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sábado, 18 de julio de 2026

T-MEC digital: la revisión que expone la pugna tecnológica entre Washington y Pekín, con México como escenario clave

Publicado en dplnews
https://dplnews.com/t-mec-expone-pugna-tecnologica-washington-pekin/



T-MEC digital: la revisión que expone la pugna tecnológica entre Washington y Pekín

En la segunda entrega de la serie especial T-MEC digital, analizamos cómo el T-MEC se revisa en medio de tensiones geopolíticas y nuevas reglas de seguridad económica. La revisión refleja la pugna tecnológica entre EE.UU. y China, con México como escenario clave.




La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC o USMCA, por sus siglas en inglés) ―y específicamente el Capítulo 18 sobre comercio digital― se lleva a cabo en un contexto muy distinto al que existía cuando el acuerdo fue negociado.

En menos de una década, la tecnología se ha convertido en un activo estratégico que forma parte de las agendas de soberanía y seguridad nacional de los países. En este escenario, el debate sobre la revisión del tratado norteamericano refleja una reorganización más amplia de la economía digital global, en la que Estados Unidos y China ocupan un papel central.

En ese contexto, el concepto de de-risking ha ido sustituyendo gradualmente al de decoupling en el vocabulario de gobiernos y organismos internacionales.

Mientras que el decoupling planteaba un distanciamiento progresivo entre las economías estadounidense y china —una estrategia que resultó económicamente inviable dada la elevada interdependencia entre ambos países—, el de-risking busca reducir las dependencias consideradas críticas sin romper los vínculos comerciales.

El objetivo es diversificar proveedores, fortalecer capacidades nacionales y acercar las cadenas de suministro a socios considerados confiables. Esta lógica explica por qué conceptos como nearshoring, friendshoring y economic security están ocupando un lugar central en las estrategias comerciales de las principales economías.

Más que repatriar fábricas (reshoring), Estados Unidos ha promovido la reorganización de las cadenas de producción hacia países geográficamente cercanos o políticamente alineados.

Como resumió la exsecretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, se trata de fortalecer las cadenas globales de suministro entre socios “confiables”, reduciendo los riesgos asociados a determinados proveedores.

Mucho más que el T-MEC

Vista de forma aislada, la revisión del tratado podría parecer simplemente una etapa prevista en el propio texto del acuerdo, tal como defendió recientemente el diputado mexicano Arturo Dávila, de Morena, al describir el proceso como una “oportunidad”.

Sin embargo, si se analiza junto con otras iniciativas adoptadas por Estados Unidos desde 2022, revela una estrategia mucho más amplia.

La Ley de Chips y Ciencia, que destinó 52,700 millones de dólares para fortalecer la industria estadounidense de semiconductores; los controles a la exportación de chips avanzados y equipos para Inteligencia Artificial; los incentivos de la Ley de Reducción de la Inflación para las cadenas vinculadas a vehículos eléctricos y baterías; y la política de friendshoring responden a una misma lógica: reducir vulnerabilidades en sectores considerados estratégicos y preservar el liderazgo tecnológico de Estados Unidos.

Además, los datos muestran que las dos potencias compiten por el liderazgo tecnológico, aunque en diferentes eslabones de la cadena de valor.

Estados Unidos mantiene un claro liderazgo en los segmentos de mayor valor agregado de la economía digital. Empresas como Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud concentraron conjuntamente el 63% del gasto empresarial mundial en servicios de infraestructura en la Nube durante el tercer trimestre de 2025, según Synergy Research Group, y lideran la expansión de Centros de Datos e infraestructura para Inteligencia Artificial. 

De acuerdo con la OCDE, entre 2014 y 2024, empresas estadounidenses realizaron inversiones por 41,000 millones de dólares en proyectos digitales en América Latina, equivalentes al 62% del total, considerando únicamente los servicios digitales, como computación en la Nube, software, plataformas e infraestructura tecnológica.

La estrategia china sigue un camino distinto. Pekín ha fortalecido su presencia en equipos de telecomunicaciones, manufactura industrial, vehículos eléctricos, baterías y procesamiento de minerales críticos.

En América Latina, empresas como Huawei, ZTE, BYD, Lenovo e Hisense ampliaron sus inversiones durante la última década. El stock de inversiones chinas en actividades digitales se multiplicó por seis, pasando de cerca de 2,000 millones de dólares entre 2003 y 2013 a aproximadamente 12,000 millones entre 2014 y 2024, según la OCDE.

México como punto de equilibrio

Estos datos sitúan al capítulo digital del T-MEC en un contexto mucho más amplio. Estados Unidos y China no compiten exactamente en los mismos segmentos de la economía digital, pero ambos consideran a América Latina como un espacio estratégico.

La región cuenta con abundantes recursos minerales, disponibilidad de energía renovable, una ubicación geográfica privilegiada, un amplio mercado consumidor y una estrecha proximidad con Estados Unidos.

Es precisamente en este último aspecto donde México adquiere un papel singular. Ningún otro país combina un nivel tan alto de integración económica con Estados Unidos y, al mismo tiempo, una creciente presencia de empresas chinas.

México se ha convertido en uno de los principales beneficiarios del nearshoring, impulsado por la búsqueda de cadenas de suministro más cortas y resilientes tras la pandemia y la guerra comercial entre las dos potencias.

En 2025, México volvió a registrar un nivel récord de inversión extranjera directa, con alrededor de 41,000 millones de dólares, de los cuales aproximadamente el 37% se concentró en el sector manufacturero, lo que refuerza la posición del país como una plataforma estratégica de manufactura y exportación para América del Norte. 

En este contexto, interpretar el capítulo digital del T-MEC como un “escudo” frente a China puede ser una lectura comprensible, aunque insuficiente.

Más que responder únicamente al aumento de la inversión china en la región, la revisión del tratado se produce en un momento en que EE.UU busca limitar vulnerabilidades en sectores estratégicos y evitar que empresas chinas utilicen a México como plataforma de acceso preferencial al mercado estadounidense mediante las ventajas arancelarias del acuerdo. 

Esta interpretación es compartida por Jake Jennings, investigador del Center for Strategic and International Studies (CSIS). En su opinión, la revisión del T-MEC “se está convirtiendo en una prueba para la seguridad tecnológica de América del Norte”, con México como principal escenario.

Para México —y, en cierta medida, para América Latina— el desafío será encontrar un punto de equilibrio. Estados Unidos continúa siendo el principal mercado, inversionista y socio estratégico de la región, mientras que China sigue ampliando su presencia en infraestructura, manufactura y financiamiento.

En un escenario de de-risking, la cuestión ya no es elegir entre uno u otro, sino encontrar la forma de preservar la competitividad y atraer inversiones de ambos sin comprometer la autonomía económica.

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    Analista especializada en Brasil

    Periodista especializada en políticas públicas, regulación y mercados de telecomunicaciones y tecnología. Cuenta con experiencia en la cobertura de educación, cultura y transformación digital, con enfoque en el ecosistema tecnológico de Brasil.





     

    jueves, 7 de mayo de 2026

    ¿Puede la ciencia ser abierta y segura al mismo tiempo? Las naciones se enfrentan al endurecimiento de la seguridad en la investigación a medida que crece el dominio de CHINA

    Publicado en The Conversation
    https://theconversation.com/can-science-be-both-open-and-secure-nations-grapple-with-tightening-research-security-as-chinas-dominance-grows-244112





    ¿Puede la ciencia ser abierta y segura al mismo tiempo? Las naciones se enfrentan al endurecimiento de la seguridad en la investigación a medida que crece el dominio de China


    Caroline Wagner, The Conversation | Fecha de publicación: 17 de enero de 2025


    En medio de las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, ambos países firmaron el mes pasado un acuerdo bilateral en materia de ciencia y tecnología. El evento se presentó como una «renovación» de un pacto de 45 años de antigüedad para fomentar la cooperación, pero eso puede ser engañoso.


    El acuerdo revisado reduce drásticamente el alcance del acuerdo original, limita los temas que se pueden estudiar conjuntamente, cierra las oportunidades de colaboración e introduce un nuevo mecanismo de resolución de disputas.


    Este cambio está en consonancia con la creciente preocupación mundial por la seguridad de la investigación. A los gobiernos les preocupa que sus rivales internacionales obtengan ventajas militares o comerciales o secretos de seguridad a través de colaboraciones científicas transfronterizas.


    La Unión Europea, Canadá, Japón y Estados Unidos han presentado nuevas medidas radicales con pocos meses de diferencia para proteger la investigación sensible de la interferencia extranjera. Pero hay un inconveniente: un exceso de seguridad podría estrangular la colaboración internacional que impulsa el progreso científico.  


    Como analista político y profesor de asuntos públicos, investigo la colaboración internacional en ciencia y tecnología y sus implicaciones para la política pública y exterior. He seguido de cerca la relación cada vez más estrecha entre Estados Unidos y China en materia de ciencia y tecnología. La relación ha evolucionado desde la transferencia de conocimientos hasta una colaboración y competencia genuinas.  


    Ahora, a medida que las disposiciones de seguridad cambian esta relación anteriormente abierta, surge una pregunta crucial: ¿pueden las naciones reforzar la seguridad de la investigación sin socavar la apertura que hace que la ciencia funcione?


    El ascenso de China cambia el panorama mundial


    El auge de China en el ámbito de las publicaciones científicas marca un cambio radical en la investigación mundial. En 1980, los autores chinos produjeron menos del 2 % de los artículos de investigación incluidos en Web of Science, una base de datos curada de producción académica. Según mis cálculos, en 2023 representaban el 25 % de los artículos de Web of Science, superando a Estados Unidos y poniendo fin a su reinado de 75 años en la cima, que había comenzado en 1948 cuando superó al Reino Unido


    En 1980, China no tenía ninguna invención patentada. En 2022, las empresas chinas lideraban las patentes estadounidenses concedidas a empresas extranjeras, con 40 000 patentes, frente a las menos de 2,000 de las empresas británicas. En muchos campos avanzados de la ciencia y la tecnología, China se encuentra a la vanguardia mundial, si no a la cabeza. 


    Desde 2013, China es el principal colaborador científico de Estados Unidos. Miles de estudiantes y académicos chinos han llevado a cabo investigaciones conjuntas con sus homólogos estadounidenses.


    La mayoría de los responsables políticos estadounidenses que defendieron la firma del acuerdo bilateral de 1979 pensaban que la ciencia liberalizaría China. En cambio, China ha utilizado la tecnología para reforzar los controles autocráticos y construir un ejército fuerte con miras a alcanzar el poder regional y la influencia global. 


    El liderazgo en ciencia y tecnología gana guerras y construye economías exitosas. La creciente fortaleza de China, respaldada por un gobierno controlado por el Estado, está cambiando el poder mundial. A diferencia de las sociedades abiertas, donde la investigación es pública y compartida, China a menudo mantiene en secreto el trabajo de sus investigadores, al tiempo que se apropia de la tecnología occidental mediante piratería informática, transferencias forzadas de tecnología y espionaje industrial. Estas prácticas son la razón por la que muchos gobiernos están implementando ahora estrictas medidas de seguridad.


    Las naciones responden 

     

    El FBI afirma que China ha robado tecnologías sensibles y datos de investigación para reforzar sus capacidades defensivas. La Iniciativa China del Gobierno de Trump tenía como objetivo erradicar a los ladrones y espías. El Gobierno de Biden no ha relajado la presión. La Ley de Chips y Ciencia de 2022 exige a la Fundación Nacional para la Ciencia que cree SECURE, un centro destinado a ayudar a las universidades y las pequeñas empresas a que la comunidad investigadora tome decisiones informadas en materia de seguridad. Estoy colaborando con SECURE para evaluar la eficacia de su misión.


    Otros países también están en alerta. La Unión Europea está aconsejando a los Estados miembros que refuercen las medidas de seguridad. Japón se ha unido a Estados Unidos en la presentación de nuevas medidas de gran alcance para proteger la investigación sensible de la interferencia y la explotación extranjeras. Los países europeos hablan cada vez más de la soberanía tecnológica como forma de protegerse de la explotación por parte de China. Del mismo modo, los países asiáticos desconfían de las intenciones de China cuando esta busca cooperar. 


    Australia ha sido especialmente clara sobre la amenaza que supone el auge de China, pero otros países también han lanzado advertencias. Los Países Bajos han publicado una política para garantizar la seguridad en la colaboración internacional. Suecia dio la voz de alarma después de que un estudio revelara cómo los espías habían aprovechado sus universidades.


    Canadá ha creado el Centro de Seguridad en la Investigación para la seguridad pública y, al igual que Estados Unidos, ha establecido asesores regionales para proporcionar apoyo directo a las universidades y los investigadores. Canadá exige ahora una evaluación obligatoria de los riesgos para las asociaciones de investigación que impliquen tecnologías sensibles. Se están aplicando enfoques similares en Australia y el Reino Unido. 


    Las disposiciones alemanas de 2023 establecen unidades de cumplimiento y comités de ética para supervisar la investigación relacionada con la seguridad. Se encargan de asesorar a los investigadores, mediar en disputas y evaluar las implicaciones éticas y de seguridad de los proyectos de investigación. Los comités hacen hincapié en la aplicación de salvaguardias, el control del acceso a datos sensibles y la evaluación del posible uso indebido.


    La política japonesa de 2021 exige a los investigadores que revelen y actualicen periódicamente la información relativa a sus afiliaciones, fuentes de financiación —tanto nacionales como internacionales— y posibles conflictos de intereses. Un sistema interministerial de gestión de la I+D está organizando seminarios y sesiones informativas para educar a los investigadores y las instituciones sobre los riesgos emergentes y las mejores prácticas para mantener la seguridad de la investigación.  


    La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos mantiene una base de datos actualizada con más de 206 declaraciones sobre políticas de seguridad en materia de investigación emitidas desde 2022.


    Disminución de la apertura


    El énfasis en la seguridad puede estrangular la colaboración internacional que impulsa el progreso científico. Hasta un 25 % de todos los artículos científicos estadounidenses son fruto de la colaboración internacional. Las pruebas demuestran que la participación internacional y la apertura producen investigaciones de mayor impacto. Los científicos más destacados trabajan más allá de las fronteras nacionales. 


    Y lo que es aún más importante, la ciencia depende de la libre circulación de ideas y talento más allá de las fronteras. Tras la Guerra Fría, el avance científico se aceleró a medida que se abrían las fronteras. Si bien la producción científica nacional se ha mantenido estancada en los últimos años, las colaboraciones internacionales han experimentado un crecimiento significativo, lo que pone de manifiesto el carácter cada vez más global de la ciencia.


    El reto para las instituciones de investigación será implementar estos nuevos requisitos sin crear un clima de sospecha o aislamiento. El repliegue hacia las fronteras nacionales podría ralentizar el progreso. La apertura científica conlleva un cierto grado de riesgo, pero es posible que estemos llegando al final de una era de colaboración global en la ciencia.  


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    Can Science Be Both Open and Secure? Nations Grapple With Tightening Research Security as China’s Dominance Grows


    Caroline Wagner, The Conversation | Publish DateJanuary 17, 2025


    Amid heightened tensions between the United States and China, the two countries last month signed a bilateral science and technology agreement. The event was billed as a “renewal” of a 45-year-old pact to encourage cooperation, but that may be misleading.

    The revised agreement drastically narrows the scope of the original agreement, limits the topics allowed to be jointly studied, closes opportunities for collaboration and inserts a new dispute resolution mechanism.

    This shift is in line with growing global concern about research security. Governments are worried about international rivals gaining military or trade advantages or security secrets via cross-border scientific collaborations.

    The European Union, Canada, Japan, and the United States unveiled sweeping new measures within months of each other to protect sensitive research from foreign interference. But there’s a catch: Too much security could strangle the international collaboration that drives scientific progress. 

    As a policy analyst and public affairs professor, I research international collaboration in science and technology and its implications for public and foreign policy. I have tracked the increasingly close relationship in science and technology between the U.S. and China. The relationship evolved from one of knowledge transfer to genuine collaboration and competition.

    Now, as security provisions change this formerly open relationship, a crucial question emerges: Can nations tighten research security without undermining the very openness that makes science work?

    China’s Ascent Changes the Global Landscape

    China’s rise in scientific publishing marks a dramatic shift in global research. In 1980, Chinese authors produced less than 2% of research articles included in the Web of Science, a curated database of scholarly output. By my count, they claimed 25% of Web of Science articles by 2023, overtaking the United States and ending its 75-year reign at the top, which had begun in 1948 when it surpassed the United Kingdom.

    In 1980, China had no patented inventions. By 2022, Chinese companies led in U.S. patents issued to foreign companies, receiving 40,000 patents compared with fewer than 2,000 for U.K. companies. In the many advanced fields of science and technology, China is at the world frontier, if not in the lead. 

    Since 2013, China has been the top collaborator in science with the United States. Thousands of Chinese students and scholars have conducted joint research with U.S. counterparts.

    Most American policymakers who championed the signing of the 1979 bilateral agreement thought science would liberalize China. Instead, China has used technology to shore up autocratic controls and to build a strong military with an eye toward regional power and global influence.   

    Leadership in science and technology wins wars and builds successful economies. China’s growing strength, backed by a state-controlled government, is shifting global power. Unlike open societies where research is public and shared, China often keeps its researchers’ work secret while also taking Western technology through hacking, forced technology transfers and industrial espionage. These practices are why many governments are now implementing strict security measures.

    Nations Respond   

    The FBI claims China has stolen sensitive technologies and research data to build up its defense capabilities. The China Initiative under the Trump administration sought to root out thieves and spies. The Biden administration did not let up the pressure. The 2022 Chips and Science Act requires the National Science Foundation to establish SECURE – a center to aid universities and small businesses in helping the research community make security-informed decisions. I am working with SECURE to evaluate the effectiveness of its mission.

    Other nations are on alert too. The European Union is advising member states to boost security measures. Japan joined the United States in unveiling sweeping new measures to protect sensitive research from foreign interference and exploitation. European nations increasingly talk about technological sovereignty as a way to protect against exploitation by China. Similarly, Asian nations are wary of China’s intentions when it seeks to cooperate.  

    Australia has been especially vocal about the threat posed by China’s rise, but others, too, have issued warnings. The Netherlands issued a policy for secure international collaboration. Sweden raised the alarm after a study showed how spies had exploited its universities.

    Canada has created the Research Security Centre for public safety and, like the U.S., has established regionally dispersed advisers to provide direct support to universities and researchers. Canada now requires mandatory risk assessment for research partnerships involving sensitive technologies. Similar approaches are underway in Australia and the U.K.  

    Germany’s 2023 provisions establish compliance units and ethics committees to oversee security-relevant research. They are tasked with advising researchers, mediating disputes, and evaluating the ethical and security implications of research projects. The committees emphasize implementing safeguards, controlling access to sensitive data, and assessing potential misuse.

    Japan’s 2021 policy requires researchers to disclose and regularly update information regarding their affiliations, funding sources – both domestic and international – and potential conflicts of interest. A cross-ministerial R&D management system is unrolling seminars and briefings to educate researchers and institutions on emerging risks and best practices for maintaining research security.    

    The Organisation for Economic Co-operation and Development keeps a running database with more than 206 research security policy statements issued since 2022.

    Openness Waning

    Emphasis on security can strangle the international collaboration that drives scientific progress. As much as 25% of all U.S. scientific articles result from international collaboration. Evidence shows that international engagement and openness produce higher-impact research. The most elite scientists work across national borders.   

    Even more critically, science depends on the free flow of ideas and talent across borders. After the Cold War, scientific advancement accelerated as borders opened. While national research output remained flat in recent years, international collaborations showed significant growth, revealing science’s increasingly global nature.

    The challenge for research institutions will be implementing these new requirements without creating a climate of suspicion or isolation. Retrenchment to national borders could slow progress. Some degree of risk is inherent in scientific openness, but we may be coming to the end of a global, collaborative era in science.  

    This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license.


    Caroline Wagner, The Conversation

    Caroline Wagner is a professor of public affairs at The Ohio State University. She receives funding from SECURE, a research security service funded by the National Science Foundation. SECURE is administered by the University of Washington. The Ohio State University provides funding as a founding partner of The Conversation US.

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