Mostrando entradas con la etiqueta Demandas legales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Demandas legales. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2026

Demandan a las editoriales ELSEVIER, SPRINGER NATURE, WILEY e INFORMA por cobrar APCs exorbitantes

Publicado en Retraction Watch
https://retractionwatch.com/2026/07/31/federal-lawsuit-major-publishers-article-processing-charges-false-claims-act/




Demanda federal acusa a cuatro grandes editoriales de extorsionar mediante cargos por procesamiento de artículos

Una demanda presentada al amparo de la False Claims Act de Estados Unidos acusa a cuatro grandes editoriales de haber llevado a cabo durante una década un plan para defraudar al gobierno mediante el cobro de cargos exorbitantes por procesamiento de artículos.

El caso, que dejó de estar bajo reserva judicial el 30 de julio, sostiene que Elsevier, Springer Nature, Wiley e Informa obligaron a instituciones de investigación estadounidenses a presentar reclamaciones falsas al gobierno para obtener el reembolso de cuotas por artículos de hasta diez veces el costo real de procesarlos.

Juan Pablo Alperin, profesor de la Universidad Simon Fraser y codirector del Scholarly Communications Lab, con sede en Vancouver, está representado por dos abogados que durante la última década han obtenido resultados destacados en casos relacionados con la False Claims Act (FCA). Alperin y sus abogados presentaron originalmente la demanda bajo reserva judicial en marzo de 2024. El gobierno decidió no intervenir en el caso el 23 de julio de este año, y un juez ordenó hacer pública la demanda, lo que ahora permite a Alperin continuar el litigio de manera independiente.

Según el expediente judicial, Sage también figuraba originalmente como demandada, y Stefanie Haustein, investigadora de la Universidad de Ottawa, aparecía como demandante. Ambas fueron retiradas de la demanda la semana pasada.

Las cuotas de las editoriales varían, pero los cargos por procesamiento de artículos (APC) para publicar en acceso abierto pueden oscilar entre unos cientos de dólares en revistas pequeñas y varios miles, y en algunos casos superar los 10 000 dólares por artículo. Alperin sostiene en la demanda que el costo real de procesar esos artículos se sitúa entre 200 y 1 000 dólares. El gobierno de Estados Unidos exige que los artículos derivados de investigaciones financiadas con recursos federales estén disponibles gratuitamente. La demanda alega que las editoriales responden a este mandato «extorsionando» APC y transferencias de derechos de autor a investigadores principales «desprevenidos», quienes tienen un «comprensible deseo de publicar en medios prestigiosos para avanzar en sus carreras».

Alperin afirma que conoció detalles internos sobre la fijación de precios de los APC como integrante de la Open Access Scholarly Publishing Association, incluidos «actos abiertamente ilícitos» y «conversaciones conspirativas» entre las editoriales, según señala la demanda. Esto incluía estrategias empresariales para ocultar la viabilidad de opciones gratuitas de acceso abierto, con el fin de asegurar que las instituciones estadounidenses beneficiarias de subvenciones siguieran pagando APC innecesarios, de acuerdo con la denuncia.

Alperin declaró a Retraction Watch que presentó el caso al amparo de la FCA para llamar la atención sobre el hecho de que las prácticas de fijación de precios de algunas editoriales no responden al interés público y para exigirles responsabilidad por esas prácticas. Ha realizado una amplia investigación sobre los APC, en la que ha concluido que las editoriales fijan estratégicamente sus precios, en lugar de basarlos en costos razonables de producción.

«En términos más generales, el objetivo es contribuir a crear un mercado más transparente y funcional, porque el mercado de la publicación en acceso abierto es, en muchos sentidos, profundamente disfuncional», declaró. «En parte, se busca ayudar a crear un mercado transparente y equitativo, y garantizar que la mayor cantidad posible del dinero reservado para la investigación pueda destinarse» a ese propósito.

El debate sobre los APC no es nuevo, afirmó Eugenie Reich, abogada con sede en Boston que representa a Alperin. Lo novedoso, añadió, es identificar una reclamación jurídica en la que la discusión pública se cruce con el derecho.

«Ese debate sin duda ha existido, pero, hasta donde tengo conocimiento, nunca se había alegado públicamente que esto constituya un fraude contra el gobierno», declaró. «Creo que, según la demanda, ahí es donde las editoriales se han metido en problemas: al utilizar las políticas de acceso público como un medio para aumentar los cobros, sabiendo que esos cargos recaerían sobre subvenciones gubernamentales».

La demanda sostiene que las editoriales han «manipulado el mercado» para dificultar la publicación sin pagar «precios de prestigio, precios de lujo», tanto mediante la concentración del mercado como a través de las condiciones relativas a los derechos de autor, añadió Reich.

«Por eso considero importante distinguir entre una empresa que simplemente quiere obtener ganancias de un bien de lujo y una empresa que, de manera consciente, traslada esos cargos al gobierno», afirmó en una entrevista.

Reich representó al investigador independiente Sholto David en una acción basada en la FCA contra el Dana-Farber Cancer Institute, que concluyó en diciembre de 2025 con un acuerdo por 15 millones de dólares. El instituto admitió que sus investigadores utilizaron imágenes y datos «presentados de manera engañosa o duplicados» para respaldar solicitudes de subvenciones ante los National Institutes of Health. Como denunciante en el caso, David recibió una parte del acuerdo, mientras que la mayor parte del monto regresó al gobierno federal.

Reich también formó parte del equipo que representó al denunciante en un caso de la FCA contra Biogen, empresa que aceptó pagar 900 millones de dólares para resolver acusaciones de que había pagado ilegalmente sobornos a médicos. El gobierno también decidió no intervenir en ese caso.

John R. Thomas, del despacho Hafemann, Magee & Thomas, LLC, con sede en Roanoke, Virginia, y el otro abogado que representa a Alperin, fue uno de los litigantes en un caso de la FCA contra la Universidad de Duke que terminó en un acuerdo por 112,5 millones de dólares, de los cuales casi 34 millones fueron entregados a su hermano Joseph, el denunciante del caso. Thomas ha escrito para Retraction Watch tanto sobre esta ley como sobre los aspectos que los denunciantes deberían considerar en el contexto de una reclamación basada en la FCA.

Un portavoz de Springer Nature afirmó que la editorial no podía hacer comentarios de inmediato sobre el asunto. Wiley y Elsevier declinaron hacer declaraciones. Informa no respondió.

Los abogados especializados en casos de la FCA expresaron opiniones divididas sobre la demanda. Pamela Coyle Brecht, abogada especializada en la representación de denunciantes en Filadelfia, calificó la presentación como un «caso de nicho» basado en una «teoría singular».

Sin embargo, Renée Brooker, abogada de Tycko & Zavareei LLP con sede en Washington, D. C., afirmó que el hecho de que los demandados sean editoriales de revistas puede resultar «llamativo», pero que las teorías jurídicas en las que se sustenta el caso son ampliamente conocidas y han sido probadas en el ámbito de la False Claims Act (FCA). Brooker señaló que una gran variedad de casos qui tam involucra a demandados que no presentaron directamente las supuestas reclamaciones falsas, en particular en denuncias contra la industria farmacéutica. Con frecuencia, estas empresas son acusadas de infringir la FCA, mientras que una farmacia o el consultorio de un médico presentaron las reclamaciones falsas sin saberlo.

El caso constituye un ejemplo destacado de cómo las partes que no presentan directamente reclamaciones falsas al gobierno pueden, aun así, enfrentar responsabilidad jurídica, afirmó Eva Gunasekera, abogada especializada en la representación de denunciantes en Tycko & Zavareei y exasesora principal del Departamento de Justicia para casos de fraude sanitario.

«Es un excelente recordatorio de la amplitud del alcance de la False Claims Act», afirmó.

Por ley, los casos de la FCA se presentan bajo reserva judicial para proteger a los denunciantes y conceder al gobierno tiempo suficiente para investigar las acusaciones y decidir si desea intervenir. Brooker añadió que no resulta sorprendente que el gobierno haya decidido no intervenir en este caso.

«Eso no dice absolutamente nada sobre el fondo del caso», afirmó. «Durante los últimos 15 años, los abogados que representan a los denunciantes han tenido cada vez más éxito al ayudar al Departamento de Justicia a litigar casos qui tam en los que este decidió no intervenir, porque el Departamento de Justicia no puede encargarse de todo».

La Fiscalía Federal para el Distrito de Massachusetts declinó hacer comentarios. El Departamento de Justicia no respondió a una solicitud de declaraciones.

En febrero, un juez federal desestimó una demanda en la que se alegaba que seis grandes editoriales habían infringido la legislación antimonopolio al coludirse para «fijar en 0 dólares el precio de los servicios de revisión por pares». La demanda, presentada por Lucina Uddin, neurocientífica de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), incluía también como demandadas a Elsevier, Springer Nature y Wiley, además de Sage, Taylor & Francis y Wolters Kluwer.


********************************************************



Federal lawsuit accuses four major publishers of extorting article processing charges

A lawsuit filed under the U.S. False Claims Act accuses four major publishers of perpetrating a decade-long scheme to defraud the government by charging exorbitant article processing charges.  

The case, which became unsealed July 30, claims Elsevier, Springer Nature, Wiley and Informa forced U.S. research institutions to submit false claims to the government for reimbursement through article fees up to 10 times the cost of processing the articles.

Juan Pablo Alperin, a professor at Simon Fraser University and codirector of the Scholarly Communications Lab based in Vancouver, is represented by two attorneys who have had blockbuster success in FCA cases over the past decade. He and his attorneys originally filed the case under seal in March 2024. The government declined to intervene in the case on July 23 of this year, and a judge ordered the complaint unsealed, which now allows Alperin to pursue the case independently.

Sage was also originally listed as a defendant in the case, according to the court docket, and University of Ottawa researcher Stefanie Haustein was a plaintiff. Both were dropped from the suit last week.

Publishers’ fees vary, but APCs for open access can range from hundreds of dollars for small journals up to thousands, with some topping $10,000 per paper. The real costs  of processing such articles are between $200 and $1,000, Alperin claims in the complaint. The U.S. government requires papers based on federally funded research be freely available. The lawsuit alleges the publishers address this mandate by “extorting” APCs and copyright transfers from “unknowing” PIs who have an “understandable desire to publish in prestigious venues to advance in their careers.”

Alperin alleges he learned insider details about APC pricing as a member of the Open Access Scholarly Publishing Association, including “outright unlawful conduct” and “conspiratorial discussions” among the publishers, the complaint states. This included strategies by the companies to shield the viability of free open access options to ensure U.S. grantee institutions continued paying unnecessary APCs, according to his complaint.

Alperin told Retraction Watch he brought the FCA case to spotlight how pricing practices by some publishers are not in the public interest and to hold them accountable for those practices. He has conducted extensive research on APCs, which has found publishers use APC pricing strategically, rather than based on reasonable production expenses.

“More broadly, the goal is to help to create a more transparent and functioning market, because the market of open access publishing is one that is in many ways very dysfunctional,” he told us. “In part, the goal is helping to create a market that is transparent, equitable, and that ensures as much of the money that’s been set aside for research can go towards” that intent.  

Debate about APCs is not new, said Eugenie Reich, a Boston-based attorney who is representing Alperin. What is new is identifying a legal claim where the public discussion intersects with the law, she said.

“That discussion has definitely existed, but it’s never, as far as I’m aware, been publicly alleged that this is fraud on the government,” she told us. “I think that’s where publishers have gotten themselves into trouble per the complaint, by using public access policies as a way of increasing charges, knowing that the charges would hit government grants.”

The complaint alleges the publishers have “fixed the market” to make it difficult to publish without paying “prestige prices, luxury prices,” both through market concentration and through copyright terms, Reich added.

“That’s why I think it is important to distinguish between a business that just wants to make money from a luxury good and a business that is knowingly passing such charges through to the government,” she said in an interview.  

Reich represented sleuth Sholto David in an FCA action against Dana-Farber Cancer Institute, which settled the case in December 2025 for $15 million. The institute admitted researchers used “misrepresented and/or duplicated” images and data in support of grant applications to the National Institutes of Health. As the relator in the case, David received a portion of the settlement, with the bulk of the amount going back to the federal government.

Reich was also part of the team representing the whistleblower in an FCA case against Biogen, which agreed to pay $900 million to resolve claims the company unlawfully paid kickbacks to physicians. The government also declined to intervene in that case.

John R. Thomas of Hafemann, Magee & Thomas, LLC, in Roanoke, Virginia, the other lawyer representing Alperin, was one of the attorneys in an FCA case against Duke University that resulted in a $112.5 million settlement, nearly $34 million of which went to his brother Joseph, the whistleblower in the case. He has written for Retraction Watch about the act as well as about what whistleblowers should consider in the context of an FCA claim.

A Springer Nature spokesperson said the publisher could not immediately comment on the matter. Wiley and Elsevier declined to comment. Informa did not respond.

FCA attorneys had mixed views of the complaint. Pamela Coyle Brecht, a whistleblower attorney in Philadelphia, called the filing a “niche case” with a “unique theory.”

However, Renée Brooker, a Washington, D.C.-based attorney with Tycko & Zavareei LLP, said the fact the defendants are journal publishers may be “eye-grabbing,” but the legal theories underpinning the case are tried and true in the FCA realm.. A wide swath of qui tam cases involve defendants that did not directly submit the alleged false claims, Brooker said, particularly complaints against the pharmaceutical industry. Such companies are frequently accused of FCA violations, while a pharmacy or doctor’s office unknowingly filed the false claims.

The case is a prime example of parties that don’t directly submit false claims to the government still facing liability, said Eva Gunasekera, a whistleblower attorney at Tycko & Zavareei and former senior counsel for healthcare fraud at the DOJ.

“It’s a great reminder of how broad in scope the False Claims Act is,” she said.

By law, FCA cases are filed under seal to protect whistleblowers and to give the government time to investigate the claims and decide if it wishes to intervene. That the government did not intervene in this case is not surprising, Brooker added.

“It says nothing at all about the merits of the case,” she said. “Over the last 15 years, the relator’s bar [has been] more and more successful with helping the DOJ to litigate declined qui tam cases because DOJ cannot do it all.”

The U.S. Attorney for the District of Massachusetts declined to comment. The DOJ did not respond to a message for comment.

In February, a federal judge dismissed a lawsuit that alleged six major publishers violated antitrust law by colluding to “fix the price of peer review services at $0.”  Filed by UCLA neuroscientist Lucina Uddin, the case also included Elsevier, Springer Nature and Wiley as defendants, as well as Sage, Taylor & Francis and Wolters Kluwer.

martes, 16 de junio de 2026

ALEMANIA: corte declara inconstitucional mandato de Acceso Abierto. Se enredan los derechos con las versiones finales de publicación

Publicado en The Scholarly Kitchen
https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/06/16/academic-freedom-for-the-win-open-access-mandate-in-germany-declared-unconstitutional/?informz=1&nbd=567d61ec-36ea-4197-85eb-43e2bd36d175&nbd_source=informz 





La libertad académica prevalece: el mandato de acceso abierto en Alemania es declarado inconstitucional

Por Roy Kaufman
16 de junio de 2026

El 24 de marzo de 2026, en respuesta a una demanda presentada por diecisiete académicos, un tribunal alemán dictaminó que el requisito obligatorio de depósito de manuscritos de artículos impuesto por el estado federado de Baden-Wurtemberg a los investigadores que trabajan o están afiliados a instituciones educativas dentro de ese estado era nulo desde su origen (void ab initio). Los demandantes habían alegado que dicho requisito vulneraba sus derechos, incluidos la libertad de expresión y la libertad académica.

Este caso surgió en el marco de la Ley Alemana de Derechos de Autor y está relacionado con el denominado “derecho de publicación secundaria” (Secondary Publication Right, SPR). El SPR, que actualmente está siendo examinado por la Comisión Europea, es en cierto modo una denominación engañosa. En esencia, establece que un autor de un artículo científico no puede ceder legalmente derechos exclusivos sobre su obra sin conservar el derecho a publicar también el artículo en línea, normalmente en la versión aceptada del manuscrito, algunos meses después de su publicación inicial.

El 24 de marzo de 2026, en respuesta a la demanda presentada por diecisiete académicos, un tribunal alemán resolvió que el requisito obligatorio de depósito de manuscritos impuesto por el estado de Baden-Wurtemberg a investigadores vinculados con instituciones educativas del estado era nulo desde su origen. Los demandantes sostenían que esta obligación infringía sus derechos fundamentales, incluidos la libertad de expresión y la libertad académica.

Este caso surgió a partir de la Ley Alemana de Derechos de Autor y está relacionado con el denominado “derecho de publicación secundaria” (Secondary Publication Right, SPR). El SPR, que actualmente está siendo considerado por la Comisión Europea, es en cierto modo una denominación engañosa. En esencia, el SPR establece que el autor de un artículo científico no puede ceder legalmente derechos exclusivos sobre dicho artículo sin conservar al mismo tiempo el derecho de publicarlo también en línea, normalmente en la versión aceptada del manuscrito y algunos meses después de su publicación inicial.

Por ejemplo, el artículo 38(4) de la Ley Federal Alemana de Derechos de Autor y Derechos Conexos (Urheberrechtsgesetz – UrhG) reconoce un SPR para los autores de trabajos académicos derivados de investigaciones financiadas al menos en un 50 % con fondos públicos y publicados en una recopilación (es decir, una revista científica) que aparezca al menos dos veces al año. En virtud de esta ley federal, los autores conservan el derecho de poner a disposición del público, con fines no comerciales, las versiones aceptadas de sus manuscritos 12 meses después de la publicación inicial, incluso si han otorgado derechos exclusivos a la editorial.

Aunque el SPR se presenta como un “derecho”, en realidad constituye una limitación de derechos. Según el derecho de autor, un autor tiene el derecho de publicar su obra, de conceder licencias no exclusivas sobre ella o de conceder licencias exclusivas para fines determinados (cabe señalar que la legislación alemana difiere de la estadounidense en que los autores nunca pueden desprenderse completamente de sus derechos de autor. En la práctica, una licencia exclusiva equivale a una transferencia de derechos según el derecho estadounidense). El SPR limita esta última facultad.

Si bien podría argumentarse que, dadas las características económicas de la publicación de revistas científicas —en las que los autores normalmente no reciben remuneración—, el SPR beneficia a los autores, vale la pena analizar la cuestión con más detenimiento. En primer lugar, imaginemos que, para cualquier otro tipo de contenido, el Estado restringiera la libertad contractual de tal manera que no fuera posible conceder derechos exclusivos con seguridad. En esas circunstancias sería difícil publicar un libro o producir una película.

Aunque muchas editoriales de revistas permiten algún tipo de archivo de los manuscritos aceptados, el SPR elimina la discrecionalidad de las partes y restringe la libertad de elección.

Como puede verse en el caso de Baden-Wurtemberg, lo que comienza como una medida de “protección de los autores” puede convertirse rápidamente en una obligación para ellos. Los demandantes no se opusieron a la aparentemente inocua “retención de derechos” hasta que esta se transformó en una supresión de derechos de facto (si no de jure). Muchas personas dentro de nuestro sector consideran que la imposición de una obligación de depósito constituye el objetivo final —aunque rara vez se declare explícitamente— de muchos defensores del derecho de publicación secundaria (SPR).

Como señaló el tribunal de Baden-Wurtemberg, una cosa es que el SPR impida a los autores ceder de manera exclusiva sus derechos a las editoriales y otra muy distinta que posteriormente se les obligue a ejercer esos derechos como condición para su empleo o afiliación institucional. Tal como se expresa en el comunicado de prensa en inglés del tribunal:

“El hecho de que los destinatarios de la disposición se limiten a personas vinculadas a la educación superior no altera el hecho de que las personas afectadas sean llamadas a ejercer sus derechos legales de publicación secundaria, que les pertenecen como autores de los correspondientes trabajos académicos”.

Cualesquiera que hayan sido sus intenciones, el SPR probablemente contribuirá principalmente al deterioro del registro científico. No conduce al lector a la versión autorizada y definitiva del trabajo publicado. Compite con la vía dorada del acceso abierto (gold open access) como un camino defectuoso hacia el acceso abierto. Genera riesgos de control de versiones y aumenta la probabilidad de que distintas versiones sean utilizadas indiscriminadamente por sistemas de inteligencia artificial.

La cuestión constitucional surgió porque en Alemania (al igual que en Estados Unidos) el derecho de autor es una materia federal y de rango constitucional, y los Länder (estados federados) no pueden aprobar leyes que entren en conflicto con la legislación federal. Desde el punto de vista jurídico, esta era una cuestión más sencilla de resolver que determinar si la propia legislación federal sobre derechos de autor podría exigir a los autores depositar versiones de sus trabajos en repositorios. Esto constituiría una imposición novedosa que limitaría derechos protegidos por el derecho de autor y requeriría un examen cuidadoso de la legislación nacional —incluidas las disposiciones relativas a la expropiación o privación de derechos (takings clauses)— así como de las obligaciones derivadas de tratados internacionales.

De este modo, el tribunal alemán también logró evitar otra cuestión compleja: cómo aplicar el SPR cuando existen múltiples autores y solo algunos de ellos están sujetos a la obligación de depósito.

Todo ello ayuda a explicar el interés de la Comisión Europea por el SPR. Sus defensores no promueven esta figura para otorgar a los autores un nuevo “derecho”; lo hacen para alimentar repositorios de depósito obligatorio. Si finalmente la Unión Europea concluye que el SPR cumple alguna función legítima y decide impulsar este concepto entre los Estados miembros, es casi seguro que veremos mucha más litigación sobre el tema.

Por ahora, la primera ronda la han ganado los académicos.


///////////////////////////////////////////


Academic Freedom for the Win; Open Access Mandate in Germany Declared Unconstitutional


By Roy Kaufman


Jun 16, 2026


On March 24, 2026, in response to a lawsuit by seventeen academics, a German Court ruled that a mandatory article manuscript deposit requirement imposed by the German State of Baden-Württemberg on researchers working or affiliated with educational institutions within the state was void ab initio. The plaintiffs had alleged that the deposit requirement infringed their rights, including the rights to free expression and academic freedom.

This case arose out of the German Copyright Act and relates to the so-called right to “secondary publication right” or “SPR.” SPR, which is currently under consideration by the European Commission, is a bit of a misnomer. SPR essentially provides that an author of a scientific article cannot legally convey exclusive rights in an article without retaining a right to also post the article online, typically in the accepted manuscript form some months after initial publication.

On March 24, 2026, in response to a lawsuit by seventeen academics, a German Court ruled that a mandatory article manuscript deposit requirement imposed by the German State of Baden-Württemberg on researchers working or affiliated with educational institutions within the state was void ab initio. The plaintiffs had alleged that the deposit requirement infringed their rights, including the rights to free expression and academic freedom. 

This case arose out of the German Copyright Act and relates to the so-called right to “secondary publication right” or “SPR.” SPR, which is currently under consideration by the European Commission, is a bit of a misnomer. SPR essentially provides that an author of a scientific article cannot legally convey exclusive rights in an article without retaining a right to also post the article online, typically in the accepted manuscript form some months after initial publication.

For example, § 38(4) of the federal German Act on Copyright and Related Rights (Urheberrechtsgesetz – UrhG) provides an SPR for authors of academic papers resulting from research that is at least 50% publicly funded and published in a collection (i.e., a journal) appearing at least twice a year. Under this federal law, authors retain the right to make papers in accepted manuscript versions publicly available for non-commercial purposes 12 months after the initial publication, even if they have granted the publisher exclusive rights.

While SPR is styled as a “right,” it is actually a limitation on rights. Under copyright law, an author has the right to post her work, license her work non-exclusively, or license her work exclusively for defined purposes (note that German law differs from US law in that authors may never fully divest themselves of copyright. In practice, an exclusive license corresponds to a US law transfer of rights). SPR limits the last right. While one could argue that, given the economics of journal publishing (in which authors are typically not paid), SPR benefits the authors, it is worth analyzing this further. First, imagine that for any other content, the state limited your freedom to contract such that you could not safely grant exclusive rights. It would be hard to get a book published or film made under those circumstances. While many journal publishers allow some archiving of accepted manuscripts, SPR removes discretion and limits choice. 

As can be seen in the Baden-Württemberg case, what begins as “author protection” can quickly become an author obligation. The plaintiffs did not object to the seemingly benign “rights retention” until it morphed into de facto (if not de jure) “rights removal.” Many in our industry believe that the imposition of a deposit obligation is the ultimate if unstated goal of many SPR advocates.

As the Court in Baden-Württemberg noted, it is one thing for SPR to prevent authors from exclusively giving their rights to publishers and wholly another to then mandate the exercise of those rights as a condition of employment or affiliation. As set forth in the English-language press release of the Court: “That the addressees of the provision are limited to persons involved in higher education does not alter the fact that the affected persons are called on to exercise their legal rights to secondary publication which belong to them as authors of the relevant academic papers.” Whatever the intentions, SPR is mainly going to contribute to the degradation of the record of science. It does not deliver the reader to the authoritative version of record. It competes with gold road as a flawed path to OA. It creates version-control risks. And it increases the likelihood of indiscriminate use in AI systems.

The Constitutional issue arose from the fact that in Germany (as in the US), copyright is a federal, constitutional matter and Lander (states) are not allowed to pass laws in conflict. This was an easier question legally than sorting whether federal copyright law could, in itself, require authors to post versions in repositories. That would be a novel imposition in derogation of copyright and one which would require a careful review of national law — including takings clauses — and international treaty obligations. The German Court also thereby managed to sidestep the thorny issue of how to address the SPR where there are multiple authors, only some of whom are covered by the deposit obligation.

This leads to the European Commission’s fascination with SPR. Advocates are not pushing for SPR so that authors have a new “right;” they are doing it to feed mandated repositories. If the EU ultimately concludes that SPR serves some valid purpose and pushes this concept on EU member states, we will certainly see a lot more litigation. As of today, Round 1 goes to the academics.

Roy Kaufman

Roy Kaufman is Managing Director of both Business Development and Government Relations for the Copyright Clearance Center (CCC). Prior to CCC, Kaufman served as Legal Director, John Wiley and Sons, Inc. He is a member of, among other things, the Bar of the State of New York, the Author’s Guild, and the editorial board of UKSG Insights. Kaufman also advises the US Government on international trade matters through membership in International Trade Advisory Committee (ITAC) 13 – Intellectual Property and the Library of Congress’s Copyright Public Modernization Committee in addition to serving on the Board of the United States Intellectual Property Alliance (USIPA).


lunes, 23 de febrero de 2026

U.S.A.: Trump exige a Harvard el pago de 1,000 millones de dólares

Publicado en Inside Higher Ed
https://www.insidehighered.com/news/government/politics-elections/2026/02/03/trump-demands-harvard-pay-1-billion 





Trump exige a Harvard el pago de 1,000 millones de dólares


Apenas unas horas antes de la última exigencia, The New York Times informó de que había renunciado a solicitar un acuerdo económico.


Por Josh Moody


El presidente Donald Trump ha exigido a la Universidad de Harvard que pague al Gobierno federal 1,000 millones de dólares, lo que ha intensificado una polémica de gran repercusión mediática, que dura ya casi un año, sobre el supuesto antisemitismo en el campus.  


La demanda, publicada en Truth Social a última hora del lunes por la noche, se produce en un momento en el que Harvard se encuentra inmersa en negociaciones con la administración Trump y se ha producido apenas seis horas después de que The New York Times informara de que el Gobierno federal había retirado sus demandas de sanción económica. Según se ha informado, la administración Trump había solicitado hasta 200 millones de dólares a Harvard, que se ha resistido a llegar a un acuerdo con el Gobierno federal, como han hecho algunas universidades de la Ivy League y otras instituciones. Mientras que otras llegaron a acuerdos, Harvard llevó a Trump a los tribunales y ganó, defendiéndose hasta ahora de los intentos de quitarle la financiación federal para la investigación y restringir su capacidad para acoger a estudiantes internacionales, entre otros ataques.  


El lunes por la noche, Trump rebatió la información publicada por The New York Times.


«La fuertemente antisemita Universidad de Harvard ha estado alimentando con muchas «tonterías» al fracasado The New York Times. ¡Harvard lleva mucho tiempo comportándose muy mal!», escribió Trump en Internet.


El presidente afirmó que Harvard «quería llevar a cabo un complicado concepto de formación laboral» en lugar de un acuerdo monetario, pero que la propuesta «fue rechazada» y «totalmente inadecuada». Añadió que era necesaria una sanción económica debido a «las graves y atroces ilegalidades que han cometido». 


Ahora, Trump ha subido la apuesta en un posible acuerdo extrajudicial.


«Ahora estamos buscando mil millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, y no queremos tener nada más que ver, en el futuro, con la Universidad de Harvard», escribió Trump en la primera de dos publicaciones en las que cuestionaba la cobertura. (Trump exigió a The New York Times que cambiara su información en una segunda publicación en Truth Social).


The New York Times lleva informando desde julio de que era inminente un acuerdo con Harvard, una afirmación que funcionarios como la secretaria de Educación, Linda McMahon, han repetido en público durante meses. Pero la última demanda de mil millones de dólares de Trump sugiere que dicho acuerdo sigue estando fuera de alcance.


Las primeras informaciones indicaban que Harvard estaba dispuesta a pagar hasta 500 millones de dólares para restablecer su relación con el Gobierno federal, destinando específicamente esos fondos a programas de formación laboral. La Administración Trump ha llegado a acuerdos con otras seis instituciones: la Universidad de Pensilvania, la Universidad de Columbia, la Universidad de Brown, la Universidad de Virginia, la Universidad de Cornell y la Universidad Northwestern. Entre las universidades que llegaron a un acuerdo, Brown acordó destinar 50 millones de dólares a programas de desarrollo laboral en Rhode Island, donde se encuentra ubicada. En un acuerdo relacionado, Cornell aceptó invertir 30 millones de dólares en investigación agrícola.


Trump también apuntó al presidente de Harvard, Alan Garber, en su serie de publicaciones nocturnas del lunes.  


«El Dr. Alan Garber, presidente de Harvard, ha hecho un pésimo trabajo a la hora de rectificar una situación muy grave para su institución y, lo que es más importante, para los propios Estados Unidos. Fue contratado DESPUÉS de que se presentaran las acusaciones de antisemitismo. Me pregunto por qué», escribió Trump en las redes sociales.


Garber asumió el cargo de forma interina a principios de 2024, después de que la entonces presidenta Claudine Gay dimitiera en medio de una tormenta mediática provocada tanto por su perjudicial actuación en una audiencia del Congreso sobre el antisemitismo en el campus como por las acusaciones de plagio que se cernían sobre ella. Harvard levantó la condición de interino de Garber en agosto de 2024 y amplió su mandato a finales del año pasado.


Harvard no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios el martes por la mañana.




******************


February 03, 2026

Trump Demands Harvard Pay $1 Billion

Just hours before the latest demand, The New York Times reported he had backed off calling for a cash settlement.

By  Josh Moody


resident Donald Trump has demanded Harvard University pay the federal government $1 billion, escalating a high profile, almost year-long fight over alleged campus antisemitism.   

The demand, posted on Truth Social late Monday night, comes as Harvard is locked in negotiations with the Trump administration and landed just six hours after The New York Times reported that the federal government had backed off demands for a financial penalty. The Trump administration had reportedly sought up to $200 million from Harvard, which has resisted settling with the federal government as some Ivy league peers and other institutions have done. While others reached agreements, Harvard took Trump to court and won, so far fending off efforts to strip its federal research funding and restrict its ability to host international students, among other attacks.  

Late Monday, Trump disputed the reporting by The New York Times.

“Strongly Antisemitic Harvard University has been feeding a lot of “nonsense” to The Failing New York Times. Harvard has been, for a long time, behaving very badly!,” Trump wrote online.

The president claimed that Harvard “wanted to do a convoluted job training concept” in lieu of a monetary settlement but that proposal “was turned down” and “wholly inadequate.” He added a financial penalty was needed due to “serious and heinous illegalities that they have committed.”  

Now, Trump has upped the ante on a potential settlement deal.

“We are now seeking One Billion Dollars in damages, and want nothing further to do, into the future, with Harvard University,” Trump wrote in the first of two posts disputing the coverage. (Trump demanded The New York Times change its reporting in a second post on Truth Social.)

The New York Times has reported since July that a settlement with Harvard was imminent, a claim that officials such as Education Secretary Linda McMahon have echoed in public for months. But Trump’s latest billion-dollar demand suggests any such deal remains out of reach.  

Initial coverage indicated that Harvard was willing to pay up to $500 million to reset its relationship with the federal government, specifically directing those funds toward workforce programs. The Trump administration has reached settlements with six other institutions: the University of Pennsylvania, Columbia University, Brown University, the University of Virginia, Cornell University, and Northwestern University. Among universities that settled, Brown struck a deal to steer $50 million to workforce development programs in Rhode Island, where it is located. In a related settlement, Cornell agreed to invest $30 million in agricultural research.

Trump also took aim at Harvard President Alan Garber in Monday’s late-night-posting spree.   

“Dr. Alan Garber, the President of Harvard, has done a terrible job of rectifying a very bad situation for his institution and, more importantly, America, itself. He was hired AFTER the antisemitism charges were brought - I wonder why???,” Trump wrote on social media.

Garber took over in an interim capacity in early 2024 after then-president Claudine Gay stepped down amid a public relations firestorm driven by both a damaging performance at a Congressional hearing on campus antisemitism and swirling plagiarism allegations. Harvard lifted Garber’s interim tag in August 2024 and extended his term of service late last year.

Harvard did not immediately respond to a request for comment early Tuesday morning. 


BIBLAT evalúa la calidad de metadatos de las revistas aprobadas por la SECIHTI... y por el propio BIBLAT

  Reconocimiento nacional para 513 revistas mexicanas: entre el avance y la sostenibilidad De las 513 revistas aprobadas por la SECIHTI , 23...