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jueves, 6 de agosto de 2026

REINO UNIDO: Cómo el neoliberalismo ha ampliado la brecha en la transición hacia la educación superior

Publicado en University World News
https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20260617131531496





REINO UNIDO

Cómo el neoliberalismo ha ampliado la brecha en la transición hacia la educación superior

Chloe Ashbridge, Stacy Gillis y Helen King
17 de junio de 2026

Muchas de las transformaciones que han marcado la agenda pedagógica de la educación superior en el Reino Unido desde la década de 1960 han estado relacionadas con lo que hoy se denomina levelling up (reducción de las desigualdades educativas y sociales). Esto fue especialmente evidente durante el gobierno de coalición entre Conservadores y Liberal Demócratas (2010-2015), cuyo legado ha dejado una huella duradera en el sistema educativo británico.

Un aspecto significativo de ese legado puede atribuirse al trabajo del entonces secretario de Estado de Educación, Michael Gove (quien ocupó el cargo entre mayo de 2010 y julio de 2014), quien prometió aumentar el "valor añadido" (educational gain) de la educación para los estudiantes.

Ello dio lugar a un nuevo Currículo Nacional para la educación secundaria que priorizó la adquisición de conocimientos, así como a reformas en el sistema de evaluación del GCSE (General Certificate of Secondary Education), la eliminación de los trabajos de curso y de los exámenes modulares, y la implantación generalizada de evaluaciones mediante exámenes escritos sin acceso a materiales de consulta (closed-book testing).

Una narrativa dominante en torno a estos cambios sostenía que el valor de la educación residía menos en los atributos, habilidades y capacidades que desarrolla (considerados despectivamente como habilidades blandas) que en el rendimiento económico derivado de la adquisición de conocimientos.

Esta visión establecía una relación directa entre los conocimientos adquiridos en la educación secundaria y la economía, aspecto fundamental para el gobierno de coalición, que buscaba formar ciudadanos capaces de "destacar" dentro de un sistema neoliberal de capitalismo tardío. Esta agenda estaba sustentada en un discurso basado en la competencia y en la mínima intervención del Estado, ambos principios fundamentales del neoliberalismo.

El paso hacia evaluaciones lineales y exámenes sin materiales de consulta corrió el riesgo de ampliar la brecha entre los estudiantes que podían acceder a clases particulares para preparar los exámenes y aquellos que no disponían de esos recursos. Estas reformas curriculares constituyen un importante antecedente para comprender la brecha pedagógica existente entre el aprendizaje en la educación secundaria y el universitario.

Esto resulta especialmente evidente en las disciplinas de humanidades, donde competencias como la argumentación, el debate, la co-creación del conocimiento, la investigación crítica y la evaluación analítica chocan —en clara desventaja— con el énfasis de la economía del conocimiento en la mera adquisición de información.

Los estudiantes que cursaron los GCSE bajo estas reformas curriculares llegan inevitablemente a la universidad con el legado de una economía del conocimiento que privilegia la memorización por encima de la autorreflexión y el pensamiento crítico.

Este modelo de economía del conocimiento plantea importantes desafíos para los fundamentos pedagógicos que han sustentado muchas de las estrategias y estructuras de la educación superior orientadas hacia la inclusión y la justicia social, impulsadas por las profundas transformaciones de las décadas de 1960 y 1970 en torno a la raza, la clase social, el género, la sexualidad y la discapacidad.

En este contexto, resulta fundamental reflexionar sobre cómo responden las universidades a los cambios producidos en la educación secundaria y a los desafíos que estos plantean para la igualdad, la diversidad y la inclusión (EDI) desde el momento mismo del ingreso a la educación superior.

El currículo oculto

En nuestro nuevo artículo publicado por Taylor & Francis, nos centramos en las repercusiones de estas reformas sobre las prácticas pedagógicas relacionadas con la transición hacia la educación superior, argumentando que favorecieron una cultura educativa basada en el consumo de conocimientos, más que en su co-creación y en el pensamiento crítico.

Adoptando una visión integral del ciclo de vida del estudiante, analizamos la evolución de lo que se conoce como el "currículo oculto" de la universidad británica en el escenario educativo posterior a Gove; es decir, el conjunto de conocimientos y habilidades implícitos en las prácticas institucionales.

Nos planteamos dos preguntas relacionadas entre sí: ¿cómo aprenden los estudiantes qué constituye una forma "eficaz" de aprender en la educación superior?, y ¿cómo podemos ayudarlos a cuestionar ese modelo?

Sostenemos la necesidad de un enfoque que reduzca el impacto del currículo oculto en los ámbitos académico, social y de bienestar de la universidad, y afirmamos que sigue siendo necesaria una pedagogía orientada por los principios de igualdad, diversidad e inclusión que contemple de manera integral todo el ciclo de vida del estudiante, desde antes de su ingreso hasta su egreso.

Las sucesivas oleadas de reformas educativas de inspiración neoliberal durante la última década continúan influyendo en la experiencia de aprendizaje de los estudiantes y en la forma en que se perciben a sí mismos dentro de la universidad.

La economía del conocimiento implica que los procedimientos institucionales y las competencias específicas de cada disciplina se distribuyan de manera desigual entre el estudiantado, favoreciendo a quienes cuentan con un mayor capital cultural heredado o que han podido desarrollar autonomía y autoeficacia fuera del ámbito escolar.

Esta orientación hacia el mercado, sintetizada en el discurso de la economía del conocimiento, ha sido criticada desde diversas perspectivas.

Una de las críticas más frecuentes a la agenda educativa del gobierno de coalición ha sido su carácter elitista, tanto por la estructura de las evaluaciones como por los contenidos curriculares. Desde la neoliberalización de la educación y el deterioro de la alfabetización crítica, hasta el privilegio otorgado a los estudiantes considerados tradicionalmente "académicos" y la desvalorización de las artes y las humanidades, las críticas han puesto de manifiesto las estructuras que reproducen el capital cultural y los privilegios sociales.

Pedagogía inclusiva

Los debates actuales sobre pedagogía inclusiva y acceso a la educación superior suelen pasar por alto no solo las desigualdades en el capital cultural existentes en el momento de la transición, sino también la manera en que esa brecha de conocimientos corre el riesgo de ampliarse durante el proceso de inducción universitaria.

Esto resulta especialmente pertinente en el contexto de la educación superior británica, donde la inducción hace referencia al programa mediante el cual los nuevos estudiantes son introducidos a las estructuras académicas, administrativas y sociales de la institución y de sus respectivos programas de estudio.

Las universidades deben ser capaces de responder a los cambios en las políticas de educación secundaria si desean apoyar adecuadamente a los estudiantes en la transición desde entornos centrados en el currículo y dirigidos por el profesorado hacia contextos basados en la investigación y centrados en el estudiante.

Los conceptos de independencia y autonomía presentan connotaciones especialmente ambiguas. Por un lado, pueden asociarse con el pensamiento independiente, un componente esencial de la alfabetización crítica que ha quedado relegado en la educación posterior a Gove. Por otro lado, lo que significa ser un estudiante independiente puede interpretarse según valores neoliberales, internalizando la idea de que pedir ayuda es una señal de fracaso y que la independencia implica aislamiento, en lugar de pertenencia a una comunidad de aprendizaje.

La manera en que valores como la independencia y la resiliencia se enseñan —tanto explícita como implícitamente— corre el riesgo de ocultar la importancia de la comunidad y de invisibilizar los problemas derivados de factores estructurales, afectando en última instancia el sentido de pertenencia de los estudiantes, su autoestima, su rendimiento académico y su acceso a oportunidades profesionales.

Nuestro proyecto identificó cuatro aspectos fundamentales del currículo oculto durante la transición de la educación secundaria a la superior: la independencia, la capacidad para establecer relaciones de trabajo, el uso de plataformas digitales y el dominio del lenguaje académico surgieron como competencias esenciales para desenvolverse con éxito en la universidad.

Estas competencias permanecen ocultas en el sentido de que no todos los estudiantes que ingresan las poseen por igual, ni son reconocidas y enseñadas de manera explícita, pese a ser fundamentales para una transición exitosa hacia los estudios universitarios.

En conjunto, estos cuatro componentes del currículo oculto convergen en torno a las nociones de alfabetización crítica y competencia social. Es precisamente aquí donde se hace visible el impacto de una educación secundaria orientada al mercado: muchos estudiantes llegan a la universidad con el deseo de obtener buenas calificaciones, pero carecen de las denominadas "habilidades blandas" necesarias para filtrar información, desarrollar pensamiento crítico y construir comunidades de aprendizaje sólidas, en las que puedan integrarse y contribuir activamente.

El cuidado en una economía contraria al cuidado

En un contexto político en el que la educación se presenta principalmente como un medio para obtener beneficios económicos y donde las universidades son evaluadas cada vez más mediante indicadores relacionados con la empleabilidad de sus egresados, existen pocos incentivos para que las instituciones centren su atención en la igualdad, la diversidad y la inclusión desde el momento del ingreso. ¿Cómo puede, por ejemplo, una ética del cuidado ayudar a que nuestros estudiantes se sientan apoyados y comprometidos en una economía neoliberal que simultáneamente mercantiliza y devalúa el cuidado?

En medio de la neoliberalización generalizada de la educación —desde la economía del conocimiento hasta la precarización del trabajo universitario— la idea misma de una transición universitaria equitativa parece poco más que un sueño lejano. Sin embargo, es un sueño utópico hacia el cual todos debemos seguir esforzándonos.

Chloe Ashbridge es profesora de literatura moderna y contemporánea en la Universidad de Newcastle (Reino Unido), donde investiga las relaciones entre la literatura británica y los cambios políticos desde 1945. Antes de incorporarse a la universidad trabajó en centros de educación secundaria y en organizaciones benéficas dedicadas a la educación, manteniendo un fuerte interés por las políticas educativas.

Stacy Gillis es profesora titular de literatura moderna y contemporánea y decana asociada de Educación en la Universidad de Newcastle. Codirige el Grupo de Investigación sobre Género de dicha universidad y forma parte del equipo editorial de Feminist Theory.

Helen King concluyó recientemente su doctorado, financiado por Northern Bridge, en la Universidad de Newcastle.

Este artículo es un comentario. Los artículos de opinión reflejan exclusivamente las opiniones de sus autores y no necesariamente las de University World News.




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UNITED KINGDOM


How neoliberalism has made the transition gap to HE wider

Chloe Ashbridge, Stacy Gillis and Helen King  

17 June 2026

Many of the shifts in pedagogy agenda-setting in UK higher education since the 1960s have been concerned with what is now termed ‘levelling up’. This was particularly apparent during the 2010 to 2015 Conservative and Liberal Democrat coalition government, which has left a lasting imprint on the UK’s education system.


A significant aspect of this legacy can be attributed to the work done under the former secretary of state for education, Michael Gove (who held office between May 2010 and July 2014), who promised to increase the educational ‘gain’ for students.


This led to a new National Curriculum for secondary schools which prioritised knowledge acquisition, reforms to the GCSE (General Certificate of Secondary Education) marking structures, the removal of coursework and modular examinations at GCSEs and a blanket implementation of closed-book testing.


A dominant narrative around these changes was that the value of education was less in the attributes, skills and characteristics it fosters (which were dismissed as ‘soft skills’) than in the economic return generated by knowledge acquisition.


This posited a relationship between secondary school knowledge and the economy which was key for the coalition government in terms of ideal subject-citizens who could ‘excel’ in a neoliberal late capitalist system. This agenda was underpinned by a vocabulary of competition and minimal state intervention, both of which are basic tenets of neoliberalism.


The shift to closed-book and linear assessments risked widening the gap between students with access to private tuition to pass an exam, and those who do not. These curriculum reforms provide an important context for the pedagogic gap between secondary and university learning.


This is especially the case for the humanities disciplines, where skills such as argumentation, debate, co-creation, critical enquiry and analytical evaluation run up against – unfavourably – the knowledge economy’s emphasis on information acquisition.


Students who took GCSEs under these curriculum changes inevitably bring with them the legacy of the knowledge economy, which prizes memory recall over self-reflexivity and critique.


The knowledge economy model poses serious challenges to the pedagogic rationale which has underpinned many tertiary education pedagogic strategies and structures centring on inclusivity and social justice agendas, which were foregrounded by the seismic shifts in the 1960s and 1970s around race, class, gender, sexuality and dis/ability.


Key here is thinking about how universities respond to shifts in secondary education and the challenges they pose for equality, diversity and inclusion (EDI) at the point of entry.


The hidden curriculum


In our new article published by Taylor & Francis, we focus on the repercussions of these reforms for pedagogic practice around the transition to higher education, arguing that they facilitated an educational culture of knowledge consumption rather than co-creation and critique.


Taking a holistic view of the student life cycle, we explored the evolving parameters of the UK university’s ‘hidden curriculum’ in the post-Gove educational landscape – that is, the implicit knowledge and skills embedded in institutional practices.


We asked two connected questions: how do students learn what makes an ‘effective’ approach to learning in higher education, and how do we help them to challenge this approach?


We argue for an approach that mitigates the hidden curriculum as it exists in the academic, social and pastoral spheres of the university, positing that there remains the need for EDI-led pedagogy in higher education which approaches the student life cycle holistically, from pre-arrival through to out-duction.


Successive waves of neoliberal education reform over the last decade continue to impact students’ experience of learning, and the way they view themselves in relation to the university.


The knowledge economy means that institutional procedures and subject-specific skills are distributed unevenly across the study body, privileging students with inherited cultural capital or who have been able to develop self-efficacy and independence outside their studies.


This market-orientated stance, encapsulated in the vocabulary of the knowledge economy, has been critiqued from several standpoints.


A dominant critique of the coalition’s education agenda has been of its elitism, both in terms of examination structures and curriculum content: from the neoliberalisation of education and the degradation of critical literacy to the privileging of traditionally ‘academic’ learners and the depreciation of arts and humanities subjects, the critiques have identified the structures which reify cultural capital and privilege.


Inclusive pedagogy


Existing discussions of inclusive pedagogy and access to higher education occlude not only imbalances in cultural capital at the point of transition but also how this knowledge gap is at risk of widening throughout the induction period.


This is particularly relevant in the context of UK higher education, in which ‘induction’ refers to the programme through which new students are introduced to the academic, administrative and social structures of the institution and their programmes of study.


Universities must be able to respond to shifts in secondary educational policy if they are to adequately support students in their transition from curriculum-driven, teacher-led contexts to those which are enquiry-driven and student-centred.


The themes of independence and autonomy have especially ambiguous connotations: on the one hand, they can be linked to independent thinking, an element of ‘critical literacy’ that finds itself sidelined in post-Gove education; on the other hand, what it means to be an independent learner can be interpreted according to neo-liberal values, for instance, by internalising the message that asking for help is a sign of failure, and that independence means isolation rather than connection with a community of peers.


The way in which values like independence and resilience are taught visibly and invisibly is at risk of obscuring the values of community and the challenges resulting from systemic factors, ultimately impacting students’ belonging, self-esteem, academic success and access to career opportunities.


Our project revealed four key aspects of the hidden curriculum in the transition from secondary to higher education: independence, forming working relationships, use of digital platforms and academic language emerged as core competencies for navigating the transition to university study.


These competencies are hidden in the sense that they are not uniformly possessed by incoming students or acknowledged and taught but are important to making a successful transition to university study.


Taken together, these four aspects of the hidden curriculum coalesce around the notions of critical literacy and social competency: it is here that the impact of a market-orientated approach to secondary education is visible in the expectations and abilities of students who arrive at university with a desire for good marks but sometimes lacking in the so-called ‘soft skills’ needed to filter information and form rich learning communities to which they can belong and contribute.


Care in an anti-care economy


In a political climate in which education is touted primarily as a means of economic gain, with universities increasingly measured on metrics related to graduate outcomes, there is little incentive for universities to focus on equality, diversity and inclusion at the point of entry. How can thinking about care, for example, help our students feel supported and engaged in a neoliberal economy which increasingly simultaneously marketises and devalues care?


Amidst the sector-wide neoliberalisation of education – from the knowledge economy to the precarisation of university labour – the very notion of an equitable university transition feels like little more than a distant dream but a utopian dream towards which we all need to strive.


Chloe Ashbridge is a lecturer in modern and contemporary literature at Newcastle University, United Kingdom, where her research addresses the interdependence between British literature and political change since 1945. Beyond academia, Chloe has worked in secondary schools and the education charity sector, and she maintains a keen interest in educational policy. Dr Stacy Gillis is senior lecturer in modern and contemporary literature and associate dean (education) at Newcastle University. She is the co-lead of the Gender Research Group at Newcastle, and is one of the editors of Feminist Theory. Helen King recently finished her Northern Bridge-funded PhD at Newcastle University.


This article is a commentary. Commentary articles are the opinion of the authors and do not necessarily reflect the views of University World News.


viernes, 26 de diciembre de 2025

Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber

Publicado en elDiario.es
https://www.eldiario.es/sociedad/neoliberalismo-burocracia-robert-maxwell-revistas-cientificas-primaron-negocio_1_9952229.html





Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber
  • El mercado editorial, hasta entonces en manos de las sociedades científicas, sufrió un primer cambio a mediados del SXX a través de la figura de Maxwell; la llegada del neoliberalismo e internet en los 90 acabó de transformarlo                                              
19 de febrero de 2023 
Actualizado el 23/02/2023

La Ciencia no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que los investigadores no pagaban por publicar, en el que las revistas científicas no eran un pingüe negocio y se centraban más en el conocimiento que en los ingresos. Pero una lluvia de dinero, el aumento del volumen de trabajo y por tanto de la carga administrativa y la ambición de Robert Maxwell en la Europa de la posguerra transformaron el sector.     

Hoy los científicos tienen que costearse sus propias publicaciones con fondos que en teoría son para investigar, editan el trabajo de sus colegas gratis y, en ocasiones, tienen que pagar de nuevo –personalmente, los menos, o sus instituciones– por leer el trabajo que ellos mismos generan para que otros se queden con los beneficios.  

Pero la Ciencia no siempre fue así, insiste Carlos Chaccour, investigador del ISGLOBAL. “Desde que aparecieron en el siglo XVII las primeras publicaciones científicas y la diseminación del conocimiento, estaba todo en manos de las sociedades científicas. Pero eran simplemente los científicos contándose sus historias y compartiendo hallazgos”, recuerda Chaccour.

Luego vendrían las revistas propiamente, pero el sistema se mantuvo bajo ese modelo hasta mediados del siglo XX. Entonces, en la Europa de la posguerra se juntó todo: un modelo agotado, pequeño, ineficiente e incapaz de dar una respuesta ágil en términos de publicación a la creciente producción científica, que se acumulaba en las sociedades esperando turno, una lluvia de dinero para las instituciones y la irrupción de la persona que cambiaría el mercado para siempre.

Un tipo ambicioso con muchas ideas

Achacar todo el cambio que se ha producido en un sector cualquiera a un solo hombre suele ser complicado –excepto para los Henry Ford de la vida–, y más un cambio tan grande, pero quienes conocen esta historia le ponen nombre y apellido al declive: Robert Maxwell.   

Maxwell es una figura intrigante. Checo de nacimiento y británico de adopción, murió en las Canarias en 1991 al, supuestamente, caerse de su barco y ahogarse, una versión cuestionada desde muchos frentes. Pese a que fue multimillonario, falleció sepultado en deudas y tras haber vaciado el fondo de pensiones de sus empleados. Sobre su figura han pesado también sospechas de que era agente del Mossad, el servicio secreto israelí, y tuvo una relación muy cercana con la URSS. Este editor ha pasado a los libros como un magnate de la prensa capaz de rivalizar con Rupert Murdoch –fueron enemigos de negocios y también ideológicos– y fue incluso diputado laborista británico. Entre todas estas actividades encontró tiempo para modificar por completo la estructura de publicación de ciencia y ser considerado el padre del actual sistema de revistas.

La de Maxwell es la historia de un oportunista, una persona con ambición, visión y talento que tras pelear en la II Guerra Mundial con los británicos se encontró en Berlín en 1946, con 23 años y el objetivo declarado de hacerse millonario, según recuerda este artículo de The Guardian. Allí se encontró en el sitio exacto en el momento preciso.

Tras la guerra, el Gobierno británico estaba preocupado por el paupérrimo estado en el que se encontraba el ecosistema nacional de publicaciones científicas, varios años por detrás de un cuerpo científico que incluía apellidos ilustres como Fleming o Darwin (nieto). Así que decidió relanzar la histórica editora nacional Butterworths, uniéndola con la solvente –y alemana– Springer.

Maxwell, que vivía entonces en la capital germana y había colaborado con Springer, encontró en esa fusión su oportunidad. Empezó a trabajar para la nueva empresa y acabó haciéndose con ambas editoriales. El momento fue perfecto. Llamó a la unión de ambas Pergamon Press –años más tarde se la vendería a Elsevier–, y se dispuso a cambiar el sector. El primer gran movimiento, que de hecho empezó su socio, Paul Rosbaud, fue convencer a las sociedades científicas, que históricamente habían controlado sus propias revistas, de que necesitaban más publicaciones, más especializadas, cada una en su pequeño nicho. Para ello bastaba con persuadir a la persona adecuada y, premio, ponerla al frente. El siguiente paso fue vender las suscripciones de estas revistas a las bibliotecas universitarias, boyantes de dinero en aquellos momentos. El sistema estaba montado.     

Una nueva revista por semana

Isidro F. Aguillo, responsable del laboratorio de Cibermetría del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, cuenta que en su momento más álgido el editor llegó a abrir una revista nueva cada semana. “Se dio cuenta del negocio que había”. En 1959, Pergamon editaba 40 publicaciones. En 1965 sumaba 150. Era la cabeza del mercado sin un rival cercano. Fue perfeccionado y ampliando el método: pasó de crear revistas a comprar las que aún editaban las sociedades, o gestionarlas a cambio de una cuota mensual.

También cambió las maneras en la ciencia. Abordaba a los científicos en las conferencias para ficharlos y que editaran o publicaran en exclusiva con él. Lo hacía de manera agresiva u ofreciéndoles lujos (fiestas, viajes en barco) a los que no estaban acostumbrados. Ganó científicos para sus revistas, pero perdió a su socio Rosbaud, que no estaba de acuerdo con sus métodos. El dinero que ponía por delante podía con todo. “Era muy impresionante”, dijo en una ocasión Leslie Iversen, antiguo editor del Journal of Neurochemistry. “Cenábamos y tomábamos un buen vino, y al final nos entregaba un cheque: unos miles de libras para la sociedad. Era más dinero del que nosotros, los pobres científicos, jamás habíamos visto”.

Una de las claves del éxito de Maxwell fue que supo ver (o crear) un hecho clave: el mercado de la publicación científica es infinito. Cuando se entiende que cada artículo es único, que da cuenta de un descubrimiento exclusivo y que no se puede reemplazar por otro, se llega a la conclusión de que crear una nueva revista no le quita negocio a su teórica competidora. Solo lo amplía. Cuando aparece una nueva revista simplemente los científicos pedirán a su institución que se suscriba a ella para estar informados. Y a seguir facturando.

La llegada del neoliberalismo

A Maxwell también se le relaciona, explica Chaccour, con la creación del factor de impacto, el índice bibliográfico más utilizado en Ciencia y que mide la frecuencia con la cual ha sido citado el artículo promedio de una revista en un año en particular. “No aceptaba todo, solo ciertos artículos, lo que favorece que se cite más, más gente quiera publicar en sus revistas y él pueda seleccionar”, explica el investigador.

Según esta teoría, esto modeló el factor de impacto, que se utiliza hoy para evaluar la calidad de una revista. En ocasiones los editores también tiran de este índice para justificar sus precios, tanto para suscribirse como para publicar. Y para indexar una revista en la Web of Science (WoS) o Scopus, los dos sitios de referencia, las empresas tienen más capacidad que las sociedades científicas. Unáse a toda esta corriente el desembarco del neoliberalismo en la Ciencia y la comercialización total de las revistas y salen los ingredientes para el siguiente gran cambio en el sector de la publicación científica.

Vicenzo Pavone, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, explica que hacia finales de los 80 “las revistas de referencia estaban gestionadas por las propias comunidades o sociedades científicas, y seguían el mismo protocolo de calidad que se sigue hoy”. Los costes de editar las revistas se cubrían con las cuotas de membresía de los propios científicos que pertenecían a estas sociedades.

Pero a partir de los noventa, continúa Pavone, “las sociedades científicas empezaron a subcontratar o directamente vender sus revistas a empresas como Elsevier. Es decir, la gestión científica (gratuitamente ofrecida) se quedaba en la sociedad científica, pero la gestión técnica y comercial de la revista pasaba a ser tarea de las editoriales”.

En paralelo llegó la sustitución del papel por internet. Antes de esto las revistas ya aplicaban una política de suscripciones particular, que no se basaba en el valor del producto que vendían, explica Aguillo. “Había precios diferentes para suscripciones de revistas. Uno era el individual, que podía ser 40 o 50 dólares anuales. Pero si lo compraba una institución el precio se multiplicaba por 20 o 30 hasta los 900 o 1000 dólares”. Por el mismo producto, una revista en papel.

Y llegó internet: otro soporte, mismo negocio

Internet lo cambió todo, también en este sector. “Aunque lo que cobraban [las revistas] por el papel ya entonces no era real, dejó de ser cierto definitivamente [sin los costes del papel y de imprimir]”, explica Aguillo. Pero a los editores les siguió pareciendo natural seguir cobrando por la suscripción; podía haber cambiado el formato, pero el producto era el mismo.

Sin embargo, ante la proliferación de revistas algunas de las universidades norteamericanas más potentes (Harvard, Stanford) se plantaron, recuerda Aguillo. Pagaban muchas suscripciones y sus científicos les pedían más. No había fondos para todo. “Este fue uno de los orígenes del open access”, asegura el investigador del CSIC.

Ante el pie en pared de muchos clientes y el impulso de las instituciones de la “ciencia abierta”, se creó otro modelo. En vez cobrar por la lectura de los artículos a través de suscripciones, las revistas cargaron los costes a los investigadores que querían publicar. Les cobraban una cantidad en concepto de “procesamiento de artículos” (APC, en sus siglas en inglés), que varía según el factor de impacto de la revista (actualmente puede subir hasta los 10.000 dólares en las de más prestigio) –pese a que todo el trabajo técnico lo hacen, de manera gratuita, los propios científicos–, pero abrían el acceso a todo el mundo.

Pavone lamenta que instituciones como la UE hayan apostado por la ciencia abierta, pero sin plantearse otro modelo al de pagar por publicar que se ha acabado imponiendo. “No se ha esforzado, ni siquiera se ha debatido, en buscar un modelo alternativo. Creo que la solución no es crear nuevas revistas” de acceso libre y sin coste para el investigador, rechaza la idea que proponen algunos científicos. “Las hay muy buenas y son las que la gente lee. Pero si la UE me paga a mí [a través de los proyectos de investigación] para que yo le pague a una editorial, ¿por qué no le pagan directamente a las academias para que gestionen sus revistas?”, se pregunta.

Aguillo recuerda que “el ánimo mercantilista de las revistas no es nuevo, quizá sea más evidente. Pero antes era la biblioteca la que pagaba y estaba presionada por los investigadores para tener las suscripciones y ahora se ha pasado el coste a los investigadores, que se han vuelto más conscientes de lo que supone”. Una evolución que recuerda a la de tantos sectores, que poco a poco han ido desplazando los costes al usuario final.     

 ¿Qué balance global ha dejado el cambio de modelo? “El usuario final de países en desarrollo ha ganado porque tiene acceso ahora a revistas que antes no podía”, opina. “Pero han perdido los investigadores que no tengan un proyecto (sea de manera estructural o coyuntural) y han perdido los jóvenes y por supuesto los investigadores privados, que no tienen una institución detrás que pague por publicar”.       

  

viernes, 14 de noviembre de 2025

[ LIBRO ] "Dark Academia. How Universities Die", Peter Fleming

Descargar de: https://drive.google.com/file/d/1UNRrqxKhTCMYYcBlBd0_mZ1cLoHepTX8/view?usp=sharing





El análisis de Fleming es agudo, ingenioso e inquebrantable. Argumenta que la universidad se ha convertido en una "institución zombi", manteniendo exteriores los rituales del mundo académico mientras que su vida interna ha sido vaciada por la lógica del mercado. Él detalla cómo el lenguaje de "excelencia", "impacto" y "marca" ha creado un ambiente de ocupación performativa donde la verdadera curiosidad intelectual es un pasivo. El capítulo sobre el "cinismo comunal"—donde todo el mundo sabe que el juego está amañado pero se siente obligado a seguir el juego—fue un espejo sostenido a todo mi departamento. Este libro no ofrece soluciones fáciles, y esa es su fuerza. No es una guía de autoayuda para sobrevivir a la academia; es un diagnóstico de una condición terminal. Me dio el vocabulario para entender mi agotamiento no como un fallo personal, sino como una respuesta lógica a un sistema roto. Fue el empujón que necesitaba para mirar más allá de los muros de la universidad para una vida y una carrera significativas.


10 lecciones e ideas de "Dark Academia":


1. La Universidad es una "institución zombi": camina y habla como un lugar de aprendizaje, pero su núcleo ha sido consumido por el gerialismo corporativo, dejando un caparazón hueco que imita a su antiguo yo.


2. El "Profesionalismo Tóxico" es la cultura prevalente: un espíritu performance de exceso de trabajo, competitividad y pasión fingida enmascara un sistema de explotación, creando un ambiente donde el agotamiento sea la norma, no la excepción.


3. Tu valor se reduce a una producción metrizada: tu valor como académico no es tu contribución docente o intelectual, sino tu capacidad para generar "productos" mensurables: publicaciones, subvenciones y citas.


4. El imperativo "Publicar o Perecer" es estructuralmente sádico: el sistema está diseñado para crear un estado permanente de ansiedad e inseguridad laboral, especialmente para los investigadores de carrera temprana, obligándolos a entrar en un ciclo de producción sin fin.


5. La administración es la nueva actividad básica: el verdadero crecimiento en las universidades está en los papeles directivos y administrativos, que imponen regímenes de auditoría y cumplimiento que estrangulan la enseñanza y la investigación reales.


6. La Agenda "Impacto" es a menudo una farsa: la presión para demostrar el "impacto" social de la investigación a menudo lleva a ejercicios artificiales que distorsionan la investigación intelectual genuina.


7. La precariedad es una característica, no un error: la dependencia de un vasto ejército mal pagado de adjuntos e investigadores de contratos de plazo fijo es esencial para el modelo de negocio, asegurando una mano de obra desechable con poco poder o seguridad laboral.


8. El cinismo es el Mecanismo de Afrontación Colectiva: La mayoría de los académicos son privadamente cínicos acerca de las demandas del sistema, pero este cinismo es pasivo. Permite que el juego continúe porque todo el mundo tiene demasiado miedo de dejar de jugar.


9. La "marca" lo es todo: la principal preocupación de la universidad es su marca de mercado y su posición en las tablas de la liga. La educación y la investigación son meramente herramientas de marketing para atraer clientes (estudiantes) e inversión.


10. Escape es una elección legítima y a menudo salvadora de la cordura: Fleming legitima el deseo de abandonar la academia. Reconocer que el sistema es disfuncional, en lugar de interiorizar su fracaso como suyo propio, es el primer paso hacia la liberación y una vida profesional más saludable.



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En Amazon: https://www.amazon.com/Dark-Academia-How-Universities-Die/dp/0745341063

Dark Academia: How Universities Die

de Peter Fleming (Autor)


«Los libros de Fleming son brillantemente sarcásticos y hilarantemente furiosos» —Guardian


«Un libro excelente e importante» —Journal of Education, Innovation, and Communication


Para el profesor Peter Fleming, existe una fuerte relación entre la neoliberalización de la educación superior en los últimos veinte años y el infierno psicológico que ahora sufren su personal y sus estudiantes. Cree que las jerarquías administrativas impersonales e implacables han sustituido al criterio académico, la colegialidad y el sentido común profesional. Lamenta el sistema moderno de educación superior y pone de relieve lo que ha fallado y por qué.


Si bien antes se consideraba que la academia era el mejor trabajo del mundo, uno que fomentaba la autonomía, el oficio, la satisfacción laboral intrínseca y el entusiasmo vocacional, hoy en día sería difícil encontrar un profesor que lo crea.


Fleming se adentra en este nuevo mundo obsesionado por las métricas y excesivamente jerárquico para sacar a la luz el lado oculto de la universidad neoliberal. Examina:


*La comercialización.

*Las enfermedades mentales y las autolesiones.

*El auge del gerencialismo.

*Los estudiantes como consumidores y evaluadores.

*El individualismo competitivo que proyecta un oscuro halo de alienación sobre los departamentos.

*¡Y mucho más!


Arguing that time has almost run out to reverse this decline, this book shows how academics and students need to act now if they are to begin to fix this broken system.


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"Fleming's books are sparklingly sardonic and hilariously angry"—Guardian

"An excellent and important book"—Journal of Education, Innovation, and Communication


To Professor Peter Fleming, there is a strong link between the neo-liberalization of higher education over the last 20 years and the psychological hell now endured by its staff and students. He believes that impersonal and unforgiving management hierarchies have supplanted academic judgement, collegiality, and professional common sense. He bemoans the modern system of higher education and shines a spotlight on what’s gone wrong and why.


While academia was once thought of as the best job in the world, one that fosters autonomy, craft, intrinsic job satisfaction, and vocational zeal, you would be hard-pressed to find a lecturer who believes that now.


Fleming delves into this new metrics-obsessed, overly hierarchical world to bring out the hidden underbelly of the neoliberal university. He examines:


*Commercialization

*Mental illness and self-harm

*The rise of managerialism

*Students as consumers and evaluators

*The competitive individualism which casts a dark sheen of alienation over departments

*And much more!


Arguing that time has almost run out to reverse this decline, this book shows how academics and students need to act now if they are to begin to fix this broken system.


RANKING QS: U.S.A. y Europa mantienen liderazgo, pero ASIA sube más rápido... y ALyC cae

Publicado en University World News https://www.universityworldnews.com/post.php?story=20260620082137544   Estados Unidos y Europa enfrentan ...