lunes, 24 de agosto de 2026

Por qué la Fundación Gates abandonó los cargos por procesamiento de artículos (APC) y qué está haciendo en su lugar

Publicado en Katina. Librarianship Elevated

https://katinamagazine.org/content/article/open-knowledge/2026/why-the-gates-foundation-abandoned-apcs






Por qué la Fundación Gates abandonó los cargos por procesamiento de artículos (APC) y qué está haciendo en su lugar

En 2024, la Fundación Gates actualizó su Política de Acceso Abierto para redirigir los fondos destinados a los APC hacia el apoyo de modelos más equitativos. Ashley Farley explica las razones detrás de esta decisión y su visión para el futuro.

Por Ashley Farley | 4 de junio de 2026

Cuando se estableció la Política de Acceso Abierto de la Fundación Gates, en 2015, el objetivo era transformar el ecosistema para que el acceso abierto se convirtiera en la norma. En los años siguientes, aunque aumentó la producción en acceso abierto, el ecosistema en su conjunto evolucionó en la dirección equivocada: los costos aumentaron considerablemente y se intensificó la apropiación comercial.

En 2024, cuando la Fundación reflexionó sobre qué aspectos de la política estaban funcionando y cuáles podían mejorarse, teníamos dos opciones: mantener el rumbo con una política que no estaba mejorando el ecosistema en general o dejar de apoyar prácticas insostenibles. Optamos por afrontar directamente los problemas sistémicos de la publicación en acceso abierto, actualizando nuestra política para exigir que las investigaciones financiadas por Gates se compartieran como preprints. Este cambio permitió a la Fundación dejar de destinar recursos a los restrictivos cargos por procesamiento de artículos (APC) y redirigirlos hacia modelos de acceso abierto más equitativos y sostenibles.

En este artículo explicaré por qué hicimos este cambio y describiré hacia dónde planeamos avanzar a partir de ahora.

Las evidentes desigualdades de los APC

El precio de los APC suele estar determinado por el prestigio de la marca de la revista y condicionado por factores como su tasa de rechazo. Un precio más elevado no garantiza que un artículo sea de mayor calidad o más confiable. De hecho, las investigaciones han demostrado que puede ocurrir lo contrario, ya que las revistas de alto impacto pueden presentar una tasa de retractación más elevada (Fang y Casadevall, 2011) (y no espere que le reembolsen el APC de un artículo retractado).

Dado que las tarifas de los APC suelen establecerse de acuerdo con lo que pueden pagar las instituciones del Norte Global, los investigadores de regiones con menos recursos suelen quedar en desventaja económica. Aunque las exenciones deberían proporcionar cierto alivio, no son equitativas para los investigadores ni sostenibles para la mayoría de las revistas. Los requisitos para obtener exenciones o descuentos pueden ser restrictivos o complicados; muchos investigadores tienen dificultades para conseguirlos y la experiencia varía considerablemente de una editorial a otra. Muchas editoriales no pueden satisfacer las necesidades reales de los investigadores.

A medida que este modelo basado en APC continúa imponiendo una barrera económica a la publicación, el sector de la investigación en su conjunto debe afrontar la realidad de que los APC obstaculizan, en lugar de facilitar, la participación en la investigación. Aunque la intención de los APC era eliminar las barreras de acceso, la última década ha demostrado que trabajar dentro de un sistema construido sobre el prestigio, la exclusividad y la desigualdad no permite abordar eficazmente estos problemas (Farley, 2024 y 2025). Los financiadores suelen terminar preguntándose: ¿por qué estamos pagando?

Una nueva investigación de Delta Think pone de manifiesto una tendencia preocupante: los precios de los APC continúan aumentando sin que exista un incremento equivalente de su valor. Durante el último año, los precios de lista de los APC de las revistas completamente de acceso abierto aumentaron 6.8 % (frente al 6.4 % del año anterior), mientras que los APC de las revistas híbridas aumentaron 5 % (frente al 3 %). Aunque hace algunos años observamos incrementos más pronunciados, la trayectoria continúa siendo ascendente (Pollock y Staines, 2026).

Mientras los precios continúan aumentando, las editoriales también se ven sometidas a las presiones operativas derivadas de la IA —gestionar mayores volúmenes de manuscritos enviados y actualizar los procesos editoriales—, lo que dificulta aún más su capacidad para proporcionar mejores servicios a los investigadores.

A pesar de los esfuerzos del movimiento de acceso abierto por liberar el flujo del conocimiento, la apropiación comercial ha provocado un aumento de la desigualdad. Los financiadores y las instituciones académicas han actuado de buena fe para comprender mejor los costos reales y necesarios de la publicación, lo que, en teoría, debería permitir crear estructuras de precios o modelos de negocio equitativos. En la práctica, la mayoría de estos esfuerzos han fracasado. Solo las editoriales más comprometidas con el acceso abierto comparten sus costos o explican cómo fijan los precios de sus APC.

Muchas editoriales se oponen a la transparencia de precios utilizando la legislación antimonopolio como escudo. En un ejemplo reciente, el Journal Comparison Service de cOAlition S —denominado originalmente price transparency project («proyecto de transparencia de precios»), nombre que fue modificado por insistencia de las editoriales— dejó de operar en abril de 2025 debido a la disminución de la participación de las editoriales (cOAlition S, 2025).

No somos ingenuos; sabemos que las grandes editoriales comerciales no van a proporcionar información sobre sus costos. Precisamente porque esa transparencia no se producirá, debemos ser deliberados respecto de cómo gastamos nuestros fondos.

Carga administrativa y costos ocultos de los APC

Pagar los APC directamente con los presupuestos de las subvenciones resultó oneroso para los beneficiarios de financiamiento y los administradores de la Fundación Gates. Debido a la naturaleza impredecible de los volúmenes y calendarios de publicación, los beneficiarios frecuentemente tenían dificultades para calcular con precisión los costos de los APC, lo que generaba ajustes presupuestarios en las etapas finales y obligaba a los administradores a reabrir las subvenciones para añadir fondos, un proceso ineficiente que consumía mucho tiempo.

Incluir los APC dentro de los presupuestos de cada subvención también dificultaba mantener una visión clara, a nivel de toda la Fundación, del gasto total en APC, lo que limitaba la transparencia y la supervisión.

Para hacer frente a estos problemas, la Fundación Gates creó un fondo centralizado para procesar y dar seguimiento a los APC y eliminó la partida presupuestaria destinada a estos cargos de las subvenciones individuales. Esto eliminó la necesidad de reabrir las subvenciones para añadir recursos, pero introdujo una nueva carga: gestionar las facturas de APC en nombre de los beneficiarios.

Aunque algunas grandes editoriales ofrecían paneles de control que simplificaban las aprobaciones y los pagos, la mayoría no lo hacía. Como resultado, la Fundación, las editoriales y los investigadores tenían que mantener numerosos intercambios para recopilar y verificar la información necesaria para efectuar los pagos, complicando aún más los procedimientos administrativos e incrementando los costos generales.

Es importante señalar que, en promedio, la Fundación pagaba los APC de alrededor del 50 % de los artículos que declaraban financiamiento de Gates. El resto recibía otro tipo de apoyo económico para cubrir los costos de publicación.

Impacto del predominio de los APC en los modelos de publicación en acceso abierto

A medida que los APC se convirtieron en el modelo dominante de publicación en acceso abierto, desplazaron otros enfoques más equitativos y dificultaron que los modelos alternativos pudieran ampliarse. La decisión de la Fundación de dejar de pagar APC inevitablemente ejercerá presión sobre el ecosistema editorial en general, con efectos tanto positivos como desafiantes.

Aunque la intención es construir un sistema de acceso abierto más equitativo, reconocemos que los autores que no dispongan de fuentes alternativas para financiar los APC se enfrentarán, a corto plazo, a decisiones de publicación más difíciles. Sin embargo, nuestros datos muestran que los beneficiarios de nuestras subvenciones continúan encontrando formas de pagar los APC.

Además, la nueva política preserva deliberadamente la libertad de elección de los autores. Los autores no están obligados a elegir revistas que cobren APC. A medida que las distintas fuentes de recursos económicos que fluyen hacia las editoriales comiencen a consolidarse, ese flujo podría reflejar mejor los valores de los financiadores y las instituciones, generando una presión que incentive a las editoriales —especialmente a las grandes editoriales comerciales— a reducir sus precios.

Aunque publicar implica costos reales, cobrar a los investigadores miles de dólares para que su trabajo esté disponible en acceso abierto tiene sus raíces en estructuras coloniales y desiguales.

Hacia modelos de acceso abierto más equitativos

La decisión de la Fundación Gates de modificar su Política de Acceso Abierto forma parte de un movimiento más amplio para aportar mayor transparencia y sostenibilidad de costos a la publicación académica. Alejarse de los APC permite a la Fundación redirigir recursos hacia enfoques más equitativos, incluido el acceso abierto diamante.

Ya hemos comenzado a financiar iniciativas y organizaciones cuyo impacto sobre el ecosistema de investigación será más amplio que el de los artículos de revistas disponibles simplemente sin barreras de pago. Entre los beneficiarios recientes se encuentran comunidades que trabajan para establecer modelos de negocio alternativos de conocimiento abierto, como los Diamond Open Access Summits y la Subscribe to Open Community of Practice.

También estamos financiando el trabajo de Lyrasis, Big Ten Academic Alliance Libraries y California Digital Library para impulsar el acceso abierto diamante en Estados Unidos. En Europa, hemos proporcionado tres años de apoyo al European Diamond Capacity Hub.

Una subvención otorgada a la Public Library of Science (PLOS) permite a los autores financiados por Gates publicar sin pagar APC en cualquier revista de PLOS, al tiempo que amplía el apoyo a autores no financiados por Gates que publican en PLOS Global Public Health y que, de otro modo, necesitarían solicitar una exención.

Esto pone de manifiesto nuestro amplio compromiso de apoyar una transición hacia modelos de negocio más equitativos. PLOS es un socio natural para este tipo de iniciativas, ya que recientemente publicó un informe sobre un importante proyecto destinado a redefinir la publicación académica, que incluye un modelo de negocio «más allá del APC» (beyond the APC).

Nuestro objetivo es financiar un ecosistema que permita participar a todos los investigadores, no solo a quienes ya tienen el privilegio de recibir financiamiento de la Fundación Gates. A lo largo de este año anunciaremos un pequeño número de alianzas adicionales para avanzar en esta visión, con planes de ampliarlas cuidadosamente con el tiempo.

Para que este modelo tenga éxito, el sector debe dejar de reforzar enfoques que han demostrado ser desiguales o insostenibles. Nos alienta observar que otros financiadores, entre ellos Cancer Research UK, la Academia China de Ciencias, los National Institutes of Health (NIH) y UK Research and Innovation (UKRI), están reconsiderando su apoyo a los APC.

Ahora es el momento de que financiadores, instituciones, bibliotecas, editoriales y proveedores de infraestructura trabajen conjuntamente para construir un sistema más equitativo para compartir la investigación. Esto significa ir más allá de cambios aislados en las políticas y coordinar inversiones, incentivos y experimentación en torno a modelos que reduzcan las barreras económicas, aumenten la transparencia y fortalezcan la publicación liderada por la comunidad.

Ninguna organización puede transformar por sí sola el sistema, pero la acción colectiva puede redirigir los recursos hacia modelos de acceso abierto sostenibles, inclusivos y diseñados para servir a la comunidad mundial de investigación.


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Why the Gates Foundation Abandoned Article Processing Charges (and What They’re Doing Instead)

In 2024, the Gates Foundation updated their Open Access Policy to redirect funds from APCs to support more equitable models. Ashley Farley explains their thinking and vision for the future.

By Ashley Farley | 06.04.2026


When the Gates Foundation’s Open Access Policy was established, in 2015, the aim was to shift the ecosystem so that open access became the norm. In the years that followed, while open access output did increase, the overall ecosystem shifted in the wrong direction: costs rose sharply and commercial capture intensified.

In 2024, as the foundation reflected on what about the policy was working and what could be improved, we had two choices: to stay the course with a policy that wasn’t improving the broader ecosystem or to cease support for unsustainable practices. We chose to confront the systemic issues in open access publishing head-on, updating our policy to require Gates-funded research be shared as preprints. This change enabled the foundation to divest from restrictive article processing charges (APCs) and redirect resources toward more equitable and sustainable open access models.

In this article, I’ll explain why we made the change and describe where we plan to go from here.

The Glaring Inequities of APCs

APC pricing is often determined by the prestige of the journal brand and influenced by factors such as its rejection rate. A higher price does not guarantee a higher quality or more trustworthy article. Research has actually shown the inverse can be true, as high impact journals can have a higher retraction rate (Fang & Casadevall , 2011) (and don’t expect a retracted paper’s APC to be refunded).

As APC rates are typically set according to what institutions in the Global North can afford, researchers in less-resourced regions are often left at a financial disadvantage. While waivers are supposed to offer some relief, they are neither equitable for researchers nor sustainable for most journals. Eligibility for waivers or discounts can be limited or complicated; many researchers have trouble obtaining them, with the experience varying widely from publisher to publisher. Many publishers cannot meet researchers’ actual needs.

As this APC model continues to raise a financial barrier to publishing, the research industry at large must reckon with the reality that APCs impede rather than enable participation in research. While the intent of APCs was to break down access barriers, the last decade has shown that working within a system built on prestige, exclusivity, and inequity cannot effectively address these issues (Farley, 2024 and 2025). Funders are often left asking: what are we paying for?

New research from Delta Think highlights a troubling trend: APC prices continue to rise with no corresponding increase in value. Over the past year, fully open access APC list prices increased by 6.8 percent (up from 6.4 percent the previous year), and hybrid APCs rose by 5 percent (up from 3 percent). While we saw larger spikes a few years ago, the trajectory remains upward (Pollock & Staines, 2026).

As prices continue to increase, publishers are strained by the operational impacts of AI—managing higher submission volumes and updating editorial processes—further impeding their ability to deliver stronger services to researchers.

Despite the best efforts of the open access movement to free the flow of knowledge, commercial capture has led to increased inequity. Funders and academic institutions have acted in good faith to better understand the very real and necessary costs of publishing, which in theory should allow for the creation of equitable pricing structures or business models. In practice, most such efforts have failed. Only the most open-access-friendly publishers will share their costs or explain how they price their APCs. Many publishers push back on price transparency using antitrust law as a shield. In one recent example, cOAlition S’s Journal Comparison Service (originally called the “price transparency project”—the name was changed at the insistence of publishers) was sunsetted in April of 2025 due to dwindling participation by publishers (cOAlitionS , 2025).

We are not naïve; we know that major commercial publishers are not going to provide cost information. Precisely because that transparency is not forthcoming, we must be intentional about how we spend our funds.

Administrative Burden and Hidden Costs of APCs

Paying for APCs directly from grant budgets proved to be burdensome for Gates Foundation grantees and administrators. Due to the unpredictable nature of publishing volumes and timelines, grantees frequently struggled to estimate APC costs accurately, leading to late-cycle budget adjustments and requiring administers to reopen grants to add funds—an inefficient and time-consuming process. Embedding APCs within individual grant budgets also made it difficult to maintain a clear, foundation‑wide view of total APC spending, limiting transparency and oversight.

To address these challenges, the Gates Foundation created a centralized fund to process and track APCs and removed the APC budget line item from individual grants. This eliminated the need to reopen grants for additional funds, but it introduced a new burden: managing APC invoices on behalf of grantees. While some large publishers offered dashboards that streamlined approval and payments, most did not. As a result, the foundation, publishers, and researchers engaged in extensive back-and-forth to collect and verify the information needed for payment, further complicating administrative procedures and increasing overall costs.

It’s important to note that, on average, the foundation paid APCs for around 50 percent of the articles that cited Gates funding. The rest received other financial support for publishing costs.

Impact of APC Dominance on Open Access Publishing Models

As APCs became the dominant model for open access publishing, they crowded out other, more equitable approaches and made it difficult for alternative models to scale. The foundation’s decision to stop paying APCs will inevitably put pressure on the broader publishing ecosystem, with both positive and challenging effects.

While the intention is to build a more equitable open access system, we recognize that authors without access to alternative funding for APCs will face tougher publishing choices in the short term. But our data shows that grantees continue to find ways to pay for APCs. And the new policy intentionally preserves author choice. Authors are not required to choose journals that levy APCs. As the various financial streams that flow to publishers start to consolidate, that flow could better reflect the values of funders and institutions, creating pressure that encourages publishers—especially large commercial ones—to reduce their prices. Although publishing carries real costs, charging researchers thousands of dollars to make their work openly available is rooted in inequitable, colonial structures.

Shifting Toward More Equitable Open Access Models

The Gates Foundation’s decision to change its Open Access Policy is part of a broader movement to bring greater transparency and cost-sustainability to scholarly publishing. Stepping away from APCs allows the foundation to redirect resources toward more equitable approaches, including diamond open access.

We have already begun funding work and organizations whose impact on the research ecosystem will be broader than that of unpaywalled journal articles. Recent grantees include communities that are working to establish alternative open knowledge business models, such as the Diamond Open Access Summits and the Subscribe to Open Community of Practice. We are also funding work by Lyrasis, the Big Ten Academic Alliance Libraries, and the California Digital Library to advance diamond open access in the United States.. In Europe, we have provided three years of support to the European Diamond Capacity Hub. A grant awarded to the Public Library of Science (PLOS) allows Gates-funded authors to publish APC-free in any PLOS journal while expanding support to non-Gates authors in PLOS Global Public Health who would otherwise need a waiver. This underscores our broad commitment to supporting a shift to more equitable business models. PLOS is a natural partner in such work as they have recently published a report on a large project to redefine publishing, which includes a “beyond the APC” business model.

Our goal is to fund an ecosystem that allows all researchers—not just those already privileged to be Gates Foundation grantees—to participate. Over the course of this year, we will announce a small number of additional partnerships to advance this vision, with plans to scale thoughtfully over time.

For this model to succeed, the sector must stop reinforcing approaches that have proven inequitable or unsustainable. We are encouraged to see other funders, including Cancer Research UK, Chinese Academy of Sciences, National Institutes of Health, and UKRI, rethinking APC support .

Now is the moment for funders, institutions, libraries, publishers, and infrastructure providers to work together to build a more equitable system for sharing research. That means moving beyond isolated policy changes and coordinating investments, incentives, and experimentation around models that reduce financial barriers, increase transparency, and strengthen community-led publishing. No single organization can shift the system alone, but collective action can redirect resources toward open access approaches that are sustainable, inclusive, and built to serve the global research community.

References

cOAlitionS. (2025). cOAlition S to sunset the Journal Comparison Service in April 2025. https://www.coalition-s.org/coalition-s-to-sunset-the-journal-comparison-service-in-april-2025/

Fang, F.C., & Casadevall, A. (2011). Retracted science and the retraction index. Infection and Immununity, 79:10. https://doi.org/10.1128/iai.05661-11

Farley, A. (2024). Community over commercialization: What should the future of open access publishing look like? Medium. https://medium.com/@ashleydfarley/community-over-commercialization-what-should-the-future-of-open-access-publishing-look-like-f4c7a4f79093

Farley, A. (2025). Rethinking equity in open access: The Gates Foundation’s policy refresh. Medium. https://medium.com/@ashleydfarley/rethinking-equity-in-open-access-the-gates-foundations-policy-refresh-b9b763801f1b

Pollock, D., & Staines, H. (2026). News & views: Open access charges – When “on trend” still means higher spend. Delta Think. https://www.deltathink.com/news-views-open-access-charges-when-on-trend-still-means-higher-spend

10.1146/katina-060426-1

Ashley Farley is the senior officer of knowledge and research services at the Gates Foundation. In this capacity she leads the foundation’s Open Access Policy’s implementation and associated initiatives. She completed her masters in library and information sciences through the University of Washington’s Information School. She has a deep passion for open access, believing that freely accessible knowledge has the power to improve and save lives. 

viernes, 21 de agosto de 2026

El trágico caso Arday: entrevista y opinión sobre un caso que combina plagio, guerra cultural y racismo

Publicado en The New York Times
https://www.nytimes.com/2026/08/18/world/jason-arday-cambridge-canada-meta.html 





Vida y muerte de Jason Arday

Si alguna vez existió una historia que parecía destinada a avivar las llamas de la guerra cultural, esa fue la trágica historia de Jason Arday.

El profesor de Cambridge renunció recientemente en medio del escrutinio, y la semana pasada fue hallado muerto en una casa del sur de Londres. Su historia toca temas profundamente divisivos, desde la raza hasta la educación superior pasando por la diversidad, la equidad, la inclusión y el autismo. Hay mucho que analizar. Para entender todo lo ocurrido, hablé con mi colega Mara Hvistendahl, quien ha estado reportando sobre la vida y muerte de Arday y las repercusiones de su caso en Cambridge.



‘Esta historia no ha terminado’

Hace tres años, Jason Arday, que en ese entonces tenía 37 años, fue contratado como profesor en la Universidad de Cambridge. Cambridge hizo mucho alarde de su nueva estrella, presentándolo como su profesor negro más joven y destacando su increíble historia personal: cómo creció en una vivienda pública y superó graves retrasos en su desarrollo para llegar al mundo académico.

Entonces, el mes pasado, una publicación de blog —escrita por un exinvestigador de Cambridge que una vez fue sancionado por argumentar que las personas negras no podían tener éxito en una meritocracia— acusó a Arday de haber cometido plagio y de haber exagerado su historia personal. Se desató una tormenta. Para los medios británicos, especialmente los medios conservadores, la historia resultó irresistible.

Al final, Arday renunció, y afirmó que ya no quería sentir que estaba viviendo “bajo un foco de atención constante”. La semana pasada fue hallado muerto en un apartamento de Londres; en un comunicado, su familia hizo referencia a la “campaña de maltrato continuo” a la que había sido sometido.

A continuación, puedes leer mi conversación con Mara.

Mara, ¿cómo fue que Jason Arday terminó en Cambridge?

Él fue contratado en 2023 para un cargo de enorme prestigio; una cátedra titular de educación. En ese momento, Cambridge estaba bajo mucha presión para aumentar su representación de personas de color, tanto en el profesorado como en los estudiantes. Y de verdad no se puede exagerar lo mucho que tenía que avanzar en ese sentido; Cambridge era, y sigue siendo, un lugar muy blanco.

Arday tenía un doctorado en educación, pero su historial de publicaciones era modesto, y había estado yendo de una universidad a otra. Sabemos que entre las personas que competían con Arday por el puesto había dos mujeres de color con más experiencia. Pero Arday era el único solicitante negro. También tenía la notable historia personal de haber sido diagnosticado con autismo a una edad temprana, haber tardado mucho en empezar a hablar y haber superado todo eso para labrarse una reputación. Y Cambridge también estaba promoviendo eso.

Parte del problema aquí es que las universidades quieren contratar cada vez más a estrellas que tengan historias personales increíbles y grandes grupos de seguidores, que puedan atraer una cobertura mediática positiva para la institución.

¿Pero esa historia personal no era cierta?

Algunas partes eran ciertas, pero otras realmente desafiaban la credibilidad y resultaron ser mentiras y exageraciones. Él decía que no había hablado antes de los 11 años y que no había leído antes de los 18. En nuestro reportaje, encontramos a personas que lo conocieron de niño, incluyendo a un especialista en lenguaje que trabajó con él, que contradijeron esto.

¿El comité de contratación podría haberse dado cuenta de esto?

La respuesta corta es sí. No tenemos un conocimiento completo de cómo se desarrollaron esas deliberaciones, pero las nueve personas del comité de contratación eran expertas en temas como la forma en que las personas aprenden y se desarrollan.

Al menos un miembro clave del comité era un psiquiatra infantil, y él mismo había realizado investigaciones sobre el autismo. Podría decirse que estaba en posición de entender que las afirmaciones de Arday en realidad no tenían precedentes en la literatura médica.

¿Por qué aparentemente hicieron caso omiso?

Cambridge es una de las universidades más selectas del mundo. Pero también tiene la reputación de ser muy blanca, privilegiada y un poco estirada.

Así que los críticos dicen que los partidarios de Arday pensaron que su contratación podría ayudar a cambiar la imagen de Cambridge. No solo habían contratado a un académico negro, sino también a un académico joven que tenía una vida notable. Proporcionaba un contrapunto a lo que muchas personas pensaban de Cambridge en ese momento.

¿Cuándo se enteró Cambridge de los posibles problemas en el trabajo de Arday?

Casi de inmediato. Cambridge fue alertada por primera vez sobre un posible plagio tres meses después de haberlo contratado. No lidiaron con estas acusaciones rápidamente, lo cual no es inusual. Lo que es inusual es la forma tan activa en que defendieron a Arday. Dijeron que se enfrentaba a varios problemas en el momento en que escribió esos artículos que habían influido en su trabajo, incluido el racismo directo e indirecto.

Luego, una publicación muy respetada del sector académico alertó a Cambridge sobre problemas en la tesis doctoral de Arday. Pero la universidad continuó defendiéndolo, llegando a decir que era víctima de una vil campaña.

Así que estas últimas acusaciones no surgieron de la nada. Llevan tres años circulando dentro de Cambridge. La universidad fácilmente podría haber hecho su propia investigación, pero no lo hizo.

Así que Cambridge no solo estaba defendiendo a Jason Arday. También se estaba defendiendo a sí misma, y su decisión inicial de contratarlo.

Otra preocupación de otros profesores con los que hablamos mis colegas y yo fue que este era un puesto que normalmente se otorga a personas con mucha experiencia. Argumentan que, al lanzar a Arday a ese cargo tan cerca del comienzo de su carrera, y al promover intensamente su historia personal con todas sus fallas, la universidad lo expuso a un intenso escrutinio y, en última instancia, al fracaso.

Esto no quiere decir que él mismo no estuviera impulsando estas cosas. Pero sin la marca de Cambridge y sin esa amplia cobertura mediática, su historia podría haberse visto muy diferente. Y podría decirse que, si Cambridge hubiera lidiado con eso antes, esto no habría estallado de esta manera tan pública y trágica.

¿Crees que la magnitud de la atención mediática que recibió Arday fue desproporcionada para lo que hizo?

Bueno, no he hecho un análisis que pueda responder a eso. Los defensores de Arday dirían que los académicos negros están sometidos a un escrutinio desproporcionado; citarían a la expresidenta de Harvard, Claudine Gay, quien fue acusada de plagio por infracciones mucho menores.

Pero a los medios también les fascinan los fabuladores. ¿Recuerdas a George Santos, Jayson Blair o —para dar otro ejemplo del Reino Unido— El sendero de la sal? Y esta historia venía aderezada con temas de guerra cultural en torno a la diversidad, equidad e inclusión en las contrataciones, la neurodiversidad y la educación superior. Estaba destinada a ser una mezcla explosiva.

Mara, ¿cuáles serán las repercusiones a largo plazo de esto?

En Cambridge, los académicos dicen estar preocupados de que esto le haya hecho un daño inmenso a los esfuerzos de diversidad, a la reputación de la universidad, a sus propias reputaciones y a la contratación de profesores y estudiantes en el futuro.

A los expertos en retrasos del desarrollo les preocupa que la historia de la notable trayectoria de Arday les haya dado a las familias falsas esperanzas y falsas expectativas de lo que es posible con un diagnóstico relativamente extremo.

Y ahora que ha muerto, la gente pide que se examine el papel de los medios de comunicación en su muerte. Esta historia no ha terminado.


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Publicado en Público

https://www.publico.es/opinion/columnas/caso-arday-reflexiones-despues-linchamiento.html 



El caso Arday: reflexiones después de un linchamiento


Por Javier López Alós

Doctor en filosofía y escritor.

19/08/2026 21:30-Actualizado a20/08/2026 09:06



Podría ser, y acaso acabe siéndolo, el argumento de una película, pero no lo es: Jason Arday, un joven académico británico negro diagnosticado de autismo, con una tendencia casi patológica a la fabulación, según se cree, durante años va trufando su fulgurante éxito profesional de historias inventadas, relatos hiperbólicos y verdades muy dudosas de las que, sin embargo, nadie parece dudar. Luego, cuando afloran las sospechas, tampoco hay mucho espacio para la duda. Está claro, es culpable, también de plagio. Y entonces sí, Arday merece el escrutinio de cada cosa que alguna vez dijo o escribió. Porque además es negro y, dicen, ésa es la razón por la que pudo hacer carrera y convertirse en profesor de la Universidad de Cambridge. La maldita discriminación positiva de lo woke, que está bajando el nivel intelectual de nuestras instituciones más venerables, que nos está fastidiando la meritocracia. Esto es una guerra cultural y la extrema derecha global, que además tiene en la universidad (ese supuesto nido de izquierdistas) uno de sus frentes de batalla predilectos, no desaprovecha la ocasión.


Arday debe pagar, demuestra la prensa, claman las redes, y el veredicto es tan atronador que Nathan Cofnas, un investigador de la Universidad de Gante obstinado en demostrar las bases científicas del racismo, puede jactarse de que su publicación de denuncia sea la que ha desencadenado el fin de un engaño que otros habían investigado durante años. Cofnas, que ya había dejado por escrito que los negros son menos inteligentes (que los blancos, sobreentendida referencia), ve en Arday la prueba de lo que él lleva tiempo denunciando, que la existencia de académicos negros es contraria al criterio de mérito en la universidad: sólo en ámbitos como el deporte o el entretenimiento pueden tener los de esta raza un lugar destacado. Y la presión continúa y se convierte en acoso y Arday dimite y la presión y el acoso continúan y Arday aparece muerto en su casa el pasado 13 de agosto.


Con repercusión internacional, las circunstancias que rodean esta triste historia ofrecen múltiples flancos para el análisis. Para empezar, resulta harto elocuente que la única discriminación que parece molestar a alguna gente es la positiva. La negativa, la sufrida por razón de raza, género, clase, por nombrar sólo algunos criterios, ésa no molesta. Ésa, que es histórica, se viene a explicar falazmente por derecho natural con impecable circularidad: siempre hemos ocupado posiciones de superioridad, por tanto, es aberrante que se introduzcan mecanismos correctores de la sana desigualdad, que va de suyo, quod erat demonstrandum. Según vemos, desde perspectivas como la de Cofnas, la meritocracia sólo constituye un fraude cuando beneficia a un negro, a una mujer, a una persona con minusvalía, que resulta no estar a la altura del puesto que alcanza. Ya se sabe, miremos a nuestro alrededor: si exceptuamos estas inclusiones excéntricas, la fantasía meritocrática no tiene falla y el sistema garantiza que cada uno ocupe el lugar que le corresponde. 


Pero además del oportunismo de los sectores más reaccionarios de (dentro y fuera de) la universidad, la falta de escrúpulos en la prensa, las campañas de acoso y derribo desde las redes sociales destinadas a destruir a la persona, el papel protagónico del racismo, las comparaciones con el tratamiento y resolución de tantos otros casos de mala praxis que acaban en nada, creo que habría que decir algo sobre las lógicas institucionales y sociales de nuestra época. 


El hecho de que Jason Arday no fuese ningún santo no justifica la inquina y el ensañamiento con el que se sigue tratando su caso. Para un número no pequeño de personas, Arday ha servido como chivo expiatorio de todos los males de la cultura de nuestro tiempo, no sólo la universidad. De los males reales y de los inventados. Hablando de los primeros, en efecto, hay fraude (creciente y organizado) y hay promoción de sujetos muy por encima de sus verdaderos méritos intelectuales. Y la razón es estructural, sí, pero, por desgracia no tiene nada que ver con las políticas de diversidad ni con la crisis de una ideología de la meritocracia  a estas alturas por completo desacreditada y que sólo sirve para encubrir las razones de la desigualdad.


De hecho, lo que habría que preguntarse es qué tipo de sistema universitario es capaz de integrar sin mayor problema el tipo de conductas atribuidas a Arday durante años sin que ocurra nada, qué diseño de cursus honorum opera para que pueda darse una carrera de esta clase. Habría que pararse a reflexionar si un caso así no responde más bien a la lógica de la hipercompetitividad y del todo o nada, de la apuesta por inflar globos (y globeros), que es la que está fomentando el ventajismo y la trampa, y convirtiendo en estrellas a cantamañanas sin remedio cuyas faltas habrá que ir tapando porque ya son las propias. Hasta que todo salta y entonces sobreviene la crisis y la figura en cuestión queda a merced de la turba.

Por otra parte y con respecto a las acusaciones de plagio, resulta absolutamente desoladora la distancia existente entre el silencio corporativo previo al descubrimiento público del fraude (se sabe, se comenta sotto voce, se mira hacia otro lado, se neutraliza con burocracias, se calla) y el escándalo e indignación posterior a la caída, porque tiene que caer (cómo es posible, qué vergüenza, venga el castigo ejemplar). Como si esa intransigencia, esos golpes de pecho (o de hacha en el árbol caído) de los que hasta ese momento decidieron inhibirse, fueran a borrar la cobardía, la negligente complacencia con los plagiarios o el abandono desleal de los plagiados. Al cabo, en el plagio también cuentan las jerarquías. Pero no, por mucha gente que se sume, participar en linchamientos para castigar las culpas ajenas no borra las responsabilidades propias.


Más allá de las características personales de un individuo concreto, haríamos bien en preguntarnos el grado de congruencia entre el ideal del triunfo a toda costa y el recurso a la ventaja competitiva de la mala praxis, y, a su vez, cuál es la correspondencia entre los ideales declarados de la institución universitaria y el diseño de la carrera profesional. Porque estas respuestas seguramente arrojen algo más de verdad acerca de los sufrimientos, contradicciones y a veces injustificables conductas de sus gentes. En todo caso, más que despacharlo todo gritando muy fuerte ¡corrupción!, tan fuerte que no sea posible escuchar nada de lo que está pasando por debajo.



Por qué la Fundación Gates abandonó los cargos por procesamiento de artículos (APC) y qué está haciendo en su lugar

Publicado en Katina. Librarianship Elevated https://katinamagazine.org/content/article/open-knowledge/2026/why-the-gates-foundation-abandone...