domingo, 4 de octubre de 2026

La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Publicado en sinpermiso
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La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

Julio Rozas Daniel Raventós 17/09/2026

Ya comentamos en un artículo anterior que las publicaciones científicas constituyen el principal medio para difundir y validar el conocimiento científico. A través de ellas se difunden resultados, se someten hipótesis al escrutinio de otros investigadores y se construye, paso a paso, el edificio del conocimiento científico. También vimos algunas de las malas prácticas asociadas al sistema, así como sus mecanismos de autocorrección. Pero hay un aspecto fundamental que conviene destacar: publicar constituye hoy uno de los principales criterios para evaluar y promocionar al profesorado universitario y al personal investigador de los centros públicos. Como ha señalado Philippe Huneman (investigador del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología del CNRS, Francia), la función del artículo de investigación ha cambiado: ya no es únicamente una unidad de conocimiento, sino que se ha convertido también en una unidad de evaluación. Ya no es simplemente, como lo fue durante mucho tiempo, la culminación de una tarea: se ha convertido también en el objetivo que orienta buena parte de la actividad investigadora, en el medio para medir su productividad, en el referente que distingue a los buenos investigadores de los menos buenos y en una pieza clave para el ascenso profesional. El célebre «publicar o perecer» (publish or perish) condiciona buena parte de las reglas del juego académico y genera efectos indeseados: se publican cada vez más artículos, a menudo a un coste elevado, y no siempre con la calidad necesaria. Al mismo tiempo, esta presión por publicar crea incentivos que pueden contribuir a explicar algunas de las malas prácticas que encontramos en la investigación científica, desde comportamientos muy sutiles hasta casos de fraude abierto. Algunos de estos casos trascienden el ámbito académico, aunque son muy pocos. Un ejemplo es el del actual rector de la Universidad de Salamanca. Decía un editorial de El País: “Se trata de otra variante de una práctica clásica que la universidad española haría bien en desterrar: el nefasto ‘hoy por ti, mañana por mí’”. Toda una fábrica de autocitas y de colegas que lo citan; pero no pasa nada: sigue siendo el rector de la Universidad de Salamanca. Otro ejemplo es el del grupo CREA de la Universidad de Barcelona, que se autodisolvió en 2025 y que, además de otras acusaciones mucho más graves que están en trámite legal, también fue objeto de denuncias relacionadas con el uso sistemático de autocitas, todo un ejemplo del autobombo. “La mayor parte de referencias que reciben los artículos, los libros, los proyectos del CREA proceden del propio CREA. Siempre más de la mitad y a veces llega al 80%”, en palabras de un buen conocedor de este grupo. 

En este artículo nos centramos en una dimensión mucho más desconocida del sistema: la económica. ¿Cuánto cobra el investigador por publicar? ¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico? ¿Cuánto dinero mueve el negocio editorial? Y sobre todo ¿qué implicaciones tiene para la ciencia la influencia de las grandes editoriales desde dentro del sistema científico?

Modelo de negocio y dimensión económica

Empezaremos haciendo un pequeño spoiler: los investigadores no solo no cobran por publicar sus trabajos, sino que, en muchos casos, tienen que pagar, y no poco, por hacerlo. De hecho, el negocio editorial científico es muy rentable. Cada año se publican algo más de tres millones de artículos científicos en el mundo, en unas 40.000 revistas, que suponen un negocio para las editoriales de decenas de miles de millones de dólares. La paradoja puede resultar sorprendente para quienes no están familiarizados con el mundo académico: cuando un escritor publica una novela, un ensayo o un libro de divulgación, lo habitual es que la editorial pague al autor por su obra, normalmente mediante un porcentaje de las ventas. En cambio, en la publicación científica, suele ocurrir justo lo contrario, es el investigador, a través de los fondos de sus proyectos de investigación, o de su institución, quien acaba pagando a las editoriales por publicar. ¿Cómo se ha llegado a este modelo? ¿Por qué las grandes editoriales científicas se han convertido en uno de los negocios más rentables del ámbito del conocimiento? Para responder a estas preguntas es necesario adentrarse en la compleja economía de la publicación científica moderna.

Detrás de cada publicación científica existe una compleja cadena de procesos, actores y flujos económicos, donde las editoriales científicas desempeñan un papel central. Su actividad consiste en gestionar la publicación y el acceso a los resultados de la investigación, lo que incluye la recepción de los manuscritos, la coordinación de la revisión por pares (peer review), la edición y preparación de los textos para su publicación, y el mantenimiento de las plataformas digitales que permiten consultar, distribuir y archivar los contenidos. Aunque la distribución impresa aún existe en algunos casos, la mayor parte de la actividad se desarrolla actualmente en entornos digitales.

Tradicionalmente, el negocio consistía en cobrar suscripciones a bibliotecas, universidades y centros de investigación para que sus investigadores pudieran acceder a las revistas y sus contenidos. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado fuerza el modelo de publicación de acceso abierto (open access), en el que los autores o sus financiadores pagan una tarifa de publicación denominada APC (article processing charge), para que el artículo quede disponible gratuitamente para cualquier lector a través de internet. Esto ha provocado un cambio importante en el modelo de negocio. Antes, quienes financiaban el acceso al conocimiento eran fundamentalmente las instituciones suscriptoras; ahora, en el modelo basado en APC, son los propios autores o sus financiadores quienes pagan por publicar. El nuevo modelo introduce así un incentivo para aumentar el número de publicaciones: cuantos más artículos se publican, mayores son los ingresos de las editoriales y, para los investigadores, aumentan también las posibilidades de progresar profesionalmente.

Se estima que el precio de una APC en muchas de las grandes editoriales científicas se sitúa, de media, en torno a los 3.000 dólares por artículo, aunque las diferencias entre revistas son muy importantes y en determinados casos pueden superar los 10.000 dólares. Estas cantidades resultan especialmente llamativas cuando se tiene en cuenta quién realiza buena parte del trabajo que hay detrás de cada publicación científica. Los manuscritos de los artículos científicos son redactados por los propios investigadores, que, además han generado los datos y resultados que posteriormente serán publicados. Antes de su publicación, los trabajos pasan por el proceso de peer review, en el que otros especialistas del mismo campo, independientes de la editorial, examinan críticamente la calidad del trabajo, la solidez metodológica, la relevancia de sus resultados y su reproducibilidad. Este proceso constituye uno de los pilares fundamentales del sistema científico. Sin embargo, en la gran mayoría de casos, los autores no solo deben pagar por publicar sus trabajos, sino que los investigadores que participan en su revisión tampoco reciben una compensación económica directa de las editoriales.

El negocio editorial constituye una industria que mueve miles de millones de dólares al año. En sentido estricto la edición científica representa alrededor de 15.000 millones de dólares, mientras que si ampliamos la mirada al conjunto de los servicios asociados que pueden proporcionar las editoriales (bases de datos; herramientas de acceso; servicios para las universidades, etc.), el mercado alcanza aproximadamente los 30.000 millones. Y es un negocio que no deja de crecer: el número de publicaciones científicas ha aumentado a un ritmo del 5,6% anual, una tasa muy superior a la del crecimiento del número de investigadores. Además, se trata de un sector altamente concentrado en unas pocas editoriales. Cinco grupos, Elsevier (del grupo RELX, editor de The Lancet y Cell, entre otras), Springer Nature, Wiley, Taylor & Francis y SAGE, concentran más de la mitad del mercado editorial académico. Elsevier, líder del sector, edita unas 3.000 revistas científicas. En 2025 publicó casi 800.000 artículos, generó unos ingresos de casi 4.000 millones de dólares, y obtuvo una rentabilidad operativa ajustada (margen de beneficio) cercana al 38%. Y no es un caso aislado: las grandes editoriales científicas presentan también márgenes de rentabilidad extraordinariamente elevados, en varios casos por encima del 30%. Para poner estas cifras en contexto, los dos grandes grupos editoriales españoles, Planeta y PRISA, presentan volúmenes de negocio de alrededor de 2.000 y 900 millones de euros, respectivamente, pero sus márgenes operativos son más reducidos, en torno a un 10% en el caso de PRISA. Aunque la comparación no es estrictamente homogénea, porque se trata de grupos con actividades y estructuras empresariales muy diferentes y no siempre publican las mismas magnitudes financieras, estas cifras permiten hacerse una idea de la elevada rentabilidad que puede alcanzar el negocio de la edición científica.

¿Cuál es el coste real de publicar un artículo científico?

Algunos estudios sitúan el coste de publicar un artículo científico aproximadamente entre 200 y 1.000 dólares. Sin embargo, los APC que pagan los autores pueden ser muy superiores, llegando a alcanzar los 12.850 dólares en revistas de máximo prestigio, como Nature, editada por Springer Nature. ¿A qué se debe esta enorme diferencia? ¿Es justificable un abanico de precios tan amplio? Las editoriales argumentan que los APC cubren, además de la producción y edición del artículo, las inversiones en tecnología e innovación, las medidas para garantizar la integridad científica, las mejoras en la experiencia del usuario y otros esfuerzos destinados a mantener unos elevados estándares de calidad. Todos estos servicios tienen un coste, pero difícilmente pueden explicar por sí solos las diferencias de varios miles de dólares entre unas revistas y otras.

La pregunta es entonces por qué un investigador está dispuesto a pagar una cantidad tan elevada por publicar un artículo en open access en Nature La respuesta tiene poco que ver con el coste técnico de producir el artículo y mucho más con el valor que tiene para el autor publicar precisamente en esa revista. Publicar en una revista como Nature supone mucho más que poner un artículo científico a disposición de los lectores. Su extraordinario prestigio y altísima selectividad le proporcionan una enorme visibilidad dentro de la comunidad científica. Y, sobre todo, publicar en ella puede tener un impacto muy considerable en la carrera profesional del investigador, ya que estas publicaciones pueden resultar decisivas en procesos de contratación, promoción, financiación o evaluación. Desde el punto de vista económico, estamos ante una lógica similar a la de un bien posicional: su valor no depende únicamente de sus características intrínsecas o de su coste de producción, sino también de la posición, el reconocimiento y el prestigio que confiere. Un cuadro original de Wassily Kandinsky puede servirnos como analogía: su precio no guarda una relación directa con el coste de los materiales utilizados para pintarlo. Una parte esencial de su valor procede de su rareza, su autoría, la reputación del artista y el reconocimiento de su obra. Algo similar ocurre con una publicación en Nature o en otras revistas de alto impacto: su valor para el investigador no reside únicamente en el contenido del artículo, sino también en el reconocimiento y el prestigio que aporta haber sido publicado en ellas. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

Y esto no afecta únicamente a los investigadores. También las instituciones científicas tienen fuertes incentivos para acumular publicaciones de sus investigadores en revistas de alto impacto. Algunos rankings universitarios internacionales, como el Academic Ranking of World Universities (Shanghai Ranking), incorporan indicadores relacionados con la producción científica y, entre ellos, las publicaciones en revistas de muy alto impacto. De este modo, el prestigio de determinadas revistas se convierte también en un activo para universidades y centros de investigación. El mecanismo funciona, por tanto, en dos direcciones: los investigadores necesitan publicaciones de prestigio para avanzar en sus carreras, y las instituciones necesitan esas publicaciones para reforzar su posición y reputación. En este contexto, el precio que puede alcanzar una APC deja de estar determinado exclusivamente por el coste de publicar el artículo. Si publicar en una determinada revista tiene un elevado valor dentro del sistema de evaluación científica, los autores pueden estar dispuestos a pagar mucho más por publicar en ella.

El volumen de publicaciones y los incentivos perversos

Pero existe también el fenómeno contrario. Hay editoriales y revistas mucho menos selectivas que cobran APC relativamente modestas, pero que pueden generar importantes ingresos gracias a la publicación de un volumen muy elevado de artículos. Si el sistema de evaluación premia el número de artículos publicados, más que su calidad, el incentivo es claro, publicar más, tanto para el investigador como para la editorial. El resultado es un crecimiento extraordinario de la producción científica, y con él, una pregunta inevitable: ¿estamos produciendo más conocimiento o simplemente más artículos? Cuando publicar se convierte en una condición cada vez más importante para progresar profesionalmente, el sistema puede generar incentivos perversos: fragmentación de resultados, proliferación de trabajos de escasa relevancia y estrategias para aumentar artificialmente el número de publicaciones. En los casos más extremos, estos incentivos pueden contribuir a malas prácticas e incluso al fraude científico, como ya hemos comentado en SP. Las publicaciones científicas de las ciencias naturales y de las ciencias sociales no están expuestas necesariamente a los mismos tipos de prácticas dudosas o fraudulentas. Algunas pueden ser comunes a ambos campos, como el uso excesivo de autocitas, mientras que otras dependen de las características de cada disciplina y de sus métodos de investigación. En las ciencias naturales, algunas formas de mala conducta científica pueden manifestarse en la manipulación o fabricación de datos experimentales y en la falsificación de resultados. En las ciencias sociales también pueden darse estas prácticas, pero existen además problemas relacionados con la selección de resultados, la falta de transparencia metodológica o la interpretación sesgada de los datos. La naturaleza de determinadas investigaciones sociales, que a menudo incluye métodos cualitativos y enfoques interpretativos, puede dificultar la verificación de los resultados. Esto hace que la detección del fraude sea más complicada, ya que las conclusiones pueden depender en gran medida de la interpretación del investigador y no siempre pueden ser replicadas de la misma manera que en las ciencias naturales. A destacar:  las ciencias naturales tienen, en general, una tradición más acumulativa, en la que los nuevos trabajos suelen apoyarse explícitamente en un cuerpo de conocimiento anterior. Las ciencias sociales no tanto o mucho menos, algún autor o autora de moda no tiene por qué basarse en el conocimiento anterior para estar muy presente en las revistas académicas. Pero esta es una liebre que hemos soltado y no vamos a perseguir.

El cuarto poder

Con esto llegamos a la cuestión más importante. Como hemos visto, la publicación científica constituye un negocio de enormes dimensiones. Pero lo verdaderamente relevante no es cuánto dinero se mueve, sino el poder que puede generar el hecho de ocupar una posición tan central dentro del sistema científico. Porque quien controla los principales canales de publicación no solo participa en la difusión del conocimiento: también puede influir en las decisiones de los propios investigadores sobre qué y cómo investigar.

Aquí encontramos un desequilibrio importante. Los científicos producen el conocimiento; otros investigadores lo evalúan, a menudo de forma gratuita; las instituciones públicas financian buena parte de la investigación y, sin embargo, unas pocas grandes empresas controlan una parte sustancial de los canales a través de los cuales ese conocimiento adquiere visibilidad, prestigio y valor. Las grandes editoriales científicas, y en particular aquellas que publican las revistas más prestigiosas, podrían considerarse, en cierto sentido, una suerte de “cuarto poder” dentro del sistema científico. En realidad, si queremos ser más precisos, no estaríamos ante un cuarto poder, sino ante un poder oligopólico de enormes dimensiones. No porque decidan qué conocimiento es verdadero, ni porque determinen directamente qué deben investigar los científicos, sino porque ocupan una posición privilegiada en el proceso mediante el cual determinados resultados alcanzan reconocimiento y visibilidad, mientras otros quedan en segundo plano.

El problema surge cuando los criterios editoriales que hacen que un trabajo sea atractivo para una revista de alto impacto, como la novedad, la relevancia, la capacidad de generar atención o el interés para una audiencia amplia, empiezan a convertirse también en los criterios que los propios investigadores necesitan satisfacer para progresar en sus carreras profesionales. El sistema de publicación puede entonces favorecer determinados temas, metodologías o resultados frente a otros. Y eso tiene consecuencias. Puede perjudicar investigaciones menos espectaculares, como las que confirman un conocimiento establecido, las que reportan resultados negativos o los estudios descriptivos, todos ellos científicamente valiosos, pero menos llamativos que un descubrimiento novedoso o inesperado.

Además, publicar en una revista de alto impacto puede condicionar el tipo de investigación que resulta más beneficiosa para la carrera del investigador. La publicación en revistas prestigiosas puede aumentar sus posibilidades de conseguir financiación, una plaza de profesor o de investigador, o una promoción en su centro de trabajo. De esta manera, lo que aparece como un criterio editorial acaba convirtiéndose en un incentivo profesional. Si para avanzar en su carrera los investigadores necesitan publicar en determinadas revistas, tendrán razones para orientar su investigación hacia aquello que estas revistas consideran publicable. 

Las editoriales científicas, por lo tanto, no necesitan decidir qué temas deben investigarse. Su poder deriva de su posición central en el sistema de publicación científica, desde la que pueden influir en buena medida en qué resultados llegan a las revistas más prestigiosas y, por tanto, en la propia actividad investigadora. De este modo, un sistema creado para validar y comunicar el conocimiento puede terminar influyendo, de hecho influyen como venimos afirmando, también en qué tipo de conocimiento recibe mayor reconocimiento. No necesariamente porque exista una decisión consciente de favorecer unos temas sobre otros, sino porque los incentivos del sistema pueden llevar a investigadores, instituciones y revistas a adaptarse progresivamente a aquello que el propio sistema recompensa.

Hacia otro modelo de publicación científica

Existen distintas vías para transformar el sistema actual de publicación científica. Algunas proponen cambios en los sistemas de evaluación, otras buscan que la propia comunidad científica recupere parte de las funciones que hoy desempeñan las editoriales, y otras proponen nuevas formas de financiar, publicar o gobernar las revistas. Son propuestas de distinto alcance y grado de implantación, pero no necesariamente excluyentes entre sí.

La primera de estas vías afecta a los sistemas de evaluación del profesorado y del personal investigador, es decir, a la forma en que se valoran y bareman sus publicaciones y demás méritos científicos, especialmente en los procesos de contratación, acreditación y promoción profesional. Como ya vimos en nuestro artículo anterior, desde la propia comunidad académica se están impulsando cambios en la forma de valorar la actividad investigadora. Un ejemplo es la Declaración de San Francisco sobre Evaluación de la Investigación (DORA). Esta iniciativa plantea dejar de utilizar métricas simplistas, como el número de publicaciones, y avanzar hacia una evaluación más rica, contextualizada y cualitativa. El objetivo es valorar la investigación por su rigor, su relevancia y su contribución real al avance del conocimiento. En la medida en que se reduzca el peso de la cantidad de publicaciones en la evaluación, podría favorecer que se publicaran menos artículos, pero más relevantes, y desincentivar tanto la práctica de publicar por publicar, como la proliferación de las revistas depredadoras.

Un segundo nivel afecta a la propia comunidad investigadora y a su capacidad para organizar directamente la evaluación y comunicación de los trabajos científicos. Desde hace unos años, han aparecido iniciativas como la Peer Community In (PCI), que separa la actividad de publicación de la revisión por pares. En este modelo, es la propia comunidad científica la que asume buena parte de las funciones que tradicionalmente desempeñan las editoriales: selecciona a los especialistas que realizan las evaluaciones, coordina el proceso de revisión y emite las recomendaciones sobre los trabajos. Los informes y las recomendaciones están disponibles para el lector.  Si el artículo es recomendado, los autores pueden mantenerlo disponible públicamente como manuscrito evaluado, publicarlo en Peer Community Journal, que no cobra APC, o enviarlo a alguna de las revistas PCI-friendly, que han acordado tener en cuenta la evaluación de PCI, aunque pueden aplicar sus propias tasas de publicación. Además, PCI permite realizar la revisión por pares de un protocolo incluso antes de llevar a cabo la investigación; con ello, se busca reducir los sesgos y mejorar la reproducibilidad de los resultados. No obstante, este modelo tiene una implantación mucho menor que el sistema tradicional y requiere una considerable dedicación por parte de los investigadores.

Un tercer nivel lo encontramos en modelos que no trasladan directamente el coste ni a los autores ni a los lectores. Uno de ellos es Subscribe to Open (S2O), que utiliza los presupuestos que las bibliotecas destinan a suscripciones para hacer accesibles los contenidos de una revista a todo el mundo, siempre que se alcance un determinado nivel de suscripciones por parte de las instituciones científicas. Otro es el Diamond Open Access, en el que tampoco pagan los investigadores por publicar ni los lectores por acceder a los contenidos: los costes se sostienen mediante una combinación de financiación institucional, procedente de universidades, bibliotecas, organismos públicos, sociedades científicas, entre otros agentes. En principio, S2O parece más fácil de introducir en el sistema actual, ya que aprovecha una fuente de financiación que ya existe: las suscripciones de las bibliotecas. En todo caso, ambos modelos podrían reducir la dependencia de los pagos por artículo y, eventualmente, el volumen económico del mercado editorial, pero no necesariamente la influencia y el poder de las grandes editoriales que controlan las revistas de mayor impacto. Aunque cambiara quién paga por publicar, estas editoriales seguirían ocupando una posición central en la selección de los trabajos, su visibilidad y reconocimiento y, a través de ellos, en los procesos de evaluación y promoción de los investigadores.

Un cuarto nivel lo encontramos en las revistas propiedad de sociedades científicas. En estos casos, la editorial comercial puede encargarse de las tareas técnicas y de publicación, pero el control de la revista permanece en la propia comunidad científica. Un ejemplo es Molecular Biology and Evolution (MBE), propiedad de la Society for Molecular Biology and Evolution (SMBE) y publicada por Oxford University Press (OUP). El Consejo (Council) de la sociedad es quien nombra al editor jefe, de modo que la sociedad científica mantiene el control sobre las decisiones editoriales, mientras que OUP se encarga de las funciones técnicas de publicación y producción. La revista cobra APC, pero la mayor parte de los ingresos revierte en la propia sociedad y se destina a financiar sus actividades, como congresos, ayudas de viaje, premios y otros programas para sus miembros. En este modelo, la editorial que presta los servicios de publicación no ocupa la misma posición de influencia y poder que una editorial comercial propietaria de la revista. Este caso muestra que es posible combinar una revista de alto impacto y acceso abierto con un modelo en el que la propiedad, las decisiones científicas y buena parte de los ingresos permanecen dentro de la comunidad investigadora.

Estos cuatro niveles forman parte de una transformación más amplia de la comunicación científica que conecta con la Declaración de Barcelona sobre Información Abierta de Investigación, lanzada en 2024. La Declaración es un compromiso para promover que la información sobre la investigación, como los metadatos de las publicaciones, las referencias, las afiliaciones o la financiación, sea más abierta, accesible, reutilizable y transparente, y para promover infraestructuras gobernadas por la propia comunidad científica. En este sentido, DORA, PCI, S2O, Diamond Open Access y los modelos de revistas controladas por sociedades científicas apuntan en distintas direcciones hacia un mismo objetivo. En conjunto, estas iniciativas pueden contribuir a reducir los incentivos para publicar por publicar, favorecer una investigación de mayor calidad y disminuir la dependencia del sistema científico respecto de los mecanismos comerciales de publicación. No se trata únicamente de eliminar el pago por leer o por publicar, sino de avanzar hacia un ecosistema de comunicación científica en el que las publicaciones, la información que generan y las infraestructuras que las sustentan estén al servicio de la comunidad investigadora. Una tarea difícil pero indispensable: separar los negocios académicos, los incentivos perversos y las dinámicas de prestigio artificial de la honrada investigación científica.



Catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona. Director del grupo de investigación Genómica Evolutiva & Bioinformática. Premio Nacional de Genética (2023). Ha participado en la secuenciación y análisis de varios proyectos genómicos en animales y plantas, y ha desarrollado herramientas bioinformáticas para el análisis de la variabilidad del ADN. Es uno de los científicos más citados de las universidades del Reino de España con más de 57.000 citaciones en Google Scholar.  

Doctor en Economía. Profesor titular del departamento de Sociología en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es presidente de la Red Renta Básica y editor de Sin Permiso.    

Fuente:
www.sinpermiso.info, 20-9-2026  

sábado, 3 de octubre de 2026

U.S.A. vs. CHINA: la guerra comercial ha impulsado las patentes chinas basada en su propia ciencia

Publicado en South China Morning Post
https://www.scmp.com/news/china/science/article/3367792/us-sanctions-boost-chinas-science-driven-innovation-over-70-study-finds?share=t4pNdBD4e%2Bt0zbSGPP4WsTGfdL8TgBi2QQtGJsXWvjvpZcuk5h1GUv%2BMFmFRtYPceEkao6%2F6uGLT6fTlWWmvqNwgvyyoQnXvUtiVn1BswNs%3D&utm_campaign=social_share






Las sanciones de EE. UU. impulsan en más de 70% la innovación china basada en la ciencia, según un estudio

Las restricciones tecnológicas estadounidenses han llevado a las empresas chinas a ampliar y profundizar el uso de fuentes de investigación científica mediante citas y trabajos de investigación

Holly Chik
Publicado: 18 de septiembre de 2026

Las empresas chinas sancionadas por Estados Unidos recurren cada vez más a la investigación de acceso público para innovar y aplicar ingeniería inversa a tecnologías extranjeras restringidas, y las citas de literatura científica en sus solicitudes de patentes han aumentado un 72%, según un nuevo estudio.

Aunque Estados Unidos afirmó que amplió su Lista de Entidades (Entity List) para proteger la seguridad nacional y preservar su ventaja tecnológica, un análisis de las solicitudes de patentes chinas durante los 12 años transcurridos hasta 2022 mostró que las restricciones estadounidenses al acceso a la tecnología habían llevado a las empresas chinas a recurrir ampliamente al conocimiento científico disponible públicamente y a realizar una mayor cantidad de investigación propia.

«Nuestro análisis revela que las sanciones comerciales de Estados Unidos, como la Lista de Entidades, han generado consecuencias que los responsables de las políticas estadounidenses quizá no hayan previsto plenamente», escribieron los investigadores en un artículo sobre políticas publicado el viernes en la revista Science, sometida a revisión por pares.

«Aunque obstaculizan las operaciones a corto plazo de las empresas afectadas, las sanciones también pueden catalizar el desarrollo de capacidades internas en estas empresas e impulsar cambios estratégicos, lo que potencialmente conduciría al surgimiento de sistemas tecnológicos separados que compitan con el actual ecosistema mundial de innovación, en lugar de integrarse en él», escribieron.

«Esta adaptación estratégica de las empresas chinas frente a las restricciones externas se desarrolla en el contexto del creciente protagonismo de la ciencia empresarial en China, donde las empresas han venido profundizando su integración con la ciencia, como demuestra el aumento del número de patentes vinculadas con la ciencia y de publicaciones científicas».

«Aunque la lista limita el acceso a tecnologías patentadas de origen estadounidense, las empresas chinas sancionadas no dejan de recurrir a la ciencia producida en Estados Unidos», señalaron los autores. Tras ser sancionadas, las empresas afectadas añadieron cerca de 0.99 patentes que citaban ciencia nacional, 0.27 que citaban ciencia extranjera no estadounidense y 0.2 que citaban ciencia estadounidense.

Para examinar cómo los controles comerciales modifican la estrategia empresarial, investigadores de la Universidad de Shenzhen, la Universidad de Tsinghua y la Universidad de Hong Kong analizaron un conjunto de datos a nivel empresarial de patentes chinas solicitadas tanto en China como internacionalmente entre 2010 y 2022.

Descubrieron que las empresas chinas estaban cada vez más involucradas con la ciencia, tanto como consumidoras —al citar con creciente frecuencia publicaciones científicas en sus patentes— como en calidad de productoras, al generar un volumen cada vez mayor de publicaciones académicas.

Wang Yanbo, autor del estudio y director asociado del Centre for Innovation and Entrepreneurship de la HKU Business School, afirmó que las restricciones comerciales estadounidenses estaban acelerando involuntariamente la autosuficiencia tecnológica de China.

«Una vez que quedan excluidas de este sistema mundial de innovación dominado por Estados Unidos, tienen que reinventar la rueda», afirmó Wang.

Además de recurrir a la ingeniería inversa, «detrás de toda tecnología existen determinados principios científicos. ¿Cuál es la mejor manera de investigar esos principios científicos? Leer artículos académicos.

»Por eso estas empresas chinas están extremadamente motivadas para buscar en la literatura científica, incorporar esos conocimientos a la innovación e incluso producir ellas mismas conocimiento científico», señaló.

«Siempre que se haga un esfuerzo suficiente y se tenga algo de suerte, se terminará inventando algo similar, algo que pueda utilizarse como sustituto de la tecnología estadounidense.

»En esencia, lo que Estados Unidos ha estado haciendo es obligar a China a independizarse y desarrollar un sistema tecnológico separado».

Los resultados mostraron que, entre las empresas afectadas, su inclusión en la Lista de Entidades de Estados Unidos provocó, en promedio, un aumento del 72% en las patentes vinculadas con la ciencia que citaban literatura académica.

Mientras que las patentes chinas vinculadas con la ciencia se multiplicaron por 13.4, frente a un incremento de 1.3 veces entre sus homólogas estadounidenses, las empresas chinas siguen rezagadas respecto de las estadounidenses tanto en amplitud como en profundidad científica, según el análisis de las patentes concedidas por la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (United States Patent and Trademark Office, USPTO).



En 2022, el 37% de las patentes de empresas estadounidenses citaba literatura científica, frente al 22% de las patentes de empresas chinas. Además, entre las patentes vinculadas con la ciencia, las empresas estadounidenses citaban en promedio 17.5 publicaciones científicas por patente, frente a cinco en el caso de las empresas chinas.

En cuanto a la publicación científica internacional, las empresas estadounidenses que cotizan en bolsa mantuvieron una producción considerablemente mayor, al pasar de un promedio anual de 12 artículos en 2010 a 20 en 2021. En contraste, las empresas chinas que cotizan en bolsa produjeron un promedio de cuatro artículos internacionales en 2021, a pesar de que sus publicaciones internacionales se multiplicaron por 6.5.

Por otra parte, China utilizó su dominio sobre la extracción y el procesamiento de tierras raras como un poderoso punto de estrangulamiento para contrarrestar las restricciones comerciales estadounidenses, afirmó Wang.

«El gobierno estadounidense y algunas empresas de Estados Unidos han estado esforzándose mucho durante los últimos años para identificar cadenas de suministro alternativas y posibles tecnologías sustitutivas, así como para determinar si pueden desarrollar algún tipo de imanes sin materiales de tierras raras», señaló.

«Todos estamos sentados en el mismo barco. Ahora estos dos gigantes están peleándose entre sí y sentimos que el barco comienza a balancearse. No nos sentiríamos cómodos».

Si este desacoplamiento continuara hasta sus últimas consecuencias, advirtió Wang, surgirían dos ecosistemas tecnológicos separados: uno dominado por Estados Unidos y otro por China. «No estoy seguro de que esto sea lo que los responsables de las políticas estadounidenses realmente quieran ver».

«Un cierto nivel de competencia es saludable para la producción y comercialización del conocimiento», afirmó. «Pero, al mismo tiempo, ¿realmente queremos ver una comunidad científica o de innovación mundial fragmentada? Probablemente no, porque eso significaría que el flujo de conocimientos se volvería muy ineficiente.

»Sin embargo, desde el punto en el que nos encontramos hasta llegar a ese extremo existe una enorme distancia», añadió Wang. «China se ha convertido en uno de los principales productores de conocimiento científico del planeta. Eso también significa que trabajar con la comunidad científica china puede aportar muchos beneficios a Estados Unidos».


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China

Science


US sanctions boost China’s science-driven innovation by over 70%, study finds


US tech restrictions have driven Chinese firms to expand and deepen their scientific research sourcing through citations and research


Holly Chik

Published: 18 Sep 2026


US-sanctioned Chinese companies are increasingly turning to open-source research to innovate and reverse-engineer restricted foreign technology, with a 72 per cent surge in scientific literature citations in their patent applications, according to a new study.

While the United States said it expanded its Entity List to safeguard national security and preserve its technological edge, an analysis of Chinese patent filings over the 12 years until 2022 showed that US restrictions on access to technology had driven Chinese firms to widely source publicly available scientific knowledge and conduct more of their own research.

“Our analysis reveals that US trade sanctions, such as the Entity List, have generated consequences that US policymakers may not have fully anticipated,” the researchers wrote in a policy article published in the peer-reviewed journal Science on Friday.

“Though hindering the targeted firms’ short-term operations, sanctions may also catalyse these firms’ development of internal capabilities and drive strategic shifts, potentially leading to the emergence of separate technological systems that compete with, rather than integrate into, the current global innovation ecosystem,” they wrote.

“This strategic adaptation by Chinese firms under external constraints unfolds against the background of rising corporate science in China, where firms have been deepening their integration with science, as evidenced by the rising number of science-linked patents and scientific publications.”

“Although the list limits access to US-origin proprietary technologies, sanctioned Chinese firms do not stop sourcing US-produced science,” the authors said. Following sanctioning, targeted companies added nearly 0.99 patents citing domestic science, 0.27 citing non-US foreign science and 0.2 citing US science.

To examine how trade controls alter corporate strategy, researchers from Shenzhen University, Tsinghua University and the University of Hong Kong analysed a firm-level data set of Chinese patents filed domestically and internationally between 2010 and 2022.

They found that Chinese companies were more engaged with science, both as consumers who increasingly cited scientific publications in their patents and as producers who generated a growing volume of academic publications.

Study author Wang Yanbo, associate director of the Centre for Innovation and Entrepreneurship at HKU Business School, said US trade restrictions were inadvertently accelerating technological self-reliance in China.

“Once they get blocked from this US-dominated global innovation system, they have to reinvent the wheel,” Wang said.

In addition to reverse engineering, “underneath every technology there are certain scientific principles. What is the best way to look into the scientific principle? You read academic papers.

“This is why these Chinese firms are extremely motivated to search the scientific literature, incorporate the knowledge into innovation and even to produce scientific knowledge by themselves,” he said.

“As long as you make a sufficient amount of effort and have some luck, you are going to invent something similar, something that you can use to substitute the US technology.

“Essentially what the US has been doing is forcing China to become independent and develop a separate technological system.”

The findings showed that among targeted firms, placement on the US Entity List induced an average 72 per cent surge in science-linked patents that cited academic literature.

While Chinese firms’ science-linked patents grew 13.4-fold compared to a 1.3-fold increase for US peers, Chinese companies still lag behind American counterparts in both scientific breadth and depth, according to analysis of patents granted by the United States Patent and Trademark Office.




In 2022, 37 per cent of US firms’ patents cited scientific literature, compared to 22 per cent for Chinese firms. Furthermore, among science-linked patents, US companies cited an average of 17.5 scientific publications per patent, compared to five for Chinese firms.

In international scientific publishing, US publicly listed companies maintained substantially higher output, rising from an annual average of 12 papers in 2010 to 20 in 2021. By contrast, Chinese listed firms produced an average of four international papers in 2021, despite a 6.5-fold growth in international publications.

On the other hand, China used its dominance over rare earth mining and processing as a powerful chokepoint to counter US trade restrictions, Wang said.

“The US government and some US firms have been trying really hard over the past several years to identify alternative supply chains and potential substitute technologies, and whether they can develop some kind of magnets without rare earth materials,” he said.

“We are all sitting in the same boat. Now these two big guys are quarrelling with each other and we feel the boat is getting rocked. We would not feel comfortable.”

If this decoupling continued to its extremes, Wang warned, two separate technological ecosystems would emerge – one dominated by the US and one by China. “I am not sure whether this is what the US policymakers really want to see.”

“A certain level of competition is healthy for knowledge production and commercialisation,” he said. “But at the same time, do we really want to see a fragmented global scientific or innovation community? Probably not, because that means knowledge flow will become very inefficient.

“However, from where we are to that extreme, the distance is huge,” Wang added. “China has become one of the leading scientific knowledge producers on this planet. That also means working with China’s scientific community can bring a lot of benefits to the US.”


La cara oculta de la ciencia: el incontrolado poder de las grandes editoriales científicas

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