viernes, 2 de octubre de 2026

[RANKING QS 2027] La UBA estoica, pero Argentina tiene la mayor caída en América Latina. Brasil domina en el tablero

Publicado en Latinometrics
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La universidad pública de Argentina vuelve a liderar América Latina... pero Brasil sigue dominando la presencia académica más amplia de la región ↓


Gabriel Terra


Puede que la selección de fútbol de Argentina no haya vuelto a levantar el trofeo de la Copa del Mundo, pero el país alberga la mejor universidad de América Latina por tercer año consecutivo.


Las cifras más recientes no están nada mal para la Universidad de Buenos Aires (UBA), que hace apenas unos años ocupaba el noveno puesto de la región.

Fundada en 1821 y ubicada en la capital nacional, la UBA es una universidad pública argentina que ofrece educación superior gratuita a más de 300 mil estudiantes en más de 110 programas de grado y 550 de posgrado.


Con una comunidad de egresados que incluye a cuatro ganadores del Premio Nobel y 17 expresidentes argentinos, la UBA fue clasificada como la 84.ª mejor universidad del mundo en el QS World University Rankings 2027. En los últimos dos años, la UBA ha sido la única universidad latinoamericana en entrar en el top 100 mundial.


Esto refleja la creciente ventaja competitiva de la institución frente a sus principales rivales regionales: la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC Chile), la USP - Universidade de São Paulo (USP) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


También indica un aumento de la competencia en la educación superior a nivel mundial, especialmente por parte de las universidades asiáticas.


Hace apenas dos años, la UBA compartía el top 100 de las mejores universidades del mundo con sus principales homólogas de Brasil y México.


En ese entonces, la USP y la UNAM ocupaban, respectivamente, el primer y segundo puesto entre las mejores universidades de América Latina, en consonancia con las tradiciones brasileña y mexicana de excelencia académica.


💌 la historia continúa...




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Por qué las universidades argentinas registraron la mayor caída de América Latina en el ranking QS, según los especialistasAunque la UBA se mantuvo entre las diez mejores de la región, 17 instituciones del país perdieron posiciones. Qué dicen los investigadores sobre el peso de la reputación académica, la investigación, la organización institucional y las restricciones de financiamiento

01 Oct, 2026 
Actualizado: 01 Oct, 2026 

La Argentina registró la mayor caída neta de América Latina en la nueva edición del ranking QS, con 17 universidades que perdieron posiciones, aunque la Universidad de Buenos Aires (UBA) conservó el décimo lugar regional.

Quacquarelli Symonds (QS), la consultora británica que elabora la clasificación, vinculó ese desempeño con las continuas restricciones financieras, aunque destacó fortalezas argentinas en reputación académica, reconocimiento entre empleadores y recursos docentes.

“Las universidades argentinas siguen demostrando una reputación sólida en toda América Latina. La UBA mantiene su posición entre las instituciones líderes de la región y varias universidades logran avances notables”, señaló Ben Sowter, vicepresidente sénior de QS. Sin embargo, advirtió sobre las “crecientes presiones sobre el sector”, los resultados más débiles en investigación y la tendencia general de descenso en la clasificación.



Ranking QS: las diez principales universidades de América Latina y el Caribe para el año 2027 (Imagen Ilustrativa Infobae)

La edición 2027 muestra luces y sombras del sistema de educación superior argentino: el contraste entre una institución que se mantiene en la élite y un sistema con resultados dispares.

La clasificación reúne a 517 instituciones de 27 países de América Latina y el Caribe. Entre las 46 universidades argentinas incluidas, ocho mejoraron su ubicación y 20 se mantuvieron estables. La UBA fue la única del país dentro de las diez primeras.

Ante la consulta de Infobae sobre esta nueva edición del ranking QS, Martín Nistal, director del Observatorio de Argentinos por la Educación, señaló que los resultados deben leerse como parte de procesos que exceden una sola variable. “Si los presupuestos caen, se hace más difícil retener a los mejores docentes”, afirmó.

Los rankings combinan indicadores de investigación y condiciones de enseñanza con componentes de reputación que las instituciones construyen a lo largo de los años, por lo que una menor disponibilidad de recursos puede afectar esa percepción a futuro.

La UBA sostuvo su posición regional con buenos resultados en cuatro indicadores

La UBA mantuvo el puesto 10, que ocupa desde la edición 2025, y quedó segunda en América Latina en reputación académica y reputación entre empleadores. También figuró entre las diez mejores de la región en cuatro de los ocho indicadores de QS.

La universidad avanzó del séptimo al cuarto lugar en impacto en la web y mejoró del puesto 26 al 21 en la relación entre docentes y estudiantes. El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, sostuvo que el resultado “renueva nuestro compromiso y responsabilidad como institución académica”.

“Este reconocimiento es el resultado del trabajo de docentes, nodocentes, científicos y de todas las personas que conforman nuestra institución, quienes a pesar de la crisis, continúan trabajando por y para todas y todos los argentinos”, señaló Gelpi en un comunicado.

La investigación expone una debilidad que va más allá de los resultados de un año

Para armar su tabla regional, QS pondera ocho variables vinculadas con el prestigio académico y laboral, las condiciones de enseñanza, la producción y el impacto científico, la formación doctoral, la presencia digital y la cooperación internacional.

La principal fragilidad argentina está en la producción científica. Ninguna universidad del país figura entre las 50 primeras de la región en citas por artículo ni entre las 90 primeras en publicaciones por profesor. En ambos rubros, el promedio nacional quedó por debajo del regional.

Julio César Durand, director del Doctorado en Educación Superior de la Universidad Austral, la institución privada de educación superior mejor posicionada de Argentina en el ranking, señaló a Infobae que el resultado actual debe leerse con cautela: QS considera períodos de varios años para medir publicaciones y citas, por lo que la clasificación recoge procesos previos.

“Los períodos de desarrollo de la investigación y de las publicaciones son de varios años”, dijo Durand a Infobae. El especialista en reputación universitaria sostuvo que la debilidad de la producción científica universitaria también se relaciona con factores organizativos, como la escasez de docentes con dedicación exclusiva y la estructura de un sistema público masivo.

En ese sentido, planteó que fortalecer las dedicaciones exclusivas y las carreras académicas puede ser una vía para mejorar la capacidad de investigación de las universidades. Advirtió, de todos modos, que las restricciones presupuestarias pueden incidir en esos indicadores a futuro.

En el caso de la Austral, Durand atribuyó su desempeño sostenido a la continuidad de un modelo que combina educación personalizada, desarrollo de la carrera académica y contratación de profesores con dedicación. “Podemos ver desde hace varios años que se ubica como la mejor universidad de gestión privada del país en cuanto a su posicionamiento en esta tabla”, afirmó.


El especialista también destacó que la institución encabeza la producción científica entre las universidades privadas argentinas y sostuvo que su estabilidad, junto con la de la UBA, contrasta con las variaciones que muestran buena parte de las casas de estudio del país en el ranking regional.

Juan Pablo Carranza, subsecretario de ciencia y tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), destacó a Infobae: “El principal factor detrás de esta medición es el compromiso de toda la comunidad universitaria, que atravesada por una restricción de fondos muy agresiva, ha doblegado sus esfuerzos para sostener el funcionamiento de la institución”.

En tanto, Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET, además de coautor del informe Presupuesto educativo nacional 2027 de Argentinos por la Educación, consideró que el efecto de las restricciones sobre las publicaciones y las citas se percibirá con mayor claridad en el mediano plazo.

“No es solo una cuestión de financiamiento, pero sin financiamiento el deterioro es inevitable”, afirmó a Infobae. Curcio señaló que las universidades con mayor prestigio y trayectoria, como la UBA, tienen más capacidad para sostener su reputación, aunque advirtió que esa fortaleza puede erosionarse si no se revierten las condiciones que afectan a docentes e investigadores.

El retroceso no fue uniforme

El vicerrector, Emiliano Yacobitti, destacó el compromiso con la universidad pública y de calidad, y vinculó la continuidad de ese desempeño con las condiciones de trabajo dentro de la casa de estudios. “Para poder seguir en este camino, es primordial que nuestros trabajadores cuenten con salarios acordes con el inmenso trabajo que realizan cada día”, afirmó. Y agregó: “Invertir en educación, en salud y en ciencia es invertir en el futuro y en el desarrollo del país”.

La UNC fue una de las instituciones que avanzó en la clasificación: pasó del puesto 33 al 30 y se incorporó al grupo de las 30 primeras de América Latina.

El subsecretario de Ciencia y Tecnología de la UNC, explicó a Infobae que, “entre otros factores que acompañan el esfuerzo de docentes, nodocentes y estudiantes, y que explican el ascenso en el ranking se pueden mencionar la estrategia de la UNC para sistematizar y poner a disposición toda la información institucional, mediante su portal de transparencia, lo que facilita el proceso de medición. Además, la UNC tomó la decisión de priorizar la inversión, en buena medida con fondos generados por la misma institución, para sostener el sistema de ciencia y tecnología”.

También mejoraron la Universidad de San Andrés, del 51 al 44, y la Universidad Nacional de San Martín, del 102 al 94, su mejor ubicación histórica.

En sentido contrario, retrocedieron la Universidad Torcuato Di Tella, la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad Nacional de Cuyo, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y las universidades nacionales del Sur y de Mar del Plata, entre otras.

El panorama es distinto en las redes internacionales de investigación: la UBA ocupó el décimo lugar regional, la Universidad Nacional de La Plata quedó en el 32 y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), en el 43. Argentina también registró el mejor promedio entre los países más representados en la proporción de profesores por estudiante.

La restricción de recursos se suma a los desafíos de organización e investigación

QS vinculó el desempeño argentino con las restricciones financieras y advirtió sobre su efecto en salarios, investigación y retención de talento.

Nistal coincidió en que el deterioro del financiamiento es relevante, aunque planteó que la clasificación también recoge reputación acumulada durante años. Según explicó, la menor disponibilidad de recursos puede complicar la retención de docentes y el sostenimiento de las condiciones necesarias para la actividad universitaria.

El Gobierno nacional concentra buena parte de su presupuesto educativo en las universidades: para 2027, ese nivel absorbería el 80,1% de los recursos de la Secretaría de Educación. Como anticipó Infobae, el informe Presupuesto educativo nacional 2027, elaborado por Argentinos por la Educación, proyectó que la inversión nacional en Educación y Cultura llegará al 0,79% del Producto Interno Bruto (PIB) el año próximo, frente al 1,42% de 2023. Para 2026, el indicador se ubicó en el 0,77% del PIB, el menor registro en al menos dos décadas.

Los recursos destinados a las universidades nacionales pasarían del 0,71% del PIB en 2023 al 0,53% en 2027, según el informe. Consultado sobre los resultados de QS y restricciones financieras, el economista Tomás Besada, coautor del informe sobre presupuesto educativo, señaló a Infobae que esa baja, cercana al 25% en relación con el tamaño de la economía, condiciona el funcionamiento de las universidades.

“En ese contexto, es razonable pensar que sostener investigación, salarios, infraestructura y formación de recursos humanos se vuelve más difícil”, afirmó. Aclaró que la posición de la UBA en los rankings también responde a dimensiones que exceden el presupuesto, como la reputación académica, la trayectoria institucional y la producción científica.

Besada indicó que para 2027 se prevé una variación real de apenas 0,3% para el presupuesto universitario respecto de 2026, después de años de caída. Sin embargo, advirtió que el nivel proyectado permanece por debajo de 2023 y no contempla una recomposición compatible con la aplicación plena de la Ley 27.795 de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente.

“La restricción al financiamiento de las universidades no destruye inmediatamente sus capacidades institucionales, dado el compromiso de su comunidad, pero las erosiona y limita a mediano plazo, dado que cada vez más miembros de la comunidad académica ven un horizonte menos comprometido fuera del ámbito de la institución”, indicó Carranza, de la UNC.

En ese sentido, muchos de los especialistas coinciden en que los recursos son una condición necesaria, pero no suficiente, para mejorar la educación. “La discusión presupuestaria no debería centrarse únicamente en cuánto se destina a educación, sino también en la eficiencia y efectividad con la que esos recursos se transforman en políticas y resultados educativos”, planteó Besada. 

jueves, 1 de octubre de 2026

Colusión de intereses entre autores y editores de revistas del área de Negocios

Publicado en THE Times Higher Education
https://www.timeshighereducation.com/news/elite-capture-top-journals-prompts-gatekeeping-concerns 




La «captura de élite» de las principales revistas genera preocupación por el «control de acceso»

Cuando las camarillas dominan, la actividad académica «corre el riesgo de alejarse de una revisión por pares basada en la excelencia y orientarse hacia la defensa de los intereses de grupos privilegiados», advierte un estudio

Publicado el 2 de septiembre de 2026
Última actualización: 2 de septiembre de 2026

Jack Grove
Twitter: @jgro_the

Una pequeña camarilla de académicos está aceptando recíprocamente sus artículos para su publicación en prestigiosas revistas del ámbito de los negocios, infringiendo normas claras destinadas a mitigar los conflictos de interés (COI, por sus siglas en inglés), según afirma un estudio sobre cómo la «gestión recíproca» de los manuscritos enviados a las revistas ha llevado a que un reducido grupo de académicos adquiera un «control desproporcionado» sobre las oportunidades de publicación y de desarrollo profesional.

De los 1,585 artículos publicados entre 2010 y 2024 por dos revistas incluidas en la lista Financial Times (FT) 50, casi la mitad (788) fueron escritos o coescritos por tan solo 54 autores altamente prolíficos, aunque estos académicos representaban únicamente el 2.4 % de los 2,207 autores participantes, según explica un artículo publicado en Journal of Business Ethics.

En el caso de estos autores altamente prolíficos, al menos una cuarta parte de su producción presentaba vínculos con algún editor que razonablemente podrían considerarse un conflicto de interés, como la denominada «aceptación recíproca», señala el estudio. Esto ocurre cuando dos académicos aceptan mutuamente sus respectivos artículos a lo largo del tiempo, una práctica que podría interpretarse como un «intercambio tácito de favores editoriales».

Esta «cohorte de élite» de autores prolíficos era «sorprendentemente homogénea»: el 90 % había obtenido el doctorado en universidades norteamericanas, mientras que solo el 5 % eran mujeres, añade el estudio.

Tras examinar la totalidad del conjunto de datos correspondiente a 14 años mediante un «criterio conservador del observador razonable», el artículo concluye que el 50 % de los 946 vínculos entre autores y editores presentaba «al menos un conflicto de interés definitivo, mientras que otro 11.6 % posiblemente presentaba algún conflicto».

Sin embargo, el alcance de las prácticas nepotistas podría ser incluso mayor de lo que el análisis permite cuantificar, señala el artículo. Por ejemplo, la «reciprocidad futura», en la que un editor acepta el artículo de un autor y posteriormente recibe un trato recíproco, resulta más difícil de demostrar de manera concluyente, aunque los autores identificaron 43 casos en los que probablemente se produjo esta situación.

Dado que la contratación o la promoción académica en las escuelas de negocios depende en gran medida de la publicación en revistas FT50, debería examinarse con mayor detenimiento la función de «control de acceso» (gatekeeping) ejercida por un grupo relativamente reducido de académicos —que actúan como editores de revistas o coautores—, explicó Raffaele Ciriello, profesor titular de la University of Sydney Business School, quien realizó el estudio junto con Vitali Mindel, del Rollins College of Business de la University of Tennessee at Chattanooga.

Las mismas cuestiones podrían plantearse también en otras disciplinas en las que publicar en revistas de élite resulta fundamental para el progreso profesional, añadió.

«La publicación académica se ha convertido en una industria multimillonaria financiada por los contribuyentes, en la que los editores de revistas de élite toman decisiones que determinan las carreras profesionales y configuran campos enteros del conocimiento bajo una supervisión inusualmente débil», declaró Ciriello a Times Higher Education, y añadió: «Nuestro nuevo artículo en Journal of Business Ethics demuestra por qué esto ya no es suficiente».

«El problema más profundo es la captura de élite: un grupo pequeño y densamente interconectado ha acumulado un control desproporcionado sobre oportunidades de publicación de enorme valor y sobre el dinero, las carreras profesionales, el estatus y la autoridad que se derivan de ellas», continuó.

«Cuando los mismos guardianes evalúan mutuamente sus trabajos, la actividad académica corre el riesgo de alejarse de un servicio meritocrático a la sociedad y orientarse hacia los intereses de quienes pertenecen a esos círculos privilegiados».

Sin embargo, este problema es especialmente grave en las revistas del ámbito de los negocios, particularmente en las pertenecientes al grupo FT50, en las que se indica explícitamente a los académicos que deben publicar. En algunas instituciones, las publicaciones en revistas FT50 «conllevan bonificaciones de cinco cifras... que en algunos casos alcanzan hasta el 22 % del salario base anual», añade el artículo, señalando que «la evidencia anecdótica sugiere que esta práctica no es excepcional».

No obstante, el estudio encontró evidencia de una «prevalencia mucho menor de conflictos de interés fuera del FT50», lo que «sugiere que estos patrones proliferan allí donde los incentivos son más fuertes y la supervisión más débil», afirmó Ciriello.

«Por lo tanto, las universidades contribuyen a generar las condiciones para la captura de élite al vincular recompensas y autoridad desproporcionadas con la publicación en las revistas FT50, al tiempo que exigen escasa rendición de cuentas a las propias revistas», señaló.

Los autores están ampliando ahora su análisis a 16 revistas FT50, «a pesar de que existe un interés institucional prácticamente nulo por financiar esta investigación que requiere una gran cantidad de trabajo», explicó Ciriello. «Los patrones que están surgiendo son congruentes con nuestros hallazgos publicados», afirmó.

Al preguntársele cómo podrían los editores de revistas y las instituciones abordar los problemas identificados, Ciriello señaló que se requiere una mayor transparencia tanto en las decisiones editoriales como en los incentivos institucionales, y que los editores deberían apartarse con mayor rapidez de los procesos de decisión cuando surgieran conflictos de interés.

«Una reforma significativa requiere moderar los incentivos asociados al prestigio, hacer obligatoria la recusación en casos de conflicto de interés, divulgar públicamente quiénes son los responsables de las decisiones editoriales y exigir como condición para que una revista conserve su estatus de élite que pueda verificarse la ausencia de conflictos de interés», afirmó Ciriello, y añadió:

«Una autoridad excepcional exige una rendición de cuentas excepcional».


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‘Elite capture’ of top journals prompts ‘gatekeeping’ concerns

Scholarship ‘risks drifting away from excellence-based peer review and towards serving insider interests’ when cliques dominate, warns study

Published on September 2, 2026

Last updated September 2, 2026

Jack Grove

Twitter: @jgro_the

A small clique of academics are accepting each other’s papers for publication in top business journals in violation of clear rules to mitigate conflicts of interest (COI), claims a study on how “reciprocal handling” of journal submissions has led to a handful of scholars gaining “disproportionate control” over publication and career opportunities.

Of the 1,585 articles published by two Financial Times (FT) 50 journals published between 2010 and 2024, nearly half (788) were written or co-written by just 54 prolific authors, although these scholars made up only 2.4 per cent of overall 2,207 contributors, explains a paper published in Journal of Business Ethics.

For these highly prolific authors, at least a quarter of their output involved links with an editor that might reasonably be viewed as a COI, such as “reciprocal acceptance”, it says. This is when two academics accept each other’s papers over time, a practice that might be seen as a “tacit exchange of editorial favour”.

This “elite cohort” of prolific authors was “remarkably homogeneous”, with 90 per cent holding PhDs from North American universities, while only 5 per cent were women, the study adds.

Auditing the entire 14-year dataset using a “conservative reasonable-observer standard”, the paper concludes 50 per cent of 946 author–editor ties had “at least one definitive COI, with a further 11.6 per cent possibly conflicted”.

The extent of nepotistic practices may, however, be worse than the analysis can quantify, says the paper. For instance, “future reciprocity”, in which an editor accepts an author’s paper and later receives reciprocal treatment, is more difficult to conclusively prove, although the authors found 43 cases where this was likely to have occurred.

With academic hiring or promotion in business schools highly dependent on publication in FT50 journals, the “gatekeeping” role held by a relatively small group of scholars (acting as journal editors or co-authors) should come under closer scrutiny, explained Raffaele Ciriello, senior lecturer at the University of Sydney Business School, who co-authored the study with Vitali Mindel, who is based at Rollins College of Business at the University of Tennessee at Chattanooga.

The same questions could also be applied to other disciplines where publication in elite journals is crucial for career advancement, he added.

“Academic publishing has become a multibillion-dollar, taxpayer-funded industry in which elite journal editors make career- and field-shaping decisions under unusually weak oversight,” Ciriello told Times Higher Education, adding: “Our new Journal of Business Ethics paper shows why this is no longer enough.”

“The deeper problem is elite capture: a small, densely connected group has accumulated disproportionate control over highly valuable publication opportunities and the money, careers, status and authority that follow from them,” he continued.

“When the same gatekeepers evaluate one another’s work, scholarship risks drifting away from meritocratic service to society and towards insider interests.”

That problem, however, is particularly acute for business journals, particularly those in the FT50 group where academics are explicitly told to publish. At some institutions, FT50 publications “carry five-figure bonuses…in some cases reaching up to 22 per cent of annual base salary”, the paper adds, noting that “anecdotal evidence suggests this practice is not exceptional”.

However, the study found evidence for a “much lower COI prevalence outside the FT50”, which “suggests that these patterns proliferate where incentives are strongest and oversight weakest”, said Ciriello.

“Universities therefore co-produce the conditions for elite capture by attaching disproportionate rewards and authority to FT50 publication while demanding little accountability from the journals themselves,” he said.

The authors are now extending their analysis to 16 FT50 journals “despite near-zero institutional appetite to fund this labour-intensive research”, said Ciriello. “Emerging patterns are consistent with our published findings,” he said.

Asked how journal editors and institutions might address the problems identified, Ciriello said more transparency over editorial decisions and institutional incentives was required, while editors should be quicker to remove themselves when COIs arose.

“Meaningful reform requires tempered prestige incentives, enforced COI recusal, public disclosure of editorial decision-makers, and auditable COI absence as a condition of elite journal status,” said Ciriello, adding: “Exceptional authority requires exceptional accountability.”

jack.grove@timeshighereducation.com


[RANKING QS 2027] La UBA estoica, pero Argentina tiene la mayor caída en América Latina. Brasil domina en el tablero

Publicado en Latinometrics https://www.linkedin.com/posts/latinometrics_la-universidad-p%C3%BAblica-de-argentina-activity-750849997849590988...