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viernes, 21 de agosto de 2026

El trágico caso Arday: entrevista y opinión sobre un caso que combina plagio, guerra cultural y racismo

Publicado en The New York Times
https://www.nytimes.com/2026/08/18/world/jason-arday-cambridge-canada-meta.html 





Vida y muerte de Jason Arday

Si alguna vez existió una historia que parecía destinada a avivar las llamas de la guerra cultural, esa fue la trágica historia de Jason Arday.

El profesor de Cambridge renunció recientemente en medio del escrutinio, y la semana pasada fue hallado muerto en una casa del sur de Londres. Su historia toca temas profundamente divisivos, desde la raza hasta la educación superior pasando por la diversidad, la equidad, la inclusión y el autismo. Hay mucho que analizar. Para entender todo lo ocurrido, hablé con mi colega Mara Hvistendahl, quien ha estado reportando sobre la vida y muerte de Arday y las repercusiones de su caso en Cambridge.



‘Esta historia no ha terminado’

Hace tres años, Jason Arday, que en ese entonces tenía 37 años, fue contratado como profesor en la Universidad de Cambridge. Cambridge hizo mucho alarde de su nueva estrella, presentándolo como su profesor negro más joven y destacando su increíble historia personal: cómo creció en una vivienda pública y superó graves retrasos en su desarrollo para llegar al mundo académico.

Entonces, el mes pasado, una publicación de blog —escrita por un exinvestigador de Cambridge que una vez fue sancionado por argumentar que las personas negras no podían tener éxito en una meritocracia— acusó a Arday de haber cometido plagio y de haber exagerado su historia personal. Se desató una tormenta. Para los medios británicos, especialmente los medios conservadores, la historia resultó irresistible.

Al final, Arday renunció, y afirmó que ya no quería sentir que estaba viviendo “bajo un foco de atención constante”. La semana pasada fue hallado muerto en un apartamento de Londres; en un comunicado, su familia hizo referencia a la “campaña de maltrato continuo” a la que había sido sometido.

A continuación, puedes leer mi conversación con Mara.

Mara, ¿cómo fue que Jason Arday terminó en Cambridge?

Él fue contratado en 2023 para un cargo de enorme prestigio; una cátedra titular de educación. En ese momento, Cambridge estaba bajo mucha presión para aumentar su representación de personas de color, tanto en el profesorado como en los estudiantes. Y de verdad no se puede exagerar lo mucho que tenía que avanzar en ese sentido; Cambridge era, y sigue siendo, un lugar muy blanco.

Arday tenía un doctorado en educación, pero su historial de publicaciones era modesto, y había estado yendo de una universidad a otra. Sabemos que entre las personas que competían con Arday por el puesto había dos mujeres de color con más experiencia. Pero Arday era el único solicitante negro. También tenía la notable historia personal de haber sido diagnosticado con autismo a una edad temprana, haber tardado mucho en empezar a hablar y haber superado todo eso para labrarse una reputación. Y Cambridge también estaba promoviendo eso.

Parte del problema aquí es que las universidades quieren contratar cada vez más a estrellas que tengan historias personales increíbles y grandes grupos de seguidores, que puedan atraer una cobertura mediática positiva para la institución.

¿Pero esa historia personal no era cierta?

Algunas partes eran ciertas, pero otras realmente desafiaban la credibilidad y resultaron ser mentiras y exageraciones. Él decía que no había hablado antes de los 11 años y que no había leído antes de los 18. En nuestro reportaje, encontramos a personas que lo conocieron de niño, incluyendo a un especialista en lenguaje que trabajó con él, que contradijeron esto.

¿El comité de contratación podría haberse dado cuenta de esto?

La respuesta corta es sí. No tenemos un conocimiento completo de cómo se desarrollaron esas deliberaciones, pero las nueve personas del comité de contratación eran expertas en temas como la forma en que las personas aprenden y se desarrollan.

Al menos un miembro clave del comité era un psiquiatra infantil, y él mismo había realizado investigaciones sobre el autismo. Podría decirse que estaba en posición de entender que las afirmaciones de Arday en realidad no tenían precedentes en la literatura médica.

¿Por qué aparentemente hicieron caso omiso?

Cambridge es una de las universidades más selectas del mundo. Pero también tiene la reputación de ser muy blanca, privilegiada y un poco estirada.

Así que los críticos dicen que los partidarios de Arday pensaron que su contratación podría ayudar a cambiar la imagen de Cambridge. No solo habían contratado a un académico negro, sino también a un académico joven que tenía una vida notable. Proporcionaba un contrapunto a lo que muchas personas pensaban de Cambridge en ese momento.

¿Cuándo se enteró Cambridge de los posibles problemas en el trabajo de Arday?

Casi de inmediato. Cambridge fue alertada por primera vez sobre un posible plagio tres meses después de haberlo contratado. No lidiaron con estas acusaciones rápidamente, lo cual no es inusual. Lo que es inusual es la forma tan activa en que defendieron a Arday. Dijeron que se enfrentaba a varios problemas en el momento en que escribió esos artículos que habían influido en su trabajo, incluido el racismo directo e indirecto.

Luego, una publicación muy respetada del sector académico alertó a Cambridge sobre problemas en la tesis doctoral de Arday. Pero la universidad continuó defendiéndolo, llegando a decir que era víctima de una vil campaña.

Así que estas últimas acusaciones no surgieron de la nada. Llevan tres años circulando dentro de Cambridge. La universidad fácilmente podría haber hecho su propia investigación, pero no lo hizo.

Así que Cambridge no solo estaba defendiendo a Jason Arday. También se estaba defendiendo a sí misma, y su decisión inicial de contratarlo.

Otra preocupación de otros profesores con los que hablamos mis colegas y yo fue que este era un puesto que normalmente se otorga a personas con mucha experiencia. Argumentan que, al lanzar a Arday a ese cargo tan cerca del comienzo de su carrera, y al promover intensamente su historia personal con todas sus fallas, la universidad lo expuso a un intenso escrutinio y, en última instancia, al fracaso.

Esto no quiere decir que él mismo no estuviera impulsando estas cosas. Pero sin la marca de Cambridge y sin esa amplia cobertura mediática, su historia podría haberse visto muy diferente. Y podría decirse que, si Cambridge hubiera lidiado con eso antes, esto no habría estallado de esta manera tan pública y trágica.

¿Crees que la magnitud de la atención mediática que recibió Arday fue desproporcionada para lo que hizo?

Bueno, no he hecho un análisis que pueda responder a eso. Los defensores de Arday dirían que los académicos negros están sometidos a un escrutinio desproporcionado; citarían a la expresidenta de Harvard, Claudine Gay, quien fue acusada de plagio por infracciones mucho menores.

Pero a los medios también les fascinan los fabuladores. ¿Recuerdas a George Santos, Jayson Blair o —para dar otro ejemplo del Reino Unido— El sendero de la sal? Y esta historia venía aderezada con temas de guerra cultural en torno a la diversidad, equidad e inclusión en las contrataciones, la neurodiversidad y la educación superior. Estaba destinada a ser una mezcla explosiva.

Mara, ¿cuáles serán las repercusiones a largo plazo de esto?

En Cambridge, los académicos dicen estar preocupados de que esto le haya hecho un daño inmenso a los esfuerzos de diversidad, a la reputación de la universidad, a sus propias reputaciones y a la contratación de profesores y estudiantes en el futuro.

A los expertos en retrasos del desarrollo les preocupa que la historia de la notable trayectoria de Arday les haya dado a las familias falsas esperanzas y falsas expectativas de lo que es posible con un diagnóstico relativamente extremo.

Y ahora que ha muerto, la gente pide que se examine el papel de los medios de comunicación en su muerte. Esta historia no ha terminado.


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Publicado en Público

https://www.publico.es/opinion/columnas/caso-arday-reflexiones-despues-linchamiento.html 



El caso Arday: reflexiones después de un linchamiento


Por Javier López Alós

Doctor en filosofía y escritor.

19/08/2026 21:30-Actualizado a20/08/2026 09:06



Podría ser, y acaso acabe siéndolo, el argumento de una película, pero no lo es: Jason Arday, un joven académico británico negro diagnosticado de autismo, con una tendencia casi patológica a la fabulación, según se cree, durante años va trufando su fulgurante éxito profesional de historias inventadas, relatos hiperbólicos y verdades muy dudosas de las que, sin embargo, nadie parece dudar. Luego, cuando afloran las sospechas, tampoco hay mucho espacio para la duda. Está claro, es culpable, también de plagio. Y entonces sí, Arday merece el escrutinio de cada cosa que alguna vez dijo o escribió. Porque además es negro y, dicen, ésa es la razón por la que pudo hacer carrera y convertirse en profesor de la Universidad de Cambridge. La maldita discriminación positiva de lo woke, que está bajando el nivel intelectual de nuestras instituciones más venerables, que nos está fastidiando la meritocracia. Esto es una guerra cultural y la extrema derecha global, que además tiene en la universidad (ese supuesto nido de izquierdistas) uno de sus frentes de batalla predilectos, no desaprovecha la ocasión.


Arday debe pagar, demuestra la prensa, claman las redes, y el veredicto es tan atronador que Nathan Cofnas, un investigador de la Universidad de Gante obstinado en demostrar las bases científicas del racismo, puede jactarse de que su publicación de denuncia sea la que ha desencadenado el fin de un engaño que otros habían investigado durante años. Cofnas, que ya había dejado por escrito que los negros son menos inteligentes (que los blancos, sobreentendida referencia), ve en Arday la prueba de lo que él lleva tiempo denunciando, que la existencia de académicos negros es contraria al criterio de mérito en la universidad: sólo en ámbitos como el deporte o el entretenimiento pueden tener los de esta raza un lugar destacado. Y la presión continúa y se convierte en acoso y Arday dimite y la presión y el acoso continúan y Arday aparece muerto en su casa el pasado 13 de agosto.


Con repercusión internacional, las circunstancias que rodean esta triste historia ofrecen múltiples flancos para el análisis. Para empezar, resulta harto elocuente que la única discriminación que parece molestar a alguna gente es la positiva. La negativa, la sufrida por razón de raza, género, clase, por nombrar sólo algunos criterios, ésa no molesta. Ésa, que es histórica, se viene a explicar falazmente por derecho natural con impecable circularidad: siempre hemos ocupado posiciones de superioridad, por tanto, es aberrante que se introduzcan mecanismos correctores de la sana desigualdad, que va de suyo, quod erat demonstrandum. Según vemos, desde perspectivas como la de Cofnas, la meritocracia sólo constituye un fraude cuando beneficia a un negro, a una mujer, a una persona con minusvalía, que resulta no estar a la altura del puesto que alcanza. Ya se sabe, miremos a nuestro alrededor: si exceptuamos estas inclusiones excéntricas, la fantasía meritocrática no tiene falla y el sistema garantiza que cada uno ocupe el lugar que le corresponde. 


Pero además del oportunismo de los sectores más reaccionarios de (dentro y fuera de) la universidad, la falta de escrúpulos en la prensa, las campañas de acoso y derribo desde las redes sociales destinadas a destruir a la persona, el papel protagónico del racismo, las comparaciones con el tratamiento y resolución de tantos otros casos de mala praxis que acaban en nada, creo que habría que decir algo sobre las lógicas institucionales y sociales de nuestra época. 


El hecho de que Jason Arday no fuese ningún santo no justifica la inquina y el ensañamiento con el que se sigue tratando su caso. Para un número no pequeño de personas, Arday ha servido como chivo expiatorio de todos los males de la cultura de nuestro tiempo, no sólo la universidad. De los males reales y de los inventados. Hablando de los primeros, en efecto, hay fraude (creciente y organizado) y hay promoción de sujetos muy por encima de sus verdaderos méritos intelectuales. Y la razón es estructural, sí, pero, por desgracia no tiene nada que ver con las políticas de diversidad ni con la crisis de una ideología de la meritocracia  a estas alturas por completo desacreditada y que sólo sirve para encubrir las razones de la desigualdad.


De hecho, lo que habría que preguntarse es qué tipo de sistema universitario es capaz de integrar sin mayor problema el tipo de conductas atribuidas a Arday durante años sin que ocurra nada, qué diseño de cursus honorum opera para que pueda darse una carrera de esta clase. Habría que pararse a reflexionar si un caso así no responde más bien a la lógica de la hipercompetitividad y del todo o nada, de la apuesta por inflar globos (y globeros), que es la que está fomentando el ventajismo y la trampa, y convirtiendo en estrellas a cantamañanas sin remedio cuyas faltas habrá que ir tapando porque ya son las propias. Hasta que todo salta y entonces sobreviene la crisis y la figura en cuestión queda a merced de la turba.

Por otra parte y con respecto a las acusaciones de plagio, resulta absolutamente desoladora la distancia existente entre el silencio corporativo previo al descubrimiento público del fraude (se sabe, se comenta sotto voce, se mira hacia otro lado, se neutraliza con burocracias, se calla) y el escándalo e indignación posterior a la caída, porque tiene que caer (cómo es posible, qué vergüenza, venga el castigo ejemplar). Como si esa intransigencia, esos golpes de pecho (o de hacha en el árbol caído) de los que hasta ese momento decidieron inhibirse, fueran a borrar la cobardía, la negligente complacencia con los plagiarios o el abandono desleal de los plagiados. Al cabo, en el plagio también cuentan las jerarquías. Pero no, por mucha gente que se sume, participar en linchamientos para castigar las culpas ajenas no borra las responsabilidades propias.


Más allá de las características personales de un individuo concreto, haríamos bien en preguntarnos el grado de congruencia entre el ideal del triunfo a toda costa y el recurso a la ventaja competitiva de la mala praxis, y, a su vez, cuál es la correspondencia entre los ideales declarados de la institución universitaria y el diseño de la carrera profesional. Porque estas respuestas seguramente arrojen algo más de verdad acerca de los sufrimientos, contradicciones y a veces injustificables conductas de sus gentes. En todo caso, más que despacharlo todo gritando muy fuerte ¡corrupción!, tan fuerte que no sea posible escuchar nada de lo que está pasando por debajo.



jueves, 6 de febrero de 2025

INGLATERRA: la Universidad de Surrey cancela Acuerdo Transformativos" o "Read & Publish" con ELSEVIER

Publicado en Research Professional News
https://www.researchprofessionalnews.com/rr-news-uk-universities-2025-1-uk-university-drops-elsevier-deal/


Surrey afirma que el acuerdo negociado con Jisc «no es sostenible en el actual clima financiero»

La Universidad de Surrey ha renunciado a un acuerdo de suscripción con el gigante editorial académico Elsevier, alegando que el acuerdo no es sostenible desde el punto de vista financiero.


La decisión, que se produce después de que la Universidad de Sheffield cancelara su acuerdo de suscripción con Elsevier, pone de manifiesto cómo la crisis financiera de las universidades está empezando a afectar a los acuerdos de suscripción de las universidades con las editoriales y a la industria editorial.


Surrey formaba parte de los acuerdos negociados por Jisc, que negocia los acuerdos con las editoriales en nombre del sector de la enseñanza superior del Reino Unido y otros socios. Un portavoz de Elsevier dijo a Research Professional News que actualmente tiene un acuerdo con más de 150 instituciones en el Reino Unido, y que la editorial estaba «encantada» de tener a Jisc «como clientes de cara a 2025».


Sin embargo, un portavoz de Surrey dijo a RPN que la universidad revisa continuamente todas sus suscripciones comerciales en busca de rentabilidad, y que había llegado a la conclusión de que el acuerdo «Leer y Publicar» con Elsevier, negociado por Jisc, «no era sostenible en el actual clima financiero».


«Seguiremos suscribiéndonos a las revistas más utilizadas de Elsevier y permitiremos a nuestros estudiantes e investigadores leer artículos mediante el acceso posterior a la cancelación de contenidos suscritos anteriormente, mediante el acceso abierto y mediante préstamos interbibliotecarios», declaró el portavoz.


«También esperamos seguir trabajando con Jisc y con los editores en futuros acuerdos editoriales que sean financieramente sostenibles, abiertos, transparentes y equitativos». 


RPN entiende que la publicación de los investigadores de Surrey en revistas de Elsevier no se verá afectada por la medida.


El mes pasado, Sheffield canceló su acuerdo de suscripción negociado con Jisc, alegando preocupaciones sobre la «sostenibilidad del actual modelo comercial de publicación científica». Un portavoz de Sheffield también declaró que la publicación para sus investigadores no se vería afectada.


Un portavoz de Elsevier dijo que era «consciente de las difíciles condiciones financieras por las que atraviesan algunas instituciones», y añadió que la empresa ha «trabajado estrechamente con Jisc para proporcionar alivio, y seguiremos trabajando con ellos caso por caso para apoyar a las instituciones del Reino Unido».


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06 Jan 2025

UK university drops Elsevier deal

By Frances Jones


Surrey says Jisc-negotiated deal “not sustainable in the current financial climate”

The University of Surrey has opted out of a subscription deal with the academic publishing giant Elsevier, saying the arrangement is not financially sustainable.

The move, coming after the University of Sheffield cancelled its subscription deal with Elsevier, further spotlights how the crisis in university finances is beginning to impact on universities’ subscription deals with publishers—and on the publishing industry.

Surrey had been part of arrangements negotiated by Jisc, which negotiates publisher deals on behalf of the UK’s higher education sector and other partners. A spokesperson for Elsevier told Research Professional News that it currently has an agreement with over 150 institutions in the UK, and that the publisher was “delighted” to have Jisc “as customers going into 2025”.

However, a spokesperson for Surrey told RPN that the university continuously reviews all it commercial subscriptions for value for money, and had concluded that the Jisc-negotiated ‘Read and Publish’ deal with Elsevier was “not sustainable in the current financial climate”.

“We will continue to subscribe to the most-used individual Elsevier journal titles and will enable our students and researchers to read articles via post-cancellation access to previous subscribed content, via open access and via inter-library loans,” the spokesperson said.

“We also look forward to continuing to work with Jisc and with publishers on future publishing deals which are financially sustainable, open, transparent and equitable.”  

RPN understands that publication by Surrey researchers in Elsevier journals will not be affected by the move.

Last month, the Sheffield cancelled its Jisc-negotiated subscription deal, citing concerns over the “sustainability of the current commercial scientific publishing model”. A spokesperson for Sheffield also said publication for its researchers would be unaffected.

An Elsevier spokesperson said it was “aware of the difficult financial conditions some institutions are under”, adding the company has “worked closely with Jisc to provide relief, and we’ll continue to work with them on a case-by-case basis to support UK institutions”.


viernes, 31 de enero de 2025

ESPAÑA: más sobre el culebrón del turbio entramado internacional del secuestro y perversión de revistas científicas

Publicado en El País
https://elpais.com/ciencia/2025-01-31/un-turbio-entramado-compra-revistas-cientificas-desde-un-caseron-ingles-para-ganar-millones-publicando-estudios-insustanciales.html


Fraudes

Un turbio entramado compra revistas científicas desde un caserón inglés para ganar millones publicando estudios insustanciales

Dos investigadores revelan la “invasión” del mercado editorial español, con siete cabeceras ya controladas por una red de ciudadanos de Pakistán e Indonesia


Manuel Ansede

31 ENE 2025 

Un oscuro entramado empresarial, aparentemente manejado por ciudadanos de Pakistán e Indonesia desde un caserón a la afueras de Birmingham (Reino Unido), ha asaltado el mercado de las revistas científicas españolas. La red está comprando cabeceras históricas para convertirlas en máquinas de ganar dinero rápido, al multiplicar el precio que cobran a los investigadores por publicar en ellas y el número de estudios publicados, a menudo insustanciales. Alberto Martín y Emilio Delgado, dos profesores de la Universidad de Granada que están investigando el fenómeno, lo comparan con la película La invasión de los ultracuerpos (Los usurpadores de cuerpos, en algunos países americanos), en la que las personas empiezan a ser sustituidas en secreto por copias sin emociones, nacidas de misteriosas vainas alienígenas.

Los dos expertos españoles señalan al número 62 de la calle St. Bernards Road, un imponente caserón de 1879 situado en Solihull, al sureste de Birmingham. Allí figura la sede social de Oxbridge Publishing House, una empresa que juega con los nombres de las prestigiosas universidades de Oxford y Cambridge, pero no tiene nada que ver con ellas. El registro mercantil británico muestra que detrás de la compañía está Muhammad Haseeb, un ciudadano paquistaní de 38 años. Su entramado empresarial ha comprado 36 revistas académicas desde 2020, entre ellas siete españolas, como Cuadernos de EconomíaComunicar y Profesional de la Información, según detalla la investigación de Martín y Delgado. Las cabeceras, antaño dominadas por ciencia española, han empezado a publicar como si fueran churros estudios de científicos asiáticos, sobre todo de China, Malasia, Indonesia y Arabia Saudí.

El negocio se aprovecha del sistema “publica o muere”, que domina la ciencia mundial y es asfixiante en algunos países de Asia. Los ascensos y aumentos de sueldo de los investigadores dependen del número de estudios que publiquen en revistas registradas en bases de datos internacionales. Al mismo tiempo, el cambio a un modelo de ciencia de acceso abierto para todo el mundo ha hecho que ya no sean los lectores los que pagan por leer las revistas, sino los propios autores los que tienen que desembolsar dinero, cientos de millones de euros de los contribuyentes, para publicar sus estudios. Son incentivos perversos para que las editoriales publiquen cada vez más y sin criterio, para ganar más, y los investigadores envíen trabajos inanes con el único fin de hinchar su currículum.

El análisis de las prácticas de Oxbridge Publishing House es revelador. La Revista de Psicología del Deporte, antes relacionada con la Universidad de las Islas Baleares, ha pasado de cobrar 300 euros por estudio a exigir 6.000. El 74% de sus trabajos eran españoles, pero ese porcentaje nacional ha caído en picado hasta el 13%. Los autores chinos monopolizan ahora la publicación. La revista Fonseca, Journal of Communication, antes vinculada a la Universidad de Salamanca, no cobraba por publicar, pero ahora pide unos 2.500 euros por cada estudio a sus autores. Lo mismo ocurre con la revista educativa Artseduca, antes editada por la Universidad Jaume I de Castellón. El conglomerado en torno a Oxbridge ya ha publicado casi 1.500 estudios en sus revistas españolas, según el análisis de Martín y Delgado publicado este miércoles. Son, presuntamente, ingresos millonarios. Los investigadores de Granada denuncian que se están adquiriendo revistas respetadas para “convertirlas en granjas de cobrar cargos por procesamiento de artículos”.

El experto en bibliometría Félix de Moya, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica por teléfono que él era el propietario de la revista Profesional de la Información, referente en el ámbito de la documentación y las bibliotecas. Cuenta que recibió una oferta de alrededor de un millón de euros por correo electrónico y se la vendió a finales de 2023 a la empresa OAText, aunque la cabecera apareció en manos de Oxbridge el 1 de enero de 2024. Moya puso como condición que se mantuviera como editor jefe al fundador, Tomàs Baiget, un ingeniero de 80 años que en agosto de 2023 pidió perdón por crear la web ArtiCulitos.com, en la que subía fotografías de culos de mujeres, algunas de ellas tomadas sin su consentimiento.

La revista Profesional de la Información pedía 1.250 euros por cada estudio publicado y ahora exige el doble, según la investigación de Martín y Delgado. De momento ha publicado menos de un centenar de trabajos en su nueva etapa: 44 de españoles, 31 de chinos, seis de saudíes y cuatro de malayos, entre otros. Tomàs Baiget critica las conclusiones de los dos profesores de Granada. “Son un poco escandalosos y sensacionalistas, y me sabe mal que siembren dudas infundadas sobre Profesional de la Información. Las revistas cobran por su trabajo, como todo el mundo. Los diarios, por ejemplo, también cobran y nadie se escandaliza”, argumenta Baiget, aunque los periódicos pagan a las personas que escriben en ellos, no les cobran. El ingeniero asegura que no conoce al paquistaní Muhammad Haseeb ni sabe si es el propietario. “Ni idea, la verdad. Sí que vi el nombre de Muhammad en algún sitio, pero no tengo la menor idea de su cargo”, explica. “Yo respondo de la calidad, la ética y el buen trabajo, al menos de mi zona, que es Europa y Américas”, proclama.

Muhammad Haseeb se doctoró en Economía en la Universidad del Norte de Malasia, según uno de sus perfiles públicos, y es profesor visitante de la Universidad de Economía y Ciencias Humanas de Varsovia (Polonia), según asegura la web de Oxbridge. La empresa no está sola en el caserón a las afueras de Birmingham. El inmueble decimonónico es la sede social de otras tres compañías editoras: H&N Publishers UK, codirigida por el propio Haseeb y la indonesia Nira Hariyatie Hartani, de 50 años; PNG Publications and Scientific Research, encabezada por los paquistaníes Hafiz Muhammad Azeem, de 33 años, y Muhammad Talha, de 29; y Thinkbiotech, también gestionada por Talha.

Otros tres expertos españoles alertaron hace un año de este fenómeno, vinculándolo a fábricas de estudios mediocres que se ofertan ya listos para publicar. “Los numerosos movimientos entre bambalinas de intermediarios internacionales tentando a diversas revistas españolas hacen pensar que estamos solo en una fase preliminar de un movimiento que puede acabar desnaturalizando y pervirtiendo las revistas académicas de nuestro país”, advirtieron Ángel María Delgado Vázquez, de la Universidad Pablo de Olavide; Rafael Repiso, de la Universidad de Málaga; y Álvaro Cabezas Clavijo, de la Universidad Internacional de La Rioja.

Estos tres especialistas analizaron, entre otros, el caso de Cuadernos de Economía, dirigida históricamente por el economista Joan Hortalá, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona y expresidente de la Bolsa barcelonesa. La revista, vendida a Oxbridge, comenzó a cobrar unos 2.500 euros por estudio y se llenó de trabajos de Vietnam, Malasia e Indonesia. La web de la publicación sigue asegurando falsamente que está dirigida por Hortalá y editada por la Universidad Autónoma de Madrid y la privada CUNEF. Los tres expertos lanzaron preguntas al aire: “¿Están haciendo algo las instituciones (normalmente universidades públicas) para evitar que las revistas auspiciadas, financiadas o apoyadas por ellas acaben en manos de dudosos grupos empresariales extranjeros? ¿Se están beneficiando nuestras universidades de los cientos de miles de petrolibras que están derramando los inversores extranjeros en las revistas españolas?”.

La geógrafa Pilar Paneque dirige desde 2023 el organismo que decide si un profesor universitario puede ascender a catedrático o si merece aumentos salariales: la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). La entidad comenzó en 2017 a exigir más de un centenar de estudios publicados como mérito imprescindible para acreditarse como catedrático en algunas especialidades, algo que la propia Paneque define como “locura” y está intentando cambiar.

La presión por publicar ha dado lugar a prácticas editoriales muy cuestionables

“Es sabido que la presión por publicar ha dado lugar a prácticas editoriales muy cuestionables”, explica la geógrafa, que lamenta que algunas de estas revistas sigan siendo consideradas como válidas en las principales bases de datos internacionales, como la Web of Science, de la multinacional londinense Clarivate, y Scopus, una herramienta similar de la editorial holandesa Elsevier. “Es importante insistir en que la evaluación de nuestra actividad debe centrarse en la calidad e innovación de la investigación que realizamos y no en la mera indexación de la revista en la que la publicamos. De lo contrario, la producción y la evaluación de la investigación no estará guiada por los principios y acuerdos de la propia comunidad científica, sino por los de grandes empresas editoriales como Clarivate o Elsevier, que lógicamente se mueven por intereses que, aunque legítimos, son muy diferentes a los del avance del conocimiento y el bien común”, señala la directora de la ANECA.

El mayor organismo científico de España, el CSIC, y otro medio centenar de organizaciones firmaron en abril una declaración contra la Web of Science y Scopus, cuya información opaca sobre la valía de las revistas académicas se usa para repartir millones de euros de los contribuyentes. En la actualidad, si los investigadores publican más estudios en revistas bien consideradas por esas bases de datos privadas, ganarán más dinero. Paneque recibe como un acicate el nuevo análisis de Alberto Martín y Emilio Delgado. “Estudios como este aportan más argumentos para avanzar en la reforma de la evaluación de la investigación que se está impulsando a nivel internacional y en la que ANECA está dando pasos muy decididos”, opina.

Las bases de datos sí están tomando algunas medidas, sobre todo desde el año pasado. La Web of Science imprimía su sello de calidad a 17 de las 36 revistas compradas por el entramado de Oxbridge, pero ya ha expulsado a 11 de ellas, según la investigación de Martín y Delgado. Scopus incluía a las 36, pero ya no cuenta con ocho. El resto de cabeceras siguen simulando que nada ha cambiado, mientras publican cada vez más estudios asiáticos a cambio de más dinero, como en la película La invasión de los ultracuerpos. Martín y Delgado las llaman “revistas infectadas”. Este periódico intentó este jueves contactar con los habitantes del caserón inglés, mediante un mensaje enviado a dos correos electrónicos habituales del paquistaní Muhammad Haseeb y la indonesia Nira Hariyatie Hartani, sin recibir respuesta.

 

MÉXICO es proveedor clave para centros de datos de IA / No son la panacea: Sheinbaum

Publicado en La Jornada https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/08/18/economia/mexico-es-proveedor-clave-para-centros-de-datos-de-ia México ...