Publicado en Retraction Watch
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A pesar de su ruptura pública con Rusia, Springer continúa publicando revistas científicas rusas
En resumen: La propaganda más evidente puede influir en las masas, pero existe una variante más sutil dirigida a la comunidad académica a través de las publicaciones científicas. La editorial académica Springer Nature continúa difundiendo contenidos que incluyen narrativas cuestionables procedentes de instituciones rusas. El resultado es una operación de influencia sutil conocida como "transferencia de credibilidad" (credibility transfer).
Por David Kirichenko | 27 de junio de 2026
Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania en 2022, Springer Nature se unió a muchas instituciones occidentales al condenar la guerra. El gigante de la publicación académica anunció que suspendería las nuevas ventas en Rusia y Bielorrusia y expresó su apoyo a los investigadores ucranianos.
Sin embargo, más de cuatro años después, Springer continúa distribuyendo aproximadamente 200 revistas científicas rusas mediante una alianza con Pleiades Publishing, una empresa especializada en traducir y distribuir publicaciones académicas rusas a audiencias internacionales.
Springer Nature es una de las editoriales académicas más influyentes del mundo, con miles de revistas y libros publicados cada año, entre ellos la prestigiosa revista científica Nature.
Esta relación ha sido objeto de un creciente escrutinio. Un informe reciente elaborado por los académicos ucranianos Oleksii Plastun y Valeriia Kotelnykova sostiene que algunas de las revistas distribuidas mediante esta alianza están vinculadas a instituciones rusas sancionadas, reproducen narrativas del Kremlin e identifican territorios ucranianos ocupados como parte de Rusia.
Entre los ejemplos citados figura un artículo publicado en el Herald of the Russian Academy of Sciences, que, según los autores del informe, repetía narrativas habituales del Kremlin sobre Ucrania, incluidas afirmaciones acerca del nacionalismo ucraniano, la supuesta discriminación contra los rusoparlantes y la influencia de Occidente.
Springer rechaza la insinuación de que este acuerdo entre en conflicto con los regímenes de sanciones.
"Nos tomamos muy en serio el cumplimiento de las sanciones y no prestaremos servicios a ninguna organización ni haremos negocios con personas incluidas en listas de sanciones", respondió por correo electrónico Steven Inchcoombe, presidente del área de Investigación de Springer Nature.
Añadió:
"Al mismo tiempo, creemos que los investigadores de todo el mundo deben tener acceso a las ideas generadas globalmente. Con ese fin, seguimos las directrices independientes del Committee on Publication Ethics (COPE), de manera que los autores ubicados en territorios sujetos a sanciones, salvo cuando exista una prohibición expresa, puedan ofrecer sus trabajos a la comunidad científica internacional."
Los críticos sostienen que algunas de las revistas distribuidas mediante la alianza Springer-Pleiades están vinculadas con organizaciones sancionadas por gobiernos occidentales o afiliadas a instituciones estatales rusas.
La continuidad de ese acceso parece haber sido un objetivo deliberado de Pleiades. En una entrevista publicada en el sitio web de la Academia Rusa de Ciencias poco después del inicio de la invasión a gran escala, el director de Pleiades, Aleksandr Shustorovich, afirmó que las publicaciones científicas de la empresa se habían preservado porque representaban "precisamente el entorno científico ruso". Agregó que los investigadores rusos mantenían "el mismo acceso a los lectores occidentales que antes" y atribuyó a Springer Nature y a otras grandes editoriales el mérito de respaldar ese enfoque.
Douglas Davis, neurorradiólogo e investigador en salud global que ha trabajado ampliamente en iniciativas relacionadas con Ucrania, afirmó que los incentivos comerciales pueden explicar por qué estas alianzas académicas persisten pese a las tensiones geopolíticas.
"A muchas personas les sorprende que grandes editoriales continúen colaborando con actores controvertidos o publiquen material procedente de Estados autoritarios", señaló Davis. "Pero, desde mi perspectiva, estas organizaciones están impulsadas principalmente por incentivos comerciales. Su lealtad está dirigida a los ingresos económicos, no necesariamente a un conjunto determinado de principios políticos o éticos."
Plastun sostiene que el problema trasciende la simple publicación académica.
"Las publicaciones científicas son posiblemente más peligrosas porque llevan el sello de la objetividad", afirmó. "Al mantener estas revistas, el Kremlin logra infiltrarse en bases de datos internacionales como Scopus y Web of Science, garantizando que las narrativas financiadas por el Estado ruso queden archivadas como si fueran conocimiento científico, y no como simples emisiones de medios estatales."
El informe identificó cerca de 400 casos, entre 2022 y 2025, en los que territorios ucranianos ocupados —entre ellos Sebastopol, Simferópol y Donetsk— aparecían registrados como parte de Rusia.
"Al permitir que revistas rusas atribuyan universidades y científicos ucranianos ubicados en territorios ocupados como si fueran propios, Springer Nature contribuye al borrado de la identidad académica y de la soberanía ucranianas en el escenario internacional", afirmó Plastun.
Su investigación encontró que las referencias a Sebastopol como ciudad rusa pasaron del 0 % de las publicaciones en 2013 al 100 % en 2025.
Springer ha defendido su tratamiento de las disputas territoriales señalando en su sitio web que mantiene una postura neutral respecto a las reclamaciones de jurisdicción reflejadas en las afiliaciones institucionales y en los mapas publicados.
Igor L. Markov, vicepresidente del consejo directivo de la American Coalition for Ukraine y autor de libros publicados anteriormente por Springer, afirmó que las referencias reiteradas a ciudades ucranianas ocupadas como si fueran rusas pueden modificar gradualmente la percepción internacional.
"Etiquetar ciudades ocupadas como Sebastopol o Simferópol como ciudades rusas en revistas científicas normaliza reclamaciones territoriales que carecen de fundamento jurídico", explicó Markov. "Cuando las personas ven esto una y otra vez, cambian sus supuestos básicos sobre qué cuestiones siguen siendo objeto de disputa y cuáles consideran ya resueltas."
El politólogo Branislav Slantchev sostiene que las campañas de influencia dependen menos de la propaganda abierta que de la llamada "transferencia de credibilidad", es decir, el proceso mediante el cual determinadas narrativas adquieren legitimidad porque son difundidas por instituciones consideradas confiables en lugar de por medios de comunicación estatales.
Los críticos argumentan que las revistas académicas pueden ser especialmente influyentes porque son citadas por investigadores, indexadas por motores de búsqueda y utilizadas cada vez más como material de referencia por sistemas de inteligencia artificial.
Ilona Sologub, editora de VoxUkraine, señaló que muchas instituciones científicas rusas siguen integradas en el ecosistema mundial de investigación a pesar de la guerra.
"Los científicos rusos siguen considerando las publicaciones en revistas científicas occidentales como un indicador clave de desempeño utilizado para evaluar tanto a los investigadores como a las instituciones", afirmó.
Consultado sobre si la editorial estaba revisando la alianza, Inchcoombe respondió que Springer evalúa periódicamente su cartera de revistas.
"Como es habitual en nuestra industria, revisamos regularmente nuestro portafolio de revistas, tanto aquellas de nuestra propiedad como las que distribuimos en nombre de terceros. De conformidad con el Código de Buenas Prácticas para la Transferencia de Revistas de NISO, cualquier cambio previsto para 2027 será comunicado más adelante este año."
El Código de Transferencia de NISO es un marco de buenas prácticas desarrollado conjuntamente por editoriales y bibliotecas para orientar los procesos de transferencia de propiedad y distribución de revistas científicas.
Este calendario resulta significativo. De acuerdo con el folleto informativo para la oferta pública inicial (IPO) de Springer Nature de 2024, el actual acuerdo de distribución con Pleiades tiene vigencia hasta diciembre de 2026. La decisión de Springer sobre si renovará o no ese acuerdo después de 2026 determinará, en última instancia, si los críticos consideran que la alianza fue simplemente un legado temporal del pasado o una decisión deliberada.
David Kirichenko es periodista independiente especializado en Europa del Este. Puede encontrarse en la red social X bajo el usuario @DVKirichenko.
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Despite Public Break With Russia, Springer Continues Publishing Russian JournalsIn brief: Blatant propaganda may work on the masses, but a more subtle variant aimed at the intelligentsia occurs through scholarly publications. The academic publisher Springer Nature continues to convey questionable talking points from Russian institutions. The result is a subtle influence operation known as “credibility transfer.”
by David Kirichenko | June 27, 2026
When Russia launched its full-scale invasion of Ukraine in 2022, Springer Nature joined many Western institutions in condemning the war. The academic publishing giant announced it would halt new sales in Russia and Belarus and expressed support for Ukrainian researchers.
Yet more than four years later, Springer continues to distribute roughly 200 Russian scientific journals through a partnership with Pleiades Publishing, a company that specializes in translating and distributing Russian academic publications to international audiences.
Springer Nature is one of the world’s most influential academic publishers, producing thousands of journals and books annually, including the flagship scientific journal Nature.
That relationship has come under growing scrutiny. A recent report by Ukrainian scholars Oleksii Plastun and Valeriia Kotelnykova argues that some journals distributed through the partnership are linked to sanctioned Russian institutions, repeat Kremlin narratives, and identify occupied Ukrainian territories as part of Russia.
Among the examples cited is an article published in the Herald of the Russian Academy of Sciences that, according to the report’s authors, repeated familiar Kremlin narratives about Ukraine, including claims about Ukrainian nationalism, discrimination against Russian speakers, and Western influence.
Springer disputes the implication that the arrangement conflicts with sanctions.
“We take sanctions compliance extremely seriously and will not supply services to an organization or do business with people who are on a sanctions list,” Steven Inchcoombe, President of Research at Springer Nature, responded in a written email.
“At the same time, we believe that researchers around the world should have access to global ideas. To this end, we follow the independent COPE guidelines so that authors in sanctioned territories, unless prohibited, are able to offer their work to the wider community.”
Critics argue that some journals distributed through the Springer-Pleiades partnership are linked to organizations that have been sanctioned by Western governments or are affiliated with Russian state institutions.
The continuation of that access appears to have been a deliberate objective of Pleiades. In an interview published on the Russian Academy of Sciences website shortly after Russia’s full-scale invasion, Pleiades chief Aleksandr Shustorovich said the company’s scientific publications had been preserved with the understanding that they represented “precisely the Russian scientific environment.” He added that Russian researchers retained “the same access to Western readers as before” and credited Springer Nature and other major publishers for supporting that approach.
Douglas Davis, a neuroradiologist and global health researcher who has worked extensively on Ukraine-related initiatives, said commercial incentives may help explain why academic partnerships often persist despite geopolitical tensions.
“People are surprised when major publishers continue to work with controversial actors or publish material from authoritarian states,” Davis said. “But from my perspective, these organizations are driven primarily by commercial incentives. Their loyalty is to revenue, not necessarily to any particular set of political or ethical principles.”
Plastun argues the issue is not simply about academic publishing.
“Academic publishing is arguably more dangerous because it carries the seal of objectivity,” he said. “By maintaining these journals, the Kremlin successfully infiltrates global databases like Scopus and Web of Science, ensuring that Russian state-funded narratives are archived as scientific fact rather than state media broadcasts.”
The report identified nearly 400 cases between 2022 and 2025 in which occupied Ukrainian territories, including Sevastopol, Simferopol and Donetsk, were listed as part of Russia.
“By allowing Russian journals to claim Ukrainian universities and scientists in occupied territories as their own, Springer Nature aids in the erasure of Ukrainian academic identity and sovereignty on the global stage,” Plastun said.
His research found that references to Sevastopol as a Russian city rose from 0% of publications in 2013 to 100% by 2025.
Springer has defended its handling of territorial disputes by stating on its website that it remains neutral regarding jurisdictional claims reflected in published affiliations and maps.
Igor L. Markov, vice chair of the board of directors of the American Coalition for Ukraine and an author whose books have previously been published by Springer, said repeated references to occupied Ukrainian cities as Russian can gradually shape international perceptions.
“Labeling occupied cities like Sevastopol or Simferopol as Russian in academic journals normalizes territorial claims that have no legal basis,” Markov said. “When people see this over and over, it shifts baseline assumptions about what is contested and what is settled.”
Political scientist Branislav Slantchev argues that influence campaigns often rely less on overt propaganda than on “credibility transfer” – the process by which narratives gain legitimacy when they are transmitted through trusted institutions rather than state media. Critics argue that academic journals can be particularly influential because they are cited by researchers, indexed by search engines and increasingly used as reference material by AI systems.
Ilona Sologub, editor of VoxUkraine, said many Russian scientific institutions remain integrated into the global research ecosystem despite the war. “Russian scientists still have publications in Western research journals as a key performance metric used to evaluate researchers and institutions,” she said.
Asked whether the publisher was reviewing the partnership, Inchcoombe said Springer regularly evaluates its journal portfolio.
“As is customary in our business, we regularly review our journal portfolio – both those that we own and those we distribute on behalf of third parties,” he said. “In accordance with the NISO Transfer Code of Practice, any changes for 2027 will be communicated later this year.”
The NISO Transfer Code of Practice is an industry framework developed by publishers and librarians to guide journal ownership and distribution transfers.
That timeline is significant. According to Springer Nature’s 2024 IPO prospectus, the company’s current distribution agreement with Pleiades runs through December 2026. Whether Springer renews the agreement after 2026 may ultimately determine whether critics view the partnership as a temporary legacy arrangement or a deliberate choice.
David Kirichenko is a freelance journalist covering Eastern Europe. He can be found on the social media platform X @DVKirichenko.