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domingo, 4 de octubre de 2026

La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Publicado en sinpermiso
https://sinpermiso.info/textos/la-cara-oculta-de-la-ciencia-el-incontrolado-poder-de-las-grandes-editoriales-cientificas




La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Julio Rozas Daniel Raventós 17/09/2026

Ya comentamos en un artículo anterior que las publicaciones científicas constituyen el principal medio para difundir y validar el conocimiento científico. A través de ellas se difunden resultados, se someten hipótesis al escrutinio de otros investigadores y se construye, paso a paso, el edificio del conocimiento científico. También vimos algunas de las malas prácticas asociadas al sistema, así como sus mecanismos de autocorrección. Pero hay un aspecto fundamental que conviene destacar: publicar constituye hoy uno de los principales criterios para evaluar y promocionar al profesorado universitario y al personal investigador de los centros públicos. Como ha señalado Philippe Huneman (investigador del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología del CNRS, Francia), la función del artículo de investigación ha cambiado: ya no es únicamente una unidad de conocimiento, sino que se ha convertido también en una unidad de evaluación. Ya no es simplemente, como lo fue durante mucho tiempo, la culminación de una tarea: se ha convertido también en el objetivo que orienta buena parte de la actividad investigadora, en el medio para medir su productividad, en el referente que distingue a los buenos investigadores de los menos buenos y en una pieza clave para el ascenso profesional. El célebre «publicar o perecer» (publish or perish) condiciona buena parte de las reglas del juego académico y genera efectos indeseados: se publican cada vez más artículos, a menudo a un coste elevado, y no siempre con la calidad necesaria. Al mismo tiempo, esta presión por publicar crea incentivos que pueden contribuir a explicar algunas de las malas prácticas que encontramos en la investigación científica, desde comportamientos muy sutiles hasta casos de fraude abierto. Algunos de estos casos trascienden el ámbito académico, aunque son muy pocos. Un ejemplo es el del actual rector de la Universidad de Salamanca. Decía un editorial de El País: “Se trata de otra variante de una práctica clásica que la universidad española haría bien en desterrar: el nefasto ‘hoy por ti, mañana por mí’”. Toda una fábrica de autocitas y de colegas que lo citan; pero no pasa nada: sigue siendo el rector de la Universidad de Salamanca. Otro ejemplo es el del grupo CREA de la Universidad de Barcelona, que se autodisolvió en 2025 y que, además de otras acusaciones mucho más graves que están en trámite legal, también fue objeto de denuncias relacionadas con el uso sistemático de autocitas, todo un ejemplo del autobombo. “La mayor parte de referencias que reciben los artículos, los libros, los proyectos del CREA proceden del propio CREA. Siempre más de la mitad y a veces llega al 80%”, en palabras de un buen conocedor de este grupo. 

En este artículo nos centramos en una dimensión mucho más desconocida del sistema: la económica. ¿Cuánto cobra el investigador por publicar? ¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico? ¿Cuánto dinero mueve el negocio editorial? Y sobre todo ¿qué implicaciones tiene para la ciencia la influencia de las grandes editoriales desde dentro del sistema científico?

Modelo de negocio y dimensión económica

Empezaremos haciendo un pequeño spoiler: los investigadores no solo no cobran por publicar sus trabajos, sino que, en muchos casos, tienen que pagar, y no poco, por hacerlo. De hecho, el negocio editorial científico es muy rentable. Cada año se publican algo más de tres millones de artículos científicos en el mundo, en unas 40.000 revistas, que suponen un negocio para las editoriales de decenas de miles de millones de dólares. La paradoja puede resultar sorprendente para quienes no están familiarizados con el mundo académico: cuando un escritor publica una novela, un ensayo o un libro de divulgación, lo habitual es que la editorial pague al autor por su obra, normalmente mediante un porcentaje de las ventas. En cambio, en la publicación científica, suele ocurrir justo lo contrario, es el investigador, a través de los fondos de sus proyectos de investigación, o de su institución, quien acaba pagando a las editoriales por publicar. ¿Cómo se ha llegado a este modelo? ¿Por qué las grandes editoriales científicas se han convertido en uno de los negocios más rentables del ámbito del conocimiento? Para responder a estas preguntas es necesario adentrarse en la compleja economía de la publicación científica moderna.

Detrás de cada publicación científica existe una compleja cadena de procesos, actores y flujos económicos, donde las editoriales científicas desempeñan un papel central. Su actividad consiste en gestionar la publicación y el acceso a los resultados de la investigación, lo que incluye la recepción de los manuscritos, la coordinación de la revisión por pares (peer review), la edición y preparación de los textos para su publicación, y el mantenimiento de las plataformas digitales que permiten consultar, distribuir y archivar los contenidos. Aunque la distribución impresa aún existe en algunos casos, la mayor parte de la actividad se desarrolla actualmente en entornos digitales.

Tradicionalmente, el negocio consistía en cobrar suscripciones a bibliotecas, universidades y centros de investigación para que sus investigadores pudieran acceder a las revistas y sus contenidos. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado fuerza el modelo de publicación de acceso abierto (open access), en el que los autores o sus financiadores pagan una tarifa de publicación denominada APC (article processing charge), para que el artículo quede disponible gratuitamente para cualquier lector a través de internet. Esto ha provocado un cambio importante en el modelo de negocio. Antes, quienes financiaban el acceso al conocimiento eran fundamentalmente las instituciones suscriptoras; ahora, en el modelo basado en APC, son los propios autores o sus financiadores quienes pagan por publicar. El nuevo modelo introduce así un incentivo para aumentar el número de publicaciones: cuantos más artículos se publican, mayores son los ingresos de las editoriales y, para los investigadores, aumentan también las posibilidades de progresar profesionalmente.

Se estima que el precio de una APC en muchas de las grandes editoriales científicas se sitúa, de media, en torno a los 3.000 dólares por artículo, aunque las diferencias entre revistas son muy importantes y en determinados casos pueden superar los 10.000 dólares. Estas cantidades resultan especialmente llamativas cuando se tiene en cuenta quién realiza buena parte del trabajo que hay detrás de cada publicación científica. Los manuscritos de los artículos científicos son redactados por los propios investigadores, que, además han generado los datos y resultados que posteriormente serán publicados. Antes de su publicación, los trabajos pasan por el proceso de peer review, en el que otros especialistas del mismo campo, independientes de la editorial, examinan críticamente la calidad del trabajo, la solidez metodológica, la relevancia de sus resultados y su reproducibilidad. Este proceso constituye uno de los pilares fundamentales del sistema científico. Sin embargo, en la gran mayoría de casos, los autores no solo deben pagar por publicar sus trabajos, sino que los investigadores que participan en su revisión tampoco reciben una compensación económica directa de las editoriales.

El negocio editorial constituye una industria que mueve miles de millones de dólares al año. En sentido estricto la edición científica representa alrededor de 15.000 millones de dólares, mientras que si ampliamos la mirada al conjunto de los servicios asociados que pueden proporcionar las editoriales (bases de datos; herramientas de acceso; servicios para las universidades, etc.), el mercado alcanza aproximadamente los 30.000 millones. Y es un negocio que no deja de crecer: el número de publicaciones científicas ha aumentado a un ritmo del 5,6% anual, una tasa muy superior a la del crecimiento del número de investigadores. Además, se trata de un sector altamente concentrado en unas pocas editoriales. Cinco grupos, Elsevier (del grupo RELX, editor de The Lancet y Cell, entre otras), Springer Nature, Wiley, Taylor & Francis y SAGE, concentran más de la mitad del mercado editorial académico. Elsevier, líder del sector, edita unas 3.000 revistas científicas. En 2025 publicó casi 800.000 artículos, generó unos ingresos de casi 4.000 millones de dólares, y obtuvo una rentabilidad operativa ajustada (margen de beneficio) cercana al 38%. Y no es un caso aislado: las grandes editoriales científicas presentan también márgenes de rentabilidad extraordinariamente elevados, en varios casos por encima del 30%. Para poner estas cifras en contexto, los dos grandes grupos editoriales españoles, Planeta y PRISA, presentan volúmenes de negocio de alrededor de 2.000 y 900 millones de euros, respectivamente, pero sus márgenes operativos son más reducidos, en torno a un 10% en el caso de PRISA. Aunque la comparación no es estrictamente homogénea, porque se trata de grupos con actividades y estructuras empresariales muy diferentes y no siempre publican las mismas magnitudes financieras, estas cifras permiten hacerse una idea de la elevada rentabilidad que puede alcanzar el negocio de la edición científica.

¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico?

Algunos estudios sitúan el coste de publicar un artículo científico aproximadamente entre 200 y 1.000 dólares. Sin embargo, los APC que pagan los autores pueden ser muy superiores, llegando a alcanzar los 12.850 dólares en revistas de máximo prestigio, como Nature, editada por Springer Nature. ¿A qué se debe esta enorme diferencia? ¿Es justificable un abanico de precios tan amplio? Las editoriales argumentan que los APC cubren, además de la producción y edición del artículo, las inversiones en tecnología e innovación, las medidas para garantizar la integridad científica, las mejoras en la experiencia del usuario y otros esfuerzos destinados a mantener unos elevados estándares de calidad. Todos estos servicios tienen un coste, pero difícilmente pueden explicar por sí solos las diferencias de varios miles de dólares entre unas revistas y otras.

La pregunta es entonces por qué un investigador está dispuesto a pagar una cantidad tan elevada por publicar un artículo en open access en Nature La respuesta tiene poco que ver con el coste técnico de producir el artículo y mucho más con el valor que tiene para el autor publicar precisamente en esa revista. Publicar en una revista como Nature supone mucho más que poner un artículo científico a disposición de los lectores. Su extraordinario prestigio y altísima selectividad le proporcionan una enorme visibilidad dentro de la comunidad científica. Y, sobre todo, publicar en ella puede tener un impacto muy considerable en la carrera profesional del investigador, ya que estas publicaciones pueden resultar decisivas en procesos de contratación, promoción, financiación o evaluación. Desde el punto de vista económico, estamos ante una lógica similar a la de un bien posicional: su valor no depende únicamente de sus características intrínsecas o de su coste de producción, sino también de la posición, el reconocimiento y el prestigio que confiere. Un cuadro original de Wassily Kandinsky puede servirnos como analogía: su precio no guarda una relación directa con el coste de los materiales utilizados para pintarlo. Una parte esencial de su valor procede de su rareza, su autoría, la reputación del artista y el reconocimiento de su obra. Algo similar ocurre con una publicación en Nature o en otras revistas de alto impacto: su valor para el investigador no reside únicamente en el contenido del artículo, sino también en el reconocimiento y el prestigio que aporta haber sido publicado en ellas. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

Y esto no afecta únicamente a los investigadores. También las instituciones científicas tienen fuertes incentivos para acumular publicaciones de sus investigadores en revistas de alto impacto. Algunos rankings universitarios internacionales, como el Academic Ranking of World Universities (Shanghai Ranking), incorporan indicadores relacionados con la producción científica y, entre ellos, las publicaciones en revistas de muy alto impacto. De este modo, el prestigio de determinadas revistas se convierte también en un activo para universidades y centros de investigación. El mecanismo funciona, por tanto, en dos direcciones: los investigadores necesitan publicaciones de prestigio para avanzar en sus carreras, y las instituciones necesitan esas publicaciones para reforzar su posición y reputación. En este contexto, el precio que puede alcanzar una APC deja de estar determinado exclusivamente por el coste de publicar el artículo. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

El volumen de publicaciones y los incentivos perversos

Pero existe también el fenómeno contrario. Hay editoriales y revistas mucho menos selectivas que cobran APC relativamente modestas, pero que pueden generar importantes ingresos gracias a la publicación de un volumen muy elevado de artículos. Si el sistema de evaluación premia el número de artículos publicados, más que su calidad, el incentivo es claro, publicar más, tanto para el investigador como para la editorial. El resultado es un crecimiento extraordinario de la producción científica, y con él, una pregunta inevitable: ¿estamos produciendo más conocimiento o simplemente más artículos? Cuando publicar se convierte en una condición cada vez más importante para progresar profesionalmente, el sistema puede generar incentivos perversos: fragmentación de resultados, proliferación de trabajos de escasa relevancia y estrategias para aumentar artificialmente el número de publicaciones. En los casos más extremos, estos incentivos pueden contribuir a malas prácticas e incluso al fraude científico, como ya hemos comentado en SP. Las publicaciones científicas de las ciencias naturales y de las ciencias sociales no están expuestas necesariamente a los mismos tipos de prácticas dudosas o fraudulentas. Algunas pueden ser comunes a ambos campos, como el uso excesivo de autocitas, mientras que otras dependen de las características de cada disciplina y de sus métodos de investigación. En las ciencias naturales, algunas formas de mala conducta científica pueden manifestarse en la manipulación o fabricación de datos experimentales y en la falsificación de resultados. En las ciencias sociales también pueden darse estas prácticas, pero existen además problemas relacionados con la selección de resultados, la falta de transparencia metodológica o la interpretación sesgada de los datos. La naturaleza de determinadas investigaciones sociales, que a menudo incluye métodos cualitativos y enfoques interpretativos, puede dificultar la verificación de los resultados. Esto hace que la detección del fraude sea más complicada, ya que las conclusiones pueden depender en gran medida de la interpretación del investigador y no siempre pueden ser replicadas de la misma manera que en las ciencias naturales. A destacar:  las ciencias naturales tienen, en general, una tradición más acumulativa, en la que los nuevos trabajos suelen apoyarse explícitamente en un cuerpo de conocimiento anterior. Las ciencias sociales no tanto o mucho menos, algún autor o autora de moda no tiene por qué basarse en el conocimiento anterior para estar muy presente en las revistas académicas. Pero esta es una liebre que hemos soltado y no vamos a perseguir.

El cuarto poder

Con esto llegamos a la cuestión más importante. Como hemos visto, la publicación científica constituye un negocio de enormes dimensiones. Pero lo verdaderamente relevante no es cuánto dinero se mueve, sino el poder que puede generar el hecho de ocupar una posición tan central dentro del sistema científico. Porque quien controla los principales canales de publicación no solo participa en la difusión del conocimiento: también puede influir en las decisiones de los propios investigadores sobre qué y cómo investigar.

Aquí encontramos un desequilibrio importante. Los científicos producen el conocimiento; otros investigadores lo evalúan, a menudo de forma gratuita; las instituciones públicas financian buena parte de la investigación y, sin embargo, unas pocas grandes empresas controlan una parte sustancial de los canales a través de los cuales ese conocimiento adquiere visibilidad, prestigio y valor. Las grandes editoriales científicas, y en particular aquellas que publican las revistas más prestigiosas, podrían considerarse, en cierto sentido, una suerte de “cuarto poder” dentro del sistema científico. En realidad, si queremos ser más precisos, no estaríamos ante un cuarto poder, sino ante un poder oligopólico de enormes dimensiones. No porque decidan qué conocimiento es verdadero, ni porque determinen directamente qué deben investigar los científicos, sino porque ocupan una posición privilegiada en el proceso mediante el cual determinados resultados alcanzan reconocimiento y visibilidad, mientras otros quedan en segundo plano.

El problema surge cuando los criterios editoriales que hacen que un trabajo sea atractivo para una revista de alto impacto, como la novedad, la relevancia, la capacidad de generar atención o el interés para una audiencia amplia, empiezan a convertirse también en los criterios que los propios investigadores necesitan satisfacer para progresar en sus carreras profesionales. El sistema de publicación puede entonces favorecer determinados temas, metodologías o resultados frente a otros. Y eso tiene consecuencias. Puede perjudicar investigaciones menos espectaculares, como las que confirman un conocimiento establecido, las que reportan resultados negativos o los estudios descriptivos, todos ellos científicamente valiosos, pero menos llamativos que un descubrimiento novedoso o inesperado.

Además, publicar en una revista de alto impacto puede condicionar el tipo de investigación que resulta más beneficiosa para la carrera del investigador. La publicación en revistas prestigiosas puede aumentar sus posibilidades de conseguir financiación, una plaza de profesor o de investigador, o una promoción en su centro de trabajo. De esta manera, lo que aparece como un criterio editorial acaba convirtiéndose en un incentivo profesional. Si para avanzar en su carrera los investigadores necesitan publicar en determinadas revistas, tendrán razones para orientar su investigación hacia aquello que estas revistas consideran publicable. 

Las editoriales científicas, por lo tanto, no necesitan decidir qué temas deben investigarse. Su poder deriva de su posición central en el sistema de publicación científica, desde la que pueden influir en buena medida en qué resultados llegan a las revistas más prestigiosas y, por tanto, en la propia actividad investigadora. De este modo, un sistema creado para validar y comunicar el conocimiento puede terminar influyendo, de hecho influyen como venimos afirmando, también en qué tipo de conocimiento recibe mayor reconocimiento. No necesariamente porque exista una decisión consciente de favorecer unos temas sobre otros, sino porque los incentivos del sistema pueden llevar a investigadores, instituciones y revistas a adaptarse progresivamente a aquello que el propio sistema recompensa.

Hacia otro modelo de publicación científica

Existen distintas vías para transformar el sistema actual de publicación científica. Algunas proponen cambios en los sistemas de evaluación, otras buscan que la propia comunidad científica recupere parte de las funciones que hoy desempeñan las editoriales, y otras proponen nuevas formas de financiar, publicar o gobernar las revistas. Son propuestas de distinto alcance y grado de implantación, pero no necesariamente excluyentes entre sí.

La primera de estas vías afecta a los sistemas de evaluación del profesorado y del personal investigador, es decir, a la forma en que se valoran y bareman sus publicaciones y demás méritos científicos, especialmente en los procesos de contratación, acreditación y promoción profesional. Como ya vimos en nuestro artículo anterior, desde la propia comunidad académica se están impulsando cambios en la forma de valorar la actividad investigadora. Un ejemplo es la Declaración de San Francisco sobre Evaluación de la Investigación (DORA). Esta iniciativa plantea dejar de utilizar métricas simplistas, como el número de publicaciones, y avanzar hacia una evaluación más rica, contextualizada y cualitativa. El objetivo es valorar la investigación por su rigor, su relevancia y su contribución real al avance del conocimiento. En la medida en que se reduzca el peso de la cantidad de publicaciones en la evaluación, podría favorecer que se publicaran menos artículos, pero más relevantes, y desincentivar tanto la práctica de publicar por publicar, como la proliferación de las revistas depredadoras.

Un segundo nivel afecta a la propia comunidad investigadora y a su capacidad para organizar directamente la evaluación y comunicación de los trabajos científicos. Desde hace unos años, han aparecido iniciativas como la Peer Community In (PCI), que separa la actividad de publicación de la revisión por pares. En este modelo, es la propia comunidad científica la que asume buena parte de las funciones que tradicionalmente desempeñan las editoriales: selecciona a los especialistas que realizan las evaluaciones, coordina el proceso de revisión y emite las recomendaciones sobre los trabajos. Los informes y las recomendaciones están disponibles para el lector.  Si el artículo es recomendado, los autores pueden mantenerlo disponible públicamente como manuscrito evaluado, publicarlo en Peer Community Journal, que no cobra APC, o enviarlo a alguna de las revistas PCI-friendly, que han acordado tener en cuenta la evaluación de PCI, aunque pueden aplicar sus propias tasas de publicación. Además, PCI permite realizar la revisión por pares de un protocolo incluso antes de llevar a cabo la investigación; con ello, se busca reducir los sesgos y mejorar la reproducibilidad de los resultados. No obstante, este modelo tiene una implantación mucho menor que el sistema tradicional y requiere una considerable dedicación por parte de los investigadores.

Un tercer nivel lo encontramos en modelos que no trasladan directamente el coste ni a los autores ni a los lectores. Uno de ellos es Subscribe to Open (S2O), que utiliza los presupuestos que las bibliotecas destinan a suscripciones para hacer accesibles los contenidos de una revista a todo el mundo, siempre que se alcance un determinado nivel de suscripciones por parte de las instituciones científicas. Otro es el Diamond Open Access, en el que tampoco pagan los investigadores por publicar ni los lectores por acceder a los contenidos: los costes se sostienen mediante una combinación de financiación institucional, procedente de universidades, bibliotecas, organismos públicos, sociedades científicas, entre otros agentes. En principio, S2O parece más fácil de introducir en el sistema actual, ya que aprovecha una fuente de financiación que ya existe: las suscripciones de las bibliotecas. En todo caso, ambos modelos podrían reducir la dependencia de los pagos por artículo y, eventualmente, el volumen económico del mercado editorial, pero no necesariamente la influencia y el poder de las grandes editoriales que controlan las revistas de mayor impacto. Aunque cambiara quién paga por publicar, estas editoriales seguirían ocupando una posición central en la selección de los trabajos, su visibilidad y reconocimiento y, a través de ellos, en los procesos de evaluación y promoción de los investigadores.

Un cuarto nivel lo encontramos en las revistas propiedad de sociedades científicas. En estos casos, la editorial comercial puede encargarse de las tareas técnicas y de publicación, pero el control de la revista permanece en la propia comunidad científica. Un ejemplo es Molecular Biology and Evolution (MBE), propiedad de la Society for Molecular Biology and Evolution (SMBE) y publicada por Oxford University Press (OUP). El Consejo (Council) de la sociedad es quien nombra al editor jefe, de modo que la sociedad científica mantiene el control sobre las decisiones editoriales, mientras que OUP se encarga de las funciones técnicas de publicación y producción. La revista cobra APC, pero la mayor parte de los ingresos revierte en la propia sociedad y se destina a financiar sus actividades, como congresos, ayudas de viaje, premios y otros programas para sus miembros. En este modelo, la editorial que presta los servicios de publicación no ocupa la misma posición de influencia y poder que una editorial comercial propietaria de la revista. Este caso muestra que es posible combinar una revista de alto impacto y acceso abierto con un modelo en el que la propiedad, las decisiones científicas y buena parte de los ingresos permanecen dentro de la comunidad investigadora.

Estos cuatro niveles forman parte de una transformación más amplia de la comunicación científica que conecta con la Declaración de Barcelona sobre Información Abierta de Investigación, lanzada en 2024. La Declaración es un compromiso para promover que la información sobre la investigación, como los metadatos de las publicaciones, las referencias, las afiliaciones o la financiación, sea más abierta, accesible, reutilizable y transparente, y para promover infraestructuras gobernadas por la propia comunidad científica. En este sentido, DORA, PCI, S2O, Diamond Open Access y los modelos de revistas controladas por sociedades científicas apuntan en distintas direcciones hacia un mismo objetivo. En conjunto, estas iniciativas pueden contribuir a reducir los incentivos para publicar por publicar, favorecer una investigación de mayor calidad y disminuir la dependencia del sistema científico respecto de los mecanismos comerciales de publicación. No se trata únicamente de eliminar el pago por leer o por publicar, sino de avanzar hacia un ecosistema de comunicación científica en el que las publicaciones, la información que generan y las infraestructuras que las sustentan estén al servicio de la comunidad investigadora. Una tarea difícil pero indispensable: separar los negocios académicos, los incentivos perversos y las dinámicas de prestigio artificial de la honrada investigación científica.



Catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona. Director del grupo de investigación Genómica Evolutiva & Bioinformática. Premio Nacional de Genética (2023). Ha participado en la secuenciación y análisis de varios proyectos genómicos en animales y plantas, y ha desarrollado herramientas bioinformáticas para el análisis de la variabilidad del ADN. Es uno de los científicos más citados de las universidades del Reino de España con más de 57.000 citaciones en Google Scholar.  

Doctor en Economía. Profesor titular del departamento de Sociología en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es presidente de la Red Renta Básica y editor de Sin Permiso.    

Fuente:
www.sinpermiso.info, 20-9-2026  

lunes, 28 de septiembre de 2026

Dejan el diamante por el oro: revistas que abandonaron el acceso abierto "diamante" y ahora cobran por publicar

Publicado en Nature
https://www.nature.com/articles/d41586-026-02818-5 




Cientos de revistas académicas «gratuitas» han comenzado a cobrar tarifas

Un estudio que hace un seguimiento de las revistas de acceso abierto diamante ha detectado un aumento en el número de títulos que están migrando hacia otros modelos de publicación, especialmente durante los últimos años.

Por Dalmeet Singh Chawla

Cientos de revistas académicas que comenzaron siendo gratuitas tanto para publicar como para leer han terminado adoptando un modelo basado en el cobro de tarifas, según un estudio que examinó la evolución de títulos que utilizaban el modelo de acceso abierto (AA) diamante.

El análisis, publicado como preprint a principios de este año, identificó 440 títulos que inicialmente utilizaban el modelo de acceso abierto diamante —en el que los costos de publicación son cubiertos por fuentes como instituciones, organizaciones sin fines de lucro y bibliotecas, en lugar de por los lectores y los autores—, pero que cambiaron a otros modelos de publicación entre 2009 y 2026.

De los 440 títulos, 369 pasaron al acceso abierto dorado, en el que los autores pagan un cargo por procesamiento de artículos (APC); 52 adoptaron el acceso abierto híbrido, en el que las revistas basadas en suscripciones hacen que determinados artículos sean de lectura gratuita a cambio de una tarifa adicional; y 19 quedaron completamente detrás de un muro de pago.

Los APC que las revistas comenzaron a aplicar oscilaron entre 8 y 5,300 dólares estadounidenses y dependían principalmente del tipo de editorial: lo que los autores denominan «editoriales profesionales» normalmente comenzaron cobrando APC más elevados, mientras que las organizaciones de investigación y las editoriales de sociedades académicas comenzaron, en su mayoría, cobrando cantidades menores.

Durante los últimos años, las revistas se han alejado cada vez más del acceso abierto diamante, reveló el análisis.

Los autores, encabezados por Lisa Matthias, especialista en ciencias de la información de la Universidad Humboldt de Berlín, encontraron al menos una «fractura diamante» —el término que utilizaron para describir a las revistas que abandonaron el acceso abierto diamante— cada año desde 2009.

«Pero parece que se están acelerando, ya que la mayoría se produjo a partir de 2020 y 2025 registró el mayor número anual del conjunto de datos», señalan los investigadores.

Entonces, ¿por qué algunas revistas están abandonando un modelo que ha sido popular tanto entre los autores como entre los lectores?

Seguimiento de las «fracturas diamante»

El modelo de acceso abierto diamante ha sido utilizado por revistas académicas durante décadas, pero su popularidad despegó a finales de la década de 2010, en parte debido a la frustración provocada por los elevados APC de diversas revistas, que estaban excluyendo por razones económicas a algunos investigadores, especialmente a aquellos de regiones de menores ingresos. Un análisis de 2021 estimó que, en aquel momento, podía haber hasta 29,000 revistas activas de acceso abierto diamante en todo el mundo.

No existe una única fuente que registre todas las revistas de acceso abierto diamante a escala mundial, por lo que Matthias y sus colegas recurrieron a varios conjuntos de datos para identificar las revistas que habían cambiado de modelo.

Esto significa que el estudio no proporciona una lista exhaustiva de todas las revistas de acceso abierto diamante que abandonaron el modelo durante el periodo estudiado, ni pudo calcular la proporción de revistas que permanecieron en el modelo de acceso abierto diamante. Tampoco examinó las razones por las que cada revista en particular abandonó el modelo.

Sin embargo, los resultados proporcionan información que podría ayudar a explicar el aumento de las fracturas diamante durante ese periodo.

Por ejemplo, entre las revistas que cambiaron de modelo, el 88% permaneció con la misma editorial, lo que significa que la tendencia no puede explicarse simplemente porque las revistas fueran vendidas o adquiridas por otras editoriales, afirma Matthias.

Añade que las revistas que abandonaron el modelo diamante eran «desproporcionadamente títulos más antiguos, consolidados y de mayor tamaño, y no revistas jóvenes con dificultades», lo que sugiere que las decisiones no estuvieron necesariamente motivadas por presiones financieras. El estudio encontró que más de la mitad de las revistas de su conjunto de datos (57%) se «fracturaron» después de al menos nueve años de funcionamiento.

«No parece una historia de supervivencia», afirma Matthias. «Parece que estas revistas y su reputación habían adquirido suficiente valor comercial como para que resultara rentable convertirlas a un modelo diferente».

El estudio también encontró que, aunque las editoriales comerciales representaron la mayoría (78%) de las fracturas diamante, las revistas del conjunto de datos en su conjunto no incrementaron notablemente su producción después de cambiar de modelo, «como cabría esperar si existiera una motivación puramente lucrativa», escriben los autores.

Saray Córdoba, especialista en ciencias de la información jubilada de la Universidad de Costa Rica, en San José, sospecha que algunas revistas podrían haber abandonado el modelo «no porque el acceso abierto diamante sea financieramente insostenible», sino porque consideran que los modelos más comerciales «les aportarán mayor prestigio».

Un futuro incierto

Al examinar las diferencias regionales entre las revistas que abandonaron el acceso abierto diamante, los autores del estudio observaron una «escasez relativa» en América Latina, a pesar del predominio del acceso abierto diamante en la región.

«Para mí, eso sugiere que el modelo diamante puede funcionar y que puede protegerse», afirma Matthias.

Los autores señalan que el apoyo al acceso abierto diamante proporcionado por instituciones de América Latina —por ejemplo, mediante las plataformas de publicación en acceso abierto Redalyc y SciELO, así como por las universidades locales— podría ser suficiente para «evitar las fracturas» de las revistas existentes. Sin embargo, añaden que no está claro si estas organizaciones podrán apoyar en el futuro a una nueva generación de revistas de acceso abierto diamante.

Según Córdoba, las publicaciones de acceso abierto diamante constituyen una «fuente de orgullo» para los investigadores y el público de América Latina, lo que también podría explicar la baja tasa de fracturas diamante en la región.

Yves Gingras, historiador y sociólogo de la ciencia de la Universidad de Montreal, en Quebec, Canadá, sospecha que las revistas latinoamericanas presentan una baja tasa de fracturas diamante porque, por lo general, son publicaciones relativamente pequeñas que resultan más fáciles de financiar para los gobiernos, las universidades y otras instituciones.

Sin embargo, siguen siendo vulnerables a cambios repentinos en la financiación, al igual que las revistas de otras regiones, añade.

«¿Cómo pueden estar seguras de que seguirán recibiendo el dinero necesario para sostener sus revistas durante periodos de dificultades económicas?», pregunta.

Prepararse para el futuro

Nick Shockey, director ejecutivo asociado de la Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition (SPARC), una organización sin fines de lucro con sede en Washington D. C. que promueve la investigación abierta, discrepa de la idea de que las revistas que utilizan el modelo de acceso abierto diamante estén intrínsecamente en riesgo. Señala que el hecho de que no cobren a los lectores ni a los autores no significa que carezcan de estrategias sólidas de sostenibilidad.

Shockey espera que el modelo de acceso abierto diamante continúe porque está «directamente alineado con los mejores intereses de los investigadores y las instituciones de investigación».

Matthias y sus coautores señalan que las fracturas diamante no representan fracasos de revistas individuales, sino que reflejan los desafíos que afrontan las revistas en un ecosistema editorial que «recompensa la comercialización y proporciona alternativas estructurales insuficientes».

Comprender estos desafíos constituye el primer paso para abordarlos, concluyen.

doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-02818-5

El contenido de noticias y suplementos de Nature Index es editorialmente independiente de su editorial, Springer Nature. Para obtener más información sobre Nature Index, consulte su página principal.



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  • NATURE INDEX

  • 22 September 2026

Hundreds of ‘free’ academic journals have started charging fees

A study tracking diamond open-access journals has found an increase in titles switching to other publishing models — especially over the past few years.

By


Hundreds of academic journals that launched as free to publish in and free to read have ended up switching to a fee-charging model, according to a study that examined the fate of titles using the diamond open-access (OA) model.

The analysis, published as a preprint earlier this year1, identified 440 titles that initially used the diamond OA model — in which publication costs are covered by sources such as institutions, non-profit organizations and libraries, rather than readers and authors — but changed to other publishing models between 2009 and 2026.

Of the 440 titles, 369 switched to gold OA, under which authors pay an article-processing charge (APC); 52 changed to hybrid OA, for which subscription-based titles make individual articles free to read for an extra fee; and 19 went entirely behind a paywall.

The APCs that the journals began implementing ranged from US$8 to $5,300 and were mostly dependent on the type of publisher: what the authors refer to as ‘professional publishers’ typically started charging higher APCs, whereas research organizations and society publishers mostly started charging lower amounts.

Over the past few years, journals have increasingly moved away from diamond OA, the analysis revealed.

The authors, led by Lisa Matthias, an information scientist at the Humboldt University of Berlin, found at least one ‘diamond fracture’ — the term they used to describe journals that moved away from diamond OA — every year since 2009. “But they do seem to be accelerating, with the majority occurring from 2020 onwards and 2025 marking the highest annual count in the data set,” the researchers report.

So, why are some journals moving away from a model that has been popular with both authors and readers?

Tracking diamond fractures

The diamond OA model has been used by academic journals for decades, but its popularity took off in the late 2010s, stemming partly from frustration that the high APCs of various journals were pricing out some researchers, especially those in lower-income regions. A 2021 analysis estimated that, at the time, there were as many as 29,000 active diamond OA journals worldwide2.

There is no single source that records all diamond OA journals globally, so Matthias and her colleagues drew on several data sets to identify journals that had switched models.

This means that the study does not provide an exhaustive list of all the diamond OA journals that moved away from the model over the study period, nor could it calculate the proportion of journals that stuck with the diamond OA model. It also didn’t examine the reasons why individual journals moved away from the model.

But the findings do provide insights that could help to explain the increase in diamond fractures over the period.

For example, of the flipped journals, 88% stayed with the same publisher, which means that the trend can’t be explained by the journals simply being sold or acquired by other publishers, says Matthias.

She adds that the journals that moved away from the diamond model were “disproportionately older, more established and larger titles, and not struggling young ones”, which suggests that the decisions weren’t necessarily driven by financial pressures. More than half of journals in their data set (57%) ‘fractured’ after at least nine years of operation, the study found.

“It doesn’t look like a survival story,” says Matthias. “It seems like these journals and their reputation had become commercially worth converting to a different model.”

The study also found that although commercial publishers accounted for the majority (78%) of the diamond fractures, the journals in the data set as a whole did not markedly increase their output after changing model, “as might be expected from a pure profit motive”, the authors write.

Saray Córdoba, a retired information scientist at the University of Costa Rica in San José, suspects that some journals might have shifted away from the model “not because diamond open access is financially unsustainable”, but because they think that the more commercial models “will bring them more prestige”.

Uncertain fate

When looking at regional differences in the journals that moved away from diamond OA, the study authors noted a “relative scarcity” in Latin America — despite the dominance of diamond OA in the region. “To me, that hints that the diamond model can work and it can be protected,” says Matthias.

The authors note that support for diamond OA from institutions in Latin America, such as through the OA publishing platforms Redalyc and SciELO, as well as from local universities, could be enough to “stave off fractures” for existing journals. But they add that it’s unclear whether these organizations can support a fresh crop of diamond OA journals in the future.

According to Córdoba, diamond OA titles are a “source of pride” for Latin America’s researchers and public, which could also explain the low rate of diamond fractures in the region.

Yves Gingras, a historian and sociologist of science at the University of Montreal in Quebec, Canada, suspects that Latin American journals have a low rate of diamond fractures because they are generally relatively small titles that are easier for governments, universities and other institutions to fund.

However, they are still vulnerable to sudden changes in funding, just like journals in other regions, he adds. “How are they sure they will keep receiving the money to sustain their journal in periods of economic problems?” he asks.

Future-proofing

Nick Shockey, associate executive director of the Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition, a non-profit organization in Washington DC that advocates for open research, disagrees that journals with a diamond OA model are inherently at risk. He says that just because they aren’t charging readers or authors, it doesn’t mean they don’t have robust sustainability strategies.

Shockey hopes that the diamond OA model continues, because it is in “direct alignment of researchers and research institutions’ best interests”.

Matthias and her co-authors note that diamond fractures are not failures of individual journals, but reflect the challenges that journals face in a publishing ecosystem that “rewards commercialization and provides insufficient structural alternatives”.

Understanding these challenges is the first step towards addressing them, they conclude.

doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-02818-5

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References
  • Matthias, L., Alperin, J. P. & Laakso, M. Preprint at arXiv https://doi.org/10.48550/arXiv.2606.31302 (2026).

  • Bosman, J., Frantsvåg, J. E., Kramer, B., Langlais, P. & Proudman, V. Preprint at Zenodo https://doi.org/10.5281/zenodo.4558703 (2021).

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Publicado en The Scholarly Kitchen https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/08/06/guest-post-buying-the-middle-reading-the-wiley-emerald-dea...