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miércoles, 29 de julio de 2026

INDIA vive un momento ‘cucaracha’

Publicado en The New York Times https://messaging-custom-newsletters.nytimes.com/dynamic/render?campaign_id=42&emc=edit_bn_20260728&instance_id=179431&isViewInBrowser=true&nl=el-times&productCode=BN&regi_id=223549912&segment_id=223800&sendId=223800&uri=nyt://newsletter/af99e29e-0f82-5400-a7e1-2ab25c23120e&user_id=deb50f61d145a2d39e3c5231ea1ab080 


India vive un momento ‘cucaracha’ 


Por Alicia P.Q. Wittmeyer


Buenos días a todo el mundo. En el último mes, decenas de miles de jóvenes salieron a las calles de toda India a protestar. Y por un momento no estuvo claro a dónde se dirigían las manifestaciones. La policía había reprimido con fuerza; los manifestantes se mantenían firmes en su campaña contra los fracasos del sistema educativo del país y sus propias y escasas perspectivas laborales. Parecía que las cosas podrían ponerse aún más feas en la democracia más grande del mundo.

Luego, durante el fin de semana, el gobierno dio su brazo a torcer. El ministro de Educación de Narendra Modi renunció, en cumplimiento de una exigencia clave de los manifestantes. Las protestas se han cancelado, por ahora.

Pero eso no significa que los problemas del gobierno con los jóvenes de India hayan terminado. Hoy, Anupreeta Das, corresponsal en el sur de Asia que ha estado cubriendo las protestas, escribe sobre el desafío que tiene India para mejorar la vida de su vasta población de menores de 30 años. Si no lo logra, el país corre el riesgo de despilfarrar su potencial, con consecuencias duraderas.


Simpatizantes del Cockroach Janta Party (CJP) en Nueva Delhi el viernes Saumya Khandelwal para The New York Times

El problema de los jóvenes en India

Por Anupreeta Das

Narendra Modi casi nunca cede ante nadie. Pero dio su brazo a torcer ante los jóvenes de India.

El fin de semana, Modi capituló ante las exigencias de los manifestantes, que pedían que su ministro de Educación renunciara. Fue una medida inesperada por parte de un líder de mano dura al que no le agradan las disidencias; que lo haya hecho es un indicio de que Modi sabe que los jóvenes de India tienen un peso considerable. Puede que no sean capaces de mejorar sus propias vidas en este momento —después de todo, por eso están protestando—, pero al menos pueden hacerle la vida más difícil a Modi.

Se supone que la enorme población joven de India es uno de sus activos más importantes, pues cuenta con el potencial de rendir un gran “dividendo demográfico”, como lo llaman los expertos, si Modi juega bien sus cartas. La alta proporción de trabajadores en relación con los jubilados podría ayudar a impulsar la productividad del país hasta bien entrado el periodo en el que se espera que países como China empiecen a tambalearse bajo el peso de sus poblaciones envejecidas.

Pero en su trayectoria actual, India bien podría terminar despilfarrando sus ventajas demográficas. Los críticos dicen que el sistema educativo del país está mal administrado, las tasas de desempleo juvenil son altas y la burocracia está anquilosada. Las disparidades de género persisten en las escuelas y los lugares de trabajo, y la inestabilidad que resulta de una gran fuerza laboral informal obstaculiza el crecimiento.

Ese es un problema para Modi y un problema para el futuro de India. Porque como han demostrado las recientes protestas, si India no descubre cómo crear más empleos para sus jóvenes, la demografía que se suponía que iba a rendir dividendos podría terminar alimentando la inestabilidad.



El primer ministro Narendra Modi en Nueva Delhi la semana pasada Sajjad Hussain/Agence France-Presse — Getty Images


¿Las protestas de la generación Z en India?

Para muchos observadores, las protestas en India trajeron a la mente los levantamientos de la generación Z que se desarrollaron en múltiples países en todo el mundo, incluso en el vecindario regional de India, donde las revueltas estudiantiles de Bangladés y Nepal derrocaron gobiernos.

Un desenlace de ese tipo siempre había sido improbable en un país tan diverso y vasto como India, cuyos 28 estados tienen cada uno sus propios problemas, lo que hace que un movimiento verdaderamente unido sea difícil de lograr.

Aun así, las protestas del último mes ocurrieron a nivel nacional. Y el desafío que enfrenta el gobierno indio es el mismo que enfrentaron Bangladés y Nepal. Necesita construir una economía capaz de crear empleos a un ritmo parecido al ritmo con que las personas ingresan a la fuerza laboral.

Las protestas lideradas por estudiantes fueron una respuesta, de manera más directa, a dos eventos: un comentario despectivo en mayo por parte del principal juez de India, que comparó a los jóvenes desempleados de India con “cucarachas”, y la cancelación de un examen de ingreso a la facultad de medicina sumamente competitivo después de que se descubrió que las preguntas del examen se habían filtrado.

Esos catalizadores fueron insultos que se sumaron a agravios de larga data. El enojo por la cancelación del examen reflejó preocupaciones más amplias sobre la intensa presión dentro del sistema de educación superior de India, donde millones compiten por cupos a menudo asignados a unos pocos cientos de miles. (En mayo, 2,2 millones de estudiantes se presentaron al examen de la facultad de medicina que fue cancelado, en una competencia por aproximadamente 140.000 lugares disponibles).

Y el enojo por el comentario de las “cucarachas” se desarrolló en un entorno donde la competencia por los empleos es feroz. En 2022, 10 millones de personas se postularon para 35.000 empleos ferroviarios, según la empresa estatal Indian Railways. Un estudio muy citado de 2026 realizado por la Universidad Azim Premji descubrió que casi el 40 por ciento de los graduados de entre 15 y 25 años estaban desempleados. Un estudiante que se enteró del comentario del juez fundó el partido con nombre satírico Cockroach Janta Party (Partido Pueblo Cucaracha), el cual encabezó las protestas de este mes.


                               Manifestantes en Nueva Delhi el jueves Saumya Khandelwal para The New York Times


Juventud, poder y la ‘India desarrollada’

La edad promedio en India es de 29 años, y más del 40 por ciento de los indios —unos 600 millones— tienen menos de 25 años. La gran mayoría de la población tiene entre 15 y 64 años, es decir, está en sus años más productivos.

Estas cifras brindan una oportunidad para el crecimiento y desarrollo económicos, pero no rendirán dividendos a menos que se implementen las políticas adecuadas para darles a los jóvenes de India una oportunidad justa de convertirse en trabajadores capacitados, educados y productivos.

El propio Modi ha dicho a menudo que los jóvenes de India son la fuente del poder del país. Cuando presenta a los votantes su visión de Vikshit Bharat, o “India desarrollada”, habla de la dinámica poblacional favorable de India. A Modi le gusta decir que los jóvenes indios impulsarán la transformación del país hacia una potencia mundial económicamente próspera y bien gobernada para 2047, el centenario de la independencia de India.

Por eso fue inusual ver protestas de esta magnitud por parte de una generación que ha sido educada con la creencia de que ha llegado el momento de India y que Modi es el hombre que la conducirá hacia el futuro. Muchas personas con las que hablé durante las manifestaciones dijeron sentirse decepcionadas por el primer ministro, que sus promesas aún no se habían cumplido, pero debido a su enfoque de mano dura frente a las críticas, pocos habían estado dispuestos a enfrentarlo… hasta ahora.

Modi actuó rápidamente al designar a un multimillonario zar de la tecnología, Nandan Nilekani, para liderar la reforma del sistema educativo, una señal para los jóvenes de que su primer ministro los está escuchando. Pero esa es solo una pequeña parte de la rendición de cuentas que exigen. A medida que concluían las protestas, escuché dos líneas de pensamiento. Los optimistas sentían que habían sentado una base sólida para lograr un cambio duradero. Los pesimistas sentían que, a medida que los estudiantes volvieran a sus vidas cotidianas, la gobernanza continuaría como antes. Si eso ocurriera, dijeron, estaban preparados para actuar de nuevo.


jueves, 23 de julio de 2026

MÉXICO: UNAM y el fraude con la IA en el examen de ingreso

Publicado en La Jornada
https://www.jornada.com.mx/2026/07/23/opinion/013a1pol




UNAM: nombrar el fraude y enfrentarlo

Imanol Ordorika

Se apresuraron. Sin la preparación técnica necesaria, sin el blindaje normativo indispensable y corriendo riesgos previsibles desde el diseño mismo, la UNAM aplicó por primera vez de manera completamente en línea el examen de ingreso a licenciatura para casi 160 mil aspirantes. El resultado, ocho semanas después, es una crisis de credibilidad que la propia institución hasta ahora no ha reconocido y que no se atreve a llamar por su nombre.

Los datos son inequívocos. Especialistas en análisis estadístico, entre ellos Eduardo Backhoff, ex consejero presidente del INEE, documentaron que la distribución de aciertos de 2026 se aparta por completo de la curva normal registrada en 2025: puntajes perfectos y casi perfectos, muy pocos en años anteriores, se multiplicaron de forma inexplicable. Otros análisis difundidos en redes sociales, comparando resultados por carrera entre ambos años, apuntan en la misma dirección. La propia UNAM reconoció, desde principios de julio, haber detectado, durante la aplicación de este examen, suplantación de identidad, apoyo externo para resolverlo y la operación de empresas que vendían servicios fraudulentos a las familias, al grado de presentar una denuncia penal el 3 de julio. Sin embargo, el comunicado difundido el 21 de julio por la Rectoría –anunciando apenas un informe y una comisión técnica– es, en el mejor de los casos, insuficiente; en el peor, un intento de ocultar la magnitud del problema y de evadir la responsabilidad y el desprestigio de las autoridades.

Ese comunicado no reconoce explícitamente ni la existencia del problema ni la gravedad de la situación: habla de “revisar” y de “atender factores que pudieron intervenir en el desempeño”, un lenguaje aséptico para algo que la propia autoridad ya calificó de posible delito. No ofrece una solución inmediata, ni plazos verificables para el informe o para el trabajo de la comisión: “a la brevedad” no es una fecha, es una promesa sin consecuencias. No asume responsabilidad institucional alguna pese a que fallas de diseño o de vigilancia parecen evidentes. Y, lo más grave, implica que la asignación de lugares para el próximo semestre se basará en los resultados de un proceso que la propia UNAM no puede garantizar como confiable.

Frente a esto, la Universidad no puede eludir tres exigencias simultáneas, igualmente irrenunciables: no se puede aceptar que ingresen quienes hicieron trampa y ocupen de manera ilegítima los lugares de otros aspirantes; no es justo que aspirantes honestos queden fuera porque otros hicieron trampa; y no es posible resolver el problema simplemente ampliando el número de admitidos, tanto porque no borra el fraude como porque, por el tamaño del grupo afectado, resulta logísticamente inmanejable.

No faltan precedentes, tanto de fraudes como de soluciones que otras instituciones han dado. En 2020, ante la evidencia de que los aspirantes compartían preguntas y respuestas por WhatsApp durante su examen en línea, la Universidad Autónoma de Baja California canceló toda la prueba y obligó a repetirla de manera presencial. En India, un primer escándalo de filtración en el examen nacional de admisión a medicina de 2024 llevó a la Corte Suprema a optar por una solución parcial –un nuevo examen sólo para sustentantes con posibles irregularidades–, lo que dejó intacta la desconfianza pública. En 2026, al detectar una filtración similar, el gobierno rectificó: canceló por completo la evaluación y convocó una repetición nacional en la que más de 2 millones de aspirantes volvieron a presentarse. En Argentina, el escándalo de 2025 en el examen único de residencias médicas –con patrones estadísticos tan anómalos como los de la UNAM– llevó a una repetición focalizada de la prueba para los aspirantes con puntajes sospechosos, aunque el carácter parcial de esa medida generó reclamo de quienes debieron examinarse de nuevo. En Perú, la Universidad de San Marcos no canceló su examen virtual de 2020 pese a evidencia de plagio masivo difundido en redes sociales; la inacción alimentó un fraude aún mayor dos años después, que esta vez sí obligó a cancelar todo el proceso de admisión. La lección es consistente: la respuesta tibia no cierra la crisis, la posterga y la agrava.

Nada de esto debería sorprendernos. Hace unas semanas escribí que un examen de opción múltiple, resuelto en tres horas frente a una pantalla, no evalúa vocación ni capacidad intelectual: mide, en el mejor de los casos, una habilidad entrenable que se puede adquirir de manera desigual. Y advertí entonces que, donde un examen estandarizado de alto riesgo concentra semejante poder sobre el futuro de una persona, y donde la oferta de lugares es tan escasa frente a la demanda, es muy factible que florezca un mercado de atajos fraudulentos. El problema no es sólo moral, de aspirantes tramposos; es estructural: se ha construido un embudo tan angosto que incentiva la corrupción del propio mecanismo de selección. Lo ocurrido en julio no contradice esa tesis: la confirma con una precisión que hubiera preferido no tener.

De ahí que la UNAM tenga, ineludiblemente, cuatro tareas por delante. Primero, reconocer públicamente el problema y la gravedad que entraña, sin eufemismos ni medias tintas. Segundo, realizar una auditoría interna y un diagnóstico riguroso que determine el origen real de la anomalía: si se trata de errores técnicos en el conteo de aciertos –hipótesis poco factible dada la magnitud del fenómeno–, de un fraude orquestado desde dentro de la propia institución –que ojalá no sea el caso– o de una acumulación de trampas individuales, quizás alentadas o potenciadas por empresas y “cursos” de preparación que ofrecían atajos ilegítimos –explicable, pero profundamente triste–. Sea cual sea la causa, los números son demasiado grandes para tratarse de casos aislados. Tercero, repetir el examen completo, ahora de manera presencial. Y cuarto, emprender acciones administrativas ejemplares que deslinden responsabilidades y, al mismo tiempo, corrijan lo necesario para evitar que el problema se repita. Actuar así, con transparencia total, con decisiones contundentes y sin proteger a nadie ni ocultar responsabilidades, daría a la UNAM la oportunidad de convertirse en ejemplo de cómo una institución pública enfrenta, con honestidad, una crisis de esta magnitud.

viernes, 24 de abril de 2026

MÉXICO: Cada año 250 mil jóvenes dejan las universidades

Publicado en La Jornada
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/22/politica/cada-ano-250-mil-jovenes-dejan-las-universidades



 


Cada año 250 mil jóvenes dejan las universidades: SEP

22 de abril de 2026

Ciudad de México. En la década reciente, el abandono escolar en la educación superior en México afectó a más de 250 mil jóvenes cada año, cifra que se elevó a más de 330 mil durante la pandemia de covid-19.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el ciclo escolar 2013-2014, 255 mil 965 estudiantes dejaron las aulas universitarias, mientras en el ciclo 2023-2024 fueron 269 mil 919.

En esa década, la cifra de deserción más elevada se reportó en el ciclo escolar 2020-2021, con 332 mil 918 estudiantes que no regresaron a la universidad, es decir, 8.8 por ciento de quienes lograron iniciar su formación superior. Otros 321 mil 239 alumnos lo hicieron en el periodo 2019-2020, y 304 mil 346 en el año lectivo 2021-2022.

El Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 señala en su balance sobre los desafíos del Sistema Nacional de Educación Superior que a fin de frenar esta deserción es fundamental revisar y flexibilizar los planes de estudio para hacerlos “más pertinentes, accesibles y adecuados a la diversidad de contextos del estudiantado”.

En su análisis de los desafíos que subsisten en este nivel educativo, la administración federal reconoce que las barreras van más allá del esfuerzo académico. Están relacionadas, agrega, con factores socioemocionales, económicos, vocacionales y pedagógicos, y con la eficiencia de las instituciones para integrar y acompañar a su estudiantado.

“Superar estos obstáculos requiere fortalecer los sistemas de alerta temprana, el acompañamiento académico personalizado, la flexibilización de las trayectorias académicas, el acceso a apoyos sicosociales, becas y orientación vocacional continua.”

Además, destaca, “se debe impulsar su desarrollo integral mediante actividades culturales, deportivas y de participación estudiantil que promuevan la salud física, el bienestar emocional, el sentido de comunidad y el fortalecimiento de habilidades socioemocionales”.

Matrícula saturada

Otro desafío identificado por la SEP es la alta concentración de inscripciones en un número limitado de programas y áreas del conocimiento. En el ciclo escolar 2024-2025, únicamente 10 carreras de nivel profesional reunieron a 45.7 por ciento de la matrícula nacional, entre ellas derecho, con 383 mil 683 alumnos (7.6 por ciento de estudiantes); administración de empresas, con 275 mil 297 (5.5); ingeniería industrial, con 250 mil 99 (5.0); sicología, con 236 mil 354 (4.7); contabilidad y fiscalización, con 236 mil 91 (4.7); negocios y comercio, con 187 mil 155 (3.7); desarrollo de software, con 186 mil 50 (3.7); enfermería general y obstetricia (3.7); electrónica, automatización y aplicaciones de la mecánica eléctrica (3.6), y medicina general, con 177 mil 763 estudiantes (3.5 por ciento).


jueves, 19 de febrero de 2026

REINO UNIDO: la «maldición» de la trampa de la deuda por préstamos estudiantiles «desmoraliza a la nación»

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/news/curse-student-debt-trap-demoralising-nation?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=editorial-weekly&spMailingID=32540312&spUserID=MTMxNDI2NDE5NzI2MwS2&spJobID=2871913671&spReportId=Mjg3MTkxMzY3MQS2





La «maldición» de la trampa de la deuda por préstamos estudiantiles «desmoraliza a la nación»


La mayoría de los estudiantes ingleses con bajo rendimiento no devolverán los préstamos, argumenta el activista, quien afirma que es necesario hacer más para educar a la gente sobre el sistema.


Publicado el 29 de enero de 2026.


Los altos niveles de deuda estudiantil en Inglaterra son una «maldición» que está «desmoralizando a la nación», según un activista, a medida que aumenta la presión para que el Gobierno tome medidas sobre el pago de intereses.


La mayoría de los estudiantes con préstamos del «Plan 2» están atrapados en una «trampa de deuda estudiantil» en la que «no tienen posibilidad de saldarla», lo que deja a los contribuyentes y al Gobierno con la factura, según Paul Wiltshire, que ha publicado un nuevo informe en el que afirma que el coste no merece la pena para muchos graduados.


En las últimas semanas, políticos y activistas han pedido reformas en los préstamos estudiantiles, que fueron solicitados por quienes comenzaron sus estudios entre 2012 y 2023 —después de que las tasas de matrícula se triplicaran hasta alcanzar las 9,000 libras esterlinas— y que se devuelven en proporción a su salario durante 30 años.


La ira se ha visto agravada por la decisión del Gobierno laborista de congelar el umbral de reembolso en los presupuestos del otoño pasado, una medida calificada como «impuesto encubierto». El experto financiero Martin Lewis advirtió esta semana que la naturaleza «sin ganancia, sin honorarios» del sistema de préstamos, en el que quienes ganan más pagan más, se estaba «disminuyendo rápidamente».


Wiltshire cree que la cuestión está cobrando impulso y que «estallará este año».


En su artículo, «Préstamos para estudiantes: cómo convertir el desánimo en esperanza», sostiene que los resultados de los exámenes A-level pueden ser un indicador de los ingresos futuros, y que los estudiantes que obtuvieron resultados más bajos en los exámenes A-level o BTEC probablemente «no obtendrán ningún aumento en comparación con si no se hubieran graduado».


Modela los ingresos de alguien que obtuvo cuatro A en los exámenes A-level basándose en los datos de Longitudinal Education Outcomes (LEO). Si ganaran 36,900 libras esterlinas un año después de graduarse, aumentando a 50,700 libras esterlinas cinco años después y continuando luego con una trayectoria media, tardarían 27 años en pagar un préstamo «Plan 2» —casi todo el plazo— y sus reembolsos alcanzarían las 87,000 libras esterlinas en términos reales, «mucho más» que el préstamo original. 


Los graduados que hayan obtenido tres A en el A-level pagarán una media de 78,300 libras, según las previsiones de Wiltshire. Aunque esta cantidad también es considerablemente superior al préstamo original, no les permitiría saldar la deuda completa en el plazo de amortización de 30 años. Según él, con este sistema, es poco probable que quienes hayan obtenido calificaciones inferiores a estas puedan devolver el préstamo, por lo que los contribuyentes tendrán que pagar el resto.


«Todos los demás están atrapados en la trampa de la deuda de los préstamos estudiantiles, con salarios que no alcanzan ni de lejos para pagar el préstamo y sin posibilidad de evitar el pago del 9 % de impuestos durante 30 años, a menos que tengan acceso a fondos para realizar pagos voluntarios superiores al importe adeudado», afirma el informe.   


Los graduados con préstamos «Plan 5», introducidos para los estudiantes en 2023 con un plazo de amortización más largo de 40 años, un umbral de amortización más bajo pero un interés más bajo, son más propensos a pagar sus préstamos, pero los estudiantes que obtuvieron tres C o menos en el nivel A siguen siendo poco propensos a devolverlos.


«No tiene sentido participar en algo que solo te va a endeudar y que no va a ayudar a tu carrera», declaró Wiltshire a Times Higher Education.


Afirmó que la deuda se convierte en una «maldición» para los estudiantes y está creando un sistema que «desmoraliza a la nación y genera un enorme lastre fiscal».


Wiltshire sostiene que debería haber un requisito mínimo de acceso de alrededor de tres B para poder optar a la financiación para estudiantes, o «alrededor del 15-25 % de la población». 


«Cualquier nivel académico previo inferior inclina la balanza de probabilidades asociadas con la compra de un título (dado el coste total de 90,000 libras esterlinas) y los probables malos resultados que se derivan de ello, en la dirección de que es mucho más probable que cause un perjuicio a las finanzas de los jóvenes adultos que un beneficio».


Además, sostiene que se deberían introducir límites al número de estudiantes para restringir la admisión en la universidad a alrededor del 20 % de los jóvenes, y afirma que los puestos de trabajo para titulados universitarios deberían «prohibirse», calificándolos de «discriminación» contra los jóvenes de 18 años sin título universitario.


Wiltshire afirma que el Gobierno debería fomentar una mentalidad de «devolución» permitiendo a las personas cambiar del plan de pago «Plan 2» al «Plan 5» para garantizar un tipo de interés más bajo, eliminando algunos de los desincentivos para realizar pagos voluntarios en exceso al hacerlos reembolsables y ofreciendo incentivos fiscales a las personas que realicen pagos en exceso, ampliando potencialmente esta medida a los empleadores que puedan pagar en nombre de sus empleados. 



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‘Curse’ of student loan debt trap ‘demoralising the nation’


Most low-performing English students will not repay loans, argues campaigner, who says more needs to be done to educate people about system


Published on January 29, 2026  


Juliette Rowsell


Twitter: @JulietteRowsel


High levels of student debt in England is a “curse” that is “demoralising the nation”, according to a campaigner as pressure grows for the government to act on interest payments.

The majority of students on “Plan 2” loans are stuck in “a student debt trap” where they have “no chance of paying it off”, leaving taxpayers and the government to pick up the bill, said Paul Wiltshire, who has published a new report alleging the cost is not worth it for many graduates.

Politicians and campaigners have in recent weeks called for reforms to the student loans, which were taken out by those who started courses between 2012 and 2023 – after tuition fees were tripled to £9,000 – and pay them back as a proportion of their salary for 30 years.  

Anger has been exacerbated by the Labour government‘s decision to freeze repayment threshold in last autumn‘s budget, a move labelled a “stealth tax”. Financial expert Martin Lewis warned this week that the “no win, no fee” nature of the loans system, in which those who earn more pay more, was being “rapidly diminished”.

Wiltshire believes that the issue is gaining momentum and is going to “explode this year”.  

In his paper, Student Loans: How to turn despondency into hope, he argues that A-level results can be an indicator of future earnings, with students who achieved lower A-level results or BTECs unlikely to “get any uplift at all compared to if they hadn’t been graduates”.

He models earnings of someone who achieved four As at A level based on Longitudinal Education Outcomes (LEO) data. Should they earn £36,900 one year after graduation, rising to £50,700 five years later and then continuing on an average trajectory after that, they would take 27 years to pay off a “Plan 2” loan – almost the whole term – with their repayments reaching £87,000 in real terms, “far higher” than the original loan.  

Graduates who achieved three As at A level will pay on average £78,300, Wiltshire predicts. While this is also significantly higher than the original loan, this would not see them pay off the full debt in the 30-year repayment period. Under this system, anyone with grades lower than this is unlikely to pay back the loan, leaving taxpayers to pay the rest, he argues.

“All others are stuck firmly in the student loan debt trap with salary profiles nowhere near enough to pay off the loan, and no way of avoiding paying nine per cent tax for 30 years unless they have access to funds to make voluntary over-payments”, the report says.   

Graduates with “Plan 5” loans, introduced for students in 2023 with a longer repayment term of 40 years, a lower repayment threshold but lower interest, are more likely to pay off their loans, but still students who obtained three Cs and below at A level are unlikely to pay it back.

“There’s no point in participating in something that’s only going to get you into debt, and it’s not going to help your career,” Wiltshire told Times Higher Education. 

He said that the debt becomes a “curse” to students and is creating a system which is “demoralising the nation and creating enormous fiscal drag”.

Wiltshire argues that there should be a minimum entry requirement of around three Bs to qualify for student finance, or “at around 15-25 per cent of the population”. 

“Any lower level of prior academic attainment tips the balance of probabilities associated with buying a degree (given the overall cost of £90,000), and the likely ensuing poor outcomes, in the direction of being much more likely to cause harm to young adults’ finances than good.” 

He further argues that student number caps should be introduced to limit university intake to around 20 per cent of young people, and he said graduate jobs should be “banned”, calling them “discrimination” against 18-year-olds without a degree.

Wiltshire says that the government should encourage a “pay it back” mentality by allowing people to switch from “Plan 2” to “Plan 5” repayment plans to secure a lower interest rate, removing some of the disincentive to making voluntary overpayments by making them refundable and providing tax incentives to individuals who make overpayments, potentially extending this to employers who might pay on behalf of employees. 

juliette.rowsell@timeshighereducation.com


FRANCIA se convierte en el primer país europeo en vetar el acceso a redes sociales a menores de 15 años

Publicado en El País https://elpais.com/sociedad/2026-07-21/francia-se-convierte-en-el-primer-pais-europeo-en-vetar-el-acceso-a-redes-social...