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miércoles, 29 de julio de 2026

INDIA vive un momento ‘cucaracha’

Publicado en The New York Times https://messaging-custom-newsletters.nytimes.com/dynamic/render?campaign_id=42&emc=edit_bn_20260728&instance_id=179431&isViewInBrowser=true&nl=el-times&productCode=BN&regi_id=223549912&segment_id=223800&sendId=223800&uri=nyt://newsletter/af99e29e-0f82-5400-a7e1-2ab25c23120e&user_id=deb50f61d145a2d39e3c5231ea1ab080 


India vive un momento ‘cucaracha’ 


Por Alicia P.Q. Wittmeyer


Buenos días a todo el mundo. En el último mes, decenas de miles de jóvenes salieron a las calles de toda India a protestar. Y por un momento no estuvo claro a dónde se dirigían las manifestaciones. La policía había reprimido con fuerza; los manifestantes se mantenían firmes en su campaña contra los fracasos del sistema educativo del país y sus propias y escasas perspectivas laborales. Parecía que las cosas podrían ponerse aún más feas en la democracia más grande del mundo.

Luego, durante el fin de semana, el gobierno dio su brazo a torcer. El ministro de Educación de Narendra Modi renunció, en cumplimiento de una exigencia clave de los manifestantes. Las protestas se han cancelado, por ahora.

Pero eso no significa que los problemas del gobierno con los jóvenes de India hayan terminado. Hoy, Anupreeta Das, corresponsal en el sur de Asia que ha estado cubriendo las protestas, escribe sobre el desafío que tiene India para mejorar la vida de su vasta población de menores de 30 años. Si no lo logra, el país corre el riesgo de despilfarrar su potencial, con consecuencias duraderas.


Simpatizantes del Cockroach Janta Party (CJP) en Nueva Delhi el viernes Saumya Khandelwal para The New York Times

El problema de los jóvenes en India

Por Anupreeta Das

Narendra Modi casi nunca cede ante nadie. Pero dio su brazo a torcer ante los jóvenes de India.

El fin de semana, Modi capituló ante las exigencias de los manifestantes, que pedían que su ministro de Educación renunciara. Fue una medida inesperada por parte de un líder de mano dura al que no le agradan las disidencias; que lo haya hecho es un indicio de que Modi sabe que los jóvenes de India tienen un peso considerable. Puede que no sean capaces de mejorar sus propias vidas en este momento —después de todo, por eso están protestando—, pero al menos pueden hacerle la vida más difícil a Modi.

Se supone que la enorme población joven de India es uno de sus activos más importantes, pues cuenta con el potencial de rendir un gran “dividendo demográfico”, como lo llaman los expertos, si Modi juega bien sus cartas. La alta proporción de trabajadores en relación con los jubilados podría ayudar a impulsar la productividad del país hasta bien entrado el periodo en el que se espera que países como China empiecen a tambalearse bajo el peso de sus poblaciones envejecidas.

Pero en su trayectoria actual, India bien podría terminar despilfarrando sus ventajas demográficas. Los críticos dicen que el sistema educativo del país está mal administrado, las tasas de desempleo juvenil son altas y la burocracia está anquilosada. Las disparidades de género persisten en las escuelas y los lugares de trabajo, y la inestabilidad que resulta de una gran fuerza laboral informal obstaculiza el crecimiento.

Ese es un problema para Modi y un problema para el futuro de India. Porque como han demostrado las recientes protestas, si India no descubre cómo crear más empleos para sus jóvenes, la demografía que se suponía que iba a rendir dividendos podría terminar alimentando la inestabilidad.



El primer ministro Narendra Modi en Nueva Delhi la semana pasada Sajjad Hussain/Agence France-Presse — Getty Images


¿Las protestas de la generación Z en India?

Para muchos observadores, las protestas en India trajeron a la mente los levantamientos de la generación Z que se desarrollaron en múltiples países en todo el mundo, incluso en el vecindario regional de India, donde las revueltas estudiantiles de Bangladés y Nepal derrocaron gobiernos.

Un desenlace de ese tipo siempre había sido improbable en un país tan diverso y vasto como India, cuyos 28 estados tienen cada uno sus propios problemas, lo que hace que un movimiento verdaderamente unido sea difícil de lograr.

Aun así, las protestas del último mes ocurrieron a nivel nacional. Y el desafío que enfrenta el gobierno indio es el mismo que enfrentaron Bangladés y Nepal. Necesita construir una economía capaz de crear empleos a un ritmo parecido al ritmo con que las personas ingresan a la fuerza laboral.

Las protestas lideradas por estudiantes fueron una respuesta, de manera más directa, a dos eventos: un comentario despectivo en mayo por parte del principal juez de India, que comparó a los jóvenes desempleados de India con “cucarachas”, y la cancelación de un examen de ingreso a la facultad de medicina sumamente competitivo después de que se descubrió que las preguntas del examen se habían filtrado.

Esos catalizadores fueron insultos que se sumaron a agravios de larga data. El enojo por la cancelación del examen reflejó preocupaciones más amplias sobre la intensa presión dentro del sistema de educación superior de India, donde millones compiten por cupos a menudo asignados a unos pocos cientos de miles. (En mayo, 2,2 millones de estudiantes se presentaron al examen de la facultad de medicina que fue cancelado, en una competencia por aproximadamente 140.000 lugares disponibles).

Y el enojo por el comentario de las “cucarachas” se desarrolló en un entorno donde la competencia por los empleos es feroz. En 2022, 10 millones de personas se postularon para 35.000 empleos ferroviarios, según la empresa estatal Indian Railways. Un estudio muy citado de 2026 realizado por la Universidad Azim Premji descubrió que casi el 40 por ciento de los graduados de entre 15 y 25 años estaban desempleados. Un estudiante que se enteró del comentario del juez fundó el partido con nombre satírico Cockroach Janta Party (Partido Pueblo Cucaracha), el cual encabezó las protestas de este mes.


                               Manifestantes en Nueva Delhi el jueves Saumya Khandelwal para The New York Times


Juventud, poder y la ‘India desarrollada’

La edad promedio en India es de 29 años, y más del 40 por ciento de los indios —unos 600 millones— tienen menos de 25 años. La gran mayoría de la población tiene entre 15 y 64 años, es decir, está en sus años más productivos.

Estas cifras brindan una oportunidad para el crecimiento y desarrollo económicos, pero no rendirán dividendos a menos que se implementen las políticas adecuadas para darles a los jóvenes de India una oportunidad justa de convertirse en trabajadores capacitados, educados y productivos.

El propio Modi ha dicho a menudo que los jóvenes de India son la fuente del poder del país. Cuando presenta a los votantes su visión de Vikshit Bharat, o “India desarrollada”, habla de la dinámica poblacional favorable de India. A Modi le gusta decir que los jóvenes indios impulsarán la transformación del país hacia una potencia mundial económicamente próspera y bien gobernada para 2047, el centenario de la independencia de India.

Por eso fue inusual ver protestas de esta magnitud por parte de una generación que ha sido educada con la creencia de que ha llegado el momento de India y que Modi es el hombre que la conducirá hacia el futuro. Muchas personas con las que hablé durante las manifestaciones dijeron sentirse decepcionadas por el primer ministro, que sus promesas aún no se habían cumplido, pero debido a su enfoque de mano dura frente a las críticas, pocos habían estado dispuestos a enfrentarlo… hasta ahora.

Modi actuó rápidamente al designar a un multimillonario zar de la tecnología, Nandan Nilekani, para liderar la reforma del sistema educativo, una señal para los jóvenes de que su primer ministro los está escuchando. Pero esa es solo una pequeña parte de la rendición de cuentas que exigen. A medida que concluían las protestas, escuché dos líneas de pensamiento. Los optimistas sentían que habían sentado una base sólida para lograr un cambio duradero. Los pesimistas sentían que, a medida que los estudiantes volvieran a sus vidas cotidianas, la gobernanza continuaría como antes. Si eso ocurriera, dijeron, estaban preparados para actuar de nuevo.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

REINO UNIDO: La confianza en las universidades «en mínimos históricos» debido a la escasez de puestos de trabajo para titulados

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/news/faith-universities-new-low-graduate-jobs-dry 



La confianza en las universidades «en mínimos históricos» debido a la escasez de puestos de trabajo para titulados


Las difíciles condiciones económicas pueden haber provocado un aumento en el número de matriculaciones este año, pero los expertos temen que se produzcan daños a largo plazo después de que las instituciones hayan vinculado su futuro a la agenda de empleabilidad.


Publicado el 14 de octubre de 2025


Juliette Rowsell

Twitter: @JulietteRowsell


El «difícil» mercado laboral para los graduados en el Reino Unido podría erosionar aún más la confianza en el sector de la educación superior, ya que los «malos tiempos» no parecen tener visos de terminar.


Los estudiantes que han terminado sus estudios este año se enfrentan a algunas de las condiciones económicas más precarias de los últimos tiempos, lo que se ha traducido en una recesión del mercado laboral.  


Una investigación realizada por la plataforma de contratación Indeed ha revelado que los puestos de trabajo para titulados universitarios se encuentran en su nivel más bajo desde al menos 2018, incluso teniendo en cuenta la pandemia, que dificultó a las empresas la incorporación de nuevos empleados. Las cifras han descendido un 12 % con respecto al año anterior.


El mercado laboral para los titulados universitarios se ha visto afectado por las consecuencias del Brexit, la pandemia y las recientes subidas de las cotizaciones a la seguridad social, según Dan Hawes, cofundador de Graduate Recruitment Bureau, así como por la «economía muy lenta» y la «casi recesión» a la que se enfrenta el Reino Unido.


Aunque Hawes afirma que ha habido períodos difíciles anteriormente, «normalmente hay un ciclo en el que hay épocas buenas y malas, pero este período malo se ha prolongado más allá de lo habitual»


Los políticos del Partido Reformista y del Partido Conservador están utilizando cada vez más la falta de oportunidades para los graduados como argumento para atacar la educación superior. La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, declaró la semana pasada en la conferencia del partido que miles de jóvenes salen de la universidad con «préstamos agobiantes y sin perspectivas reales», al tiempo que anunciaba planes para reducir en 100,000 el número de estudiantes que acceden a la educación superior cada año.


Steven Jones, profesor de educación superior en la Universidad de Mánchester, afirmó que las dificultades llegan en un momento ya de por sí «complicado» para el sector. 


«Las universidades están redoblando sus estrategias de «empleabilidad», pero realmente no importa cuán «empleables» hagamos a nuestros graduados si no hay suficientes puestos de trabajo para ellos», afirmó.


Aunque las universidades están tratando de responder a los cambios en el mercado laboral para los graduados, «les resulta difícil colaborar entre sí, pero también con los proveedores de formación profesional y programas de aprendizaje, cuando su principal objetivo en un mercado competitivo tiene que ser su propia supervivencia», añadió Jones.  


Las universidades a menudo se han beneficiado a corto plazo de la atonía del mercado laboral, ya que esto lleva a más personas a considerar la educación superior para aumentar sus posibilidades de conseguir un empleo. Muchas universidades pudieron aumentar el número de matriculados durante este ciclo de admisión tras recibir un número récord de solicitudes.


Sin embargo, Jones afirmó que «lo preocupante es que los jóvenes ingresan en la universidad no porque hayan encontrado la carrera adecuada y tengan ganas de aprender, sino porque no hay una alternativa viable».


«A largo plazo, eso socava la confianza de la sociedad en la educación superior», afirmó Jones.  


Paul Ashwin, profesor de educación superior en la Universidad de Lancaster, afirmó que los problemas cuestionaban «la conveniencia de establecer un vínculo directo entre la educación superior y el mercado laboral», cuando «la educación superior no controla el mercado laboral».


Los sucesivos gobiernos se han mostrado muy interesados en promover esta retórica, pero él afirmó que las condiciones laborales «ponen de relieve el peligro real de que las universidades se sumen a este discurso de la empleabilidad, como si la educación superior lo hiciera de forma directa, cuando en realidad lo hace de forma indirecta a través de los conocimientos a los que acceden los estudiantes».  


Steven Jones, profesor de educación superior en la Universidad de Manchester, afirmó que las dificultades llegan en un momento ya de por sí «complicado» para el sector.


«Las universidades están redoblando sus estrategias de «empleabilidad», pero realmente no importa cuán «empleables» hagamos a nuestros graduados si no hay suficientes puestos de trabajo para ellos», afirmó.  


Es necesario reposicionar el papel de las universidades en este debate, argumentó Ashwin. «Lo que hacen las universidades es ofrecer a los estudiantes y graduados formas de relacionarse con el mundo que les permiten utilizar los conocimientos que han estudiado para relacionarse con el mundo de una manera nueva. Eso les hace más empleables, pero lo importante es esa forma de relacionarse con el mundo». 


Afirmó que actualmente existe una «desilusión generalizada con la educación superior» tanto entre la derecha como entre la izquierda, y que la confianza en las universidades es «la más baja que he visto» en toda su carrera.


Los estudiantes están «bastante preocupados» por la situación, según Hawes, de la Graduate Recruitment Bureau, y el mercado laboral para los graduados ha cambiado el papel de las empresas de selección de personal. «En cierto modo, nos hemos convertido casi en un servicio de asesoramiento», afirmó, ampliando los servicios para incluir la orientación a los graduados que se enfrentan a dificultades para encontrar trabajo.   


Y las dificultades del mercado laboral van más allá de los puestos de trabajo para titulados, según Hawes, ya que las prácticas y los puestos de trabajo en prácticas se están volviendo «casi tan competitivos» y cada vez más importantes para los empleadores a la hora de contratar.


«No basta con obtener un título... Los estudiantes comienzan su carrera profesional de muchas maneras en el momento en que ponen un pie en la universidad».


Sin embargo, hay algunos aspectos positivos, según Hawes. Él cree que se ha exagerado el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral actual. En los próximos años, la IA podría utilizarse para automatizar tareas administrativas, pero esto podría «aumentar los puestos de trabajo para titulados, ya que se valora más a las personas con cerebro para ponerla en práctica».


«Los empleadores siempre querrán titulados en determinados tipos de disciplinas», afirmó.  


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Faith in universities ‘at new low’ as graduate jobs dry up

Challenging economic conditions may have led to bump in student recruitment numbers this year but experts fear long-term damage after institutions pegged futures to employability agenda

Published on October 14, 2025

Juliette Rowsell

Twitter: @JulietteRowsell

A “challenging” graduate labour market in the UK could further erode trust in the higher education sector, with the “bad times” showing little sign of ending.

Students who finished courses this year are facing some of the most precarious economic conditions in recent times, which has translated into a downturn in the employment market.  

Research by hiring platform Indeed has found that graduate jobs are at their lowest since at least 2018 – even including the pandemic, which made it harder for employers to assimilate new joiners. Figures are down 12 per cent year-on-year.

The graduate employment market has been dashed by the aftermath of Brexit, the pandemic, and recent hikes to national insurance contributions, said Dan Hawes, co-founder of the Graduate Recruitment Bureau, as well as the “very sluggish economy” and “almost recession” the UK is facing.

While Hawes said there have been difficult periods before, “normally there’s a cycle where you have good times and bad times, but this bad period has gone on beyond the usual length of time”.  

Politicians from Reform and the Conservatives are increasingly using a lack of graduate opportunities to take aim at higher education. Conservative Party leader Kemi Badenoch last week told the party’s conference that thousands of young people leave university with “crippling loans and no real prospects”, as she announced plans to cut the number of students going into higher education by 100,000 per year.

Steven Jones, professor of higher education at the University of Manchester, said that the difficulties come at an already “challenging” time for the sector.  

"Universities are doubling down on their ‘employability’ strategies, but it doesn’t really matter how ‘employable’ we make our graduates if there aren't enough jobs for them to go into,” he said.

While universities are trying to respond to the changing graduate labour market, “it’s difficult for them to work collaboratively – with one another, but also with providers of FE and apprenticeship routes – when their main focus in a competitive market has to be on their own survival”, Jones added.   

Universities have often benefited in the short term from sluggish labour markets, because it leads more people to consider higher education to boost their chances of getting a job. Many universities were able to grow intakes during this recruitment cycle after record numbers applied. 

But Jones said the “worry is that young people are entering university not because they’ve found the right course and are hungry to learn, but because there isn’t a viable alternative”.

“In the long run, that chips away at society’s confidence in higher education,” Jones said.  

Paul Ashwin, professor of higher education at Lancaster University, said the problems questioned “the wisdom of positioning a direct link between higher education and the labour market,” when “higher education doesn’t control the labour market”.

Successive governments have been keen to promote this rhetoric, but he said the labour conditions “highlight the real danger of the universities signing up to this employability language, as if higher education does that directly, when it does it indirectly through the knowledge students access”. 

Steven Jones, professor of higher education at the University of Manchester, said that the difficulties come at an already “challenging” time for the sector.

"Universities are doubling down on their ‘employability’ strategies, but it doesn’t really matter how ‘employable’ we make our graduates if there aren't enough jobs for them to go into,” he said. 

While universities are trying to respond to the changing graduate labour market, “it’s difficult for them to work collaboratively – with one another, but also with providers of FE and apprenticeship routes – when their main focus in a competitive market has to be on their own survival”, Jones added.

Universities have often benefited in the short term from sluggish labour markets, because it leads more people to consider higher education to boost their chances of getting a job. Many universities were able to grow intakes during this recruitment cycle after record numbers applied. 

But Jones said the “worry is that young people are entering university not because they’ve found the right course and are hungry to learn, but because there isn’t a viable alternative”.

“In the long run, that chips away at society’s confidence in higher education,” Jones said.

Paul Ashwin, professor of higher education at Lancaster University, said the problems questioned “the wisdom of positioning a direct link between higher education and the labour market,” when “higher education doesn’t control the labour market”.

Successive governments have been keen to promote this rhetoric, but he said the labour conditions “highlight the real danger of the universities signing up to this employability language, as if higher education does that directly, when it does it indirectly through the knowledge students access”.

There needs to be a repositioning of the role of universities in this debate, Ashwin argued. “What universities do is they offer students and graduates ways of engaging with the world that allow them to make use of the knowledge they’ve studied, to engage with the world in a new way. That does make them more employable, but it’s more about that way of engaging the world that’s important.” 

He said there is a “general disillusionment with higher education” currently from both those on the right and left, and said faith in universities is “the lowest I’ve seen” in his career.

Students are “quite anxious” about the situation, the Graduate Recruitment Bureau’s Hawes said and the graduate labour market has changed the role of the recruitment firm. “We’ve almost become a counselling service in some ways,” he said, expanding services to include graduate mentoring for those facing challenges in securing a job.   

And the job market difficulties extend beyond graduate jobs, Hawes said, with internships and work experience placements becoming “almost as competitive” and increasingly important to employers when hiring.

“Just doing your degree is not enough…Students are starting their career in many ways the minute they set foot at university.”

However, there are some positives emerging, Hawes said. He believed that the impact of artificial intelligence on the current job market has been overblown. AI in the coming years may be used to automate admin tasks, but this could “actually augment graduate jobs, because it puts a premium on an actual human with a brain to put it into practice”.

“Employers will always want graduates in certain types of disciplines,” he said.  

juliette.rowsell@timeshighereducation.com


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