Mostrando entradas con la etiqueta Subscribe to Open. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Subscribe to Open. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de octubre de 2026

La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Publicado en sinpermiso
https://sinpermiso.info/textos/la-cara-oculta-de-la-ciencia-el-incontrolado-poder-de-las-grandes-editoriales-cientificas




La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Julio Rozas Daniel Raventós 17/09/2026

Ya comentamos en un artículo anterior que las publicaciones científicas constituyen el principal medio para difundir y validar el conocimiento científico. A través de ellas se difunden resultados, se someten hipótesis al escrutinio de otros investigadores y se construye, paso a paso, el edificio del conocimiento científico. También vimos algunas de las malas prácticas asociadas al sistema, así como sus mecanismos de autocorrección. Pero hay un aspecto fundamental que conviene destacar: publicar constituye hoy uno de los principales criterios para evaluar y promocionar al profesorado universitario y al personal investigador de los centros públicos. Como ha señalado Philippe Huneman (investigador del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología del CNRS, Francia), la función del artículo de investigación ha cambiado: ya no es únicamente una unidad de conocimiento, sino que se ha convertido también en una unidad de evaluación. Ya no es simplemente, como lo fue durante mucho tiempo, la culminación de una tarea: se ha convertido también en el objetivo que orienta buena parte de la actividad investigadora, en el medio para medir su productividad, en el referente que distingue a los buenos investigadores de los menos buenos y en una pieza clave para el ascenso profesional. El célebre «publicar o perecer» (publish or perish) condiciona buena parte de las reglas del juego académico y genera efectos indeseados: se publican cada vez más artículos, a menudo a un coste elevado, y no siempre con la calidad necesaria. Al mismo tiempo, esta presión por publicar crea incentivos que pueden contribuir a explicar algunas de las malas prácticas que encontramos en la investigación científica, desde comportamientos muy sutiles hasta casos de fraude abierto. Algunos de estos casos trascienden el ámbito académico, aunque son muy pocos. Un ejemplo es el del actual rector de la Universidad de Salamanca. Decía un editorial de El País: “Se trata de otra variante de una práctica clásica que la universidad española haría bien en desterrar: el nefasto ‘hoy por ti, mañana por mí’”. Toda una fábrica de autocitas y de colegas que lo citan; pero no pasa nada: sigue siendo el rector de la Universidad de Salamanca. Otro ejemplo es el del grupo CREA de la Universidad de Barcelona, que se autodisolvió en 2025 y que, además de otras acusaciones mucho más graves que están en trámite legal, también fue objeto de denuncias relacionadas con el uso sistemático de autocitas, todo un ejemplo del autobombo. “La mayor parte de referencias que reciben los artículos, los libros, los proyectos del CREA proceden del propio CREA. Siempre más de la mitad y a veces llega al 80%”, en palabras de un buen conocedor de este grupo. 

En este artículo nos centramos en una dimensión mucho más desconocida del sistema: la económica. ¿Cuánto cobra el investigador por publicar? ¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico? ¿Cuánto dinero mueve el negocio editorial? Y sobre todo ¿qué implicaciones tiene para la ciencia la influencia de las grandes editoriales desde dentro del sistema científico?

Modelo de negocio y dimensión económica

Empezaremos haciendo un pequeño spoiler: los investigadores no solo no cobran por publicar sus trabajos, sino que, en muchos casos, tienen que pagar, y no poco, por hacerlo. De hecho, el negocio editorial científico es muy rentable. Cada año se publican algo más de tres millones de artículos científicos en el mundo, en unas 40.000 revistas, que suponen un negocio para las editoriales de decenas de miles de millones de dólares. La paradoja puede resultar sorprendente para quienes no están familiarizados con el mundo académico: cuando un escritor publica una novela, un ensayo o un libro de divulgación, lo habitual es que la editorial pague al autor por su obra, normalmente mediante un porcentaje de las ventas. En cambio, en la publicación científica, suele ocurrir justo lo contrario, es el investigador, a través de los fondos de sus proyectos de investigación, o de su institución, quien acaba pagando a las editoriales por publicar. ¿Cómo se ha llegado a este modelo? ¿Por qué las grandes editoriales científicas se han convertido en uno de los negocios más rentables del ámbito del conocimiento? Para responder a estas preguntas es necesario adentrarse en la compleja economía de la publicación científica moderna.

Detrás de cada publicación científica existe una compleja cadena de procesos, actores y flujos económicos, donde las editoriales científicas desempeñan un papel central. Su actividad consiste en gestionar la publicación y el acceso a los resultados de la investigación, lo que incluye la recepción de los manuscritos, la coordinación de la revisión por pares (peer review), la edición y preparación de los textos para su publicación, y el mantenimiento de las plataformas digitales que permiten consultar, distribuir y archivar los contenidos. Aunque la distribución impresa aún existe en algunos casos, la mayor parte de la actividad se desarrolla actualmente en entornos digitales.

Tradicionalmente, el negocio consistía en cobrar suscripciones a bibliotecas, universidades y centros de investigación para que sus investigadores pudieran acceder a las revistas y sus contenidos. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado fuerza el modelo de publicación de acceso abierto (open access), en el que los autores o sus financiadores pagan una tarifa de publicación denominada APC (article processing charge), para que el artículo quede disponible gratuitamente para cualquier lector a través de internet. Esto ha provocado un cambio importante en el modelo de negocio. Antes, quienes financiaban el acceso al conocimiento eran fundamentalmente las instituciones suscriptoras; ahora, en el modelo basado en APC, son los propios autores o sus financiadores quienes pagan por publicar. El nuevo modelo introduce así un incentivo para aumentar el número de publicaciones: cuantos más artículos se publican, mayores son los ingresos de las editoriales y, para los investigadores, aumentan también las posibilidades de progresar profesionalmente.

Se estima que el precio de una APC en muchas de las grandes editoriales científicas se sitúa, de media, en torno a los 3.000 dólares por artículo, aunque las diferencias entre revistas son muy importantes y en determinados casos pueden superar los 10.000 dólares. Estas cantidades resultan especialmente llamativas cuando se tiene en cuenta quién realiza buena parte del trabajo que hay detrás de cada publicación científica. Los manuscritos de los artículos científicos son redactados por los propios investigadores, que, además han generado los datos y resultados que posteriormente serán publicados. Antes de su publicación, los trabajos pasan por el proceso de peer review, en el que otros especialistas del mismo campo, independientes de la editorial, examinan críticamente la calidad del trabajo, la solidez metodológica, la relevancia de sus resultados y su reproducibilidad. Este proceso constituye uno de los pilares fundamentales del sistema científico. Sin embargo, en la gran mayoría de casos, los autores no solo deben pagar por publicar sus trabajos, sino que los investigadores que participan en su revisión tampoco reciben una compensación económica directa de las editoriales.

El negocio editorial constituye una industria que mueve miles de millones de dólares al año. En sentido estricto la edición científica representa alrededor de 15.000 millones de dólares, mientras que si ampliamos la mirada al conjunto de los servicios asociados que pueden proporcionar las editoriales (bases de datos; herramientas de acceso; servicios para las universidades, etc.), el mercado alcanza aproximadamente los 30.000 millones. Y es un negocio que no deja de crecer: el número de publicaciones científicas ha aumentado a un ritmo del 5,6% anual, una tasa muy superior a la del crecimiento del número de investigadores. Además, se trata de un sector altamente concentrado en unas pocas editoriales. Cinco grupos, Elsevier (del grupo RELX, editor de The Lancet y Cell, entre otras), Springer Nature, Wiley, Taylor & Francis y SAGE, concentran más de la mitad del mercado editorial académico. Elsevier, líder del sector, edita unas 3.000 revistas científicas. En 2025 publicó casi 800.000 artículos, generó unos ingresos de casi 4.000 millones de dólares, y obtuvo una rentabilidad operativa ajustada (margen de beneficio) cercana al 38%. Y no es un caso aislado: las grandes editoriales científicas presentan también márgenes de rentabilidad extraordinariamente elevados, en varios casos por encima del 30%. Para poner estas cifras en contexto, los dos grandes grupos editoriales españoles, Planeta y PRISA, presentan volúmenes de negocio de alrededor de 2.000 y 900 millones de euros, respectivamente, pero sus márgenes operativos son más reducidos, en torno a un 10% en el caso de PRISA. Aunque la comparación no es estrictamente homogénea, porque se trata de grupos con actividades y estructuras empresariales muy diferentes y no siempre publican las mismas magnitudes financieras, estas cifras permiten hacerse una idea de la elevada rentabilidad que puede alcanzar el negocio de la edición científica.

¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico?

Algunos estudios sitúan el coste de publicar un artículo científico aproximadamente entre 200 y 1.000 dólares. Sin embargo, los APC que pagan los autores pueden ser muy superiores, llegando a alcanzar los 12.850 dólares en revistas de máximo prestigio, como Nature, editada por Springer Nature. ¿A qué se debe esta enorme diferencia? ¿Es justificable un abanico de precios tan amplio? Las editoriales argumentan que los APC cubren, además de la producción y edición del artículo, las inversiones en tecnología e innovación, las medidas para garantizar la integridad científica, las mejoras en la experiencia del usuario y otros esfuerzos destinados a mantener unos elevados estándares de calidad. Todos estos servicios tienen un coste, pero difícilmente pueden explicar por sí solos las diferencias de varios miles de dólares entre unas revistas y otras.

La pregunta es entonces por qué un investigador está dispuesto a pagar una cantidad tan elevada por publicar un artículo en open access en Nature La respuesta tiene poco que ver con el coste técnico de producir el artículo y mucho más con el valor que tiene para el autor publicar precisamente en esa revista. Publicar en una revista como Nature supone mucho más que poner un artículo científico a disposición de los lectores. Su extraordinario prestigio y altísima selectividad le proporcionan una enorme visibilidad dentro de la comunidad científica. Y, sobre todo, publicar en ella puede tener un impacto muy considerable en la carrera profesional del investigador, ya que estas publicaciones pueden resultar decisivas en procesos de contratación, promoción, financiación o evaluación. Desde el punto de vista económico, estamos ante una lógica similar a la de un bien posicional: su valor no depende únicamente de sus características intrínsecas o de su coste de producción, sino también de la posición, el reconocimiento y el prestigio que confiere. Un cuadro original de Wassily Kandinsky puede servirnos como analogía: su precio no guarda una relación directa con el coste de los materiales utilizados para pintarlo. Una parte esencial de su valor procede de su rareza, su autoría, la reputación del artista y el reconocimiento de su obra. Algo similar ocurre con una publicación en Nature o en otras revistas de alto impacto: su valor para el investigador no reside únicamente en el contenido del artículo, sino también en el reconocimiento y el prestigio que aporta haber sido publicado en ellas. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

Y esto no afecta únicamente a los investigadores. También las instituciones científicas tienen fuertes incentivos para acumular publicaciones de sus investigadores en revistas de alto impacto. Algunos rankings universitarios internacionales, como el Academic Ranking of World Universities (Shanghai Ranking), incorporan indicadores relacionados con la producción científica y, entre ellos, las publicaciones en revistas de muy alto impacto. De este modo, el prestigio de determinadas revistas se convierte también en un activo para universidades y centros de investigación. El mecanismo funciona, por tanto, en dos direcciones: los investigadores necesitan publicaciones de prestigio para avanzar en sus carreras, y las instituciones necesitan esas publicaciones para reforzar su posición y reputación. En este contexto, el precio que puede alcanzar una APC deja de estar determinado exclusivamente por el coste de publicar el artículo. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

El volumen de publicaciones y los incentivos perversos

Pero existe también el fenómeno contrario. Hay editoriales y revistas mucho menos selectivas que cobran APC relativamente modestas, pero que pueden generar importantes ingresos gracias a la publicación de un volumen muy elevado de artículos. Si el sistema de evaluación premia el número de artículos publicados, más que su calidad, el incentivo es claro, publicar más, tanto para el investigador como para la editorial. El resultado es un crecimiento extraordinario de la producción científica, y con él, una pregunta inevitable: ¿estamos produciendo más conocimiento o simplemente más artículos? Cuando publicar se convierte en una condición cada vez más importante para progresar profesionalmente, el sistema puede generar incentivos perversos: fragmentación de resultados, proliferación de trabajos de escasa relevancia y estrategias para aumentar artificialmente el número de publicaciones. En los casos más extremos, estos incentivos pueden contribuir a malas prácticas e incluso al fraude científico, como ya hemos comentado en SP. Las publicaciones científicas de las ciencias naturales y de las ciencias sociales no están expuestas necesariamente a los mismos tipos de prácticas dudosas o fraudulentas. Algunas pueden ser comunes a ambos campos, como el uso excesivo de autocitas, mientras que otras dependen de las características de cada disciplina y de sus métodos de investigación. En las ciencias naturales, algunas formas de mala conducta científica pueden manifestarse en la manipulación o fabricación de datos experimentales y en la falsificación de resultados. En las ciencias sociales también pueden darse estas prácticas, pero existen además problemas relacionados con la selección de resultados, la falta de transparencia metodológica o la interpretación sesgada de los datos. La naturaleza de determinadas investigaciones sociales, que a menudo incluye métodos cualitativos y enfoques interpretativos, puede dificultar la verificación de los resultados. Esto hace que la detección del fraude sea más complicada, ya que las conclusiones pueden depender en gran medida de la interpretación del investigador y no siempre pueden ser replicadas de la misma manera que en las ciencias naturales. A destacar:  las ciencias naturales tienen, en general, una tradición más acumulativa, en la que los nuevos trabajos suelen apoyarse explícitamente en un cuerpo de conocimiento anterior. Las ciencias sociales no tanto o mucho menos, algún autor o autora de moda no tiene por qué basarse en el conocimiento anterior para estar muy presente en las revistas académicas. Pero esta es una liebre que hemos soltado y no vamos a perseguir.

El cuarto poder

Con esto llegamos a la cuestión más importante. Como hemos visto, la publicación científica constituye un negocio de enormes dimensiones. Pero lo verdaderamente relevante no es cuánto dinero se mueve, sino el poder que puede generar el hecho de ocupar una posición tan central dentro del sistema científico. Porque quien controla los principales canales de publicación no solo participa en la difusión del conocimiento: también puede influir en las decisiones de los propios investigadores sobre qué y cómo investigar.

Aquí encontramos un desequilibrio importante. Los científicos producen el conocimiento; otros investigadores lo evalúan, a menudo de forma gratuita; las instituciones públicas financian buena parte de la investigación y, sin embargo, unas pocas grandes empresas controlan una parte sustancial de los canales a través de los cuales ese conocimiento adquiere visibilidad, prestigio y valor. Las grandes editoriales científicas, y en particular aquellas que publican las revistas más prestigiosas, podrían considerarse, en cierto sentido, una suerte de “cuarto poder” dentro del sistema científico. En realidad, si queremos ser más precisos, no estaríamos ante un cuarto poder, sino ante un poder oligopólico de enormes dimensiones. No porque decidan qué conocimiento es verdadero, ni porque determinen directamente qué deben investigar los científicos, sino porque ocupan una posición privilegiada en el proceso mediante el cual determinados resultados alcanzan reconocimiento y visibilidad, mientras otros quedan en segundo plano.

El problema surge cuando los criterios editoriales que hacen que un trabajo sea atractivo para una revista de alto impacto, como la novedad, la relevancia, la capacidad de generar atención o el interés para una audiencia amplia, empiezan a convertirse también en los criterios que los propios investigadores necesitan satisfacer para progresar en sus carreras profesionales. El sistema de publicación puede entonces favorecer determinados temas, metodologías o resultados frente a otros. Y eso tiene consecuencias. Puede perjudicar investigaciones menos espectaculares, como las que confirman un conocimiento establecido, las que reportan resultados negativos o los estudios descriptivos, todos ellos científicamente valiosos, pero menos llamativos que un descubrimiento novedoso o inesperado.

Además, publicar en una revista de alto impacto puede condicionar el tipo de investigación que resulta más beneficiosa para la carrera del investigador. La publicación en revistas prestigiosas puede aumentar sus posibilidades de conseguir financiación, una plaza de profesor o de investigador, o una promoción en su centro de trabajo. De esta manera, lo que aparece como un criterio editorial acaba convirtiéndose en un incentivo profesional. Si para avanzar en su carrera los investigadores necesitan publicar en determinadas revistas, tendrán razones para orientar su investigación hacia aquello que estas revistas consideran publicable. 

Las editoriales científicas, por lo tanto, no necesitan decidir qué temas deben investigarse. Su poder deriva de su posición central en el sistema de publicación científica, desde la que pueden influir en buena medida en qué resultados llegan a las revistas más prestigiosas y, por tanto, en la propia actividad investigadora. De este modo, un sistema creado para validar y comunicar el conocimiento puede terminar influyendo, de hecho influyen como venimos afirmando, también en qué tipo de conocimiento recibe mayor reconocimiento. No necesariamente porque exista una decisión consciente de favorecer unos temas sobre otros, sino porque los incentivos del sistema pueden llevar a investigadores, instituciones y revistas a adaptarse progresivamente a aquello que el propio sistema recompensa.

Hacia otro modelo de publicación científica

Existen distintas vías para transformar el sistema actual de publicación científica. Algunas proponen cambios en los sistemas de evaluación, otras buscan que la propia comunidad científica recupere parte de las funciones que hoy desempeñan las editoriales, y otras proponen nuevas formas de financiar, publicar o gobernar las revistas. Son propuestas de distinto alcance y grado de implantación, pero no necesariamente excluyentes entre sí.

La primera de estas vías afecta a los sistemas de evaluación del profesorado y del personal investigador, es decir, a la forma en que se valoran y bareman sus publicaciones y demás méritos científicos, especialmente en los procesos de contratación, acreditación y promoción profesional. Como ya vimos en nuestro artículo anterior, desde la propia comunidad académica se están impulsando cambios en la forma de valorar la actividad investigadora. Un ejemplo es la Declaración de San Francisco sobre Evaluación de la Investigación (DORA). Esta iniciativa plantea dejar de utilizar métricas simplistas, como el número de publicaciones, y avanzar hacia una evaluación más rica, contextualizada y cualitativa. El objetivo es valorar la investigación por su rigor, su relevancia y su contribución real al avance del conocimiento. En la medida en que se reduzca el peso de la cantidad de publicaciones en la evaluación, podría favorecer que se publicaran menos artículos, pero más relevantes, y desincentivar tanto la práctica de publicar por publicar, como la proliferación de las revistas depredadoras.

Un segundo nivel afecta a la propia comunidad investigadora y a su capacidad para organizar directamente la evaluación y comunicación de los trabajos científicos. Desde hace unos años, han aparecido iniciativas como la Peer Community In (PCI), que separa la actividad de publicación de la revisión por pares. En este modelo, es la propia comunidad científica la que asume buena parte de las funciones que tradicionalmente desempeñan las editoriales: selecciona a los especialistas que realizan las evaluaciones, coordina el proceso de revisión y emite las recomendaciones sobre los trabajos. Los informes y las recomendaciones están disponibles para el lector.  Si el artículo es recomendado, los autores pueden mantenerlo disponible públicamente como manuscrito evaluado, publicarlo en Peer Community Journal, que no cobra APC, o enviarlo a alguna de las revistas PCI-friendly, que han acordado tener en cuenta la evaluación de PCI, aunque pueden aplicar sus propias tasas de publicación. Además, PCI permite realizar la revisión por pares de un protocolo incluso antes de llevar a cabo la investigación; con ello, se busca reducir los sesgos y mejorar la reproducibilidad de los resultados. No obstante, este modelo tiene una implantación mucho menor que el sistema tradicional y requiere una considerable dedicación por parte de los investigadores.

Un tercer nivel lo encontramos en modelos que no trasladan directamente el coste ni a los autores ni a los lectores. Uno de ellos es Subscribe to Open (S2O), que utiliza los presupuestos que las bibliotecas destinan a suscripciones para hacer accesibles los contenidos de una revista a todo el mundo, siempre que se alcance un determinado nivel de suscripciones por parte de las instituciones científicas. Otro es el Diamond Open Access, en el que tampoco pagan los investigadores por publicar ni los lectores por acceder a los contenidos: los costes se sostienen mediante una combinación de financiación institucional, procedente de universidades, bibliotecas, organismos públicos, sociedades científicas, entre otros agentes. En principio, S2O parece más fácil de introducir en el sistema actual, ya que aprovecha una fuente de financiación que ya existe: las suscripciones de las bibliotecas. En todo caso, ambos modelos podrían reducir la dependencia de los pagos por artículo y, eventualmente, el volumen económico del mercado editorial, pero no necesariamente la influencia y el poder de las grandes editoriales que controlan las revistas de mayor impacto. Aunque cambiara quién paga por publicar, estas editoriales seguirían ocupando una posición central en la selección de los trabajos, su visibilidad y reconocimiento y, a través de ellos, en los procesos de evaluación y promoción de los investigadores.

Un cuarto nivel lo encontramos en las revistas propiedad de sociedades científicas. En estos casos, la editorial comercial puede encargarse de las tareas técnicas y de publicación, pero el control de la revista permanece en la propia comunidad científica. Un ejemplo es Molecular Biology and Evolution (MBE), propiedad de la Society for Molecular Biology and Evolution (SMBE) y publicada por Oxford University Press (OUP). El Consejo (Council) de la sociedad es quien nombra al editor jefe, de modo que la sociedad científica mantiene el control sobre las decisiones editoriales, mientras que OUP se encarga de las funciones técnicas de publicación y producción. La revista cobra APC, pero la mayor parte de los ingresos revierte en la propia sociedad y se destina a financiar sus actividades, como congresos, ayudas de viaje, premios y otros programas para sus miembros. En este modelo, la editorial que presta los servicios de publicación no ocupa la misma posición de influencia y poder que una editorial comercial propietaria de la revista. Este caso muestra que es posible combinar una revista de alto impacto y acceso abierto con un modelo en el que la propiedad, las decisiones científicas y buena parte de los ingresos permanecen dentro de la comunidad investigadora.

Estos cuatro niveles forman parte de una transformación más amplia de la comunicación científica que conecta con la Declaración de Barcelona sobre Información Abierta de Investigación, lanzada en 2024. La Declaración es un compromiso para promover que la información sobre la investigación, como los metadatos de las publicaciones, las referencias, las afiliaciones o la financiación, sea más abierta, accesible, reutilizable y transparente, y para promover infraestructuras gobernadas por la propia comunidad científica. En este sentido, DORA, PCI, S2O, Diamond Open Access y los modelos de revistas controladas por sociedades científicas apuntan en distintas direcciones hacia un mismo objetivo. En conjunto, estas iniciativas pueden contribuir a reducir los incentivos para publicar por publicar, favorecer una investigación de mayor calidad y disminuir la dependencia del sistema científico respecto de los mecanismos comerciales de publicación. No se trata únicamente de eliminar el pago por leer o por publicar, sino de avanzar hacia un ecosistema de comunicación científica en el que las publicaciones, la información que generan y las infraestructuras que las sustentan estén al servicio de la comunidad investigadora. Una tarea difícil pero indispensable: separar los negocios académicos, los incentivos perversos y las dinámicas de prestigio artificial de la honrada investigación científica.



Catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona. Director del grupo de investigación Genómica Evolutiva & Bioinformática. Premio Nacional de Genética (2023). Ha participado en la secuenciación y análisis de varios proyectos genómicos en animales y plantas, y ha desarrollado herramientas bioinformáticas para el análisis de la variabilidad del ADN. Es uno de los científicos más citados de las universidades del Reino de España con más de 57.000 citaciones en Google Scholar.  

Doctor en Economía. Profesor titular del departamento de Sociología en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es presidente de la Red Renta Básica y editor de Sin Permiso.    

Fuente:
www.sinpermiso.info, 20-9-2026  

domingo, 11 de agosto de 2024

Si los autores tienen que pagar, la mayoría de las investigaciones en humanidades nunca serán de acceso abierto. El modelo "Subscribe to Open"

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/blog/if-authors-must-pay-most-humanities-scholarship-will-never-be-open-access 


Si los autores tienen que pagar, la mayoría de las investigaciones en humanidades nunca serán de acceso abierto


Según Christina Lembrecht, la escasez de fondos significa que sólo el sistema "Subscribe to Open", impulsado por las bibliotecas, es viable fuera del ámbito de las ciencias.


8 de febrero de 2024


Christina Lembrecht 


Hace cinco años, buscaba la manera de convertir en acceso abierto una de nuestras revistas de humanidades por suscripción. Mientras viajaba en tren a una conferencia, investigué diferentes opciones. Si encontrábamos una solución para esta revista, tal vez podríamos aplicar el mismo enfoque a otras. Pero ya tenía claro que los modelos tradicionales de AA no eran los más adecuados.


Fundada en 1749, De Gruyter es una de las editoriales académicas más antiguas del mundo. Cada año publicamos unos 1.500 libros y artículos en 330 revistas de suscripción y 120 de acceso abierto, el 70% de las cuales se refieren a disciplinas de humanidades o ciencias sociales.


El problema al que me enfrenté en ese tren es uno al que se enfrentan todos los editores de humanidades y ciencias sociales (CSH): a saber, que los modelos disponibles para la transición al AA se han desarrollado para las disciplinas STEM. En concreto, aunque las características de la financiación de las STEM implican que el modelo de tasas por procesamiento de artículos (APC) puede funcionar bien, dista mucho de ser la solución universal.


El modelo APC funciona sobre la base de que el investigador individual o la institución dispone de financiación para la investigación en cuestión, pero muchos autores de FSS luchan por conseguir dinero para su investigación. Para los que carecen de financiación, ¿quién va a pagar el coste de la publicación?


Además, las becas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas siempre se han basado principalmente en la realización y publicación de investigaciones originales. Las becas de CSH son diferentes y más diversas. Suele surgir con el tiempo a través del debate, el comentario y la revisión. Una revista típica de humanidades de nuestra cartera comprende un 50% de investigación original y un 50% de "artículos no relacionados con la investigación". En pocas palabras, nadie financia a nadie para que escriba cartas, reseñas de libros y comentarios, así que ¿qué ocurre con estos campos esenciales de la academia en un modelo de pago por publicación? 


Los "acuerdos transformativos" tampoco son necesariamente la clave del acceso abierto universal, como algunos han sugerido. Para nosotros en De Gruyter, pronto se hizo evidente que los autores de las instituciones afiliadas no estaban publicando suficientes artículos en acceso abierto para hacer sostenibles nuestros acuerdos transformativos, y mucho menos para impulsar la transformación a gran escala, a pesar de que más de 700 instituciones de 25 países participaban en acuerdos. El resultado fue que sólo alrededor del 8% de nuestros artículos procedían de acuerdos transformativos en 2021. 


Esto parece ser indicativo de una tendencia más amplia. Los primeros países europeos, así como cOAlition S, han anunciado el fin de su financiación de los acuerdos transformativos debido a su escaso éxito a la hora de impulsar la transformación del acceso abierto a gran escala. Los acuerdos transformativos suelen generar costes insosteniblemente elevados para muchas instituciones y la complejidad administrativa del modelo se ha identificado como un grave problema en toda la comunidad. Los acuerdos transformativos tampoco ofrecen ninguna solución a las instituciones menos financiadas, como se ha señalado a menudo. En resumen, decidimos que necesitábamos un modelo alternativo. 


A menudo se dice que pensamos mejor cuando estamos haciendo algo que no sea estar sentados en la mesa. En ese viaje en tren, me intrigó un nuevo y, en aquel momento, poco conocido enfoque del acceso abierto llamado "Subscribe to Open" (S2O), así que cuando volví a la oficina empecé a profundizar.


S2O consiste en hacer que un título sea de acceso abierto durante un año determinado cuando un número suficiente de bibliotecas renuevan sus suscripciones. Esto tiene dos ventajas principales para las becas de CSH. En primer lugar, no supone ningún coste para el autor, lo que significa que todos los autores pueden publicar con independencia de su institución, ubicación o medios económicos. En segundo lugar, permite financiar la revista en su totalidad, manteniendo el contenido esencial "no relacionado con la investigación" que tanto valoran los especialistas en CSH.


Primero utilizamos S2O en un proyecto piloto para convertir solo una revista. La transición tuvo resultados positivos, por lo que ampliamos el experimento a 11 y luego a 16 revistas en 2023. El año pasado anunciamos que adoptaríamos S2O para la transición del 90% de nuestra cartera de revistas de suscripción en los próximos cinco años.


Confiamos en que la adopción de S2O a gran escala funcionará para nosotros porque, hasta ahora, nuestras experiencias y las reacciones de los clientes y la comunidad han sido abrumadoramente positivas. Los cambios han sido bien acogidos por los consejos editoriales de las revistas. El uso de las revistas que hemos cambiado se ha multiplicado por seis y el número de países que acceden a los contenidos se ha duplicado.


Y lo que es más importante, las instituciones han seguido apoyando los títulos. El problema de los "free riders", es decir, de las bibliotecas que cancelan sus suscripciones sabiendo que pueden seguir accediendo gratuitamente a una revista en cuanto ésta pase a ser de acceso abierto, nos ha parecido hasta ahora meramente teórico. Nuestra experiencia es que las bibliotecas quieren cooperar y están dispuestas a apoyar el acceso abierto.


Lo más probable es que el modelo evolucione en el futuro y tendríamos que pensar en cómo hacerlo sostenible a largo plazo, también a la espera de la evolución del panorama de la financiación. Pero ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él.


Seguimos aprendiendo cada día después de cinco años de andadura en el campo del AA. Pero una cosa está clara. Mientras que los APCs pueden ser la clave para la publicación STEM, HSS necesita un enfoque nuevo y diferente. S2O parece ser la opción más sostenible e inclusiva, no sólo para nosotros, sino para todos en la comunidad de las comunicaciones académicas. 



***********************************


If authors must pay, most humanities scholarship will never be open accessScarce funding means only the library-driven Subscribe to Open scheme is viable outside the sciences, says Christina Lembrecht

February 8, 2024


Christina Lembrecht 


Five years ago, I was searching for a way to transition one of our subscription humanities journals to open access (OA). While travelling by train to a conference, I researched different options. If we could find a solution for this journal, then perhaps the same approach could be used for more. But it was already clear to me that traditional OA models weren’t the right fit. 

Founded in 1749, family-owned De Gruyter is one of the oldest academic publishing houses in the world. We publish around 1,500 books and articles in 330 subscription journals and 120 open-access journals every year, 70 per cent of which cover humanities or social science disciplines.

The problem I grappled with on that train is one that all humanities and social science (HSS) publishers face: namely, that the models available for OA transition have been developed for STEM disciplines. In particular, while the characteristics of STEM funding mean that the article processing charge (APC) model can work well, it is far from the being the universal solution.   

The APC model works on the basis that the individual researcher or institution has funding for the research in question – but many HSS authors struggle to secure money for their research. For those without funding, who is going to pay for the cost of publication?

Furthermore, STEM scholarship is and always has been predominantly based around conducting and publishing original research. HSS scholarship is different and more diverse. It often emerges over time through debate, commentary and review. A typical humanities journal in our portfolio comprises 50 per cent original research and 50 per cent “non-research articles”. Put simply, nobody funds anyone to write letters, book reviews and commentary – so what happens to these essential fields of scholarship under a pay-to-publish model?  

Nor are “transformative agreements” necessarily the key to universal open access, as some have suggested. For us at De Gruyter, it quickly became apparent that authors from affiliated institutions were not publishing enough open-access articles to make our transformative agreements sustainable, let alone drive transformation on a large scale, despite more than 700 institutions in 25 countries participating in agreements. The result was that just about 8 per cent of our articles came from transformative agreements in 2021. 

This seems to be indicative of a larger trend. The first European countries, as well as cOAlition S, have announced an end to their funding of transformative agreements because of their limited success in driving open access transformation on a large scale. Transformative agreements often result in unsustainably high costs for many institutions and the administrative complexity of the model has been identified as a serious issue across the community. Transformative agreements also offer no solution to less well-funded institutions, as has often been noted. So, in sum, we decided we needed an alternative model.   

It is often said that our best thinking comes when we’re doing something other than sitting at our desks – this is certainly true for me. On that train journey, I was intrigued by a new and, at the time, little-known approach to OA called Subscribe to Open (S2O), so when I was back in the office I started to dig deeper.

S2O involves making a title open access for a particular year when enough libraries renew their subscriptions. This has two main advantages for HSS scholarship. First, it involves no cost to the author – which means that all authors can publish regardless of their institution, location or financial means. Second, it supports the journal in its entirety, sustaining the essential “non-research” content that HSS scholars value so highly.  

We first used S2O in a pilot project to convert just one journal. The transition had positive results, so we extended the experiment to 11, then to 16 journals in 2023. Last year, we announced that we would adopt S2O to transition 90 per cent of our subscription journal portfolio over the next five years.

We are confident that adopting S2O at scale will work for us because, so far, our experiences and the reactions from customers and the community have been overwhelmingly positive. The changes have been welcomed by journal editorial boards. Usage of the journals we have switched has increased six-fold and the number of countries accessing the content has doubled. 

Most importantly, institutions have continued to support the titles. The problem of free riders – where libraries cancel their subscriptions knowing that they can keep access to a journal for free as soon as it switches to open access – has remained merely theoretical for us so far. Our experience has been that libraries want to cooperate and are willing to support open access.

The model will most likely evolve in the future and we would need to think about how to make it sustainable in the long run, also pending the further development of the funding landscape. But we will cross that bridge when we get there.

We’re still learning every day five years into our OA journey. But one thing is clear. While APCs might be the key for STEM publishing, HSS needs a new and different approach. S2O seems like the most sustainable and inclusive option, not just for us, but for everyone in the scholarly communications community.  


El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

Publicado en The Scholarly Kitchen https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/06/03/the-rise-of-chinas-scholarly-publishing-system-part-1-chi...