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jueves, 2 de abril de 2026

Las revistas "internacionales" marginan la publicación sobre enfermedades tropicales. Sesgos en la representación regional y de género en los comités editoriales

Publicado en SciDevNet
https://www.scidev.net/america-latina/news/paises-endemicos-de-enfermedades-tropicales-olvidados-en-revistas/ 



31/07/25

Países endémicos de enfermedades tropicales olvidados en revistas

De un vistazo
  • - Falta diversidad de género y geográfica en consejos editoriales de revistas de medicina tropical
  • - Solo 3 por ciento de los miembros de consejos editoriales de 24 revistas vienen de países de bajos ingresos
  • - El desequilibrio distorsiona las prioridades editoriales y la financiación, según investigadores


Por: Daniela Hirschfeld
 
[MONTEVIDEO, SciDev.Net] Las decisiones sobre qué se investiga, publica y financia en medicina tropical siguen estando, en gran medida, en manos de los países ricos, impulsadas por profundas desigualdades en los consejos editoriales de las principales revistas del campo, según un nuevo análisis.

En una revisión de 24 revistas con más de 2.000 miembros en sus consejos editoriales, dos tercios de ellos eran hombres, más de la mitad provenían de países de altos ingresos y menos del 3 por ciento de países de bajos ingresos.

Europa, América del Norte y Asia Oriental reúnen la mayor parte de la representación, mientras que las regiones más afectadas por enfermedades tropicales siguen estando muy subrepresentadas: América Latina solo tiene 16 por ciento de representación; África subsahariana 11 por ciento; Asia meridional, 10 por ciento; y Oriente Medio y África del Norte, 3 por ciento.

“Cuando los investigadores de países de ingresos bajos y medios están subrepresentados se puede distorsionar la perspectiva a través de la cual se evalúa la investigación”, dijo a SciDev.Net Manish Barik, investigador del Instituto George para la Salud Global en Hyderabad, India, y autor del estudio.

“Los estudios contextualmente ricos y con base local podrían estar infravalorados. Las decisiones editoriales pueden inclinarse hacia temas o metodologías más alineadas con las perspectivas del hemisferio norte, posiblemente dejando de lado las innovaciones lideradas por la comunidad, la experiencia local o los problemas regionales urgentes”, remarcó.

Según Barik, son los editores de los países más ricos quienes deciden qué se publica, incluso sobre enfermedades que afectan predominantemente a los países más pobres, lo que refuerza los desequilibrios de poder de larga data en la salud mundial.

El estudio señala que esto puede llevar a trivializar las enfermedades tropicales como problemas geográficamente limitados, a pesar de la evidencia de que el cambio climático, la migración y las desigualdades globales han expandido su alcance más allá de los trópicos.

Para Marilia Sá Carvalho, coeditora jefa de la revista Cadernos de Saúde Pública, que se edita en Brasil, la falta de diversidad en los consejos editoriales puede hacer que se ignoren temas importantes para ciertas regiones del mundo.

“Si una enfermedad es muy común en el noreste de Brasil, por ejemplo, pero no está en el radar de científicos de Estados Unidos o Europa —porque en esos países no se investiga por falta de fondos o interés—, es posible que se considere poco relevante y no se publique”, dijo a SciDev.Net. “Pero, ¿cómo se puede saber si un tema es relevante o no si no hay investigadores en el comité editorial que conozcan bien la realidad local?”, agregó Sá Carvalho.

El estudio se basó en información sobre la composición del consejo editorial obtenida de fuentes oficiales de revistas o de sus perfiles institucionales, disponibles de manera pública, entre octubre y diciembre de 2024.

El análisis destaca una marcada disparidad de género, al observar que 66 por ciento de los miembros de los consejos son hombres.

También destaca una división geopolítica: 40 por ciento de los miembros del consejo provienen de países del G7 y dos tercios de países del G20, mientras que los países BRICS —incluidos Brasil e India, destacados generadores de investigación en salud tropical— representan menos de una cuarta parte.

Desigualdades en la financiación

Estas disparidades también afectan a la financiación, amenazando con desviar la asignación de recursos de la carga mundial de enfermedades.

Según los autores, el 75 por ciento de los fondos directos y el 70 por ciento de los indirectos que existen para enfermedades tropicales desatendidas se asignan a institutos líderes en países no endémicos. Como resultado, la infraestructura en estos países se moderniza, “mientras se perpetúan los legados coloniales mediante la recolección de muestras en países de bajos ingresos”, afirman los autores.

Alrededor de 85 por ciento de la población mundial vive en países de ingresos bajos y medios; sin embargo, sus voces son marginadas a la hora de definir las agendas de investigación, afirman los investigadores.

“Este desequilibrio corre el riesgo de crear una perspectiva occidental, donde las prioridades de los países de altos ingresos eclipsan las enfermedades derivadas de la pobreza, como se observa en los sesgos históricos contra las enfermedades tropicales desatendidas”, escriben los autores en el artículo.

Afirman que la diversidad en los consejos editoriales no es solo simbólica, sino “esencial para alinear las prioridades de investigación con las necesidades de las poblaciones más afectadas por las enfermedades tropicales”.

Barik añadió: “Es una cuestión de justicia epistémica: quienes están más cerca del problema también deberían participar en la producción y el control del conocimiento”.

Marco Coral-Almeida, profesor de la Universidad de Las Américas en Ecuador y editor adjunto de PLOS Neglected Tropical Diseases, declaró a SciDev.Net: “Por primera vez, cuantifican algo que en América Latina solo había sido especulativo”.

La escasa representación de las voces de los países de ingresos bajos y medios “tiene importantes implicaciones, porque muchos de estos artículos no se limitan al ámbito académico, sino que también informan sobre políticas públicas, prioridades de investigación e incluso intervenciones sanitarias”.

“Si las voces latinoamericanas no están suficientemente representadas, se corre el riesgo de que las realidades y necesidades locales se subestimen, o peor aún, se malinterpreten”, añadió.

Sin embargo, algunas publicaciones afirman estar avanzando en este ámbito.

El colombiano Alfonso Rodríguez Morales, editor jefe de la revista Emerging Tropical Diseases de Frontiers in Tropical Diseases, afirmó: “En nuestra revista, a través de diversas iniciativas, hemos promovido la participación del Sur Global en la producción, revisión y edición”.

“Como editor jefe de una revista de alto impacto en este campo me enorgullece participar como colombiano, a la vez que trabajo con editores asociados y miembros del consejo editorial provenientes del Sur Global, en particular de América Latina y Asia”, dijo a SciDev.Net.

 “Raíces coloniales”

Soumyadeep Bhaumik, profesor adjunto de la Universidad Walter Sisulu (Sudáfrica) y jefe de la Unidad de Metainvestigación y Síntesis de Evidencia del Instituto George para la Salud Global (Australia), quien no participó en el estudio, afirma que el campo de la medicina tropical está arraigado en su pasado colonial.

“Si bien se ha logrado la libertad política, el ecosistema de conocimiento en este campo sigue controlado por actores del Norte global”, dijo a SciDev.Net.

“Se han hecho llamados a la descolonización de la salud global y se están llevando a cabo muchas reformas, incluso por parte de los financiadores. Sin embargo, este no es el caso de la medicina tropical”, comentó.

Bhaumik afirma que la perspectiva del estudio sobre los consejos editoriales es importante, porque “los editores son los guardianes del ecosistema del conocimiento”.

Baumik es autor de un estudio de 2019 sobre la diversidad en los consejos editoriales de revistas de salud global, que también concluyó que las revistas podrían mejorar significativamente en términos de representación de género, geografía y nivel de ingresos.

Consultado por SciDev.Net, Alejandro Llanos-Cuentas, médico y profesor emérito del Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt de la Universidad Cayetano Heredia, en Perú, quien no participó en la investigación, enfatizó la relevancia del estudio, pero señaló algunas limitaciones.

Según él, un estudio sobre este tema “requiere una perspectiva holística y un análisis a lo largo del tiempo”.

Los autores del estudio proponen tres medidas clave: adoptar políticas obligatorias de diversidad estructural, equidad e inclusión para garantizar una representación equitativa en términos de género, geografía y nivel de ingresos, especialmente en revistas de alto impacto; implementar programas de mentoría para apoyar a investigadores de países de ingresos bajos y medios, con capacitación específica y políticas lingüísticas inclusivas para ayudar a superar las barreras de ingreso; y aumentar la transparencia en los procesos de contratación para evitar sesgos en la composición de los consejos editoriales.

Barik cree que forjar alianzas entre países ricos y pobres ayudaría a identificar el talento editorial local. Afirma que se debe dar mayor credibilidad al conocimiento de los científicos y profesionales de la salud en los países donde se practica la medicina tropical.

“Necesitamos financiar a científicos en países donde realmente ocurren enfermedades tropicales, no en tierras lejanas”, añadió.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net.


martes, 31 de marzo de 2026

CHINA lanza el Índice Dongbi para desafiar el dominio del factor de impacto

Publicado en Research information
https://www.researchinformation.info/news/china-launches-dongbi-index-to-challenge-impact-factor-dominance/




China lanza el Índice Dongbi para desafiar el dominio del factor de impacto

            

        30 de marzo de 2026


Investigadores chinos han presentado una nueva metodología para evaluar las revistas de medicina y ciencias de la vida que va más allá de la tradicional dependencia de los factores de impacto de las revistas, en una iniciativa que se considera parte de unos esfuerzos más amplios por reforzar el «poder del discurso académico» del país.


Según el South China Morning Post, el 21 de marzo se dieron a conocer en Shanghái dos nuevas listas de revistas del Índice Dongbi, que abarcan 4.027 títulos de medicina y 3.064 de ciencias de la vida. Las clasificaciones se basan en un conjunto de más de 40.000 revistas de todo el mundo y han sido elaboradas por Dongbi Data, con sede en Shenzhen, en colaboración con el Instituto de Información Médica y Biblioteconomía de la Academia China de Ciencias Médicas.


La iniciativa combina el análisis de datos a gran escala con un nuevo marco de evaluación. Según Wu Dengsheng, fundador de Dongbi Data y profesor de la Universidad de Shenzhen, el equipo ha creado «un sistema de evaluación multidimensional y multinivel centrado en la calidad de la investigación».


«Esto proporciona un apoyo crucial para superar el predominio del factor de impacto —una medida de las citas publicadas en una revista determinada durante un periodo fijo— y del recuento de artículos, al tiempo que refuerza la voz académica de China», afirmó.  


En lugar de limitarse a contar las citas, el Índice Dongbi evalúa su calidad, construyendo una red de citas basada en la hipótesis de que los artículos de alta calidad citan trabajos publicados en revistas de similar prestigio. Utilizando datos de 2023 a 2025, las revistas se agrupan en cuatro niveles —A, B, C y D— formando una estructura piramidal.


«No estamos ‘calificando’ las revistas en sí mismas; nuestro análisis es más bien un reflejo de cómo los investigadores evalúan realmente las revistas dentro de sus campos», afirmó Wu.


Los defensores de este enfoque sostienen que aborda las debilidades conocidas del factor de impacto. En 2025, los autores chinos contribuyeron con más de 110 000 de los 520 000 artículos publicados en revistas médicas indexadas, y con casi un tercio de los artículos mundiales sobre ciencias de la vida. Sin embargo, son relativamente pocas las revistas chinas que ocupan puestos altos en la clasificación, lo que pone de relieve una brecha persistente en la capacidad editorial nacional.



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China launches Dongbi Index to challenge impact factor dominance

30 March 2026

Chinese researchers have introduced a new methodology for evaluating medical and life science journals that moves beyond the traditional reliance on journal impact factors, in a development seen as part of wider efforts to strengthen the country’s “academic discourse power”.

According to the South China Morning Post two new Dongbi Index journal lists – covering 4,027 medical and 3,064 life science titles – were unveiled in Shanghai on March 21. The rankings draw from a pool of more than 40,000 journals worldwide and were developed by Shenzhen-based Dongbi Data in collaboration with the Institute of Medical Information & Library at the Chinese Academy of Medical Sciences.

The initiative combines large-scale data analysis with a new evaluation framework. According to Wu Dengsheng, founder of Dongbi Data and a professor at Shenzhen University, the team had built “a multidimensional, multilevel evaluation system centred on research quality”.

“This provides crucial support for moving beyond the dominance of the impact factor – a measure of citations published within a given journal over a fixed period – and paper counts, while enhancing China’s academic voice,” he said.  

Rather than simply counting citations, the Dongbi Index assesses their quality, constructing a citation network based on the assumption that high-quality papers cite work published in similarly strong journals. Using data from 2023 to 2025, journals are grouped into four tiers – A, B, C and D – forming a pyramid structure.

“We are not ‘rating’ the journals per se; our analysis is rather a reflection of how researchers actually assess journals within their fields,” Wu said.

Supporters argue the approach addresses known weaknesses in the impact factor. In 2025, Chinese authors contributed more than 110,000 of the 520,000 articles published in indexed medical journals, and nearly one-third of global life science papers. However, relatively few Chinese journals rank highly, underlining a continued gap in domestic publishing capacity.


jueves, 19 de marzo de 2026

Capitalismo financiero y Anticiencias: de las fábricas de artículos y las revistas depredadoras hasta la falsa neutralidad de la ciencia

Publicado en El Cohete a la Luna
https://www.elcohetealaluna.com/depredar/




El nuevo capitalismo financiero y el avance anticiencias


    POR Viviana Martinovich

    marzo 15, 2026


Muy lejos de esa imagen centrada en la austeridad y la ética del trabajo que el sociólogo alemán Max Weber asoció a la expansión del capitalismo industrial y comercial, el nuevo capital financiero del siglo XXI opera con la velocidad y la voracidad de un algoritmo sobre lo que parecería ser su único interés: el rendimiento inmediato. 

Más allá de los matices nacionales, este nuevo capitalismo esconde un trasfondo común: la subordinación de lo social y lo colectivo a formas de poder que buscan el control directo tanto de los recursos estratégicos (a través de la reconfiguración de un orden político favorable a intereses concentrados), como de los sujetos (a partir de la suspensión de la normatividad democrática y la imposición de un régimen de hecho que ignora los derechos adquiridos y las autonomías institucionales). 

Pero no solo se caracteriza por la búsqueda de retornos acelerados, la circulación opaca de capitales y la apropiación y comercialización de bienes comunes, sino que también invierte grandes capitales en lo que el doctor en Medicina y Filosofía estadounidense Peter Hotez dio en llamar “el mortal ascenso de la anticiencia”. En una entrevista, Hotez señala que algunas empresas de capital privado y sociedades de inversión canalizan dinero hacia grupos anticiencias y antivacunas, que se han convertido en la nueva identidad del extremismo político y el autoritarismo.

Según el economista británico Anatole Kaletsky, este nuevo “capitalismo 4.0” sobrevive a sus crisis mutando rápidamente sus reglas. En su más reciente adaptación, más que interesarse en esquemas productivos a largo plazo, este nuevo capital financiero adquiere activos que otros construyeron, los deglute y se retira cuando la credibilidad y la rentabilidad se desploman. Sus agentes, desdibujados detrás de grandes fondos de inversión y conglomerados transnacionales, avanzan contaminando ecosistemas, empobreciendo países, o incluso desarticulando comunidades que hayan construido valor público durante décadas, como es el caso de las ciencias.

En este entramado, financiar grupos anticiencias y antivacunas parecería enmarcarse en una estrategia más amplia: la disolución deliberada de aquellos consensos colectivos que no resultan funcionales a sus intereses, destruyendo ese suelo común identitario en el cual una sociedad se apoya para poder discutir y disentir dentro de un marco de posibilidades cotejables. Sin acuerdos que arbitren la conversación pública, solo quedan versiones que compiten por imposición o repetición. Sin los cimientos históricamente acordados en los que apoyarse, el entorno se vuelve ilegible y cada discusión demanda reponer décadas y hasta siglos de historia. Semejante hazaña requiere de un esfuerzo argumental agotador que da paso al silencio y la inacción, quedando el terreno allanado para quienes inviertan en controlar el relato. 

Entonces cabe la pregunta: ¿qué pasaría si se resquebraja ese ethos colectivo basado en consensos y discusiones históricamente consolidadas por el que las diversas comunidades científicas, desde distintas racionalidades y fundamentos epistemológicos, acordaban formas de comprender el mundo social y natural? Quizás el sistema científico se acercaría más al modelo laboral de plataformas: individuos reemplazables, sin acuerdos colectivos y sin capacidad de decisión sobre lo que es científica y éticamente válido y lo que no lo es, transfiriendo esa capacidad a los grandes capitales concentrados. 

En el caso de la Argentina, esa plataformización de la práctica científica se traduce en el desmantelamiento del sistema científico, a través del desfinanciamiento de las líneas de investigación, la privatización de sectores estratégicos y la deslegitimación de las universidades públicas como articuladoras de conocimientos. Pero en países donde el esquema de financiamiento de las ciencias tiene un entramado más diverso y complejo, esa combinación entre voracidad financiera y resquebrajamiento deliberado del ethos comunitario de las ciencias está generando otro tipo de prácticas. 

Mientras los procesos de investigación científica –que requieren más tiempo, conocimiento acumulado, reflexión y experimentación– suelen demandar otros escenarios especulativos, el interés de este capital financiero anticiencias y cortoplacista se concentra en aquellos entornos de gran circulación de capitales en los que las ciencias generan bienes transables con bajas barreras de entrada, es decir, productos fácilmente clonables, que demandan pocos conocimientos para ser reproducidos. Uno de esos entornos es la instancia de publicación de los avances o resultados de una investigación a través de artículos o papers, textos que no solo materializan conocimientos, sino que en la propia acción de hacerse públicos ponen en juego la aceptación de una narrativa como científicamente válida para la comunidad de pares, la conformación simbólica del prestigio, la evaluación institucional de la productividad, la competencia por el financiamiento, las métricas globales de producción científica, la necesidad profesional y humana de comunicar los avances de aquello en lo que se está trabajando, pero también el aval científico que habilita la comercialización de productos desarrollados por las industrias (fármacos, aditivos alimentarios, sustancias químicas, etc.). Este entrecruzamiento de expectativas, necesidades e intereses transformó el ecosistema editorial en un entorno históricamente permeable a las lógicas del capital. Sin embargo, las prácticas actuales del capital financiero y de las inversiones anticiencias lo alteraron sustancialmente y es en ese terreno de rentabilidad simbólica y material donde el nuevo orden se despliega a sus anchas.

Se trata de un engranaje complejo, que comienza a girar por la acción de ciertos actores y la inacción de tantos otros; por los intereses de unos y el desinterés de muchos otros que, en su conjunto, generan un efecto devastador. Uno de estos engranajes es la actual proliferación de paper mills o fábricas industriales de artículos científicos que ensamblan textos generados con inteligencia artificial, datos apócrifos y bibliografías recicladas. Al igual que las granjas de bots, verdaderos ejércitos digitales creados para aumentar las visualizaciones y los “likes” de los posteos en las redes sociales, las paper mills invaden el ecosistema editorial con artículos fraudulentos que no solo tienen la función de aumentar ficticiamente las citas de ciertos artículos, sino que desestabilizan los propios cimientos de las ciencias, tal como señala el neurólogo Malcolm MacLeod, profesor de la Universidad de Edimburgo: “Si como científico quiero consultar todos los artículos sobre un medicamento concreto que podría ser eficaz contra el cáncer o los accidentes cerebrovasculares, me resulta muy difícil evitar los que son falsos. El conocimiento científico se está viendo contaminado por material inventado. Nos enfrentamos a una crisis”.

Para que este engranaje se ponga en movimiento, las paper mills necesitan asociarse a revistas consolidadas que les abran sus puertas, y suelen hacerlo de dos maneras. Por un lado, a través de empresas intermediarias que contactan a las revistas para ofrecerles bloques de  artículos “pre-aprobados” que aseguran una entrada constante de dinero y, por otro, por medio de la compra especulativa de revistas: grupos empresariales que adquieren títulos consolidados, desmantelan sus equipos editoriales, reemplazan procesos de revisión por prácticas exprés y los integran a entramados donde coexisten dominios falsos, editoriales fantasma y sociedades pantalla creadas para mover capitales, diluir responsabilidades y aumentar las ganancias a costa de la reputación acumulada durante décadas. Una investigación del diario El País muestra el “turbio entramado” de compra de revistas científicas desde caserones en Inglaterra, con la finalidad de convertirlas en instrumentos financieros que aporten a la degradación del saber acumulado.

Uno de estos múltiples casos fue el El profesional de la información. Con más de tres décadas de trayectoria, fue comprada por una cifra cercana al millón de euros por la editorial inglesa OAText, que luego pasó a ser Oxbridge. En poco más de un año de prácticas fraudulentas, la revista fue expulsada del índice de revistas Web of Science. En una carta reciente, Tomàs Baiget, el editor fundador de El Profesional de la información, señaló que, con posterioridad a la venta de la revista, al revisar la bibliografía de varios artículos publicados, se dio cuenta de que Oxbridge había introducido referencias que no pertenecían a los artículos originales. Tiempo después se dio cuenta de que varios de los artículos publicados “estaban calcados entre sí: con toda seguridad estaban realizados por paper mills”. En tan solo un año, “el impacto fue devastador”: los editores invitados cancelaron convocatorias, muchos autores retiraron sus manuscritos y el flujo de envíos se desmoronó. El fondo de inversión entró, devoró, deglutió y arrasó con todo a su paso.

Pero estos ejemplos también se dan al interior de grandes corporaciones, como el caso reciente de la revista Science of the Total Environment, uno de los productos de la compañía Elsevier que pasó de publicar 656 artículos en 2011 a publicar 10.334 artículos en 2024, transformándose en “una revista de puertas abiertas que acepta casi cualquier cosa”. Con cargos de publicación por artículo de 4150 dólares, se tornó un negocio anual de casi 43 millones de dólares. Luego de detectar revisiones falsas firmadas con los nombres de científicos reales sin su consentimiento, entre otras prácticas fraudulentas, la revista fue denunciada y retirada de Web of Science. Esta histórica base de datos de bibliografía científica, responsable de jerarquizar y moldear el mainstream global de las ciencias durante la segunda mitad del siglo XX, se está reconfigurando en el siglo XXI como el adalid contra el fraude, denunciando cada caso como una falta ética individual, sin asociarlas a un problema social mayor.

Se estima que hay circulando más de 15.000 revistas científicas depredadoras, lo que lleva a pensar en un esquema más amplio: un nuevo escenario “depredador” que no solo altera la integridad de las publicaciones, sino que reconfigura por completo las condiciones de posibilidad de la investigación. Como señala Dorothy Bishop, profesora emérita de la Universidad de Oxford, “el nivel de publicación de artículos fraudulentos está creando graves problemas para la ciencia. En muchos campos, cada vez es más difícil desarrollar un enfoque acumulativo sobre un tema, ya que carecemos de una base sólida de hallazgos fiables. Y la situación empeora cada vez más”. Una nota reciente de la Royal Society señala que, solo en el área biomédica, se calcula que se publican unos 100.000 artículos falsos al año.

Otro ejemplo es la editorial OMICS International. Según una investigación de la agencia Bloomberg, en una demanda presentada en 2016, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos denunció a OMICS como una editorial depredadora que erosionaba la confianza pública en la investigación científica. Según la misma investigación, OMICS International recibía fondos de la industria farmacéutica, pero ¿por qué las big pharma financiarían a una editorial depredadora? Una de las prácticas documentadas es la de introducir artículos fabricados para aumentar ficticiamente el número de citas de ciertos ensayos clínicos que movilizan grandes intereses comerciales. Pero otra de sus intenciones podría ser erosionar la credibilidad de la propia comunidad científica, como único agente social con capacidad de demostrar la toxicidad y la nocividad de ciertos productos industriales.

El engranaje continúa con el mercado paralelo de autorías, donde se venden lugares en artículos ya aceptados o incluso en números especiales completos, transformando la autoría científica en un commodity que se compra y se vende según tarifas que varían por disciplina, país y factor de impacto de la revista. En una investigación de la revista Science, una agencia de venta de autorías ofreció a un periodista encubierto un puesto como coautor principal de un artículo sobre cáncer por 14.800 dólares. El artículo se publicó unas semanas más tarde en Journal of Biochemistry & Cell Biology, revista editada ¿por quién?, por OMICS International, denunciada por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos como una editorial depredadora.

El cuadro se completa con otra práctica muy extendida: las estrategias automatizadas para inflar métricas que luego funcionan como argumento de venta. El relato del editor de El Profesional de la información confirma este mecanismo al revelar la inserción clandestina de referencias en artículos ya aceptados, sin el consentimiento de sus autores. 

Existen prácticas aún más difíciles de rastrear: el uso de inteligencia artificial para fabricar evaluaciones positivas, la compra de bases de datos para generar falsos historiales editoriales, la clonación de revistas prestigiosas para engañar a autores incautos y toda una serie de dispositivos destinados a simular legitimidad allí donde solo hay mecanismos fraudulentos. 

Mientras el capitalismo industrial necesitaba de las ciencias para alimentar procesos productivos y el Estado de bienestar demandaba nuevas interpretaciones científicas sobre el entramado social para el diseño de políticas públicas, el capitalismo financiero opera sobre las ciencias como un activo más que como un insumo, y deja de interesarle los consensos que las ciencias producen. Las mismas puertas por las que antes ingresaban demandas de desarrollos productivos y de fundamentos para políticas públicas, son ahora las que permiten el ingreso de prácticas depredadoras, transacciones opacas y mecanismos especulativos que desestructuran comunidades enteras. 

Cuando todos estos procesos convergen, lo que se destruye no es solo la calidad científica: se erosiona el tejido social que otorgaba valor a las ciencias. Se resquebraja el reconocimiento mutuo, la discusión crítica, el sentido de comunidad. Y lo que queda en su lugar es un mercado precarizado donde el valor de un resultado científico o de una revista ya no depende del conocimiento que publica, sino de su capacidad para operar como engranaje de una cadena global de especulación.

Si bien las ciencias siguen conservando un aura de territorio aséptico, neutral y ajeno a los pecados mundanos, como cualquier otra práctica social y colectiva, las ciencias son parte del entramado social que les da forma. Sus decisiones, prioridades y conflictos no emergen en un vacío, sino que respiran el mismo aire que respira la sociedad globalizada y, por ende, son terreno fértil para las prácticas de este nuevo capital financiero. En la misma entrevista a Peter Hotez citada al inicio, la entrevistadora le formula la siguiente pregunta: “La postura habitual de la comunidad científica es mantenerse públicamente neutrales, especialmente en lo que respecta a cuestiones políticas. Pero a la luz de la creciente ola de anticiencia, ¿cree que esto debe cambiar?” A lo que Hotez, entre otras cosas, responde: “Alguien que ganó el Premio Nobel del desarme nuclear dijo que la idea de que la ciencia es políticamente neutral se rompió con la bomba de Hiroshima. Creo que hay verdad en eso, y tenemos que empezar a pensar en esos términos y hablar de política para resolver problemas”. 

Años antes de que Robert Oppenheimer dirigiera el grupo de científicos que diseñó la bomba detonada en Hiroshima, gran parte de las comunidades científicas ya se habían transformado en la mano de obra asalariada al servicio de los intereses industriales. Ese pasaje produjo la desarticulación de las redes científicas informales que generaban consensos y acuerdos, y facilitó que quienes trabajaban dentro de las industrias se distanciaran de los efectos nocivos de aquello que diseñaban. Esta “neutralidad” política sobre su propia práctica ya fragmentada es lo que hoy le abre la puerta al avance de este nuevo capitalismo anticiencias. Si la intención es que las ciencias sigan siendo una de las tantas formas humanas que las sociedades han encontrado para interpretar el mundo, es momento de que la propia comunidad científica se replantee su lugar en el tejido social para disputar el sentido social de sus prácticas.

 

* Viviana Martinovich es doctora en Salud Colectiva. Docente-investigadora, Instituto de Salud Colectiva, Universidad Nacional de Lanús. Editora responsable de la revista científica Salud Colectiva, directora editorial de la colección de libros Cuadernos del ISCo.

IRÁN denuncia ataques de EU e Israel contra 30 universidades

Publicado en  La Jornada https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/04/mundo/iran-denuncia-ataques-de-eu-e-israel-contra-30-universidades-y-...