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martes, 29 de septiembre de 2026

Efecto Cocodrilo: las "búsquedas sin clics", las respuestas de la IA reducen los accesos a las fuentes originales. Las fauces del cocodrilo devoran a las editoriales comerciales

Publicado en The Scholarly Kitchen
https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/02/04/responding-to-the-threat-of-zero-click-search-and-ai-summaries-how-do-we-tame-the-crocodile/ 



Responder a la amenaza de las búsquedas sin clics y los resúmenes de IA: ¿cómo domamos al cocodrilo?

Por Charlie Rapple

4 de febrero de 2026

Abre bien la boca y di «aaaargh»: vamos a hablar del Efecto Cocodrilo. Probablemente ya hayas oído hablar de él, aunque no reconozcas el término. Es la mayor amenaza a la que se enfrentan actualmente las editoriales académicas y, sí, sé que se trata de una afirmación audaz, considerando la crisis del financiamiento de la investigación, la crisis de la revisión por pares, la crisis de la integridad de la investigación y todas las demás crisis de nuestros días.

Sí, estoy hablando de «Google Zero», «búsqueda sin clics» (zero-click search), «satisfacción de la consulta en la propia página de resultados» (On-SERP fulfillment), «búsqueda en jardines cerrados» (walled-garden search) o cualquiera de los muchos otros términos que se utilizan para describir el fenómeno por el cual los usuarios obtienen respuestas directamente de las páginas de resultados de los motores de búsqueda (SERP), en lugar de hacer clic para acceder a los sitios de las fuentes originales, como los artículos de revistas académicas.

El término «Efecto Cocodrilo» proviene de una publicación en LinkedIn del experto en marketing de software como servicio (SaaS) Tim Soulo:

«Los últimos 12 meses de datos de GSC [Google Search Console] del blog de Ahrefs [su sitio web] parecen un cocodrilo. Y estoy bastante seguro de que ustedes están viendo el mismo cocodrilo en su propio GSC».

Es decir, el Efecto Cocodrilo es la brecha entre las impresiones de tu contenido en los motores de búsqueda y los clics que llevan al texto completo alojado en tu plataforma.

Diagrama del «Efecto Cocodrilo», de Charlie Rapple

Devorando nuestro tráfico

El Efecto Cocodrilo ha crecido enormemente desde la incorporación de paneles informativos generados por IA en las páginas de búsqueda —tema abordado por Stephanie en una publicación de diciembre— y constituye la propuesta de valor central de los nuevos «navegadores web con IA», como Perplexity o Atlas de OpenAI.

Los resultados de búsqueda de las editoriales son desplazados hacia posiciones inferiores de la página y, aunque pueden aparecer en la barra lateral que acompaña a los paneles informativos, podrían mostrarse más abajo en la lista que otros contenidos más orientados a proporcionar respuestas o a ofrecer noticias.

Las impresiones de contenido continúan aumentando porque el contenido sí está siendo «mostrado», pero cada vez menos usuarios hacen clic para acceder al texto completo en el sitio web de la editorial, lo que representa una amenaza para cualquier organización cuyo modelo de negocio dependa del uso como indicador del éxito para sus clientes.

Esto incluye a las editoriales académicas, tanto si el cliente es una institución que paga una suscripción y espera observar un gran número de descargas por parte de sus usuarios, como si se trata de un autor que paga un cargo por procesamiento de artículos (APC) y espera obtener un gran número de lecturas.

Un menor número de visitas al sitio web pone en riesgo los ingresos al debilitar la posición de las editoriales en las negociaciones para la renovación de suscripciones o al reducir la retención de autores. Un tráfico reducido también probablemente disminuirá las citas y el reconocimiento de marca, socavando el papel esencial y la reputación de las editoriales.

Las editoriales han hablado en conferencias acerca de la disminución que están observando. John Campbell, de OUP, declaró en la Feria del Libro de Londres del año pasado que atribuía a las búsquedas sin clics una reducción del 19 % en los clics hacia sus contenidos académicos de referencia. Un estudio de octubre de 2025 muestra que más de la mitad de las búsquedas en Google terminan actualmente sin que los usuarios abandonen la página de resultados del motor de búsqueda 😱.

Como señala Dariusz Jemielniak en su reciente artículo en Nature —gracias a James Butcher, de Journalology, por llamar mi atención sobre él y por este fragmento—:

«Cuando los chatbots de IA proporcionan respuestas aparentemente autorizadas extraídas de las propias páginas de Wikipedia, ¿por qué alguien habría de navegar hasta la fuente, y mucho menos contribuir a ella?»

Amenaza para la integridad y la transparencia de la investigación

Las búsquedas sin clics no representan únicamente una amenaza para el tráfico web. También constituyen un desafío para la integridad y la transparencia de la investigación.

Las búsquedas sin clics amplifican y camuflan la información errónea: al reformatear los contenidos, eliminan las señales contextuales que, de otro modo, ayudarían a los usuarios a tomar decisiones tanto conscientes como subconscientes acerca de qué contenidos son confiables.

Los paneles de IA están bien redactados, parecen pulidos y creíbles, pero se generan a partir de una combinación problemática de fuentes. Mezclan contenidos confiables revisados por pares con investigaciones de menor calidad, información errónea —contenido inexacto, por ejemplo, debido a la ausencia de salvedades o a interpretaciones distorsionadas— y desinformación —contenido deliberadamente manipulado o inventado con la intención de engañar—.

Las citas incluidas en los paneles de IA reciben deliberadamente poca visibilidad y se reducen a un único símbolo, despojadas de indicadores de calidad como el título de la revista o la condición de haber sido sometidas a revisión por pares.

Si los usuarios solicitan una lista de referencias de los resúmenes generados por IA, la IA no puede proporcionarla de manera confiable, porque genera el contenido dinámicamente sin mantener un seguimiento persistente de las fuentes exactas, lo que significa que las citas pueden faltar, estar incompletas o ser inventadas.

La ausencia de una atribución clara aumenta el riesgo de citar incorrectamente o incluso de citar a la propia herramienta de IA en lugar del artículo original subyacente. Esta falta de transparencia hace que los paneles sean poco confiables y amenaza la integridad de la investigación.

Por lo tanto, comprender y abordar las búsquedas sin clics ayuda a las editoriales no solo a proteger y conservar el uso de sus contenidos, sino también a salvaguardar la exactitud, la confianza y la integridad del registro académico, garantizando que las fuentes autorizadas continúen ocupando un lugar central en un entorno cada vez más vulnerable a la información errónea.

El Efecto Cocodrilo está agravando el riesgo de que las editoriales sean devoradas: simultáneamente están perdiendo el control sobre el descubrimiento de sus contenidos y perdiendo visibilidad, autoridad e ingresos.

Las búsquedas sin clics eliminan elementos de credibilidad y contexto, haciendo más difícil demostrar el valor de las editoriales dentro del proceso de comunicación académica. Las editoriales corren un riesgo mayor que nunca de quedar reducidas a proveedores invisibles, en lugar de ser consideradas socios valiosos.

Los desarrolladores de IA pueden depender del corpus de información autorizada gestionado por las editoriales, pero lo hacen como parásitos que corren el riesgo de matar al huésped. Las editoriales deben abrir el camino hacia una relación más simbiótica.

¿Qué podemos hacer?

El sector académico necesita actuar rápidamente para orientar las siguientes etapas de este cambio sísmico en la forma en que la información se descubre y consume, así como en la manera en que los nuevos comportamientos de uso se miden, reportan y valoran.

Esto podría significar:

  • Desarrollar nuevos códigos de buenas prácticas para recopilar y reportar el uso de contenidos fuera de los sitios web de las editoriales.

  • Trabajar para modificar las percepciones de las instituciones y de los autores acerca de «qué es lo que cuenta».

  • Redefinir qué significa el uso legítimo (Fair Use) y crear marcos de licenciamiento o regalías para contenidos derivados.

  • Establecer estándares sobre cómo las herramientas de IA indexan, clasifican, referencian y atribuyen los contenidos revisados por pares.

  • Probar nuevas tácticas y funcionalidades para atraer, retener y maximizar el uso.

  • Acelerar el trabajo de Optimización para Motores de Respuestas (AEO, Answer Engine Optimization) o de Optimización para Motores Generativos (GEO, Generative Engine Optimization).

Lo que está claro es que esta cuestión afecta a todos los departamentos —técnicos, editoriales y de marketing— y a todo tipo de organizaciones —editoriales, plataformas, pero también bibliotecas e instituciones, sociedades académicas y congresos—.

Ningún departamento debería intentar afrontar este problema por sí solo, y muchas de estas cuestiones requerirán colaboración entre editoriales bajo los auspicios de organizaciones como SSP, STM, NISO, COUNTER, ALPSP, entre otras.

En el corto plazo, dedicaré el próximo trimestre a un proyecto de investigación acelerado para ir más allá de las métricas y profundizar en los comportamientos de los usuarios: ¿el tráfico que estamos perdiendo corresponde a «calidad» o a «cantidad»?; ¿en qué situaciones los usuarios siguen optando por hacer clic para acceder a los materiales originales?; ¿comprenden los usuarios qué contenidos son generados sobre la marcha por la IA y cómo —si es que lo hacen— evalúan la credibilidad de esos contenidos?

También identificaré oportunidades de rápida implementación en materia de AEO, tanto dentro como fuera de nuestro sector: ¿qué están haciendo los principales medios de comunicación o los minoristas de productos de consumo masivo (FMCG)?; ¿qué tipos de metadatos o contenidos «intersticiales» se correlacionan con posiciones más altas en las listas de referencias de los resúmenes de IA?; ¿qué tipos de experiencia de usuario (UX) o funcionalidades ayudan a incrementar el tiempo de permanencia en el sitio o el número de páginas vistas por los visitantes que llegan a través de paneles de IA?, y así sucesivamente.

(Pónganse en contacto conmigo si están interesados en conocer más acerca de este proyecto; todavía tengo algunos lugares disponibles para patrocinadores entre las editoriales y plataformas interesadas).

En última instancia, el Efecto Cocodrilo es simplemente el frente más reciente de una batalla que lleva desarrollándose desde hace tiempo: cómo se media el conocimiento y quién ejerce esa mediación.

Pero representa una intensificación de las hostilidades, que amenaza no solo el statu quo de los modelos de negocio de la publicación académica, sino también los fundamentos de la confianza y la atribución.

Comprender qué está ocurriendo exactamente —más allá de los datos— es fundamental para entender qué debemos hacer y si contamos con la influencia necesaria para hacerlo.

Charlie Rapple

Charlie Rapple es cofundadora de Kudos, una plataforma que da visibilidad a la investigación para acelerar y ampliar su alcance e impacto. También es presidenta de UKSG y forma parte del Consejo Editorial de UKSG Insights.

@charlierapple.bsky.social, x.com./charlierapple y linkedin.com/in/charlierapple.

En etapas anteriores de su trayectoria profesional, Charlie fue editora electrónica en CatchWord, especialista en marketing en Ingenta, consultora de comunicación académica en TBI Communications y editora asociada de Learned Publishing.

Ver todas las publicaciones de Charlie Rapple

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Responding to the Threat of Zero-Click Search and AI Summaries: How Do We Tame The Crocodile?


By Charlie Rapple


Feb 4, 2026

Open wide and say “aaargh”: we’re going to talk about the Crocodile Effect. You’ve probably heard of it already, even if you don’t recognize the term. It is the biggest threat currently faced by scholarly publishers, and yes, I know that’s an audacious claim given the research funding crisis, peer review crisis, research integrity crisis, and all the other crises of the day. Yes, I’m talking about “Google Zero,” “zero-click search,” “On-SERP fulfillment,” “walled-garden search,” or the many other terms that are bandied about to describe users getting answers directly from search engine results pages (SERPs), rather than clicking through to source sites such as journal articles.


The term “Crocodile Effect” derives from a LinkedIn post by SaaS marketing expert Tim Soulo: “The past 12 months of GSC [Google Search Console] data for the Ahrefs Blog [his website] look like a crocodile. And I’m pretty sure you’re seeing the same crocodile in your own GSC.” That is to say, the Crocodile Effect is the gap between impressions of your content in search engines, and click throughs to the full text on your platform.


Diagram of ‘the crocodile effect’ by Charlie Rapple


Eating our traffic

The Crocodile Effect has grown hugely since the addition of AI-generated knowledge panels on search pages (discussed by Stephanie in a post in December) and is the central USP of new “AI web browsers” like Perplexity, or OpenAI’s Atlas. Publisher search results are pushed down the page, and although they may appear in the side bar offered alongside knowledge panels, they may be shown further down the list than more answer-oriented or news-driven content. Content impressions continue to rise because the content is being ‘shown’ — but fewer users click through to the full text on your website, creating a threat to any organization whose business model relies in usage as a metric of customer success. This includes scholarly publishers — whether the customer is an institution paying for a subscription and expecting to see lots of downloads by their users, or an author paying an APC and expecting to see lots of reads. Fewer site visits puts revenue at risk by weakening publishers’ renewal negotiations or reducing author retention. Low traffic is also likely to reduce citations and brand awareness, undermining publishers’ vital role and reputation. Publishers have spoken at conferences about the drop-off they’re seeing (OUP’s John Campbell told last year’s London Book Fair that he attributed a 19% drop in click-throughs to their academic reference content to zero-click search; one October 2025 study shows that over half of Google searches now end without users leaving the search engine results page 😱. As Dariusz Jemielniak puts it in his recent Nature article (thanks James Butcher at Journalology for drawing my attention to it, and for this excerpt), “When AI chatbots provide seemingly authoritative responses drawn from Wikipedia’s very pages, why would anyone navigate to the source, let alone contribute to it?

Threatening research integrity and transparency

Zero-click search is not only a threat to web traffic. It is a challenge to research integrity and transparency. Zero-click search amplifies and camouflages misinformation — by reformatting content, it removes the contextual cues that would otherwise help users make both conscious and subconscious choices about which content to trust. AI panels are well-articulated, seemingly polished and credible, but generated from a problematic mixture of sources. They contaminate trustworthy peer-reviewed content with poorer quality research, misinformation (inaccurate content, e.g., with missing caveats or distorted interpretation) and disinformation (content deliberately manipulated or invented to mislead).

Citations in AI panels are deliberately given low prominence — and reduced to a single symbol, stripped of quality indicators such as journal title or peer-review status. If users request a reference list for AI-generated summaries, the AI cannot reliably provide one, because it generates content dynamically without persistent tracking of exact sources, meaning citations may be missing, incomplete, or fabricated. The absence of clear attribution increases the risk of mis-citation or even citation of the AI tool itself rather than the underlying article. This lack of transparency renders panels unreliable and threatens research integrity.

Understanding and addressing zero-click therefore helps publishers not only protect and retain usage, but also safeguards the accuracy, trust, and integrity of the scholarly record — ensuring that authoritative sources remain central in a landscape increasingly vulnerable to misinformation.

The Crocodile Effect is exacerbating the risk of publishers being swallowed — simultaneously losing control of discovery, and losing visibility, authority, and revenue.

Zero-click search strips away credibility and context, making it harder to demonstrate the value of publishers in the process of scholarly communication. Publishers are at greater than ever risk of being reduced to invisible suppliers rather than valued partners. AI developers may depend on the corpus of authoritative information managed by publishers, but as parasites at risk of killing the host. The pathway to a more symbiotic relationship needs to be forged by publishers.

What can we do?

The scholarly sector needs to act quickly to steer the next stages of this seismic shift in how information is discovered and consumed, and how emerging usage behaviours are measured, reported and valued. This might mean:

  • Developing new Codes of Practice for collating and reporting off-site usage

  • Working to reshape institutions’ and authors’ perceptions of “what counts”

  • Redefining what Fair Use means and creating licensing or royalty frameworks for derivative content

  • Setting standards for how peer-reviewed content is indexed, ranked, referenced and attributed by AI tools

  • Testing new tactics and features for attracting, retaining and maximizing usage

  • Accelerating Answer-Engine Optimization (AEO) or Generative Engine Optimization (GEO) work.

What is clear is that this issue affects all departments (technical, editorial, marketing) and all types of organization (publishers, platforms, but also libraries and institutions, societies, conferences). No one department should be trying to tackle this alone, and many of the issues will need cross-publisher collaboration through the auspices of organizations like SSP, STM, NISO, COUNTER, ALPSP, and others. In the immediate term, I’m devoting my next quarter to a fast-track research project to dig beyond the metrics into user behaviors (is the traffic we are losing ‘quality’ or ‘quantity’; in what scenarios do users still choose to click through to source material; do users understand which content is generated on the fly by AI, and how — if at all — do they gauge the credibility of such content), identifying AEO quick wins from our sector and beyond (what are mainstream media or FMCG retailers doing? what kinds of metadata or ‘interstitial’ content correlates to higher ranking in AI summaries’ reference lists? what kinds of UX / features help increase time on site / page views from visitors who’ve arrived via AI panels — and so on.) (Do contact me if you would be interested in learning more about this project — I have a few sponsor places left for interested publishers / platforms.)

Ultimately, the Crocodile Effect is just the latest front in a battle that’s been underway for some time — how knowledge is mediated, and by whom. But it is a scaling up of hostilities, threatening not just the status quo for scholarly publishing business models, but the fundamentals of trust and attribution. Understanding what *exactly* is happening (beyond the data) is critical to understanding what we need to do — and whether we have the influence to do it.

Charlie Rapple

Charlie Rapple is co-founder of Kudos, which showcases research to accelerate and broaden its reach and impact. She is also Chair of UKSG and serves on the Editorial Board of UKSG Insights. @charlierapple.bsky.social, x.com./charlierapple and linkedin.com/in/charlierapple. In past lives, Charlie has been an electronic publisher at CatchWord, a marketer at Ingenta, a scholarly comms consultant at TBI Communications, and associate editor of Learned Publishing.

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miércoles, 19 de agosto de 2026

Bibliotecas digitales: Medición del uso en la era de la IA. Qué dice COUNTER

Publicado en Research information
https://www.researchinformation.info/analysis-opinion/measuring-usage-in-the-age-of-ai/





Medición del uso en la era de la inteligencia artificial

21 de abril de 2026

Tasha Mellins-Cohen expone las directrices de buenas prácticas de COUNTER Metrics para la medición del uso asociado con la inteligencia artificial generativa y agéntica.

Durante más de dos décadas, el Código de Prácticas COUNTER ha constituido el estándar mundial para medir y reportar métricas normalizadas de uso de contenidos. Sin embargo, el rápido auge de la inteligencia artificial (IA) generativa y agéntica está transformando de manera fundamental la forma en que los investigadores descubren y consumen información.

El cambio en los datos

Las métricas tradicionales de interacción están experimentando un cambio estructural. Los motores de respuesta basados en IA y las herramientas de generación de resúmenes pueden extraer información de investigaciones revisadas por pares sin necesidad de dirigir al usuario al sitio web de una editorial. Esto genera una brecha de valor: el contenido publicado produce un valor significativo para el investigador, su institución y su organismo financiador, pero no genera ninguna visita al sitio web del editor.

No fue sino hasta que las bibliotecas de todo el mundo comenzaron a analizar sus informes COUNTER correspondientes a 2025 cuando obtuvimos evidencia sólida del problema de los «cero clics» (zero-click). Al comparar los datos de 2025 con los de 2024, las bibliotecas empezaron a informar de cambios importantes en los patrones de uso. Al mismo tiempo que las editoriales registraban incrementos significativos en el uso bruto de sus plataformas, tanto ellas como sus bibliotecas clientes observaban una disminución notable del uso humano reflejado en los informes COUNTER.

En un principio pensamos que esos incrementos en los datos de uso bruto, más que reflejar una interacción humana orgánica, podían indicar actividad de agentes de IA, ya fuera procedentes de herramientas desarrolladas por las propias editoriales, de sistemas de terceros o incluso de agentes personalizados creados por los investigadores. Investigaciones posteriores respaldaron esta hipótesis. Las bibliotecas que habían adquirido herramientas de IA, como Research Assistant de ProQuest o Gemini de Google (entre otras), parecían experimentar caídas más pronunciadas en las estadísticas COUNTER que aquellas que seguían promoviendo el acceso directo de estudiantes y profesores a los recursos electrónicos suscritos.

¿Seguimos necesitando métricas normalizadas?

La misión de COUNTER consiste en reunir a la comunidad del conocimiento en torno a un estándar que garantice que las métricas de uso sean consistentes, confiables y comparables entre distintas plataformas. Como estándar abierto, somos firmantes de los Principios para una Infraestructura Académica Abierta (Principles of Open Scholarly Infrastructure). Esto significa que, si llegara el momento en que COUNTER dejara de ser necesario, tomaríamos las medidas responsables para facilitar una transición ordenada o el cierre de nuestras actividades.

En el contexto de los cambios de comportamiento impulsados por la inteligencia artificial, necesitábamos preguntarnos si COUNTER seguía siendo útil. ¿Siguen necesitando nuestras métricas las bibliotecas, los consorcios, las editoriales y los proveedores tecnológicos en un entorno de «cero clics»? La respuesta fue un rotundo sí. De hecho, en este nuevo ecosistema dominado por la IA existe una necesidad aún mayor de contar con métricas normalizadas.

¿Las editoriales venden contenidos o servicios? ¿A quién se los venden? ¿Debe una biblioteca seguir invirtiendo en contenidos cuando su utilización se produce a través de un agente de IA y no mediante visitas directas de personas? ¿Deberían las bibliotecas redirigir sus inversiones hacia servicios de inteligencia artificial? ¿Cuál es el retorno de la inversión en esos escenarios? ¿Cómo podemos asegurarnos de comparar de forma justa el uso de la IA entre diferentes servicios y plataformas? ¿Cómo evitamos que la actividad de la IA eclipse el uso humano tradicional hasta el punto de impedir distinguir entre una auténtica actividad investigadora y el procesamiento automatizado? Y, por supuesto, ¿cómo protegemos la libertad académica de investigación separando los comportamientos de los usuarios de los informes de uso?

Todo ello sugiere que COUNTER podría ser hoy más necesario que nunca. Pero para responder a estas nuevas preguntas fue imprescindible revisar el Código de Prácticas y sus métricas tradicionales, concebidas originalmente para medir exclusivamente el uso humano.

Elaboración de directrices para medir el uso de la IA

La versión 5.1 del Código de Prácticas COUNTER, que entró en vigor en enero de 2025, fue aprobada para su publicación a finales de noviembre de 2022, apenas unas semanas antes del lanzamiento de ChatGPT. En ese momento era imposible prever el enorme impacto que tendría la inteligencia artificial sobre la comunicación científica, ni imaginar cómo deberían medirse esos cambios. Por ello, la versión R5.1 se publicó tal como había sido concebida originalmente.

Para la primavera de 2025, la mayoría de las editoriales ya había implementado la actualización del Código y llegó el momento de abordar específicamente la cuestión del uso de la IA. El Comité Asesor de COUNTER creó entonces un grupo de trabajo integrado por representantes de editoriales, proveedores tecnológicos y bibliotecas para desarrollar directrices de buenas prácticas.

Tras un amplio proceso de consulta pública sobre el borrador —que incluyó la participación de los principales desarrolladores de inteligencia artificial—, COUNTER publicó en abril de 2026 sus nuevas Directrices de Buenas Prácticas para las Métricas de Uso de la IA Generativa y Agéntica.

Estas directrices introducen varias ampliaciones importantes al Código de Prácticas, centradas principalmente en dos ámbitos.

Definición del «Agente»

Tradicionalmente, COUNTER trataba todos los robots informáticos (bots) de la misma manera y exigía excluir toda su actividad de los informes. El primer paso consistió, por tanto, en distinguir entre los bots maliciosos y los rastreadores web (que deben seguir excluyéndose), los usuarios humanos reales, las actividades de minería de textos y datos (TDM) y los sistemas de inteligencia artificial.

Con arreglo a las nuevas directrices, el uso realizado por sistemas de IA puede y debe registrarse mediante un nuevo valor del campo Access_Method denominado «Agent» (Agente). Esto permite diferenciar claramente el uso realizado por la inteligencia artificial del uso «Regular», correspondiente a usuarios humanos, así como de las actividades de minería de textos y datos (TDM).

Nuevos tipos de métricas para la inteligencia artificial

Con el fin de responder a la preocupación —plenamente justificada— de que el uso de la IA pudiera distorsionar o dominar las estadísticas tradicionales, COUNTER introdujo un conjunto independiente de métricas específicas para la inteligencia artificial.

Estas nuevas métricas parten de la idea de que las herramientas de IA trabajan principalmente con fragmentos de texto (Chunks) de entre 100 y 300 palabras, en lugar de procesar documentos completos (Items), como artículos de revista. No obstante, se mantiene la distinción entre el acceso únicamente a metadatos y el acceso al texto completo, que representa un valor considerablemente mayor.

Así como las métricas Total Item Investigations y Unique Item Investigations registran el uso humano de los metadatos que describen un contenido, las nuevas métricas Total AI Investigations y Unique AI Investigations contabilizan el uso que hace la IA de esos fragmentos de metadatos.

De manera análoga, mientras que Total Item Requests y Unique Item Requests miden el acceso humano al texto completo de los documentos, Total AI Requests y Unique AI Requests registran las ocasiones en que una herramienta de inteligencia artificial está autorizada para utilizar el texto completo de un contenido.

Asimismo, se creó una nueva métrica denominada AI Responses Generated, destinada a contabilizar el número de veces que una herramienta de IA genera una respuesta textual a partir de una consulta realizada por un usuario. En cierto modo, constituye el equivalente para la inteligencia artificial de la métrica existente Searches Platform.

Perspectivas futuras

Aunque nos satisface haber publicado estas buenas prácticas, el trabajo está lejos de haber concluido. Es importante tener presentes varias consideraciones.

En primer lugar, desconocemos la rapidez con la que las editoriales podrán implementar estas nuevas métricas, aunque es poco probable que ello ocurra antes de finales de 2026. Por ello, si usted es bibliotecario y espera disponer pronto de métricas sobre el uso de la IA para comprender mejor este cambio de paradigma, deberá tener paciencia.

En segundo lugar, es muy probable que, a medida que las editoriales apliquen estas directrices, descubramos aspectos que requieren corrección. Precisamente una de las razones para publicar inicialmente una guía de buenas prácticas, en lugar de revisar inmediatamente el Código de Prácticas, es que las buenas prácticas pueden modificarse con mayor flexibilidad que el propio Código.

Por otra parte, estas primeras directrices se aplican principalmente a las herramientas de inteligencia artificial integradas en las plataformas de las editoriales. Si lo que se busca son métricas correspondientes a herramientas externas, como Google Gemini, todavía no podemos ofrecer una solución.

En consecuencia, el trabajo continúa. La segunda fase se centrará en las herramientas de terceros y en los servicios externos a las plataformas editoriales. Hemos recibido valiosos comentarios y una participación muy activa de desarrolladores de IA para la comunicación científica, como Scite y Consensus, así como de intermediarios como Cashmere. Confiamos en que, combinando las actuales directrices sobre IA con nuestras buenas prácticas relativas al uso sindicado de contenidos, podremos desarrollar mecanismos de reporte adecuados para estos nuevos actores del ecosistema de la comunicación científica. Esperamos que esta segunda fase avance con mayor rapidez que la primera.

Nos gustaría conocer la opinión de todas las personas que trabajan en la medición del uso de la inteligencia artificial. Ya sea usted bibliotecario, editor o profesional del sector tecnológico, le invitamos a ponerse en contacto con nosotros.

Tasha Mellins-Cohen es Directora Ejecutiva de COUNTER Metrics.




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Measuring Usage in the Age of AI

21 April 2026



Tasha Mellins-Cohen outlines COUNTER Metrics’ best practice guidance for usage metrics associated with generative and agentic AI

For more than two decades, the COUNTER Code of Practice has served as the global standard for measuring and reporting normalised content usage metrics. However, the rapid rise of generative and agentic artificial intelligence (AI) is fundamentally changing how researchers discover and consume information.

The data shift

Traditional engagement metrics are facing a structural shift. AI answer engines and summarisation tools can extract insights from peer-reviewed research without ever sending a user to a publisher website. This creates a value gap: published content creates significant value for the researcher, their institution, and their funder, but generates zero site visits for the publisher.

It wasn’t until libraries around the world started pulling their 2025 COUNTER reports that we had good evidence for the zero-click conundrum. When comparing 2025 with 2024, libraries started reporting major changes in usage patterns. At the same time as publishers were reporting significant spikes in raw usage, they and their library customers were seeing a noticeable decrease in human usage in COUNTER reports.

Rather than organic human engagement, we originally thought that the spikes in raw usage data might indicate agentic activity, either from publishers’ own tools, third-party systems, or even researchers’ custom-built agents. Further investigation backs up that supposition. Libraries that licensed AI tools, like (but not limited to!) ProQuest’s Research Assistant or Google’s Gemini, seemed to be experiencing larger COUNTER usage drops than libraries who still encouraged students and faculty to use their licensed content directly. 

Do we still need normalised metrics?

COUNTER’s mission is to bring the knowledge community together around a standard that ensures usage metrics are consistent, credible, and comparable across platforms. As an open standard, we’re signatories to the Principles of Open Scholarly Infrastructure. That means if we’re no longer needed, we will take responsible steps to transition or wind down our operations. 

Within the context of AI-driven behavioural shifts, we needed to ask if COUNTER is still useful. Do libraries, consortia, publishers and technology providers need us in a zero-click environment? The answer was a resounding YES. If anything, in our new AI world there is an even greater need for normalised metrics.

Are publishers selling content, or services? Who are they selling to? Should a library invest in content when usage is mediated by an AI agent rather than a direct human visit? Should libraries redirect their investments into AI services instead? What’s the return on investment in those scenarios? How can we be sure we’re comparing AI usage fairly for different services and platforms? How can we prevent AI usage from swamping traditional human activity, making it impossible to distinguish genuine research engagement from automated processing? And of course, how can we protect academic freedom to research by separating user behaviours from usage reporting? 

It turns out that COUNTER might be more necessary than ever before. But to address these new questions, we had to look again at the Code of Practice and its traditional human-centric usage metrics. 

Developing AI usage guidelines

Release 5.1 of the COUNTER Code of Practice, which came into effect in January 2025, was approved for publication at the end of November 2022 – just weeks before ChatGPT hit the market. There was no way for us to predict how widespread the impacts would be on the scholarly communications industry, nor to know how they might be measured, so we proceeded with R5.1 as originally planned.

By spring 2025 most publishers had implemented the updated Code, and it was time to tackle the issue of AI usage. Our Advisory Committee spun up a working group to develop best practice guidelines, with representatives from publishers, technology providers, and libraries.

Following extensive community consultation on the draft version, including with big AI developers, COUNTER published new best practice guidelines on generative and agentic AI usage in April 2026. You can read them in full at Best Practice on Generative and Agentic AI usage metrics

The best practice introduces several key extensions to the Code, focused in two areas. 

  1. Defining the “Agent”

We’ve historically treated all bots the same way, and required that all bot usage be excluded from COUNTER reports. That meant our first step had to be distinguishing between malicious bots and crawlers (which must still be excluded!), real humans, text and data mining, and AI systems. Under our new guidelines, AI usage can and should be reported using the new Access_Method “Agent”. This allows reports to split out usage by AI from “Regular”, human usage, and from text and data mining activity, “TDM”.

  1. Dedicated AI Metric Types

To allay completely valid fears that AI usage could swamp or skew usage patterns, we introduced separate AI metrics.These new metrics reflect the idea that AI tools use Chunks (100-300 word text strings) rather than full Items (journal articles, for example). However, we’ve kept the distinction between access only to metadata, versus the higher value that can be derived from full-text content.

Just as Total and Unique Item Investigations track human usage of metadata describing a piece of content, Total and Unique AI Investigations count AI usage of metadata Chunks. And where Total and Unique Item Requests track human usage of full text content, Total and Unique AI Requests count when an AI tool is authorised to use the full text of a piece of content.

We also created a new AI Responses Generated metric to track the number of times an AI tool returns text in response to a user prompt. It’s effectively an AI variant of the existing Searches Platform metric.

Looking ahead

As pleased as we are to have published the best practice, the work doesn’t stop here. There are some caveats that you need to keep in mind:

  • We don’t know how quickly publishers will be able to implement the new metrics, though it’s unlikely to be much before the end of 2026 at the earliest. If you’re a librarian looking for AI usage metrics to address the data shift, you’re going to have to be patient!

  • There’s a high probability that as publishers implement the guidelines, we’re going to discover things that we got wrong. One of the reasons for creating a best practice, rather than going straight for a new release of the Code of Practice, is that best practices can be amended a little more flexibly than the Code itself.

  • These initial guidelines primarily apply to AI tools embedded on publisher platforms. If you’re looking for usage metrics from third parties like Google Gemini, we can’t help you just yet.

So yes, work continues! Phase two will focus on third-party and off-site tools, and we’ve had great feedback and engagement from scholarly AI developers like Scite and Consensus, as well as intermediaries like Cashmere. Between the existing AI guidelines and our best practice on syndicated usage, we think we can develop practical reporting mechanisms for these newer players in scholarly communication. Hopefully they will be a little quicker than phase one.

We’d love to hear from people who are working on AI usage. Whether you’re a librarian, a publisher, or a tech bro (or bro-ess), please get in touch.

Tasha Mellins-Cohen is Executive Director at COUNTER Metrics


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