Publicado en University World News
https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20260715082601658
¿hasta qué punto la colaboración internacional resulta beneficiosa y en qué momento puede convertirse en un indicador de dependencia científica, más que de fortaleza científica?
¿Las clasificaciones universitarias premian la colaboración en investigación o la dependencia?
Waseem Hassan y Fred Paas
15 de julio de 2026
Las clasificaciones universitarias globales se han convertido en una de las medidas más influyentes del desempeño institucional. Estos sistemas de clasificación evalúan a las universidades en múltiples dimensiones, entre ellas el desempeño en investigación, la calidad de la enseñanza, la reputación académica, la reputación entre los empleadores, la internacionalización y la sostenibilidad.
Es importante destacar que aproximadamente la mitad de la evaluación global está influida, de manera directa o indirecta, por indicadores relacionados con la investigación, como la productividad científica, el impacto de las citas y otras medidas bibliométricas afines. En consecuencia, las universidades que producen investigaciones altamente citadas obtienen una ventaja considerable en las clasificaciones universitarias internacionales.
Sin embargo, persiste una importante cuestión metodológica. ¿Qué están midiendo exactamente las clasificaciones universitarias globales en materia de investigación? ¿Evalúan principalmente la capacidad científica independiente de las universidades o, más bien, recompensan su participación en redes internacionales de investigación altamente citadas?
Esta distinción adquiere especial relevancia al analizar a las universidades de países emergentes, de ingresos bajos y de ingresos medianos bajos. Muchas instituciones de estos países operan bajo severas restricciones financieras.
Algunas universidades tienen dificultades para mantener laboratorios, adquirir equipos científicos sofisticados, apoyar la formación doctoral o incluso proporcionar presupuestos operativos suficientes. En determinados países, las limitaciones financieras llegan al punto de dificultar el pago de salarios y pensiones o la continuidad de programas de investigación a largo plazo.
Sin embargo, a pesar de estos desafíos, universidades de varios países con recursos limitados siguen apareciendo entre las 1,000 a 1,500 mejores universidades del mundo en los principales sistemas internacionales de clasificación.
Una cuestión relacionada es cómo las universidades con escasa inversión en investigación consiguen alcanzar un desempeño científico competitivo a nivel mundial. Una posible explicación es la creciente dependencia de la colaboración internacional en investigación.
Los datos disponibles ilustran claramente este fenómeno. Los autores recurrieron inicialmente al QS World University Rankings y posteriormente extrajeron datos bibliométricos de la base de datos Scopus en junio de 2026.
Con base en esta última fuente, encontraron que, por ejemplo, en Pakistán, el 57.9 % de todas las publicaciones realizadas entre 2021 y 2025 involucró colaboración internacional, lo que dio lugar a 127,574 publicaciones, más de 2.24 millones de citas y un promedio de 17.6 citas por publicación.
En comparación, las publicaciones elaboradas mediante colaboración nacional obtuvieron un promedio de 9.8 citas por publicación, mientras que las investigaciones desarrolladas únicamente dentro de una institución y los trabajos de autor único alcanzaron alrededor de 7.2 citas por publicación.
Así, la investigación realizada en colaboración internacional obtuvo un impacto de citación casi dos veces mayor que el de la investigación desarrollada exclusivamente dentro del país.
Un patrón similar se observa en los países del Golfo. El mismo conjunto de datos de Scopus mostró que la colaboración internacional representó el 74 % de las publicaciones en Qatar, el 75.8 % en los Emiratos Árabes Unidos y el 76.8 % en Arabia Saudita.
En todos los países analizados, las publicaciones desarrolladas mediante colaboración internacional generaron sistemáticamente el mayor impacto de citación, superando las 20 citas por publicación en Qatar y manteniéndose por encima de las 17 citas por publicación tanto en los Emiratos Árabes Unidos como en Arabia Saudita.
En contraste, la investigación realizada mediante colaboración nacional recibió generalmente entre 7 y 16 citas por publicación, mientras que las publicaciones desarrolladas únicamente dentro de una institución y los trabajos de autor único mostraron un desempeño en citación considerablemente menor.
Las tendencias temporales refuerzan esta observación. Entre 2021 y 2025, Pakistán incrementó la proporción de publicaciones con colaboración internacional del 62.0 % al 70.9 %; Qatar se mantuvo cerca del 74 %; los Emiratos Árabes Unidos superaron de manera constante el 75 %; y Arabia Saudita mantuvo niveles de colaboración cercanos al 77 %.
Estos resultados indican que la colaboración internacional ha dejado de ser una estrategia ocasional de investigación para convertirse en el modo predominante de producción científica en varios países.
Por supuesto, se requieren estudios más detallados para analizar la evolución de muchos otros países. No obstante, estos hallazgos plantean una pregunta más amplia: ¿hasta qué punto la colaboración internacional resulta beneficiosa y en qué momento puede convertirse en un indicador de dependencia científica, más que de fortaleza científica?
¿Colaboración científica o dependencia científica?No cabe duda de que la colaboración internacional ofrece enormes beneficios. Facilita el acceso a laboratorios avanzados, instrumentación sofisticada, conocimientos especializados multidisciplinarios, financiamiento competitivo, grandes conjuntos de datos y redes de investigación con un elevado impacto en citas.
Para los países con infraestructura científica limitada, la colaboración internacional representa un mecanismo eficaz para acelerar el desarrollo científico, incrementar la visibilidad de la investigación, fortalecer la formación de investigadores y promover la transferencia de tecnología.
Sin embargo, colaboración y dependencia no son necesariamente sinónimos.
La colaboración científica representa una asociación equitativa en la que las instituciones participantes aportan conocimientos especializados, liderazgo, innovación y recursos, al tiempo que fortalecen sus propias capacidades científicas.
La dependencia científica, en cambio, puede surgir cuando la productividad investigadora sostenida pasa a depender en gran medida de colaboradores extranjeros, laboratorios en el exterior, financiamiento externo o programas de investigación dirigidos internacionalmente. En esas circunstancias, las universidades pueden seguir produciendo publicaciones altamente citadas, pero disponer de una capacidad relativamente limitada para generar investigaciones similares de manera independiente.
Las metodologías actuales de las clasificaciones universitarias internacionales rara vez distinguen entre estos dos ecosistemas de investigación, que son fundamentalmente diferentes.
Una universidad que produce publicaciones altamente citadas principalmente mediante colaboraciones internacionales dirigidas desde el extranjero puede obtener puntuaciones en investigación comparables a las de otra institución que alcanza un impacto similar gracias, sobre todo, a su propia infraestructura nacional, sus mecanismos de financiamiento, sus laboratorios y su liderazgo científico. Desde la perspectiva de las metodologías de clasificación, ambas instituciones parecen igualmente exitosas, a pesar de representar niveles muy distintos de independencia científica.
Esta cuestión adquiere especial relevancia cuando la colaboración internacional representa entre el 60 % y el 80 % de la producción científica de un país. ¿En qué momento la colaboración deja de representar un intercambio científico saludable para convertirse en un reflejo de dependencia estructural respecto de conocimientos especializados externos?
Para los países con presupuestos limitados para investigación, esa dependencia puede ser comprensible. A menudo, los investigadores tienen pocas alternativas aparte de colaborar internacionalmente para acceder a financiamiento, equipamiento, tecnologías avanzadas, conocimientos especializados y oportunidades de publicación. En estos contextos, la colaboración internacional constituye un mecanismo esencial para sostener la productividad científica.
Una consideración igualmente importante se refiere a los países con mayores recursos económicos.
Si estos países invierten millones o incluso miles de millones de dólares cada año en investigación y desarrollo, ¿por qué siguen manteniendo tasas de colaboración internacional cercanas al 75 %?
Desafíos globalesLa respuesta es, sin duda, multifactorial. Los desafíos científicos contemporáneos —entre ellos la inteligencia artificial, la medicina de precisión, el cambio climático, las pandemias, la sostenibilidad energética y las ciencias espaciales— requieren conocimientos especializados e infraestructura multinacionales que ninguna institución o país puede proporcionar por sí solo.
Por ello, la amplia colaboración internacional entre sistemas científicos altamente desarrollados refleja una especialización científica, más que una debilidad en investigación.
No obstante, la interpretación de porcentajes idénticos de colaboración puede variar considerablemente según la capacidad científica de cada país. Una tasa de colaboración del 75 % puede representar excelencia científica en un país, mientras que en otro puede ser un indicador de dependencia estructural. Sin embargo, las metodologías actuales de clasificación suelen tratar ambas situaciones de la misma manera.
Los indicadores basados en citas también merecen un análisis similar. Las publicaciones elaboradas mediante colaboración internacional reciben sistemáticamente un mayor número de citas porque involucran equipos de investigación más numerosos, múltiples afiliaciones institucionales, una difusión más amplia, mayor visibilidad internacional y más oportunidades para establecer colaboraciones posteriores. En consecuencia, las métricas de citación pueden estar premiando tanto la estructura de la colaboración como la calidad intrínseca de la investigación.
Dado que los indicadores relacionados con la investigación constituyen una proporción importante de las clasificaciones universitarias internacionales, las instituciones con extensas redes internacionales de investigación pueden obtener ventajas significativas en los rankings, independientemente de su capacidad científica propia.
Esta reflexión no debe interpretarse como una crítica a la colaboración internacional. La ciencia moderna depende de manera fundamental de las alianzas internacionales, y muchos de los mayores logros científicos de la humanidad han sido posibles gracias a la cooperación multinacional. La cuestión radica, más bien, en la forma en que la colaboración se interpreta dentro de los sistemas de evaluación de la investigación.
¿Una nueva categoría en las clasificaciones universitarias?Las futuras metodologías de clasificación podrían beneficiarse de evaluar la independencia científica junto con la colaboración científica.
Entre los indicadores adicionales podrían incluirse la productividad científica nacional, el liderazgo en proyectos multinacionales, la proporción de primeros autores y autores de correspondencia, la diversidad de las fuentes de financiamiento, el desarrollo de infraestructura local de investigación, la capacidad de formación de posgrado, la transferencia de tecnología y la evidencia de que las colaboraciones internacionales contribuyen al desarrollo institucional sostenible, en lugar de generar una dependencia prolongada.
En última instancia, la cuestión central no es si la colaboración internacional es buena o mala. La verdadera pregunta es si las clasificaciones universitarias globales distinguen adecuadamente entre colaboración científica y dependencia científica. Mientras esta distinción no sea examinada de manera crítica, los rankings podrían seguir recompensando redes de colaboración con altos niveles de citación sin reflejar plenamente la fortaleza, la resiliencia y la independencia de los ecosistemas nacionales de investigación.
Este tema merece un amplio debate internacional en el que participen gobiernos, dirigentes universitarios, organismos financiadores, especialistas en bibliometría y organizaciones responsables de las clasificaciones universitarias internacionales.
El Dr. Waseem Hassan es profesor asociado de Química en el Institute of Chemical Sciences de la University of Peshawar, en Peshawar, Pakistán. Correo electrónico: waseem_anw@yahoo.com.
Fred Paas es profesor y director del Grupo de Investigación en Psicología Educativa y del Desarrollo del Departamento de Psicología, Educación y Estudios de la Infancia de la Erasmus University Rotterdam, en los Países Bajos.
Este artículo es un comentario. Los artículos de opinión reflejan exclusivamente las opiniones de sus autores y no necesariamente representan los puntos de vista de University World News.
……………………………………
Do rankings reward research collaboration or dependence?
Waseem Hassan and Fred Paas
15 July 2026
Global university rankings have become one of the most influential measures of institutional performance. These ranking systems evaluate universities across multiple dimensions, including research performance, teaching quality, academic reputation, employer reputation, internationalisation and sustainability.
Importantly, approximately half of the overall assessment is directly or indirectly influenced by research-related indicators, including research productivity, citation impact and related bibliometric measures. Consequently, universities producing highly cited research receive a substantial advantage in global rankings.
However, an important methodological question remains. What exactly are global university rankings measuring (in terms of research)? Are they primarily measuring the independent scientific capacity of universities, or are they rewarding participation in highly cited international research networks?
This distinction becomes particularly important when examining universities from emerging, low-income and lower-middle-income countries. Many institutions in these countries operate under severe financial constraints.
Some universities struggle to maintain laboratories, purchase sophisticated equipment, support doctoral training or even provide sufficient operational budgets. In certain countries, financial constraints extend to difficulties in paying salaries, pensions or sustaining long-term research programmes.
Yet, despite these challenges, universities from several resource-constrained countries continue to appear among the world’s top 1,000-1,500 universities in major global ranking systems.
A related question is how universities with limited research investment achieve globally competitive research performance? One possible explanation is the increasing reliance on international research collaboration.
The available data demonstrate this remarkably well. We drew initially on the QS World University Rankings and then extracted bibliometric data from the Scopus database in June 2026.
Based on the latter, we found that, for instance, in Pakistan, 57.9% of all publications (from 2021-25) involved international collaboration, generating 127,574 publications, more than 2.24 million citations and an average of 17.6 citations per publication. In comparison, nationally collaborative publications averaged only 9.8 citations per publication, while institution-only collaborations and single-author publications averaged approximately 7.2 citations per publication.
Thus, internationally collaborative research achieved nearly double the citation impact of domestic research. A similar pattern is evident across Gulf countries. The same Scopus dataset showed that international collaboration accounted for 74% of publications in Qatar, 75.8% in the United Arab Emirates and 76.8% in Saudi Arabia.
In every country examined, internationally collaborative publications consistently produced the highest citation impact, exceeding 20 citations per publication in Qatar and remaining above 17 citations per publication in both the United Arab Emirates and Saudi Arabia.
By comparison, nationally collaborative research generally received between 7 and 16 citations per publication, while institution-only and single-author publications exhibited substantially lower citation performance.
Temporal trends reinforce this observation. Between 2021 and 2025, Pakistan increased its international collaboration from 62.0% to 70.9%, while Qatar remained close to 74%, the United Arab Emirates consistently exceeded 75%, and Saudi Arabia maintained collaboration levels around 77%. These findings indicate that international collaboration has evolved from an occasional research strategy into the dominant mode of scientific production in several countries.
Of course, detailed studies are needed to explore the progress of various other countries. But these findings prompt a broader question. To what extent is international collaboration beneficial, and at what point might it indicate scientific dependence rather than scientific strength?
Science collaboration or science dependence?
There is little doubt that international collaboration provides enormous benefits. It facilitates access to advanced laboratories, sophisticated instrumentation, multidisciplinary expertise, competitive funding, large datasets and highly cited research networks.
For countries with limited research infrastructure, international collaboration represents an effective mechanism for accelerating scientific development, increasing research visibility, enhancing researcher training and promoting technology transfer.
However, collaboration and dependence are not necessarily synonymous.
Scientific collaboration represents an equitable partnership in which participating institutions contribute expertise, leadership, innovation and resources while simultaneously strengthening their own scientific capacity.
Scientific dependence, however, may emerge when sustained research productivity becomes largely contingent on foreign collaborators, overseas laboratories, external funding or internationally led research programmes. Under such circumstances, universities may continue producing highly cited publications while possessing comparatively limited capacity to generate similar research independently.
Current global ranking methodologies rarely distinguish between these two fundamentally different research ecosystems.
A university producing highly cited publications primarily through internationally led collaborations may receive research scores comparable to another institution generating similar impact predominantly through its own domestic infrastructure, funding mechanisms, laboratories and scientific leadership. From the perspective of ranking methodologies, both institutions appear equally successful, despite representing very different levels of research independence.
This issue becomes particularly relevant when international collaboration accounts for 60%-80% of a country’s scientific output. At what point does collaboration cease to represent healthy scientific exchange and instead reflect structural dependence on external expertise?
For countries with limited research budgets, such dependence may be understandable. Researchers often have few alternatives but to collaborate internationally in order to gain access to funding, equipment, advanced technologies, specialised expertise and publication opportunities. In these settings, international collaboration serves as an essential mechanism for sustaining scientific productivity.
An equally important consideration concerns wealthier nations.
If countries invest millions or even billions of dollars annually in research and development, why do they continue to maintain international collaboration rates approaching 75%?
Global challenges
The answer is undoubtedly multifactorial. Contemporary scientific challenges – including artificial intelligence, precision medicine, climate change, pandemics, energy sustainability and space science – require multinational expertise and infrastructure that no single institution or country can provide alone.
Therefore, extensive international collaboration among highly developed research systems reflect scientific specialisation rather than research weakness.
Nevertheless, the interpretation of identical collaboration percentages may differ substantially depending upon national research capacity. A collaboration rate of 75% may represent scientific excellence in one country while indicating structural dependence in another. Current ranking methodologies generally treat both situations identically.
Citation-based indicators warrant similar consideration. Internationally collaborative publications consistently receive higher citation counts because they involve larger research teams, multiple institutional affiliations, broader dissemination, wider international visibility and increased opportunities for subsequent collaboration. Consequently, citation metrics may reward the structure of collaboration as much as the intrinsic quality of the underlying science.
Since research indicators constitute a substantial proportion of global university rankings, institutions with extensive international research networks may obtain significant ranking advantages irrespective of their independent scientific capacity.
This discussion should not be interpreted as criticism of international collaboration. Modern science depends fundamentally upon international partnerships, and many of humanity’s greatest scientific achievements have resulted from multinational cooperation. Rather, the issue concerns how collaboration is interpreted within research evaluation systems.
A new ranking category?
Future ranking methodologies may therefore benefit from assessing research independence alongside research collaboration. Additional indicators could include domestic research productivity, leadership in multinational projects, proportions of first and corresponding authorship, diversity of funding sources, development of local research infrastructure, postgraduate training capacity, technology transfer and evidence that international collaborations contribute to sustainable institutional development rather than long-term dependence.
Ultimately, the central question is not whether international collaboration is good or bad. Rather, it is whether current global university rankings adequately distinguish between scientific collaboration and scientific dependence. Until this distinction is critically examined, rankings may continue to reward citation-rich collaborative networks without fully reflecting the underlying strength, resilience and independence of national research ecosystems.
This issue deserves broad international debate involving governments, university leaders, funding agencies, bibliometric researchers and global ranking organisations.
Dr Waseem Hassan is an associate professor of chemistry at the Institute of Chemical Sciences, University of Peshawar, Peshawar, Pakistan. E-mail: waseem_anw@yahoo.com. Fred Paas is a professor and chair of the Educational and Developmental Psychology Research Group at the department of psychology, education and child studies at Erasmus University Rotterdam, the Netherlands.
This article is a commentary. Commentary articles are the opinion of the authors and do not necessarily reflect the views of University World News.