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miércoles, 19 de agosto de 2026

U.S.A.: ¿los NIH limitarán el presupuesto para APCs? ¡Qué más da si hay menos dinero para investigar y menos publicaciones! además, el artículo científico como tal está desfalleciendo

Publicado en Katina. Librarianship Elevated
https://katinamagazine.org/content/article/open-knowledge/2026/proposed-nih-policy-on-apcs-is-bonkers-does-it-matter





La propuesta de política de los NIH sobre los cargos por procesamiento de artículos es disparatada. ¿Pero importa?

En lugar de obsesionarnos con el caos más reciente de una administración que sobresale en generarlo, deberíamos mirar hacia la oportunidad de construir algo nuevo.

Por Alicia Salaz | 6 de agosto de 2026

Desde que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) solicitaron comentarios, el 30 de julio de 2025, sobre cinco posibles nuevas opciones de política relacionadas con la imposición de límites a los gastos de las subvenciones destinados a los cargos por procesamiento de artículos (APC, por sus siglas en inglés), un gran número de comentaristas ha considerado que esas opciones tendrían consecuencias importantes y, a menudo, negativas: podrían ser catastróficas para las carreras de los investigadores jóvenes, acabar con los modelos de negocio de las editoriales pequeñas pertenecientes a sociedades científicas, resultar devastadoras para el progreso científico o incluso algo peor.

La solicitud de comentarios públicos atrajo una considerable atención, con más de 900 aportaciones procedentes de bibliotecas, editoriales, investigadores, sociedades académicas y profesionales, entre otros actores.

Muchos comentarios anticipan efectos en cadena de la política de los NIH que se extenderían hasta los confines más alejados de la publicación y la práctica académicas. Entre ellos se encuentran afirmaciones como: «cualquier cambio en la política de los NIH relativo a la limitación de las tarifas de publicación tendrá repercusiones de gran alcance sobre muchos investigadores y/o proyectos que no reciben financiación de los NIH»; «limitar de cualquier manera los costos de publicación será catastrófico para las carreras tanto de los investigadores en formación como de los investigadores principales»; y «la opción 1 (prohibición total) sería catastrófica para el progreso científico».

Más allá del portal de comentarios públicos, muchas personas han publicado análisis más detallados. David Crotty presentó recientemente una crítica seria de las propuestas de los NIH desde la perspectiva de las editoriales independientes, centrada en una teoría de consolidación del mercado. Según esta, los límites o prohibiciones a los APC ejercerán presión sobre las editoriales más pequeñas, independientes, orientadas por una misión, pertenecientes al ámbito académico o dirigidas por investigadores y que dependen de APC razonables —como Cold Spring Harbor Lab Press y Journal of Medical Internet Research (JMIR) Publications—, hasta expulsarlas del mercado.

Otros comentarios expresan desconcierto ante las propuestas y las describen con términos como «absurdas», «ridículas» y «completamente estúpidas».

Los NIH habían prometido inicialmente que los cambios entrarían en vigor el 1 de enero de 2026; sin embargo, al momento de escribir este artículo, en agosto de 2026, seguimos esperando. Esto ha generado cierta especulación sobre la demora y sobre qué tipo de política se terminará adoptando. Recientemente, la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB) del gobierno federal solicitó comentarios sobre una política que prohibiría prácticamente todos los pagos de APC con fondos federales, lo que potencialmente podría reemplazar cualquier política de los NIH. Sin embargo, la abrumadora respuesta de casi medio millón de comentarios, principalmente críticos, junto con la oposición legislativa, hace preguntarse si la propuesta realmente seguirá adelante.

Dada la continua arbitrariedad que hemos observado en Washington y sus organismos durante el último año —como los recortes al estilo DOGE y las reducciones improvisadas de personal en las agencias federales que conceden subvenciones, así como el uso poco profesional de inteligencia artificial y búsquedas por palabras clave para eliminar subvenciones existentes—, sería comprensible anticipar que cualquier medida que adopten próximamente los NIH podría tener poca o ninguna base en la evidencia, en un proceso sistemático o en lo que se dijo el verano pasado.

Pero ¿realmente importa? Tanto si los NIH prohíben por completo los APC como si los limitan o restringen a determinados tipos de publicación, la política seguiría un patrón creciente de restricciones similares adoptadas por financiadores como la Fundación Gates, Cancer Research UK y el Howard Hughes Medical Institute, entre otros.

«¡Pero los NIH financian muchísimos artículos!», podría decirse. «¿No es seguro que, adonde vayan ellos, los demás los seguirán?».

Los NIH están concediendo subvenciones a un número menor de investigadores. La Association of American Medical Colleges (AAMC) informa que las nuevas adjudicaciones han disminuido un 63 % respecto de su promedio de los cinco años anteriores. Según Web of Science, en 2025 se publicaron apenas 100 000 artículos que reconocían financiación de los NIH, un mínimo no registrado desde 2010 y aproximadamente un 28 % menos que el máximo reciente de 140 000 alcanzado en 2021. Las publicaciones correspondientes al primer trimestre de 2026 suman menos de 20 000, lo que sitúa a la investigación financiada por los NIH en camino de registrar este año otra disminución proyectada del 20 % respecto del bajo nivel del año pasado. Muchas de estas publicaciones reflejan resultados de trabajos financiados mediante subvenciones concedidas entre uno y tres años antes, lo que significa que la desaceleración de las nuevas adjudicaciones observada en 2026 probablemente profundizará todavía más esta tendencia.

China, que superó a Estados Unidos en volumen de publicación de artículos en 2021, podría ejercer una mayor influencia sobre el comportamiento de las editoriales a escala mundial. Sin embargo, China parece igualmente poco entusiasmada con el modelo de APC: este mismo año, la Academia China de Ciencias (CAS) llegó al extremo de incluir en una lista negra revistas como Nature Communications debido a lo que considera tarifas de publicación excesivas.

Estos y otros movimientos dentro del mundo académico sugieren que el modelo basado en APC podría estar en vías de desaparecer independientemente de lo que hagan unos NIH cada vez más reducidos. Por ello, cualquier medida que adopte ahora la agencia podría ser menos significativa o influyente para el ecosistema general de la publicación académica de lo que podría parecer inicialmente.

La creciente reticencia o incapacidad de los investigadores y organismos financiadores para pagar individualmente por la publicación en acceso abierto es, en parte, lo que Crotty y otros temen que impulse a las bibliotecas hacia los llamados «grandes acuerdos» transformativos (big deal transformative agreements), en los que las instituciones pagan cantidades globales anuales para cubrir los costos de publicación en acceso abierto de sus miembros con determinadas editoriales. Esto podría conducir a una mayor consolidación del mercado y a la posible desaparición de editoriales más pequeñas.

Pero quizá estén preocupándose por las cosas equivocadas. Sospecho que el «acuerdo transformativo» también puede haber superado ya su punto máximo. Bibliotecas de investigación como la mía, en la Universidad de Oregón, llevan años poniendo a prueba el modelo de los acuerdos transformativos que algunas pequeñas editoriales de sociedades científicas consideran una amenaza, y no nos gusta. No ha funcionado, y las negociaciones con los proveedores que debemos llevar a cabo para cerrar estos acuerdos son peores y más frustrantes que nunca. Actualmente, mis colegas y yo hablamos de desarrollar estrategias abiertas y de invertir en modelos editoriales sin fines de lucro, orientados por una misión y pertenecientes al ámbito académico. En el futuro será más probable, y no menos, que llevemos nuestros recursos a editoriales cuyos valores y misiones coincidan con los nuestros, independientemente de lo que hagan los NIH, siempre y cuando sobreviva el artículo académico.

La supervivencia del artículo académico como formato publicable puede ser una cuestión mucho más importante para las editoriales de todo el mundo que las normas que adopten los NIH.

Esto se debe a que los editores de revistas académicas están observando actualmente, sin duda, cambios en sus prácticas impulsados por las aplicaciones generativas y agénticas de la inteligencia artificial. Kevin Smith sostuvo recientemente en The Chronicle que la IA hará obsoleto el artículo académico. Mi colega Alex Murray, integrante del consejo editorial de la prestigiosa revista Organization Science, me describió recientemente cómo la revista está experimentando un ciclo alarmante: la IA genera más manuscritos enviados; ese aumento lleva a los revisores a utilizar IA para poder mantener el ritmo; y el resultado son artículos producidos y publicados que, cada vez más, también son consumidos, leídos y sintetizados por IA. Entonces, ¿para qué sirve todo este proceso?

La medición que ha realizado la revista de este fenómeno ha sido abordada por Forbes y por Clarke & Esposito. Murray tiene algunas ideas inteligentes sobre adónde puede conducir esta situación, pero ninguna de ellas implica pagar APC individualmente o mediante paquetes. Es muy posible que las agencias federales estadounidenses de financiación, como los NIH, estén ocupadas intentando mover las reglas del juego hacia un lugar más justo sin darse cuenta de que el juego ya terminó.

Las iniciativas impulsadas por instituciones académicas y dirigidas por investigadores, como Big Ten Open Books y Path to Open de JSTOR, están avanzando en la creación de mecanismos de apoyo financiero sostenible para editoriales de monografías sin fines de lucro y pertenecientes al ámbito académico. Queda por ver si la monografía, como formato, resulta más duradera que el artículo de revista; creo que así será. En cuanto a los artículos académicos, algunos de los éxitos y enseñanzas obtenidos en los últimos años a partir del modelo cada vez más consolidado Subscribe-to-Open podrían aplicarse a nuevas formas de difusión del conocimiento, orientadas por una misión, que trasciendan el formato tradicional del artículo de revista. Nuestra biblioteca está deseosa de invertir en infraestructuras escalables, compartidas y orientadas por una misión, como Knowledge Commons, que comenzamos a apoyar en 2025, y en iniciativas similares que proporcionen beneficios específicos a quienes las apoyan y que permitan justificar la inversión de los recursos que administramos.

El éxito pasado y el potencial futuro de los servidores de preprints y los repositorios institucionales significan que lo único que realmente necesitamos para desprendernos de las tradicionales y prestigiosas revistas corporativas es ayudar a nuestras comunidades académicas a desarrollar buenos indicadores de calidad para la promoción profesional. Las instituciones ya están comenzando a modificar la forma en que gestionan la promoción del profesorado. En la Universidad de Oregón estamos reformando activamente los criterios de promoción para centrarnos en lo que realmente importa: creación de empresas, cambios en las políticas, mejoras en la forma en que trabajan profesores, abogados y periodistas y, por supuesto, avances en ciencia básica que no siempre tienen una aplicación inmediata; pero todo ello medido por su importancia real, y no mediante indicadores indirectos como el valor de marca de una revista propiedad de una empresa. Mi red en la Higher Education Leadership Initiative for Open Scholarship (HELIOS) me indica que no estamos solos: instituciones de investigación de todo Estados Unidos están adoptando medidas similares de manera paralela, lo que probablemente hará que estos cambios se refuercen mutuamente. Si el progreso de la carrera académica deja de depender exclusivamente de publicar en una «Gran Revista Prestigiosa y Bien Clasificada», nuestros profesores —la mano de obra profesional experta que edita y revisa para esas revistas, además de publicar en ellas— quizá estén más dispuestos a dejarlas atrás.

Las sociedades académicas, las editoriales independientes y orientadas por una misión y las instituciones de investigación también tienen importantes funciones que desempeñar en las nuevas formas de comunicación, impacto y validación, incluidos nuevos enfoques de la revisión por pares —o incluso alternativas a ella—.

El número de investigadores y artículos financiados por los NIH está disminuyendo. La American Association for the Advancement of Science (AAAS) sostiene que Estados Unidos está renunciando a su liderazgo científico debido a la desinversión en investigación. China lidera el mundo en inversión en investigación y desarrollo, y la IA está convirtiendo todo el proceso de artículo–revisión–publicación en un ejercicio carente de sentido.

Entonces, ¿a quién le importa lo que hagan los NIH con su política sobre los APC?

Esto no significa que no haya nada bueno en el horizonte. A lo largo de toda mi carrera, quienes formamos parte del mundo académico nos hemos quejado de cuánto detestamos el sistema, de cuánto detestamos los costos abusivos y crecientes de las revistas y de cuánto detestamos los indicadores indirectos de calidad académica que en realidad no captan ni reflejan el trabajo que verdaderamente valoramos.

Si todo sale bien, durante los próximos años reconstruiremos el sistema que queremos a partir de las cenizas de un viejo modelo que todos detestábamos, pero que simplemente no éramos capaces de abandonar.

Preocupémonos menos por los NIH y pongámonos a construirlo.

10.1146/katina-080626-1

Alicia Salaz es vicerrectora y bibliotecaria universitaria de la Universidad de Oregón, donde proporciona liderazgo estratégico para vincular las ciencias de la información con la política académica y preside el consejo de gobernanza de inteligencia artificial de la universidad. Con una amplia experiencia en el complejo ámbito de la comunicación académica, actualmente encabeza una iniciativa centrada en la reforma estructural de los criterios de permanencia y promoción académica, con el propósito de incentivar mejor unas prácticas de investigación abiertas y equitativas. Forma parte del comité ejecutivo del Big Ten Academic Alliance Center for Library Programs y es miembro de la Higher Education Leadership Initiative for Open Scholarship (HELIOS).


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The Proposed NIH Policy on APCs Is Bonkers. Does it Matter?

Instead of fixating on the latest chaos from an administration that excels in it, we should look ahead to the opportunity to build something new.

By Alicia Salaz | 08.06.2026



Since the US National Institutes of Health (NIH) solicited comment on five potential new policy options related to capping grant expenditures for article processing charges (APCs) on July 30, 2025, a large number of commenters have taken the view that those options would be highly consequential and often negative—either catastrophic to the careers of junior researchers, fatal to the business models of smaller society publishers, ruinous to scientific progress, or worse.

The solicitation for public comment attracted significant attention, with more than 900 submissions from libraries, publishers, researchers, scholarly and professional societies, and more.

Many comments anticipate ripple effects of NIH policy that would extend outward to the furthest reaches of scholarly publishing and practice, such as “any NIH policy change around limiting publication fees will have far-reaching impacts on many researchers and/or projects that are not NIH-funded,” “Capping publication costs in any way will be catastrophic for the careers of both trainees and PIs,” and “Option 1 (complete disallowance) would be catastrophic for scientific progress.”

Beyond the public comment portal, many have published more fulsome analyses. David Crotty recently offered a serious critique of the NIH proposals from the independent publisher perspective, centered on a market consolidation theory, which argues that APC caps or bans will squeeze smaller, independent, mission-driven, academy-owned and scholar-led publishers that are reliant on fair APCs, like Cold Spring Harbor Lab Press and Journal of Medical Internet Research (JMIR) Publications, out of business.

Other comments express bewilderment at the proposals, describing them with terms like “nuts,” “ludicrous,” and “totally stupid.”

The NIH had initially promised that changes would take effect January 1, 2026—though as of this writing in August 2026, we are still waiting—leading to some speculation about the delay and what kind of policy we will eventually see issued. Recently, the federal Office of Management and Budget (OMB) has issued a request for comment on policy that would prohibit nearly all APC payments out of federal funds, potentially superseding any NIH policy—though the overwhelming response of nearly a half-million mainly critical comments, along with legislative opposition, leaves one to wonder whether this will move forward.

Given the ongoing caprice we’ve seen out of Washington and its agencies over the past year—like the DOGE-ing and haphazard workforce reductions of federal granting agencies and the amateurish use of AI and keyword search to eliminate existing grants—one would be forgiven for anticipating that whatever comes out of the NIH next may have little to no basis in evidence, process, or whatever was said last summer.

But does it really matter? Whether the NIH entirely bars, caps, or restricts APCs to certain types of publishing, the policy would follow a developing pattern of similar restrictions from funders like the Gates Foundation, Cancer Research UK, the Howard Hughes Medical Institute and others.

“But the NIH funds so many papers!” you might say. “Where they go, others will surely follow?”

The NIH is issuing grants to fewer scholars. The Association of American Medical Colleges (AAMC) reports that new awards are down 63 percent from their prior 5-year average. According to Web of Science, just 100,000 papers attributing NIH funding were published in 2025—a low not seen since 2010, and down around 28 percent from the most recent 2021 peak of 140,000. Publications in the first quarter of 2026 number under 20,000, putting NIH-funded research on track for a projected decline this year of another 20 percent from last year’s low. Many of these publications reflect outcomes from work that was funded by awards over the prior one to three years, meaning that the slowdown in new awards we are seeing in 2026 is likely to push this trend even further.

China, which overtook the US in paper publishing by volume in 2021, might be expected to have more influence on global publisher behavior. Yet China seems equally unenchanted with the APC model; the Chinese Academy of Sciences (CAS) just this year took the step of blacklisting journals like Nature Communications entirely over what are perceived as excessive publication fees.

These and other moves in the scholarly world suggest that the APC model may be on the way out regardless of what the shrinking NIH does, making any agency moves now less significant or influential to the broader scholarly publishing world than one might initially think.

A growing reluctance or inability of scholars and funding agencies to pay for open publishing paper-by-paper is, in part, what Crotty and others worry drives libraries towards “big deal” transformative agreements, where institutions pay lump sum annual fees to cover the costs of their affiliates publishing openly with individual publishers, leading to market consolidation and the potential elimination of smaller publishers.

They may be worried about the wrong things. I suspect that the “transformative agreement” may also be past its peak. Research libraries, like mine at the University of Oregon, have now spent years testing out the “transformative agreement” model that some small society publishers see as a threat, and we don’t like it. It hasn’t worked, and the vendor negotiations we go through to ink these deals are worse and more frustrating than ever. These days, my counterparts and I talk about evolving open strategies and investing in nonprofit, mission-driven and academy-owned publishing models. We are more likely to take our business to values- and mission-aligned publishers in the future, not less, regardless of what the NIH does—so long as the academic paper survives.

The survival of the academic paper as a publishable format may be a far more pertinent question for publishers everywhere than what the NIH rules are.

That’s because journal editors today are undoubtedly seeing change in their business practices driven by generative and agentic applications of artificial intelligence. Kevin Smith recently argued for the Chronicle that AI will make the academic article obsolete. My colleague Alex Murray, who sits on the editorial board of the highly-reputed Organization Science, recently described for me how the journal is experiencing an alarming cycle of AI driving more submissions, driving reviewers to use AI to keep up, only to produce and publish papers that are increasingly consumed/read/synthesized by AI—so what is this whole exercise for?

The journal’s measurement of this phenomenon has been covered by Forbes and in Clarke & Esposito. Murray has some intelligent ideas about where this may lead, but none of them involve paying APCs individually or in bundles. US federal funding agencies like the NIH may well be busy trying to move the goalposts to a fairer spot without realizing that the game is already over.

Academy-driven and scholar-led initiatives like Big Ten Open Books and JSTOR’s Path to Open are making progress on providing sustainable financial support to academy-owned and nonprofit monograph publishers. It remains to be seen whether the monograph as a format is more durable than the journal paper; I expect that it is. As for academic papers, some of the successes and lessons learned in recent years from the maturing Subscribe-to-Open model could be applied to new, mission-driven forms of knowledge sharing that get beyond the journal paper form. Our library is eager to invest in scalable, shared, mission-driven infrastructures such as Knowledge Commons, which we began supporting in 2025, and similar endeavors that provide unique benefits to supporters that can help justify the investment of the dollars we steward.

The past success and future potential of preprint servers and institutional repositories mean the only thing we really need to do to cut loose the traditional prestige corporate journal is to help our academic communities develop good quality markers for career advancement. Already, institutions are starting to change the way they handle faculty promotions. At the University of Oregon, we’re actively reforming promotion criteria to focus on what actually matters—enterprise creation, policy change, improvement in the way teachers and lawyers and journalists practice, and yes, advancements to basic science that don’t always have an immediate application—but measured by actual significance, not proxy indicators like the brand value of a corporate-owned journal. My network in the Higher Education Leadership Initiative for Open Scholarship (HELIOS) tells me we aren’t alone—research institutions across the US are taking similar steps in parallel, which likely will be mutually reinforcing. If academic career advancement no longer relies exclusively on publishing in Big Ranked Journal Name, our faculty—the expert professional labor that edits and reviews for those journals, in addition to publishing in them—may be more open to letting them go.

Academic societies, independent and mission-driven publishers, and research institutions also all have important roles to play in new forms of communication, impact, and validation, including new approaches to (or departures from) peer review.

The number of scholars and papers funded by NIH is declining. The American Association for the Advancement of Science (AAAS) argues that America is forfeiting its scientific leadership through disinvestment in research. China is leading the world in research and development investment, and AI is making the whole paper-review-publication process a meaningless exercise.

So who cares what the NIH does with its APC policy?

This is not to say there isn’t good on the horizon. Throughout my career, we in the academy have been complaining about how much we hate the system, how much we hate exploitative and inflationary journal costs, and how much we hate proxy measures of scholarly quality that don’t really capture or reflect the work we truly value. If all goes well, in the next few years we’ll be rebuilding the system we want from the ashes of an old model that we all hated anyway but just couldn’t let go of. Let’s worry less about the NIH and go build it.

10.1146/katina-080626-1

Alicia Salaz serves as the vice provost and university librarian at the University of Oregon, where she provides strategic leadership connecting information science and academic policy and chairs the university’s artificial intelligence governance council. With extensive experience navigating the complex landscape of scholarly communication, she is currently spearheading an initiative focused on the structural reform of tenure and promotion metrics to better incentivize open, equitable research practices. She serves on the executive committee of the Big Ten Academic Alliance Center for Library Programs and is a member of the Higher Education Leadership Initiative for Open Scholarship (HELIOS).


martes, 19 de mayo de 2026

CHILE: El mundo científico critica en bloque los cuestionamientos de Kast sobre el gasto en investigación

 Publicado en SciDevNet

https://www.scidev.net/america-latina/news/chile-alerta-ante-posible-recorte-al-presupuesto-de-ciencia/




07/05/26


Chile: alerta ante posible recorte al presupuesto de ciencia

De un vistazo
  • Filtración de documento oficial en Chile reveló recorte de 30 por ciento al Ministerio de Ciencia para 2027

  • Programas clave y becas están en riesgo, advierten investigadores

  • Gobierno habla de error en comunicación, pero persiste la incertidumbre científica

Por: Humberto Basilio


[CIUDAD DE MÉXICO, SciDev.Net] Pese a que el gobierno chileno, liderado desde marzo de este año por el presidente José Antonio Kast, intentó matizar la filtración de documentos oficiales que apuntan a un fuerte recorte del presupuesto en ciencia y tecnología para 2027, la comunidad científica latinoamericana sigue en alerta.

Cualquier recorte a la ciencia en América Latina “es una mala idea”, dice Edgar Guerra, sociólogo de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México.

En el contexto de la polarización política actual, añade, los sistemas científicos sólo pueden mantener su autonomía a través de financiamiento e iniciativas claras que promuevan el desarrollo de los países. Ante la polémica actual, “no podemos quitar el ojo de Chile,” dice el investigador.

La filtración de la Secretaría de Hacienda, el pasado viernes 24 de abril,  desató críticas y preocupación en la comunidad científica chilena. Se trata de un oficio que muestra la intención del gobierno de reducir un 30 por ciento al presupuesto destinado al Ministerio de Ciencia para 2027.

De concretarse, sería el recorte más drástico de las últimas décadas.

El documento, de 19 páginas y revisado por SciDev.Net, contempla una “descontinuación” de poco más de US$ 6 millones en inversión respecto a 2026, afectando a diversos programas de ciencia, salud, tecnología, educación y otros ámbitos de desarrollo.

En el caso del Ministerio de Ciencia se prevé una reducción de US$190 millones en once programas cruciales para la investigación en el país, incluyendo el financiamiento de becas de posgrado en Chile y en el extranjero.

Horas después de la filtración, la Secretaría de Hacienda reconoció la validez de los documentos y argumentó que se trató de un mal uso de palabras y un error comunicacional.

Para la microbióloga de la Universidad de Antofagasta Cristina Dorador Ortíz, quien es una de los más de 500 científicos y científicas de diferentes países que firmaron un comunicado sobre el tema, la propuesta “es muy preocupante” y supone “un retroceso enorme para la ciencia chilena”.

Programas prioritarios en riesgo

Los programas que podrían sufrir recortes son vitales para la ciencia nacional y están coordinados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID). A través de ellos se financian proyectos en prácticamente todas las áreas científicas, como ciencias oceánicas, de la atmósfera, astronomía y cambio climático.

En varios de estos campos se desarrollan investigaciones de alta prioridad para Chile, como la extracción de litio en los salares del país, señala Dorador, quien ha dirigido varias de estas investigaciones con fondos públicos.

Entre los recortes que más inquietan a los científicos están los que afectarían a la Iniciativa Científica Milenio, que financia investigación de alto nivel y recibe alrededor de US$ 22 millones anuales, y a los Centros de Excelencia, estructuras que agrupan equipos científicos con financiamiento sostenido para desarrollar investigación de impacto, formar nuevos investigadores y fomentar la colaboración internacional. Estos reciben alrededor de US$15,5 millones anuales.

Los Nodos para la Aceleración de Impacto Territorial de la Ciencia Tecnología Conocimiento e Innovación serían eliminados. Se trata de un instrumento de política científica que conecta la ciencia con las necesidades de los territorios y recibe más de US$3 millones al año. Asimismo, se eliminaría el Programa de Investigación Asociativa que recibe alrededor de US$ 33 millones anuales.

Por otro lado, la posible reducción de becas nacionales y en el extranjero también genera alarma. En total, ambos programas reciben alrededor de US$ 77 millones. Los científicos temen que una medida de este tipo provoque, a largo plazo, una fuga de cerebros en Chile.  Hasta 2025, más de 5.000 estudiantes en Chile y 1.300 en el extranjero se beneficiaban de estas becas, según datos enviados por la ANID a SciDev.Net.

“Es lamentable”, dice Ximena Baez, Bioquímica y presidenta de la Red de Investigadoras de Chile. El país invierte actualmente alrededor del 0,3 por ciento de su Producto Interno Bruto en ciencia y tecnología, lo que lo sitúa entre los países de América Latina en la OCDE con menor inversión. Un recorte adicional a este ya bajo nivel sería “un desmantelamiento total del sistema científico”, advierte Baez.

Dorador señala que los recortes a la ANID afectarían directamente a las mujeres estudiantes e investigadoras del país, ya que cortaría financiamiento de los programas InES de Género, instrumentos que buscan reducir brechas de género en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación. En Chile, las mujeres representan el 40 por ciento de la comunidad científica activa.

Intenciones poco claras

Días después de la filtración, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, afirmó en una entrevista a 24 Horas Chile que, aunque los documentos eran oficiales, la palabra “descontinuar” no implicaba un recorte inmediato, sino que los programas quedarían sujetos a una posible reformulación presupuestaria.

Para Baez, el solo hecho de plantear esa reformulación es “tremendamente delicado y grave”, ya que estos programas no sólo garantizan la formación de nuevos investigadores, sino también una transición ordenada entre quienes se jubilan y quienes inician sus carreras.

En una reunión sostenida con el Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH), tras confirmarse la validez de los documentos, la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao Pilquian, reiteró que los recortes no están definidos. También anunció la intención de crear un comité asesor, con miembros de la comunidad científica, para revisar las propuestas de Hacienda antes de su aprobación.

“Sentarnos a conversar nos parece un avance, pero falta esperar a que la promesa se concrete”, dice a SciDev.Net Maria José Gallardo, presidenta de la Comisión de Investigación del CRUCH y presente en la reunión celebrada el 30 de abril.

Aunque desde el inicio de su gestión el presidente Kast no ha emitido declaraciones abiertamente contrarias a la ciencia, las fuentes consultadas por SciDev.Net señalan que su agenda en política científica sigue siendo poco clara. Durante su campaña presidencial, Kast dijo públicamente que “Chile no tiene futuro sin ciencia.”

La controversia por la filtración refleja la incertidumbre de la comunidad científica frente a los próximos cuatro años, dice Baez. “Es desconcertante,” añade, “no hay un plan de trabajo claro establecido, y no parece que lo vaya a haber pronto.”

SciDev.Net solicitó una declaración a la ANID. Hasta el cierre de esta edición, la agencia no ha respondido.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net

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El mundo científico critica en bloque los cuestionamientos de Kast sobre el gasto en investigación

El mandatario sostuvo que a veces se destinan millonarios recursos para proyectos académicos que no generan empleo


Santiago de Chile - 11 MAY 2026


Académicos, organizaciones de investigación y científicos han salido a defender en masa la importancia de los estudios en el mundo de la ciencia luego de que el presidente chileno José Antonio Kast cuestionara la semana pasada el gasto que significa y el poco empleo que generan algunas de las indagaciones. Más de 20 sociedades científicas y académicas respondieron a través de una carta abierta que detrás de cada avance que hoy damos por sentado —un tratamiento médico, una variedad agrícola resistente a la sequía, un protocolo de manejo de aguas— hay “décadas de investigación acumulada”. Otros pusieron el acento en que Chile invierte menos del 0,4% del PIB en ciencias y mostraron su preocupación sobre posibles recortes presupuestarios en el área bajo la lógica “reduccionista” de la empleabilidad. El mandatario ha reconocido este lunes que quizá podría modificar su declaración, pero que apunta a que todos los recursos sean bien utilizados.

“A veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno, salvo el de las personas que le dedicaron mucho tiempo al estudio”, afirmó Kast el pasado miércoles, donde también planteó que se necesita realizar seguimiento a los fondos del Estado entregados destinados a investigaciones en academias. “En Valdivia, donde tuvo este ataque la ministra [de Ciencias, Ximena] Lincolao, hagámosle un seguimiento a todos los recursos que se han entregado en los centros de educación y veamos cuál es el resultado de esos recursos que hemos entregado, y se van a sorprender”, advirtió.

Los dichos se enmarcan en la retórica de recortes presupuestarios del 3% que está implementando la Administración de derecha en todos los ministerios -salvo Seguridad- para hacer frente a la estrechez fiscal. En el ministerio de Ciencias, la ministra Lincolao suspendió las becas de magíster y posdoctorado internacionales para chilenos durante este 2026. Kast aclaró esta mañana en La Moneda que “quizás la frase uno la pueda modificar”. “Pero lo que apuntamos es al fondo: que todos los recursos para la ciencia sean bien utilizados. La ciencia es fundamental y el buen uso de los recursos también”, dijo, y calificó de “positiva” la discusión que generaron sus declaraciones. “Es un llamado a atención también a los Gobiernos Regionales, porque si van a entregar recursos para estudios científicos, ¿van a poder hacerle el seguimiento? o ¿tienen las personas adecuadas para después ver cómo se utilizaron los recursos?“, agregó.

El astrónomo y divulgador científico José Maza, Premio Nacional de Ciencias 1999, replicó que la investigación es clave en el desarrollo del país. “Si el propósito de una investigación era dar trabajo y no dio, tienen que hacerle un sumario al tipo. Pero si el propósito era estudiar a los huilliches, por ejemplo, y los estudió y se transforma en un libro magnífico, bueno, hay que aplaudirlo por haber hecho la pega (el trabajo)”, dijo el escritor de libros superventas y aseguró que Kast probablemente “habló sin pensar”. “Todos los países invierten 10 veces más que Chile, ¿y por economizar le van a quitar lo poquísimo que se invierte en investigación?”, cuestionó. La también astrónoma y divulgadora científica, Teresa Paneque, reconocida por acercar la astronomía a las personas y, en especial, a los niños, defendió en sus redes sociales que las posturas del mandatario “atacan la naturaleza de las ciencias básicas”, que es generar conocimiento en áreas específicas, a veces con aplicaciones inmediatas y muchas otras veces con consecuencias a largo plazo. “Muy (Javier) Milei el discurso sobre los libros y el financiamiento, ya basta. La gente no es tonta y, además, lo desafío a que me muestre un solo concurso con fondos públicos que haya otorgado 500 millones de pesos para un proyecto que resulte en un solo libro”, añadió.

La exministra de Ciencias del Gobierno de Gabriel Boric (2022-2026), Aisén Etcheverry, por su parte, respondió que las declaraciones de Kast, en un contexto de recortes “aún difusos”, son “señales no pueden leerse sino con alarma”. “Lo que está en juego no es solo el presupuesto de algunos proyectos, sino la posibilidad misma de construir futuro”, afirmó en una columna en El Mostrador.

El fin de semana, 24 organizaciones academicas y cientificas, incluida la Sociedad Científica de Psicología de Chile, la de Estadística, la de Física, la de Astronomía, la Matemática y la de Biológica emitieron una carta en la que no mencionaron al presidente Kast, pero sí aludieron a su cuestionamiento sobre el trabajo que realizan en investigación. “Revelan una comprensión parcial y preocupantemente reduccionista del conocimiento, de los ecosistemas y del rol del Estado en el desarrollo de la sociedad”, rezaba el escrito.” Una publicación especializada puede parecer abstracta desde la urgencia económica, pero forma parte del trayecto que permite a investigadores jóvenes asesorar territorios, desarrollar soluciones biotecnológicas o diagnosticar enfermedades emergentes”, añaden.. Las economías que adoptaron este principio, señalan, exportan hoy tecnología y talento.

La comunidad científica aprovechó de pedir que cualquier revisión presupuestaria o normativa, se realice a través de procesos transparentes y con la participación de académicos, centros de investigación y organismos técnicos competentes.

CRediT: modelo para el reconocimiento de autorías. Aportes y retos

Publicado en blog I mpact of Social Sciences (London School of Economics-LSE) https://blogs.lse.ac.uk/impactofsocialsciences/2026/08/19/for-...