lunes, 6 de abril de 2026

El acceso abierto entre la melancolía y la futuralgia

Distribuido en la lista [IWETEL] [ThinkEPI] El acceso abierto entre la melancolía y la futuralgia / Andoni Calderón-Rehecho; Raúl Aguilera-Ortega

<IWETEL@listserv.rediris.es>



El acceso abierto entre la melancolía y la futuralgia

Andoni Calderón Rehecho
https://www.directorioexit.info/ficha2123
https://orcid.org/0000-0002-9948-2825
Universidad Complutense de Madrid, Biblioteca
acaldero@ucm.es

Raúl Aguilera Ortega
https://orcid.org/0000-0002-0669-8249
Universidad Carlos III de Madrid, Biblioteca
raul.aguilera@uc3m.es

El acceso abierto (Open Access), concepto que aún se confunde en algunos ámbitos con el más amplio de la ciencia abierta (Open Science), sigue siendo uno de los términos más usados en el sector de los profesionales de la información. Nacido entre “verde” y “dorado”, el acceso abierto a las publicaciones científicas se ha hecho arcoíris y gris y en el avance (supuestamente) imparable a su consecución ha perdido su esencia y ha modificado los parámetros del mundo de la publicación, esperemos que no de manera irreversible.

¿En qué ha quedado el acceso abierto? Como recuerda Marina Garcés, “puede haber promesas delirantes, pero no promesas imposibles (...) Por eso la promesa no es solo una declaración de intenciones, una colección de fantasías bonitas, sino una interpretación de la situación” (2023, p. 92). Que el acceso abierto era una promesa posible lo demuestra el hecho de que en buena medida se ha hecho realidad un cuarto de siglo después de las primeras declaraciones internacionales.

A continuación, exploraremos diversos factores de distorsión de la “promesa” del acceso abierto: la “transformación” de la suscripción a la publicación previo pago de tasas (APCs), el efecto “palimpsesto” de la Inteligencia Artificial Generativa y una evaluación de la investigación anclada en la “productividad”.

Transformaciones ¿transformativas?

El modelo de publicación mediante pago de APC (Article Processing Charges) no es una mera transición del modelo de suscripción, sino que, unido al ansia por publicar que ampara el sistema, abre una esclusa inesperada y arrolladora. Puede adulterar uno de los patrones de la comunicación científica: la selección de los mejores trabajos para que vean la luz. El pago permite (aunque no obliga) subvertir los procesos antaño minuciosos de revisión por pares, acortando los plazos. Al propiciar la multiplicación casi ilimitada de revistas, volúmenes y números para absorber tanto artículos de calidad como subproductos de paper mills, crea un exceso de información de dudosa calidad que colapsa el sistema. Priman los intereses de quienes controlan el continente frente a la esencia de los contenidos, creados por personal investigador que no duda en publicar aunque sepa que lo que publica no supone avance alguno del conocimiento.

No es solo que proliferen las revistas depredadoras, sino que las editoriales más relevantes crean sus propias franquicias con modelos low cost (Delgado-López-Cozar y Martín-Martín, 2024). ¿Se apuntalan así los estudios que desvelan la tendencia a que los descubrimientos disruptivos sean menores que en otras épocas? ¿O influirá que no todos los estudios punteros se realicen en la academia y a veces prefieran ocultarse en las grandes empresas de tecnología y plataformas digitales que modelan nuestros tiempos y nuestras mentes? (Dans, 2018; Delgado López-Cozar, 2026).

Los acuerdos transformativos sobre las antiguas suscripciones a revistas son una fórmula que permite cumplir con el acceso abierto impuesto por las entidades financiadoras. Sin embargo, estas entidades pueden establecer condiciones. Horizonte Europa, por ejemplo, considera ““no elegibles” los pagos por publicación en revistas híbridas, al mismo tiempo que no vacila al cubrir las APCs en revistas doradas cuyo contenido está 100% en acceso abierto. Es decir, las entidades financiadoras no cuestionan el hecho de tener que pagar por publicar, sobre todo si quienes pagaban las suscripciones, las bibliotecas, pagan ahora las publicaciones. Así, quienes más investigan y publican, generan más gasto en revistas: el acceso abierto está bien, sobre todo, cuando lo pagan otros.

¿Hay algún cálculo real del valor económico decreciente de la lectura como consecuencia de la transformación de las suscripciones en acuerdos de publicación? ¿Cuánto cuesta una APC? ¿Por qué son tan diferentes incluso dentro de la misma área del conocimiento? ¿Por qué es tan caro “procesar” un artículo cuando tecnológicamente los gastos son irrisorios comparados con el mundo en papel (producción, almacenamiento, envío…)? ¿Por qué las editoriales suelen decir que la evaluación influye en los costes? Si fuera así, ¿no deberían costar menos en las revistas que tardan menos en revisar (porque en realidad no hay revisión o está debilitada)? Y si el mayor número de publicaciones reduce los costes por publicación (Grossmann y Brembs, 2021), ¿por qué la escalada en el número de publicaciones conlleva precios más altos?

Si el acceso abierto debía facilitar la equidad en el acceso al conocimiento, su conformación actual dificulta que publiquen quienes tienen menos recursos, ya sea porque sus campos de investigación reciben menos financiación o porque trabajan en instituciones en áreas geográficas de inferior desarrollo económico.

Es difícil encontrar editoriales comerciales que ofrezcan información sobre las APCs. MDPI les dedica una página web[1] sin cuantificar qué importes o porcentajes se destinan a qué conceptos. Springer Nature, que apenas tiene publicadas unas sucintas preguntas frecuentes[2], daba pistas, sin embargo, en una encuesta enviada en diciembre de 2025 a personal investigador[3] al que instaba a valorar, entre otros aspectos, gastos administrativos, de gestión de originales y producción editorial, de alojamiento de contenidos y preservación digital, de control antiplagio e integridad académica, atención a clientes y autores/as y, por supuesto, beneficios empresariales.

Grossmann y Brembs (2021) analizan, entre otros, gran parte de estos conceptos. Establecen, siendo conservadores[4], el precio del article processing. Si, como ellos calculan, oscila entre 194,89 y 723,16 dólares, y en el año de referencia se publicaban solo unos 3 millones de documentos en la comunidad STM (Science, Technology and Medicine), el saldo total de las APCs (si seguimos su juego) sería de entre 584.670.000 y 2.169.480.000 dólares. Desembolsado dicho dinero, todas las publicaciones estarían en abierto.

Es mucho, pero ¿cuántas instituciones tendrían que repartirse el gasto[5]? ¿Cuántas megajournals públicas como las que menciona Aguillo (2025) podrían crearse con dicho presupuesto? ¿Y repositorios debidamente blindados para que los bots puedan acceder a ellos pero no tumbarlos? ¿Cuántas y cuántos financiaríamos con el gasto actual en APCs? Unas APCs que superan las cifras mencionadas (Beigel y otros, 2025; dan una cifra de unos 2.500 millones de dólares en APCs pagados a Elsevier, Frontiers, MDPI, Springer Nature y Wiley), pero que dejan en abierto sólo una parte del conjunto. Y deberíamos contabilizar después lo que cuestan las suscripciones (miles de millones en todo el mundo), que no deberían pagarse.

La encuesta de Springer Nature también inquiría al personal investigador si cree que hay relación entre las APCs y las citas, el factor de impacto o el prestigio. ¿Cuántas personas habrán respondido afirmativamente? Si así piensan, ¿les influye a la hora de decidir dónde y cómo publicar? Si se dedicara un solo céntimo a ello sería reconocer que el sistema está adulterado. De hecho, si la editorial publica un informe sobre la encuesta debería aclarar que no es así.

Las alternativas no son una utopía

Retomar la vía verde y profundizar en la diamante mitigaría los problemas planteados. Crear uno (o varios) megarrepositorio(s) o una (o varias) megarrevista(s) española(s), compartir recursos, en suma, son opciones posibles y necesarias.

Desde el inicio pareció que prevalecía la vía dorada sobre la vía verde, probablemente porque las revistas funcionaban como canal del conocimiento y eran consideradas en las evaluaciones, mimadas por la bibliometría, revisadas (bien) por pares, etc. A ello se unía que los repositorios no estaban tan desarrollados como ahora y que las instituciones tardaban en adoptar modelos de publicación diamante.

“Las 17.000-29.000 revistas de acceso abierto diamante que se estima existen en todo el mundo son un componente esencial de la comunicación académica, ya que publican entre el 8% y el 9% del volumen total de artículos y el 45% de las publicaciones en acceso abierto.” Esta afirmación (Anción et al., 2022) revela que más del 90% de las publicaciones sólo aporta algo más de la mitad del OA.

En la misma vía diamante, Aguillo (2025) propone que en España los presupuestos de suscripción y de APCs se redirijan a financiar una megajournal pública diamante, reconocida en los procesos de evaluación, soportada por el personal investigador de mayor liderazgo del país y que atraiga la producción española que actualmente acude a otras megajournals y editoriales como MDPI o Frontiers.

Los informes de medición de la publicación en acceso abierto en las universidades españolas y el CSIC que elabora REBIUN (2019, 2026) ponen de manifiesto una evolución favorable del acceso abierto que requiere de matización. Dejando a un lado las diferencias metodológicas, que han influido en los resultados a lo largo del tiempo, el informe del período 2014-2018 situaba el porcentaje de acceso abierto en 2014 en el 42,95%, mientras que el del período 2020-2024 otorga a 2024 un porcentaje del 75,60%.

Esta progresión ha sido influida, en los últimos años, por la consolidación de las vías comerciales del acceso abierto. En 2014 las vías dorada e híbrida representaban un 15,45% y un 4,26%, respectivamente, y en 2024 se sitúan en un 28,20% y un 18,60%, respectivamente. Es evidente el impacto de los acuerdos transformativos, firmados en 2021 por Crue-CSIC con American Chemical Society, Elsevier, Springer y Wiley, y en 2023 por Crue con IEEE y Royal Society of Chemistry. Al mismo tiempo, la vía verde descendía paulatinamente hasta situarse en 2023 y 2024 por debajo del 7,00%.

Aunque Cabezas (2025) indica que la vía verde no sería adecuada para quienes comienzan su carrera investigadora, sigue postulándose como alternativa viable a la publicación convencional (Puebla, Polka y Rieger, 2022). Diseñar plataformas que integren la evaluación por pares abierta o añadir a los repositorios institucionales esta funcionalidad son formas de “hackear” el ecosistema de la publicación comercial desde las instituciones. No es ninguna utopía: ya lo hacen ORE (Open Research Europe)[6] en la Unión Europea y el CSIC en España con su modelo “diamante en verde”[7], respectivamente.

Pero, ¿tiene sentido que cada institución tenga su propio repositorio configurado ex profeso? ¿Y cada repositorio recoja (para eso están las licencias de reutilización) documentos que hay en otros repositorios? ¿Y que a su vez todos ellos sean recolectados por agregadores y estos últimos por otros de nivel superior? ¿Cuánto cuesta mantener tantos repositorios y agregadores? Máxime cuando los programas que los soportan, de software libre, son escasamente flexibles y suelen obligar a las instituciones a depender de empresas para su mantenimiento. ¿Son inflexibles e incompletos a propósito para que necesitemos ayuda para sacarlos adelante? ¿Para tener que actualizarlos constantemente (y necesitar subvenciones porque con los presupuestos universitarios esto resulta inabordable)? Por si esto fuera poco, la IA Generativa está propiciando que estas infraestructuras sufran frecuentes interrupciones de servicio y falta de disponibilidad (COAR, 2026).

Actualizaciones, desarrollos, migraciones, inversiones tecnológicas y de infraestructuras podrían compartirse y las estadísticas estarían unificadas. ¿Cuántas citas, usos y menciones acumularía el repositorio de todos los documentos científicos españoles?

En la convocatoria María de Guzmán de 2021 de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) se creó una línea 2 de financiación dedicada a infraestructuras de ciencia abierta. La última convocatoria finalizada, la de 2023, estaba dotada con 3 millones de euros repartidos entre 47 proyectos. Aproximadamente un tercio de la financiación recayó en repositorios institucionales. Un millón de euros cada dos años, o 500.000 euros al año, ¿no serían suficientes para mantener un repositorio único en España? Esta reflexión ya ha llegado a REBIUN, involucrada actualmente en el desarrollo del proyecto PLATICA (PLAtaforma de Impulso a la Ciencia Abierta), promovido por RedIRIS, Crue y FECYT, que permitirá disponer de infraestructuras estatales para seguimiento de la ciencia abierta, catálogo y repositorio de datos de investigación, y generación de planes de gestión de datos. ¿Encajarían en este marco nuevas infraestructuras modulares?[1] 

Efecto “palimpsesto” de la IA Generativa

La Inteligencia Artificial Generativa no solo “sabe” asistir en la redacción, sino crear documentos completos a partir de instrucciones, lo que contribuye a la proliferación de manuscritos. No es solo que las herramientas generalistas puedan hacerlo, es que hay aplicaciones especializadas para la investigación que actúan como ghostwriters. Aunque las editoriales promuevan políticas restrictivas, parece que también la IA se dedicará a realizar revisiones y -¿por qué no?- a diseñar la revista entera. Además, se alimentará de todo lo publicado, con o sin su mediación, ¿hasta que llegue un momento que todo sea creado (con) por ella?

El concepto multidimensional de “palimpsesto digital” puede ayudar a comprender a qué escenario nos enfrentamos. Para Kembellec (2024) la erudición actual se caracteriza por integrar datos visibles y metadatos no visibles en hipertextos científicos leídos tanto por seres humanos como por máquinas. Cabría añadir que, desde el momento en que las máquinas producen nuevas capas de información, el conocimiento queda enmarañado en sucesivos estratos donde resulta imposible reconocer qué es original, cuáles son las fuentes, cuál es la contribución humana a la innovación y al progreso.

Surge un dilema: si la IA Generativa y quienes la usan crean contenidos sin tener en cuenta las licencias de sus fuentes, ¿hay que permitirlo sin más? ¿No defendíamos el acceso abierto? ¿Hay que crear nuevos tipos de licencias ex profeso? ¿En qué dirección avanza Creative Commons (2025) con su modelo (tentativo) de “señales”? Y, si se ponen trabas (¿se podrán poner?) a esta ingesta, ¿no estaremos induciendo a que se base solo en la información menos contrastada y libremente disponible en Internet? ¿O en las publicaciones bajo régimen de suscripción cuyos derechos comercialicen los gigantes de la edición? ¿O a que la información más relevante científicamente sea ajena a sus procesos/discursos? ¿No estaremos contribuyendo a hacer crecer un palimpsesto cada vez más deformado y ausente de la realidad?

La ciencia abierta es, sin duda, el combustible de una Inteligencia Artificial al servicio del ser humano, basada en información curada y no en contenidos gratuitos indiscriminados; vulnerable a sesgos involuntarios, pero no a lo sesgado de manera deliberada; independiente de los intereses comerciales de las editoriales, pero no de la vocación científica por el progreso; plenamente reutilizable (palimpsesto), pero con respeto absoluto a las condiciones establecidas.

La evaluación es la clave

Parece que hay suficientes alternativas para publicar sin tener que hacer frente a onerosas APCs: repositorios y revistas (o megarrevistas) diamante. Pero su carácter abierto no elude la existencia de malas prácticas. El afán por encontrar atajos para publicar (por la presión del sistema de evaluación) pone en riesgo que muchos repositorios se llenen de basura (generada o no con IA) y que haya revistas diamante que se comporten exactamente igual que megajournals depredadoras (¡¿revistas diamante depredadoras?!). No sorprende que expertos en procesos editoriales confiesen que hay quien se les acerca para que les ayude a crear revistas que puedan vender en tres años por un millón de euros. El esquema de la investigación está pervertido.

Seguramente la clave es cambiar el modo de evaluación del personal investigador: publicar menos, pero con mejores contenidos (Publishing futures, 2025; Cabezas, 2025), y acabar con el publish or perish. Como señalan Maggie Berg y Barbara K. Seeber, “la universidad corporativa, que redefine a los académicos como actores clave de la economía del conocimiento, acentúa la instrumentalización y la rentabilidad” (2022, p. 96). Los mecanismos que buscan justificar la financiación de la investigación, formalizar los procesos de atracción de talento y diseño de carreras académicas y publicar en acceso abierto conforme a las entidades financiadoras está contribuyendo a la mediocridad científica. Revistas depredadoras, explosión de números monográficos, revisiones por pares superficiales... se han convertido en aceleradores de los procesos de publicación. A nadie parece importarle investigar con profundidad y alcance si los indicadores miden con éxito resultados cuantificables inmediatos (sexenios, promociones, rankings…).

Es decisivo superar la valoración de la calidad investigadora basada en la “productividad” documental y el uso de indicadores tradicionales. Los factores de impacto están bajo discusión desde hace años, pero no tanto las citas, deconstruidas recientemente por Delgado López-Cozar (2025). Tampoco las conocidas como “altmétricas” aportan mucho más, sujetas a numerosas carencias. La carrera investigadora va mucho más allá del paper, como expone el primer compromiso del Agreement on Reforming Research Assessment (ARRA) que han firmado las instituciones que integran la Coalition for Advancing Research Assessment (CoARA)[8]. La ANECA incorporó esta visión en su convocatoria de 2023 de la evaluación de sexenios de investigación[9], así como en los criterios de evaluación de acreditaciones.

Las agencias evaluadoras deben buscar otros caminos, que reflejen mejor el conjunto de la actividad investigadora, al mismo tiempo que eviten caer en la tentación de considerar cualquier contribución como relevante o volver a situaciones del pasado y abran el camino a otras fuentes de información si es que realmente se quiere hacer algo distinto.[10] Una mirada comparativa a los informes de la ANECA sobre las convocatorias de sexenios[11] de 2023 y 2022 pone de manifiesto cómo la diferencia global en tramos evaluados positivamente es inferior a un punto porcentual. Y, si revisamos los informes sobre las acreditaciones de profesorado contratado[12], podemos comprobar cómo los porcentajes de evaluaciones positivas en 2024 (incorporados los nuevos criterios) son en general superiores a los de 2023.

Esta forma de evaluar, ¿permite reconocer la investigación de calidad o solo valida su calidad aparente? Y tiene consecuencias: hay un efecto embudo cuando las instituciones pueden sacar menos plazas a concurso que el número de investigadores/as acreditados/as. Si ya es difícil para la ANECA promover una evaluación cualitativa, aún es más complejo para las universidades.

En otras palabras: el cambio en los criterios de evaluación en estos años no ha perjudicado al personal investigador, pero probablemente está sentando las bases de frustraciones futuras.

Hacia unas no-conclusiones

El acceso abierto se ha formulado durante muchos años como una Edad Dorada proyectada hacia el futuro. La inflación de las expectativas, sin embargo, puede provocar una inquietante “futuralgia”, si tomamos en préstamo el título que dio Jorge Reichmann a parte de su obra poética. Y también desemboca en un tipo de melancolía retrospectiva que, como plantea Clara Ramas, nos sitúa entre el nihilismo y la reacción y constituye “el producto más depurado del capitalismo avanzado, el neoliberalismo y la posmodernidad” (2024, p. 39-62).

Los retos del futuro inmediato son perturbadores. La Comisión Europea está diseñando un nuevo marco político y legal que se recogerá en la European Research Area Act[13], donde resultarán claves la valorización del conocimiento y la competitividad en un entorno marcado por la seguridad de la investigación. Horizonte Europa 2028-2034[14] articulará así un marco financiero alineado con prioridades emergentes, pero también con cautelas sobrevenidas.

La Recomendación para la mejora de la seguridad de la investigación, publicada por el Consejo de la Unión Europea en 2024, advierte de los riesgos del escenario geopolítico global actual y el desafío que este supone hacia la libertad académica y la colaboración internacional. Para no obstaculizarlas, Science Europe (2025) propone, por ejemplo, definir mecanismos de gestión y mitigación, identificar el alcance de las “líneas rojas” y establecer medidas proporcionales que eviten un exceso de proteccionismo.

Aunque en este contexto se empiece a cuestionar, más que nunca, la apertura del proceso de investigación, quizá el acceso abierto a las publicaciones permanezca indemne. Al fin y al cabo, al personal investigador se le incentiva, reconoce y contrata por sus resultados de investigación tangibles. Y las publicaciones en acceso abierto son, sin duda, su muestra más visible.

Referencias

Aguillo, Isidro F. (2025). Evaluación científica, políticas nacionales e internacionales pre-Coara. Gabinete de Formación CSIC, 11 de abril de 2025. http://hdl.handle.net/10261/387399

Ancion, Z., Borrell-Damián, L., Mounier, P., Rooryck, J., & Saenen, B. (2022). Action Plan for Diamond Open Access. https://doi.org/10.5281/zenodo.6282403


Beigel, Fernanda; Brockington, Dan; Crosetto, Paolo; Derrick, Gemma; Fyfe, Aileen, Gómez Barreriro, Pablo; Hanson, Mark A.; Haustein, Stefanie; Larivière, Vincent; Noe, Christine; Pinfield, Stephen, Wilsdon, James (2025). The Drain of Scientific Publishing ver 2 published 17 Nov. Arxiv. https://doi.org/10.48550/arXiv.2511.04820

Berg, M. y Seeber, B. K. (2022). The Slow Professor: desafiando la cultura de la rapidez en la academia. Editorial Universidad de Granada.


Cabezas Clavijo, Álvaro (2025). Revistas decepcionantes: zombis, tortugas y marcas blancas en la publicación científica. Clip de SEDIC, Revista de la Sociedad Española de Documentación e Información Científica, nº92. https://doi.org/10.47251/clip.n92.174

COAR (2026). Dealing With Bots: A COAR Resource for Repository Managers. https://dealing-with-bots.coar-repositories.org/

Consejo de la Unión Europea (2024). Recomendación del Consejo, de 23 de mayo de 2024, sobre la mejora de la seguridad de la investigación. Diario Oficial de la Unión Europea. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=OJ:C_202403510

Creative Commons (2025). From Human Content to Machine Data: Introducing CC Signals. https://bit.ly/44xfDq4


Dans, Enrique (2018). La (absurda) discusión entre academia y empresa. Enrique Dans, 15 de julio. https://www.enriquedans.com/2018/07/la-absurda-discusion-entre-academia-y-empresa.html


Delgado López-Cozar, Emilio (2025). La evaluación científica basada en indicadores bibliométricos: creencias y certezas, mitos y realidades, luces y sombras. Encuentros en la biología, v. XVII, n. 192, p. 16-20. Disponible en: https://doi.org/10.24310/enbio.17.192.2025.22866

Delgado-López-Cozar, Emilio, y Martín-Martín, Alberto (2024). La ruta de oro de la publicación científica: del negocio de las revistas a las revistas negocio: la fuente del negocio editorial: el negocio bibliométrico de la evaluación científica. Revista Mediterránea De Comunicación 15 (2):e26763. https://doi.org/10.14198/MEDCOM.26763

Garcés, Marina. (2023). El tiempo de la promesa. Anagrama.

Grossmann, Alexander; Brembs, Björn (2021). Current market rates for scholarly publishing services [version 2; peer review: 2 approved]. F1000Research, 10:20. https://doi.org/10.12688/f1000research.27468.2

Kembellec, G. (2021). L’érudition numérique palimpseste. Hermès, La Revue, 87(1), 145-158. https://shs.cairn.info/revue-hermes-la-revue-2021-1-page-145?lang=fr.

Park, Michael; Leahey, Erin; Funk, Russell J. (2023). Papers and patents are becoming less disruptive over time. Nature, 613, 138-144. https://doi.org/10.1038/s41586-022-05543-x

Publishing futures: Working together to deliver radical change in academic publishing (2025). Cambridge University Press. https://www.cambridge.org/core/services/aop-file-manager/file/68ef9df9a6c3702e57eae12a/Cambridge-University-Press-Publishing-futures.pdf

Puebla, I., Polka, J. y Rieger, O. Y. (2022). Preprints: Their Evolving Role in Science Communication. Charleston Briefings, ATG LLC. https://doi.org/10.3998/mpub.12412508

Ramas, C. (2024). El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía. Arpa.

REBIUN (2019). Medición del acceso abierto en las universidades españolas y el CSIC (2014-2018). http://hdl.handle.net/20.500.11967/354

REBIUN (2026). Medición del acceso abierto en las universidades españolas y el CSIC (2020-2024). https://hdl.handle.net/20.500.11967/1483


Science Europe (2025). Science Europe Report on Research Security. https://www.scienceeurope.org/media/ajhnekq4/202510-research-security-report_final.pdf



Notas


[1] https://www.mdpi.com/apc

[2] https://www.springernature.com/la/open-science/journals-books/journal-pricing-faqs

[3] La encuesta sigue abierta, o al menos accesible, a fecha de 27/01/2026: https://springernature.eu.qualtrics.com/jfe/form/SV_aWrKvZr8YSvmwPY?C=ME.

[4] Puesto que el aumento del número de publicaciones y las innovaciones acortarán los costes. Además de que incluyen conceptos en el cálculo que en realidad no son necesarios o no están directamente relacionados con lo que se necesita para publicar un artículo.

[5] Como señalan Beigel y otros (2025), en 2024, el 46 % de los ingresos de Elsevier y el 53 % de los ingresos de Taylor & Francis (más de 2.270 millones de dólares estadounidenses) se generaron en EEUU y Canadá. Contrasta con el presupuesto en ese año de la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF), de 9.100 millones de dólares, y el del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de Canadá (NSERC), de 1.100 millones de dólares.

[6] https://open-research-europe.ec.europa.eu/

[7] https://bibliotecas.csic.es/es/diamante-en-verde-digital-csic.html

[8] https://www.coara.org/agreement/the-commitments/

[9] https://www.aneca.es/es/convocatoria-2023

[10] Como defendía Isidro Aguillo en la respuesta a la nota ThinkEPI de Nicolás Robinson sobre las costuras de CoARA.

[11] ANECA. Informes de resultados de sexenios de investigación: https://www.aneca.es/informes-de-resultados2

[12] ANECA. Informes de resultados de acreditaciones de personal contratado: https://www.aneca.es/informes-de-resultados

[13] Comisión Europea. ERA Act: https://european-research-area.ec.europa.eu/era-act

[14] Comisión Europea. Horizon Europe 2028 - 2034: twice bigger, simpler, faster and more impactful:

https://research-and-innovation.ec.europa.eu/news/all-research-and-innovation-news/horizon-europe-2028-2034-twice-bigger-simpler-faster-and-more-impactful-2025-07-16_en


domingo, 5 de abril de 2026

2026: la mayoría de los países latinoamericanos recortan gasto en CIENCIA, con excepción de México

Publicado en SciDevNet
https://www.scidev.net/america-latina/news/ciencia-latina-2026-entre-el-freno-y-el-desmantelamiento/



12/01/26

Ciencia latina 2026, entre el freno y el desmantelamiento

De un vistazo
  • La mayoría de los países latinoamericanos experimentan recortes en sus presupuestos de investigación
  • Sólo México ha decidido aumentar sustancialmente su inversión
  • Argentina es el peor escenario: presupuestos estatales de ciencia cayeron más de 50 por ciento

[CIUDAD DE MEXICO, SAO PAULO, LIMA, BUENOS AIRES, SciDev.Net] Entre
el estancamiento y el desmantelamiento de recursos: así será el 2026
para la investigación científica en América Latina. A excepción de México,
que experimenta un sensible aumento de sus presupuestos, el panorama no
parece auspicioso para la región.

Mientras Uruguay, Bolivia y Chile no cambiarán durante 2026
los presupuestos que destinan a sus científicos, Perú y Brasil experimentan
un leve retroceso, con distintas realidades de base, porque Brasil tiene
un alto porcentaje de su PBI destinado al área.

En tanto, Argentina registra mínimos históricos, lo que augura un
nuevo exilio científico de este país del Cono Sur.

La excepción

En sentido opuesto a la tendencia regional, México tendrá un aumento de
11 por ciento para el sector científico y tecnológico, específicamente
para la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), creada hace un año por la presidenta Claudia Sheinbaum.

El presupuesto total, que incluye a los distintos centros de investigación públicos
del país, pasa de 33 mil millones de pesos (US$1.840 millones)
en 2025 a 37.360 millones de pesos (US$2.000 millones).

Si bien parece un aumento mínimo, en su distribución interna hay
diferencias importantes, porque el presupuesto exclusivo para la SECIHTI
pasa de US$16 millones en 2025 a US$148 millones en 2026.
Es decir, un aumento de más del 800 por ciento.

La idea de Sheinbaum es que el país produzca prototipos de autos
compactos eléctricos; semiconductores; supercomputadoras para el
análisis de clima, salud y seguridad; así como satélites de observación
en órbita baja para mejorar la conectividad en zonas rurales y monitorear riesgos.

Pese al aumento, el presupuesto para ciencia y tecnología en México
sigue estancado en aproximadamente 0,2 por ciento del PIB,
muy lejos del 1 por ciento que reclama la comunidad científica por décadas.

Y la regla

Aunque Brasil es el país que más invierte en la región en relación con su PBI
(1 por ciento en promedio), este año consolida un escenario de restricción 
del financiamiento público a la ciencia, tecnología e innovación (CTI).

En el caso del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq),
la agencia más antigua y tradicional de fomento a la investigación científica
del gobierno brasileño, el presupuesto aprobado para 2026 es de
1.738 millones de reales (unos US$ 322.5 millones), una reducción de
US$ 17,1 millones frente a la propuesta original, y de US$ 24,6 millones
en comparación con el presupuesto de 2025.

Para Francilene Procópio Garcia, presidenta de la Sociedad Brasileña
para el Progreso de la Ciencia (SBPC), los números “revelan con claridad
las prioridades reales del gobierno brasileño”.

“Estamos hablando de un presupuesto general de 6,34 billones de reales
[aproximadamente US$ 1,18 billones], en el que la educación representa
alrededor del 3,35 por ciento y la ciencia apenas el 0,35 por ciento”,
dijo a SciDev.Net.

Perú y Cono Sur

En Perú, el presupuesto para el sector sufrirá un descenso en 2026,
interrumpiendo su lenta pero sostenida recuperación, observada desde 2013.
Por lo pronto, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec)
tendrá una reducción de 10,1 por ciento en su presupuesto
de apertura respecto de 2025. Si se toma en cuenta la disminución
en presupuestos públicos asignados explícitamente a CTI en el PBI
proyectado para 2026, esa inversión podría caer más.

Benjamín Marticorena, especialista en políticas de ciencia y tecnología
de Latinoamérica y presidente del Concytec de 2001 a 2006 y de diciembre
de 2020 a junio de 2024, señala que históricamente el presupuesto para
CTI del Perú representa una tercera parte del promedio de América Latina.
Según el Banco Mundial y otras fuentes internacionales, el país destinó
históricamente entre 0,12 por ciento y 0,18 por ciento del PBI a
investigación y desarrollo.

Bolivia, bajo la Presidencia de Rodrigo Paz desde noviembre de 2025,
aún no dio a conocer las cifras oficiales destinadas a CTI en 2026,
pero según diversas fuentes seguirá en aproximadamente 0,06 por ciento del PBI,
 porcentaje que se mantiene desde 2021 y es el más bajo de Sudamérica.

Mauricio Céspedes, ex viceministro de CyT de Bolivia, y especialista en
formulación de políticas públicas del sector, dijo a SciDev.Net que el país
“necesita generar un círculo virtuoso entre política pública, ciencia, innovación 
y desarrollo productivo que fortalezca estructuralmente el sistema nacional de CTI”.

En tanto, en los tres países del Cono Sur, la situación es muy disímil.
Uruguay vive un cambio positivo en la jerarquización de la ciencia en
el esquema del Poder Ejecutivo, al pasar de ser una Dirección
dentro del Ministerio de Educación y Cultura a una Secretaría,
que depende directo de Presidencia.

Algunos científicos uruguayos pedían que la ciencia se transformara
en un ministerio, el punto más alto en la jerarquía, según señala
Anabel Fernández, presidente de Investiga Uy, asociación que reúne
unos 1.200 científicos de todas las áreas y que ha entablado diálogo
con el gobierno de Yamandú Orsi.

“Estamos en busca de una ley de ciencia y de intentar que se asegure
una inversión del 1 por ciento del PBI en investigación, aumentando
un 0,1 por ciento por año”, dijo Fernández a SciDev.Net. Hoy, esa cifra
equivale aproximadamente al 0,4 por ciento del PBI.

En Chile, la asunción en marzo del nuevo gobierno del ultraderechista
José Antonio Kast genera incertidumbre por la supervivencia de los
presupuestos en el área, que no obstante se mantendrán
durante este año al menos. Actualmente la inversión es de 0,4 por ciento del PIB.

Durante el saliente gobierno de Gabriel Boric hubo intentos infructuosos
de llegar al 1 por ciento del PBI.

“Sin embargo, no hubo aumento en la inversión en ciencia y tecnología.
Eso está en el discurso, que es importante, pero no en la práctica”,
afirmó Cristina Dorador, académica de la Universidad de Antofagasta,
quien apunta que el sector tiene fallas estructurales, como el centralismo:
“Los recursos están en una o dos universidades y a las regiones hay poco que llega”, enfatizó.

El caso de Argentina

La situación más crítica para la investigación es la de Argentina,
liderada por Javier Milei. Allí, el porcentaje del PBI destinado a ciencia
cayó a un mínimo histórico de 0,14 por ciento del PBI.
Hace un par de años tenía el doble, y existe una ley —que el gobierno incumple—
según la cual ese número debe acercarse progresivamente al
1 por ciento del PBI para 2032.

En ese marco, “los salarios (de los científicos) bajaron un 35 por ciento
aproximadamente y la inversión mucho más”, dice Jorge Aliaga,
secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional en la
Universidad Nacional de Hurlingham y miembro del directorio del
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

“Es un desastre. Se van a desarmar los equipos de trabajo. Ya esto
no es malo con respecto a Europa o Estados Unidos. Es malo
con respecto a Brasil, Chile o Uruguay”, dijo Aliaga.

Además, está la cuestión de adónde va ese porcentaje del PBI,
plantea Lidia Szczupak, neurocientífica e investigadora del Conicet.
“Es distinto si ese 0,15 por ciento va a sostener la estructura existente
o lo que quede, o va a la Secretaría de Ciencia para que se ocupe de
la ciberseguridad, como se ha planteado”, lamenta.

Para Marticorena, este desdén por la ciencia y el conocimiento
en la región se explica porque “las clases políticas de la mayoría
de los países de América Latina no han desarrollado una visión
estratégica que necesariamente incorpore la CTI como factor
de desarrollo humano integral”.

“Son clases desconectadas de las historias nacionales,
desconocedoras del territorio de sus países y, sobre todo,
desinteresadas de las culturas de sus poblaciones”, concluye.

sábado, 4 de abril de 2026

IRÁN denuncia ataques de EU e Israel contra 30 universidades

Publicado en La Jornada
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/04/mundo/iran-denuncia-ataques-de-eu-e-israel-contra-30-universidades-y-centros-de-ciencia




Irán denuncia ataques de EU e Israel contra 30 universidades

04 de abril de 2026 10:24

Teherán.- El ministro de Ciencia, Investigación y Tecnología de Irán, Hossein Simaei-Sarraf, señaló hoy sábado que más de 30 universidades iraníes han sido atacadas directamente por Estados Unidos e Israel desde el comienzo de la guerra a finales de febrero.

Habló de lo anterior en una reunión con reporteros durante una visita a la Universidad Shahid Beheshti en Teherán, la capital iraní, institución educativa que fue blanco de un ataque aéreo lanzado el viernes por Estados Unidos e Israel, informó la agencia semioficial de noticias Tasnim. 

Simaei-Sarraf indicó que cinco profesores universitarios y más de 60 estudiantes han perdido la vida a causa de los ataques, describiendo esas ofensivas contra la infraestructura iraní como "crímenes contra la humanidad".

Este hecho ocurre en medio de las crecientes tensiones regionales luego de los ataques conjuntos entre Estados Unidos e Israel contra Irán que iniciaron el 28 de febrero. Irán ha respondido con ataques con misiles y drones contra intereses israelíes y estadunidenses en países de la región. 



jueves, 2 de abril de 2026

Las revistas "internacionales" marginan la publicación sobre enfermedades tropicales. Sesgos en la representación regional y de género en los comités editoriales

Publicado en SciDevNet
https://www.scidev.net/america-latina/news/paises-endemicos-de-enfermedades-tropicales-olvidados-en-revistas/ 



31/07/25

Países endémicos de enfermedades tropicales olvidados en revistas

De un vistazo
  • - Falta diversidad de género y geográfica en consejos editoriales de revistas de medicina tropical
  • - Solo 3 por ciento de los miembros de consejos editoriales de 24 revistas vienen de países de bajos ingresos
  • - El desequilibrio distorsiona las prioridades editoriales y la financiación, según investigadores


Por: Daniela Hirschfeld
 
[MONTEVIDEO, SciDev.Net] Las decisiones sobre qué se investiga, publica y financia en medicina tropical siguen estando, en gran medida, en manos de los países ricos, impulsadas por profundas desigualdades en los consejos editoriales de las principales revistas del campo, según un nuevo análisis.

En una revisión de 24 revistas con más de 2.000 miembros en sus consejos editoriales, dos tercios de ellos eran hombres, más de la mitad provenían de países de altos ingresos y menos del 3 por ciento de países de bajos ingresos.

Europa, América del Norte y Asia Oriental reúnen la mayor parte de la representación, mientras que las regiones más afectadas por enfermedades tropicales siguen estando muy subrepresentadas: América Latina solo tiene 16 por ciento de representación; África subsahariana 11 por ciento; Asia meridional, 10 por ciento; y Oriente Medio y África del Norte, 3 por ciento.

“Cuando los investigadores de países de ingresos bajos y medios están subrepresentados se puede distorsionar la perspectiva a través de la cual se evalúa la investigación”, dijo a SciDev.Net Manish Barik, investigador del Instituto George para la Salud Global en Hyderabad, India, y autor del estudio.

“Los estudios contextualmente ricos y con base local podrían estar infravalorados. Las decisiones editoriales pueden inclinarse hacia temas o metodologías más alineadas con las perspectivas del hemisferio norte, posiblemente dejando de lado las innovaciones lideradas por la comunidad, la experiencia local o los problemas regionales urgentes”, remarcó.

Según Barik, son los editores de los países más ricos quienes deciden qué se publica, incluso sobre enfermedades que afectan predominantemente a los países más pobres, lo que refuerza los desequilibrios de poder de larga data en la salud mundial.

El estudio señala que esto puede llevar a trivializar las enfermedades tropicales como problemas geográficamente limitados, a pesar de la evidencia de que el cambio climático, la migración y las desigualdades globales han expandido su alcance más allá de los trópicos.

Para Marilia Sá Carvalho, coeditora jefa de la revista Cadernos de Saúde Pública, que se edita en Brasil, la falta de diversidad en los consejos editoriales puede hacer que se ignoren temas importantes para ciertas regiones del mundo.

“Si una enfermedad es muy común en el noreste de Brasil, por ejemplo, pero no está en el radar de científicos de Estados Unidos o Europa —porque en esos países no se investiga por falta de fondos o interés—, es posible que se considere poco relevante y no se publique”, dijo a SciDev.Net. “Pero, ¿cómo se puede saber si un tema es relevante o no si no hay investigadores en el comité editorial que conozcan bien la realidad local?”, agregó Sá Carvalho.

El estudio se basó en información sobre la composición del consejo editorial obtenida de fuentes oficiales de revistas o de sus perfiles institucionales, disponibles de manera pública, entre octubre y diciembre de 2024.

El análisis destaca una marcada disparidad de género, al observar que 66 por ciento de los miembros de los consejos son hombres.

También destaca una división geopolítica: 40 por ciento de los miembros del consejo provienen de países del G7 y dos tercios de países del G20, mientras que los países BRICS —incluidos Brasil e India, destacados generadores de investigación en salud tropical— representan menos de una cuarta parte.

Desigualdades en la financiación

Estas disparidades también afectan a la financiación, amenazando con desviar la asignación de recursos de la carga mundial de enfermedades.

Según los autores, el 75 por ciento de los fondos directos y el 70 por ciento de los indirectos que existen para enfermedades tropicales desatendidas se asignan a institutos líderes en países no endémicos. Como resultado, la infraestructura en estos países se moderniza, “mientras se perpetúan los legados coloniales mediante la recolección de muestras en países de bajos ingresos”, afirman los autores.

Alrededor de 85 por ciento de la población mundial vive en países de ingresos bajos y medios; sin embargo, sus voces son marginadas a la hora de definir las agendas de investigación, afirman los investigadores.

“Este desequilibrio corre el riesgo de crear una perspectiva occidental, donde las prioridades de los países de altos ingresos eclipsan las enfermedades derivadas de la pobreza, como se observa en los sesgos históricos contra las enfermedades tropicales desatendidas”, escriben los autores en el artículo.

Afirman que la diversidad en los consejos editoriales no es solo simbólica, sino “esencial para alinear las prioridades de investigación con las necesidades de las poblaciones más afectadas por las enfermedades tropicales”.

Barik añadió: “Es una cuestión de justicia epistémica: quienes están más cerca del problema también deberían participar en la producción y el control del conocimiento”.

Marco Coral-Almeida, profesor de la Universidad de Las Américas en Ecuador y editor adjunto de PLOS Neglected Tropical Diseases, declaró a SciDev.Net: “Por primera vez, cuantifican algo que en América Latina solo había sido especulativo”.

La escasa representación de las voces de los países de ingresos bajos y medios “tiene importantes implicaciones, porque muchos de estos artículos no se limitan al ámbito académico, sino que también informan sobre políticas públicas, prioridades de investigación e incluso intervenciones sanitarias”.

“Si las voces latinoamericanas no están suficientemente representadas, se corre el riesgo de que las realidades y necesidades locales se subestimen, o peor aún, se malinterpreten”, añadió.

Sin embargo, algunas publicaciones afirman estar avanzando en este ámbito.

El colombiano Alfonso Rodríguez Morales, editor jefe de la revista Emerging Tropical Diseases de Frontiers in Tropical Diseases, afirmó: “En nuestra revista, a través de diversas iniciativas, hemos promovido la participación del Sur Global en la producción, revisión y edición”.

“Como editor jefe de una revista de alto impacto en este campo me enorgullece participar como colombiano, a la vez que trabajo con editores asociados y miembros del consejo editorial provenientes del Sur Global, en particular de América Latina y Asia”, dijo a SciDev.Net.

 “Raíces coloniales”

Soumyadeep Bhaumik, profesor adjunto de la Universidad Walter Sisulu (Sudáfrica) y jefe de la Unidad de Metainvestigación y Síntesis de Evidencia del Instituto George para la Salud Global (Australia), quien no participó en el estudio, afirma que el campo de la medicina tropical está arraigado en su pasado colonial.

“Si bien se ha logrado la libertad política, el ecosistema de conocimiento en este campo sigue controlado por actores del Norte global”, dijo a SciDev.Net.

“Se han hecho llamados a la descolonización de la salud global y se están llevando a cabo muchas reformas, incluso por parte de los financiadores. Sin embargo, este no es el caso de la medicina tropical”, comentó.

Bhaumik afirma que la perspectiva del estudio sobre los consejos editoriales es importante, porque “los editores son los guardianes del ecosistema del conocimiento”.

Baumik es autor de un estudio de 2019 sobre la diversidad en los consejos editoriales de revistas de salud global, que también concluyó que las revistas podrían mejorar significativamente en términos de representación de género, geografía y nivel de ingresos.

Consultado por SciDev.Net, Alejandro Llanos-Cuentas, médico y profesor emérito del Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt de la Universidad Cayetano Heredia, en Perú, quien no participó en la investigación, enfatizó la relevancia del estudio, pero señaló algunas limitaciones.

Según él, un estudio sobre este tema “requiere una perspectiva holística y un análisis a lo largo del tiempo”.

Los autores del estudio proponen tres medidas clave: adoptar políticas obligatorias de diversidad estructural, equidad e inclusión para garantizar una representación equitativa en términos de género, geografía y nivel de ingresos, especialmente en revistas de alto impacto; implementar programas de mentoría para apoyar a investigadores de países de ingresos bajos y medios, con capacitación específica y políticas lingüísticas inclusivas para ayudar a superar las barreras de ingreso; y aumentar la transparencia en los procesos de contratación para evitar sesgos en la composición de los consejos editoriales.

Barik cree que forjar alianzas entre países ricos y pobres ayudaría a identificar el talento editorial local. Afirma que se debe dar mayor credibilidad al conocimiento de los científicos y profesionales de la salud en los países donde se practica la medicina tropical.

“Necesitamos financiar a científicos en países donde realmente ocurren enfermedades tropicales, no en tierras lejanas”, añadió.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net.


miércoles, 1 de abril de 2026

MÉXICO: revisión crítica de la SECIHTI

Publicado en La Jornada
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/24/opinion/la-secihti-revision-critica-de-una-institucion-de-la-4t



La Secihti: revisión crítica de una institución de la 4T

24 de marzo de 2026 

Creo que debemos estar atentos del papel jugado por las diversas instituciones oficiales de la llamada Cuarta Transformación. En este caso, reviso el campo de la ciencia y la tecnología.

El organismo encargado es la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), que se autodeclara como “la institución del gobierno de México (2024-2030) que formula y conduce la política nacional en la materia; articula y coordina las capacidades, los conocimientos, recursos y el talento de las personas investigadoras y tecnólogas para consolidar un Sistema Nacional científico, humanístico, tecnológico y de innovación”.

El primer aspecto que salta a la vista es el caracter tremendamente abigarrado y complicado que la Secihti presenta en su plataforma.

Ofrezco a los lectores lo que me ha sucedido cuando intento inscribir a un ayudante de investigador al que tengo derecho como Investigador Nivel III. Esto lo realicé toda la vida: 53 años en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Nunca me había sucedido que no pudiera completarlo. Siempre fue un acto sumamente sencillo que realicé año tras año. Ahora no hay manera de entrar a la convocatoria para ayudantes. No aparece por ninguna parte. La plataforma llamada de “convocatorias abiertas” no tiene esta opción. Nunca encontré la vía para el registro. Me he tenido que resignar. Agrego además que el bombardeo de opciones en la página de la Secihti es abrumador. No tiene pies ni cabeza. Otras complicaciones que me han compartido colegas: la plataforma Rizoma de la Secihti, por ejemplo, solicita información sumamente detallada que en total requiere de unas 80 horas de trabajo, además de que suele colapsarse de manera frecuente. La sola selección que esa plataforma solicita entre 100 idiomas para citar libros o capítulos de libros, es una tarea larguísima y finalmente absurda.

Hay todavía un aspecto de más de fondo. Se supone que la Secihti, como parte de la 4T, está a favor de la soberanía alimentaria, la salud humana y el equilibrio del ambiente. Y en cambio, lo que está impulsando, según se lee en su plataforma, es el desarrollo de “organismos genéticamente editados”, que es una versión tramposa de la industria biotecnológica y de agronegocios para hacer pasar organismos genéticamente modificados, como lo ha mostrado Silvia Ribeiro en estas mismas páginas (https://www.jornada.com. mx/2026/03/07/opinion/017a1eco). 

La llamada “edición genética” agrupa diversas técnicas para manipular los genomas de los seres vivos y es usada por Bayer-Monsanto, Corteva y otras empresas trasnacionales para vender semillas alegando que no son transgénicos. Esto significa un retroceso, pues una institución de la 4T no puede hacerse eco de posiciones que contradicen los objetivos humanísticos arriba señalados.

Considero que esta situación debe ser abordada por la presidenta Claudia Scheinbaum, quien ha sido académica de toda la vida y entiende perfectamente los avatares de la ciencia y la tecnología de México.

Creo que debería integrarse una comisión de 10 o 12 académicos reconocidos del país que analicen lo aquí señalado y propongan una solución satisfactoria para todos.

Necesitamos posiciones sensatas y puntos de vista basados en el sentido común. De lo contrario, estaremos en retroceso.