martes, 29 de septiembre de 2026

Efecto Cocodrilo: las "búsquedas sin clics", las respuestas de la IA reducen los accesos a las fuentes originales. Las fauces del cocodrilo devoran a las editoriales comerciales

Publicado en The Scholarly Kitchen
https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/02/04/responding-to-the-threat-of-zero-click-search-and-ai-summaries-how-do-we-tame-the-crocodile/ 



Responder a la amenaza de las búsquedas sin clics y los resúmenes de IA: ¿cómo domamos al cocodrilo?

Por Charlie Rapple

4 de febrero de 2026

Abre bien la boca y di «aaaargh»: vamos a hablar del Efecto Cocodrilo. Probablemente ya hayas oído hablar de él, aunque no reconozcas el término. Es la mayor amenaza a la que se enfrentan actualmente las editoriales académicas y, sí, sé que se trata de una afirmación audaz, considerando la crisis del financiamiento de la investigación, la crisis de la revisión por pares, la crisis de la integridad de la investigación y todas las demás crisis de nuestros días.

Sí, estoy hablando de «Google Zero», «búsqueda sin clics» (zero-click search), «satisfacción de la consulta en la propia página de resultados» (On-SERP fulfillment), «búsqueda en jardines cerrados» (walled-garden search) o cualquiera de los muchos otros términos que se utilizan para describir el fenómeno por el cual los usuarios obtienen respuestas directamente de las páginas de resultados de los motores de búsqueda (SERP), en lugar de hacer clic para acceder a los sitios de las fuentes originales, como los artículos de revistas académicas.

El término «Efecto Cocodrilo» proviene de una publicación en LinkedIn del experto en marketing de software como servicio (SaaS) Tim Soulo:

«Los últimos 12 meses de datos de GSC [Google Search Console] del blog de Ahrefs [su sitio web] parecen un cocodrilo. Y estoy bastante seguro de que ustedes están viendo el mismo cocodrilo en su propio GSC».

Es decir, el Efecto Cocodrilo es la brecha entre las impresiones de tu contenido en los motores de búsqueda y los clics que llevan al texto completo alojado en tu plataforma.

Diagrama del «Efecto Cocodrilo», de Charlie Rapple

Devorando nuestro tráfico

El Efecto Cocodrilo ha crecido enormemente desde la incorporación de paneles informativos generados por IA en las páginas de búsqueda —tema abordado por Stephanie en una publicación de diciembre— y constituye la propuesta de valor central de los nuevos «navegadores web con IA», como Perplexity o Atlas de OpenAI.

Los resultados de búsqueda de las editoriales son desplazados hacia posiciones inferiores de la página y, aunque pueden aparecer en la barra lateral que acompaña a los paneles informativos, podrían mostrarse más abajo en la lista que otros contenidos más orientados a proporcionar respuestas o a ofrecer noticias.

Las impresiones de contenido continúan aumentando porque el contenido sí está siendo «mostrado», pero cada vez menos usuarios hacen clic para acceder al texto completo en el sitio web de la editorial, lo que representa una amenaza para cualquier organización cuyo modelo de negocio dependa del uso como indicador del éxito para sus clientes.

Esto incluye a las editoriales académicas, tanto si el cliente es una institución que paga una suscripción y espera observar un gran número de descargas por parte de sus usuarios, como si se trata de un autor que paga un cargo por procesamiento de artículos (APC) y espera obtener un gran número de lecturas.

Un menor número de visitas al sitio web pone en riesgo los ingresos al debilitar la posición de las editoriales en las negociaciones para la renovación de suscripciones o al reducir la retención de autores. Un tráfico reducido también probablemente disminuirá las citas y el reconocimiento de marca, socavando el papel esencial y la reputación de las editoriales.

Las editoriales han hablado en conferencias acerca de la disminución que están observando. John Campbell, de OUP, declaró en la Feria del Libro de Londres del año pasado que atribuía a las búsquedas sin clics una reducción del 19 % en los clics hacia sus contenidos académicos de referencia. Un estudio de octubre de 2025 muestra que más de la mitad de las búsquedas en Google terminan actualmente sin que los usuarios abandonen la página de resultados del motor de búsqueda 😱.

Como señala Dariusz Jemielniak en su reciente artículo en Nature —gracias a James Butcher, de Journalology, por llamar mi atención sobre él y por este fragmento—:

«Cuando los chatbots de IA proporcionan respuestas aparentemente autorizadas extraídas de las propias páginas de Wikipedia, ¿por qué alguien habría de navegar hasta la fuente, y mucho menos contribuir a ella?»

Amenaza para la integridad y la transparencia de la investigación

Las búsquedas sin clics no representan únicamente una amenaza para el tráfico web. También constituyen un desafío para la integridad y la transparencia de la investigación.

Las búsquedas sin clics amplifican y camuflan la información errónea: al reformatear los contenidos, eliminan las señales contextuales que, de otro modo, ayudarían a los usuarios a tomar decisiones tanto conscientes como subconscientes acerca de qué contenidos son confiables.

Los paneles de IA están bien redactados, parecen pulidos y creíbles, pero se generan a partir de una combinación problemática de fuentes. Mezclan contenidos confiables revisados por pares con investigaciones de menor calidad, información errónea —contenido inexacto, por ejemplo, debido a la ausencia de salvedades o a interpretaciones distorsionadas— y desinformación —contenido deliberadamente manipulado o inventado con la intención de engañar—.

Las citas incluidas en los paneles de IA reciben deliberadamente poca visibilidad y se reducen a un único símbolo, despojadas de indicadores de calidad como el título de la revista o la condición de haber sido sometidas a revisión por pares.

Si los usuarios solicitan una lista de referencias de los resúmenes generados por IA, la IA no puede proporcionarla de manera confiable, porque genera el contenido dinámicamente sin mantener un seguimiento persistente de las fuentes exactas, lo que significa que las citas pueden faltar, estar incompletas o ser inventadas.

La ausencia de una atribución clara aumenta el riesgo de citar incorrectamente o incluso de citar a la propia herramienta de IA en lugar del artículo original subyacente. Esta falta de transparencia hace que los paneles sean poco confiables y amenaza la integridad de la investigación.

Por lo tanto, comprender y abordar las búsquedas sin clics ayuda a las editoriales no solo a proteger y conservar el uso de sus contenidos, sino también a salvaguardar la exactitud, la confianza y la integridad del registro académico, garantizando que las fuentes autorizadas continúen ocupando un lugar central en un entorno cada vez más vulnerable a la información errónea.

El Efecto Cocodrilo está agravando el riesgo de que las editoriales sean devoradas: simultáneamente están perdiendo el control sobre el descubrimiento de sus contenidos y perdiendo visibilidad, autoridad e ingresos.

Las búsquedas sin clics eliminan elementos de credibilidad y contexto, haciendo más difícil demostrar el valor de las editoriales dentro del proceso de comunicación académica. Las editoriales corren un riesgo mayor que nunca de quedar reducidas a proveedores invisibles, en lugar de ser consideradas socios valiosos.

Los desarrolladores de IA pueden depender del corpus de información autorizada gestionado por las editoriales, pero lo hacen como parásitos que corren el riesgo de matar al huésped. Las editoriales deben abrir el camino hacia una relación más simbiótica.

¿Qué podemos hacer?

El sector académico necesita actuar rápidamente para orientar las siguientes etapas de este cambio sísmico en la forma en que la información se descubre y consume, así como en la manera en que los nuevos comportamientos de uso se miden, reportan y valoran.

Esto podría significar:

  • Desarrollar nuevos códigos de buenas prácticas para recopilar y reportar el uso de contenidos fuera de los sitios web de las editoriales.

  • Trabajar para modificar las percepciones de las instituciones y de los autores acerca de «qué es lo que cuenta».

  • Redefinir qué significa el uso legítimo (Fair Use) y crear marcos de licenciamiento o regalías para contenidos derivados.

  • Establecer estándares sobre cómo las herramientas de IA indexan, clasifican, referencian y atribuyen los contenidos revisados por pares.

  • Probar nuevas tácticas y funcionalidades para atraer, retener y maximizar el uso.

  • Acelerar el trabajo de Optimización para Motores de Respuestas (AEO, Answer Engine Optimization) o de Optimización para Motores Generativos (GEO, Generative Engine Optimization).

Lo que está claro es que esta cuestión afecta a todos los departamentos —técnicos, editoriales y de marketing— y a todo tipo de organizaciones —editoriales, plataformas, pero también bibliotecas e instituciones, sociedades académicas y congresos—.

Ningún departamento debería intentar afrontar este problema por sí solo, y muchas de estas cuestiones requerirán colaboración entre editoriales bajo los auspicios de organizaciones como SSP, STM, NISO, COUNTER, ALPSP, entre otras.

En el corto plazo, dedicaré el próximo trimestre a un proyecto de investigación acelerado para ir más allá de las métricas y profundizar en los comportamientos de los usuarios: ¿el tráfico que estamos perdiendo corresponde a «calidad» o a «cantidad»?; ¿en qué situaciones los usuarios siguen optando por hacer clic para acceder a los materiales originales?; ¿comprenden los usuarios qué contenidos son generados sobre la marcha por la IA y cómo —si es que lo hacen— evalúan la credibilidad de esos contenidos?

También identificaré oportunidades de rápida implementación en materia de AEO, tanto dentro como fuera de nuestro sector: ¿qué están haciendo los principales medios de comunicación o los minoristas de productos de consumo masivo (FMCG)?; ¿qué tipos de metadatos o contenidos «intersticiales» se correlacionan con posiciones más altas en las listas de referencias de los resúmenes de IA?; ¿qué tipos de experiencia de usuario (UX) o funcionalidades ayudan a incrementar el tiempo de permanencia en el sitio o el número de páginas vistas por los visitantes que llegan a través de paneles de IA?, y así sucesivamente.

(Pónganse en contacto conmigo si están interesados en conocer más acerca de este proyecto; todavía tengo algunos lugares disponibles para patrocinadores entre las editoriales y plataformas interesadas).

En última instancia, el Efecto Cocodrilo es simplemente el frente más reciente de una batalla que lleva desarrollándose desde hace tiempo: cómo se media el conocimiento y quién ejerce esa mediación.

Pero representa una intensificación de las hostilidades, que amenaza no solo el statu quo de los modelos de negocio de la publicación académica, sino también los fundamentos de la confianza y la atribución.

Comprender qué está ocurriendo exactamente —más allá de los datos— es fundamental para entender qué debemos hacer y si contamos con la influencia necesaria para hacerlo.

Charlie Rapple

Charlie Rapple es cofundadora de Kudos, una plataforma que da visibilidad a la investigación para acelerar y ampliar su alcance e impacto. También es presidenta de UKSG y forma parte del Consejo Editorial de UKSG Insights.

@charlierapple.bsky.social, x.com./charlierapple y linkedin.com/in/charlierapple.

En etapas anteriores de su trayectoria profesional, Charlie fue editora electrónica en CatchWord, especialista en marketing en Ingenta, consultora de comunicación académica en TBI Communications y editora asociada de Learned Publishing.

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Responding to the Threat of Zero-Click Search and AI Summaries: How Do We Tame The Crocodile?


By Charlie Rapple


Feb 4, 2026

Open wide and say “aaargh”: we’re going to talk about the Crocodile Effect. You’ve probably heard of it already, even if you don’t recognize the term. It is the biggest threat currently faced by scholarly publishers, and yes, I know that’s an audacious claim given the research funding crisis, peer review crisis, research integrity crisis, and all the other crises of the day. Yes, I’m talking about “Google Zero,” “zero-click search,” “On-SERP fulfillment,” “walled-garden search,” or the many other terms that are bandied about to describe users getting answers directly from search engine results pages (SERPs), rather than clicking through to source sites such as journal articles.


The term “Crocodile Effect” derives from a LinkedIn post by SaaS marketing expert Tim Soulo: “The past 12 months of GSC [Google Search Console] data for the Ahrefs Blog [his website] look like a crocodile. And I’m pretty sure you’re seeing the same crocodile in your own GSC.” That is to say, the Crocodile Effect is the gap between impressions of your content in search engines, and click throughs to the full text on your platform.


Diagram of ‘the crocodile effect’ by Charlie Rapple


Eating our traffic

The Crocodile Effect has grown hugely since the addition of AI-generated knowledge panels on search pages (discussed by Stephanie in a post in December) and is the central USP of new “AI web browsers” like Perplexity, or OpenAI’s Atlas. Publisher search results are pushed down the page, and although they may appear in the side bar offered alongside knowledge panels, they may be shown further down the list than more answer-oriented or news-driven content. Content impressions continue to rise because the content is being ‘shown’ — but fewer users click through to the full text on your website, creating a threat to any organization whose business model relies in usage as a metric of customer success. This includes scholarly publishers — whether the customer is an institution paying for a subscription and expecting to see lots of downloads by their users, or an author paying an APC and expecting to see lots of reads. Fewer site visits puts revenue at risk by weakening publishers’ renewal negotiations or reducing author retention. Low traffic is also likely to reduce citations and brand awareness, undermining publishers’ vital role and reputation. Publishers have spoken at conferences about the drop-off they’re seeing (OUP’s John Campbell told last year’s London Book Fair that he attributed a 19% drop in click-throughs to their academic reference content to zero-click search; one October 2025 study shows that over half of Google searches now end without users leaving the search engine results page 😱. As Dariusz Jemielniak puts it in his recent Nature article (thanks James Butcher at Journalology for drawing my attention to it, and for this excerpt), “When AI chatbots provide seemingly authoritative responses drawn from Wikipedia’s very pages, why would anyone navigate to the source, let alone contribute to it?

Threatening research integrity and transparency

Zero-click search is not only a threat to web traffic. It is a challenge to research integrity and transparency. Zero-click search amplifies and camouflages misinformation — by reformatting content, it removes the contextual cues that would otherwise help users make both conscious and subconscious choices about which content to trust. AI panels are well-articulated, seemingly polished and credible, but generated from a problematic mixture of sources. They contaminate trustworthy peer-reviewed content with poorer quality research, misinformation (inaccurate content, e.g., with missing caveats or distorted interpretation) and disinformation (content deliberately manipulated or invented to mislead).

Citations in AI panels are deliberately given low prominence — and reduced to a single symbol, stripped of quality indicators such as journal title or peer-review status. If users request a reference list for AI-generated summaries, the AI cannot reliably provide one, because it generates content dynamically without persistent tracking of exact sources, meaning citations may be missing, incomplete, or fabricated. The absence of clear attribution increases the risk of mis-citation or even citation of the AI tool itself rather than the underlying article. This lack of transparency renders panels unreliable and threatens research integrity.

Understanding and addressing zero-click therefore helps publishers not only protect and retain usage, but also safeguards the accuracy, trust, and integrity of the scholarly record — ensuring that authoritative sources remain central in a landscape increasingly vulnerable to misinformation.

The Crocodile Effect is exacerbating the risk of publishers being swallowed — simultaneously losing control of discovery, and losing visibility, authority, and revenue.

Zero-click search strips away credibility and context, making it harder to demonstrate the value of publishers in the process of scholarly communication. Publishers are at greater than ever risk of being reduced to invisible suppliers rather than valued partners. AI developers may depend on the corpus of authoritative information managed by publishers, but as parasites at risk of killing the host. The pathway to a more symbiotic relationship needs to be forged by publishers.

What can we do?

The scholarly sector needs to act quickly to steer the next stages of this seismic shift in how information is discovered and consumed, and how emerging usage behaviours are measured, reported and valued. This might mean:

  • Developing new Codes of Practice for collating and reporting off-site usage

  • Working to reshape institutions’ and authors’ perceptions of “what counts”

  • Redefining what Fair Use means and creating licensing or royalty frameworks for derivative content

  • Setting standards for how peer-reviewed content is indexed, ranked, referenced and attributed by AI tools

  • Testing new tactics and features for attracting, retaining and maximizing usage

  • Accelerating Answer-Engine Optimization (AEO) or Generative Engine Optimization (GEO) work.

What is clear is that this issue affects all departments (technical, editorial, marketing) and all types of organization (publishers, platforms, but also libraries and institutions, societies, conferences). No one department should be trying to tackle this alone, and many of the issues will need cross-publisher collaboration through the auspices of organizations like SSP, STM, NISO, COUNTER, ALPSP, and others. In the immediate term, I’m devoting my next quarter to a fast-track research project to dig beyond the metrics into user behaviors (is the traffic we are losing ‘quality’ or ‘quantity’; in what scenarios do users still choose to click through to source material; do users understand which content is generated on the fly by AI, and how — if at all — do they gauge the credibility of such content), identifying AEO quick wins from our sector and beyond (what are mainstream media or FMCG retailers doing? what kinds of metadata or ‘interstitial’ content correlates to higher ranking in AI summaries’ reference lists? what kinds of UX / features help increase time on site / page views from visitors who’ve arrived via AI panels — and so on.) (Do contact me if you would be interested in learning more about this project — I have a few sponsor places left for interested publishers / platforms.)

Ultimately, the Crocodile Effect is just the latest front in a battle that’s been underway for some time — how knowledge is mediated, and by whom. But it is a scaling up of hostilities, threatening not just the status quo for scholarly publishing business models, but the fundamentals of trust and attribution. Understanding what *exactly* is happening (beyond the data) is critical to understanding what we need to do — and whether we have the influence to do it.

Charlie Rapple

Charlie Rapple is co-founder of Kudos, which showcases research to accelerate and broaden its reach and impact. She is also Chair of UKSG and serves on the Editorial Board of UKSG Insights. @charlierapple.bsky.social, x.com./charlierapple and linkedin.com/in/charlierapple. In past lives, Charlie has been an electronic publisher at CatchWord, a marketer at Ingenta, a scholarly comms consultant at TBI Communications, and associate editor of Learned Publishing.

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SciELObservatorio México III: nuevas evidencias sobre Ciencia Abierta en las revistas mexicanas

 


SciELObservatorio México III: nuevas evidencias sobre Ciencia Abierta en las revistas mexicanas

 

SciELObservatorio México presenta su tercera edición, una investigación que examina cómo las revistas de la colección SciELO México han incorporado públicamente políticas y características editoriales vinculadas con la Ciencia Abierta entre 2023 y 2025. El estudio amplía las mediciones realizadas en las ediciones anteriores y las sitúa dentro de la trayectoria institucional de la Ciencia Abierta en México y de las condiciones de financiamiento de la publicación científica.


El preprint, titulado “SciELObservatorio México III: trayectoria histórica, formalización de políticas y financiamiento editorial de las revistas científicas mexicanas hacia la Ciencia Abierta (2023–2025)”, ha sido publicado en agosto de 2026.






Tres años de observación de las políticas editoriales


El SciELObservatorio México analiza la formalización pública observable de prácticas vinculadas con la Ciencia Abierta. Esto significa que identifica políticas, instrucciones y características que las revistas hacen explícitas y que pueden comprobarse documentalmente en sus sitios oficiales y, para determinados indicadores, mediante fuentes externas.


La tercera edición integra tres levantamientos sucesivos: 161 revistas en 2023, 256 en 2024 y 263 en 2025. Debido a que la composición de la colección y los criterios de inclusión cambiaron durante este periodo, los resultados representan cortes censales sucesivos y no el seguimiento de un conjunto idéntico de revistas. Esta distinción permite observar cambios en la configuración general de la colección sin atribuir automáticamente las diferencias a transformaciones realizadas por las mismas publicaciones.


La batería utilizada en 2025 comprende siete indicadores: aceptación de preprints, políticas sobre datos de investigación, apertura de la identidad de las personas evaluadoras, declaración de contribuciones autorales, licenciamiento abierto permisivo, publicación continua e inclusión vigente en el Directory of Open Access Journals (DOAJ). Los tres primeros integran el núcleo inicial del Monitor, mientras que los cuatro restantes permiten ampliar la observación hacia otras dimensiones de la apertura y de la organización editorial.

Una incorporación creciente, pero todavía fragmentada


El panorama de 2025 muestra que las prácticas estudiadas han alcanzado una parte considerable de la colección, aunque su incorporación continúa siendo desigual. De las 263 revistas examinadas, 184, equivalentes al 70,0%, presentaron al menos uno de los siete indicadores. Sin embargo, la proporción disminuye conforme aumenta el número de componentes presentes: 81 revistas —30,8%— reunieron dos o más y 28 —10,6%— alcanzaron tres o más. Ninguna revista reunió seis o los siete indicadores.







Estos resultados no describen una transición uniforme hacia un único modelo de Ciencia Abierta. Los distintos componentes presentan niveles de incorporación muy diferentes. En 2025, la inclusión en DOAJ fue la condición más extendida, con 59,7% de las revistas, seguida por la publicación continua, con 26,2%, y las declaraciones de contribuciones autorales mediante CRediT o esquemas equivalentes, con 13,3%. Las políticas sobre datos alcanzaron 6,8%; el licenciamiento abierto permisivo, 6,5%; la aceptación de preprints, 3,8%; y la apertura de la identidad de las personas evaluadoras, 0,4%.


La distribución muestra que las revistas no incorporan necesariamente estas prácticas de manera conjunta. Cada una supone decisiones editoriales y, en algunos casos, requerimientos específicos de infraestructura, conocimientos especializados, recursos, regulación y organización del trabajo. Por ello, el número de indicadores presentes se utiliza en la investigación para describir su amplitud y coexistencia, pero no constituye una escala de calidad, madurez institucional o grado de apertura de las revistas.

 

La sostenibilidad también forma parte del análisis

Esta tercera edición incorpora además una dimensión que no forma parte de la batería principal, pero que se considera de interés para su documentación: las cuotas de publicación. El propósito fue observar su presencia como uno de los mecanismos mediante los cuales algunas revistas afrontan los costos asociados con la edición y publicación.


La mayoría de las revistas estudiadas —227 de 263, equivalentes al 86,3%— declaró no realizar cobros. En 23 revistas —8,7%— se identificó al menos un pago asociado con alguna etapa del proceso editorial o de publicación, mientras que en 13 —4,9%— la información disponible no permitió determinar con claridad la existencia de una cuota.


Los casos identificados muestran una considerable diversidad de montos, modalidades y justificaciones. Además, el cobro no estuvo restringido a un único tipo de institución: de las 23 revistas, doce pertenecían a instituciones públicas de educación superior o investigación y ocho eran editadas por asociaciones, academias o sociedades científicas. Esta composición permite examinar las cuotas no sólo en relación con los modelos comerciales de publicación, sino también como parte del problema más amplio de la sostenibilidad económica de las revistas científicas de acceso abierto.







Datos abiertos para consultar y reutilizar los resultados


Además del preprint, los datos utilizados para la investigación fueron depositados en SciELO Data como Datos de réplica: SciELObservatorio México III: trayectoria histórica, formalización de políticas y financiamiento editorial de las revistas científicas mexicanas hacia la Ciencia Abierta (2023–2025). El conjunto permite consultar los registros que sustentan el análisis y reconocer las políticas y características identificadas para las revistas estudiadas.


La publicación conjunta del manuscrito y sus datos permite, además, distinguir entre los resultados agregados presentados en la investigación y la evidencia utilizada para construirlos. El preprint se encuentra disponible con el DOI 10.1590/SciELOPreprints.17621, mientras que los datos de réplica pueden consultarse en SciELO Data mediante el DOI 10.48331/SCIELODATA.8NPSIL.


Los resultados de esta tercera edición serán abordados en próximas entregas de SciELO INFORMA, dedicadas a la trayectoria mexicana de la Ciencia Abierta, la evolución de las políticas sobre preprints, datos y evaluación abierta, los nuevos indicadores incorporados al Monitor, las condiciones de sostenibilidad editorial y las diferencias entre la formalización de una política y las capacidades necesarias para llevarla a la práctica.










lunes, 28 de septiembre de 2026

Dejan el diamante por el oro: revistas que abandonaron el acceso abierto "diamante" y ahora cobran por publicar

Publicado en Nature
https://www.nature.com/articles/d41586-026-02818-5 




Cientos de revistas académicas «gratuitas» han comenzado a cobrar tarifas

Un estudio que hace un seguimiento de las revistas de acceso abierto diamante ha detectado un aumento en el número de títulos que están migrando hacia otros modelos de publicación, especialmente durante los últimos años.

Por Dalmeet Singh Chawla

Cientos de revistas académicas que comenzaron siendo gratuitas tanto para publicar como para leer han terminado adoptando un modelo basado en el cobro de tarifas, según un estudio que examinó la evolución de títulos que utilizaban el modelo de acceso abierto (AA) diamante.

El análisis, publicado como preprint a principios de este año, identificó 440 títulos que inicialmente utilizaban el modelo de acceso abierto diamante —en el que los costos de publicación son cubiertos por fuentes como instituciones, organizaciones sin fines de lucro y bibliotecas, en lugar de por los lectores y los autores—, pero que cambiaron a otros modelos de publicación entre 2009 y 2026.

De los 440 títulos, 369 pasaron al acceso abierto dorado, en el que los autores pagan un cargo por procesamiento de artículos (APC); 52 adoptaron el acceso abierto híbrido, en el que las revistas basadas en suscripciones hacen que determinados artículos sean de lectura gratuita a cambio de una tarifa adicional; y 19 quedaron completamente detrás de un muro de pago.

Los APC que las revistas comenzaron a aplicar oscilaron entre 8 y 5,300 dólares estadounidenses y dependían principalmente del tipo de editorial: lo que los autores denominan «editoriales profesionales» normalmente comenzaron cobrando APC más elevados, mientras que las organizaciones de investigación y las editoriales de sociedades académicas comenzaron, en su mayoría, cobrando cantidades menores.

Durante los últimos años, las revistas se han alejado cada vez más del acceso abierto diamante, reveló el análisis.

Los autores, encabezados por Lisa Matthias, especialista en ciencias de la información de la Universidad Humboldt de Berlín, encontraron al menos una «fractura diamante» —el término que utilizaron para describir a las revistas que abandonaron el acceso abierto diamante— cada año desde 2009.

«Pero parece que se están acelerando, ya que la mayoría se produjo a partir de 2020 y 2025 registró el mayor número anual del conjunto de datos», señalan los investigadores.

Entonces, ¿por qué algunas revistas están abandonando un modelo que ha sido popular tanto entre los autores como entre los lectores?

Seguimiento de las «fracturas diamante»

El modelo de acceso abierto diamante ha sido utilizado por revistas académicas durante décadas, pero su popularidad despegó a finales de la década de 2010, en parte debido a la frustración provocada por los elevados APC de diversas revistas, que estaban excluyendo por razones económicas a algunos investigadores, especialmente a aquellos de regiones de menores ingresos. Un análisis de 2021 estimó que, en aquel momento, podía haber hasta 29,000 revistas activas de acceso abierto diamante en todo el mundo.

No existe una única fuente que registre todas las revistas de acceso abierto diamante a escala mundial, por lo que Matthias y sus colegas recurrieron a varios conjuntos de datos para identificar las revistas que habían cambiado de modelo.

Esto significa que el estudio no proporciona una lista exhaustiva de todas las revistas de acceso abierto diamante que abandonaron el modelo durante el periodo estudiado, ni pudo calcular la proporción de revistas que permanecieron en el modelo de acceso abierto diamante. Tampoco examinó las razones por las que cada revista en particular abandonó el modelo.

Sin embargo, los resultados proporcionan información que podría ayudar a explicar el aumento de las fracturas diamante durante ese periodo.

Por ejemplo, entre las revistas que cambiaron de modelo, el 88% permaneció con la misma editorial, lo que significa que la tendencia no puede explicarse simplemente porque las revistas fueran vendidas o adquiridas por otras editoriales, afirma Matthias.

Añade que las revistas que abandonaron el modelo diamante eran «desproporcionadamente títulos más antiguos, consolidados y de mayor tamaño, y no revistas jóvenes con dificultades», lo que sugiere que las decisiones no estuvieron necesariamente motivadas por presiones financieras. El estudio encontró que más de la mitad de las revistas de su conjunto de datos (57%) se «fracturaron» después de al menos nueve años de funcionamiento.

«No parece una historia de supervivencia», afirma Matthias. «Parece que estas revistas y su reputación habían adquirido suficiente valor comercial como para que resultara rentable convertirlas a un modelo diferente».

El estudio también encontró que, aunque las editoriales comerciales representaron la mayoría (78%) de las fracturas diamante, las revistas del conjunto de datos en su conjunto no incrementaron notablemente su producción después de cambiar de modelo, «como cabría esperar si existiera una motivación puramente lucrativa», escriben los autores.

Saray Córdoba, especialista en ciencias de la información jubilada de la Universidad de Costa Rica, en San José, sospecha que algunas revistas podrían haber abandonado el modelo «no porque el acceso abierto diamante sea financieramente insostenible», sino porque consideran que los modelos más comerciales «les aportarán mayor prestigio».

Un futuro incierto

Al examinar las diferencias regionales entre las revistas que abandonaron el acceso abierto diamante, los autores del estudio observaron una «escasez relativa» en América Latina, a pesar del predominio del acceso abierto diamante en la región.

«Para mí, eso sugiere que el modelo diamante puede funcionar y que puede protegerse», afirma Matthias.

Los autores señalan que el apoyo al acceso abierto diamante proporcionado por instituciones de América Latina —por ejemplo, mediante las plataformas de publicación en acceso abierto Redalyc y SciELO, así como por las universidades locales— podría ser suficiente para «evitar las fracturas» de las revistas existentes. Sin embargo, añaden que no está claro si estas organizaciones podrán apoyar en el futuro a una nueva generación de revistas de acceso abierto diamante.

Según Córdoba, las publicaciones de acceso abierto diamante constituyen una «fuente de orgullo» para los investigadores y el público de América Latina, lo que también podría explicar la baja tasa de fracturas diamante en la región.

Yves Gingras, historiador y sociólogo de la ciencia de la Universidad de Montreal, en Quebec, Canadá, sospecha que las revistas latinoamericanas presentan una baja tasa de fracturas diamante porque, por lo general, son publicaciones relativamente pequeñas que resultan más fáciles de financiar para los gobiernos, las universidades y otras instituciones.

Sin embargo, siguen siendo vulnerables a cambios repentinos en la financiación, al igual que las revistas de otras regiones, añade.

«¿Cómo pueden estar seguras de que seguirán recibiendo el dinero necesario para sostener sus revistas durante periodos de dificultades económicas?», pregunta.

Prepararse para el futuro

Nick Shockey, director ejecutivo asociado de la Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition (SPARC), una organización sin fines de lucro con sede en Washington D. C. que promueve la investigación abierta, discrepa de la idea de que las revistas que utilizan el modelo de acceso abierto diamante estén intrínsecamente en riesgo. Señala que el hecho de que no cobren a los lectores ni a los autores no significa que carezcan de estrategias sólidas de sostenibilidad.

Shockey espera que el modelo de acceso abierto diamante continúe porque está «directamente alineado con los mejores intereses de los investigadores y las instituciones de investigación».

Matthias y sus coautores señalan que las fracturas diamante no representan fracasos de revistas individuales, sino que reflejan los desafíos que afrontan las revistas en un ecosistema editorial que «recompensa la comercialización y proporciona alternativas estructurales insuficientes».

Comprender estos desafíos constituye el primer paso para abordarlos, concluyen.

doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-02818-5

El contenido de noticias y suplementos de Nature Index es editorialmente independiente de su editorial, Springer Nature. Para obtener más información sobre Nature Index, consulte su página principal.



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  • NATURE INDEX

  • 22 September 2026

Hundreds of ‘free’ academic journals have started charging fees

A study tracking diamond open-access journals has found an increase in titles switching to other publishing models — especially over the past few years.

By


Hundreds of academic journals that launched as free to publish in and free to read have ended up switching to a fee-charging model, according to a study that examined the fate of titles using the diamond open-access (OA) model.

The analysis, published as a preprint earlier this year1, identified 440 titles that initially used the diamond OA model — in which publication costs are covered by sources such as institutions, non-profit organizations and libraries, rather than readers and authors — but changed to other publishing models between 2009 and 2026.

Of the 440 titles, 369 switched to gold OA, under which authors pay an article-processing charge (APC); 52 changed to hybrid OA, for which subscription-based titles make individual articles free to read for an extra fee; and 19 went entirely behind a paywall.

The APCs that the journals began implementing ranged from US$8 to $5,300 and were mostly dependent on the type of publisher: what the authors refer to as ‘professional publishers’ typically started charging higher APCs, whereas research organizations and society publishers mostly started charging lower amounts.

Over the past few years, journals have increasingly moved away from diamond OA, the analysis revealed.

The authors, led by Lisa Matthias, an information scientist at the Humboldt University of Berlin, found at least one ‘diamond fracture’ — the term they used to describe journals that moved away from diamond OA — every year since 2009. “But they do seem to be accelerating, with the majority occurring from 2020 onwards and 2025 marking the highest annual count in the data set,” the researchers report.

So, why are some journals moving away from a model that has been popular with both authors and readers?

Tracking diamond fractures

The diamond OA model has been used by academic journals for decades, but its popularity took off in the late 2010s, stemming partly from frustration that the high APCs of various journals were pricing out some researchers, especially those in lower-income regions. A 2021 analysis estimated that, at the time, there were as many as 29,000 active diamond OA journals worldwide2.

There is no single source that records all diamond OA journals globally, so Matthias and her colleagues drew on several data sets to identify journals that had switched models.

This means that the study does not provide an exhaustive list of all the diamond OA journals that moved away from the model over the study period, nor could it calculate the proportion of journals that stuck with the diamond OA model. It also didn’t examine the reasons why individual journals moved away from the model.

But the findings do provide insights that could help to explain the increase in diamond fractures over the period.

For example, of the flipped journals, 88% stayed with the same publisher, which means that the trend can’t be explained by the journals simply being sold or acquired by other publishers, says Matthias.

She adds that the journals that moved away from the diamond model were “disproportionately older, more established and larger titles, and not struggling young ones”, which suggests that the decisions weren’t necessarily driven by financial pressures. More than half of journals in their data set (57%) ‘fractured’ after at least nine years of operation, the study found.

“It doesn’t look like a survival story,” says Matthias. “It seems like these journals and their reputation had become commercially worth converting to a different model.”

The study also found that although commercial publishers accounted for the majority (78%) of the diamond fractures, the journals in the data set as a whole did not markedly increase their output after changing model, “as might be expected from a pure profit motive”, the authors write.

Saray Córdoba, a retired information scientist at the University of Costa Rica in San José, suspects that some journals might have shifted away from the model “not because diamond open access is financially unsustainable”, but because they think that the more commercial models “will bring them more prestige”.

Uncertain fate

When looking at regional differences in the journals that moved away from diamond OA, the study authors noted a “relative scarcity” in Latin America — despite the dominance of diamond OA in the region. “To me, that hints that the diamond model can work and it can be protected,” says Matthias.

The authors note that support for diamond OA from institutions in Latin America, such as through the OA publishing platforms Redalyc and SciELO, as well as from local universities, could be enough to “stave off fractures” for existing journals. But they add that it’s unclear whether these organizations can support a fresh crop of diamond OA journals in the future.

According to Córdoba, diamond OA titles are a “source of pride” for Latin America’s researchers and public, which could also explain the low rate of diamond fractures in the region.

Yves Gingras, a historian and sociologist of science at the University of Montreal in Quebec, Canada, suspects that Latin American journals have a low rate of diamond fractures because they are generally relatively small titles that are easier for governments, universities and other institutions to fund.

However, they are still vulnerable to sudden changes in funding, just like journals in other regions, he adds. “How are they sure they will keep receiving the money to sustain their journal in periods of economic problems?” he asks.

Future-proofing

Nick Shockey, associate executive director of the Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition, a non-profit organization in Washington DC that advocates for open research, disagrees that journals with a diamond OA model are inherently at risk. He says that just because they aren’t charging readers or authors, it doesn’t mean they don’t have robust sustainability strategies.

Shockey hopes that the diamond OA model continues, because it is in “direct alignment of researchers and research institutions’ best interests”.

Matthias and her co-authors note that diamond fractures are not failures of individual journals, but reflect the challenges that journals face in a publishing ecosystem that “rewards commercialization and provides insufficient structural alternatives”.

Understanding these challenges is the first step towards addressing them, they conclude.

doi: https://doi.org/10.1038/d41586-026-02818-5

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References
  • Matthias, L., Alperin, J. P. & Laakso, M. Preprint at arXiv https://doi.org/10.48550/arXiv.2606.31302 (2026).

  • Bosman, J., Frantsvåg, J. E., Kramer, B., Langlais, P. & Proudman, V. Preprint at Zenodo https://doi.org/10.5281/zenodo.4558703 (2021).

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