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jueves, 1 de octubre de 2026

Colusión de intereses entre autores y editores de revistas del área de Negocios

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/news/elite-capture-top-journals-prompts-gatekeeping-concerns 




La «captura de élite» de las principales revistas genera preocupación por el «control de acceso»

Cuando las camarillas dominan, la actividad académica «corre el riesgo de alejarse de una revisión por pares basada en la excelencia y orientarse hacia la defensa de los intereses de grupos privilegiados», advierte un estudio

Publicado el 2 de septiembre de 2026
Última actualización: 2 de septiembre de 2026

Jack Grove
Twitter: @jgro_the

Una pequeña camarilla de académicos está aceptando recíprocamente sus artículos para su publicación en prestigiosas revistas del ámbito de los negocios, infringiendo normas claras destinadas a mitigar los conflictos de interés (COI, por sus siglas en inglés), según afirma un estudio sobre cómo la «gestión recíproca» de los manuscritos enviados a las revistas ha llevado a que un reducido grupo de académicos adquiera un «control desproporcionado» sobre las oportunidades de publicación y de desarrollo profesional.

De los 1,585 artículos publicados entre 2010 y 2024 por dos revistas incluidas en la lista Financial Times (FT) 50, casi la mitad (788) fueron escritos o coescritos por tan solo 54 autores altamente prolíficos, aunque estos académicos representaban únicamente el 2.4 % de los 2,207 autores participantes, según explica un artículo publicado en Journal of Business Ethics.

En el caso de estos autores altamente prolíficos, al menos una cuarta parte de su producción presentaba vínculos con algún editor que razonablemente podrían considerarse un conflicto de interés, como la denominada «aceptación recíproca», señala el estudio. Esto ocurre cuando dos académicos aceptan mutuamente sus respectivos artículos a lo largo del tiempo, una práctica que podría interpretarse como un «intercambio tácito de favores editoriales».

Esta «cohorte de élite» de autores prolíficos era «sorprendentemente homogénea»: el 90 % había obtenido el doctorado en universidades norteamericanas, mientras que solo el 5 % eran mujeres, añade el estudio.

Tras examinar la totalidad del conjunto de datos correspondiente a 14 años mediante un «criterio conservador del observador razonable», el artículo concluye que el 50 % de los 946 vínculos entre autores y editores presentaba «al menos un conflicto de interés definitivo, mientras que otro 11.6 % posiblemente presentaba algún conflicto».

Sin embargo, el alcance de las prácticas nepotistas podría ser incluso mayor de lo que el análisis permite cuantificar, señala el artículo. Por ejemplo, la «reciprocidad futura», en la que un editor acepta el artículo de un autor y posteriormente recibe un trato recíproco, resulta más difícil de demostrar de manera concluyente, aunque los autores identificaron 43 casos en los que probablemente se produjo esta situación.

Dado que la contratación o la promoción académica en las escuelas de negocios depende en gran medida de la publicación en revistas FT50, debería examinarse con mayor detenimiento la función de «control de acceso» (gatekeeping) ejercida por un grupo relativamente reducido de académicos —que actúan como editores de revistas o coautores—, explicó Raffaele Ciriello, profesor titular de la University of Sydney Business School, quien realizó el estudio junto con Vitali Mindel, del Rollins College of Business de la University of Tennessee at Chattanooga.

Las mismas cuestiones podrían plantearse también en otras disciplinas en las que publicar en revistas de élite resulta fundamental para el progreso profesional, añadió.

«La publicación académica se ha convertido en una industria multimillonaria financiada por los contribuyentes, en la que los editores de revistas de élite toman decisiones que determinan las carreras profesionales y configuran campos enteros del conocimiento bajo una supervisión inusualmente débil», declaró Ciriello a Times Higher Education, y añadió: «Nuestro nuevo artículo en Journal of Business Ethics demuestra por qué esto ya no es suficiente».

«El problema más profundo es la captura de élite: un grupo pequeño y densamente interconectado ha acumulado un control desproporcionado sobre oportunidades de publicación de enorme valor y sobre el dinero, las carreras profesionales, el estatus y la autoridad que se derivan de ellas», continuó.

«Cuando los mismos guardianes evalúan mutuamente sus trabajos, la actividad académica corre el riesgo de alejarse de un servicio meritocrático a la sociedad y orientarse hacia los intereses de quienes pertenecen a esos círculos privilegiados».

Sin embargo, este problema es especialmente grave en las revistas del ámbito de los negocios, particularmente en las pertenecientes al grupo FT50, en las que se indica explícitamente a los académicos que deben publicar. En algunas instituciones, las publicaciones en revistas FT50 «conllevan bonificaciones de cinco cifras... que en algunos casos alcanzan hasta el 22 % del salario base anual», añade el artículo, señalando que «la evidencia anecdótica sugiere que esta práctica no es excepcional».

No obstante, el estudio encontró evidencia de una «prevalencia mucho menor de conflictos de interés fuera del FT50», lo que «sugiere que estos patrones proliferan allí donde los incentivos son más fuertes y la supervisión más débil», afirmó Ciriello.

«Por lo tanto, las universidades contribuyen a generar las condiciones para la captura de élite al vincular recompensas y autoridad desproporcionadas con la publicación en las revistas FT50, al tiempo que exigen escasa rendición de cuentas a las propias revistas», señaló.

Los autores están ampliando ahora su análisis a 16 revistas FT50, «a pesar de que existe un interés institucional prácticamente nulo por financiar esta investigación que requiere una gran cantidad de trabajo», explicó Ciriello. «Los patrones que están surgiendo son congruentes con nuestros hallazgos publicados», afirmó.

Al preguntársele cómo podrían los editores de revistas y las instituciones abordar los problemas identificados, Ciriello señaló que se requiere una mayor transparencia tanto en las decisiones editoriales como en los incentivos institucionales, y que los editores deberían apartarse con mayor rapidez de los procesos de decisión cuando surgieran conflictos de interés.

«Una reforma significativa requiere moderar los incentivos asociados al prestigio, hacer obligatoria la recusación en casos de conflicto de interés, divulgar públicamente quiénes son los responsables de las decisiones editoriales y exigir como condición para que una revista conserve su estatus de élite que pueda verificarse la ausencia de conflictos de interés», afirmó Ciriello, y añadió:

«Una autoridad excepcional exige una rendición de cuentas excepcional».


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‘Elite capture’ of top journals prompts ‘gatekeeping’ concerns

Scholarship ‘risks drifting away from excellence-based peer review and towards serving insider interests’ when cliques dominate, warns study

Published on September 2, 2026

Last updated September 2, 2026

Jack Grove

Twitter: @jgro_the

A small clique of academics are accepting each other’s papers for publication in top business journals in violation of clear rules to mitigate conflicts of interest (COI), claims a study on how “reciprocal handling” of journal submissions has led to a handful of scholars gaining “disproportionate control” over publication and career opportunities.

Of the 1,585 articles published by two Financial Times (FT) 50 journals published between 2010 and 2024, nearly half (788) were written or co-written by just 54 prolific authors, although these scholars made up only 2.4 per cent of overall 2,207 contributors, explains a paper published in Journal of Business Ethics.

For these highly prolific authors, at least a quarter of their output involved links with an editor that might reasonably be viewed as a COI, such as “reciprocal acceptance”, it says. This is when two academics accept each other’s papers over time, a practice that might be seen as a “tacit exchange of editorial favour”.

This “elite cohort” of prolific authors was “remarkably homogeneous”, with 90 per cent holding PhDs from North American universities, while only 5 per cent were women, the study adds.

Auditing the entire 14-year dataset using a “conservative reasonable-observer standard”, the paper concludes 50 per cent of 946 author–editor ties had “at least one definitive COI, with a further 11.6 per cent possibly conflicted”.

The extent of nepotistic practices may, however, be worse than the analysis can quantify, says the paper. For instance, “future reciprocity”, in which an editor accepts an author’s paper and later receives reciprocal treatment, is more difficult to conclusively prove, although the authors found 43 cases where this was likely to have occurred.

With academic hiring or promotion in business schools highly dependent on publication in FT50 journals, the “gatekeeping” role held by a relatively small group of scholars (acting as journal editors or co-authors) should come under closer scrutiny, explained Raffaele Ciriello, senior lecturer at the University of Sydney Business School, who co-authored the study with Vitali Mindel, who is based at Rollins College of Business at the University of Tennessee at Chattanooga.

The same questions could also be applied to other disciplines where publication in elite journals is crucial for career advancement, he added.

“Academic publishing has become a multibillion-dollar, taxpayer-funded industry in which elite journal editors make career- and field-shaping decisions under unusually weak oversight,” Ciriello told Times Higher Education, adding: “Our new Journal of Business Ethics paper shows why this is no longer enough.”

“The deeper problem is elite capture: a small, densely connected group has accumulated disproportionate control over highly valuable publication opportunities and the money, careers, status and authority that follow from them,” he continued.

“When the same gatekeepers evaluate one another’s work, scholarship risks drifting away from meritocratic service to society and towards insider interests.”

That problem, however, is particularly acute for business journals, particularly those in the FT50 group where academics are explicitly told to publish. At some institutions, FT50 publications “carry five-figure bonuses…in some cases reaching up to 22 per cent of annual base salary”, the paper adds, noting that “anecdotal evidence suggests this practice is not exceptional”.

However, the study found evidence for a “much lower COI prevalence outside the FT50”, which “suggests that these patterns proliferate where incentives are strongest and oversight weakest”, said Ciriello.

“Universities therefore co-produce the conditions for elite capture by attaching disproportionate rewards and authority to FT50 publication while demanding little accountability from the journals themselves,” he said.

The authors are now extending their analysis to 16 FT50 journals “despite near-zero institutional appetite to fund this labour-intensive research”, said Ciriello. “Emerging patterns are consistent with our published findings,” he said.

Asked how journal editors and institutions might address the problems identified, Ciriello said more transparency over editorial decisions and institutional incentives was required, while editors should be quicker to remove themselves when COIs arose.

“Meaningful reform requires tempered prestige incentives, enforced COI recusal, public disclosure of editorial decision-makers, and auditable COI absence as a condition of elite journal status,” said Ciriello, adding: “Exceptional authority requires exceptional accountability.”

jack.grove@timeshighereducation.com


viernes, 10 de julio de 2026

800 dólares (aprox) y hasta +5,000 dólares cuesta ser autor de un artículo de fábrica

Publicado en Research information https://www.researchinformation.info/news/paper-mills-expose-global-market-for-authorship-fraud-nature-analysis-finds/



Las fábricas de artículos revelan un mercado global de fraude de autoría, según un análisis de Nature

27 de abril de 2026

Un análisis publicado en Nature ha revelado la magnitud del mercado global de autorías falsas en la investigación científica, con miles de anuncios que ofrecen puestos de autoría en artículos académicos a la venta.

Los investigadores recopilaron un conjunto de datos de más de 18,700 anuncios publicados entre marzo de 2020 y principios de abril de 2026 por siete “fábricas de artículos” (paper mills): negocios que producen investigaciones fraudulentas o de baja calidad y venden espacios de autoría. Se entiende que estas empresas se dirigen a académicos en regiones como Medio Oriente, Asia Central, Europa del Este e India.

El estudio encontró que una posición como primer autor cuesta una mediana de casi 800 dólares, con precios que van desde 57 dólares hasta más de 5,600 dólares. Los hallazgos se describen en un preprint enviado a arXiv.

Los investigadores afirman que el conjunto de datos podría ayudar a revistas y editoriales a identificar envíos de alto riesgo. Reese Richardson, coautor y metacientífico de la Universidad Northwestern, declaró a Nature que los datos podrían utilizarse para examinar publicaciones y auditar qué revistas y áreas de investigación son atacadas con mayor frecuencia.

“El preprint ofrece una valiosa imagen de la significativa escala financiera de estas operaciones, subrayando la presión que enfrentan los investigadores para publicar con el fin de avanzar en sus carreras”, dijo un portavoz de Wiley a Nature.

El conjunto de datos destaca el alcance internacional de las fábricas de artículos. Los investigadores identificaron anuncios en Telegram vinculados a operaciones en India, Irak y Uzbekistán, junto con miles más provenientes de sitios web asociados con negocios en Rusia, Letonia, Kazajistán y Ucrania.

“Lo que estamos comenzando a ver aquí es un patrón de operaciones globales y la utilización de redes sociales y sitios web como plataformas para operar una red mundial de negocios y corporaciones que existen con el propósito de cometer fraude científico y académico”, afirma Sarah Eaton, de la Universidad de Calgary. El conjunto de datos “nos dice muchísimo sobre las empresas, su mercadotecnia y algunas de sus operaciones”.

Las siete fábricas de artículos anunciaban espacios de autoría, mientras que algunas también ofrecían participación en libros de texto, patentes y otros productos, así como servicios relacionados con premios académicos.

“Las fábricas de artículos realmente participan en una variedad de negocios diferentes, hasta el punto de que la expresión ‘paper mill’ no captura todo lo que está ocurriendo”, dice Richardson. “Me gusta pensar en ellas como empresas que operan en el mercado de la manipulación de reputación”.

El análisis sugiere que algunos manuscritos provenientes de estas fábricas llegan efectivamente a publicarse. Los periodistas de Nature revisaron más de 600 anuncios vinculados a alrededor de 400 artículos, identificando 53 trabajos publicados con títulos coincidentes. Solo cinco han sido retractados.

Entre los artículos restantes, se encontraron ejemplos en revistas publicadas por Springer Nature y Wiley, así como en memorias de congresos del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE). También aparecieron coincidencias adicionales en revistas de Elsevier, Frontiers y Taylor & Francis.

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Paper mills expose global market for authorship fraud, Nature analysis finds

27 April 2026



An analysis published in Nature has revealed the scale of the global market for fake research authorship, with thousands of adverts offering positions on academic papers for sale.

Researchers compiled a dataset of more than 18,700 adverts posted between March 2020 and early April 2026 by seven paper mills – businesses that produce fraudulent or low-quality research and sell authorship slots. The companies are understood to target academics in regions including the Middle East, Central Asia, Eastern Europe and India.

The study found that a first-author position costs a median of nearly $800, with prices ranging from $57 to more than $5,600. The findings are described in a preprint submitted to arXiv.

Researchers say the dataset could help journals and publishers identify high-risk submissions. Co-author Reese Richardson, a metascientist at Northwestern University, told Nature the data could be used to screen publications and audit which journals and research areas are most frequently targeted.

“The preprint paints a valuable picture of the significant financial scale of these operations, underscoring the pressure put on researchers to publish in order to advance in their careers,” a spokesperson for Wiley told Nature.

The dataset highlights the international scope of paper mills. Researchers identified adverts on Telegram linked to operations in India, Iraq and Uzbekistan, alongside thousands more from websites associated with businesses in Russia, Latvia, Kazakhstan and Ukraine.

“What we’re beginning to see here is a pattern of global operations and the platformisation of social media and online websites to operate a global network of businesses and corporations that exist for the purposes of scientific and academic fraud,” says Sarah Eaton of the University of Calgary. The data set “tells us an awful lot about the businesses, their marketing and some of their operations”.

All seven paper mills advertised authorship slots, while some also offered placements on textbooks, patents and other outputs, as well as services such as academic awards.

“Paper mills are really in a variety of different businesses to the extent that the phrase ‘paper mill’ doesn’t capture everything that’s going on,” says Richardson. “I like to think of them as businesses operating in the market for reputation manipulation.”

The analysis suggests some paper-mill manuscripts reach publication. Nature’s journalists reviewed more than 600 adverts linked to around 400 articles, identifying 53 published papers with matching titles. Only five have been retracted.

Among the remaining papers, examples were found in journals published by Springer Nature and Wiley, as well as conference proceedings from the Institute of Electrical and Electronics Engineers. Additional matches appeared in journals from Elsevier, Frontiers and Taylor & Francis.


domingo, 14 de diciembre de 2025

25 años después retractan estudio sobre glifosato manipulado por Monsanto

Publicado en La Jornada
https://www.jornada.com.mx/2025/12/13/opinion/014a1eco



Retractan estudio de Monsanto sobre glifosato

Silvia Ribeiro

El 5 de diciembre de 2025 una revista de la editorial científica Elsevier retiró públicamente uno de los estudios más citados sobre el herbicida glifosato, el cual afirma que no hay evidencias de que es dañino para la salud humana. Encontraron que el estudio tenía numerosas fallas, y que en realidad fue redactado por “científicos” de Monsanto (ahora propiedad de Bayer) no por quienes firman como autores, quienes recibieron un pago de la trasnacional para que el artículo apareciera como independiente de ésta (https://tinyurl.com/zedpj8zk).

Es un hecho altamente relevante porque el artículo desmentido es uno de los más citados por agencias regulatorias de Europa, Estados Unidos y de América Latina, que se basaron en él para alegar que no hay evidencias de daños graves del glifosato a la salud. Esto pese a que la Organización Mundial de la Salud en 2015 y numerosos estudios científicos anteriores y posteriores han confirmado la toxicidad a corto y largo plazos y el potencial de causar cáncer de este herbicida.

El glifosato es el agrotóxico más usado en el mundo, lo cual ha dejado residuos tóxicos en alimentos, cuerpos, agua, medio ambiente y hasta se han encontrado trazas en aire y nubes, por su alto grado de diseminación.

La revista Regulatory Toxicology and Pharmacology detalla en el argumento para retractar el artículo, originalmente publicado en el año 2000, que los autores Williams, Kroes y Munro, no tomaron en cuenta una extensa lista de artículos artbitrados y publicados antes de esa fecha, que muestran evidencias de toxicidad y carcinogenicidad del glifosato y sus derivados. Por el contrario, los autores usaron como referencia artículos no publicados escritos por Monsanto, que afirman que no existen evidencias de que el glifosato –inventado y patentado por la misma compañía–, sea cancerígeno.

Además, no declararon que el artículo había sido total o parcialmente redactado por personal de Monsanto y nunca manifestaron que habrían recibido pago de la empresa para figurar como autores. En suma, explica el director de la revista, Martin van den Berg, el artículo presenta “serios problemas éticos” por el ocultamiento de evidencias, la falta de integridad y el conflicto de interés de los autores, lo cual lleva a cuestionar las conclusiones del mismo.

La gran pregunta es por qué tuvieron que pasar 25 años desde la publicación de este fraudulento artículo para que finalmente fuera retractado. La acción de la revista ahora la motivó otro estudio científico, publicado este año, que denuncia las irregularidades (https://tinyurl.com/5et356jt).

En este cuarto de siglo, decenas de millones de personas en todo el mundo han sufrido los impactos y daños del glifosato, especialmente aquellos en zonas donde se plantan cultivos transgénicos a gran escala, como Argentina, Brasil y Paraguay, donde muchas personas, incluso niñas y niños, han muerto por sus efectos, pese a las múltiples denuncias de impactos de la fumigación con glifosato.

El hecho de que Monsanto redactó y pagó a los que aparecen como autores apareció como evidencia por primera vez en 2017 en uno de los juicios contra Bayer-Monsanto por haber causado cáncer a los demandantes (Carey Gillam, The Guardian, https://tinyurl.com/2hemerw2).

En esa instancia se mostraron correos electrónicos de ejecutivos de Monsanto, donde se autoelogian por el éxito del artículo ahora retirado, incluso de Hugh Grant, entonces presidente global de la compañía, por el buen resultado del artículo fraguado.

Esta forma de actuar, con “escritores fantasma” que niegan evidencias y pagos ocultos a científicos para que no se los vincule a la empresa, se enmarca en la estrategia que Monsanto llamó internamente Freedom to operate (Libertad de operación) para avanzar impunemente la venta de productos tóxicos (https://tinyurl.com/bdd4c73w).

Luego de que la OMS declarara al glifosato como posible cancerígeno en 2015, se desató un alud de víctimas de cáncer que habían usado o estado expuestos al glifosato en Estados Unidos, con más de 167 mil demandas en la actualidad. En esos procesos se revelaron miles de documentos de Monsanto para ocultar o falsear información y manipular a científicos y periodistas para defender el glifosato (https://tinyurl.com/3xn5vmrp).

Bayer pagó ya más de 12 mil millones de dólares en sentencias y acuerdos con unos 100 mil casos, pero siguen aumentando, por lo que la empresa solicitó a Trump que intercediera ante la Suprema Corte de ese país para que no permitiera seguir con los juicios.

El glifosato está bajo restricciones de uso en una veintena de estados o países, pero la venta del tóxico es un gran negocio, ligado a los cultivos transgénicos y los de la llamada “edición” génica, por lo que las empresas invierten agresivamente en su defensa.

Al tiempo que se revelan nuevos datos sobre la manipulación de información de Monsanto-Bayer y otras empresas para engañar al público y los reguladores, siguen aumentando los datos sobre los gravísimos daños que provoca este y otros agrotóxicos a la salud humana, animal y al medio ambiente. Deben ser prohibidos (https://tinyurl.com/9ztzywp7).

martes, 19 de agosto de 2025

Los artículos científicos fraudulentos están en auge [ artículo en The Economist ]

Publicado en The Economist
https://www.economist.com/science-and-technology/2025/08/06/fraudulent-scientific-papers-are-booming?giftId=52c65ecf-e447-4054-90dc-2a2813870482&utm_campaign=gifted_article




Los artículos científicos fraudulentos están en auge


6 de agosto de 2025

The Economist



Las revistas científicas existen con un único objetivo: proporcionar informes precisos y revisados por pares sobre nuevas investigaciones a un público interesado.


Sin embargo, según un artículo publicado en PNAS el 4 de agosto, ese noble objetivo se ve gravemente comprometido. Los autores concluyen que el fraude científico se produce a gran escala y está creciendo rápidamente. De hecho, aunque el número de artículos científicos se duplica cada 15 años aproximadamente, el número de artículos que se consideran fraudulentos se ha duplicado cada 1,5 años desde 2010 (véase el gráfico). Si no se hace nada al respecto, afirma Luís Nunes Amaral, físico de la Universidad Northwestern de Chicago y autor principal del estudio, «la empresa científica en su forma actual quedaría destruida».


Hace tiempo que está claro que el fraude en las publicaciones rara vez proviene de estafadores solitarios. En cambio, empresas conocidas como «fábricas de artículos» preparan artículos científicos falsos llenos de experimentos inventados y datos falsos, a menudo con la ayuda de modelos de inteligencia artificial (IA), y venden la autoría a académicos que buscan aumentar su número de publicaciones. Sin embargo, el análisis realizado por el Dr. Amaral y sus colegas sugiere que algunos editores de revistas pueden estar aprobando estos artículos a sabiendas. Su artículo sugiere que un subconjunto de editores de revistas es responsable de la mayoría de los artículos cuestionables que producen sus publicaciones.


Para llegar a su conclusión, los autores analizaron los artículos publicados por PLOS ONE, una revista enorme y generalmente bien considerada que identifica cuál de sus 18 329 editores es responsable de cada artículo. (La mayoría de los editores son académicos que aceptan supervisar la revisión por pares junto con su investigación). Desde 2006, la revista ha publicado 276,956 artículos, 702 de los cuales han sido retirados y 2,241 han recibido comentarios en PubPeer, un sitio web que permite a otros académicos y detectives en línea plantear sus inquietudes.


Cuando el equipo analizó los datos, encontró 45 editores que facilitaron la aceptación de artículos retirados o señalados con mucha más frecuencia de lo que cabría esperar por casualidad. Aunque solo eran responsables del proceso de revisión por pares del 1,3 % de los artículos enviados a PLOS ONE, eran responsables del 30,2 % de los artículos retirados.


Los datos sugerían patrones aún más preocupantes. Por un lado, más de la mitad de estos editores eran ellos mismos autores de artículos que posteriormente fueron retirados por PLOS ONE. Es más, cuando enviaban sus propios artículos a la revista, se sugerían regularmente unos a otros como editores. Aunque los artículos pueden ser retirados por muchas causas, incluidos errores honestos, el Dr. Amaral cree que estos patrones indican la existencia de una red de editores que cooperan para eludir los estándares habituales de la revista.


El Dr. Amaral no nombra a los editores en su artículo, pero la revista científica Nature utilizó posteriormente su análisis para localizar a cinco de los editores en cuestión. PLOS ONE afirma que los cinco fueron investigados y despedidos entre 2020 y 2022. Los que respondieron a las preguntas de Nature negaron haber cometido ninguna irregularidad.


Por muy convincente que sea el análisis del Dr. Amaral, no prueba de manera concluyente que haya habido un comportamiento deshonesto. No obstante, los hallazgos se suman a un creciente conjunto de pruebas que sugieren que algunos editores desempeñan un papel activo en la publicación de investigaciones de baja calidad. Una investigación realizada en 2024 por RetractionWatch, una organización que supervisa los artículos retirados, y Science, otra revista, descubrió que las fábricas de artículos han sobornado a editores en el pasado. Los editores también podrían utilizar sus poderes para promover sus propias carreras académicas. Los investigadores de PubPeer han señalado artículos en varias revistas que parecen haber sido coescritos por el editor que supervisa la revisión por pares o por uno de sus colaboradores cercanos, lo que supone un claro conflicto de intereses.


Detectar redes de editores como lo ha hecho el equipo del Dr. Amaral «es algo completamente nuevo», afirma Alberto Ruano Raviña, de la Universidad de Santiago de Compostela (España), que investiga el fraude científico y no ha participado en el estudio. Le preocupa especialmente que los artículos falsos sigan formando parte del registro científico en el ámbito médico, donde sus conclusiones espurias podrían utilizarse para realizar revisiones que sirvan de base para las directrices clínicas. Un artículo reciente publicado en la revista médica BMJ reveló que entre el 8 % y el 16 % de las conclusiones de las revisiones sistemáticas que incluían pruebas posteriormente retiradas resultaron ser erróneas. «Se trata de un problema real», afirma el Dr. Ruano Raviña.


Sin embargo, los incentivos para cometer fraude siguen superando las consecuencias de ser descubierto. Medidas como el número de publicaciones y citas de un investigador se han convertido en poderosos indicadores del rendimiento académico y se consideran necesarias para desarrollar una carrera profesional. «Nos hemos centrado en las cifras», afirma el Dr. Amaral. Por su parte, algunas revistas ganan más dinero cuanto más artículos aceptan.


No obstante, la presión sobre los editores para que eliminen los artículos de mala calidad es cada vez mayor. Las bases de datos de revistas de prestigio, como Scopus o Web of Science, pueden «deslistar» revistas, arruinando su reputación. Depende de los editores lograr que se vuelva a incluir en la lista, lo que significa poner en orden la revista. «Si vemos contenido poco fiable que no se retira, no se vuelve a incluir», afirma Nandita Quaderi, redactora jefe de Web of Science. Pero aún está por ver si los editores y los numerosos redactores que trabajan duro para mantener la mala ciencia fuera de sus revistas podrán seguir el ritmo de las fábricas de artículos.


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Fraudulent scientific papers are booming.


Aug. 6, 2025

The Economist

Economist Intelligence Unit N.A. Incorporated


SCIENTIFIC JOURNALS exist to do one thing: provide accurate, peer-reviewed reports of new research to an interested audience.


But according to a paper published in PNAS on August 4th, that lofty goal is badly compromised. Scientific fraud, its authors conclude, happens on a massive scale and is growing quickly. In fact, though the number of scientific articles doubles every 15 years or so, the number thought to be fraudulent has doubled every 1.5 years since 2010 (see chart). If nothing is done, says Luís Nunes Amaral, a physicist at Northwestern University in Chicago and the study's senior author, "The scientific enterprise in its current form would be destroyed." 


It has long been clear that publication fraud rarely comes from lone fraudsters. Instead, companies known as paper mills prepare fake scientific papers full of made-up experiments and bogus data, often with the help of artificial-intelligence (AI) models, and sell authorship to academics looking to boost their publication numbers. But the analysis conducted by Dr Amaral and his colleagues suggests that some journal editors may be knowingly waving these papers through. Their article suggests that a subset of journal editors are responsible for the majority of questionable papers their publications produce.


To arrive at their conclusion, the authors looked at papers published by PLOS ONE , an enormous and generally well-regarded journal that identifies which of their 18,329 editors is responsible for each paper. (Most editors are academics who agree to oversee peer review alongside their research.) Since 2006 the journal has published 276,956 articles, 702 of which have been retracted and 2,241 of which have received comments on PubPeer, a site that allows other academics and online sleuths to raise concerns. 


When the team crunched the data, they found 45 editors who facilitated the acceptance of retracted or flagged articles much more frequently than would be expected by chance. Although they were responsible for the peer-review process of only 1.3% of PLOSONE submissions, they were responsible for 30.2% of retracted articles.


The data suggested yet more worrying patterns. For one thing, more than half of these editors were themselves authors of papers later retracted by PLOS ONE . What's more, when they submitted their own papers to the journal, they regularly suggested each other as editors. Although papers can be retracted for many causes, including honest mistakes, Dr Amaral believes these patterns indicate a network of editors co-operating to bypass the journal's usual standards. 


Dr Amaral does not name the editors in his article, but Nature, a science magazine, subsequently made use of his analysis to track down five of the relevant editors. PLOS ONE says that all five were investigated and dismissed between 2020 and 2022. Those who responded to Nature's enquiries denied wrongdoing.


Compelling as Dr Amaral's analysis is, it does not conclusively prove dishonest behaviour. All the same, the findings add to a growing body of evidence suggesting some editors play an active role in the publication of substandard research. An investigation in 2024 by RetractionWatch, an organisation that monitors retracted papers, and Science, another magazine, found that paper mills have bribed editors in the past. Editors might also use their powers to further their own academic careers. Sleuths on PubPeer have flagged papers in several journals which seem to be co-written by either the editor overseeing the peer review or one of their close collaborators—a clear conflict of interest.  


Detecting networks of editors the way Dr Amaral's team has "is completely new", says Alberto Ruano Raviña of the University of Santiago de Compostela in Spain, who researches scientific fraud and was not involved with the study. He is particularly worried about fake papers remaining part of the scientific record in medical fields, where their spurious findings might be used to conduct reviews that inform clinical guidelines. A recent paper in the BMJ , a medical journal, found that 8-16% of the conclusions in systematic reviews that included later-retracted evidence ended up being wrong. "This is a real problem," says Dr Ruano Raviña.  


Yet the incentives to commit fraud continue to outweigh the consequences of being discovered. Measures including a researcher's number of publications and citations have become powerful proxies for academic achievement, and are seen as necessary for building a career. "We have become focused on numbers," says Dr Amaral. Some journals, for their part, make more money the more articles they accept.


All the same, pressure is growing on publishers to root out bad papers. Databases of reputable journals, such as Scopus or Web of Science, can "de-list" journals, ruining their reputations. It's up to the publishers to bring about a relisting, which means tidying up the journal. "If we see untrustworthy content that you're not retracting, you're not getting back in," says Nandita Quaderi, editor-in-chief of Web of Science. But whether publishers and the many editors who work hard to keep bad science out of their journals can keep up with the paper mills remains to be seen.  




PAÍSES BAJOS: NWO cancela WoS y Scopus. Acata Declaración de Barcelona. RANKING DE LEIDEN cancela WoS

Publicado en Dutch Research Council (NWO) https://www.nwo.nl/en/news/dutch-research-council-nwo-cancels-subscriptions-to-web-of-science-and-...