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jueves, 26 de febrero de 2026

La IA implosionará al actual circuito de comunicación científica. Economía política del paper: la Gran Implosión. Al Principio fue Publish or Perish

Publicado en blog Hipermediaciones
https://hipermediaciones.com/2026/02/22/economia-politica-del-paper-la-gran-implosion/?fbclid=IwdGRzaAQIzJRleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAwzNTA2ODU1MzE3MjgAAR5uYejX4BYSfK46O3Fet8_E3n9RBB0QYz0YRuEfz4EMV6rrgl_KeRgm2lF8AQ_aem_Q7d-yIE_8pSJ8i1cS_BmYw&sfnsn=scwspwa




   febrero 22, 2026 
Economía política del paper: la Gran Implosión.
Al Principio fue Publish or Perish

Publish or perish (“publica o perece”) es la expresión que resume el principio organizador de buena parte de la carrera académica moderna: para conseguir y mantener empleo, promoción, financiación y reputación, el investigador debe publicar de forma continua en revistas indexadas, mejor si son del primer cuartil (el mítico Q1). No se trata solo de “comunicar resultados”, sino de cumplir un umbral de productividad medible: número de artículos, calidad percibida del lugar de publicación, citas, impacto, posiciones de autoría, etc. Todo suma. En esa lógica, “perecer” significa quedar fuera de la competencia: no obtener becas o proyectos, no estabilizarse, no ascender, no ser visible en el campo. La desaparición científica.


«Growth rates of modern science» (2021)

“Publish or perish” resume cómo el sistema científico se ha ido racionalizando alrededor de indicadores y procedimientos (evaluaciones periódicas, rankings, auditorías, acreditaciones) que convierten la publicación en moneda de cambio. Esto puede tener efectos positivos (incentivar la difusión, estandarizar criterios, aumentar circulación de conocimiento), pero genera tensiones más que conocidas: prioridad a lo rápido y “publicable”, aversión al riesgo (menos investigación exploratoria), presión por fragmentar resultados, saturación del peer review y estrés, mucho estrés, especialmente en las fases iniciales de la carrera científica.

Efecto ANECA

En España, este sistema fue adoptado por las agencias de evaluación hace dos décadas, en el marco de un rediseño del espacio universitario europeo (sí, estoy hablando del proceso de Bolonia). El “efecto ANECA” se hizo sentir en la comunidad científica, sobre todo en disciplinas menos acostumbradas a este tipo de dinámica (por ejemplo, en algunas ciencias sociales y las humanidades). Antes de la adopción de las mediciones cuantitativas, la promoción de investigadores y profesores se realizaba, en buena parte y dejando de lado las excepciones, en función de las amistades y la gastronomía localA nadie se le negaba un ascenso académico si había una larga amistad y un buen plato de paella de por medio. La adopción del hoy denostado sistema cuantitativo de evaluación introdujo una mínima cuota de objetividad en los procesos y le atragantó el almuerzo a más de un comité evaluador.

Ahora, las agencias europeas y españolas están promoviendo el llamado “currículum narrativo”. Dejamos el Excel y pasamos al Word. Veamos de qué se trata.

Había una vez…

Si currículum “de métricas” privilegiaba los números, un currículum narrativo es una forma de presentar la trayectoria académica y científica contándola como una historia argumentada: qué problemas han guiado el recorrido científico, cómo han evolucionado esas líneas de trabajo, cuáles han sido los aportes más relevantes del investigador, qué impacto han tenido (no solo en revistas indexadas: también a nivel social, docente o tecnológico) y por qué ciertas decisiones (cambios de tema, pausas, colaboraciones, interdisciplinariedad) fueron tomadas. Ahí donde el currículum tradicional infería el mérito por indicadores comparables, el narrativo sostiene que el mérito requiere interpretación, porque muchas contribuciones valiosas (transferencia, docencia, liderazgo, trabajo en equipo, impacto local) no se capturan bien con métricas o pueden quedar distorsionadas.

Este es el sistema que tenemos, con sus tensiones, ventajas, limitaciones y tensiones.

Bien, todo eso está a punto de irse al carajo.

CCCB – Big Data Bang (2014) Economía política del paper

El sistema de producción, circulación y evaluación científica está a punto de colapsar. Si lo analizamos con el modelo de la economía política, podemos afirmar que el coste de producir un artículo científico se reduce cada semana. El uso de las inteligencias artificiales para definir objetivos y preguntas de investigación, construir marcos teórico y metodológicos, procesar datos, extraer conclusiones y redactar un informe (acompañado de sus tablas, figuras y bibliografía) se extiende y lleva a un incremento exponencial de la producción en todas las disciplinas, desde la matemática y la física hasta las ciencias sociales. El fenómeno no es nuevo -ver «Growth rates of modern science» del 2021-, pero las IA lo estan hiperacelerando hasta límites impensables.


“Los modelos de IA de frontera -en concreto, Gemini Deep Think y sus variantes avanzadas- han superado un umbral crítico. Ya no son meras herramientas para la automatización rutinaria, el procesamiento de datos o el formateo sintáctico; ahora son capaces de actuar como auténticos colaboradores de nivel experto en el descubrimiento matemático y algorítmico. A través de la informática teórica, la economía, la física y la optimización, hemos mostrado que los LLM pueden resolver activamente conjeturas abiertas, ajustar cotas matemáticas mantenidas durante décadas y localizar teoremas oscuros y transdisciplinares para sortear bloqueos que frenan a los investigadores humanos” (AAVV, “Accelerating Scientific Research with Gemini: Case Studies and Common Techniques”, 2026).


Las ciencias sociales y las humanidades no quedan al margen de esta hiperproducción académica potenciada por las inteligencias artificiales. Un joven politólogo, Yascha Mounk, contaba en estos días su experiencia.


“Mucha gente que conozco, especialmente en las humanidades, sigue en una profunda negación respecto del estado de esta tecnología. Quizá la forma más común en que desestiman su importancia es afirmar que los modelos de inteligencia artificial no son inteligentes ni creativos. Claro, dicen: ‘esos loros estocásticos pueden hacer cosas impresionantes como resumir un correo electrónico o redactar lenguaje corporativo estándar; pero son congénitamente incapaces de realizar una contribución intelectual o artística genuina.’ A menudo, quienes sostienen este argumento no tienen muy claro qué entienden por inteligencia o creatividad, y van cambiando de postura cuando se les presiona para que definan los términos (…) No quiero quedar atrapado en un debate semántico estéril sobre cómo usar esas palabras (…)  Hace unos días, decidí comprobar si los modelos de inteligencia artificial más recientes serían capaces de escribir un artículo académico competente en mi campo de estudio, la teoría política. El resultado me alegró y me deprimió a la vez” (Y. Mounk, “The Humanities Are About to Be Automated”, 2026 – Se puede consultar el resultado de su experimento en la misma página).


La evaluación científica en la era de los LLM

La hiperproducción de artículos científicos está llevando al colapso de las publicaciones científicas. Ya no solo tardan cada vez más en dar una respuesta a los ansiosos autores: directamente rechazan textos por no tener tiempo de darles ni siquiera una rápida ojeada (nos pasó esta semana). Antes, por lo menos, te decían que el artículo “no encaja con los objetivos (o la metodología) del journal”. El correo que nos mandó el editor sudaba frustración. Además, no hay revisores suficientes para tantos papers.  El viernes recibí tres propuestas de revisión. Con suerte, aceptaré una. Lo mismo está pasando con los grandes congresos científicos: la cantidad de ponencias recibidas aumenta de manera constante. Sinceramente, no quisiera estar en la botas de un editor científico o del organizador de un congreso. El riesgo de morir aplastado por la masa textual es muy alto.


“Los modelos de lenguaje (LLM) han comenzado a transformar la producción científica. Estos cambios anticipan un panorama de investigación en evolución, en el que el valor de la fluidez en inglés disminuirá, pero en el que la importancia de marcos sólidos de evaluación de la calidad y de un escrutinio metodológico profundo es fundamental. Para los revisores por pares, los editores de revistas y la comunidad en general -quienes producen, consumen y aplican este trabajo-, esto representa un asunto de gran relevancia. Como atajo para filtrar (de manera imperfecta) la investigación científica, las características de la escritura están volviéndose rápidamente señales poco informativas, justo cuando se dispara la cantidad de comunicaciones científicas A medida que las heurísticas tradicionales se debilitan, editores y revisores podrían apoyarse cada vez más en marcadores de estatus  -como el pedigrí del autor y la afiliación institucional- como señales de calidad, lo que irónicamente contrarrestaría los efectos democratizadores de los LLM en la producción científica” (AAVV, “Scientific production in the era of large language models”, Science, 2025).


¿Qué hacer?

Si la comunidad científica utiliza las inteligencias artificiales para acelerar la investigación y generar más materia textual, a la hora de evaluar esa producción se perfilan dos soluciones. Veamos la primera: cambiar la sintaxis. Lo explico. Hasta ahora, la evaluación de los artículos científicos se realizaba antes de la publicación; en el nuevo esquema, siguiendo la lógica de lo que ya sucedió en la esfera informativa, primero se publica y después se evalúa. El ejemplo más claro es https://arxiv.org/, un servicio gratuito de distribución y archivo de acceso abierto que (hoy) incluye cerca de 2,4 millones de artículos en los campos de la física, las matemáticas, la informática, la biología, las finanzas, la estadística, la ingeniería, la economía y la ciencia de sistemas. La web aclara desde el vamos: “los materiales de este sitio no han sido sometidos a revisión por pares por parte de arXiv”. Publish and pray.


Allá por 2008 Clay Shirky había descrito esta inversión en su clásico libro Here Comes Everybody. Según Shirky, las redes digitales transformaron de raíz las lógicas del viejo periodismo al invertir los procesos tradicionales. En el siglo XXI, la consigna es “publish, then filter”.


«El orden de las cosas en el broadcasting es filtrar y luego publicar. El orden en las comunidades es publicar y luego filtrar. Si vas a una cena, no envías tus posibles comentarios a los anfitriones para que te digan cuáles son lo suficientemente buenos como para decirlos ante el grupo; pero así es como funciona el broadcasting todos los días. Los escritores envían sus historias con antelación para que sean editadas o rechazadas antes de que el público las vea. Los participantes de una comunidad, en cambio, dicen lo que tienen que decir, y después lo bueno se separa de lo mediocre. La gente de los medios suele criticar el contenido en internet por no estar editado, porque por todas partes hay baja calidad: mala escritura, imágenes feas, diseño pobre. Lo que no entienden es que internet está fuertemente editado, pero el juicio editorial se aplica en los bordes, no en el centro, y se aplica después de publicado, no de antemano» (C. Shirky, Here Comes Everybody, 2008).


Otra posible solución consiste en utilizar las inteligencias artificiales en los procesos de evaluación.  Si millones de científicos utilizan las inteligencias artificiales para incrementar su producción textual, la otra forma de lidiar con esa montaña de documentos es recurriendo a las mismas armas.


“Una posible respuesta consiste en aprovechar la misma tecnología para ayudar a evaluar manuscritos. ‘Agentes revisores’ especializados podrían señalar inconsistencias metodológicas, verificar afirmaciones e incluso evaluar la novedad. Que este enfoque escalable ayude a editores y revisores a centrarse en el fondo más que en señales superficiales, o que introduzca desafíos nuevos e imprevistos en el proceso científico, es una incertidumbre crítica” (AAVV, “Scientific production in the era of large language models”, Science, 2025).


Entre el colapso y la reimaginación radical

Ambas soluciones -cambio de sintaxis o incorporación de las inteligencias artificiales en los procesos de evaluación- tienen sus ventajas y desventajas. En el primer caso, entran en circulación textos sin ningún tipo de revisión. Eso está pasando con buena parte de la producción científica sobre la misma inteligencia artificial: se publican infinidad de artículos por día comparando modelos de LLM de los cuales siempre emerge uno como ganador. A las pocas horas, algunos de esos estudios se vuelven virales en las redes sociales, potenciados por las corporaciones que los financiaron. Los límites entre la investigación científica y las operaciones de marketing tienden a diluirseLo que se gana en tiempo se pierde en verificación.

La otra solución -incorporar las inteligencias artificiales a los procesos de evaluación- nos lleva al tema de los sesgos y alucinaciones de los LLM. Una inteligencia artificial podría dejar fuera de circulación un aporte científico relevante debido a las limitaciones de entrenamiento. Ahora bien, dado que la evaluación por pares también está plagada de sesgos y subjetividades, quizás este sistema sea el menos malo como alternativa. Una inteligencia artificial bien entrenada -y subrayo lo de «bien entrenada»- podría ayudar a filtrar una masa textual que no para de crecer. Los que no quieran ser sometidos a la AI-review, siempre pueden optar por la publicación en abierto sin revisión. En cualquiera de los dos casos, el sistema actual de producción, circulación y evaluación está a punto de colapsar.


“En cierto sentido, la era de la inteligencia artificial hará que las humanidades sean más importantes que nunca. Disciplinas que van de la literatura a la filosofía son necesarias para ayudarnos a responder preguntas sobre cómo podemos encontrar un lugar en el mundo cuando se nos necesita mucho menos que antes, y sobre qué significa ser humano cuando ya no somos los únicos capaces de hacer algunas de las cosas de las que, en otro tiempo, nuestra especie era la única capaz. Pero en un momento en que la inteligencia artificial puede saltar, con una facilidad cada vez mayor, a través de los aros que durante las últimas décadas han llegado a definir una carrera académica en las humanidades, resulta imprescindible una reimaginación radical de cómo buscamos y transmitimos conocimiento significativo en estos campos” (Y. Mounk, “The Humanities Are About to Be Automated”, 2026).


 Otras implosiones

Volvamos a los currículum. Si la evaluación cuantitativa generó la burbuja de papers que, inteligencia artificial de por medio, alcanzará dimensiones galácticas, el curriculum narrativo también es pasto de ChatGPT. No hay nada más divertido que pasarle a la criatura de OpenAI un viejo currículum cuantitativo y pedirle que lo convierta en el viaje del héroe de Vladimir Propp. Nace un nuevo género que enloquecería a los formalistas rusos: la ficción académica. No me extrañaría que en un par de años vuelvan a solicitarnos un curriculum con publicaciones Q1, índices de impacto y número citaciones. Retorno al Excel después de una temporada con el Word.

Para terminar, recordemos que el colapso de la producción científica es solo uno de los frentes que tenemos abiertos. Hoy solo escribí sobre papers e investigadores. Otro día hablaremos de los mecanismos de evaluación de los estudiantes y lo que está pasando dentro de las aulas. Como diría el recordado Robert Duval, esto huele a napalm.

La imagen de portada es una reelaboración hecha con IA de la instalación presentada en el exposición del CCCB «Big Bang Data» (2014).

miércoles, 28 de enero de 2026

In Memoriam: The Academic Journal / ¿Ha muerto la revista académica? Un obituario crítico del sistema de publicación científica

¿Ha muerto la revista académica? Un obituario crítico del sistema de publicación científica


Un texto ensayístico firmado por Russell Beale, académico de la University of Birmingham, propone una provocadora idea: la revista académica tradicional ha llegado al final de su vida. En forma de obituario, el autor recorre más de tres siglos de historia editorial —desde el Journal des Sçavans (1665) hasta la era de la inteligencia artificial generativa— para argumentar que el sistema se desvió de sus valores fundacionales y terminó colapsando bajo sus propias lógicas de mercado, métricas y automatización.

https://arxiv.org/html/2512.23915v1

In Memoriam: The Academic Journal
Russell BealeR.Beale@bham.ac.uk
School of Computer Science, University of Birmingham, Edgbaston,
Birmingham, B15 2TT, UK
(c) 2025 IEEE. All rights reserved, including rights for text and data mining, and training of artificial intelligence and similar technologies.
Abstract

In this piece we reflect on the life and influence of AJ, the academic journal, charting their history and contributions to science, discussing how their influence changed society and how, in death, they will be mourned for what they once stood for but for which, in the end, they had moved so far from that they will less missed than they might have been.

jueves, 8 de enero de 2026

Tenemos que hablar sobre la industria multimillonaria que tiene secuestrada a la ciencia

Publicado en ZME Science
https://www.zmescience.com/science/news-science/we-need-to-talk-about-the-billion-dollar-industry-holding-science-hostage/





Tenemos que hablar sobre la industria multimillonaria que tiene secuestrada a la ciencia


Tus impuestos financian la investigación. Y vuelves a pagar para leerla.


Mihai Andreiby, 25 de noviembre de 2025, en Noticias, Ciencia



El modelo de negocio de la mayoría de las editoriales científicas es tan audaz que cuesta creer que funcione. El argumento es el siguiente: consigues que algunas de las personas más inteligentes del planeta creen tu producto de forma gratuita. A continuación, consigues que otros expertos, personas que controlan la calidad de ese producto, también lo hagan de forma gratuita. Por último, vendes el producto a las mismas personas que lo han creado (y a los contribuyentes que lo han financiado) con un margen de beneficio exorbitante.


Si intentaras presentar esta idea en Shark Tank, te echarían de la sala entre risas. Pero en el mundo de las publicaciones científicas, esto es algo habitual.


Un nuevo y demoledor análisis, «The Drain of Scientific Publishing» (El agotamiento de las publicaciones científicas), sugiere que el sistema de publicaciones científicas se ha convertido en un grave problema para la ciencia. Mucho más que simples y molestos muros de pago, se trata de un agotamiento sistémico que está dañando activamente la capacidad de la humanidad para resolver problemas.


Bienvenidos a la máquina


¿Por qué los académicos aguantan esto? Porque no tienen otra opción.


Los académicos tienen que demostrar constantemente su valía, y eso normalmente significa publicar estudios, preferiblemente en revistas de prestigio. Es la famosa doctrina de «publicar o perecer».


 Si no se publica un flujo constante de artículos en revistas de «alto impacto», no se obtienen subvenciones, no se consigue la titularidad y, en la práctica, se deja de existir como científico viable.


Las editoriales han convertido esta ansiedad en un arma. Saben que los investigadores están desesperados por publicar para ascender en su carrera, por lo que han convertido el sistema en un negocio de volumen.  


«En sus inicios, las revistas estaban dirigidas a comunidades pequeñas y especializadas de lectores y, a menudo, sobrevivían gracias a la filantropía, el altruismo o el apoyo institucional», escriben los autores de la nueva reseña. «Sin embargo, desde la década de 1950, las publicaciones se han convertido en elementos clave en la competencia cada vez más feroz por el prestigio. El número de publicaciones en todo el mundo aumentó exponencialmente. Durante el mismo período, las editoriales comerciales sustituyeron a las antiguas organizaciones sin ánimo de lucro como fuerzas dominantes en lo que, a finales del siglo XX, se había convertido en una industria altamente rentable».


La edición científica está ahora dominada por un «oligopolio» de gigantes comerciales como Elsevier, Springer Nature, Wiley y Taylor & Francis. Durante los últimos cinco años, estas empresas han mantenido de forma constante unos márgenes de beneficio superiores al 30 %. Elsevier, el peso pesado de este grupo, presume constantemente de márgenes superiores al 37 %.




Para ponerlo en perspectiva, compárelo con el competitivo mundo de las grandes petroleras o el sector automovilístico. Toyota opera con un margen del 10 %; ExxonMobil también ronda el 10 %. Incluso Apple, la empresa favorita en cuanto a rentabilidad tecnológica, se sitúa en torno al 23 %. Las editoriales académicas están superando en beneficios a las grandes tecnológicas y petroleras vendiendo documentos que ni siquiera han escrito.


Entre 2019 y 2024, sólo estas cuatro empresas obtuvieron más de 14,000 millones de dólares en beneficios. Para ponerlo en perspectiva, en 2024, la Fundación Nacional para la Ciencia, pilar de la innovación científica estadounidense, tenía un presupuesto de aproximadamente 9,100 millones de dólares. Mientras tanto, solo los investigadores norteamericanos pagaron a las editoriales más de 2,270 millones de dólares ese mismo año.


La doble penalización: pagar por trabajar


Y la cosa empeora. Antes, el coste quedaba oculto en las suscripciones a las bibliotecas. Ahora, bajo el pretexto del «acceso abierto», por el que los artículos son de lectura gratuita para el público, el coste se ha trasladado directamente a los científicos.


Ahora bien, si intentas leer un estudio reciente, es muy probable que no haya ningún muro de pago. Una gran noticia, ¿verdad? Por fin, la ciencia es abierta.


Pero los investigadores no solo envían su contenido de forma gratuita. Ahora pagan «tasas de procesamiento de artículos» (APC) para que se publique su trabajo. Estas tasas generaron casi 9,000 millones de dólares para las principales editoriales entre 2019 y 2023.


«Las editoriales comerciales han logrado monetizar los mandatos de los financiadores para el acceso abierto. Las tarifas de publicación de los autores se han convertido en nuevas fuentes de ingresos. En lugar de democratizar las publicaciones científicas, el acceso abierto ha ayudado a las editoriales comerciales a generar más beneficios. Se necesitan reformas más estrictas para abordar los factores desalineados de las publicaciones científicas», escribieron los investigadores.





«Está claro que las editoriales están ganando mucho dinero con el trabajo de los investigadores, y en realidad no están haciendo gran cosa», afirma Lonni Besançon, profesora adjunta de Visualización en la Universidad de Linköping. Besançon, que ha expresado abiertamente la necesidad de una reforma, señala otro defecto crítico: la rendición de cuentas.


«Vemos un gran efecto en cómo se corrige la ciencia. No hay incentivos para que nadie intervenga y haga el trabajo [de corrección]. ¿Por qué iban a hacerlo los editores? No se les paga por ello. Nadie es responsable... no hay propiedad ni agencia en la corrección de la ciencia».


Esta insaciable demanda de «contenido» se basa en el trabajo no remunerado de los revisores pares. Sólo en 2020, los investigadores dedicaron aproximadamente 130 millones de horas a la revisión por pares. Ese es tiempo que no se dedica al laboratorio, ni a la enseñanza, ni a resolver problemas reales. 


No hay nada malo en la revisión por pares en sí misma. Sigue siendo la mejor forma que tenemos de garantizar un nivel de calidad estándar. Pero se trata de un trabajo no remunerado realizado por expertos en su campo.


Peor aún, esta obsesión por el volumen está rompiendo la maquinaria de la verdad misma. Para mantener los beneficios, las editoriales necesitan rapidez. Esto ha llevado a una «osificación», en la que el gran volumen de artículos ralentiza el progreso porque nadie tiene tiempo para leer, reflexionar o asumir riesgos. Hemos mercantilizado la ciencia como si fuera comida rápida. Y, cada vez más, muchos artículos empiezan a parecerse a la comida rápida.


Esto, por supuesto, ha llevado a la industrialización del fraude. Las «fábricas de artículos» —organizaciones falsas que producen estudios falsos a cambio de una tarifa— están saturando los registros científicos. También estamos viendo un aumento de tonterías generadas por IA y círculos de revisión por pares. Marcas enteras de revistas han colapsado bajo el peso de esta basura.


«Las editoriales comerciales están íntimamente entrelazadas con el mundo académico, tanto en la forma en que recopilan datos sobre nosotros como en la forma en que se integran en la evaluación académica», señala Dan Brockington, profesor de ICTA-UAB e ICREA y coautor del estudio.


¿Podemos solucionarlo?


Los autores del análisis son tajantes: no podemos trabajar con las editoriales comerciales para solucionar esto. Es como esperar que las empresas petroleras solucionen el cambio climático: sus intereses son fundamentalmente incompatibles.


Proponen la «recomunalización». Esto significa que las universidades, los financiadores y los gobiernos deben dejar de alimentar a la bestia. Sugieren modelos como el «Diamond Open Access», en el que las revistas son financiadas por las universidades y son de libre acceso y publicación.


Besançon está de acuerdo en principio, incluso colabora en la gestión de una revista que funciona exactamente según este modelo. «Estoy de acuerdo en que necesitamos un cambio drástico». Sin embargo, considera que es una ilusión esperar que esto suceda de la noche a la mañana. La razón principal, según él, es el prestigio. Las revistas importantes gozan de gran prestigio y son las preferidas por los investigadores.


«Es ingenuo pensar que esto va a suceder de la noche a la mañana», admite Besançon. «Si le preguntas a un investigador si prefiere publicar un artículo en nuestra revista o en una revista de Nature, por supuesto que elegirá la revista de Nature. Porque, en la actualidad, a los investigadores se les evalúa en función del prestigio de sus publicaciones».


Tenemos la tecnología para cambiar el sistema (existen plataformas Diamond Open Access), pero nos falta la alineación cultural. Mientras un artículo en una revista con fines lucrativos te consiga un trabajo y uno en una revista gestionada por la comunidad no, los miles de millones seguirán fluyendo hacia esas editoriales.


«Veo muchos obstáculos para que esto suceda», afirma Besançon. «Es muy difícil alinear las necesidades y opiniones de todos los países del mundo... En general, estoy de acuerdo, pero no veo que el cambio vaya a producirse a corto plazo».


Sin embargo, en última instancia, el sistema actual es una elección. Da prioridad a las carteras de acciones de unas pocas empresas multinacionales sobre la integridad de los registros científicos. Desperdicia el tiempo y los recursos de los institutos de investigación.


El statu quo se ha convertido en una carga para la ciencia, y podemos hacerlo mucho mejor.



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We Need to Talk About the Billion-Dollar Industry Holding Science Hostage

Your tax dollars fund the research. You pay again to read it.


Mihai Andreiby November 25, 2025 in News, Science



The business model of most scientific publishers is so audacious it’s hard to believe it works. Here’s the pitch: You get some of the smartest people on Earth to create your product for free. Then, you get other experts, people to quality-control that product, also for free. Finally, you sell the product back to the very people who made it (and the taxpayers who funded them) at an exorbitant markup.

If you tried to pitch this on Shark Tank, you’d be laughed out of the room. But in the world of scientific publishing, this is just regular business.

A damning new analysis, “The Drain of Scientific Publishing,” suggests that the science publishing system has become a major problem for science. Far more than just annoying paywalls, this is a systemic drain that’s actively damaging humanity’s ability to solve problems.  

Welcome to the Machine

Why do academics put up with this? Because they have to.

Academics need to constantly prove their worth, and that usually means publishing studies, preferably in top journals. This is the infamous “publish or perish” doctrine. If you don’t have a steady stream of papers appearing in “high-impact” journals, you don’t get the grant, you don’t get tenure, and you effectively cease to exist as a viable scientist.

Publishers have weaponized this anxiety. They know that researchers are desperate to publish to climb the career ladder, so they have turned the system into a volume business.  

“In their early days, journals served small, dedicated communities of readers and often survived on philanthropy, altruism or institutional support,” write the authors of the new review. “However, since the 1950s publications have become key tokens in the increasingly fierce competition for prestige. The number of publications worldwide increased exponentially. During the same period, commercial publishers took over from older non-profits as the dominant forces in what had, by the late twentieth century, become a highly profitable industry.”

Scientific publishing is now dominated by an “oligopoly” of commercial giants including Elsevier, Springer Nature, Wiley, and Taylor & Francis. For the last five years, these companies have consistently maintained profit margins over 30%. Elsevier, the heavyweight champion of this group, consistently boasts margins over 37%.  




To put that in perspective, compare it to the cutthroat world of Big Oil or the automotive sector. Toyota runs at a 10% margin; ExxonMobil is also around 10%. Even Apple, the darling of tech profitability, sits around 23%. Academic publishers are out-profiting Big Tech and Big Oil by selling documents they didn’t even write.

Between 2019 and 2024, these four companies alone raked in over $14 billion in profits. To put it into perspective, in 2024, the National Science Foundation, the bedrock of American scientific innovation, had a budget of roughly $9.1 billion. Meanwhile, North American researchers alone paid publishers over $2.27 billion that same year. 

The Double Dip: Paying to Work

It gets worse. In the past, the cost was hidden in library subscriptions. Now, under the guise of “Open Access”, where papers are free for the public to read, the cost has shifted directly to the scientists. 

Now, if you try to read a recent study, there’s a good chance there won’t be a paywall at all. Great news, right? Finally, science is open.

But researchers don’t just submit their content for free. They now pay “Article Processing Charges” (APCs) to have their work published. These fees generated nearly $9 billion for top publishers between 2019 and 2023.  

“Commercial publishers have managed to monetize funder mandates for Open Access. Author publication fees have become new revenue streams. Rather than democratizing scientific publishing, Open Access has helped commercial publishers generate more profits. More stringent reforms are required to tackle the misaligned drivers of scientific publishing,” the researchers wrote.




“It’s clear that publishers are making a lot of money out of researchers’ work, and they’re actually not doing much,” says Lonni Besançon, an Assistant Professor of Visualization at Linköping University. Besançon, who has been vocal about the need for reform, points out another critical flaw: accountability. 

“We see a big effect in how science is corrected. There are no incentives for anyone to chime in and do the work [of correction]. Why would publishers do the work? They don’t get paid for it. No one is responsible… there’s no ownership or agency in correcting science.”

This insatiable demand for “content” relies on the unpaid labor of peer reviewers. In 2020 alone, researchers donated an estimated 130 million hours to peer review. That is time not spent in the lab, not spent teaching, and not spent solving actual problems.

There’s nothing wrong with peer-review per se. It’s still the best way we have to enforce a standard quality. But this is unpaid labor performed by experts in their field.

Worse, this volume obsession is breaking the machinery of truth itself. To keep the profits flowing, publishers need speed. This has led to “ossification,” where the sheer volume of papers actually slows down progress because no one has time to read, reflect, or take risks. We’ve commodified science like fast food. And, increasingly, a lot of papers are starting to look like fast food.

This, of course, has led to the industrialization of fraud. “Paper mills” — fake organizations that churn out bogus studies for a fee — are clogging the scientific record. We are also seeing a surge of AI-generated nonsense and peer review rings. Entire journal brands have collapsed under the weight of this garbage.

“Commercial publishers are intimately entwined with academia, both in the way they collect data about us and in how they are integrated into academic evaluation,” notes Dan Brockington, ICTA-UAB and ICREA professor and co-author of the study. 

Can We Fix It?

The authors of the analysis are blunt: We cannot work with commercial publishers to fix this. It’s a bit like expecting oil companies to fix climate change — their interests are fundamentally misaligned.

They propose “re-communalization.” This means universities, funders, and governments need to stop feeding the beast. They suggest models like “Diamond Open Access,” where journals are sustained by universities and are free to read and free to publish.

Besançon agrees in principle — he even helps run a journal that operates on this exact model. “I agree that we need drastic change.” But he thinks it’s wishful thinking to expect this to happen overnight. The main reason, he says, is prestige. Big journals have a lot of prestige, and they’re preferred by researchers.

“It’s a naive take to think that this will actually happen overnight,” Besançon admits. “If you ask a researcher if they want a paper in our journal or in a Nature journal, of course, they will go for the Nature journal. Because currently, researchers are evaluated based on the prestige of their publication.”  

We have the technology to change the system (Diamond Open Access platforms exist), but we lack the cultural alignment. As long as a paper in a for-profit journal gets you a job and a paper in a community-run journal doesn’t, the billions will keep flowing to those publishers.

“I see so many obstacles to this happening,” Besançon says. “It is very hard to align the necessities and opinions of all the countries in the world… I agree, overall, but I don’t see the change happening anytime soon.”

Ultimately, however, the current system is a choice. It prioritizes the stock portfolios of a few multinational corporations over the integrity of the scientific record. It wastes time and resources from research institutes.

The status quo has become a drain on science, and we can do so much better.


Un cable entre China y Chile desata la ira de Estados Unidos

Publicado en  Deutsche Welle https://www.dw.com/es/un-cable-entre-china-y-chile-desata-la-ira-de-estados-unidos/a-76126516 Política Chile Un...