Publicado en blog Impact of Social Sciences (London School of Economics-LSE)
https://blogs.lse.ac.uk/impactofsocialsciences/2026/08/19/for-a-decade-credit-has-quietly-reshaped-academic-authorship-what-comes-next/
Durante una década, CRediT ha transformado discretamente la autoría académica: ¿qué viene después?
La Taxonomía de Roles de Contribución, o CRediT, ha permitido durante los últimos años aclarar cómo las distintas contribuciones intervienen en la creación de artículos de investigación. Al hacer un balance de la última década, Andrea Chiarelli, Lucia Loffreda, Liz Allen, Mohammad Hosseini, Sandra Bendiscioli y Holly Ranger analizan el éxito de CRediT y los desafíos que enfrenta para lograr una mayor integración en los procesos de financiamiento y evaluación de la investigación.
Si se entra en cualquier universidad con una intensa actividad investigadora, se encontrará una amplia fuerza laboral cuyas contribuciones rara vez aparecen en la lista de autores de un artículo publicado o de un preprint: técnicos, ingenieros de software de investigación, gestores de datos y bibliotecarios, por mencionar solo algunos.
Algunos diseñan y construyen instrumentos que antes no existían. Otros desarrollan la metodología de la que depende un proyecto. Sin embargo, las convenciones sobre autoría, heredadas de una época en la que un artículo era obra de uno o dos autores identificados por su nombre, con frecuencia relegan los esfuerzos de estas personas a la sección de agradecimientos o los omiten por completo.
La Taxonomía de Roles de Contribución (CRediT) fue creada para abordar la falta de una terminología normalizada que permitiera describir las contribuciones a la investigación y ayudar así a garantizar que nadie quedara excluido. CRediT constituye un discreto caso de éxito en la comunicación académica. Integrada por 14 roles, CRediT se ha extendido ampliamente a lo largo del flujo de trabajo de investigación en poco más de una década, a pesar de no contar con un mandato ni prácticamente con financiamiento.
En 2024, aproximadamente el 22 % de los artículos de investigación originales, preprints y trabajos de congresos con texto completo disponibles en la plataforma Dimensions incluían información CRediT: casi 850,000 publicaciones. A partir de este verano, Crossref.org comenzará a incorporar CRediT en la versión 5.5 de su esquema de metadatos, de manera que, por primera vez, las contribuciones a un artículo podrán describirse en el registro abierto de metadatos, en lugar de quedar reducidas a una lista de autores o perderse en la última página de un PDF.
Este es un logro importante, pero el éxito de CRediT ha sido desigual. La iniciativa se ha extendido con mayor rapidez en los sistemas de envío de manuscritos de las editoriales, donde ya se recopilaban datos sobre la autoría. Sin embargo, en contextos en los que una información más detallada sobre las contribuciones podría realmente modificar los resultados —por ejemplo, en la forma en que los financiadores evalúan a los solicitantes o las universidades valoran a sus investigadores—, el uso de CRediT es mucho menos frecuente.
La primera década de CRediT ha demostrado que podemos describir de manera fiable quién hizo qué. Comprender cómo utilizar esta información en la evaluación, contratación y promoción por parte de financiadores e instituciones de investigación será el desafío que deberá abordarse durante la próxima década.
Fácil de registrar, difícil de valorarEn la actualidad, las publicaciones, incluidos los preprints, ocupan un lugar central en la evaluación de muchas disciplinas. Como resultado, definir de manera clara y normalizada las funciones de los autores en una publicación es fundamental para sus carreras profesionales. En este contexto, iniciativas como DORA y CoARA llevan mucho tiempo promoviendo una evaluación responsable de la investigación, incluido un reconocimiento más amplio de la diversidad de productos y contribuciones de investigación, más allá del medio de publicación o de las métricas de citación.
CRediT puede contribuir significativamente a este objetivo, ya que promueve el reconocimiento de actividades como la gestión de datos, el desarrollo de software y otras tareas como contribuciones fundamentales a un proyecto de investigación y a las publicaciones que se deriven de él. De hecho, REF 2029 puso a prueba CRediT como un posible indicador clave de una cultura de investigación positiva dentro de su componente de Estrategia, Personas y Entorno de Investigación.
Sin embargo, hasta donde los autores han podido determinar, ningún financiador importante utiliza actualmente CRediT para evaluar a los investigadores que financia. La revisión de solicitudes de subvenciones no consiste simplemente en describir contribuciones; consiste en comparar y seleccionar personas, a menudo entre cientos o incluso miles de solicitudes y bajo una enorme presión de tiempo, con el objetivo de generar investigación de alta calidad. CRediT puede indicar a un evaluador que una persona contribuyó a la curación de datos, pero no permite conocer la magnitud o calidad de esa contribución ni el grado de independencia con que se realizó.
Esto no constituye un argumento en contra de utilizar CRediT en la evaluación del financiamiento, pero sí es un argumento a favor de hacerlo con cautela. Existe el riesgo de que los evaluadores comiencen a contar roles de la misma manera en que anteriormente contabilizaban los factores de impacto, convirtiendo una herramienta diseñada para reflejar matices en otro indicador simplista, con lo que podrían reaparecer los problemas ampliamente documentados de la evaluación basada en métricas.
Sin embargo, si se utiliza de manera reflexiva y junto con evidencia narrativa, CRediT podría contribuir a una evaluación más justa y coherente. De hecho, el Programa de Investigación Intramuros de los National Institutes of Health (NIH) ofrece un ejemplo de un uso bien considerado de CRediT: cuando surgen controversias relacionadas con la autoría, la taxonomía se utiliza para investigar y resolver estos conflictos antes y después de la publicación, proporcionando a las personas involucradas un lenguaje común y reconocido. Esta iniciativa, descrita por Mohammad —uno de los autores— en un artículo, pone de relieve la posibilidad de trasladar mecanismos similares al ámbito institucional.
Las personas que los metadatos actuales no reflejanEl panorama institucional de las contribuciones tiene tanto que ver con la cultura como con la infraestructura. Una investigación realizada por la Universidad de Sheffield descubrió que, cuando se pide a académicos y técnicos que definan qué constituye una contribución intelectual, tienden a coincidir: si un colega ayudó a determinar la manera en que se llevó a cabo la investigación, eso constituye trabajo intelectual. Sin embargo, difieren respecto a qué justifica la autoría y, en este aspecto, el factor decisivo suele ser con demasiada frecuencia las relaciones interpersonales y las dinámicas de poder, más que la propia contribución.
Las conversaciones acerca de quién debe recibir reconocimiento también suelen producirse demasiado tarde, durante la etapa de redacción, cuando las personas que realizaron el trabajo técnico en las primeras fases quizá ya no estén presentes y, sencillamente, pueden quedar fuera.
Los 14 roles de CRediT fueron diseñados inicialmente desde una perspectiva de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y la medicina (STEM), puesto que se basaron en las contribuciones que habitualmente se describían para complementar la autoría en estas áreas. En consecuencia, el estudio de Sheffield descubrió que, si bien existía una clara necesidad de promover CRediT, ofrecer capacitación y ampliar su adopción en las ciencias de la salud, la ingeniería y las ciencias físicas —y, en menor medida, en las ciencias sociales—, los roles actuales de CRediT no se adaptaban perfectamente a las artes y las humanidades.
En estos campos, las contribuciones pueden incluir conocimientos especializados en archivos, ingeniería audiovisual y prácticas creativas intangibles y no digitales. No obstante, entre los investigadores de artes y humanidades existía un gran interés por entablar conversaciones sobre autoría y contribuciones, y muchos manifestaron preocupación por los desequilibrios de poder arraigados en las convenciones disciplinarias tradicionales sobre autoría. En las conversaciones con estas disciplinas, la iniciativa CRediT ofrece un principio generalizable —la atribución justa— y un punto de partida para el debate.
Al igual que ocurre con la revisión por pares de las solicitudes de financiamiento, las conversaciones institucionales acerca de las contribuciones deben manejarse con cautela, ya que siempre existe la tentación real de convertirlas en métricas. Si esta oportunidad termina haciendo que se espere de los técnicos que acumulen publicaciones, habrá empeorado la situación: el reconocimiento debe ampliar las formas en que valoramos el trabajo de las personas, no trasladarlas a una única moneda de cambio que todos se vean obligados a perseguir.
Reconocer con CRediT a todos los participantes en la investigaciónDurante la primera década se produjo la validación de los principios de CRediT dentro del ámbito editorial, que, por numerosas razones técnicas y culturales, resultó ser el punto de partida más viable. La próxima década deberá dedicarse a los problemas verdaderamente difíciles: la interoperabilidad, para que la información sobre los colaboradores fluya de manera coherente entre repositorios de datos, sistemas de subvenciones y bases de datos de publicaciones; una taxonomía actualizada (CRediT 2.0, actualmente en perspectiva), desarrollada mediante consultas con la comunidad; y el diseño cuidadoso de la manera en que estos datos se utilizan en la evaluación, de modo que la transparencia no se transforme en vigilancia ni en manipulación estratégica del sistema.
La procedencia que proporcionan estos datos será cada vez más importante a medida que los sistemas de inteligencia artificial rastreen y sinteticen la literatura, y que la confianza dependa cada vez más de saber quién es responsable de qué.
Por encima de todo, el reconocimiento tiene que ver, en última instancia, con las personas. El objetivo siempre ha sido garantizar que las numerosas personas que participan en una investigación puedan ser reconocidas y valoradas abiertamente, y de una manera que consideren adecuada. Se trata de un trabajo humano, poco vistoso, que los metadatos no pueden hacer por nosotros, y es precisamente ahí donde debe producirse ahora el verdadero progreso.
Este artículo se basa en un seminario web sobre roles de contribución, reconocimiento e integridad de la investigación dirigido por los autores. Quienes deseen profundizar en el tema pueden consultar la grabación.
Andrea Chiarelli y Lucia LoffredaAndrea Chiarelli es consultor principal en Research Consulting y se especializa en comunicación académica, investigación abierta y gestión universitaria. Ha trabajado ampliamente en el panorama internacional de la investigación y la innovación.
Lucia Loffreda es consultora asociada sénior en Research Consulting. En este puesto ha participado en diversos proyectos relacionados con la comunicación académica, la ciencia abierta y el desarrollo internacional.
Liz Allen y Mohammad HosseiniLiz Allen es especialista en evaluación de la investigación y comunicación académica, con especialización en métricas de investigación, política científica e integridad de la investigación. Es directora asociada en Research Consulting e investigadora sénior visitante en el Policy Institute del King’s College London. Fue cofundadora de CRediT en 2012 y continúa siendo copresidenta de la iniciativa.
Mohammad Hosseini es profesor asistente de Medicina Preventiva en la Feinberg School of Medicine de Northwestern University. Es profesor invitado de ética e integridad de la investigación, editor asociado de la revista Accountability in Research y miembro de la Global Young Academy. Su trabajo se centra en la ética del uso de tecnologías emergentes en la investigación y en comprender sus implicaciones para la integridad, la transparencia y el impacto social de la investigación.
Sandra BendiscioliSandra Bendiscioli dirige el trabajo de políticas de EMBO y aporta una amplia experiencia en evaluación de la investigación, integridad científica y cambio institucional. Forma parte del Consejo Ejecutivo de DORA, representa a EMBO en CoARA y coordina los esfuerzos internos para fortalecer los procesos de evaluación de los programas de financiamiento de EMBO. También organiza talleres sobre cuestiones más amplias de política científica, entre ellas la ingeniería biomédica y la sostenibilidad ambiental en la investigación.
Holly RangerLa Dra. Holly Ranger es especialista en gestión de datos de investigación y está interesada en las políticas sobre datos de investigación, los productos de investigación no convencionales y las prácticas de investigación abierta. Asimismo, promueve una gestión ética de los datos de investigación basada en los principios CARE. Formó parte del equipo central del proyecto PR Voices cuando se desempeñaba como responsable de Gestión de Datos de Investigación en la University of Westminster, donde aportó conocimientos especializados en datos de investigación y preservación digital. Actualmente es directora de Investigación Abierta en la Universidad de Sheffield.
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For a decade CRediT has quietly reshaped academic authorship – what comes next?
The Contributor Roles Taxonomy, or CrediT, has over the past years clarified how different hands lead to the creation of research papers. Taking stock of the past decade, Andrea Chiarelli, Lucia Loffreda, Liz Allen, Mohammad Hosseini, Sandra Bendiscioli and Holly Ranger consider CrediT’s success and the challenges it faces if it is to become more embedded in funding and research assessment processes.
Walk into any research-intensive university and you will find a large workforce whose contributions rarely surface in the author list in a published paper or a preprint: technicians, research software engineers, data stewards, and librarians to name a few.
Some design and build instruments that did not previously exist. Some devise the methodology a project depends on. Yet authorship conventions, inherited from a time when a paper was the work of one or two named authors, frequently route these people’s efforts into the acknowledgements section, or omit them altogether.
The Contributor Role Taxonomy (CRediT) was built to address the lack of standard terminology to describe contributions to research, helping to ensure that nobody is left out. CRediT is an understated success story in scholarly communication. Consisting of 14 roles, CRediT has spread widely across the research workflow in little over a decade despite having no mandate and almost no funding.
In 2024, roughly 22 per cent of original research articles, preprints and conference papers with full text on the Dimensions platform carried CRediT information: nearly 850,000 outputs. From this summer, Crossref.org will begin embedding CRediT in version 5.5 of its metadata schema, so that, for the first time, contributions to a paper can be described in the open metadata record rather than flattened into an article byline or lost on the last page of a PDF.
This is a major achievement, but CRediT’s success has been uneven. The initiative has spread the fastest in publishers’ submission systems where authorship data was already being captured. However, in contexts where richer contributor information might actually shift outcomes, such as how funders assess applicants or how universities evaluate researchers, the use of CRediT is much less common.
CRediT’s first decade has shown that we can reliably describe who did what. Understanding how to use it in evaluation, hiring and promotion across research funders and institutions is what the next decade will need to answer.
Easy to record, hard to valueToday, publications, including preprints, are central to assessment in many disciplines. As a result, defining authors’ roles in a publication clearly and in a standard way is fundamental for people’s careers. In this context, initiatives such as DORA and CoARA have long promoted responsible research assessment, including broader recognition of diverse research outputs and contributions beyond publication venue or citation metrics. CRediT can contribute meaningfully to that agenda, as it promotes the recognition of activities such as data stewardship, software development and more as a fundamental contribution to a research project and any ensuing publications. Indeed, REF 2029 piloted CRediT as a potential key indicator of a positive research culture for its Strategy, People, and Research Environment element.
However, as far as we can establish, no (major) funder currently uses CRediT to evaluate the researchers it funds. Grant review is not an exercise in describing contributions; it is an exercise in comparing and selecting people, often across hundreds or even thousands of applications and under acute time pressure, to deliver high-quality research. CRediT can tell a reviewer that someone contributed to data curation, but not the scale, the quality, or the degree of independence involved.
This is not an argument against using CRediT in funding assessment, but it is an argument for care. The risk is that reviewers begin to count roles the way they once counted impact factors, turning a tool built to capture nuance into another crude proxy, where the well-documented issues of metric-driven assessment could resurface.
Used thoughtfully alongside narrative evidence, however, CRediT could support fairer, more consistent review. Indeed, the National Institutes of Health (NIH) Intramural Research Program provides an example of well-considered usage of CRediT: when authorship disputes emerge, the taxonomy is used to investigate and resolve these disputes pre- and post-publication by providing a shared, legitimate language to those involved. This initiative, described by Mohammad (one of the authors) in an article, highlights the opportunity to translate similar mechanisms in an institutional context.
The people that today’s metadata missesThe institutional picture regarding contributorship is as much about culture as it is about infrastructure. Research carried out by the University of Sheffield found that when you ask academics and technicians to define an intellectual contribution, they tend to agree: if a colleague helped shape how the research was done, that is intellectual work. Where they diverge is on what warrants authorship, and there the deciding factor is too often interpersonal relationships and power dynamics rather than the contribution itself.
Conversations about who gets credit also tend to happen far too late, at the writing-up stage, by which point the people who did early technical work may no longer be in the room, and may simply be missed.
The 14 CRediT roles were initially designed from a science, technology, engineering and medicine (STEM) perspective, as they were informed by contributions typically described to complement authorship in these domains. Consequently, Sheffield found that while there was a clear use case for CRediT advocacy, training, and wider adoption in health, engineering, and the physical sciences (and, to a lesser extent, the social sciences), the existing CRediT roles were an imperfect fit for the arts and humanities, where contributions can include archival expertise, audio-visual engineering, and intangible and non-digital creative practices. Nevertheless, there was strong appetite among arts and humanities scholars for conversations about authorship and contributorship, with many colleagues concerned about the power imbalances entrenched in normative disciplinary authorship conventions. In conversations with these disciplines, the CRediT initiative offers a generalisable principle – fair attribution – and a starting point for discussion.
Similarly to the case of grant peer review, conversations about contributions in institutions do have to be handled with care, as there is always a real temptation to metricise. If this opportunity tips into expecting technicians to accumulate publications, it will have made things worse: recognition should expand the ways we value people’s work, not shift them into a single currency that everyone is then forced to chase.
CRediT-ing all participants in researchThe first decade has seen the validation of CRediT’s principles within publishing, which for many technical and cultural reasons materialised as the most tractable starting point. The next has to be spent on the genuinely hard problems: interoperability, so that contributor information flows consistently across data repositories, grant systems and publication databases; an updated taxonomy (CRediT 2.0, now in prospect) developed through community consultation; and the careful design of how this data is used in assessment, so that transparency does not turn into surveillance or gaming. The provenance such data provides will only matter more as AI systems crawl and synthesise the literature, and as trust increasingly depends on knowing who is accountable for what.
Above all, recognition is ultimately about people. The point was always to make sure that the many hands behind a piece of research can be seen and valued openly, and in a way that feels right to them. That is unglamorous, human work that metadata cannot do for us, and it is where the real progress now lies.
This piece draws on a webinar on contributor roles, recognition and research integrity led by the authors. If you would like to dig deeper, you can watch the recording.
Andrea Chiarelli: Andrea Chiarelli is a Principal Consultant at Research Consulting, specialising in scholarly communication, open research and university management. He has worked extensively across the international research and innovation landscape.Lucia Loffreda: Lucia Loffreda is a Senior Associate Consultant at Research Consulting. In this role, she has worked on a variety of projects across the scholarly communication, open science, and international development landscapes.Liz Allen: Liz Allen is a research evaluation and scholarly communication expert, specialising in research metrics, science policy and research integrity. She is an Associate Director at Research Consulting and a Visiting Senior Research Fellow at the Policy Institute at King’s College London. She co-founded CRediT in 2012 and remains the initiative’s Co-Chair
Mohammad Hosseini: Mohammad Hosseini is an Assistant Professor of Preventive Medicine at Northwestern University Feinberg School of Medicine. He is a guest lecturer of research ethics and integrity, an associate editor of the journal of Accountability in Research and a member of the Global Young Academy. His work focuses on ethics of employing emerging technologies in research and understanding their implications on integrity, transparency, and societal impact of research.Sandra Bendiscioli: Sandra leads EMBO’s policy work, bringing long-standing experience in research assessment, research integrity, and institutional change. She serves on the DORA Executive Board, represents EMBO in CoARA, and coordinates internal efforts to strengthen evaluation processes for EMBO funding schemes. She also convenes workshops on wider policy issues, including biomedical engineering and environmental sustainability in researchHolly Ranger: Dr Holly Ranger is a research data management specialist interested in research data policy, non-standard research outputs, and open research practices, and who advocates for ethical and CARE-ful research data management. They were a core project member of the PR Voices project while Research Data Management Officer at the University of Westminster, providing research data and digital preservation expertise. They are now Head of Open Research at The University of Sheffield.
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