina "Cloud au Centre". Mientras la ANSSI auditaba las dependencias en infraestructuras críticas, su nube soberana se fraguaba como una alternativa real. Además, el marco normativo europeo, con la directiva NIS2 o la ley de ciberresiliencia, ha creado el caldo de cultivo ideal. Con herramientas como Tchap, Visio, FranceTransfert y Socle Numérique (alternativas a WhatsApp, Teams, WeTransfer o Microsoft 365, respectivamente) Francia ya no solo tiene un plan, sino una base operativa real sobre la que escalar.
Pero esta migración escalonada es mucho más que un cambio de SO: implica desmantelar todo el ecosistema asociado, certificados y aplicaciones diseñadas para Windows. Supone reconstruir desde la raíz los cimientos digitales del estado para que funcionen con autonomía total y sin piezas extranjeras, sin que la ciudadanía note el cambio en la superficie.
Contexto. Nuestro día a día personal, profesional y burocrático vive en un ecosistema gobernado por hyperscalers, esas empresas tecnológicas como Microsoft, Google o Amazon que dominan el almacenamiento y la computación en la nube. Esta mención no es azarosa: ellas solitas se comen más del 60% del pastel de la nube, como recoge Statista. El aumento de las ciberamenazas y el monopolio tecnológico estadounidense en Occidente y su viraje cada vez más invasivo con la privacidad ajena han hecho el resto.
Francia lleva años madurando la doctrina "Cloud au Centre". Mientras la ANSSI auditaba las dependencias en infraestructuras críticas, su nube soberana se fraguaba como una alternativa real. Además, el marco normativo europeo, con la directiva NIS2 o la ley de ciberresiliencia, ha creado el caldo de cultivo ideal. Con herramientas como Tchap, Visio, FranceTransfert y Socle Numérique (alternativas a WhatsApp, Teams, WeTransfer o Microsoft 365, respectivamente) Francia ya no solo tiene un plan, sino una base operativa real sobre la que escalar.
El plan hacia la soberanía. Ni es un brindis al sol ni tiene medidas vagas y difusas ni fechas lejanas, sino movimientos concretos, tangibles y que o está implementando ya o tiene previsto concluir antes de fin de año:
- La DINUM abandona Windows y migra sus puestos de trabajo a Linux. Es el primer organismo central del Estado que lo hace. Ya en marcha.
- Migración de 80.000 agentes de la Caisse Nationale d'Assurance Maladie (equivalente a la Seguridad Social) a herramientas soberanas: Tchap, Visio y FranceTransfert. Ya en marcha.
- Migración de la plataforma de datos sanitarios a una solución fiable europea. Programada para finales de 2026.
- Deberes para cada ministerio: presentar un plan de reducción de dependencias, donde entran bases de datos, antivirus, IA o herramientas colaborativas. Para este otoño.
Además, salir a dónde. Muchas soluciones europeas aún no alcanzan la integración, facilidad de uso y capacidad (especialmente en IA) de las big tech estadounidenses, lo que lleva implícito un paso atrás en términos de calidad. Pero aunque fuera posible, salir de una infraestructura propietaria para pasar a una soberana implica una inversión enorme en tiempo, formación de personal y migración de datos. Finalmente, mantener y evolucionar infraestructuras propias requiere de personal especializado y con experiencia en un mercado donde el talento es escaso y caro.
Eva R. de Luis
Editor Senior
No existen corporaciones capaces de hacerle sombra a estas tres, así que siete empresas holandesas de servicios cloud han tomado una decisión: unirse para ser una alternativa real a las big tech estadounidenses. El movimiento es más importante de lo que parece: es una respuesta organizada frente a una dependencia tal que ya se considera un riesgo estratégico.
El proyecto: Open Cloud Alliantie. La respuesta es Open Cloud Alliantie, un conglomerado formado por Centric, KPN, Info Support, Intermax, Nebul, Previder y Uniserver, con una facturación conjunta de 2.500 millones de euros anuales. En su manifiesto explican están creando empleo en los Países Bajos y que tanto las empresas como quienes trabajan en ellas pagan impuestos allí.
Como explica Ludo Baauw, director ejecutivo del Grupo Intermax a NRC, por separado son competitivos y su razón de ser no es fijar precios, sino postularse a contratos públicos: "Preferiría que ganara un competidor de los Países Bajos antes que una gran empresa tecnológica estadounidense". Hubo un detonante para unirse: la posible venta de Solvinity, proveedora de servicios en la nube para el sistema de identidad digital Digid del gobierno de Países Bajos, a la empresa estadounidense Kyndryl. El acuerdo está pendiente de la aprobación del Ministerio de Asuntos Económicos, pero ya ha traído consecuencias.
Una vulnerabilidad estratégica. La primera consecuencia era poner encima de la mesa una vulnerabilidad del sistema holandés que es extrapolable al conjunto de estados del viejo continente. Según un análisis realizado por NOS, el 67% de los dominios de organismos públicos, hospitales y escuelas holandesas dependen de al menos un servicio cloud americano.
Por qué es importante. El proyecto tiene tres razones de peso para existir:
- Ser competencia real de las big tech norteamericanas. El director ejecutivo del organismo de la competencia neerlandés (ACM) lo ha dejado claro: "En general, alianzas como esta pueden impulsar las fuerzas del mercado al crear nuevos actores que están en mejor posición para competir con los grandes proveedores estadounidenses".
- Impulso a la economía nacional. Las empresas son claras en su manifiesto: empleo e impuestos para los Países Bajos. En una frase: "no es un gasto, es una inversión".
- Soberanía del dato. Que servicios tan críticos del estado como la sanidad, la educación o la identidad digital dependan de empresas ajenas sujetas a legislación extranjera y decisiones corporativas fuera del control europeo.
Contexto. Este movimiento surge dentro del debate europeo sobre soberanía digital y la reducción de dependencia tecnológica de Estados Unidos. La tendencia no es nueva, pero la política de Trump ha acelerado esa conversación. Europa tiene el marco legal en forma de RGPD, la Ley de Mercados Digitales, la Ley de Servicios Digitales o la Chips Act, que conforman un arsenal regulatorio sólido orientado a reducir la dependencia tecnológica exterior.
El problema es que tener las leyes no equivale a tener la industria. Los proveedores locales europeos son solventes individualmente, pero no tienen la capacidad para absorber proyectos complejos ni para competir con la escala de las tres grandes que dominan el mercado. Ni siquiera GAIA-X, el gran proyecto de nube soberana franco-alemán, ha sido capaz de momento. Europa regula bien pero escala mal y ese es el vacío que la Open Cloud Alliantie va a intentar llenar.
Cómo van a funcionar. El modelo de funcionamiento se va a asentar sobre tres pilares:
- Estándares técnicos comunes, lo que permitirá mover datos entre proveedores sin fricciones al adoptar las mismas especificaciones técnicas.
- Colaboración sí, cártel no. Compartirán infraestructura estándar y pueden concurrir juntas a grandes contratos, pero siguen compitiendo entre sí cuando se trata de ganar clientes.
- Cláusula de soberanía. Si una de las siete es adquirida por una empresa no europea, las demás absorben automáticamente su rol. El dato permanece siempre en manos holandesas, independientemente de lo que ocurra en el mercado de fusiones y adquisiciones.
Hacia la soberanía tecnológica de la nube. La Open Cloud Alliantie es un experimento relevante sobre el que otros estados miembros y corporaciones pondrán sus ojos en tanto en cuanto es perfectamente replicable. Empresas de tamaño mediano que de otra forma no podrían competir con las grandes de Estados Unidos, pero que agrupadas bajo estándares comunes y reglas de colaboración claras sí pueden ofrecer una alternativa creíble al sector público. La pregunta es si otros países europeos tomarán nota antes de que la dependencia sea demasiado profunda para revertirse.