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jueves, 22 de octubre de 2026

El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

Publicado en The Scholarly Kitchen https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/06/03/the-rise-of-chinas-scholarly-publishing-system-part-1-chinas-journal-ecosystem-is-accelerating/?informz=1&nbd=567d61ec-36ea-4197-85eb-43e2bd36d175&nbd_source=informz 


El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

Por Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke y Yanli Wang
3 de junio de 2026

Nota del editor: La entrada de hoy está escrita por los colaboradores de The Scholarly Kitchen Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke y Yanli Wang. Ning es fundador y director ejecutivo de TopEdit Author Services. Gareth es consultor especializado en mercados académicos y redes de investigación en China y Asia Central, además de cofundador de Sci-Train. Yanli es directora de servicios editoriales de TopEdit. La segunda parte estará disponible mañana.

China ya no es simplemente un importante contribuyente a la producción científica mundial; cada vez más se está convirtiendo en una fuerza clave que moldea el futuro de la publicación académica. Gracias a una extraordinaria escala de producción de artículos, indicadores de calidad en rápida mejora y amplias redes de colaboración, China está pasando de ser principalmente un mercado de envío de manuscritos a convertirse en un posible centro de gravedad de la ciencia global.

Su ecosistema nacional de publicación de revistas científicas está evolucionando al mismo ritmo. Las revistas chinas están invirtiendo en infraestructura editorial, tecnología de publicación, visibilidad internacional y calidad de la revisión por pares. Lo que antes era un entorno editorial predominantemente local ahora se está posicionando para competir a escala mundial, no solo en volumen de publicaciones, sino también en prestigio, citas e influencia disciplinaria.

Más recientemente, esta evolución se ha extendido más allá de las propias revistas hacia las reglas fundamentales del sistema: las políticas, el financiamiento y la evaluación. China ya no se limita a desarrollar capacidad editorial; está comenzando a influir en la manera en que la investigación se orienta, se financia, se evalúa y se valida.

Comprender qué está ocurriendo realmente y por qué sucede constituye el primer paso necesario antes de considerar cómo deberían responder las editoriales y demás actores del ecosistema de la comunicación científica.

La Fase II en acción: creación de nuevas revistas a gran escala

La evidencia más clara de que la Fase II no es meramente simbólica se encuentra en el ritmo de creación de nuevas revistas científicas. En noviembre de 2024, la Asociación China para la Ciencia y la Tecnología (CAST) anunció el financiamiento de 50 nuevos proyectos de revistas de “alto punto de partida” (High-Starting-Point journals). En 2025, se seleccionaron otras 70 revistas, elevando el total a 120 nuevas publicaciones financiadas bajo la Fase II.

El Plan de Acción para la Excelencia ha ido claramente más allá de la modernización de revistas ya existentes; ahora está impulsando activamente la creación de una nueva generación de publicaciones diseñadas para lanzarse a gran escala. Según se informa, la mayoría serán revistas en lengua inglesa, lo que refuerza la ambición de China de competir por autores, lectores y citas a nivel mundial. Se espera que muchas de ellas comiencen a publicar en 2026.

Entre las instituciones seleccionadas se encuentran universidades de investigación, instituciones médicas y centros especializados de investigación de toda China, lo que sugiere que la propiedad de revistas científicas y el liderazgo editorial se han convertido en vías reconocidas para fortalecer la influencia de disciplinas académicas específicas.

El financiamiento de la investigación como palanca estratégica

Análisis recientes sugieren que China está encaminada a convertirse en el mayor financiador público de investigación científica del mundo en los próximos años. Para 2023, el gasto gubernamental chino en investigación y desarrollo (I+D) había aumentado aproximadamente un 90 % respecto a la década anterior, alcanzando una cifra estimada de 133 mil millones de dólares, mientras que el crecimiento en Estados Unidos y la Unión Europea había sido comparativamente modesto. Las proyecciones indican que China podría superar a Estados Unidos en financiamiento público para la investigación entre 2027 y 2029.

Si una proporción cada vez mayor de la investigación mundial es financiada por instituciones chinas, la atracción natural del sistema científico global tenderá a desplazarse hacia las revistas, plataformas y sistemas de evaluación de China. Mecanismos de política científica como los mandatos de publicación en revistas nacionales y las restricciones al financiamiento de cargos por procesamiento de artículos (APC) no constituyen distorsiones del sistema; son aceleradores que actúan sobre una estructura que ya se encuentra en proceso de transformación.

Históricamente, el liderazgo en el financiamiento de la investigación se ha traducido en liderazgo en influencia científica. Estados Unidos ha ocupado esa posición desde la Segunda Guerra Mundial. Un cambio en el liderazgo del financiamiento representaría no solo un hito numérico, sino una reconfiguración significativa del orden global del conocimiento.

Desde esta perspectiva, el ascenso de las revistas científicas chinas no se explica únicamente por la calidad editorial o la capacidad de sus plataformas; también responde a su alineación con la fuente de inversión en investigación de más rápido crecimiento en el mundo.

En esencia, se trata de una cuestión de diseño de incentivos. Los investigadores no eligen las revistas de forma aislada; responden a sistemas de recompensas, reconocimiento y progresión profesional. A medida que el financiamiento, la evaluación y las políticas científicas se alinean cada vez más estrechamente dentro del ecosistema chino, las decisiones sobre dónde publicar dejan de ser una cuestión de preferencia individual para convertirse en una respuesta racional a una estructura coherente de incentivos.

Intentar competir únicamente a nivel de las revistas, sin intervenir en el nivel de los incentivos que orientan el comportamiento de los investigadores, corre el riesgo de abordar los síntomas en lugar de las causas subyacentes.

Redirigiendo el flujo de la investigación

Los debates de política científica en China indican actualmente que entre el 20 % y el 50 % de la producción científica financiada con fondos nacionales debería publicarse en revistas de propiedad china. Si esta medida se implementa a gran escala, no representaría simplemente una preferencia editorial; constituiría una intervención capaz de moldear el mercado, creando un flujo garantizado de artículos para las revistas nacionales, reforzado por incentivos institucionales y por los mecanismos de financiamiento del Estado.

Este cambio también se está consolidando mediante decisiones directas de financiamiento. La Academia China de Ciencias (CAS), la mayor institución de investigación del mundo, ha señalado que planea dejar de cubrir los cargos por procesamiento de artículos (APC) en 30 revistas internacionales de alto costo, entre ellas Nature Communications, Cell Reports y Science Advances. Esto representa un desafío directo al modelo de ingresos basado en acceso abierto del que han llegado a depender muchos editores internacionales.

Cabe destacar que esta decisión recibió una amplia cobertura en la televisión nacional, algo relativamente poco frecuente y que señala claramente la orientación más amplia de la política gubernamental: redirigir el gasto en investigación hacia la infraestructura editorial nacional y fortalecer la influencia de China en la publicación académica.

Como ha señalado George Cooper, profesor de práctica editorial en el University College London (UCL), este proceso representa un cambio de política impulsado desde arriba que se aleja de los incentivos para publicar en revistas con altos factores de impacto y se orienta hacia la priorización de la infraestructura nacional de investigación de China.

Es probable que estas políticas también provoquen un cambio gradual en el comportamiento de los investigadores. A medida que las revistas nacionales ganen visibilidad, mejoren sus estándares editoriales y se alineen más estrechamente con los sistemas de financiamiento y evaluación, la percepción de que existe una disyuntiva entre el prestigio internacional y la alineación con las prioridades nacionales comenzará a disminuir.

Lo que empieza como una redirección de manuscritos impulsada por la política pública podría evolucionar finalmente hacia un cambio genuino de preferencias, especialmente entre los investigadores en las primeras etapas de sus carreras, cuyos incentivos están más estrechamente vinculados a los sistemas nacionales de evaluación científica.

Influencia editorial y efectos de red

La influencia en la publicación académica suele ejercerse menos a través de la propiedad de las revistas que mediante el control de las redes de intermediación y validación científica, incluidas las vías de revisión por pares, la toma de decisiones editoriales y la configuración de las normas y estándares disciplinarios.

Una vez que una masa crítica de investigadores influyentes en un determinado campo comienza a desempeñarse como editores de revistas chinas, estas publicaciones adquieren no solo credibilidad, sino también acceso privilegiado a los flujos de envío de manuscritos, a las redes de revisores y a las tendencias emergentes de investigación.

Con clasificaciones nacionales más sólidas, un mayor número de manuscritos impulsados por políticas públicas y una inversión institucional en expansión, las condiciones para acelerar este cambio están cada vez más consolidadas.

Integridad de la investigación a gran escala

Los artículos con afiliaciones institucionales chinas representan más de la mitad de las retractaciones registradas por las principales editoriales científicas, a pesar de constituir una proporción significativamente menor de la producción científica mundial. Las retractaciones reflejan no solo casos de mala conducta científica, sino también diferencias en la intensidad de la detección, las prácticas editoriales y los niveles de escrutinio. Una proporción importante de estos casos se ha relacionado con procesos de revisión por pares comprometidos y con la actividad de las denominadas “fábricas de artículos” (paper mills) que operan a gran escala. Las diferencias entre editoriales en la forma de investigar y reportar las retractaciones, junto con posibles variaciones geográficas en los niveles de vigilancia, complican aún más las comparaciones directas.

En conjunto, estos patrones refuerzan una idea más amplia: los desafíos relacionados con la integridad de la investigación son problemas sistémicos, moldeados por los incentivos, los mecanismos de supervisión y la escala de los sistemas científicos, y tienden a hacerse más visibles a medida que estos sistemas crecen. No son problemas exclusivos de China, pero adquieren una importancia proporcionalmente mayor —y consecuencias más significativas para el sistema científico mundial— conforme se expande la producción científica china.

También existen indicios de que los responsables políticos chinos están tomando este asunto con seriedad. En febrero de 2026, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China (MOST) anunció que impondría sanciones a las universidades que no investiguen o castiguen adecuadamente los casos graves de mala conducta científica, especialmente cuando los artículos hayan sido retractados en revistas internacionales. Asimismo, estableció una base de datos nacional de casos graves de mala conducta científica, que será utilizada para determinar la elegibilidad de investigadores e instituciones para recibir financiamiento y participar en programas de desarrollo de talento científico.

Del desarrollo de revistas a la construcción de sistemas

China está tratando la publicación académica como una infraestructura estratégica: una extensión de su capacidad científica y de su influencia global. El énfasis en plataformas, agrupaciones (clusters), capacidad operativa y autonomía en los sistemas de métricas refleja un enfoque cada vez más maduro cuyo objetivo ya no es simplemente la excelencia de las revistas individuales, sino la competitividad de todo el sistema de publicación científica en cada uno de sus niveles.

Este enfoque refleja la estrategia más amplia de desarrollo de China: fortalecer la circulación interna mientras se construye competitividad global. El efecto combinado de los mandatos nacionales de publicación, la creación de nuevas revistas a gran escala, la expansión de las redes editoriales, la inversión en infraestructura y el desarrollo de marcos propios de evaluación está generando las condiciones para un ecosistema de publicación académica paralelo y autosostenido, con sus propios insumos, sistemas de validación y jerarquías de prestigio.

Cada vez resulta más útil interpretar esta situación no como una competencia entre revistas individuales, sino como una competencia entre sistemas, donde cada sistema está compuesto por flujos de financiamiento, canales de publicación, métricas de evaluación, redes editoriales y marcos normativos que se refuerzan mutuamente.

La ventaja estratégica no recaerá en el componente individual más fuerte, sino en el sistema que posea la mayor coherencia interna. En este sentido, la trayectoria actual de China refleja una transición desde la simple participación en el sistema global de publicación científica hacia un papel activo en su transformación.

No se trata de una posibilidad lejana ni de un escenario extremo. Es una tendencia que ya puede observarse en los datos, en la orientación de las políticas públicas y en los comportamientos institucionales descritos anteriormente.

La Parte 2 examina lo que todo esto significa en la práctica para las editoriales internacionales y explora cómo podría articularse una respuesta estratégica y constructiva ante esta transformación. 

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The Rise of China’s Scholarly Publishing System Part 1: China’s Journal Ecosystem Is Accelerating


By Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke, Yanli Wang


Jun 3, 2026


Editor’s Note: Today’s post is by Scholarly Kitchen Chef Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke, and Yanli Wang. Ning is the founder and CEO of TopEdit Author Services. Gareth is a Consultant specialising in scholarly markets and researcher networks in China and Central Asia, and is a co-founder of Sci-Train. Yanli is the Publishing Service Director at TopEdit. Part 2 will be available tomorrow.

China is no longer simply a major contributor to global research output; it is increasingly becoming a key force shaping the future of scholarly publishing. With extraordinary scale in article production, rapidly improving quality metrics, and extensive collaboration networks, China is moving from being primarily a submissions market to a potential center of gravity for global science.

Its domestic journal publishing ecosystem is evolving at a similar pace. Chinese journals are investing in editorial infrastructure, publishing technology, international visibility, and peer review quality. What was once a largely local publishing environment is now positioning itself to compete globally, not only on volume but also on prestige, citations, and disciplinary influence.

More recently, this evolution has extended beyond journals themselves into the underlying rules of the system: policy, funding, and evaluation. China is no longer only building publishing capacity; it is beginning to shape how research is directed, funded, assessed, and validated. Understanding what is actually happening, and why, is the necessary first step before considering how publishers should respond. 

The Excellence Action Plan Moves from Signal to Execution

In 2019, China launched the Science and Technology Journal Excellence Action Plan, aimed at elevating the quality and global standing of Chinese scientific journals. From the beginning, international observers interpreted it as more than an academic modernization program; it was also a strategic move to reduce dependence on Western publishing platforms and reshape the global flow of Chinese research.

In November 2024, the China Association for Science and Technology (CAST) announced the 2024 Special Project under the Excellence Action Plan, effectively marking the launch of its second major phase, widely understood as spanning 2024 to 2028.

Phase I largely focused on identifying and supporting China’s most promising journals. Phase II expands the emphasis toward cultivation: building and developing journals over time rather than simply rewarding established leaders. With a total commitment of 1.2 billion RMB over five years (2024 to 2028), this sustained government investment underscores that China views scholarly publishing as strategic infrastructure rather than a service industry.

Perhaps most strategically significant is the continued focus on digital publishing platforms and journal clusters. Thirteen clusters with a strong foundation were funded in Phase II. Individual journal quality alone does not challenge the market power of major international publishers; infrastructure does. Journal clusters enable shared technology, shared workflows, integrated marketing, unified standards, and economies of scale, precisely the structural advantages that global publishers have historically held.

What deserves particular attention is the role of platform control as a strategic lever. Journal clusters and digital publishing platforms are not simply operational efficiencies; they are coordination mechanisms that shape submission flows, peer review pathways, data capture, and downstream analytics. Over time, platform ownership enables the integration of author services, reviewer networks, research integrity checks, and metrics into a unified environment, creating switching costs and ecosystem stickiness that extend well beyond individual journals. The current focus on platforms is not an implementation detail; it is a long-term play for structural influence over the research life cycle itself. Phase II is not simply funding-driven; it is execution-driven.  

Phase II in Action: Building New Journals at Scale

The clearest evidence that Phase II is not symbolic lies in the pace of new journal creation. In November 2024, CAST announced funding for 50 new “High-Starting-Point” journal projects. In 2025, a further 70 were selected, bringing the total to 120 new journals funded under Phase II. The Excellence Action Plan has moved decisively beyond upgrading existing journals; it is now actively creating a new generation of titles designed to launch at scale. The majority are reportedly English-language journals, reinforcing China’s ambition to compete for global authorship, readership, and citations. Many are expected to begin publishing in 2026.

Research universities, medical institutions, and specialized research institutes across China are all represented in the selections, suggesting that journal ownership and editorial leadership have become recognized pathways to building disciplinary influence. 

Research Funding as a Strategic Lever

Recent analysis suggests that China is on track to become the world’s largest public funder of scientific research within the next few years. By 2023, government R&D spending in China had grown by approximately 90 percent over the preceding decade, reaching an estimated $133 billion, while growth in the United States and the European Union had remained comparatively modest. Projections indicate that China could surpass the United States in public research funding as early as 2027 to 2029.

If a growing share of global research is funded by Chinese institutions, the natural gravitational pull will shift toward Chinese journals, platforms, and evaluation systems. Policy mechanisms such as domestic publishing mandates and APC funding restrictions are not distortions of the system; they are accelerants acting upon an already shifting foundation.

Historically, leadership in research funding has translated into leadership in scientific influence. The United States has held that position since World War II. A transition in funding leadership would represent not just a numerical milestone but a meaningful reconfiguration of the global knowledge order. The rise of Chinese journals, in this light, is not merely about editorial quality or platform capability; it is about alignment with the fastest-growing source of research investment in the world.

This is, at its core, a question of incentive design. Researchers do not choose journals in isolation; they respond to systems of rewards, recognition, and career progression. As funding, evaluation, and policy become more tightly aligned within the Chinese ecosystem, publishing behavior becomes less a matter of individual preference and more a rational response to a coherent incentive structure. Competing at the journal level without engaging at the level of incentives risks addressing symptoms rather than causes.

Redirecting the Flow of Research

Policy discussions in China now indicate that 20 to 50 percent of nationally funded research output should be published in Chinese-owned journals. If implemented at scale, this would not simply represent an editorial preference; it would constitute a market-shaping intervention, creating a guaranteed domestic supply pipeline reinforced by institutional incentives and national funding flows.

This shift is being reinforced through direct funding behavior. The Chinese Academy of Sciences (CAS), the world’s largest research institution, has signaled that it plans to stop covering APCs for 30 high-cost international journals, including Nature Communications, Cell Reports, and Science Advances. This represents a direct challenge to the open access revenue model on which many international publishers have come to rely. Notably, this development received prominent coverage on national television, a relatively rare occurrence that signals the broader direction of government policy: to redirect research spending toward domestic publishing infrastructure and to strengthen China’s own academic publishing influence.

As George Cooper, a lecturer in publishing practice at University College London, has observed, this represents a top-down policy shift away from incentivizing publication in high-impact-factor journals and toward prioritizing China’s domestic research infrastructure.

These policies are also likely to drive a gradual behavioral shift among researchers. As domestic journals gain visibility, improve editorial standards, and become more closely aligned with funding and evaluation systems, the perceived trade-off between international prestige and domestic alignment will begin to narrow. What begins as a policy-driven redirection of submissions may ultimately evolve into a genuine preference shift, particularly among early-career researchers whose incentives are most tightly coupled to national evaluation systems. 

Emerging Metrics Frameworks: The Dongbi Index and Beyond

Launched in 2026 and developed by Dongbi Data, the Dongbi Index covers 12,710 journals across 10 disciplines, extending well beyond the medical and life sciences. Journals are ranked into tiered categories (A, B, C, and D) using citation quality and network analysis rather than raw citation volume, based on the premise that high-quality research cites high-quality research.

The Dongbi Index is not a government initiative, and its uptake within China’s research community continues to develop. Of note, the Xinrui Journal Ranking, released earlier in 2026, has reportedly attracted considerable attention within China’s scholarly publishing community and may prove equally significant as an alternative evaluation framework.

The Journal Impact Factor, administered by Clarivate, has long served as a global gatekeeper of prestige and a core driver of submission behavior. The emergence of China-developed alternatives represents an effort to build evaluation frameworks that are not dependent on Western-controlled systems. Considered alongside the domestic publishing mandate and the APC policy shift, these metrics initiatives contribute to an increasingly integrated domestic publishing logic: fund locally, publish locally, evaluate locally, and gain prestige locally.

The deeper question is whether the field moves from a single dominant hierarchy toward multiple coexisting legitimacy regimes, requiring publishers and researchers alike to navigate overlapping systems of evaluation rather than relying on a single global standard.

Editorial Influence and Network Effects

Influence in scholarly publishing is often exerted less through ownership than through control of gatekeeping networks, including peer review pathways, editorial decision-making, and the shaping of disciplinary norms.

Once a critical mass of influential researchers in a given field begins serving as editors for Chinese journals, those journals gain not only credibility, but also privileged access to submission flows, reviewer networks, and emerging research trends. With stronger domestic rankings, more policy-directed submissions, and expanding institutional investment, the conditions for accelerating that shift are increasingly in place.

Research Integrity at Scale

Papers with Chinese institutional affiliations account for more than half of retractions across major publishers, despite representing a significantly smaller share of global research output. Retractions reflect not only misconduct but also differences in detection intensity, editorial practices, and scrutiny levels. A significant proportion of cases has been linked to compromised peer review and paper mill activity operating at scale. Variation in how publishers investigate and report retractions, alongside possible geographic differences in scrutiny, further complicates direct comparisons.

Taken together, these patterns reinforce a broader point: research integrity challenges are systemic, shaped by incentives, oversight, and scale, and become more visible as research systems grow. They are not unique to China, but they become proportionally more significant, and more consequential for the global system, as China’s research output expands.

There are also signs that Chinese policymakers are taking this issue seriously. In February 2026, MOST announced that it would penalize universities that fail to investigate or sanction serious cases of research misconduct, particularly where papers have been retracted in international journals. It also established a national database of serious misconduct cases to inform funding and talent program eligibility.

From Journal Development to System Building

China is treating scholarly publishing as strategic infrastructure: an extension of scientific capacity and global influence. The emphasis on platforms, clusters, operational execution, and metrics independence signals a maturing approach whose objective is no longer simply journal excellence, but publishing system competitiveness across every layer.

The approach mirrors China’s broader development strategy: strengthen domestic circulation while building global competitiveness. The combined effect of domestic mandates, new journals at scale, editorial network expansion, infrastructure investment, and evolving metric frameworks is creating the conditions for a parallel, self-reinforcing scholarly publishing ecosystem with its own inputs, validation systems, and prestige hierarchy.

It is increasingly useful to view this not as competition between journals, but as competition between systems, each comprising funding flows, publication venues, evaluation metrics, editorial networks, and policy frameworks that reinforce one another. Strategic advantage will accrue not to the strongest individual component, but to the system that is most internally coherent. In that sense, China’s current trajectory reflects a shift from participating in the global publishing system to actively reshaping it.

This is not a distant prospect or a worst-case scenario. It is a trajectory already visible in the data, policy direction, and institutional behavior described above. Part 2 turns to what this means in practice for international publishers, and what a constructive and strategic response might look like.

Ashutosh Ghildiyal

Ashutosh Ghildiyal is Vice President of Growth, Strategy & Brand at Integra, where he leads marketing, brand, and growth initiatives focused on expanding upstream publishing services, including AI-assisted manuscript screening, peer review, and research integrity solutions. His work centers on shaping Integra’s brand as a trusted, future-ready partner in scholarly publishing by articulating value, strengthening market presence, and building meaningful connections with the global research community.

Ning Zhang

Ning Zhang is the founder and CEO of TopEdit Author Services. He is a botanist and lives in the Washington Metropolitan area.

Gareth Dyke

Dr. Gareth Dyke is an accomplished researcher, author, and journal manager with over 380 peer-reviewed publications. With extensive experience bridging academia and publishing, he has worked with Charlesworth, TopEdit, Edanz, Springer Nature, Reviewer Credits, and 4Evolution. He is a Consultant specialising in scholarly markets and researcher networks in China and Central Asia, and is a co-founder of Sci-Train. Holding a PhD from the University of Bristol, he has held faculty positions at University College Dublin and the University of Southampton, and in Beijing and Chengdu, China. Gareth is also an experienced educator, delivering global researcher training sessions and collaborating with institutions across Europe and Asia.

Yanli Wang

Dr. Wang is based in Nanjing, China. With her extensive background as an editor, she has gained a deep understanding of the China’s publishing ecosystem. As Publishing Service Director at TopEdit, she has successfully collaborated with leading international publishers, including Sage, Canadian Science Publishing, and the University of Toronto Press. Her expertise in the publishing field empowers her to connect and foster collaboration among publishing communities worldwide.





jueves, 1 de octubre de 2026

Colusión de intereses entre autores y editores de revistas del área de Negocios

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/news/elite-capture-top-journals-prompts-gatekeeping-concerns 




La «captura de élite» de las principales revistas genera preocupación por el «control de acceso»

Cuando las camarillas dominan, la actividad académica «corre el riesgo de alejarse de una revisión por pares basada en la excelencia y orientarse hacia la defensa de los intereses de grupos privilegiados», advierte un estudio

Publicado el 2 de septiembre de 2026
Última actualización: 2 de septiembre de 2026

Jack Grove
Twitter: @jgro_the

Una pequeña camarilla de académicos está aceptando recíprocamente sus artículos para su publicación en prestigiosas revistas del ámbito de los negocios, infringiendo normas claras destinadas a mitigar los conflictos de interés (COI, por sus siglas en inglés), según afirma un estudio sobre cómo la «gestión recíproca» de los manuscritos enviados a las revistas ha llevado a que un reducido grupo de académicos adquiera un «control desproporcionado» sobre las oportunidades de publicación y de desarrollo profesional.

De los 1,585 artículos publicados entre 2010 y 2024 por dos revistas incluidas en la lista Financial Times (FT) 50, casi la mitad (788) fueron escritos o coescritos por tan solo 54 autores altamente prolíficos, aunque estos académicos representaban únicamente el 2.4 % de los 2,207 autores participantes, según explica un artículo publicado en Journal of Business Ethics.

En el caso de estos autores altamente prolíficos, al menos una cuarta parte de su producción presentaba vínculos con algún editor que razonablemente podrían considerarse un conflicto de interés, como la denominada «aceptación recíproca», señala el estudio. Esto ocurre cuando dos académicos aceptan mutuamente sus respectivos artículos a lo largo del tiempo, una práctica que podría interpretarse como un «intercambio tácito de favores editoriales».

Esta «cohorte de élite» de autores prolíficos era «sorprendentemente homogénea»: el 90 % había obtenido el doctorado en universidades norteamericanas, mientras que solo el 5 % eran mujeres, añade el estudio.

Tras examinar la totalidad del conjunto de datos correspondiente a 14 años mediante un «criterio conservador del observador razonable», el artículo concluye que el 50 % de los 946 vínculos entre autores y editores presentaba «al menos un conflicto de interés definitivo, mientras que otro 11.6 % posiblemente presentaba algún conflicto».

Sin embargo, el alcance de las prácticas nepotistas podría ser incluso mayor de lo que el análisis permite cuantificar, señala el artículo. Por ejemplo, la «reciprocidad futura», en la que un editor acepta el artículo de un autor y posteriormente recibe un trato recíproco, resulta más difícil de demostrar de manera concluyente, aunque los autores identificaron 43 casos en los que probablemente se produjo esta situación.

Dado que la contratación o la promoción académica en las escuelas de negocios depende en gran medida de la publicación en revistas FT50, debería examinarse con mayor detenimiento la función de «control de acceso» (gatekeeping) ejercida por un grupo relativamente reducido de académicos —que actúan como editores de revistas o coautores—, explicó Raffaele Ciriello, profesor titular de la University of Sydney Business School, quien realizó el estudio junto con Vitali Mindel, del Rollins College of Business de la University of Tennessee at Chattanooga.

Las mismas cuestiones podrían plantearse también en otras disciplinas en las que publicar en revistas de élite resulta fundamental para el progreso profesional, añadió.

«La publicación académica se ha convertido en una industria multimillonaria financiada por los contribuyentes, en la que los editores de revistas de élite toman decisiones que determinan las carreras profesionales y configuran campos enteros del conocimiento bajo una supervisión inusualmente débil», declaró Ciriello a Times Higher Education, y añadió: «Nuestro nuevo artículo en Journal of Business Ethics demuestra por qué esto ya no es suficiente».

«El problema más profundo es la captura de élite: un grupo pequeño y densamente interconectado ha acumulado un control desproporcionado sobre oportunidades de publicación de enorme valor y sobre el dinero, las carreras profesionales, el estatus y la autoridad que se derivan de ellas», continuó.

«Cuando los mismos guardianes evalúan mutuamente sus trabajos, la actividad académica corre el riesgo de alejarse de un servicio meritocrático a la sociedad y orientarse hacia los intereses de quienes pertenecen a esos círculos privilegiados».

Sin embargo, este problema es especialmente grave en las revistas del ámbito de los negocios, particularmente en las pertenecientes al grupo FT50, en las que se indica explícitamente a los académicos que deben publicar. En algunas instituciones, las publicaciones en revistas FT50 «conllevan bonificaciones de cinco cifras... que en algunos casos alcanzan hasta el 22 % del salario base anual», añade el artículo, señalando que «la evidencia anecdótica sugiere que esta práctica no es excepcional».

No obstante, el estudio encontró evidencia de una «prevalencia mucho menor de conflictos de interés fuera del FT50», lo que «sugiere que estos patrones proliferan allí donde los incentivos son más fuertes y la supervisión más débil», afirmó Ciriello.

«Por lo tanto, las universidades contribuyen a generar las condiciones para la captura de élite al vincular recompensas y autoridad desproporcionadas con la publicación en las revistas FT50, al tiempo que exigen escasa rendición de cuentas a las propias revistas», señaló.

Los autores están ampliando ahora su análisis a 16 revistas FT50, «a pesar de que existe un interés institucional prácticamente nulo por financiar esta investigación que requiere una gran cantidad de trabajo», explicó Ciriello. «Los patrones que están surgiendo son congruentes con nuestros hallazgos publicados», afirmó.

Al preguntársele cómo podrían los editores de revistas y las instituciones abordar los problemas identificados, Ciriello señaló que se requiere una mayor transparencia tanto en las decisiones editoriales como en los incentivos institucionales, y que los editores deberían apartarse con mayor rapidez de los procesos de decisión cuando surgieran conflictos de interés.

«Una reforma significativa requiere moderar los incentivos asociados al prestigio, hacer obligatoria la recusación en casos de conflicto de interés, divulgar públicamente quiénes son los responsables de las decisiones editoriales y exigir como condición para que una revista conserve su estatus de élite que pueda verificarse la ausencia de conflictos de interés», afirmó Ciriello, y añadió:

«Una autoridad excepcional exige una rendición de cuentas excepcional».


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‘Elite capture’ of top journals prompts ‘gatekeeping’ concerns

Scholarship ‘risks drifting away from excellence-based peer review and towards serving insider interests’ when cliques dominate, warns study

Published on September 2, 2026

Last updated September 2, 2026

Jack Grove

Twitter: @jgro_the

A small clique of academics are accepting each other’s papers for publication in top business journals in violation of clear rules to mitigate conflicts of interest (COI), claims a study on how “reciprocal handling” of journal submissions has led to a handful of scholars gaining “disproportionate control” over publication and career opportunities.

Of the 1,585 articles published by two Financial Times (FT) 50 journals published between 2010 and 2024, nearly half (788) were written or co-written by just 54 prolific authors, although these scholars made up only 2.4 per cent of overall 2,207 contributors, explains a paper published in Journal of Business Ethics.

For these highly prolific authors, at least a quarter of their output involved links with an editor that might reasonably be viewed as a COI, such as “reciprocal acceptance”, it says. This is when two academics accept each other’s papers over time, a practice that might be seen as a “tacit exchange of editorial favour”.

This “elite cohort” of prolific authors was “remarkably homogeneous”, with 90 per cent holding PhDs from North American universities, while only 5 per cent were women, the study adds.

Auditing the entire 14-year dataset using a “conservative reasonable-observer standard”, the paper concludes 50 per cent of 946 author–editor ties had “at least one definitive COI, with a further 11.6 per cent possibly conflicted”.

The extent of nepotistic practices may, however, be worse than the analysis can quantify, says the paper. For instance, “future reciprocity”, in which an editor accepts an author’s paper and later receives reciprocal treatment, is more difficult to conclusively prove, although the authors found 43 cases where this was likely to have occurred.

With academic hiring or promotion in business schools highly dependent on publication in FT50 journals, the “gatekeeping” role held by a relatively small group of scholars (acting as journal editors or co-authors) should come under closer scrutiny, explained Raffaele Ciriello, senior lecturer at the University of Sydney Business School, who co-authored the study with Vitali Mindel, who is based at Rollins College of Business at the University of Tennessee at Chattanooga.

The same questions could also be applied to other disciplines where publication in elite journals is crucial for career advancement, he added.

“Academic publishing has become a multibillion-dollar, taxpayer-funded industry in which elite journal editors make career- and field-shaping decisions under unusually weak oversight,” Ciriello told Times Higher Education, adding: “Our new Journal of Business Ethics paper shows why this is no longer enough.”

“The deeper problem is elite capture: a small, densely connected group has accumulated disproportionate control over highly valuable publication opportunities and the money, careers, status and authority that follow from them,” he continued.

“When the same gatekeepers evaluate one another’s work, scholarship risks drifting away from meritocratic service to society and towards insider interests.”

That problem, however, is particularly acute for business journals, particularly those in the FT50 group where academics are explicitly told to publish. At some institutions, FT50 publications “carry five-figure bonuses…in some cases reaching up to 22 per cent of annual base salary”, the paper adds, noting that “anecdotal evidence suggests this practice is not exceptional”.

However, the study found evidence for a “much lower COI prevalence outside the FT50”, which “suggests that these patterns proliferate where incentives are strongest and oversight weakest”, said Ciriello.

“Universities therefore co-produce the conditions for elite capture by attaching disproportionate rewards and authority to FT50 publication while demanding little accountability from the journals themselves,” he said.

The authors are now extending their analysis to 16 FT50 journals “despite near-zero institutional appetite to fund this labour-intensive research”, said Ciriello. “Emerging patterns are consistent with our published findings,” he said.

Asked how journal editors and institutions might address the problems identified, Ciriello said more transparency over editorial decisions and institutional incentives was required, while editors should be quicker to remove themselves when COIs arose.

“Meaningful reform requires tempered prestige incentives, enforced COI recusal, public disclosure of editorial decision-makers, and auditable COI absence as a condition of elite journal status,” said Ciriello, adding: “Exceptional authority requires exceptional accountability.”

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Aumentan las “víctimas” de los detectores de IA en la literatura mundial

Publicado en La Jornada https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/10/27/cultura/aumentan-las-victimas-de-los-detectores-de-ia-en-la-literatur...