viernes, 25 de septiembre de 2026

UCRANIA reclama a SPRINGER-NATURE por continuar publicando revistas de RUSIA

Publicado en Retraction Watch
https://www.kyivpost.com/post/78893 






A pesar de su ruptura pública con Rusia, Springer continúa publicando revistas científicas rusas

En resumen: La propaganda más evidente puede influir en las masas, pero existe una variante más sutil dirigida a la comunidad académica a través de las publicaciones científicas. La editorial académica Springer Nature continúa difundiendo contenidos que incluyen narrativas cuestionables procedentes de instituciones rusas. El resultado es una operación de influencia sutil conocida como "transferencia de credibilidad" (credibility transfer).

Por David Kirichenko | 27 de junio de 2026

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania en 2022, Springer Nature se unió a muchas instituciones occidentales al condenar la guerra. El gigante de la publicación académica anunció que suspendería las nuevas ventas en Rusia y Bielorrusia y expresó su apoyo a los investigadores ucranianos.

Sin embargo, más de cuatro años después, Springer continúa distribuyendo aproximadamente 200 revistas científicas rusas mediante una alianza con Pleiades Publishing, una empresa especializada en traducir y distribuir publicaciones académicas rusas a audiencias internacionales.

Springer Nature es una de las editoriales académicas más influyentes del mundo, con miles de revistas y libros publicados cada año, entre ellos la prestigiosa revista científica Nature.

Esta relación ha sido objeto de un creciente escrutinio. Un informe reciente elaborado por los académicos ucranianos Oleksii Plastun y Valeriia Kotelnykova sostiene que algunas de las revistas distribuidas mediante esta alianza están vinculadas a instituciones rusas sancionadas, reproducen narrativas del Kremlin e identifican territorios ucranianos ocupados como parte de Rusia.

Entre los ejemplos citados figura un artículo publicado en el Herald of the Russian Academy of Sciences, que, según los autores del informe, repetía narrativas habituales del Kremlin sobre Ucrania, incluidas afirmaciones acerca del nacionalismo ucraniano, la supuesta discriminación contra los rusoparlantes y la influencia de Occidente.

Springer rechaza la insinuación de que este acuerdo entre en conflicto con los regímenes de sanciones.

"Nos tomamos muy en serio el cumplimiento de las sanciones y no prestaremos servicios a ninguna organización ni haremos negocios con personas incluidas en listas de sanciones", respondió por correo electrónico Steven Inchcoombe, presidente del área de Investigación de Springer Nature.

Añadió:

"Al mismo tiempo, creemos que los investigadores de todo el mundo deben tener acceso a las ideas generadas globalmente. Con ese fin, seguimos las directrices independientes del Committee on Publication Ethics (COPE), de manera que los autores ubicados en territorios sujetos a sanciones, salvo cuando exista una prohibición expresa, puedan ofrecer sus trabajos a la comunidad científica internacional."

Los críticos sostienen que algunas de las revistas distribuidas mediante la alianza Springer-Pleiades están vinculadas con organizaciones sancionadas por gobiernos occidentales o afiliadas a instituciones estatales rusas.

La continuidad de ese acceso parece haber sido un objetivo deliberado de Pleiades. En una entrevista publicada en el sitio web de la Academia Rusa de Ciencias poco después del inicio de la invasión a gran escala, el director de Pleiades, Aleksandr Shustorovich, afirmó que las publicaciones científicas de la empresa se habían preservado porque representaban "precisamente el entorno científico ruso". Agregó que los investigadores rusos mantenían "el mismo acceso a los lectores occidentales que antes" y atribuyó a Springer Nature y a otras grandes editoriales el mérito de respaldar ese enfoque.

Douglas Davis, neurorradiólogo e investigador en salud global que ha trabajado ampliamente en iniciativas relacionadas con Ucrania, afirmó que los incentivos comerciales pueden explicar por qué estas alianzas académicas persisten pese a las tensiones geopolíticas.

"A muchas personas les sorprende que grandes editoriales continúen colaborando con actores controvertidos o publiquen material procedente de Estados autoritarios", señaló Davis. "Pero, desde mi perspectiva, estas organizaciones están impulsadas principalmente por incentivos comerciales. Su lealtad está dirigida a los ingresos económicos, no necesariamente a un conjunto determinado de principios políticos o éticos."

Plastun sostiene que el problema trasciende la simple publicación académica.

"Las publicaciones científicas son posiblemente más peligrosas porque llevan el sello de la objetividad", afirmó. "Al mantener estas revistas, el Kremlin logra infiltrarse en bases de datos internacionales como Scopus y Web of Science, garantizando que las narrativas financiadas por el Estado ruso queden archivadas como si fueran conocimiento científico, y no como simples emisiones de medios estatales."

El informe identificó cerca de 400 casos, entre 2022 y 2025, en los que territorios ucranianos ocupados —entre ellos Sebastopol, Simferópol y Donetsk— aparecían registrados como parte de Rusia.

"Al permitir que revistas rusas atribuyan universidades y científicos ucranianos ubicados en territorios ocupados como si fueran propios, Springer Nature contribuye al borrado de la identidad académica y de la soberanía ucranianas en el escenario internacional", afirmó Plastun.

Su investigación encontró que las referencias a Sebastopol como ciudad rusa pasaron del 0 % de las publicaciones en 2013 al 100 % en 2025.

Springer ha defendido su tratamiento de las disputas territoriales señalando en su sitio web que mantiene una postura neutral respecto a las reclamaciones de jurisdicción reflejadas en las afiliaciones institucionales y en los mapas publicados.

Igor L. Markov, vicepresidente del consejo directivo de la American Coalition for Ukraine y autor de libros publicados anteriormente por Springer, afirmó que las referencias reiteradas a ciudades ucranianas ocupadas como si fueran rusas pueden modificar gradualmente la percepción internacional.

"Etiquetar ciudades ocupadas como Sebastopol o Simferópol como ciudades rusas en revistas científicas normaliza reclamaciones territoriales que carecen de fundamento jurídico", explicó Markov. "Cuando las personas ven esto una y otra vez, cambian sus supuestos básicos sobre qué cuestiones siguen siendo objeto de disputa y cuáles consideran ya resueltas."

El politólogo Branislav Slantchev sostiene que las campañas de influencia dependen menos de la propaganda abierta que de la llamada "transferencia de credibilidad", es decir, el proceso mediante el cual determinadas narrativas adquieren legitimidad porque son difundidas por instituciones consideradas confiables en lugar de por medios de comunicación estatales.

Los críticos argumentan que las revistas académicas pueden ser especialmente influyentes porque son citadas por investigadores, indexadas por motores de búsqueda y utilizadas cada vez más como material de referencia por sistemas de inteligencia artificial.

Ilona Sologub, editora de VoxUkraine, señaló que muchas instituciones científicas rusas siguen integradas en el ecosistema mundial de investigación a pesar de la guerra.

"Los científicos rusos siguen considerando las publicaciones en revistas científicas occidentales como un indicador clave de desempeño utilizado para evaluar tanto a los investigadores como a las instituciones", afirmó.

Consultado sobre si la editorial estaba revisando la alianza, Inchcoombe respondió que Springer evalúa periódicamente su cartera de revistas.

"Como es habitual en nuestra industria, revisamos regularmente nuestro portafolio de revistas, tanto aquellas de nuestra propiedad como las que distribuimos en nombre de terceros. De conformidad con el Código de Buenas Prácticas para la Transferencia de Revistas de NISO, cualquier cambio previsto para 2027 será comunicado más adelante este año."

El Código de Transferencia de NISO es un marco de buenas prácticas desarrollado conjuntamente por editoriales y bibliotecas para orientar los procesos de transferencia de propiedad y distribución de revistas científicas.

Este calendario resulta significativo. De acuerdo con el folleto informativo para la oferta pública inicial (IPO) de Springer Nature de 2024, el actual acuerdo de distribución con Pleiades tiene vigencia hasta diciembre de 2026. La decisión de Springer sobre si renovará o no ese acuerdo después de 2026 determinará, en última instancia, si los críticos consideran que la alianza fue simplemente un legado temporal del pasado o una decisión deliberada.


David Kirichenko es periodista independiente especializado en Europa del Este. Puede encontrarse en la red social X bajo el usuario @DVKirichenko.


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Despite Public Break With Russia, Springer Continues Publishing Russian Journals

In brief: Blatant propaganda may work on the masses, but a more subtle variant aimed at the intelligentsia occurs through scholarly publications. The academic publisher Springer Nature continues to convey questionable talking points from Russian institutions. The result is a subtle influence operation known as “credibility transfer.”

by David Kirichenko | June 27, 2026


When Russia launched its full-scale invasion of Ukraine in 2022, Springer Nature joined many Western institutions in condemning the war. The academic publishing giant announced it would halt new sales in Russia and Belarus and expressed support for Ukrainian researchers.

Yet more than four years later, Springer continues to distribute roughly 200 Russian scientific journals through a partnership with Pleiades Publishing, a company that specializes in translating and distributing Russian academic publications to international audiences.

Springer Nature is one of the world’s most influential academic publishers, producing thousands of journals and books annually, including the flagship scientific journal Nature.

That relationship has come under growing scrutiny. A recent report by Ukrainian scholars Oleksii Plastun and Valeriia Kotelnykova argues that some journals distributed through the partnership are linked to sanctioned Russian institutions, repeat Kremlin narratives, and identify occupied Ukrainian territories as part of Russia. 

Among the examples cited is an article published in the Herald of the Russian Academy of Sciences that, according to the report’s authors, repeated familiar Kremlin narratives about Ukraine, including claims about Ukrainian nationalism, discrimination against Russian speakers, and Western influence.

Springer disputes the implication that the arrangement conflicts with sanctions.

“We take sanctions compliance extremely seriously and will not supply services to an organization or do business with people who are on a sanctions list,” Steven Inchcoombe, President of Research at Springer Nature, responded in a written email.

“At the same time, we believe that researchers around the world should have access to global ideas. To this end, we follow the independent COPE guidelines so that authors in sanctioned territories, unless prohibited, are able to offer their work to the wider community.”

Critics argue that some journals distributed through the Springer-Pleiades partnership are linked to organizations that have been sanctioned by Western governments or are affiliated with Russian state institutions.

The continuation of that access appears to have been a deliberate objective of Pleiades. In an interview published on the Russian Academy of Sciences website shortly after Russia’s full-scale invasion, Pleiades chief Aleksandr Shustorovich said the company’s scientific publications had been preserved with the understanding that they represented “precisely the Russian scientific environment.” He added that Russian researchers retained “the same access to Western readers as before” and credited Springer Nature and other major publishers for supporting that approach.

Douglas Davis, a neuroradiologist and global health researcher who has worked extensively on Ukraine-related initiatives, said commercial incentives may help explain why academic partnerships often persist despite geopolitical tensions.

“People are surprised when major publishers continue to work with controversial actors or publish material from authoritarian states,” Davis said. “But from my perspective, these organizations are driven primarily by commercial incentives. Their loyalty is to revenue, not necessarily to any particular set of political or ethical principles.”

Plastun argues the issue is not simply about academic publishing.

“Academic publishing is arguably more dangerous because it carries the seal of objectivity,” he said. “By maintaining these journals, the Kremlin successfully infiltrates global databases like Scopus and Web of Science, ensuring that Russian state-funded narratives are archived as scientific fact rather than state media broadcasts.”

The report identified nearly 400 cases between 2022 and 2025 in which occupied Ukrainian territories, including Sevastopol, Simferopol and Donetsk, were listed as part of Russia.

“By allowing Russian journals to claim Ukrainian universities and scientists in occupied territories as their own, Springer Nature aids in the erasure of Ukrainian academic identity and sovereignty on the global stage,” Plastun said.

His research found that references to Sevastopol as a Russian city rose from 0% of publications in 2013 to 100% by 2025.

Springer has defended its handling of territorial disputes by stating on its website that it remains neutral regarding jurisdictional claims reflected in published affiliations and maps.

Igor L. Markov, vice chair of the board of directors of the American Coalition for Ukraine and an author whose books have previously been published by Springer, said repeated references to occupied Ukrainian cities as Russian can gradually shape international perceptions.

“Labeling occupied cities like Sevastopol or Simferopol as Russian in academic journals normalizes territorial claims that have no legal basis,” Markov said. “When people see this over and over, it shifts baseline assumptions about what is contested and what is settled.”

Political scientist Branislav Slantchev argues that influence campaigns often rely less on overt propaganda than on “credibility transfer” – the process by which narratives gain legitimacy when they are transmitted through trusted institutions rather than state media. Critics argue that academic journals can be particularly influential because they are cited by researchers, indexed by search engines and increasingly used as reference material by AI systems.

Ilona Sologub, editor of VoxUkraine, said many Russian scientific institutions remain integrated into the global research ecosystem despite the war. “Russian scientists still have publications in Western research journals as a key performance metric used to evaluate researchers and institutions,” she said.

Asked whether the publisher was reviewing the partnership, Inchcoombe said Springer regularly evaluates its journal portfolio.

“As is customary in our business, we regularly review our journal portfolio – both those that we own and those we distribute on behalf of third parties,” he said. “In accordance with the NISO Transfer Code of Practice, any changes for 2027 will be communicated later this year.”

The NISO Transfer Code of Practice is an industry framework developed by publishers and librarians to guide journal ownership and distribution transfers.

That timeline is significant. According to Springer Nature’s 2024 IPO prospectus, the company’s current distribution agreement with Pleiades runs through December 2026. Whether Springer renews the agreement after 2026 may ultimately determine whether critics view the partnership as a temporary legacy arrangement or a deliberate choice.

David Kirichenko

David Kirichenko is a freelance journalist covering Eastern Europe. He can be found on the social media platform X @DVKirichenko.


jueves, 24 de septiembre de 2026

Los modelos de IA de CHINA tienen al mundo de la IA de Trump enfrentado consigo mismo

Publicado en MIT Technology Review
https://www.technologyreview.com/2026/07/20/1140675/chinas-ai-models-have-trumps-ai-world-at-war-with-itself/?utm_source=the_download&utm_medium=email&utm_campaign=the_download.unpaid.engagement&utm_term=&utm_content=07-26-2026&mc_cid=8ff75d76d5&mc_eid=117293906d

 

Los modelos de IA de China tienen al mundo de la IA de Trump enfrentado consigo mismo

Kimi y otros modelos gratuitos de China han vuelto a ser considerados una llamada de atención. ¿Pero para qué?

Por James O'Donnell
20 de julio de 2026

Este artículo apareció originalmente en The Algorithm, nuestro boletín semanal sobre inteligencia artificial. Para recibir primero historias como esta en su bandeja de entrada, suscríbase aquí.

Durante el fin de semana, varios asesores actuales y antiguos del presidente Donald Trump en materia de inteligencia artificial intercambiaron públicamente insultos dirigidos a las principales empresas de IA del país. David Sacks, quien hasta marzo fue el «zar» de inteligencia artificial y criptomonedas del presidente, calificó los modelos de Anthropic como «lobotomizados» y «woke». Por su parte, Emil Michael, un alto funcionario del Pentágono, llamó al nuevo director de futuros estratégicos de OpenAI un «auténtico idiota de pueblo».

Todo comenzó porque nadie logra ponerse de acuerdo sobre qué hacer con Kimi, un modelo gratuito y de código abierto que la empresa china de inteligencia artificial Moonshot lanzó la semana pasada. Al parecer, su capacidad rivaliza con la de los modelos desarrollados por OpenAI y Anthropic, que, por supuesto, no son gratuitos.

Kimi y otros modelos chinos similares representan un verdadero problema para Trump y están dividiendo en distintas facciones a los principales estrategas de IA de su entorno.

Cada vez que China lanza un nuevo modelo inteligente y gratuito como Kimi, las empresas estadounidenses tienen menos incentivos para pagar por el acceso a los modelos de Anthropic u OpenAI. Dado que el entusiasmo de los inversionistas por estas y otras compañías de IA impulsa una parte desproporcionadamente grande del crecimiento económico, los modelos chinos generan problemas tanto económicos como políticos para el presidente.

Según escribió en X Anton Leicht, investigador del Carnegie Endowment, estos modelos constituyen «una amenaza para una administración que realmente no quiere recibir más malas noticias económicas». De hecho, ya han provocado turbulencias en los mercados bursátiles estadounidenses.

¿Qué puede hacer Trump?

Para responder esa pregunta conviene recordar que todo esto ocurre apenas una semana después de que el estado de Nueva York aprobara la primera prohibición estatal del país sobre la construcción de nuevos centros de datos.

La desconfianza hacia las empresas de inteligencia artificial sigue creciendo y es fácil imaginar que una proporción nada despreciable de los estadounidenses sentiría poca simpatía por OpenAI o Anthropic mientras intentan defenderse de competidores más baratos. Muchos considerarían que no corresponde al gobierno proteger los intereses de estas compañías.

En este punto existiría un pequeño —muy pequeño— espacio de coincidencia con David Sacks, quien el 19 de julio criticó a las principales empresas de IA por «querer que el gobierno elimine a su competencia de código abierto». Sacks también ha sostenido que los modelos chinos se han vuelto populares porque imponen menos restricciones sobre la manera en que los usuarios pueden utilizarlos (dejando de lado la censura estatal incorporada en ellos).

Sin embargo, Sacks ya no ocupa ningún cargo público. Ha dejado de desempeñar una función oficial como asesor de Trump y su postura, favorable a una inteligencia artificial más abierta, ha sido sustituida en gran medida dentro de la administración por otra que asigna al gobierno un papel mucho más amplio en la regulación del sector.

La lógica de esta nueva posición es que los modelos de IA han alcanzado un nivel de capacidad suficiente como para representar riesgos para la seguridad nacional, por lo que el gobierno debe controlar la forma en que se utilizan.

Esta postura ha dado origen al nuevo proceso de revisión de la Casa Blanca, cuyo objetivo es evaluar la seguridad de los modelos de inteligencia artificial antes de autorizar su lanzamiento.

Dean Ball, antiguo asesor de IA de Trump y actualmente empleado de OpenAI, criticó ese proceso durante el fin de semana calificándolo como «un régimen de licencias de facto para la IA de frontera».

Ball pronosticó que Trump podría intentar resolver el problema que representan los modelos chinos de código abierto recurriendo al llamado poder blando, por ejemplo, generando temor entre las empresas estadounidenses para que eviten utilizar modelos como Kimi.

Estas declaraciones provocaron una respuesta de Emil Michael, quien, junto con el secretario de Defensa Pete Hegseth, ha sido el principal enlace del Pentágono con las empresas de inteligencia artificial.

Michael calificó a Ball como «el auténtico idiota de pueblo de la industria de la IA», molesto por la insinuación de que el gobierno recurriría discretamente a presiones informales sobre las empresas, en lugar de actuar, según sus propias palabras, «mediante el proceso democrático y no a través de algún plan del Estado profundo (Deep State)».

Un aspecto que ha quedado prácticamente fuera del debate es cómo un modelo como Kimi llegó a alcanzar semejante nivel de desempeño.

Durante gran parte de la administración de Joe Biden, e incluso al comienzo del segundo mandato de Trump, impedir que China accediera a los chips más avanzados constituyó una prioridad.

Posteriormente, esos controles a la exportación se flexibilizaron. Trump adoptó la controvertida decisión de permitir que Nvidia vendiera un mayor número de chips a China a cambio de que el gobierno estadounidense recibiera una parte de los ingresos generados por esas ventas. Además, el gobierno ha denunciado que también se ha producido contrabando de chips.

Aun así, China continúa enfrentando limitaciones en su capacidad de cómputo y todavía no está claro qué tipo de procesadores utilizó la empresa responsable de Kimi para entrenar el modelo.

Es posible que el proceso haya recurrido parcialmente a la destilación (distillation), una técnica mediante la cual un modelo de inteligencia artificial se entrena utilizando las respuestas generadas por otros modelos ya existentes.

OpenAI y Anthropic llevan tiempo denunciando que las empresas chinas de IA recurren a esta práctica y han solicitado al gobierno estadounidense que intervenga para ponerle fin.

En abril obtuvieron ese respaldo, cuando la administración Trump anunció una serie de medidas destinadas a limitar el uso de la destilación.

Sin embargo, Kimi ya está disponible, es gratuito y ofrece un desempeño casi equivalente al del modelo de Anthropic que el gobierno estadounidense consideró tan poderoso que fue retirado temporalmente por representar un riesgo para la seguridad nacional.

El intenso intercambio de declaraciones ocurrido durante el fin de semana sugiere que muchas personas cercanas a Trump consideran que este hecho constituye una auténtica llamada de atención.

Lo que nadie parece tener claro es sobre qué, exactamente, debería ser esa llamada de atención.

 

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Artificial intelligence

China’s AI models have Trump’s AI world at war with itself

Kimi and other free models from China have again been seen as a wake-up call. But for what?


By James O'Donnell

July 20, 2026


This story originally appeared in The Algorithm, our weekly newsletter on AI. To get stories like this in your inbox first, sign up here.

Over the weekend, several current and former advisors to President Donald Trump on AI publicly lobbed insults at the country’s leading AI companies. David Sacks, the president’s AI and crypto “czar” until March, branded Anthropic’s models as “lobotomized” and “woke.” Emil Michael, a top Pentagon official, called OpenAI’s new head of strategic futures a “supreme village idiot.”

It began because no one can agree on what to do about Kimi, a free, open source model that Chinese AI company Moonshot launched last week. It appears to rival the intelligence of models from OpenAI and Anthropic, which are very much not free.

Kimi and other Chinese models like it pose a real problem for Trump. And they’re dividing the top AI strategists in his orbit into factions. Every time a new smart, free model from China like Kimi gets released, US companies see less reason to fork out money to access models from Anthropic or OpenAI. Given that enthusiasm for these and other AI companies is driving an outsized share of economic growth, China’s AI models create both economic and political problems for the president. They are “a threat for an administration that really doesn’t want more economic bad news,” Anton Leicht, a fellow at the Carnegie Endowment, wrote on X. They’ve already rattled US stocks.

What is Trump to do? First, consider that this is all happening just a week after New York imposed the country’s first state ban on new data centers. There is growing distrust of AI companies, and I imagine a not-insignificant share of Americans would have little sympathy for OpenAI or Anthropic as they fend off cheaper competitors, and would say it’s not the government’s job to protect their interests.

On this point, they’d see a sliver of agreement (and really just a sliver) with David Sacks, who on July 19 criticized top AI companies that “want the government to eliminate their open source competition.” He has also argued that Chinese AI models have become popular because they come with fewer restrictions on how people can use them (putting aside the built-in state censorship).

Sacks, however, is out of a job. He no longer has a formal role advising Trump, and his position that more open AI is better has been largely replaced in the administration by one that sees a larger role for government intervention. The thinking behind this view is that because AI models have gotten strong enough to pose threats to national security, the government must control how they’re used.

This position has fueled the new White House review process that aims to vet AI models’ security before they’re released. Dean Ball, a former Trump AI advisor who now works for OpenAI, criticized it over the weekend as a “de facto licensing regime for frontier AI.” Ball predicted Trump may solve his Chinese open source problem with a bit of soft power, perhaps by making US companies afraid to use models like Kimi. That drew a response from Michael, who, with Secretary of Defense Pete Hegseth, has been the agency’s main liaison with AI companies. Michael called Ball the AI industry’s “supreme village idiot,” bristling at the suggestion that the government would quietly strong-arm companies rather than, as Michael put it, go through “the democratic process not some Deep State scheme.”

Left out of the conversation has been how a model like Kimi got so good in the first place. For much of the Biden administration and even the beginning of Trump’s second administration, keeping China from getting top chips was a priority. Those export controls have loosened—Trump made the controversial decision to allow Nvidia to sell more chips to China, in exchange for the US government taking a cut—and the government has alleged that some chip smuggling has taken place. But China nonetheless has limited computing power, and it’s not clear what chips the company behind Kimi used to train the model.

It’s possible that the process involved some distillation, a practice in which AI models are trained on the outputs of existing AI models. OpenAI and Anthropic have long complained that Chinese AI companies do this, and they have requested government help to put a stop to it. In April, they got it, when the Trump administration announced a series of efforts to curb the practice. 

But Kimi is out there and free, and it is nearly as good as the Anthropic model the US government deemed so powerful that it was briefly shut down because it threatened national security. The weekend’s sparring suggests many in Trump’s orbit see that as a wake-up call. But nobody can agree on what for.

UCRANIA reclama a SPRINGER-NATURE por continuar publicando revistas de RUSIA

Publicado en Retraction Watch https://www.kyivpost.com/post/78893   A pesar de su ruptura pública con Rusia, Springer continúa publicando re...