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jueves, 22 de octubre de 2026

El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

Publicado en The Scholarly Kitchen https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/06/03/the-rise-of-chinas-scholarly-publishing-system-part-1-chinas-journal-ecosystem-is-accelerating/?informz=1&nbd=567d61ec-36ea-4197-85eb-43e2bd36d175&nbd_source=informz 


El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

Por Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke y Yanli Wang
3 de junio de 2026

Nota del editor: La entrada de hoy está escrita por los colaboradores de The Scholarly Kitchen Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke y Yanli Wang. Ning es fundador y director ejecutivo de TopEdit Author Services. Gareth es consultor especializado en mercados académicos y redes de investigación en China y Asia Central, además de cofundador de Sci-Train. Yanli es directora de servicios editoriales de TopEdit. La segunda parte estará disponible mañana.

China ya no es simplemente un importante contribuyente a la producción científica mundial; cada vez más se está convirtiendo en una fuerza clave que moldea el futuro de la publicación académica. Gracias a una extraordinaria escala de producción de artículos, indicadores de calidad en rápida mejora y amplias redes de colaboración, China está pasando de ser principalmente un mercado de envío de manuscritos a convertirse en un posible centro de gravedad de la ciencia global.

Su ecosistema nacional de publicación de revistas científicas está evolucionando al mismo ritmo. Las revistas chinas están invirtiendo en infraestructura editorial, tecnología de publicación, visibilidad internacional y calidad de la revisión por pares. Lo que antes era un entorno editorial predominantemente local ahora se está posicionando para competir a escala mundial, no solo en volumen de publicaciones, sino también en prestigio, citas e influencia disciplinaria.

Más recientemente, esta evolución se ha extendido más allá de las propias revistas hacia las reglas fundamentales del sistema: las políticas, el financiamiento y la evaluación. China ya no se limita a desarrollar capacidad editorial; está comenzando a influir en la manera en que la investigación se orienta, se financia, se evalúa y se valida.

Comprender qué está ocurriendo realmente y por qué sucede constituye el primer paso necesario antes de considerar cómo deberían responder las editoriales y demás actores del ecosistema de la comunicación científica.

La Fase II en acción: creación de nuevas revistas a gran escala

La evidencia más clara de que la Fase II no es meramente simbólica se encuentra en el ritmo de creación de nuevas revistas científicas. En noviembre de 2024, la Asociación China para la Ciencia y la Tecnología (CAST) anunció el financiamiento de 50 nuevos proyectos de revistas de “alto punto de partida” (High-Starting-Point journals). En 2025, se seleccionaron otras 70 revistas, elevando el total a 120 nuevas publicaciones financiadas bajo la Fase II.

El Plan de Acción para la Excelencia ha ido claramente más allá de la modernización de revistas ya existentes; ahora está impulsando activamente la creación de una nueva generación de publicaciones diseñadas para lanzarse a gran escala. Según se informa, la mayoría serán revistas en lengua inglesa, lo que refuerza la ambición de China de competir por autores, lectores y citas a nivel mundial. Se espera que muchas de ellas comiencen a publicar en 2026.

Entre las instituciones seleccionadas se encuentran universidades de investigación, instituciones médicas y centros especializados de investigación de toda China, lo que sugiere que la propiedad de revistas científicas y el liderazgo editorial se han convertido en vías reconocidas para fortalecer la influencia de disciplinas académicas específicas.

El financiamiento de la investigación como palanca estratégica

Análisis recientes sugieren que China está encaminada a convertirse en el mayor financiador público de investigación científica del mundo en los próximos años. Para 2023, el gasto gubernamental chino en investigación y desarrollo (I+D) había aumentado aproximadamente un 90 % respecto a la década anterior, alcanzando una cifra estimada de 133 mil millones de dólares, mientras que el crecimiento en Estados Unidos y la Unión Europea había sido comparativamente modesto. Las proyecciones indican que China podría superar a Estados Unidos en financiamiento público para la investigación entre 2027 y 2029.

Si una proporción cada vez mayor de la investigación mundial es financiada por instituciones chinas, la atracción natural del sistema científico global tenderá a desplazarse hacia las revistas, plataformas y sistemas de evaluación de China. Mecanismos de política científica como los mandatos de publicación en revistas nacionales y las restricciones al financiamiento de cargos por procesamiento de artículos (APC) no constituyen distorsiones del sistema; son aceleradores que actúan sobre una estructura que ya se encuentra en proceso de transformación.

Históricamente, el liderazgo en el financiamiento de la investigación se ha traducido en liderazgo en influencia científica. Estados Unidos ha ocupado esa posición desde la Segunda Guerra Mundial. Un cambio en el liderazgo del financiamiento representaría no solo un hito numérico, sino una reconfiguración significativa del orden global del conocimiento.

Desde esta perspectiva, el ascenso de las revistas científicas chinas no se explica únicamente por la calidad editorial o la capacidad de sus plataformas; también responde a su alineación con la fuente de inversión en investigación de más rápido crecimiento en el mundo.

En esencia, se trata de una cuestión de diseño de incentivos. Los investigadores no eligen las revistas de forma aislada; responden a sistemas de recompensas, reconocimiento y progresión profesional. A medida que el financiamiento, la evaluación y las políticas científicas se alinean cada vez más estrechamente dentro del ecosistema chino, las decisiones sobre dónde publicar dejan de ser una cuestión de preferencia individual para convertirse en una respuesta racional a una estructura coherente de incentivos.

Intentar competir únicamente a nivel de las revistas, sin intervenir en el nivel de los incentivos que orientan el comportamiento de los investigadores, corre el riesgo de abordar los síntomas en lugar de las causas subyacentes.

Redirigiendo el flujo de la investigación

Los debates de política científica en China indican actualmente que entre el 20 % y el 50 % de la producción científica financiada con fondos nacionales debería publicarse en revistas de propiedad china. Si esta medida se implementa a gran escala, no representaría simplemente una preferencia editorial; constituiría una intervención capaz de moldear el mercado, creando un flujo garantizado de artículos para las revistas nacionales, reforzado por incentivos institucionales y por los mecanismos de financiamiento del Estado.

Este cambio también se está consolidando mediante decisiones directas de financiamiento. La Academia China de Ciencias (CAS), la mayor institución de investigación del mundo, ha señalado que planea dejar de cubrir los cargos por procesamiento de artículos (APC) en 30 revistas internacionales de alto costo, entre ellas Nature Communications, Cell Reports y Science Advances. Esto representa un desafío directo al modelo de ingresos basado en acceso abierto del que han llegado a depender muchos editores internacionales.

Cabe destacar que esta decisión recibió una amplia cobertura en la televisión nacional, algo relativamente poco frecuente y que señala claramente la orientación más amplia de la política gubernamental: redirigir el gasto en investigación hacia la infraestructura editorial nacional y fortalecer la influencia de China en la publicación académica.

Como ha señalado George Cooper, profesor de práctica editorial en el University College London (UCL), este proceso representa un cambio de política impulsado desde arriba que se aleja de los incentivos para publicar en revistas con altos factores de impacto y se orienta hacia la priorización de la infraestructura nacional de investigación de China.

Es probable que estas políticas también provoquen un cambio gradual en el comportamiento de los investigadores. A medida que las revistas nacionales ganen visibilidad, mejoren sus estándares editoriales y se alineen más estrechamente con los sistemas de financiamiento y evaluación, la percepción de que existe una disyuntiva entre el prestigio internacional y la alineación con las prioridades nacionales comenzará a disminuir.

Lo que empieza como una redirección de manuscritos impulsada por la política pública podría evolucionar finalmente hacia un cambio genuino de preferencias, especialmente entre los investigadores en las primeras etapas de sus carreras, cuyos incentivos están más estrechamente vinculados a los sistemas nacionales de evaluación científica.

Influencia editorial y efectos de red

La influencia en la publicación académica suele ejercerse menos a través de la propiedad de las revistas que mediante el control de las redes de intermediación y validación científica, incluidas las vías de revisión por pares, la toma de decisiones editoriales y la configuración de las normas y estándares disciplinarios.

Una vez que una masa crítica de investigadores influyentes en un determinado campo comienza a desempeñarse como editores de revistas chinas, estas publicaciones adquieren no solo credibilidad, sino también acceso privilegiado a los flujos de envío de manuscritos, a las redes de revisores y a las tendencias emergentes de investigación.

Con clasificaciones nacionales más sólidas, un mayor número de manuscritos impulsados por políticas públicas y una inversión institucional en expansión, las condiciones para acelerar este cambio están cada vez más consolidadas.

Integridad de la investigación a gran escala

Los artículos con afiliaciones institucionales chinas representan más de la mitad de las retractaciones registradas por las principales editoriales científicas, a pesar de constituir una proporción significativamente menor de la producción científica mundial. Las retractaciones reflejan no solo casos de mala conducta científica, sino también diferencias en la intensidad de la detección, las prácticas editoriales y los niveles de escrutinio. Una proporción importante de estos casos se ha relacionado con procesos de revisión por pares comprometidos y con la actividad de las denominadas “fábricas de artículos” (paper mills) que operan a gran escala. Las diferencias entre editoriales en la forma de investigar y reportar las retractaciones, junto con posibles variaciones geográficas en los niveles de vigilancia, complican aún más las comparaciones directas.

En conjunto, estos patrones refuerzan una idea más amplia: los desafíos relacionados con la integridad de la investigación son problemas sistémicos, moldeados por los incentivos, los mecanismos de supervisión y la escala de los sistemas científicos, y tienden a hacerse más visibles a medida que estos sistemas crecen. No son problemas exclusivos de China, pero adquieren una importancia proporcionalmente mayor —y consecuencias más significativas para el sistema científico mundial— conforme se expande la producción científica china.

También existen indicios de que los responsables políticos chinos están tomando este asunto con seriedad. En febrero de 2026, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China (MOST) anunció que impondría sanciones a las universidades que no investiguen o castiguen adecuadamente los casos graves de mala conducta científica, especialmente cuando los artículos hayan sido retractados en revistas internacionales. Asimismo, estableció una base de datos nacional de casos graves de mala conducta científica, que será utilizada para determinar la elegibilidad de investigadores e instituciones para recibir financiamiento y participar en programas de desarrollo de talento científico.

Del desarrollo de revistas a la construcción de sistemas

China está tratando la publicación académica como una infraestructura estratégica: una extensión de su capacidad científica y de su influencia global. El énfasis en plataformas, agrupaciones (clusters), capacidad operativa y autonomía en los sistemas de métricas refleja un enfoque cada vez más maduro cuyo objetivo ya no es simplemente la excelencia de las revistas individuales, sino la competitividad de todo el sistema de publicación científica en cada uno de sus niveles.

Este enfoque refleja la estrategia más amplia de desarrollo de China: fortalecer la circulación interna mientras se construye competitividad global. El efecto combinado de los mandatos nacionales de publicación, la creación de nuevas revistas a gran escala, la expansión de las redes editoriales, la inversión en infraestructura y el desarrollo de marcos propios de evaluación está generando las condiciones para un ecosistema de publicación académica paralelo y autosostenido, con sus propios insumos, sistemas de validación y jerarquías de prestigio.

Cada vez resulta más útil interpretar esta situación no como una competencia entre revistas individuales, sino como una competencia entre sistemas, donde cada sistema está compuesto por flujos de financiamiento, canales de publicación, métricas de evaluación, redes editoriales y marcos normativos que se refuerzan mutuamente.

La ventaja estratégica no recaerá en el componente individual más fuerte, sino en el sistema que posea la mayor coherencia interna. En este sentido, la trayectoria actual de China refleja una transición desde la simple participación en el sistema global de publicación científica hacia un papel activo en su transformación.

No se trata de una posibilidad lejana ni de un escenario extremo. Es una tendencia que ya puede observarse en los datos, en la orientación de las políticas públicas y en los comportamientos institucionales descritos anteriormente.

La Parte 2 examina lo que todo esto significa en la práctica para las editoriales internacionales y explora cómo podría articularse una respuesta estratégica y constructiva ante esta transformación. 

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The Rise of China’s Scholarly Publishing System Part 1: China’s Journal Ecosystem Is Accelerating


By Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke, Yanli Wang


Jun 3, 2026


Editor’s Note: Today’s post is by Scholarly Kitchen Chef Ashutosh Ghildiyal, Ning Zhang, Gareth Dyke, and Yanli Wang. Ning is the founder and CEO of TopEdit Author Services. Gareth is a Consultant specialising in scholarly markets and researcher networks in China and Central Asia, and is a co-founder of Sci-Train. Yanli is the Publishing Service Director at TopEdit. Part 2 will be available tomorrow.

China is no longer simply a major contributor to global research output; it is increasingly becoming a key force shaping the future of scholarly publishing. With extraordinary scale in article production, rapidly improving quality metrics, and extensive collaboration networks, China is moving from being primarily a submissions market to a potential center of gravity for global science.

Its domestic journal publishing ecosystem is evolving at a similar pace. Chinese journals are investing in editorial infrastructure, publishing technology, international visibility, and peer review quality. What was once a largely local publishing environment is now positioning itself to compete globally, not only on volume but also on prestige, citations, and disciplinary influence.

More recently, this evolution has extended beyond journals themselves into the underlying rules of the system: policy, funding, and evaluation. China is no longer only building publishing capacity; it is beginning to shape how research is directed, funded, assessed, and validated. Understanding what is actually happening, and why, is the necessary first step before considering how publishers should respond. 

The Excellence Action Plan Moves from Signal to Execution

In 2019, China launched the Science and Technology Journal Excellence Action Plan, aimed at elevating the quality and global standing of Chinese scientific journals. From the beginning, international observers interpreted it as more than an academic modernization program; it was also a strategic move to reduce dependence on Western publishing platforms and reshape the global flow of Chinese research.

In November 2024, the China Association for Science and Technology (CAST) announced the 2024 Special Project under the Excellence Action Plan, effectively marking the launch of its second major phase, widely understood as spanning 2024 to 2028.

Phase I largely focused on identifying and supporting China’s most promising journals. Phase II expands the emphasis toward cultivation: building and developing journals over time rather than simply rewarding established leaders. With a total commitment of 1.2 billion RMB over five years (2024 to 2028), this sustained government investment underscores that China views scholarly publishing as strategic infrastructure rather than a service industry.

Perhaps most strategically significant is the continued focus on digital publishing platforms and journal clusters. Thirteen clusters with a strong foundation were funded in Phase II. Individual journal quality alone does not challenge the market power of major international publishers; infrastructure does. Journal clusters enable shared technology, shared workflows, integrated marketing, unified standards, and economies of scale, precisely the structural advantages that global publishers have historically held.

What deserves particular attention is the role of platform control as a strategic lever. Journal clusters and digital publishing platforms are not simply operational efficiencies; they are coordination mechanisms that shape submission flows, peer review pathways, data capture, and downstream analytics. Over time, platform ownership enables the integration of author services, reviewer networks, research integrity checks, and metrics into a unified environment, creating switching costs and ecosystem stickiness that extend well beyond individual journals. The current focus on platforms is not an implementation detail; it is a long-term play for structural influence over the research life cycle itself. Phase II is not simply funding-driven; it is execution-driven.  

Phase II in Action: Building New Journals at Scale

The clearest evidence that Phase II is not symbolic lies in the pace of new journal creation. In November 2024, CAST announced funding for 50 new “High-Starting-Point” journal projects. In 2025, a further 70 were selected, bringing the total to 120 new journals funded under Phase II. The Excellence Action Plan has moved decisively beyond upgrading existing journals; it is now actively creating a new generation of titles designed to launch at scale. The majority are reportedly English-language journals, reinforcing China’s ambition to compete for global authorship, readership, and citations. Many are expected to begin publishing in 2026.

Research universities, medical institutions, and specialized research institutes across China are all represented in the selections, suggesting that journal ownership and editorial leadership have become recognized pathways to building disciplinary influence. 

Research Funding as a Strategic Lever

Recent analysis suggests that China is on track to become the world’s largest public funder of scientific research within the next few years. By 2023, government R&D spending in China had grown by approximately 90 percent over the preceding decade, reaching an estimated $133 billion, while growth in the United States and the European Union had remained comparatively modest. Projections indicate that China could surpass the United States in public research funding as early as 2027 to 2029.

If a growing share of global research is funded by Chinese institutions, the natural gravitational pull will shift toward Chinese journals, platforms, and evaluation systems. Policy mechanisms such as domestic publishing mandates and APC funding restrictions are not distortions of the system; they are accelerants acting upon an already shifting foundation.

Historically, leadership in research funding has translated into leadership in scientific influence. The United States has held that position since World War II. A transition in funding leadership would represent not just a numerical milestone but a meaningful reconfiguration of the global knowledge order. The rise of Chinese journals, in this light, is not merely about editorial quality or platform capability; it is about alignment with the fastest-growing source of research investment in the world.

This is, at its core, a question of incentive design. Researchers do not choose journals in isolation; they respond to systems of rewards, recognition, and career progression. As funding, evaluation, and policy become more tightly aligned within the Chinese ecosystem, publishing behavior becomes less a matter of individual preference and more a rational response to a coherent incentive structure. Competing at the journal level without engaging at the level of incentives risks addressing symptoms rather than causes.

Redirecting the Flow of Research

Policy discussions in China now indicate that 20 to 50 percent of nationally funded research output should be published in Chinese-owned journals. If implemented at scale, this would not simply represent an editorial preference; it would constitute a market-shaping intervention, creating a guaranteed domestic supply pipeline reinforced by institutional incentives and national funding flows.

This shift is being reinforced through direct funding behavior. The Chinese Academy of Sciences (CAS), the world’s largest research institution, has signaled that it plans to stop covering APCs for 30 high-cost international journals, including Nature Communications, Cell Reports, and Science Advances. This represents a direct challenge to the open access revenue model on which many international publishers have come to rely. Notably, this development received prominent coverage on national television, a relatively rare occurrence that signals the broader direction of government policy: to redirect research spending toward domestic publishing infrastructure and to strengthen China’s own academic publishing influence.

As George Cooper, a lecturer in publishing practice at University College London, has observed, this represents a top-down policy shift away from incentivizing publication in high-impact-factor journals and toward prioritizing China’s domestic research infrastructure.

These policies are also likely to drive a gradual behavioral shift among researchers. As domestic journals gain visibility, improve editorial standards, and become more closely aligned with funding and evaluation systems, the perceived trade-off between international prestige and domestic alignment will begin to narrow. What begins as a policy-driven redirection of submissions may ultimately evolve into a genuine preference shift, particularly among early-career researchers whose incentives are most tightly coupled to national evaluation systems. 

Emerging Metrics Frameworks: The Dongbi Index and Beyond

Launched in 2026 and developed by Dongbi Data, the Dongbi Index covers 12,710 journals across 10 disciplines, extending well beyond the medical and life sciences. Journals are ranked into tiered categories (A, B, C, and D) using citation quality and network analysis rather than raw citation volume, based on the premise that high-quality research cites high-quality research.

The Dongbi Index is not a government initiative, and its uptake within China’s research community continues to develop. Of note, the Xinrui Journal Ranking, released earlier in 2026, has reportedly attracted considerable attention within China’s scholarly publishing community and may prove equally significant as an alternative evaluation framework.

The Journal Impact Factor, administered by Clarivate, has long served as a global gatekeeper of prestige and a core driver of submission behavior. The emergence of China-developed alternatives represents an effort to build evaluation frameworks that are not dependent on Western-controlled systems. Considered alongside the domestic publishing mandate and the APC policy shift, these metrics initiatives contribute to an increasingly integrated domestic publishing logic: fund locally, publish locally, evaluate locally, and gain prestige locally.

The deeper question is whether the field moves from a single dominant hierarchy toward multiple coexisting legitimacy regimes, requiring publishers and researchers alike to navigate overlapping systems of evaluation rather than relying on a single global standard.

Editorial Influence and Network Effects

Influence in scholarly publishing is often exerted less through ownership than through control of gatekeeping networks, including peer review pathways, editorial decision-making, and the shaping of disciplinary norms.

Once a critical mass of influential researchers in a given field begins serving as editors for Chinese journals, those journals gain not only credibility, but also privileged access to submission flows, reviewer networks, and emerging research trends. With stronger domestic rankings, more policy-directed submissions, and expanding institutional investment, the conditions for accelerating that shift are increasingly in place.

Research Integrity at Scale

Papers with Chinese institutional affiliations account for more than half of retractions across major publishers, despite representing a significantly smaller share of global research output. Retractions reflect not only misconduct but also differences in detection intensity, editorial practices, and scrutiny levels. A significant proportion of cases has been linked to compromised peer review and paper mill activity operating at scale. Variation in how publishers investigate and report retractions, alongside possible geographic differences in scrutiny, further complicates direct comparisons.

Taken together, these patterns reinforce a broader point: research integrity challenges are systemic, shaped by incentives, oversight, and scale, and become more visible as research systems grow. They are not unique to China, but they become proportionally more significant, and more consequential for the global system, as China’s research output expands.

There are also signs that Chinese policymakers are taking this issue seriously. In February 2026, MOST announced that it would penalize universities that fail to investigate or sanction serious cases of research misconduct, particularly where papers have been retracted in international journals. It also established a national database of serious misconduct cases to inform funding and talent program eligibility.

From Journal Development to System Building

China is treating scholarly publishing as strategic infrastructure: an extension of scientific capacity and global influence. The emphasis on platforms, clusters, operational execution, and metrics independence signals a maturing approach whose objective is no longer simply journal excellence, but publishing system competitiveness across every layer.

The approach mirrors China’s broader development strategy: strengthen domestic circulation while building global competitiveness. The combined effect of domestic mandates, new journals at scale, editorial network expansion, infrastructure investment, and evolving metric frameworks is creating the conditions for a parallel, self-reinforcing scholarly publishing ecosystem with its own inputs, validation systems, and prestige hierarchy.

It is increasingly useful to view this not as competition between journals, but as competition between systems, each comprising funding flows, publication venues, evaluation metrics, editorial networks, and policy frameworks that reinforce one another. Strategic advantage will accrue not to the strongest individual component, but to the system that is most internally coherent. In that sense, China’s current trajectory reflects a shift from participating in the global publishing system to actively reshaping it.

This is not a distant prospect or a worst-case scenario. It is a trajectory already visible in the data, policy direction, and institutional behavior described above. Part 2 turns to what this means in practice for international publishers, and what a constructive and strategic response might look like.

Ashutosh Ghildiyal

Ashutosh Ghildiyal is Vice President of Growth, Strategy & Brand at Integra, where he leads marketing, brand, and growth initiatives focused on expanding upstream publishing services, including AI-assisted manuscript screening, peer review, and research integrity solutions. His work centers on shaping Integra’s brand as a trusted, future-ready partner in scholarly publishing by articulating value, strengthening market presence, and building meaningful connections with the global research community.

Ning Zhang

Ning Zhang is the founder and CEO of TopEdit Author Services. He is a botanist and lives in the Washington Metropolitan area.

Gareth Dyke

Dr. Gareth Dyke is an accomplished researcher, author, and journal manager with over 380 peer-reviewed publications. With extensive experience bridging academia and publishing, he has worked with Charlesworth, TopEdit, Edanz, Springer Nature, Reviewer Credits, and 4Evolution. He is a Consultant specialising in scholarly markets and researcher networks in China and Central Asia, and is a co-founder of Sci-Train. Holding a PhD from the University of Bristol, he has held faculty positions at University College Dublin and the University of Southampton, and in Beijing and Chengdu, China. Gareth is also an experienced educator, delivering global researcher training sessions and collaborating with institutions across Europe and Asia.

Yanli Wang

Dr. Wang is based in Nanjing, China. With her extensive background as an editor, she has gained a deep understanding of the China’s publishing ecosystem. As Publishing Service Director at TopEdit, she has successfully collaborated with leading international publishers, including Sage, Canadian Science Publishing, and the University of Toronto Press. Her expertise in the publishing field empowers her to connect and foster collaboration among publishing communities worldwide.





martes, 6 de octubre de 2026

Adquisición de EMERALD por WILEY: una lectura desde el Sur Global

Publicado en The Scholarly Kitchen
https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/08/06/guest-post-buying-the-middle-reading-the-wiley-emerald-deal-from-the-global-south/?informz=1&nbd=567d61ec-36ea-4197-85eb-43e2bd36d175&nbd_source=informz



Artículo invitado — Comprar el segmento intermedio: una lectura del acuerdo Wiley-Emerald desde el Sur Global

Por Sonika Jha
6 de agosto de 2026

Nota del editor: La publicación de hoy es de Sonika Jha. Sonika es profesora asistente de Administración en la FORE School of Management, Nueva Delhi, India. Su investigación se sitúa en la intersección de la innovación abierta, la estrategia, los efectos de difusión del conocimiento y la ética digital y de la inteligencia artificial.

En junio de este año, John Wiley & Sons completó la adquisición de Emerald Publishing Limited mediante una operación íntegramente en efectivo valorada en 337 millones de libras esterlinas —aproximadamente 452 millones de dólares—. El acuerdo incorpora al portafolio de Wiley cerca de 500 marcas de revistas, 8.000 títulos de libros y 3.000 estudios de caso empresariales, consolidando a la compañía como una fuerza dominante en economía, negocios, finanzas y ciencias sociales.

Para la mayor parte de la comunidad de la comunicación académica, esta es una historia sobre concentración del mercado y economía editorial. Pero para los investigadores en las primeras etapas de su carrera en el Sur Global, especialmente aquellos que trabajan en administración, estudios organizacionales y ciencias sociales, significa algo más. Representa una remodelación de la infraestructura sobre la que se construyen sus carreras, su docencia y sus instituciones. Esta transformación merece ser examinada porque conlleva simultáneamente auténticas oportunidades y riesgos estructurales.

La particular importancia de Emerald para el Sur Global

Emerald no es simplemente otra editorial absorbida por una entidad mayor. Para investigadores de Asia meridional, África subsahariana, América Latina y el sudeste asiático, ha ocupado una posición especial como puerta de entrada accesible a la investigación académica internacional. Ha ofrecido clasificaciones que cuentan para los ascensos profesionales y ha tomado en serio sus investigaciones cuando otras editoriales no lo hacían.

Las revistas de Emerald abarcan gestión del conocimiento, negocios internacionales, gestión de recursos humanos, comportamiento organizacional y políticas públicas. Sus clasificaciones del Australian Business Deans Council (ABDC) y de la Chartered Association of Business Schools (ABS) van de B a A. Estas clasificaciones tienen un peso real en las decisiones sobre promoción y permanencia académica. Para un investigador que inicia su carrera en una institución de administración de Delhi o Nairobi, publicar en Emerald no es un premio de consolación. A menudo constituye la vía más creíble para incorporarse a la investigación internacional. No exige estar afiliado a Harvard o Cambridge. Tampoco exige pagar un cargo por procesamiento de artículos (APC) de 3.500 dólares en una revista insignia.

Esto importa más allá de las clasificaciones. Una corriente significativa de la investigación académica del Sur Global se ocupa de la descolonización de la producción del conocimiento. Estos trabajos sostienen que las editoriales comerciales occidentales determinan qué preguntas de investigación se consideran importantes. También influyen en qué marcos teóricos se consideran rigurosos. Emerald ha sido una de las pocas editoriales dispuestas a tomar en serio los enfoques no occidentales en sus propios términos. Sigue siendo una cuestión abierta si la cultura editorial de Wiley podrá mantener esa apertura.

El 85 % de los ingresos de Emerald procede de fuera de Norteamérica. Precisamente aquí es donde la infraestructura de Wiley puede resultar útil. Wiley mantiene profundas relaciones con bibliotecas de Estados Unidos y Canadá que Emerald no tenía. Con una integración bien concebida, los investigadores que publiquen en revistas de Emerald podrían lograr una verdadera ampliación de su alcance de citación dentro de las instituciones norteamericanas.

La dimensión docente es igualmente concreta. Los 3.000 estudios de caso empresariales de Emerald han servido durante mucho tiempo como una alternativa asequible a los casos de Harvard Business Publishing. Esto resulta importante para las escuelas de negocios del Sur Global, donde las tarifas de licencia de Harvard suelen ser prohibitivas. Ese portafolio de casos pertenece ahora a Wiley. Las prioridades de Wiley pueden inclinarse hacia las cadenas de suministro de contenidos para inteligencia artificial. Lo que ello pueda significar para los precios y el encargo de nuevos casos es una cuestión que podría afectar las decisiones en las aulas desde el próximo semestre.

El debate Wiley frente a Emerald

La adquisición de Emerald por Wiley se entiende mejor no como un encuentro entre iguales, sino como la absorción del segmento intermedio de la investigación en administración por parte de una empresa dominante de élite.

La asimetría de prestigio entre ambos portafolios es evidente. Emerald no posee ninguna revista en la lista de 50 publicaciones del Financial Times (FT50), y su presencia con clasificación A* en la lista ABDC se limita a unos pocos títulos, como International Journal of Operations and Production Management y Accounting, Auditing and Accountability Journal. Wiley, en cambio, publica una proporción considerable de las revistas situadas en la cúspide de la disciplina, entre ellas Journal of Finance, Strategic Management Journal y Journal of Management Studies.

Lo que Emerald aporta es volumen y amplitud en los niveles A y B, las revistas que constituyen el caballo de batalla en el que la inmensa mayoría del profesorado de escuelas de negocios —particularmente los investigadores en etapas iniciales de su carrera en el Sur Global— construye realmente su historial de publicaciones.

Wiley no compró prestigio; compró el segmento productivo intermedio de la disciplina, junto con los ingresos recurrentes por suscripciones y el contenido propietario que genera ese segmento.

Esta asimetría importa. Las consolidaciones rara vez tratan por igual todos los niveles de un portafolio. Las revistas de máximo prestigio aportan reputación y se protegen. Las revistas de nivel intermedio aportan márgenes y se racionalizan.

Wiley se ha comprometido a lograr 30 millones de dólares anuales en sinergias de costos en un plazo de tres años. La historia sugiere cómo suelen alcanzarse estos objetivos: fusiones de revistas, cierre de títulos y reajustes de precios. Estos cambios suelen concentrarse precisamente en el nivel intermedio, el segmento que domina Emerald.

Para los investigadores de instituciones con abundantes recursos, esta fusión será en gran medida invisible. Ya tienen acceso a revistas de élite. Sin embargo, numerosos académicos dependen de revistas accesibles clasificadas como A y B. Sus procesos de permanencia dependen de ellas. Sus requisitos nacionales de acreditación dependen de ellas. Sus evaluaciones de investigación dependen de ellas.

Para estos investigadores, una silenciosa reestructuración del segmento intermedio significa algo muy concreto: la escalera de publicación se estrecha precisamente en los peldaños sobre los que están parados.

La concentración de alrededor de 2.500 revistas bajo una sola editorial no constituye, por tanto, únicamente un acontecimiento de mercado; supone una redistribución de las oportunidades académicas, cuyos costos recaerán con mayor intensidad sobre quienes se encuentran más alejados del centro del sistema.

Lo que revela el discurso de Wiley, también para China

La adquisición fortalece la posición de Wiley en materia de contenidos propietarios destinados a la inteligencia artificial y al análisis de datos, en un momento en que se acelera la demanda de contenidos de investigación confiables y revisados por pares.

La investigación académica, tal como se plantea explícitamente, se convierte en combustible. La combinación de Wiley y Emerald significa, en palabras del propio presidente y director ejecutivo de Wiley, Matthew Kissner, que sus «contenidos y datos propietarios alimentan la IA, y la IA acelera el ritmo de la publicación».

Esto no es necesariamente siniestro; las herramientas asistidas por IA pueden ayudar genuinamente a los investigadores a navegar por la literatura y acelerar los procesos de síntesis. Pero la asimetría es evidente.

Los investigadores producen los contenidos que sustentan una valoración de 452 millones de dólares, no reciben ninguna participación patrimonial por esa extracción de valor, rara vez reciben una compensación significativa y, en muchos casos, incluso pagan por publicar.

La cuestión de cómo el valor creado mediante el uso de contenidos científicos por la IA retorna a los investigadores —si es que retorna de alguna manera— merece una respuesta directa.

Específicamente para los académicos del Sur Global, también surge la cuestión de la gobernanza de los datos: Wiley es una corporación estadounidense que cotiza en bolsa, y la producción científica de investigadores indios, chinos, latinoamericanos y africanos procesada mediante sistemas de IA regidos por marcos corporativos estadounidenses plantea cuestiones de soberanía de los datos que los consejos de investigación de varios países apenas están comenzando a abordar.

La situación de China merece una atención especial. El gobierno chino, mediante la iniciativa universitaria Double First Class, ha impulsado activamente a los investigadores a publicar en revistas occidentales altamente clasificadas como condición para el avance profesional y la financiación institucional, al tiempo que persigue un desacoplamiento geopolítico respecto de las instituciones occidentales e invierte en la China National Knowledge Infrastructure (CNKI) como alternativa nacional.

La relación entre Wiley y la investigación china ya ha sido complicada: Hindawi, filial de Wiley, retractó más de 8.000 artículos con coautores chinos en 2023 tras un escándalo de manipulación de la revisión por pares a gran escala que perjudicó a ambas partes.

Una entidad combinada Wiley-Emerald que controle una proporción mayor de revistas acreditadas del ámbito de la administración profundiza la dependencia estructural de los investigadores chinos respecto de la infraestructura editorial occidental precisamente en un momento en que la política nacional intenta reducirla.

La fuerza laboral invisible: trabajo editorial y revistas propiedad de sociedades científicas

Existe una dimensión de esta adquisición que casi no ha recibido atención: los consejos editoriales.

Cada revista de Emerald cuenta con académicos —muchos de ellos procedentes del Sur Global— que realizan una cantidad considerable de trabajo intelectual no remunerado: gestionan la revisión por pares, definen la orientación editorial y mantienen la identidad académica de la revista a lo largo de años o décadas.

Ese trabajo forma parte de aquello por lo que Wiley pagó 337 millones de libras esterlinas. Los académicos que lo realizan no participaron en la transacción, no dieron su consentimiento para que su trabajo fuera transferido a un nuevo propietario corporativo y, en la práctica, no poseen derechos de salida que puedan ejercer de manera efectiva.

Wiley tiene una oportunidad real de distinguirse del patrón de pérdida de editores posterior a adquisiciones que ha caracterizado varias de las principales operaciones de consolidación. Compromisos proactivos con la independencia editorial y consultas significativas con los consejos durante la integración constituirían un enfoque sustancialmente diferente y reducirían el riesgo de renuncias de alto perfil que han perjudicado la reputación de otras editoriales.

Una parte del portafolio de Emerald también se publica en nombre de sociedades científicas que negociaron acuerdos específicamente con Emerald. Esas sociedades descubren ahora que sus revistas están en manos de una compañía con la que nunca contrataron, y la mayoría ha guardado silencio públicamente desde el anuncio, presumiblemente mientras determinan cuál es realmente su situación contractual.

Concentración, investigadores en etapas iniciales y el vacío de las editoriales depredadoras

El acuerdo Wiley-Emerald forma parte de una tendencia de consolidación mucho más prolongada. Un pequeño número de grandes editoriales comerciales representa actualmente una proporción considerable de los artículos científicos publicados en todo el mundo, lo que reduce la presión competitiva sobre los precios, las condiciones de acceso y las condiciones ofrecidas a los autores.

Para los investigadores que inician su carrera, la concentración genera problemas específicos: los investigadores en etapas iniciales de la carrera (ECR) poseen el menor poder institucional en las negociaciones de suscripciones, carecen de voz en los acuerdos transformativos y se enfrentan a comités de contratación que exigen publicaciones en revistas clasificadas controladas cada vez más por unas pocas editoriales comerciales.

El objetivo de Wiley de alcanzar 30 millones de dólares en sinergias de costos, principalmente mediante la integración de plataformas y la eliminación de costos duplicados, plantea interrogantes reales acerca de los títulos especializados y de menor volumen de Emerald, precisamente aquellos de los que más dependen los investigadores del Sur Global.

Existe aquí una consecuencia posterior. Cuando desaparecen revistas creíbles y accesibles, o cuando se vuelven inasequibles, el vacío es ocupado de forma previsible por editoriales depredadoras.

Los investigadores del Sur Global son objeto de estas prácticas de manera desproporcionada: se encuentran sometidos a una mayor presión para publicar y normalmente disponen de menos orientación institucional acerca de la calidad de las editoriales.

Si las sinergias de costos provocan la desaparición de títulos, los investigadores que dependían de esas revistas no migrarán automáticamente hacia publicaciones más prestigiosas. Muchos serán captados por las peores opciones disponibles.

Se trata de un daño concreto y evitable.

El acceso abierto no es una solución mágica, especialmente en la investigación en administración

Considerar el acceso abierto como una corrección estructural es en parte acertado, pero también sustancialmente incompleto, en particular para los investigadores de administración y ciencias sociales, cuyo ecosistema editorial funciona conforme a reglas diferentes de las disciplinas STEM que dominan el discurso sobre comunicación académica.

No existe un servidor de preprints ampliamente reconocido para la investigación en administración. El acceso abierto verde está mucho menos normalizado como práctica profesional segura. La marca de la revista tiene mayor peso y la infraestructura alternativa es más limitada. Las soluciones de política diseñadas para STEM no pueden trasladarse directamente.

No se trata de un problema irresoluble. La Scientific Electronic Library Online (SciELO) de América Latina demuestra que una infraestructura de acceso abierto financiada públicamente y gobernada regionalmente puede funcionar a gran escala y atender a los investigadores conforme a sus propias condiciones institucionales. African Journals Online (AJOL) avanza en una dirección similar.

Estos experimentos y alternativas nos muestran que el Sur Global no debe limitarse a consumir, sino que debe ser propietario de la manera en que se realiza y publica la investigación.

La cobertura de acuerdos transformativos de Wiley crea nuevas vías de acceso abierto para algunos investigadores, pero se aplica de manera desigual. Muchas instituciones de países de menores ingresos no cuentan con esos acuerdos, y los sistemas de exenciones siguen aplicándose de forma inconsistente y resultan estructuralmente insuficientes como sustituto de un acceso equitativo concebido desde el diseño.

Por tanto, la comunidad de la comunicación académica estaría mejor atendida si invirtiera en modelos alternativos en lugar de suponer que los acuerdos transformativos negociados entre grandes editoriales occidentales y grandes universidades occidentales llegarán a los investigadores de Chennai o Nairobi.

El momento político de India y el panorama de las negociaciones

Esta adquisición llega en un momento en que India está construyendo activamente su infraestructura de investigación mediante la National Research Foundation, la evolución de los mandatos de acceso abierto de la University Grants Commission (UGC) y las discusiones en curso sobre un modelo nacional de suscripción.

Lo que cambia el acuerdo Wiley-Emerald es el panorama de la negociación.

Una entidad combinada que controle aproximadamente 2.500 títulos de revistas, con una sólida presencia en las disciplinas en las que la producción investigadora india crece con mayor rapidez, constituye una contraparte muy distinta de dos editoriales separadas: concentra el poder de negociación del lado del editor en cualquier negociación de ámbito nacional.

Las instituciones solo podrán desenvolverse en este escenario si negocian de manera proactiva y teniendo explícitamente presente todo el peso de esta consolidación, en lugar de reaccionar una vez que las condiciones ya hayan sido establecidas.

Preguntas que debería plantearse la comunidad

Seamos claros respecto de lo que esta adquisición podría representar en el mejor de los casos.

Wiley es un propietario a largo plazo más estable que una entidad respaldada por capital privado. Su infraestructura de plataformas es materialmente más sólida que la de Emerald. Su alcance en Norteamérica podría ampliar la visibilidad de revistas que históricamente han tenido dificultades para penetrar ese mercado. Su red de acuerdos transformativos puede abrir vías de acceso abierto para investigadores que anteriormente no disponían de ellas.

Estos beneficios potenciales no son triviales, y la honestidad intelectual exige reconocerlos.

Pero los beneficios potenciales y los riesgos estructurales no son mutuamente excluyentes. La comunidad de la comunicación académica tiene el hábito constante de esperar hasta después de la integración para formular las preguntas difíciles, cuando para entonces los consejos editoriales ya han sido reestructurados, las revistas discontinuadas y las tarifas de APC fijadas prácticamente de manera irreversible.

El momento de plantear esas preguntas es ahora.

¿Mantendrá Wiley el portafolio de revistas especializadas de Emerald, incluidos los títulos de menor volumen que atienden principalmente a comunidades investigadoras del Sur Global?

¿Qué compromisos se están adoptando para preservar la independencia editorial durante la integración?

¿Qué obligaciones tiene ahora Wiley hacia las sociedades científicas cuyas revistas ha heredado?

¿Cómo evolucionarán las estructuras de APC en el portafolio combinado y cómo se gestionará el acceso a exenciones para investigadores de instituciones que no estén cubiertas por acuerdos transformativos?

¿Cómo se gobernará el uso de contenidos de investigación por parte de la IA, y tendrán los investigadores —particularmente los del Sur Global, donde las preocupaciones sobre soberanía de los datos son más agudas— alguna participación significativa en dicha gobernanza?

La infraestructura editorial moldea las carreras. Determina qué preguntas se formulan, qué investigaciones son validadas y qué voces entran en la conversación académica mundial.

La adquisición Wiley-Emerald transfiere el trabajo de miles de investigadores, miembros de consejos editoriales y autores de estudios de caso a una nueva arquitectura corporativa, a gran escala, rápidamente y, en buena medida, sin que ellos sean conscientes de ello.

Que finalmente beneficie a las comunidades que construyeron el valor de Emerald o simplemente extraiga valor de ellas dependerá de decisiones que se están tomando ahora mismo, y los investigadores que más tienen en juego merecen un lugar en la mesa de negociación.

Más allá de este acuerdo concreto

Este análisis ha intentado centrarse en esta adquisición porque es la que tenemos delante y porque la particular relación de Emerald con la investigación del Sur Global hace que lo que está en juego sea excepcionalmente visible.

Pero nada de lo expuesto anteriormente es exclusivo de Wiley o de Emerald.

La publicación académica lleva dos décadas consolidándose y no muestra señales de desaceleración. Cada vez que una editorial especializada en una disciplina o arraigada regionalmente es absorbida por una entidad comercial de mayor tamaño —sea cual sea la empresa y sean cuales sean las revistas— reaparece el mismo conjunto de preocupaciones.

Hay cuatro preguntas relevantes que deberían plantearse:

¿Qué nivel del portafolio adquirido concentra a los investigadores con menor poder institucional, aquellos para quienes dicho portafolio no es simplemente algo «deseable», sino la auténtica escalera profesional sobre la que están parados?

¿Qué consejos editoriales realizaron durante años trabajo intelectual no remunerado que ahora ha cambiado de manos sin su consentimiento ni su voto?

¿Qué sociedades científicas descubren que los acuerdos que negociaron han sido transferidos a una contraparte que nunca eligieron?

¿Y qué investigadores —de manera desproporcionada los del Sur Global— dependen más de los títulos específicos que tienen mayores probabilidades de ser racionalizados una vez establecidos los objetivos de sinergias de costos?

Estas son preguntas permanentes, no interrogantes específicos sobre Wiley.

La comunidad de la comunicación académica estaría mejor atendida si las planteara en el momento del anuncio de cada operación de este tipo, en lugar de reconstruirlas después a partir de aquello que haya quedado tras la integración.

Wiley y Emerald son simplemente la ocasión para formularlas este año. La próxima consolidación —y habrá otra— merece el mismo escrutinio.


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Guest Post — Buying the Middle: Reading the Wiley Emerald Deal from the Global South


By Sonika Jha
Aug 6, 2026



Editor’s Note: Today’s post is by Sonika Jha. Sonika is an Assistant Professor of Management at FORE School of Management, New Delhi, India. Her research sits at the intersection of open innovation, strategy, knowledge spillovers, and digital ethics and AI.

In June this year, John Wiley & Sons completed their acquisition of Emerald Publishing Limited, in an all-cash transaction valued at £337 million (approximately $452 million). The deal adds nearly 500 journal brands, 8,000 book titles, and 3,000 business case studies to Wiley’s portfolio, establishing the company as a dominant force in economics, business, finance, and the social sciences.

For most of the scholarly communications community, this is a story about market concentration and publishing economics. But for early career researchers in the Global South, especially those working in management, organizational studies, and the social sciences, it is something more. It is a reshaping of the infrastructure on which their careers, their teaching, and their institutions are built. This reshaping merits examination because it simultaneously carries genuine promise and structural risks.

Emerald’s Particular Significance to the Global South

Emerald is not just another publisher absorbed into a larger entity. For researchers across South Asia, Sub-Saharan Africa, Latin America, and Southeast Asia, it has occupied a special position as been an accessible entry point into international scholarship. It has offered rankings that count toward promotion. And it has taken their research seriously when other publishers didn’t. Emerald’s journals span knowledge management, international business, human resource management, organizational behavior, and public policy. Their Australian Business Deans Council (ABDC) and Chartered Association of Business Schools (ABS) rankings range from B to A. These rankings carry real weight in promotion and tenure decisions. For an early-career researcher at a management institution in Delhi or Nairobi, an Emerald publication is not a consolation prize. It is often the most credible path into international research. It doesn’t require a Harvard or Cambridge affiliation. It doesn’t require a $3,500 article processing charge (APC) at a flagship journal. This matters beyond rankings. A significant strand of Global South scholarship engages with decolonizing knowledge production. This work argues that Western commercial publishers shape which research questions count as important. It argues they also shape whose theoretical frameworks count as rigorous. Emerald has been one of the few publishers willing to take non-Western frameworks seriously, on their own terms. Whether Wiley’s editorial culture can sustain that openness is still an open question.
85% of Emerald’s revenue comes from outside of North America. This is precisely where Wiley’s infrastructure can help. Wiley has deep library relationships across the US and Canada that Emerald lacked. With thoughtful integration, researchers publishing in Emerald journals could gain real citation reach into North American institutions. The teaching dimension is just as concrete. Emerald’s 3,000 business case studies have long served as an affordable alternative to Harvard Business Publishing cases. This matters for business schools across the Global South, where Harvard’s licensing fees are often prohibitive. That case portfolio now belongs to Wiley. Wiley’s priorities may lean toward AI content pipelines. What that means for case pricing and commissioning is a question that could affect classroom decisions as soon as next semester. The Wiley versus Emerald Debate The Wiley acquisition of Emerald is best understood not as a meeting of equals but as the absorption of the middle tier of management scholarship by an elite incumbent. The prestige asymmetry between the two portfolios is stark. Emerald holds no journals on the Financial Times list of 50 journals (FT50), and its A star presence on the ABDC list is limited to a small number of titles such as the International Journal of Operations and Production Management and Accounting, Auditing and Accountability Journal. Wiley, by contrast, publishes a substantial share of the discipline’s apex outlets, including the Journal of Finance, the Strategic Management Journal, and the Journal of Management Studies. What Emerald brings is volume and breadth in the A and B tiers, the workhorse journals in which the vast majority of business school faculty, particularly early-career researchers in the Global South, actually build their publication records. Wiley did not purchase prestige; it purchased the productive middle of the field, along with the recurring subscription revenue and proprietary content that the middle generates. This asymmetry matters. Consolidation rarely treats all tiers of a portfolio equally. Apex journals carry reputational weight. They get protected. Mid-tier journals carry margins. They get rationalized. Wiley has committed to thirty million dollars in annual cost synergies within three years. History suggests how such targets get met: journal mergers, title closures, and pricing realignment. These changes tend to concentrate in the mid-tier, the exact segment Emerald dominates. For researchers at well-resourced institutions, this merger will be largely invisible. They have access to elite outlets already. But many scholars depend on accessible A- and B-ranked journals. Their tenure cases depend on them. Their national accreditation requirements depend on them. Their research assessments depend on them. For these scholars, a quiet restructuring of the middle tier means something specific: the publication ladder narrows at exactly the rungs they stand on. The concentration of roughly 2,500 journals under a single publisher is therefore not merely a market event; it is a redistribution of academic opportunity, and the costs will fall hardest on those furthest from the center of the system. What Wiley’s Framing Signals — Including for China The acquisition deepens Wiley’s proprietary content position for use in artificial intelligence (AI) and data analytics, at a moment when demand for trusted peer-reviewed research content is accelerating. Research content, as explicitly framed, is fuel, and the combination of Wiley and Emerald, in the words of Wiley’s President and CEO, Matthew Kissner himself, means that their “proprietary content and data fuels AI, and AI accelerates the pace of publishing.” This is not inherently sinister; AI-assisted tools can genuinely help researchers navigate literature and accelerate synthesis. But the asymmetry is stark. Researchers produce the content underpinning a $452 million valuation, receive no equity in that extraction, rarely receive meaningful compensation, and in many cases pay to publish. The question of how value created by AI use of research content flows back to researchers, if at all, deserves a direct answer. For Global South scholars specifically, the data governance dimension is pointed out: Wiley is a US-listed corporation, and the research output of Indian, Chinese, Latin American, and African scholars processed through AI systems governed under US corporate frameworks raises data sovereignty questions that research councils in several countries are only beginning to ask. China’s situation deserves specific attention. The Chinese government, through the Double First Class university initiative, has actively pushed researchers to publish in high-ranked Western journals as a condition of career advancement and institutional funding, while simultaneously pursuing geopolitical decoupling from Western institutions and investing in the China National Knowledge Infrastructure (CNKI) as a domestic alternative. The relationship between Wiley and Chinese research has already been complicated: Wiley’s subsidiary Hindawi retracted over 8,000 articlesinvolving Chinese co-authors in 2023 following a large-scale peer review manipulation scandal that damaged both parties. A combined Wiley-Emerald entity controlling a larger share of credentialed management journals deepens Chinese researchers’ structural dependency on Western publishing infrastructure at precisely the moment national policy is trying to reduce it. The Invisible Workforce: Editorial Labor and Society-Owned Journals There is a dimension of this acquisition that has received almost no attention: the editorial boards. Every Emerald journal has one academic, many from the Global South, who perform substantial unpaid intellectual labor: handling peer review, shaping editorial direction, and maintaining the scholarly identity of the journal over years or decades. That labor is part of what Wiley has paid £337 million to acquire. The academics providing it were not party to the transaction, did not consent to the transfer of their labor to a new corporate owner, and have no practically exercisable exit rights. Wiley has a genuine opportunity to distinguish itself from the pattern of post-acquisition editorial attrition that has characterized several major consolidations. Proactive commitments to editorial independence and meaningful consultation with boards during integration would represent a substantively different approach and reduce the risk of high-profile resignations that have damaged publisher reputations elsewhere. A subset of Emerald’s portfolio is also published on behalf of learned societies that negotiated agreements with Emerald specifically. Those societies now find their journals in the hands of a company they never contracted with, and most have been publicly silent since the announcement, presumably still determining what their contractual positions actually are. Concentration, the Early Career Researcher, and the Predatory Publishing Vacuum The Wiley-Emerald deal is part of a longer arc of consolidation. A small number of large commercial publishers now account for a substantial majority of the world’s journal articles, reducing competitive pressure on pricing, access terms, and author conditions. For early career researchers, concentration creates specific issues: Early Career Researchers (ECRs) have the least institutional leverage in subscription negotiations, no voice in transformative agreements, and face hiring committees that require publication in ranked journals increasingly controlled by a handful of commercial publishers. Wiley’s $30 million cost synergy target, primarily from platform integration and elimination of duplicate costs, raises real questions about the specialized, lower-volume Emerald titles that Global South researchers depend on most. There is a downstream consequence here. When credible, accessible journals disappear or become unaffordable, the vacuum is reliably filled by predatory publishers. Researchers in the Global South are disproportionately targeted; they face the greatest pressure to publish and typically have the least institutional guidance on publisher quality. If cost synergies produce title discontinuations, researchers who depended on those titles will not migrate upward to more prestigious journals. Many will be harvested by the worse ones. That is a concrete, preventable harm, Open Access Is Not a Silver Bullet — Especially Not in Management Research Open access as a structural corrective is both partly true and substantially incomplete, particularly for management and social science researchers, whose publishing ecosystem operates by different rules than the STEM fields that dominate scholarly communications discourse. There is no widely credentialed preprint server for management scholarship. Green open access is far less normalized as a career-safe practice. The journal brand carries more weight, and the alternative infrastructure is thinner. Policy remedies designed for STEM do not straightforwardly transfer. This is not an unsolvable problem. Latin America’s Scientific Electronic Library Online (SciELO) demonstrates how regionally governed, publicly funded open access infrastructure can work at scale and serve researchers on their own institutional terms. Africa’s African Journals Online (AJOL) is building in a similar direction. These experiments and alternatives tell us that the Global South cannot just consume, but rather own how research is done and published. Wiley’s transformative agreement coverage does create new open access pathways for some researchers, but it applies unevenly. Many institutions in lower-income countries hold no such agreements, and waiver systems remain inconsistently applied and structurally inadequate as a substitute for equitable access by design. The scholarly communications community therefore would be better served by investing in alternative models than by assuming that transformative agreements negotiated between large Western publishers and large Western universities will reach researchers in Chennai or Nairobi. India’s Policy Moment and the Negotiating Landscape This acquisition arrives at a moment when India is actively building its research infrastructure, the National Research Foundation, evolving University Grants Commission (UGC) open access mandates, and has ongoing discussions about a national subscription model. What the Wiley-Emerald deal changes is the negotiating landscape. A combined entity controlling approximately 2,500 journal titles, with deep strength in the disciplines where Indian research output is growing fastest, is a different counterparty than two separate publishers, one that concentrates leverage on the publisher side of any national-level negotiation. Institutions can navigate this only if they negotiate proactively and with the full weight of this consolidation explicitly in view, rather than engaging reactively after terms have already been set. Questions the Community Should Be Asking Let us be direct about what this acquisition could represent at its best. Wiley is a more stable long-term owner than a private equity-backed entity. Its platform infrastructure is materially stronger than Emerald’s. Its North American reach could expand the discoverability of journals that have historically struggled to penetrate that market. Its transformative agreement network may open open-access pathways for researchers who previously had none. These are not trivial potential benefits, and intellectual honesty requires naming them. But potential benefits and structural risks are not mutually exclusive. The scholarly communications community has a consistent habit of waiting until after integration to ask the hard questions, by when editorial boards have been restructured, journals discontinued, and APC schedules set in stone. The time to ask them is now. Will Wiley maintain Emerald’s specialized journal portfolio, including the lower-volume titles that primarily serve Global South research communities? What commitments are being made to preserve editorial independence during integration? What obligations does Wiley now hold toward learned societies whose journals it has inherited? How will APC structures evolve across the combined portfolio, and how will waiver access be managed for researchers at institutions without transformative agreement coverage? How will AI use of research content be governed, and will researchers, particularly those in the Global South, whose data sovereignty concerns are most acute, have any meaningful say in that governance? Publishing infrastructure shapes careers. It shapes what questions get asked, what research gets validated, and whose voices enter the global scholarly conversation. The Wiley-Emerald acquisition transfers the labor of thousands of researchers, editorial board members, and case study authors into a new corporate architecture at scale, at speed, and largely without their awareness. Whether it ultimately serves the communities that built Emerald’s value or extracts from them will depend on decisions being made right now, and the researchers with the most at stake deserve a seat at the table. Beyond This One Deal This discourse attempted to focus on this one acquisition because it is the one in front of us, and because Emerald’s particular relationship with Global South scholarship makes the stakes unusually visible. But nothing above is specific to Wiley or to Emerald. Scholarly publishing has been consolidating for two decades and shows no sign of slowing, and each time a discipline-specific or regionally-rooted publisher is folded into a larger commercial entity, whichever company, whichever journals, the same landscape of concerns recurs. Four relevant questions that should be asked:  Which tier of the acquired portfolio carries the researchers with the least institutional leverage, the ones for whom that portfolio is not a “nice to have” but the actual ladder they are standing on? Which editorial boards performed years of unpaid intellectual labor that has now changed hands without their consent or their vote? Which learned societies find their negotiated agreements transferred to a counterparty they never chose? And which researchers, disproportionately in the Global South, depend most on the specific titles most likely to be rationalized once cost synergy targets are set? These are standing questions, not questions particular to Wiley, and the scholarly communications community would be better served by asking them at the announcement of every such deal rather than reconstructing them afterward from what the integration left behind. Wiley and Emerald are simply the occasion for asking them this year. The next consolidation, and there will be one, deserves the same scrutiny. Sonika Jha Sonika Jha is an Assistant Professor at FORE School of Management, New Delhi, India. Her research sits at the intersection of open innovation, strategy, knowledge spillovers, and digital ethics and AI. View All Posts by Sonika Jha


El auge del sistema chino de publicación académica (Parte 1): El ecosistema de revistas científicas de China está acelerándose

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