Publicado en The Scholarly Kitchen
https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/07/16/guest-post-from-parasitism-to-symbiosis-escaping-peer-pressure-and-for-profit-publishers-through-diamond-open-access/?informz=1&nbd=567d61ec-36ea-4197-85eb-43e2bd36d175&nbd_source=informz
Artículo invitado — Del parasitismo a la simbiosis: escapar de la presión entre pares y de las editoriales con fines de lucro mediante el acceso abierto diamante
Por Camille Thomas y Romain Vaucher
16 de julio de 2026
Nota de los editores: La publicación de hoy fue escrita por Camille Thomas y Romain Vaucher. Camille es investigadora en biogeociencias en la Universidad de Berna. Romain es profesor titular de Sedimentología en la Universidad James Cook, Australia.
Los ecosistemas surgen de las interacciones entre grupos de organismos y su entorno. Desde nuestra perspectiva humana, solemos describirlos como equilibrados o alterados, pero en realidad nunca son estáticos. Cambian constantemente y atraviesan estados dinámicos, a veces frágiles, tanto en el tiempo como en el espacio. Algunas especies aparecen y otras desaparecen; llegan nuevos depredadores, mientras otras migran o se extinguen. A medida que cambian las condiciones ambientales, organismos que antes estaban limitados pueden expandirse y comienzan a tomar forma interacciones completamente nuevas. Cuando estas condiciones ambientales se modifican de manera más drástica, sus efectos se propagan por todo el sistema. Las relaciones existentes se reconfiguran y pueden surgir nuevas conexiones ecológicas. En este sentido, el cambio no solo es una fuente de alteración, sino también un motor de innovación.
En muchos aspectos, las industrias humanas y las economías asociadas a ellas funcionan de manera semejante a los ecosistemas. Términos como alteración, evolución y dinámicas depredador-presa se utilizan habitualmente para describir sus interacciones. Durante las últimas décadas, la propia industria de la publicación científica ha experimentado grandes transformaciones «ambientales», que han desencadenado respuestas evolutivas rápidas y de amplio alcance.
El auge de la publicación en acceso abierto, impulsado por una demanda creciente y reforzado por los mandatos de los organismos financiadores, reconfiguró rápidamente el ecosistema de la publicación científica. Las revistas basadas en suscripciones vieron disminuir una fuente fundamental de recursos, a medida que las instituciones y los investigadores fueron presionados para cumplir con las nuevas políticas.
Algunos actores se adaptaron ocupando nuevos nichos, mediante el lanzamiento de revistas completamente de acceso abierto dorado o el desarrollo de modelos híbridos, es decir, revistas que dependen del sistema de suscripción, pero que también ofrecen una vía de acceso abierto dorado. Las grandes editoriales con fines de lucro, que en algún momento parecían estar en peligro, demostraron una gran capacidad de adaptación (Larivière, Haustein y Mongeon, 2015; Butler et al., 2023). Al introducir cargos por procesamiento de artículos para publicar mediante la vía dorada, trasladaron el costo de la publicación a los autores y sus instituciones, convirtiendo el acceso abierto en una nueva fuente estable de ingresos (Frank, Foster y Pagliari, 2023).
Las grandes transiciones suelen dar lugar a nuevas interacciones. En la publicación científica, los investigadores fueron impulsados a explorar nuevos espacios editoriales, en ocasiones menos prestigiosos o con recompensas menos inmediatas, pero potencialmente más sostenibles a largo plazo. El acceso abierto verde fue una de las primeras estrategias de adaptación. Requería pocos cambios en las prácticas de publicación y permitía cumplir con los mandatos de acceso abierto mediante repositorios institucionales. Sin embargo, más que una verdadera solución, ha funcionado en gran medida como un refugio temporal durante un periodo de alteración.
Los autores que deciden utilizar la vía verde depositan su manuscrito sin maquetar en plataformas de acceso abierto, por ejemplo, repositorios institucionales, después de que este ha sido aceptado en una revista que no es de acceso abierto. De este modo, cumplen con los mandatos de acceso abierto de los organismos financiadores. Como resultado, el artículo queda disponible en internet en dos formatos diferentes: i) un archivo PDF cuidadosamente maquetado detrás de un muro de pago, y ii) una versión sin formato en una plataforma institucional, cuyo acceso suele retrasarse, tal como exigen algunas revistas que aplican periodos de embargo a los manuscritos aceptados. La dinámica subyacente de los recursos permanece prácticamente inalterada. Las instituciones continúan pagando suscripciones y, al mismo tiempo, cubren los cargos por procesamiento de artículos de la vía dorada.
Paralelamente, las universidades invierten en la construcción y el mantenimiento de repositorios. La opción verde, que inicialmente funcionó como un nicho de transición, se ha convertido ahora en un refugio cómodo que retrasa transformaciones sistémicas más profundas (Vaucher y Thomas, 2026). En este ecosistema cambiante, los actores dominantes no han desaparecido; se han adaptado. Varias décadas después, sus ganancias se han disparado (Suarez y McGlynn, 2017; Khoo, 2019). Los antiguos depredadores dominantes extraen ahora valor por múltiples vías y se asemejan cada vez más a los parásitos descritos por Walter y Mullins (2019) dentro del sistema que siguen configurando.
Durante la transición hacia el acceso abierto surgieron nuevas «especies» que desafiaron el dominio de las editoriales tradicionales con fines de lucro mediante modelos marcadamente parasitarios: recurrían a fondos públicos a través de cargos elevados por procesamiento de artículos, pero ofrecían un valor añadido limitado, como una supervisión editorial mínima, una selección deficiente y salvaguardas insuficientes frente a prácticas poco éticas. Actores como Hindawi, MDPI y Frontiers ocuparon rápidamente este nicho (Enserink, 2015; Oviedo-García, 2021; Nicholas et al., 2023). Su modelo resultó difícil de competir: era eficiente, escalable y estaba perfectamente alineado con las presiones que enfrentan los investigadores sometidos al régimen de «publicar o perecer» (Hanson et al., 2024).
Una publicación más rápida, procesos de aceptación previsibles y tarifas relativamente estandarizadas ejercieron una fuerte atracción (Horbach, Ochsner y Kaltenbrunner, 2022). Las editoriales consolidadas no tardaron en adoptar estrategias similares. En lugar de resistirse, incorporaron estas dinámicas tróficas a sus propios modelos y aprovecharon su prestigio para justificar cargos por procesamiento de artículos aún más elevados (Butler et al., 2023). Surgieron nuevas revistas que capitalizaron el reconocimiento de marca para comercializar la visibilidad como un producto premium, como ocurre con Nature y su lista cada vez más extensa de revistas especializadas por temas, cuyas tarifas han alcanzado niveles sin precedentes («Nature Neuroscience offers OA publishing»).
En este sistema, los investigadores quedan atrapados en ciclos de retroalimentación que se aceleran y en los que la supervivencia depende de una participación continua. Sin embargo, al igual que en los sistemas ecológicos, una abundancia excesiva de estrategias extractivas puede desestabilizar el conjunto, y cuando la extracción de recursos supera su regeneración, los ecosistemas se debilitan. La publicación académica se encuentra en una fase de este tipo, en la que la sostenibilidad a largo plazo cede ante las ganancias inmediatas. No obstante, el sistema está lejos del equilibrio. Por una parte, resulta difícil escapar de las dinámicas parasitarias, ya que están integradas en los mecanismos globales de evaluación de la investigación. Por otra, están surgiendo nuevas «especies» que coevolucionan dentro de nichos diferenciados.
Por ejemplo, algunos sectores del ecosistema de investigación chino operan bajo restricciones e incentivos diferentes, presumiblemente derivados de la ausencia actual de acuerdos transformativos y de una fuerte preferencia nacional en las decisiones económicas, y muestran una adhesión limitada e incluso decreciente a los modelos de acceso abierto dorado. A medida que su influencia en la ciencia mundial continúa creciendo, su presencia transformará inevitablemente las interacciones en todo el sistema. Sigue siendo una pregunta abierta cómo se adaptarán otros ecosistemas a este cambio de equilibrio.
Al mismo tiempo, los organismos nacionales e internacionales de financiamiento están cultivando activamente nichos alternativos. Estos se basan en modelos dirigidos por académicos, financiados con recursos públicos e impulsados por las comunidades, especialmente el acceso abierto diamante: gratuito tanto para publicar como para leer, preserva la propiedad de los autores y su derecho a compartir libremente su trabajo. En Europa, iniciativas como DIAMAS y el European Diamond Capacity Hub están sentando las bases de esta transición, paralelamente a esfuerzos más amplios para reformar la evaluación de la investigación, como las declaraciones de San Francisco y Estocolmo (Sabel y Larhammar, 2025).
Estos avances tienen el potencial de redefinir los parámetros ambientales de la publicación académica. El acceso abierto diamante ofrece una vía para abandonar las dinámicas extractivas. Aunque durante mucho tiempo permaneció limitado a iniciativas relativamente artesanales e impulsadas por las comunidades, esta situación podría estar cambiando. Los formatos actuales de publicación, como PDF y HTML, no son técnicamente complejos en sí mismos y, aunque publicar implica costos editoriales y de infraestructura, estos formatos no son intrínsecamente costosos. Con el aumento de la inversión pública en infraestructuras compartidas, actualmente existen las condiciones para una transformación más amplia. El siguiente paso evolutivo quizá no dependa de la tecnología ni del financiamiento, sino de que los propios investigadores decidan ocupar este nicho emergente. A medida que se multiplican los incentivos y las iniciativas, cabría esperar que prevalecieran los modelos más sostenibles. Sin embargo, los ecosistemas antropogénicos rara vez evolucionan únicamente de acuerdo con principios racionales o guiados por la sostenibilidad. Otras presiones selectivas, como el prestigio, la inercia y las ganancias a corto plazo, continúan moldeando sus trayectorias.
Por ahora, solo unas cuantas disciplinas dependen de estos mecanismos alternativos, mientras que otras comienzan lentamente la transición. Sin embargo, las áreas de investigación con mayor financiamiento permanecen atrapadas en dinámicas que ellas mismas crearon involuntariamente hace relativamente poco tiempo, semejantes a las interacciones clásicas entre depredadores y presas, pero que, desde una perspectiva ecológica externa, se inclinan cada vez más hacia el parasitismo. La última gran transición no estuvo impulsada únicamente por principios, sino por incentivos: los mandatos y los requisitos de financiamiento alejaron al sistema de los modelos basados en suscripciones y lo orientaron hacia el acceso abierto.
En la actualidad comienza a tomar forma una transformación semejante. Con infraestructuras que ahora surgen en las bibliotecas universitarias y esfuerzos coordinados para construir un marco viable, vuelven a reunirse las condiciones necesarias para el cambio. Por consiguiente, la siguiente etapa puede depender menos de las restricciones estructurales que de una elección colectiva. Los investigadores pueden seguir tolerando estas interacciones extractivas, casi vampíricas, o avanzar hacia modelos más simbióticos, como los ofrecidos por el acceso abierto diamante, en los que el valor se comparte de manera ética en lugar de ser absorbido.
Los ecosistemas no cambian únicamente por intención, sino mediante la selección.
La pregunta ahora es sencilla: ¿qué modelo elegiremos sostener?
Nota de los autores: Este texto está inspirado, sin ningún pudor, en el hermoso artículo de Walter y Mullins (2019), publicado en Molecular Biology of the Cell.
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Guest Post — From Parasitism to Symbiosis: Escaping Peer-Pressure and For-Profit Publishers Through Diamond Open Access
By Camille Thomas, Romain VaucherJul 16, 2026
Editors’ note: Today’s post is by Camille Thomas and Romain Vaucher. Camille is a biogeosciences researcher at the University of Bern. Romain is a Senior Lecturer in Sedimentology at James Cook University, Australia.
Ecosystems emerge from the interactions between groups of organisms and their environment. From our human perspective, we often describe them as either balanced or disrupted, but in reality, they are never static. They are constantly shifting, moving through states that are dynamic, sometimes fragile, across both time and space. Species come and go with new predators arriving, others migrating or disappearing. As environmental conditions change, previously constrained organisms can expand, and entirely new interactions begin to take shape. When these environmental conditions shift more dramatically, the effects ripple through the system. Existing relationships are reshaped, and new ecological connections can emerge. In this sense, change is not only a source of disruption, but also an engine for innovation.
In many ways, human industries and their associated economies function similarly to ecosystems. Terms such as disruption, evolution, and predator–prey dynamics are routinely borrowed to describe their interactions. Over the past decades, the scientific publishing industry has itself undergone major “environmental” shifts, triggering rapid and far-reaching evolutionary responses.
The rise of open access (OA) publishing, driven by growing demand and reinforced by funder mandates, rapidly reshaped the scientific publishing ecosystem. Subscription-based journals saw a key resource stream decline, as institutions and researchers were pushed to comply with new policies.
Some actors adapted by occupying new niches, launching fully Gold OA journals or developing hybrid models (i.e., journals relying on the subscription-based model while also offering a Gold OA, route). Large for-profit publishers, once seemingly at risk, proved highly resilient (Larivière, Haustein, & Mongeon, 2015; Butler, et al., 2023). By introducing article processing charges (APCs) to publish via the Gold OA route, they shifted the cost of publication onto authors and their institutions, turning OA into a new, stable resource stream (Frank, Foster, & Pagliari, 2023).
Major transitions often give rise to new interactions. In scientific publishing, researchers were pushed to explore new venues, sometimes less prestigious or immediately rewarding, but potentially more sustainable over time. Green OA was one of the first adaptive strategies. It required little change in publishing practices, allowing compliance with OA mandates through institutional repositories. Yet, rather than a true solution, it has largely functioned as a temporary refuge during a period of disruption.
Authors deciding to use the Green route submit their non-formatted manuscript to OA platforms (e.g., institutional repositories) after acceptance in a non-OA journal. Therefore, the authors are complying with OA mandates by funders. As a result, the article is available under two different formats on the web: i) a nicely formatted PDF beyond a paywall, and ii) a raw non-formatted version on an institutional platform, which has its access commonly delayed (as required by some journals applying embargo periods to their accepted manuscripts). The underlying resource dynamics remain largely unchanged. Institutions continue to pay subscription fees, while also covering APCs for Gold OA.
At the same time, universities invest in building and maintaining repositories. The Green OA option that initially served as a transitional niche has now become a comfortable shelter, one that delays deeper, systemic change (Vaucher & Thomas, 2026). In this evolving ecosystem, dominant actors have not disappeared; they have adapted. A few decades later, their profits have surged (Suarez and McGlynn 2017, Khoo 2019). Former apex predators now extract value through multiple pathways, increasingly resembling the parasites described by Walter & Mullins (2019) within the system they continue to shape.
During the OA transition, new “species” emerged, challenging the dominance of established for-profit publishers with models that leaned heavily toward parasitism, drawing on public funds through high APCs while offering limited added value (minimal editorial oversight, weak curation, and insufficient safeguards against unethical practices). Actors such as Hindawi, MDPI, and Frontiers rapidly occupied this niche (Enserink, 2015; Oviedo-García, 2021; Nicholas, et al., 2023). Their model proved difficult to compete with: efficient, scalable, and perfectly aligned with the pressures faced by researchers operating under a “publish or perish” regime (Hanson et al. 2024).
Faster publication, predictable acceptance pathways, and relatively standardized fees created a powerful pull (Horbach, Ochsner, and Kaltenbrunner 2022). It did not take long for established publishers to adopt similar strategies. Rather than resisting, they integrated these trophic dynamics into their own models, leveraging their prestige to justify even higher APCs (Butler, et al., 2023). New outlets emerged, capitalizing on brand recognition to market visibility as a premium product, like Nature and its ever-expanding list of topic-specific journals, with fees reaching unprecedented levels (“Nature Neuroscience offers OA publishing“).
In this system, researchers find themselves caught in accelerating feedback loops, where survival depends on continued participation. Yet, as in ecological systems, an overabundance of extractive strategies can destabilize the whole, and when resource extraction outpaces regeneration, ecosystems weaken. Scholarly publishing is in such a phase where long-term sustainability gives way to short-term gain. But it is far from balanced. On one hand, parasitic dynamics remain difficult to escape, as they are embedded in the global mechanics of research evaluation. On the other hand, new “species” are emerging and co-evolving within distinct niches.
For instance, parts of the Chinese research ecosystem operate under different constraints and incentives (presumably induced by the current lack of Transformative Agreements and strong influence of national preference regarding economic choices), showing limited and even decreasing alignment with Gold OA models. As their influence on global science continues to grow, their presence will inevitably reshape interactions across the system. How other ecosystems will adapt to this shifting balance remains an open question.
At the same time, national and international funding bodies are actively cultivating alternative niches. These rely on scholar-led, publicly funded, community-driven models: most notably the Diamond OA (free to publish, free to read, preserving author ownership, and the right to freely share their work). In Europe, initiatives such as DIAMAS and the European Diamond Capacity Hub are laying the groundwork for this transition, in parallel with broader efforts to reform research assessment (e.g., San Francisco and Stockholm declarations) (Sabel & Larhammar, 2025).
These developments have the potential to redefine the environmental parameters of scholarly publishing. Diamond OA offers a pathway out of extractive dynamics. While it has long remained confined to relatively artisanal, community-driven efforts, this may be changing. The current modes of publishing (PDF/HTML) are not technically complex in themselves and, although publishing involves editorial and infrastructural costs, these formats are not inherently expensive. With increasing public investment in shared infrastructures, the conditions are now in place for a broader shift. The next evolutionary step may not depend on technology or funding but on whether researchers themselves choose to occupy this emerging niche. As incentives and initiatives multiply, one might expect the most sustainable models to prevail. Yet, anthropogenic ecosystems rarely evolve according to rational or sustainability-driven principles alone. Other selective pressures like prestige, inertia, short-term gain continue to shape their trajectories.
For now, only a handful of disciplines rely on these alternative mechanisms, while others are slowly beginning to transition. Yet the most well-funded areas of research remain locked in dynamics they inadvertently created not so long ago, ones that resemble classic predator-prey interactions but that are increasingly drifting toward parasitism from an external ecological perspective. The last major transition was not driven by principle alone, but by incentives: mandates and funding requirements pushed the system away from subscription-based models toward open access.
Today, a similar shift is taking shape. With infrastructures now emerging in university libraries and coordinated efforts to build a viable framework, the conditions for change are once again being assembled. So the next phase may hinge less on structural constraints than on collective choice. Researchers can continue to tolerate these extractives, almost vampiristic interactions, or shift toward more symbiotic models such as those offered by Diamond OA, where value is ethically shared rather than siphoned. Ecosystems do not change by intention alone, but by selection.
The question now is simple: which model will we choose to sustain?
Authors’ note: This piece is shamelessly inspired by the beautiful paper by Walter and Mullins (2019), published in Molecular Biology of the Cell.