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miércoles, 22 de abril de 2026

Crisis en la calidad de publicaciones científicas: volumen vs. valor

Publicado en Universo abierto
https://universoabierto.org/2025/12/18/crisis-en-la-calidad-de-publicaciones-cientificas-volumen-vs-valor/




Crisis en la calidad de publicaciones científicas: volumen vs. valor


Sample, Ian. “Quality of Scientific Papers Questioned as Academics ‘Overwhelmed’ by the Millions Published.The Guardian, Jul 13, 2025. https://www.theguardian.com/science/2025/jul/13/quality-of-scientific-papers-questioned-as-academics-overwhelmed-by-the-millions-published

La calidad de los artículos científicos está siendo seriamente cuestionada, ya que los académicos se encuentran desbordados por los millones de estudios que se publican cada año, una saturación que amenaza la integridad y la fiabilidad del sistema científico a escala global.

Un artículo en una revista científica que se hizo viral no por su ciencia, sino por una imagen generada por inteligencia artificial que mostraba una rata con un pene enorme y etiquetada con palabras sin sentido. Esa imagen pasó desapercibida por revisores y editores y llevó a que el artículo fuese retirado tres días después de su publicación, poniendo de manifiesto fallos en los procesos de revisión y control.

El texto recuerda que las revistas científicas no son simples repositorios académicos: condicionan decisiones médicas, políticas públicas, desarrollos tecnológicos y estrategias geopolíticas, incluso estimaciones de víctimas en conflictos armados. Desde el siglo XVII —cuando la Royal Society inició la publicación continuada de revistas científicas—, estos espacios han sido centrales para el avance del conocimiento, acogiendo trabajos de figuras como Newton, Darwin, Einstein o Marie Curie.

Sin embargo, los datos muestran que la cantidad de artículos científicos indexados ha crecido de forma exponencial: por ejemplo, en la base de datos Web of Science los estudios aumentaron de 1,71 millones en 2015 a 2,53 millones en 2024, y sumando otros tipos de artículos el total ronda más de 3 millones al año. Esta expansión ha superado con creces el crecimiento del número de investigadores y la capacidad de la comunidad científica para leer, revisar y valorar críticamente todos esos trabajos.

El sistema de evaluación por pares —el sistema en el que científicos expertos revisan artículos antes de su publicación— está cada vez más estresado. Revisar millones de artículos requiere tiempo, y muchos académicos están «agotados» por la carga de trabajo voluntario que supone revisar textos para otros investigadores. Este estrés contribuye a que errores, contenidos de baja calidad o incluso fraudes pasen desapercibidos, lo que debilita la confianza en los resultados publicados. Según un estudio reciente, solo en 2020, los académicos de todo el mundo dedicaron más de 100 millones de horas a la revisión por pares de artículos para revistas. En el caso de los expertos de Estados Unidos, el tiempo dedicado a la revisión ese año supuso más de 1500 millones de dólares en mano de obra gratuita.

Una causa fundamental es el conjunto de incentivos académicos y comerciales que priorizan cantidad sobre calidad:

  • Los investigadores compiten por publicar más y más artículos para avanzar en su carrera (“publish or perish”), lo que puede llevar a trabajos fragmentados, poco sustanciales o exagerados.

  • Las editoriales científicas comerciales obtienen grandes beneficios de los modelos de acceso abierto con tasas por publicación, lo que puede fomentar la proliferación de textículos académicos y revistas especializadas que aceptan prácticamente cualquier envío.

El artículo destaca que estas dinámicas han creado un sistema que incentiva la producción masiva de estudios aunque muchos aporten poco conocimiento nuevo o incluso errores, algo que preocupa a científicos de alto nivel, incluidos premios Nobel y sociedades científicas.

Varios expertos y organizaciones están pidiendo reformas profundas. Entre las propuestas que circulan en el debate público y académico están:

  • Reformar el sistema de evaluación de investigadores para valorar calidad sobre cantidad.

  • Repensar el rol y modelo de negocio de las editoriales, reduciendo la dependencia de tarifas por publicación y fomentando modelos de acceso y revisión más sostenibles.

  • Incrementar el uso de herramientas y métodos que mejoren la calidad de la revisión por pares y detecten malas prácticas, incluidos fraudes y contenidos generados de forma automatizada.

La IA ha acelerado la producción de artículos y podido generar textos e imágenes científicas que no siempre son verificados adecuadamente. Esto alimenta temores de que herramientas como modelos de lenguaje puedan ser utilizadas para generar artículos de baja calidad o manipular revisiones si no se establecen mejores salvaguardas de integridad.



jueves, 26 de febrero de 2026

La IA implosionará al actual circuito de comunicación científica. Economía política del paper: la Gran Implosión. Al Principio fue Publish or Perish

Publicado en blog Hipermediaciones
https://hipermediaciones.com/2026/02/22/economia-politica-del-paper-la-gran-implosion/?fbclid=IwdGRzaAQIzJRleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAwzNTA2ODU1MzE3MjgAAR5uYejX4BYSfK46O3Fet8_E3n9RBB0QYz0YRuEfz4EMV6rrgl_KeRgm2lF8AQ_aem_Q7d-yIE_8pSJ8i1cS_BmYw&sfnsn=scwspwa




   febrero 22, 2026 
Economía política del paper: la Gran Implosión.
Al Principio fue Publish or Perish

Publish or perish (“publica o perece”) es la expresión que resume el principio organizador de buena parte de la carrera académica moderna: para conseguir y mantener empleo, promoción, financiación y reputación, el investigador debe publicar de forma continua en revistas indexadas, mejor si son del primer cuartil (el mítico Q1). No se trata solo de “comunicar resultados”, sino de cumplir un umbral de productividad medible: número de artículos, calidad percibida del lugar de publicación, citas, impacto, posiciones de autoría, etc. Todo suma. En esa lógica, “perecer” significa quedar fuera de la competencia: no obtener becas o proyectos, no estabilizarse, no ascender, no ser visible en el campo. La desaparición científica.


«Growth rates of modern science» (2021)

“Publish or perish” resume cómo el sistema científico se ha ido racionalizando alrededor de indicadores y procedimientos (evaluaciones periódicas, rankings, auditorías, acreditaciones) que convierten la publicación en moneda de cambio. Esto puede tener efectos positivos (incentivar la difusión, estandarizar criterios, aumentar circulación de conocimiento), pero genera tensiones más que conocidas: prioridad a lo rápido y “publicable”, aversión al riesgo (menos investigación exploratoria), presión por fragmentar resultados, saturación del peer review y estrés, mucho estrés, especialmente en las fases iniciales de la carrera científica.

Efecto ANECA

En España, este sistema fue adoptado por las agencias de evaluación hace dos décadas, en el marco de un rediseño del espacio universitario europeo (sí, estoy hablando del proceso de Bolonia). El “efecto ANECA” se hizo sentir en la comunidad científica, sobre todo en disciplinas menos acostumbradas a este tipo de dinámica (por ejemplo, en algunas ciencias sociales y las humanidades). Antes de la adopción de las mediciones cuantitativas, la promoción de investigadores y profesores se realizaba, en buena parte y dejando de lado las excepciones, en función de las amistades y la gastronomía localA nadie se le negaba un ascenso académico si había una larga amistad y un buen plato de paella de por medio. La adopción del hoy denostado sistema cuantitativo de evaluación introdujo una mínima cuota de objetividad en los procesos y le atragantó el almuerzo a más de un comité evaluador.

Ahora, las agencias europeas y españolas están promoviendo el llamado “currículum narrativo”. Dejamos el Excel y pasamos al Word. Veamos de qué se trata.

Había una vez…

Si currículum “de métricas” privilegiaba los números, un currículum narrativo es una forma de presentar la trayectoria académica y científica contándola como una historia argumentada: qué problemas han guiado el recorrido científico, cómo han evolucionado esas líneas de trabajo, cuáles han sido los aportes más relevantes del investigador, qué impacto han tenido (no solo en revistas indexadas: también a nivel social, docente o tecnológico) y por qué ciertas decisiones (cambios de tema, pausas, colaboraciones, interdisciplinariedad) fueron tomadas. Ahí donde el currículum tradicional infería el mérito por indicadores comparables, el narrativo sostiene que el mérito requiere interpretación, porque muchas contribuciones valiosas (transferencia, docencia, liderazgo, trabajo en equipo, impacto local) no se capturan bien con métricas o pueden quedar distorsionadas.

Este es el sistema que tenemos, con sus tensiones, ventajas, limitaciones y tensiones.

Bien, todo eso está a punto de irse al carajo.

CCCB – Big Data Bang (2014) Economía política del paper

El sistema de producción, circulación y evaluación científica está a punto de colapsar. Si lo analizamos con el modelo de la economía política, podemos afirmar que el coste de producir un artículo científico se reduce cada semana. El uso de las inteligencias artificiales para definir objetivos y preguntas de investigación, construir marcos teórico y metodológicos, procesar datos, extraer conclusiones y redactar un informe (acompañado de sus tablas, figuras y bibliografía) se extiende y lleva a un incremento exponencial de la producción en todas las disciplinas, desde la matemática y la física hasta las ciencias sociales. El fenómeno no es nuevo -ver «Growth rates of modern science» del 2021-, pero las IA lo estan hiperacelerando hasta límites impensables.


“Los modelos de IA de frontera -en concreto, Gemini Deep Think y sus variantes avanzadas- han superado un umbral crítico. Ya no son meras herramientas para la automatización rutinaria, el procesamiento de datos o el formateo sintáctico; ahora son capaces de actuar como auténticos colaboradores de nivel experto en el descubrimiento matemático y algorítmico. A través de la informática teórica, la economía, la física y la optimización, hemos mostrado que los LLM pueden resolver activamente conjeturas abiertas, ajustar cotas matemáticas mantenidas durante décadas y localizar teoremas oscuros y transdisciplinares para sortear bloqueos que frenan a los investigadores humanos” (AAVV, “Accelerating Scientific Research with Gemini: Case Studies and Common Techniques”, 2026).


Las ciencias sociales y las humanidades no quedan al margen de esta hiperproducción académica potenciada por las inteligencias artificiales. Un joven politólogo, Yascha Mounk, contaba en estos días su experiencia.


“Mucha gente que conozco, especialmente en las humanidades, sigue en una profunda negación respecto del estado de esta tecnología. Quizá la forma más común en que desestiman su importancia es afirmar que los modelos de inteligencia artificial no son inteligentes ni creativos. Claro, dicen: ‘esos loros estocásticos pueden hacer cosas impresionantes como resumir un correo electrónico o redactar lenguaje corporativo estándar; pero son congénitamente incapaces de realizar una contribución intelectual o artística genuina.’ A menudo, quienes sostienen este argumento no tienen muy claro qué entienden por inteligencia o creatividad, y van cambiando de postura cuando se les presiona para que definan los términos (…) No quiero quedar atrapado en un debate semántico estéril sobre cómo usar esas palabras (…)  Hace unos días, decidí comprobar si los modelos de inteligencia artificial más recientes serían capaces de escribir un artículo académico competente en mi campo de estudio, la teoría política. El resultado me alegró y me deprimió a la vez” (Y. Mounk, “The Humanities Are About to Be Automated”, 2026 – Se puede consultar el resultado de su experimento en la misma página).


La evaluación científica en la era de los LLM

La hiperproducción de artículos científicos está llevando al colapso de las publicaciones científicas. Ya no solo tardan cada vez más en dar una respuesta a los ansiosos autores: directamente rechazan textos por no tener tiempo de darles ni siquiera una rápida ojeada (nos pasó esta semana). Antes, por lo menos, te decían que el artículo “no encaja con los objetivos (o la metodología) del journal”. El correo que nos mandó el editor sudaba frustración. Además, no hay revisores suficientes para tantos papers.  El viernes recibí tres propuestas de revisión. Con suerte, aceptaré una. Lo mismo está pasando con los grandes congresos científicos: la cantidad de ponencias recibidas aumenta de manera constante. Sinceramente, no quisiera estar en la botas de un editor científico o del organizador de un congreso. El riesgo de morir aplastado por la masa textual es muy alto.


“Los modelos de lenguaje (LLM) han comenzado a transformar la producción científica. Estos cambios anticipan un panorama de investigación en evolución, en el que el valor de la fluidez en inglés disminuirá, pero en el que la importancia de marcos sólidos de evaluación de la calidad y de un escrutinio metodológico profundo es fundamental. Para los revisores por pares, los editores de revistas y la comunidad en general -quienes producen, consumen y aplican este trabajo-, esto representa un asunto de gran relevancia. Como atajo para filtrar (de manera imperfecta) la investigación científica, las características de la escritura están volviéndose rápidamente señales poco informativas, justo cuando se dispara la cantidad de comunicaciones científicas A medida que las heurísticas tradicionales se debilitan, editores y revisores podrían apoyarse cada vez más en marcadores de estatus  -como el pedigrí del autor y la afiliación institucional- como señales de calidad, lo que irónicamente contrarrestaría los efectos democratizadores de los LLM en la producción científica” (AAVV, “Scientific production in the era of large language models”, Science, 2025).


¿Qué hacer?

Si la comunidad científica utiliza las inteligencias artificiales para acelerar la investigación y generar más materia textual, a la hora de evaluar esa producción se perfilan dos soluciones. Veamos la primera: cambiar la sintaxis. Lo explico. Hasta ahora, la evaluación de los artículos científicos se realizaba antes de la publicación; en el nuevo esquema, siguiendo la lógica de lo que ya sucedió en la esfera informativa, primero se publica y después se evalúa. El ejemplo más claro es https://arxiv.org/, un servicio gratuito de distribución y archivo de acceso abierto que (hoy) incluye cerca de 2,4 millones de artículos en los campos de la física, las matemáticas, la informática, la biología, las finanzas, la estadística, la ingeniería, la economía y la ciencia de sistemas. La web aclara desde el vamos: “los materiales de este sitio no han sido sometidos a revisión por pares por parte de arXiv”. Publish and pray.


Allá por 2008 Clay Shirky había descrito esta inversión en su clásico libro Here Comes Everybody. Según Shirky, las redes digitales transformaron de raíz las lógicas del viejo periodismo al invertir los procesos tradicionales. En el siglo XXI, la consigna es “publish, then filter”.


«El orden de las cosas en el broadcasting es filtrar y luego publicar. El orden en las comunidades es publicar y luego filtrar. Si vas a una cena, no envías tus posibles comentarios a los anfitriones para que te digan cuáles son lo suficientemente buenos como para decirlos ante el grupo; pero así es como funciona el broadcasting todos los días. Los escritores envían sus historias con antelación para que sean editadas o rechazadas antes de que el público las vea. Los participantes de una comunidad, en cambio, dicen lo que tienen que decir, y después lo bueno se separa de lo mediocre. La gente de los medios suele criticar el contenido en internet por no estar editado, porque por todas partes hay baja calidad: mala escritura, imágenes feas, diseño pobre. Lo que no entienden es que internet está fuertemente editado, pero el juicio editorial se aplica en los bordes, no en el centro, y se aplica después de publicado, no de antemano» (C. Shirky, Here Comes Everybody, 2008).


Otra posible solución consiste en utilizar las inteligencias artificiales en los procesos de evaluación.  Si millones de científicos utilizan las inteligencias artificiales para incrementar su producción textual, la otra forma de lidiar con esa montaña de documentos es recurriendo a las mismas armas.


“Una posible respuesta consiste en aprovechar la misma tecnología para ayudar a evaluar manuscritos. ‘Agentes revisores’ especializados podrían señalar inconsistencias metodológicas, verificar afirmaciones e incluso evaluar la novedad. Que este enfoque escalable ayude a editores y revisores a centrarse en el fondo más que en señales superficiales, o que introduzca desafíos nuevos e imprevistos en el proceso científico, es una incertidumbre crítica” (AAVV, “Scientific production in the era of large language models”, Science, 2025).


Entre el colapso y la reimaginación radical

Ambas soluciones -cambio de sintaxis o incorporación de las inteligencias artificiales en los procesos de evaluación- tienen sus ventajas y desventajas. En el primer caso, entran en circulación textos sin ningún tipo de revisión. Eso está pasando con buena parte de la producción científica sobre la misma inteligencia artificial: se publican infinidad de artículos por día comparando modelos de LLM de los cuales siempre emerge uno como ganador. A las pocas horas, algunos de esos estudios se vuelven virales en las redes sociales, potenciados por las corporaciones que los financiaron. Los límites entre la investigación científica y las operaciones de marketing tienden a diluirseLo que se gana en tiempo se pierde en verificación.

La otra solución -incorporar las inteligencias artificiales a los procesos de evaluación- nos lleva al tema de los sesgos y alucinaciones de los LLM. Una inteligencia artificial podría dejar fuera de circulación un aporte científico relevante debido a las limitaciones de entrenamiento. Ahora bien, dado que la evaluación por pares también está plagada de sesgos y subjetividades, quizás este sistema sea el menos malo como alternativa. Una inteligencia artificial bien entrenada -y subrayo lo de «bien entrenada»- podría ayudar a filtrar una masa textual que no para de crecer. Los que no quieran ser sometidos a la AI-review, siempre pueden optar por la publicación en abierto sin revisión. En cualquiera de los dos casos, el sistema actual de producción, circulación y evaluación está a punto de colapsar.


“En cierto sentido, la era de la inteligencia artificial hará que las humanidades sean más importantes que nunca. Disciplinas que van de la literatura a la filosofía son necesarias para ayudarnos a responder preguntas sobre cómo podemos encontrar un lugar en el mundo cuando se nos necesita mucho menos que antes, y sobre qué significa ser humano cuando ya no somos los únicos capaces de hacer algunas de las cosas de las que, en otro tiempo, nuestra especie era la única capaz. Pero en un momento en que la inteligencia artificial puede saltar, con una facilidad cada vez mayor, a través de los aros que durante las últimas décadas han llegado a definir una carrera académica en las humanidades, resulta imprescindible una reimaginación radical de cómo buscamos y transmitimos conocimiento significativo en estos campos” (Y. Mounk, “The Humanities Are About to Be Automated”, 2026).


 Otras implosiones

Volvamos a los currículum. Si la evaluación cuantitativa generó la burbuja de papers que, inteligencia artificial de por medio, alcanzará dimensiones galácticas, el curriculum narrativo también es pasto de ChatGPT. No hay nada más divertido que pasarle a la criatura de OpenAI un viejo currículum cuantitativo y pedirle que lo convierta en el viaje del héroe de Vladimir Propp. Nace un nuevo género que enloquecería a los formalistas rusos: la ficción académica. No me extrañaría que en un par de años vuelvan a solicitarnos un curriculum con publicaciones Q1, índices de impacto y número citaciones. Retorno al Excel después de una temporada con el Word.

Para terminar, recordemos que el colapso de la producción científica es solo uno de los frentes que tenemos abiertos. Hoy solo escribí sobre papers e investigadores. Otro día hablaremos de los mecanismos de evaluación de los estudiantes y lo que está pasando dentro de las aulas. Como diría el recordado Robert Duval, esto huele a napalm.

La imagen de portada es una reelaboración hecha con IA de la instalación presentada en el exposición del CCCB «Big Bang Data» (2014).

viernes, 28 de noviembre de 2025

MÉXICO: revistas depredadoras nativas

Publicado en Educación Futura
https://www.educacionfutura.org/culto-al-paper/?fbclid=IwY2xjawOHFPlleHRuA2FlbQIxMABicmlkETE3Y1lkdEZFQmZTNU9tWkF1c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MghjYWxsc2l0ZQEyAAEeAyjMXt-fmQf6tptSbwgH0OiG-biqZTuaHRCUqBWAzQ8KTi7Uppn1sXyW4gQ_aem_VpoCDN0oFLsOkOQiMzPvEQ 





Del culto al paper al mercado de las revistas depredadoras

Juan Carlos Castellanos Ramírez


por Pluma invitada  7 noviembre, 2025


Producir papers se ha convertido en una obsesión en la vida académica de las universidades. No importa qué ni cómo; el fin justifica los medios. Tal parece que pertenecer al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) se ha convertido en el santo grial del reconocimiento académico, y las publicaciones son los pases de acceso para formar parte de este grupo selecto.

El fetiche por publicar se ha superpuesto al deseo por investigar, aprender y generar conocimiento. En muchos casos, esta fiebre se alimenta de los programas de estímulos económicos, que resultan atractivos ante las condiciones laborales precarias de buena parte del profesorado universitario (Galaz, 2019). En otros, el impulso proviene del afán de obtener renombre dentro de la institución y poder pronunciar la gran frase: “Soy SNII”, expresión que denota una distinción dentro del gremio académico y que, como hace notar Gil Antón (2013), funciona como un marcador de selectividad o, incluso, como señala Flores (2022) parece alardear una especie de superioridad genética entre académicos.

Por precariedad salarial o por vanidad, lo cierto es que hoy en día muchos/as académicos/as aspiran a llegar bien vestidos a la fiesta, luciendo sus publicaciones como accesorios de distinción ante el anfitrión. Poco importa si las prendas son robadas, prestadas, rentadas o compradas: a fin de cuentas, lo que se juzga desde el punto de vista del anfitrión es la apariencia representada en métricas, índices y puntajes dentro de un sistema mercantil de la ciencia.

Aunque podría pensarse que un aumento en la cantidad de artículos publicados implica mayor progreso científico, la evidencia sugiere lo contrario. La avalancha de papers en distintos campos no necesariamente acelera el avance del conocimiento; incluso puede ralentizarlo cuando las ideas se repiten, carecen de originalidad y presentan inconsistencias metodológicas. Un estudio de Chu y Evans (2021) demostró que el incremento de publicaciones no conduce a una renovación de las ideas, especialmente cuando proliferan editoriales dudosas que operan más bajo la lógica del mercado que bajo la lógica del avance del conocimiento. En medio de esa avalancha, identificar trabajos verdaderamente consistentes se vuelve tan difícil como buscar una aguja en el pajar.

Las políticas científicas vigentes privilegian la cantidad sobre la profundidad. Ya no hay espacio para investigaciones de largo aliento; ahora todo debe producirse rápido, porque en las métricas institucionales cuenta más la cantidad de artículos publicados que la solidez de los hallazgos. Publicar mucho y pronto es la vía más segura hacia el ascenso, el dinero extra y el reconocimiento disfrazado de mérito.

Hace unos meses, Romero (2025) apuntaba en este mismo portal de Educación Futura el crecimiento desmesurado que ha tenido el SNII. También, los datos de Contreras, Antón y Altonar (2022) muestran que de 2002 a 2018 el sistema pasó de 9,198 a 28,133 miembros, lo que representa un aumento de 211.3%. De acuerdo con cifras de la extinta CONAHCYT, entre 2018 y 2024 se alcanzó un récord histórico: un crecimiento de 240%. En tan solo seis años, el sistema creció más que en los 16 anteriores. Aunque estas cifras parecieran reflejar el compromiso de la 4T con una visión humanística de la ciencia, también pueden ser síntoma de una falta de claridad en los criterios de evaluación, donde todo se vuelve una moneda al aire.

En los últimos años hemos visto salir del SNII a académicos/as con trabajos robustos y, en contraparte, también hemos visto ascender a otros/as con investigaciones dudosas, amparadas por publicaciones en editoriales depredadoras; ¿cómo están incidiendo estas editoriales en las cifras del SNII?.

La necesidad por publicar ha generado un mercado cautivo. Las revistas depredadoras proliferan porque hay una demanda ansiosa de visibilidad académica. Así se acumulan papers sin debates de fondo ni aportaciones originales. Por eso, aunque el número de investigadores/as reconocidos/as crece, el avance científico no necesariamente acompaña el aumento. En esta lógica de “publicar o morir”, lo que cuenta no es la originalidad o la rigurosidad, sino la velocidad y la cantidad.

En este mercado del conocimiento, las editoriales depredadoras se presentan como salvadoras de la urgencia académica. Pero la pregunta que persiste es incómoda, ¿al publicar en estas revistas se gana prestigio o desprestigio?; la respuesta se diluye entre la necesidad y la ingenuidad. Lo cierto es que, mientras los investigadores buscan reconocimiento, las empresas que operan bajo la máscara de la ciencia están listas para ofrecer una mano amiga… a cambio de una cuota.

Así operan las revistas depredadoras en México”

El ecosistema de comunicación científica ha experimentado cambios importantes en los últimos años, pasando de un modelo de suscripción (pagar por leer) a un modelo de acceso abierto. Si bien este cambio ha permitido democratizar el conocimiento y ampliar la visibilidad de la producción académica, también ha propiciado el surgimiento de editoriales depredadoras, cuyo propósito principal no es exactamente la difusión del conocimiento científico, sino obtener beneficios económicos a costa de las necesidades de los/as investigadores/as y vacíos del sistema de evaluación científica en México.

El avance de las revistas depredadoras en México no solo pone en evidencia las debilidades del sistema editorial y de evaluación científica, sino también una forma de crisis cultural en la producción del conocimiento. Lo preocupante no es únicamente que existan estas editoriales, sino que hayan encontrado un terreno fértil donde prosperar: un entorno académico donde publicar se ha vuelto sinónimo de existir y donde el reconocimiento se mide más por el número de artículos que por la solidez de las ideas.

En los últimos meses he reunido evidencia sobre algunas editoriales depredadoras que actualmente operan en el país. De ellas retomaré un caso que ilustra la forma en que este tipo de negocios se ha infiltrado en el ámbito académico nacional. Por razones éticas y de confidencialidad me reservaré el nombre de la editorial, aunque probablemente quienes se desenvuelven en el mundo universitario reconocerán algunos de estos rasgos.

Se trata de una editorial particularmente influyente en el campo de la educación, que en su momento logró engañar incluso al extinto CONACYT, llegando a formar parte del antiguo padrón de revistas de calidad. Esa inclusión, aunque temporal, le otorgó una apariencia de prestigio que impulsó su crecimiento desde 2017. Hoy, pese a que dicho padrón ya no existe, la editorial sigue promocionándose como integrante de aquel registro, lo que le permite mantener un flujo constante de autores/as que buscan visibilidad académica.

Esta editorial, auspiciada bajo la figura de una asociación civil, actualmente opera 11 revistas. En todas ellas, la cuota de publicación está vinculada con el número de autorías: un autor paga 6,000.00 pesos, dos autores 10,500.00 pesos, tres autores 13,500.00 pesos, cuatro autores 17,500.00 pesos y cinco autores 20,500.00 pesos.

El problema, desde luego, no radica en el costo, pues algunas revistas legítimas también cobran cuotas de publicación, sino en la ausencia de procesos editoriales reales. La revisión por pares, núcleo del rigor científico, es meramente formal: los dictámenes se emiten en lapsos improbables, no hay trazabilidad de los evaluadores y, en muchos casos, ni siquiera se conservan los reportes de revisión. El resultado es una ganancia anual de aproximadamente 2,500,000 pesos, así como una avalancha de artículos publicados sin control de calidad ni rigor metodológico.

La comparación con una revista académica consolidada permite dimensionar la magnitud del problema. Por ejemplo, la Revista Electrónica de Investigación Educativa (REDIE), publica entre 25 y 30 artículos al año, luego de exhaustivos procesos de revisión que pueden extenderse durante varios meses. En contraste, la editorial depredadora produce entre 200 y 250 artículos anuales, aproximadamente siete veces más que una revista académica legítima, pero sin garantizar ningún criterio de rigor científico. La diferencia en los tiempos de publicación y en la cantidad de artículos publicados deja entrever que detrás del supuesto dinamismo editorial se oculta un negocio basado en la rapidez y la complacencia.

Esta misma editorial ha desarrollado una estructura comercial diversificada que amplía sus fuentes de ingreso. A lo largo de 2025, por ejemplo, en un solo mes organizó seis congresos en los que se ofrecían diferentes planes de participación. El “plan platino”, con un costo de 3,500.00 pesos, incluía una ponencia y la publicación del artículo; el “plan oro”, de 7,500.00 pesos, garantizaba dos publicaciones.

También, dentro de su mercado operan seminarios de producción académica en donde se garantiza la publicación de artículos en sus propias revistas. De acuerdo con los datos que se exhiben en el sitio web de la revista, el costo del seminario es de 6,000.00 pesos y cuentan con una cartera de 290 clientes, lo que permite calcular un ingreso cercano a 1,700,000 pesos. A ello se suma la oferta de “posdoctorados en educación”, que también están asociados a la publicación de artículos, en el mismo sitio de la revista se declaran los costos y cantidad de participantes, sobre el cual podemos estimar una ganancia aproximada de 5,000,000 pesos.

Este conjunto de actividades revela claramente una estructura comercial, capaz de sostenerse económicamente gracias a la venta de visibilidad académica y los vacíos del sistema de evaluación científica en México.

Las razones de los/as académicos/as por publicar en revistas depredadoras pueden ser muy diversas: en algunos casos predomina el desconocimiento sobre los riesgos de publicar en revistas falsas; en otros, la presión institucional por cumplir indicadores de productividad o la búsqueda de ascensos rápidos. No obstante, también existe un sector que participa de manera deliberada, priorizando el ensanchamiento de su currículum y cuya carrera académica se ha forjado a través de su participación en tales revistas. En todos los casos, la demanda sostenida alimenta el crecimiento del negocio editorial depredador.

Las consecuencias de esta maquinaria son profundas, ya que cada artículo publicado sin revisión rigurosa debilita la credibilidad del sistema científico nacional y erosiona la confianza social en la investigación. Además, distorsiona los indicadores de productividad, genera una falsa percepción del desempeño institucional y dificulta la evaluación justa de los investigadores e investigadoras. Lo que estas editoriales venden no es más que un atajo para obtener los indicadores y el reconocimiento como miembro del SNII, poniendo en desventaja a quienes eligen difundir los hallazgos de sus investigaciones en revistas confiables y comprometidas con la integridad científica.

Referencias:

Contreras, L., Gil, M., y Altonar, X. (2022). Las investigadoras en el Sistema Nacional de Investigadores: Tan iguales y tan diferentes. Revista de la Educación Superior, 51(201), 51-72. https://resu.anuies.mx/ojs/index.php/resu/article/view/2020

Chu, J. y Evans, J. (2021). Slowed canonical progress in large fields of science. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 118(41), e2021636118. https://doi.org/10.1073/pnas.2021636118

Flores, P. (2022). Escolaridad, SNI y diezmo. Educación Futura. https://www.educacionfutura.org/escolaridad-sni-y-diezmo/

Galaz, F. (2019). El SNI y las instituciones públicas de educación superior. Educación Futura. https://www.educacionfutura.org/el-sni-y-las-instituciones-publicas-de-educacion-superior/

Gil, M. (2013). La monetarización de la profesión académica en México: Un cuarto de siglo de transferencias monetarias condicionadas. Espacios en Blanco, 23, 157-186. https://www.redalyc.org/pdf/3845/384539805008.pdf

Romero, J. (2025). Academia mexicana: entre endogamia y colonización. Educación Futura. https://www.educacionfutura.org/academia-mexicana-endogamia/


CHINA cierra su influyente clasificacion de revistas científicas y deja en ascuas a la comunidad científica sobre lo que sigue

Publicado en Nature https://www.nature.com/articles/d41586-026-01277-2   El cierre de la influyente clasificación de revistas científicas de...