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Sin el financiamiento de la CIA tal vez Apple no hubiera despegado
SHARON WEINBERGER.
THE WALL STREET JOURNAL.
Reforma - viernes 21 agosto 2026
Cuando la CIA se presentó sin aviso en la sede de NeXT, la nueva empresa computacional de Steve Jobs, la Guerra Fría estaba en pleno apogeo.
Era 1986 y el Presidente Ronald Reagan destinaba miles de millones de dólares al Pentágono, gran parte de ello para financiar tecnología nueva, incluyendo sistemas de defensa antimisiles y satélites espía.
Algunos al interior de la comunidad de seguridad nacional comprendían la importancia de la revolución computacional que se gestaba en Silicon Valley y por qué necesitaban aprovecharla.
Joe Romello y Jeff Harris eran dos de esas personas. Como miembros del llamado “Programa B” de la CIA, una iniciativa clasificada para desarrollar tecnología de reconocimiento vía satélite, creían que Jobs, quien había fundado su nueva compañía en 1985 tras ser expulsado de Apple, podía ayudar a suministrar tecnología crucial para la comunidad de inteligencia.
Romello y Harris dijeron que querían hablar directamente con él sobre “cuestiones relacionadas con la defensa, específicamente con la inteligencia”.
Aunque no podían ofrecer detalles debido al carácter clasificado del asunto, querían saber si Jobs dispondría de tiempo para reunirse con ellos.
Pero ¿por qué habría de vincular Jobs el futuro de su empresa con espías, siendo él un hijo de contracultura que había practicado el budismo bajo la guía de un maestro zen y que citaba el consumo de LSD como una experiencia formativa?
A puerta cerrada
Hoy, al tiempo que Silicon Valley y el Pentágono estrechan nuevamente lazos, con decenas de miles de millones de dólares de capital de riesgo fluyendo a cientos de nuevas startups del sector de defensa, muchos líderes tecnológicos invocan el patriotismo y la renovación nacional en su búsqueda de contratos militares, pero en el pasado fue el interés mutuo lo que impulsó esa cooperación. Vale la pena volver a visitar este episodio poco conocido sobre los vínculos de Jobs con el espionaje estadounidense, precisamente porque revela las profundas raíces de esa relación y el papel que jugó para hacer posible el nacimiento del sistema operativo de Apple.
A Jobs no le habría sorprendido mucho saber que CIA quería hablar con él. Además de fundar NeXT, en febrero de 1986 había adquirido la división de gráficos computacionales de Lucasfilm, la compañía George Lucas, responsable de la creación de Pixar Image Computer.
La participación mayoritaria de Jobs en esta nueva empresa independiente trajo consigo un elemento tecnológico inesperado: Pixar había estado trabajando con ESL, una empresa de Silicon Valley, y había fabricado una computadora a la orden para que los analistas de inteligencia evaluaran imágenes de satélite.
Romello y Harris no lograron reunirse con Jobs en la sede de NeXT durante esa primera visita. Cuando Romello finalmente se encontró con Jobs en Nueva York, no reveló exactamente qué planes tenía la CIA. Jobs de todos modos no quería oírlo. “ No me cuentes nada que no deba saber, porque no recordaré olvidarlo”, dijo Jobs a Romello.
Ese no fue problema para Romello, quien expuso lo que quería: comprar estaciones de trabajo de NeXT para un cliente cuya identidad no reveló.
“¿Cuántas unidades están dispuestos a suministrar anualmente?”, preguntó Romello.
“Esa es información privilegiada”, respondió Jobs tajante. “¿Son más de 20 mil? Eso es lo que quiero comprar: 20 mil unidades”, dijo Romello. “Y las quiero este año, pero con dos modificaciones”.
Las modificaciones que Romello tenía en mente no correrían a cargo de Jobs ni de NeXT.
El cliente de inteligencia solicitaba un chip más rápido, suministrado por Motorola, y una tarjeta gráfica especial de Intel. “Nunca le dijimos que buscábamos realmente”, comentó Romello. “No le dimos una copia del chip. Esas modificaciones las realizamos nosotros después, por nuestros apoderados”.
Quizás Jobs no haya sabido precisamente qué planeaba hacer la CIA con sus computadoras, pero con el tiempo recibió máxima autorización de seguridad para poder visitar instalaciones clasificadas.
La verdad es que NeXT necesitaba desesperadamente esas ventas. La empresa estaba plagada de problemas, la mayoría relacionados con el perfeccionismo de Jobs que gozaba de rienda suelta en una compañía de la que él ahora era dueño y amenazaba con llevar a la empresa a la ruina. Las estaciones de trabajo de NeXT eran costosas y estaban fuera del alcance económico de la mayoría de las personas. Las ventas a universidades, que Jobs esperaban fueras clientes importantes, nunca se materializaron en grandes volúmenes.
Eso dejó principalmente el contrato con la CIA, cuya existencia era prácticamente, desconocida. Públicamente, NeXT afirmaba tener un contrato con el Gobierno federal como una parte de colaboración con ESL. Incluso dentro del Gobierno, la participación de la CIA se mantenía oculta; el comprador oficial era la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), refirió Dain Ehring, quién trabajó con Romello en el contrato de NeXT.
‘Sin tarjetas de presentación’.
Solo unas cuantas personas de NeXT sabían lo que estaba ocurriendo cuando visitantes misteriosos procedentes de Washington aparecían en la oficina, y esos empleados eran lo bastante prudentes como para no hacer demasiadas preguntas. Dan’l Lewin, a quien Jobs se había pirateado de Apple para NeXT, recordaba la visita de media docena de grupos distintos a la oficina; todos parecían “agentes de civil comunes y corrientes”.
“Entraban y decían, ‘Hola le llamo Sally’, ‘Soy Sanjay’, o lo que fuera”, cuenta una fuente.
“Y nadie tenía tarjetas de presentación. Todos sonreían, nosotros les hacíamos demostraciones y había gente de ESL en la sala, ya que ESL iba a supervisar todo el proceso. Luego se marchaban sonriendo y asistiendo, sin decir ni una palabra”.
La CIA recurrió a un equipo de Sun Microsystems, empresa que ya había colaborado con la agencia de inteligencia, para ayudar a Jobs a incrementar la producción. El primer mes de fabricación arrojó 100 estaciones de trabajo. Luego NeXT aumentó la producción a mil 500 máquinas al mes y más tarde, a 5 mil.
Traducida del inglés por Grupo Reforma.
